Archivos para el tag ‘Zapatero’

José Luis Manostijeras, ‘in memoriam’

Tacho Rufino | 9 de enero de 2012 a las 20:36

José Luis ‘Manostijeras’
El verdadero asedio a nuestra economía vino desde un mundo exterior más espectral que el político: los llamados “mercados”

(En la entrada anterior mencioné el Anuario de Andalucía de Grupo Joly, y el administrador del blog tuvo a bien poner un link hacia dicha publicación en la palabra “Anuario“. El artículo que me encargaron (bueno, ‘me encargamos’, porque formo parte del equipo junto con el jefe Curro, Marta Ferraro  y José Luis Rodríguez del Corral) el año pasado es el que está aquí abajo. Por si a alguien interesa ver este análisis retrospectivamente. Por cierto, que el de la foto soy yo demasiado joven y jocoso, y me cambiaron mi bautismal ‘José’ por ‘Juan’, y hasta figuro como profesor de Administración de empresas, cuando con más propiedad lo soy de Organización. En fin, tonteriítas que quizá interesan poco.)

Juan Ignacio Rufino
Profesor de Administración de Empresas Universidad de Sevilla

(Diciembre de 2010) Pasados casi tres años desde que la crisis emergió, los peores augurios se han cumplido. El año 2010 será recordado –esperemos– como el de mayor amargura económica en décadas: una amargura macro, sobrevenida y global, que sólo parcialmente se ha extendido aún a particulares y familias. El Gobierno de España y, compelidas por éste, las más ‘silentes’ autonomías acabaron por entrar en vereda. El manos a la obra en política fiscal y presupuestaria comenzó en 2010. Y no hace falta apostar a que no ha terminado. Nuestras medidas de austeridad y recortes se forzaron desde el exterior político, han sido implantadas con tartamudez en el interior, se deben en parte al contagio griego e irlandés, pero sobre todo han sido urgidas ferozmente por el exterior financiero puro y duro, que ha acercado a la bancarrota a la tesorería nacional una y otra vez, con sucesivas reacciones del gabinete de Zapatero: obediente, pero balbuciente en la acción. Más bien atribulado por tener que desdecirse de todo lo que, con su peculiar forma de ser firme, había asegurado antes. Un papelón, y no menor para una ministra Salgado a los pies de los caballos, todo el año luciendo una sonrisa tan forzada como descompuesta. La prudencia y la lógica presupuestaria públicas –como la familiar y la empresarial– recetan que, ante la caída de ingresos fiscales por el parón de la actividad general, los gastos deban ser reducidos, sobre todo no existiendo la posibilidad del recurso al llamado multiplicador keynesiano: no es factible estimular la actividad mediante el aumento del gasto público inversor, porque sencillamente nadie lo va a financiar, y aumentar el déficit público con este propósito, en la vigente tesitura, es inaceptable para nuestros socios comunitarios.Se nos exige precisamente lo contrario, reducir la deuda y el déficit públicos: el huevo y la gallina. Por el lado de los ingresos –poco que hacer– subió un punto el IVA para lograr pan para el mes que viene y se redujo el tipo de Sociedades para muchas pymes, algo quizá testimonial. Lo más nutritivo fueron las sucesivas subidas de los Impuestos Especiales, menos sensibles éstos: se fuma, se bebe y se va en coche prácticamente igual. Veamos el lado de los gastos: el de los recortes, el de la austeridad. Se asegura que no sólo Merkel y Sarkozy, sino que también Obama y hasta Ju Hintao conminaron a España a recortar el presupuesto y remitir en el endeudamiento exterior: el “riesgo español” es proporcional al hecho de ser la novena o décima economía del planeta. Pero sobre todo está en riesgo el euro y la propia Unión Europea, otra gran novedad del fatídico año económico. Grecia e Irlanda son rescatables aun a costa de hipotecar su independencia en la política económica por largos años: España no lo es tanto, y además no tiene tanto peligro por sus ratios de deuda y déficit en relación con su PIB… pero los porcentajes dan menos miedo al mundo exterior que la posibilidad de un colapso euros que supondría varios cientos de miles de millones de euros en rescate. Por mucho que ni nuestra banca tenga los agujeros de la irlandesa ni las cuentas públicas sean de tan dudosa fiabilidad como las griegas. Con todo, el verdadero asedio a nuestra economía –y, por ende, la mayor fuente de apremio para que siguiéramos recortando gasto público– vino desde un mundo exterior más espectral y difícil de rastrear que el político: los llamados mercados, que durante toda la segunda mitad de 2010 han estado en la boca de gobernantes, locutores y hasta camareros como los perversos actores de una caza y captura sobre nuestra economía, una pieza periférica, una etapa intermedia que pretende dar alas a la gran caza final, la del euro.

El short-selling (venta corta) y los movimientos retroalimentadores de hedge funds y fondos de inversión danzando por el mundo a tiro de click son los culpables legales de una especulación financiera pura y ciega. Entre la realidad de la contracción de nuestras cuentas públicas, las exigencias de nuestros asustados socios europeos, y el lucrativo y dañino asedio de casino… Zapatero emprendió con su habitual optimismo el plan de austeridad español, consignado por fascículos a nuestros prescriptores. Lo primero, más fácil y más inmediato, bajar el sueldo a los funcionarios, y la congelación de los mismos y de las pensiones para 2011. Junto a estas medidas vino el fenomenal y automutilador recorte en Fomento (6.045 millones, después suavizados en 500 menos), la orden a las autonomías de reducir el gasto en 1.200 millones, o la anulación de la liberalidad electoral del cheque-bebé de 2.500 euros por nueva cabeza y la toalla tirada al ring que supuso el gran recorte de la Ley de Dependencia. Todo ello no fue suficiente para los mercados, que siguieron atacando al euro vía España, que tenía que volver a pagar enormes e hipotecantes primas de riesgo: “Tú, España, no eres de fiar, sobre todo porque yo estoy haciendo que no lo seas”. La primera entrega del Plan B vino en diciembre: privatización parcial de Aena, eliminación del subsidio a los parados de larga duración o subida de la luz. Los ayuntamientos, ¡peligro!, y en menor medida las autonomías, mueven poca ficha, más allá de silbar a la hora de pagar las facturas. En adelante –esto se escribe en diciembre–, ni Zapatero ni la gélidamente crispada Salgado volverán a negar “ulteriores recortes”, realizados al modo en que ‘Eduardo Manostijeras’ podaba el jardín. Esto sólo ha hecho empezar. La anorexia del Estado está servida. Efectivamente, como dijo Blanco tomando prestada una frase estándar del pop, “ya nada volverá a ser como antes”.

Maneras de pensar

Tacho Rufino | 25 de septiembre de 2011 a las 19:39

”Leña

A rey muerto, rey puesto, aunque se trate de un rey a quien zurrar. Políticamente muerto Zapatero, Obama emerge como mono de goma sustitutivo al que dar leña. Si el rojerío siempre ha reclamado irónicamente el derecho al voto de todos los terrícolas en las elecciones USA, la globalización ha obrado el milagro de –aunque sin derecho a voto– la política estadounidense nos sea cercana, y la política europea sea cercana a ellos (y por supuesto, la política y la economía china cercanísima a todos). Uno tiene la manía de plantear hipótesis descabelladas –frikipótesis podrían llamarse– sobre la forma de pensar y la ideología de la gente. En cierta ocasión comprobé entre mis alumnos (de forma voluntaria y terminado el horario de clase, quede claro) que existía una asociación aparente entre el rechazo al aborto y la oposición a las primas por producción de energías renovables. Igualmente, en los preámbulos de la construcción del fenomenal carril-bici de la ciudad en que vivo, también pasé un cuestionario donde ciertas preguntas de despiste –a. Prefiero al Madrid; b. Prefiero al Barça; c. Los odio a los dos; d.Paso de fútbol– hacían de matojos ante las verdaderas preguntas a testar. La estadística de andar por casa arrojó una clara correlación entre quienes rechazaban el carril-bici y quienes defendían los ensayos de las bandas de música al aire libre, no me pregunten por qué. Tengo para mí, en fin, que si se preguntara a quienes odian a Zapatero qué opinión tienen de Obama, una parte significativa de los detractores de el hombre de la ceja dirían que Obama es un bluff o, directamente, un cretino. Más o menos de la forma en que las legiones de odiadores de Aznar identificaban a Bush Jr. con Mefistófeles. Necesitamos tótems, tabúes y monos a quienes dar leña.

Esta semana, en España varios periódicos que hacen estandarte del liberalismo urgente y purificador han arreado a Obama a modo. En portada, encontramos el viernes un muy innovador titular: “Las Bolsas se hunden al ritmo del twist de Obama”. Perry Mason gritaría “protesto, Señoría, argumentativo”, y un director de periódico ortodoxo echaría para atrás la relación de causa-efecto implícita en la frase. El twist es un baile de mucho meneíto –que Obama seguro que borda aunque sea cosa de blancos– y puede ser metáfora de tribulación e inconsistencia. Obama pretende tocar los ingresos y no sólo los gastos para luchar contra el desfase presupuestario llamado déficit. Eso implica subir impuestos, lo que para el liberal a la europea –a la americana, un liberal es más bien un izquierdoso– es anatema, como para un republicano allá. Subírselos a los ricos, en lo que el oportuno equipo de Obama ha dado en llamar la Buffett Rule (Regla o Ley Buffett), por haber sido el magnate dueño de Berkshire Hathaway y buenas porciones de Coca Cola y Mastercard quien reclamó que los más ricos deberían pagar al menos el mismo porcentaje de impuestos que un modesto asalariado. En el cada vez más cercano Estados Unidos, la prensa conservadora adopta un enfoque más serio para criticar a su presidente: “El plan de impuestos de Obama reclama más a los millonarios“. Informando, que es gerundio. Después lo analiza, y pone en boca de los republicanos las críticas a la Buffett Rule: no queremos impuestos porque empobrecen y limitan la inversión, y menos aún queremos otra forma de impuestos llamada asistencia médica gratuita y digna para los pobres, el Medicare de Barack. Como diría Rosendo, maneras de vivir… y de pensar. O, de vuelta al terruño, “tiene que haber gente pa to”, que dijo El Gallo.

Los frutos de la conciencia

Tacho Rufino | 27 de agosto de 2011 a las 20:51

COMO sucederá a muchos al reencontrarse con la realidad la semana que viene, ésta ha sido una semana de grandes propósitos de la enmienda, aunque en versión institucional. Con la limitación del déficit del Estado según dicten los oráculos comunitarios, Zapatero y Rajoy van a comprometer ad aeternum la capacidad de acción fiscal de sus partidos cuando gobiernen. Un compromiso, desde luego, más vinculante que el que adquiere uno pagando la matrícula y tres meses por adelantado en el gimnasio al inicio del nuevo curso, o cuando se dispone, como todos los septiembres, a comprar fascículos de cursos de inglés, aviones de guerra o piedras preciosísimas a dos euro la pieza. Nadie duda de que Alemania y, en menor medida Francia, han exigido al aún presidente que tome esta medida a la voz de ya. A ejecutar esta nueva cesión de soberanía… y gracias. La prensa alemana no para de dar ideas para meternos en vereda y evitar que nuestra turbulencia e incierto porvenir salpiquen al Gran Germano. No Merkel directamente, sino su ministro de Finanzas, sus asesores económicos y los de sus aliados, y hasta de sus opositores, exigen -más que sugieren- que vayamos poniendo encima de la mesa las joyas de nuestra corona, a modo de aval: las joyas con quilates de verdad -las reservas de oro-, y las joyas empresariales, es decir, nuestras empresas públicas, las que queden con capacidad de avalar. Prusia aprieta pero no afloja. La gobernanza económica, la política fiscal en concreto, y la gestión de las arcas públicas son y serán crecientemente cosa de Alemania.

Aunque Salgado afirme que las medidas se encaminan a calmar a los impersonales mercados, quien conmina en mayor medida a tal o cual ajuste es Alemania. Con razones de peso, pero también con exceso de celo, y arrastrada por sus ciudadanos, en quienes ha calado el mensaje del vampiro latino. Cambiar la Constitución para asumir la prohibición del déficit como dogma es matar moscas a cañonazos. Las moscas en cuestión son gordas y cojoneras, pero hay sprays en forma de leyes y decretos propios, nacionales, incluidas las leyes de presupuesto, que pueden ser diseñadas en función de nuestro estadio en el ciclo económico. Eso se acabó, ya veremos qué pasa. Nuestra mala conciencia pone un último ingrediente a la mansedumbre; un sentimiento de culpa y de miedo que ha sido alimentado con acusaciones de despilfarradores, vivales y malos gestores. Estamos entregaditos.

Hay otro caso vigente de conciencia inquieta, que busca serenarse asumiendo más carga. Se trata de los ricos solidarios, los que hacen algo por su país, o dicen que quieren hacerlo. Los italianos que, con Montezemolo el de Ferrari a la cabeza, se ofrecen a comprar buenos paquetes de deuda pública italiana para aliviar las tensiones de la prima de riesgo de su país; las 16 megafortunas francesas que piden que les graven más porque han cabido a una parte mucho más sustanciosa del pastel; el recurrente Warren Buffett que predica dando trigo cuando, tras decir que los ricos están fiscalmente mimados en EEUU, apuntala al Bank of America en una colosal pero aparentemente pésima inversión. ¿Se trata de mala conciencia? No lo creo. ¿De un oportuno argumento de marketing? Quizá los más poderosos han entendido que los políticos están siendo noqueados por los brutales golpes de la realeconomics -simbolizadas con la expresión “los mercados”- y que más les vale emerger como salvadores si quieren aspirar a mantener su posición. Mientras la opinión pública y la política de calle alemana parecen no darse cuenta de que los males de los orejas de burro tienen que ver con sus propios pasados bienes (y sus males futuros) si siguen presa de la soberbia populista, algunos magnates planetarios se tientan la ropa ante el tifón que no cesa, y declaran querer poner su carne en el asador de forma más proporcional. Y, entre ellos, algunos hasta lo practican.

ZP: ¿a la redención por el recorte?

Tacho Rufino | 25 de enero de 2011 a las 14:40

Blair caía bien fuera mientras que en el Reino Unido el odio hacia su persona no paraba ni para de crecer; Obama tiene gran cartel fuera de sus fronteras, pero la mitad de su país es más enemigo acérrimo suyo que adversario. Los políticos con “carisma” –esa capacidad de camuflar lagartos, en demasiadas ocasiones– suelen quemarse dentro pero mantener incólume su imagen exterior. Bueno, con Berlusconi pasa justo lo contrario, pero ése es otro cantar: en Italia, tras salir a la luz pública sus orgias semanales con prostitutas y menores, el índice de popularidad del inefable Silvio… ¡sube! Pero volviendo a un mundo político más normal (?), a Zapatero le pasa en buena medida lo que a Blair u Obama: lo quieren más fuera que dentro. A los hechos me remito. La semana pasada, The Economist publicaba un reportaje sobre la mayor fortaleza reformadora que está demostrando nuestro presidente en cuestiones consideradas clave para recuperar crédito y confianza internacional, y nacional también: reforma del sistema financiero, con especial lupa sobre las cajas; recortes presupuestarios, menor dependencia de los sindicatos, reforma del sistema de pensiones, subidas de impuestos, reducción importante del gasto público, mensajes y adevertencias a las comunidades autónomas y sus déficit…

Según The Economist, Zapatero se encuentra ante una gran chance de convertir sus renuncias impopulares en una oportunidad electoral. Los sondeos son tan claros a favor del PP –que rehúye cualquier pacto nacional y sólo piensa en las urnas y la “sed de urnas de los españoles”–, que la cosa sólo puede mejorar para Zp. Según la mencionada revista, la (nueva) firmeza y la continuidad en el ajuste y la reforma podrían cambiar la imagen pública del presidente, y hacerlo aparecer en la mente y el corazón de un buen número de españoles como un estadista responsable aunque le cueste la popularidad y, teóricamente, los votos. Cuezan esos ingredientes a fuego lento durante meses, y podríamos ver a un Zp renacido cual ave fénix de sus propias cenizas. Mientras, como mono de goma, ponemos a Rubalcaba por delante: un candidato de plástico, que no irá de número uno. El número uno de la lista será Zapatero, el de la “sangre, sudor y lágrimas”. Las elecciones no son mañana, y podrían coincidir con un perceptible cambio de rumbo positivo de los ahora patéticos números de nuestra economía. No lo den por muerto.

Abajo, la significativa ilustración de The Economist, la bilbia liberal. Ojo al bíceps del esmirriado Zp:

zapatero

Pillado por las partes comunitarias

Tacho Rufino | 2 de octubre de 2010 a las 19:14

UNA máxima de El Mintzberg (una biblia de la organización de empresas) es que, en periodos críticos, el poder se concentra en la parte alta del organigrama. Ante el miedo, surge la organización macrocéfala, se recentraliza el poder, se acabó la delegación. Valga un ejemplo: antes de la exuberancia del crédito fácil y democrático (y su contrapartida, el ladrillo reventón cual Hulk), los bancarios de provincias siempre apelaban a “Madrid” para ganar tiempo en la concesión del préstamo, o para comunicarte: “Madrid ha denegado la operación”. Supongo que en Madrid-Madrid alegarían “Central”. Y “Central”, finalmente, sería una entelequia financiera, habitada por implacables bancarios sin carne ni hueso, salvo los dientes. Instalados ahora en la crisis, “Madrid” y “Central” vuelven a emerger como culpables de todas las negativas: el crédito sigue estando fatal (y, recordemos, sin eso no hay nada).

Una cosa parecida sucede con el Gobierno y Bruselas: el maestro armero está por Flandes. Las quejas, a él. Yo, el presidente, soy un abnegado mandado. Por eso Zapatero se dirá: o hago lo que me dice Bruselas (y Fráncfort, sede del BCE), o cuando queramos emitir deuda la vamos a tener que pagar con grandes primas (de riesgo, una forma de primas carnales entregadas al minotauro en su laberinto comunitario). Nos tienen pillados por… las cejas. Pero no es del sindicato de la ceja de Sabina y Víctor Belén de quien se ha hablado esta semana (¿dónde estaban?). En la recién pasada huelga, los sindicatos de clase y el Gobierno se han pisado la manguera, cosa tabú entre bomberos. Pero no mucho; se la han pisado poquito, y por exigencias del guión. La huelga ha sido, como decía la portada de este periódico, “poco general”. Ha tenido poco éxito, y ya de por sí tenía poco sentido, en lo sustancial y en la fecha. Si no es por el estrangulamiento del transporte y por los piquetes convencitivos, la Huelga General del 29-S hubiera sido una lacra histórica para UGT y CCOO, y será más bien recordada por ser la última coartada que los salvajes consentidos de las brigadas internacionales antisistema utilizaron para joder por Barcelona. Apuesto por que no va a haber muchas otras grandes contestaciones promovidas por los representantes oficiales de los trabajadores. Porque el Gobierno puede ser tachado de muchas cosas, pero no de política antisocial.

Los presupuestos generales conocidos con detalle esta semana deberían acallar a la izquierda que se ha rebelado (?) contra ZP. Casi el 60% de dichos presupuestos se destina a Gasto Social: pensiones, desempleo, subsidios, promoción del empleo, acceso a la vivienda, seguridad social. El año pasado supuso el 51% del gasto e inversión total del Estado. No sólo ha asumido casi un 10% más del pastel, no, es que ha aumentado su cifra absoluta. La queja debería venir no porque el Gobierno “no hace política de izquierdas”, sino por el chorro de nuevos parados que vendrán de la poda radical del ministerio más capitidisminuido: Fomento.

En síntesis: se mantiene a toda costa el gasto social -diana a la que apuntan los analistas “de derechas” -, y se recorta la capacidad productiva pública. Pan para hoy… La reforma laboral que sirvió de excusa para echarse a la calle y ejercer no ha surtido todavía efecto, claro que no. El Gobierno, pillado por sus partes comunitarias, hizo una reforma laboral. Y cuando, Dios mediante, la economía coja confianza y tono (¡y crédito!), esa tímida reforma facilitará la demanda de mano de obra, la mejora de las estructuras de personal y el reequilibrio entre quienes ostentan trabajos seguros y quienes -mayormente jóvenes- lo tienen precarísimo. Bien mirado, no está mal estar pillado.

Qué difícil ser patriota aquí

Tacho Rufino | 21 de mayo de 2010 a las 12:44

QUÉ difícil es ser patriota en este país. Uno quiere apoyar a su Gobierno cuando, hace un tiempo, nos mete en una guerra justa, o cuando, ahora, adopta medidas impopulares, y acaba paladeando el acíbar de la traición del propio jefe de la manada. No sé si para viejos (pensionistas), pero este no es país para patriotas.

El Gobierno -duele de veras decirlo- practica, no sólo en política económica, el titubeo, la fatuidad, el camelo, el erratismo y, esencialmente, la inconsistencia. La oposición, empantanada en turbios asuntos internos, va a lo suyo: a arrear guadañazos en los tobillos.

Ayer jueves, José Sócrates, el primer ministro portugués de improbable nombre y excelente y convincente verbo español, provocaba la envidia de quien lo veía y lo escuchaba en nuestro telediario; un líder con aire de líder -serlo, y parecerlo-, que ha merecido y conseguido el apoyo de sus contendientes políticos. Por su patria. Nosotros, en tanto, a jodernos los unos a los otros. Que dimitan las cumbres estratégicas del goyesco duelo a garrotazos.

Si el paquete de austeridad fiscal, al ser presentado, apareció valiente y necesario, los digo-diegos con respecto al desigual mundo de las pensiones, las excepciones hechas por De la Vega con los empleados de empresas públicas estatales (los de las andaluzas, con coherencia, sí se equiparan a los funcionarios) han ensuciado tal primera impresión. El Gobierno -Salgado, Corbacho, Chaves, el propio Zapatero- han escenificado un sainete titulable La jaula de grillos… si no fuera en el fondo un drama lo que sucede. ¿Qué necesidad había de tanta contradicción e improvisación en el principal asunto de Estado en muchos años? Blanco -un hombre serio y poderoso-, se pide el papel de sherpa de la crisis, y decide defender lo más indefendible de todo el paquete de la crisis en la crisis, esa matrioska de la contracción que no sabemos cuándo acabará de parir perversas muñequitas. Este otro José -Pepiño a su pesar, en los buenos tiempos- entona un patético “ya nada volverá a ser como antes” en las obras públicas. Es esto lo más preocupante: 6.400 millones menos en dos años. Siendo las otras medidas una terapia de adelgazamiento acelerado, la que él defiende es la más dañina para la economía, más aun que la reducción del consumo severa que se avecina al rebajar de improviso el nivel de vida de miles de familias (más). Mutilar la capacidad estatal de actuar en la economía productiva, dinamizándola con la inversión pública, es como, al acercarse los indios, bajarse del caballo cruzando el río, cortarse la nariz, cegarse y mutilarse los miembros. Hacerlo, encima, paralizando o cancelando obras en curso, es decididamente una estrategia kamikaze para el país. Como le dijo Beloki en el Parlamento a esta figura que gana centralidad mientras se apaga la estrella con forma de ceja, “Así nos hundimos, ministro”.

El conejo vestido de palo a las grandes fortunas, en fin, debería haberlo sacado de la chistera a la primera, y no para callar a la izquierda (?) consiguiendo, de nuevo, poner al atribulado pueblo español frente al escenario de la improvisación y la incapacidad. Ser patriota, así y aquí, es un acto de santidad.

Goya Duelo a garrotazos

El ‘New Deal’ de Zapatero

Tacho Rufino | 28 de noviembre de 2009 a las 10:26

TheNewDeal

LA Ley de Economía Sostenible (LES), cuyo anteproyecto se aprobó ayer, le tira a todo lo que se mueve, como haría un mal cazador o un soldado asustado en una trinchera enfangada. El objeto de la ley es desmesuradamente múltiple: la educación, la energía, la regulación bancaria, la todavía llamada “Sociedad de la Información”, la transparencia de los salarios, los organismos reguladores, los trámites para la creación de empresas o los plazos de pago de los ayuntamientos. Quien mucho abarca, poco aprieta, dice el refrán, y su aplicación al caso que nos ocupa no deja de ser la crónica de una conclusión anunciada. No se cambia de personalidad por cambiar de tinte ni por abandonar a la pareja o el lugar de residencia, como no se cambia la estructura sectorial de un país ni su modelo productivo por medio de una norma legal. El abuso del recurso a la ley -un recurso fácil de quien gobierna, en ocasiones irresponsable por sus consecuencias prácticas- es habitual en nuestro país. En algunos casos, como en el de la Ley de la Dependencia, la falta de medios económicos hace de un proyecto regulador verdaderamente progresista una condena a ser papel mojado, y acabar en la triste nada.

En el caso de la Ley de Economía Sostenible, el objetivo parece ser atajar la crisis económica y la destrucción de empleo con una serie de medidas que, lejanamente en el tiempo y el espacio, recuerdan al New Deal de Roosevelt, un “Nuevo Trato” con el que el entonces presidente de Estados Unidos se proponía combatir la enorme depresión que azotó la economía de su país tras el crack (ahora rebautizado por los filólogos como crash) de 1929. La diferencia es el grado de proactividad de cada paquete de medidas: mientras el de Roosevelt era ejecutivo y práctico, el aprobado ayer es una declaración poliédrica de principios, un bálsamo de Fierabrás o una purga de Benito que todo lo curan… Dios mediante. Para tan titánica labor reparadora, la LES deberá ser desarrollada con leyes posteriores que, recordemos, atañen a muy diversos asuntos, todos ellos de principal interés nacional y que, tampoco olvidemos, ya tienen su propio marco legislativo. La ley abre una especie de proceso (re)constituyente, una caja de Pandora que fue aclamada el domingo pasado por las huestes arrobadas de un presidente, ZP, que bajaba del cielo posmoderno, en escalera mecánica y del brazo de Sonsoles; un costeadísimo reality show, tan imprescindible en estos momentos.

La sostenibilidad es un mandamiento natural que no para de tomarse en vano, y el manoseo del término no le hace ningún bien. “Satisfacer las necesidades actuales sin comprometer las futuras”- o sea, la sostenibilidad-, es algo que la economía española (sus familias, sus empresas, sus bancos, sus gobiernos y ayuntamientos) no practicó en los varios lustros que precedieron al fatídico verano de 2007, cuando nos despertamos del sueño con el ruido de la burbuja que explotaba. Cuando los políticos y sus asesores descubren una expresión-filón (aterrizaje suave, desaceleración, brotes verdes, sostenibilidad), todo empieza a falsearse. Y podemos acabar por crear macroleyessin verdadera capacidad transformadora, si es que las leyes deben transformar, que ésa es otra.

Desde dentro de la piel de toro, el anteproyecto es más carnaza para la Oposición. “No resuelve nada”, ha dicho Rajoy, por ejemplo. Desde fuera, el jueves The Economist tituló “Insostenible” un reportaje demoledor sobre nuestra economía y sobre nuestro presidente del gobierno, al que llaman “el eterno optimista”. Aunque la prensa británica suele estar siempre pronta a minusvalorar o, directamente, dar caña a España, la revista económica de referencia califica a la LES de “repleta de buenas intenciones y escasa en medidas duras” (sobre todo laborales); justo la diferencia entre el New Deal de Franklin Delano y el prontuario de aseadas e irrefutables directrices del New Deal de nuestro Gobierno.

 

(Ilustración Morewhat.com: Franklin D. Roosevelt y poster sobre el New Deal)

Salgado y los íntimos enemigos

Tacho Rufino | 12 de octubre de 2009 a las 19:57

 

LA chica, rubia, sofisticada y con atuendo urban chic, se santigua con parsimonia y amplitud, de frente a ombligo y de hombro a hombro, e inmediatamente se enciende un pitillo, como si confiara en la divina providencia para tener sus pulmones a salvo del humo que se disponía a tragar. Descarto rápidamente tal apreciación: la mujer está pasando en ese momento justo por delante de la iglesia que está enfrente de esta redacción. Como voy dándole vueltas a esto que ahora escribo, como ella me recuerda vagamente a alguien que no identifico de momento, y como había decidido que el leit motiv va a ser hoy Elena Salgado, vinculo la escena con dicho asunto, la ministra de Economía (admito que la conexión es algo forzada, la concentración y la fijación tienen eso). Elena Salgado, sin embargo, no sólo no fuma -apuesto a que tampoco se santigua ante los templos-, sino que ha sido el auténtico azote de los tabaquistas hispanos, y es ésa quizá la mejor contribución que ha hecho al país, cuando estaba al mando de una de las carteras ministeriales que ha ocupado, la de Sanidad: todos los que esto leen deben recordar cómo se fumaba en los hospitales, en las guarderías, en las residencias de ancianos, en los banquillos de los campos de fútbol y, claro, en cualquier otro sitio. Algo que cada vez nos parecerá más remoto y pintoresco, porque la medida de nuestra, en apariencia, glacial ministra ha desmontado la insolidaria costumbre nacional de compartir el tabaco con todos los que están a tu alrededor, cosa que quien suscribe ha hecho como tantos otros. Retirar a muchos del tabaco, o arrinconar a los más contumaces, es un mérito de Elena Salgado: fumar es malísimo. Más allá, y sobre todo desde que asumió vicepresidencia económica, sus logros son escuálidos, en caso de ser alguno. Seamos justos y digamos que la maldita crisis no ayuda a fomentar y tutelar la economía.

Pero no todo es crisis o, mejor dicho, la crisis puede ser atacada con armas y estrategias diversas. El Gobierno español, tras el estadounidense y el australiano, ha sido el que ha realizado un mayor esfuerzo en forma de planes anticrisis. Sus resultados son difíciles de evaluar, no así su diligencia o su coherencia: la primera es innegable; la segunda, más que dudosa. De hecho, como testimonian las viñetas de todos los periódicos, Zapatero está atribulado y confuso por los golpes del boomerang de la precipitación y la política de cámaras y micrófonos. El presidencialismo de un presidente henchido de poder -¿como todos, tarde o temprano?- ha condicionado enormemente la labor de la ministra de Economía. La sombra de un ZP lego en la materia ha sido demasiado larga y densa para Elena. Como lo fue para otra figura que, a su vez, también empequeñece a la de Salgado: Pedro Solbes, el padre Solbes, el venerable sabio, escudado en la técnica y el halo de la objetividad. Tenido por un Zidane de la política económica, debe de ser muy duro sucederlo en el puesto. Y encima -torero parlamentario- da la espantá justo el día en que se van a votar los presupuestos. ¿Pilatos, Caín o Quijote? La siguiente figura -que difumina también a la de Salgado, disolviéndola “como lágrimas en la lluvia”- tiene clara su respuesta: Solbes es “un desagradecido”. Un escaqueado con aires dignos.

Así lo vino a decir esta semana José Blanco en el Foro Joly. Solbes será un desagradecido, pero la figura del ministro de Fomento y fontanero máximo del PSOE, Pepiño, tampoco potencia a Elena Salgado. Al contrario, el sanguíneo y aguerrido Blanco se permitió hace unas semanas dar un gran pelotazo informativo, que hubiera correspondido dar a nuestra mujer, cuando anunció que el gobierno se proponía subir los impuestos. Para colmo, el gobernador del Banco de España y asesor nominal del Ejecutivo, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, no para de reconvenir y censurar al Gobierno y su gestión de la economía.

En fin, quizá debiera usted santiguarse, ministra, antes de aspirar los humos de los fuegos que la rodean: con amigos como éstos, quién quiere enemigos.

 

(Fotos arriba: Marlene, Greta y Elena, ¿a que tienen un aire?, Solbes con Zp en el Parlamento)

El presidente no tiene quien lo quiera en USA

Tacho Rufino | 24 de septiembre de 2008 a las 11:37

Con un cierto sesgo malintencionado, Expansión titula hoy “Los primeros ejecutivos de las empresas americanas dejan plantado a Zapatero” (pinchar aquí para ver noticia). Teniendo en cuenta que un 7 por ciento de nuestro PIB se genera por empresas estadounidenses (lo de “americanas” es muy incorrecto e irrespetuoso con el resto del continente), y que Estados Unidos es el principal país inversor extranjero en España, vista tal y como refleja la noticia, la cosa es grave. Pero cuando uno ve el elenco de asistentes al acto -puramente protocolario y promocional, dadas las características del ponente como economista-, no parece tanto el feo, y más aun cuando se sabe que la convocatoria del mismo se hizo muy a destiempo, es decir, muy tarde teniendo en cuenta las agendas de los sheiks de las multinacionales. Lo peor de todo, sin embargo, no es eso. Lo peor es que -y eso ya no es culpa de Zapatero- un candidato a la presidencia de Estados Unidos siga pensando que España está en “la otra” América.

En una entrevista que le hizo la SER a McCain hace unos días (pinchar aquí para acceder a ella), la cosa huele a la tradicional ignorancia geográfica de los súbditos del vigente imperio. Muchos han tomado su falta de precisión como un nuevo ataque diplomático o institucional de EE.UU. contra nuestro díscolo presidente, que se permitió no levantarse en un desfile ante la bandera de las barras y estrellas -todavía era jefe de la Oposición-, y además se fue de tournée por países inapropiados nada más coger las riendas del Gobierno.

Yo, a tenor de la alusión de McCain a Calderón (presidente de México, país con el que compartimos más que nada el idioma) y ante la imprecisión del término “países amigos” (como si estar en la OTAN y tener unas cuantas bases militares muy americanas en nuestro territorio no fueran prueba suficiente de amistad) ante la pregunta de si se iba a reunir con Zapatero, creo que McCain, el hombre, bastante tiene con la campaña como para saber dónde está España y cómo diantres se llama el “presidente de su República” (recuerden al hermano de Bush, que creo denominó así al Rey Juan Carlos…). Más que insidia, ignorancia.

Etiquetas: ,

Un ministerio de Industria y Medio Ambiente

Tacho Rufino | 16 de abril de 2008 a las 9:01

contaminacion.jpgnarbona.jpg 

(Actualización 21 de abril: Vínculo con artículo publicado sobre este asunto en “economía&empleo” el sábado 19 de abril: http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/107165/ministraincomoda.html )

A mí me gustaba Cristina Narbona como ministra: valiente, comprometida con sus creencias, navegando en aguas turbulentas -nuestras orejas de burro en los compromisos de Kyoto, la latente guerra del agua, las salvajadas urbanísticas de este país por domesticar, el poliedro autonómico “incoordinable” ambientalmente-, buena oradora, discreta, capaz. Se la han ventilado del plantel ministerial, y ni siquiera he indagado en las razones oficiales. Probablemente, Zapatero busca alinearse con posturas hidrológicas que hasta ahora eran del PP, y abrir la puerta a la energía nuclear. Por trasvases y centrales de plutonio no hubiera tragado la firme conservacionista que ha demostrado ser doña Cristina. El presidente, según parece, va a lo práctico y a corto plazo. De entrada, crea un ministerio mixto agrícola-medioambiental: un engendro que sólo gusta a los pagesos (agricultores y ganaderos) catalanes (que quizá ven su sed calmada con esta medida organizativa: comentaremos esto -si interesa- aquí mismo). Y que no nos vengan con la cantinela de que “da igual el organigrama, que lo importante es la gestión”: el diseño de los departamentos es una consecuencia directa de la estrategia (en caso de haber otra que la pura componenda política, claro está)

Tras haber sido parte de Fomento y haber sido una cartera autónoma, Medio Ambiente, si queremos ser responsables y progresistas de verdad, debería estar en/con Industria: eso sí que es avanzado, más aun -la verdad- que llenar de mujeres el gabinete de manera un tanto forzada (¿Saben que Alonso no se sabía el nombre de la muy estilosa Garmendia, ayer en una comparecencia de prensa, y le tuvo que preguntar “cuál es tu nombre de pila”? pinchar para video).