Agresión ultra en Bilbao

fperez | 27 de abril de 2017 a las 14:06

Agresión en Bilbao from Joly Digital on Vimeo.

Una persona está tomando algo tranquilamente en una terraza de un bar de Bilbao. Junto a él está sentado su perro. Un joven se le acerca y le dice algo así como “tú, Javilondo”, lo que probablemente sea una alteración de Gabilondo, uno de los apellidos vascos más comunes. Le pregunta directamente si es proetarra, le tira el contenido de un vaso a la cara, le arrea un guantazo con la mano abierta y se lía a patadas con él. Lo persigue hasta que el agredido encuentra refugio en el interior del bar. El agresor se marcha al grito de Arriba España y profiriendo amenazas a su víctima, mientras sus acompañantes le ríen la gracia.

El vídeo ha sido grabado esta mañana en Bilbao, donde el Betis se enfrenta esta noche al Athletic. Lo protagoniza el que fuera líder de los Supporters, que estuvo en prisión recientemente por otra agresión en la calle Trastamara, que la Policía calificó de homófoba aunque él lo niega. Fue puesto en libertad pero con una orden de alejamiento de Sevilla. Alguien lo localizó en la capital andaluza el 2 de marzo y llamó a la Policía. Consiguió escapar huyendo a toda velocidad por la A-49 hasta acabar en un camino rural de Benacazón, donde estuvo a punto de atropellar a un guardia civil.

Permaneció fugado tres semanas. Fue entonces cuando trascendió un vídeo suyo en el que aparecía extrayéndose una bala. Su entorno asegura que el disparo fue hecho por un guardia civil a quemarropa. El instituto armado lo volvió a detener en un bar de Matalascañas cuando veía el partido del Betis contra el Osasuna, el 17 de marzo. El juez de La Palma del Condado lo dejó de nuevo en libertad.

La Ertzaintza ha identificado por la tarde a este ultra, así como a los otros dos que aparecen en el vídeo. La víctima de la misma no ha querido presentar denuncia, según ha informado el Departamento vasco de Seguridad a Europa Press.

Anatomía de una psicosis

fperez | 23 de abril de 2017 a las 4:30

LA MADRUGÁ DE SEVILLA SE SOBREPONE A DESÓRDENES POR CARRERAS SIMULTÁNEAS

Tras más de una semana de trabajo, la investigación de la Policía Nacional sobre los sucesos de la Madrugada descarta que hubiera un complot o una confabulación contra las cofradías por parte de cualquier grupo de personas que actuaran por motivos religiosos, políticos, ideológicos o terroristas. Los agentes de la Brigada de Información han revisado una veintena de vídeos, tanto de medios de comunicación como de particulares que los subieron a las redes sociales, se han entrevistado con más de medio centenar de testigos directos, tanto los heridos como los que llamaron a la Policía, y han interrogado a los ocho detenidos, algunos de los cuales se acogieron a su derecho constitucional a no declarar. Incluso han solicitado la colaboración ciudadana, pidiendo a todos los que pudieran aportar alguna información relevante que les escribieran a la dirección de correo electrónico sevilla.bpi@policia.es o llamaran al teléfono gratuito 900101091.

Los investigadores no han hallado ni un solo indicio que apunte a que fuera algo orquestado. Sitúan el foco de los disturbios en una pelea ocurrida en un bar de la calle Arfe mientras pasaba la cofradía del Gran Poder. Cuentan quienes lo vieron que fue una pelea como las de las películas del Oeste, que sacaron a rastras a un tipo del bar y lo arrojaron en medio de la fila de nazarenos de ruan. La pregunta es obligada: ¿pudo una pelea de borrachos en la calle Arfe provocar que hubiera gente corriendo despavorida en el Salvador? ¿O en Santa Ángela, que está más lejos? ¿O en la Magdalena, en el Duque, en el Museo y prácticamente en todo el centro del Sevilla?

En condiciones normales, no. La pelea ocurre en un contexto y es éste el que sí permite que la ola de pánico se expanda a la velocidad del sonido. Si la pelea ocurriera una noche de un fin de semana cualquiera, su eco no llegaría ni al Arco del Postigo. No tendría ningún efecto, más allá del que pudieran sufrir los implicados en la misma. Pero sucedió una noche en la que había miles de personas en la calle, en un espacio más o menos reducido como es el centro de la ciudad, con la mayoría de las vías que podían servir de evacuación taponadas, bien porque por ellas pasaban cofradías o bien porque estaban llenas de un público que ha adquirido la maldita costumbre de esperar la llegada de las cofradías sentado en sillas plegables o directamente acampado y tumbado en el suelo. Y, sobre todo, en una situación mundial de alerta antiterrorista que hace que se tenga muy interiorizado el miedo a un atentado.

Nada hacía presagiar esa noche que pudiera haber una acción terrorista en Sevilla, como de hecho no la hubo. Prueba de ello es que había tres ministros del Gobierno en la ciudad y que las cofradías salieron con total normalidad. Pero el miedo es libre y sale a relucir en el momento en que la situación se descontrola, o hay alguna circunstancia imprevista que genera inestabilidad. Muchas de las personas que corrieron, o que buscaron refugio, durante la Madrugada, aseguran que lo hicieron porque oyeron un sonido fuerte, que algunos describen como el de un vuelo rasante y otros como el de un camión a gran velocidad. Las afirmaciones no son gratuitas. Para el atentado del 11-S en Nueva York se utilizaron aviones y el más reciente de Niza fue obra de un lobo solitario que se lanzó en un camión contra la multitud que celebraba el día nacional de Francia. Nadie vio un avión ni un camión en la Madrugada sevillana, pero muchos sí lo imaginaron.

También hay quien describe el estruendo como el que provoca una manada de ñus, búfalos o bisontes a toda velocidad. Muy pocos en Sevilla han visto u oído una estampida de este tipo más allá de lo que hayan podido contemplar en algún documental, ni a ningún grupo terrorista se le ha ocurrido todavía emplear esta técnica para cometer un atentado. Pero tampoco eran afirmaciones gratuitas. Fueron términos muy parecidos a los que se utilizaron para describir lo sucedido en el año 2000, en unos incidentes que nunca quedaron esclarecidos y que, por tanto, siguen estando presentes, aunque sea de manera subconciente, en la mente de muchos sevillanos.

La psicosis por los atentados existe en la ciudad. Lo demuestran las frecuentes llamadas a la Policía alertando de maletas o bultos sospechosos, que cada vez que se producen obligan a realizar un llamativo despliegue policial y que la mayoría de las veces los medios de comunicación, en un ejercicio de responsabilidad, no contamos porque siempre, hasta el momento, resultaron siendo objetos olvidados por sus propietarios. Pero generan alarma. Este es un fenómeno mundial. El mismo Viernes Santo hubo escenas de pánico similares a las registradas en Sevilla en la estación de Pensilvania, en Nueva York, donde un policía sacó una pistola eléctrica para reducir a un sospechoso y alguien lo confundió con un terrorista.

A este contexto hay que añadir el diferente tipo de público que viene a la Madrugada. No es algo nuevo en absoluto. Al centro de Sevilla no sólo llegan en la noche más grande del año quienes quieren ver cofradías, sino también muchas pandillas de chicos que quieren únicamente divertirse, y raros son los jóvenes del siglo XXI que entienden la diversión sin alcohol. A ellos hay que añadirles un buen número de delincuentes que intentan aprovechar algún descuido del público que pretende ver cofradías para robar lo que puedan, o simplemente liarla. Y, claro está, la noche. Muy pocos se plantearían correr a las cinco de la tarde del Domingo de Ramos, salvo que de verdad hubiera una amenaza real.

¿Puede entonces una pelea en Arfe provocar que la gente corra en la plaza del Duque? Por supuesto que sí. Todas las calles del centro están llenas de público, hay seis cofradías que pasan por vías muy próximas, ubicadas a escasos minutos entre sí. La pelea se produce cuando pasa el Gran Poder. Su eco se magnifica precisamente por el silencio que el público guarda ante los nazarenos de esta hermandad. Si hay gente que sale corriendo, la ola crecerá en cuestión de segundos. Otros correrán al ver que viene gente corriendo hacia ellos. No sabrán de qué, ni por qué, ni de quién, ni hacia dónde, porque la reacción humana es huir del peligro, o de lo que parece serlo. Si encima hay familias que llevan niños pequeños, y si éstos han dejado de estar a la vista de sus progenitores durante unos segundos, la situación puede derivar en una crisis por histeria o ansiedad.

Uno de los argumentos que esgrimen quienes defienden la teoría de la conspiración es que hubo varias avalanchas simultáneas en diferentes puntos de la ciudad. Es cierto que las hubo. La Policía tiene contabilizadas hasta veinte. ¿Pero fueron simultáneas? ¿O fue la misma que se expandió y propagó por todas partes a una velocidad relámpago? Es bastante significativo el vídeo grabado por el secretario de coordinación del PP andaluz, Toni Martín, que estaba en un balcón de la calle Cuna viendo la cofradía del Silencio. Están pasando los nazarenos de la Virgen, se oye incluso la música de capilla de fondo, y de buenas a primeras se escucha un cierto alboroto y los nazarenos se abren como las aguas del Mar Rojo en Los Diez Mandamientos. Los cofrades se pegan a la pared para dejar paso a la avalancha, al camión o a lo que sea que venga. Apenas corren un par de personas, pero el murmullo recorre la calle Cuna en menos de cinco segundos, como si fuera una ola de las que hacen los aficionados en los estadios de fútbol.

En cinco segundos, siendo generosos, el pánico se ha propagado desde la plaza del Salvador hasta la de Villasís. Si allí alguien lo alimenta, porque ve a otras personas correr hacia él, porque ha recibido una llamada telefónica o un mensaje de WhatsApp de un familiar pidiéndole que se ponga a salvo, o porque ha visto en Twitter o en Facebook una foto de unos músicos o unos nazarenos arrollados, la ola seguirá su camino y se expandirá en todas las direcciones posibles. Es decir, recorrerá Orfila hacia Lasso de la Vega remontando la cofradía y desembocará en el Duque, donde se verá de nuevo alimentada por quienes allí estén viendo la Macarena. Y habrá gente que trate de huir buscando refugio hacia las Setas, donde se encontrará con la cruz de guía de Los Gitanos y volverá a alimentarse con quienes allí aguarden la llegada de esta hermandad. Es el llamado efecto dominó.

Los investigadores tienen constatado que todo ocurrió entre las 4:10 y las 4:13. Si la ola recorrió Cuna en cinco segundos, como se ve en el vídeo, perfectamente pudo llegar en tres minutos desde el Arenal hasta el resto de zonas del centro por las que pasaban cofradías. Antes, habría partido de Arfe-Adriano y afectado de lleno al Gran Poder en la Plaza del Triunfo y a la Esperanza de Triana en Reyes Católicos. Y la sensación para todo el que estuviera aquella noche en la calle es la de que eran avalanchas simultáneas y, por tanto, que tenían que estar por fuerza organizadas y coordinadas por un grupo que hubiera estado planeando cómo reventar la Madrugada.

Pero organizadas por quién y para qué. ¿Un grupo de cristianófobos que pretendían destrozar una fiesta religiosa? ¿Una protesta laboral de algún colectivo? ¿Un partido político ateo? ¿Una organización terrorista? Ninguna de las opciones parece encajar. ¿Un grupo de gamberros, quizás? La diferencia de esta Madrugada con la del año 2000 es que en esta ocasión ha habido detenidos, y esto permite a la Policía trazar un perfil de las personas que alimentaron o se aprovecharon del pánico colectivo. Ninguno de los ocho arrestados estuvo en la pelea de Arfe, pero sí colaboraron a propagar el miedo con más rapidez.

El primer detenido fue un senegalés que gritaba “¡Alá es grande!” al paso del Cristo de las Tres Caídas por Reyes Católicos. Fue acallado por la propia multitud y arrestado inmediatamente. Los investigadores lo desvinculan de los disturbios porque ocurrió una media hora antes, pero no puede negarse que esta actitud ya genera una cierta tensión en una zona que se vería de lleno afectada por las carreras.

A las cuatro y veinte fueron arrestados en Marqués de Paradas, esquina Julio César, tres delincuentes comunes que iban golpeando lo que se encontraban a su paso con unas barras metálicas de las sillas plegables que se venden en las tiendas de chinos. Gritaban consignas a favor de ETA y amenazaban a la multitud con poner una bomba. Cierto es que la banda terrorista quiso volar la comisaría de la Gavidia en Semana Santa, pero en el año 1991. No es precisamente la amenaza de ETA, si es que existe ya, la que genera más alarma entre la población. Estos tipos eran simplemente tres mangantes que se habían hartado de beber y que aprovechaban el jaleo generalizado para provocar más caos y, de paso, apropiarse de cualquier cartera o bolso que los que corrían se dejaran olvidados o perdieran en la estampida. Alimentaron el pánico, pero no llevaban nada organizado. Ni tampoco estaban a sueldo de nadie, como alguien ha planteado. En ese caso, no habrían utilizado piezas de sillas plegables, sino otro tipo de material.

Los otros cuatro detenidos fueron apresados en la siguiente oleada, una réplica de menor intensidad que se dio sobre las seis de la mañana. Son jóvenes veinteañeros que se divertían viendo las caras de pánico de los que corrían despavoridos. Dos fueron interceptados por los policías nacionales que escoltaban el paso del Señor de la Sentencia en el Salvador y otros dos por la Policía Local en Argote de Molina. Estos dos también gritaban “¡Alá es grande!”, sin que tengan relación alguna con el islam, y menos aún con el precepto de esta religión que prohíbe el consumo de alcohol. Estos cuatro grupos de detenidos no tienen relación alguna entre sí, lo que resta credibilidad a la teoría del complot.

Tampoco contribuyó la actitud de algunos nazarenos. Humano es quitarse el capirote y soltar el cirio, aunque sólo sea para ver mejor, pero al final esto termina generando más pánico entre los que ya están atemorizados y ven que la normalidad se altera tanto como para descomponer las filas de nazarenos. Más aún si se podían ver a decenas de cofrades retirándose y llorando a cara descubierta. En ese sentido, hay dos vídeos que muestran cómo dos cofradías minimizaron los efectos de las avalanchas. Uno es el citado del Silencio, en el que ningún nazareno se descubre y la fila se recompone en menos de un minuto. El otro es el del Calvario, a la salida de la Virgen de la Presentación. El público se abre para dejar paso a una supuesta estampida, pero luego realmente apenas corren un par de personas. Pese al alboroto, la cofradía sigue su curso sin alterarse más.

Al restablecimiento de la normalidad también contribuyó la gestión de la crisis por parte del Ayuntamiento de Sevilla. Mientras el servicio de prensa informaba puntualmente a todos los medios de comunicación de lo que ocurría, el perfil público en redes sociales de Emergencias Sevilla iba aportando toda la información para que los ciudadanos la tuvieran casi en tiempo real. Tampoco se queda atrás la Delegación del Gobierno en Andalucía, que el lunes, tres días después de los hechos y con la investigación policial ya avanzada, convocó a los medios de comunicación para que pudieran conocer de primera mano las hipótesis en las que estaba trabajando la Policía Nacional, ofreciendo todas las respuestas que la sociedad demandaba. Eso sí, quizás fue un pelín arriesgado decir, como hizo el concejal de Movilidad, Seguridad y Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera, que la Semana Santa había sido pletórica salvo por el “lunar negro” de la Madrugada.

¿Bicicleta pública o privada?

fperez | 6 de enero de 2017 a las 5:00

 

BICI

 

DE nada sirve que las bicicletas de Sevici pesen más de 20 kilos porque están blindadas para que nadie las destroce o les robe las piezas. De nada sirven los sistemas de control, las medidas de seguridad e incluso las sentencias contra los que son sorprendidos robándolas, alguno de los cuales ha tenido que ir a prisión pese a que el robo fue ocho años atrás y en el periodo transcurrido desde entonces tuvo tiempo de reformarse, encontrar un oficio digno y fundar una familia. De nada sirve que la empresa concesionaria o el Ayuntamiento refuercen la vigilancia en las estaciones de Sevici si luego hay tipos que no sólo las mangan, sino que se las llevan a su casa y encima las exhiben de manera descarada, como se aprecia en el balcón que aparece en la fotografía, tomada en la calle Jorge Guillén, junto a la avenida de Felipe II.

Sevici tuvo un éxito que posiblemente ni sus propios ideólogos pensaron cuando se plantearon la idea de implantar un sistema de bicicletas públicas en Sevilla, por mucho que les hubieran contado acerca de la novelería de los sevillanos, unos señores que se pasan –nos pasamos– un año criticando la obra del carril bici porque quita plazas de aparcamiento pero que luego, cuando se inaugura, nos falta tiempo para ir a comprarnos máquinas que en nada envidian a la Espada de Induráin para lanzarnos en masa a recorrer los carriles.

El caso es que Sevici llegó a alcanzar en sus primeros años los 70.000 abonados. Es decir, más de un 10% de la población. Que luego lo utilizara tanta gente o no ya era otra cuestión. De hecho, el número de abonados anda aproximadamente por la mitad en la actualidad. Nunca fueron bicis ligeras, ni falta que les hacía. No eran bicis para salir los domingos por caminos o carreteras de la provincia, pero eran ideales para ir al trabajo, a la facultad o al instituto sin tener que preocuparse de que al volver alguien se hubiera llevado la bici propia. Incluso para regresar una noche de fiesta a casa sin necesidad de tener que pagar –y antes encontrar– un taxi. Todo por unos cuantos euros al año.

Los de JCDecaux, la empresa concesionaria, se esperaban un alto índice de robos y vandalismo. Al fin y al cabo Sevilla no es Amsterdam y si uno deja su bici sin amarrar puede estar seguro que no la va a encontrar en su sitio a la vuelta, aunque la haya dejado un par de minutos para hacer un recado. Por ello, idearon unos vehículos ultrarreforzados, con hierro por todas partes, blindados para que a los ladrones se les quitaran las ganas de llevárselas o de intentar sustraerlas pieza a pieza.

Pero a los mangantes sevillanos no les quita las ganas de robar nadie. Gratis cueste lo que cueste. ¿Quién quiere tener una bicicleta de Sevici en su casa? ¿Para qué? ¿Se imaginan al tipo que se ha llevado la bicicleta entrando con ella en el portal de su bloque, levantándola para que quepa en el ascensor o llevándola en peso por las escaleras, cual cirineo de San Isidoro? ¿Y luego, en casa, cruzando el salón con ella a cuestas para llevarla hasta la terraza? ¿De verdad que merece la pena tener una Sevici en un piso?

El año 2016 en diez sucesos

fperez | 2 de enero de 2017 a las 5:00

EL año 2016 deparó algunos de los crímenes más brutales de la historia reciente de Sevilla. Aunque fue un ejercicio bueno para las estadísticas de seguridad ciudadana y bajaron en general los delitos pese a la falta de policías, algunas de las muertes violentas ocurridas en 2016 superaron con creces las historias inventadas por cualquier guionista de cine o escritor de novela negra. Lo que viene a continuación es una selección de diez sucesos destacados del año.

1) EL ASESINATO DEL PARQUE DE MARÍA LUISA

Es posiblemente el acto más bárbaro ocurrido en Sevilla desde que se tenga memoria. Ha habido crímenes muy violentos, jóvenes o niños desaparecidos a los que se sigue buscando sin éxito, víctimas torturadas, pero nunca se había dado el caso de que una chica fuera a quitarse la vida y terminara desangrara tras una brutal agresión sexual. Ocurrió el 23 de febrero en el Parque de María Luisa. La víctima, Sara L. M., de 30 años, había elegido la glorieta de Bécquer para suicidarse. Había elegido poner fin a su vida en un lugar con una especial carga romántica. Entró en el parque de noche y se tomó una gran cantidad de fármacos. Se encontraba inconsciente cuando fue abordada por Francisco Morillo, un mirón, uno de los tipos que frecuenta el parque para observar –y a veces participar en ellas– las prácticas sexuales que cuando cae la noche se mantienen en este recinto. Morillo violó a la chica moribunda de manera salvaje, causándole unas desgarradores lesiones que le provocaron la muerte por desangramiento. Luego se marchó y la dejó abandonada en un banco, donde la encontraron los empleados del parque a la mañana siguiente.

2) UN MUERTO CONGELADO EN UNA HELADERÍA 

Fue el primer homicidio del año. Sucedió el 8 de enero en una heladería de la calle Otoño, en la Macarena. La heladera, María del Carmen Quero Bernal, se presentó al día siguiente en la comisaría de la Policía Nacional de Dos Hermanas asegurando que había matado a un hombre y tenía el cuerpo en un congelador de su negocio. La Policía comprobó la veracidad de los hechos. La víctima era Manuel Martín Ojeda, un hombre de 62 años que frecuentaba los bares del barrio y con el que probablemente había acordado mantener relaciones sexuales. Aquel acuerdo terminó, por un motivo que aún ha de aclarar la investigación judicial, con una discusión entre ambos. En el curso de esta pelea, la mujer propinó al hombre un fuerte golpe en la cabeza con una estatuilla de Buda y lo estranguló con un cable de teléfono. Tras matarlo, limpió el local y guardó el cadáver en un congelador, oculto entre los helados. Lo hizo de tal manera que, al día siguiente, los agentes de la Policía Local que miraron en el interior de la heladería por petición de la familia del desaparecido –que lo buscaba por el barrio y sabía que había sido visto en compañía de la heladera– no fueron capaces de verlo. Unas horas después, la heladera confesó el crimen.

3) EL DESCUARTIZADOR DE DOS HERMANAS

El día bisiesto, el 29 de febrero, deparaba el tercer crimen brutal del año, una especie de cierre de la trilogía de los horrores iniciada en la heladería de la Macarena que tuvo su segundo episodio macabro en el Parque de María Luisa. Apenas unos días después de aquel caso, con la Policía aún investigando la violación y muerte de Sara L. M., aparecía un cadáver troceado en un piso de la calle Las Cabezas de San Juan de Dos Hermanas. Era lo que quedaba del cuerpo de Diego de Dios Ronda, un hombre de 54 años al que los dueños de una bodeguita que frecuentaba a diario echaron en falta después de que llevara tres días sin aparecer. Fueron a buscarlo a su casa y les abrió la puerta su sobrino, Francisco Javier Román de Dios, de 38 años, un toxicómano al que Diego había acogido en su casa después de que su madre lo echara por sus continuos problemas con las drogas. Le pagó de la peor manera posible. Los hosteleros vieron un comportamiento extraño del sobrino y llamaron a la Policía. El primer patrullero que llegó descubrió los trozos del cuerpo de Diego, al que su sobrino había descuartizado con cierta precisión. Lo había eviscerado y arrojado los órganos internos al retrete. Por eso no se pudo determinar con exactitud la fecha de la muerte, que se cree que fue entre la noche del 26 y la mañana del 27 de febrero. También le cortó las piernas, las envolvió y las enterró en un descampado a las afueras de la ciudad.

4) EL DOBLE PARRICIDIO DE ARAHAL

La droga también estuvo detrás del único doble crimen ocurrido este año. Fue el último homicidio de 2016 y ocurrió en una vivienda de Arahal. Un drogadicto, Juan Antonio Portillo Brenes, mató a su hermana y a su madre, a las que asestó decenas de puñaladas. Tras apuñalar hasta en cincuenta ocasiones a su hermana, Rosa María Portillo, salió de la casa y se gastó 750 euros en cocaína. Regresó a la vivienda y estuvo consumiendo toda la noche hasta que llegó su madre, Rosario Brenes, que se encontraba fuera trabajando como cuidadora. Cuando ésta regresó del trabajo, Juan Antonio la atacó con un cuchillo y le asestó unas cuarenta puñaladas. Después se autolesionó clavándose el arma blanca en el abdomen. No llegó a morir y lo encontró malherido otro hermano, que tuvo la desgracia de descubrir los cuerpos de su hermana y su madre.

5) EL ESTRANGULAMIENTO DEL AEROPUERTO

Hubo dos crímenes machistas en la provincia de Sevilla a lo largo de 2016. Las dos víctimas eran extranjeras. También lo eran los agresores. El primer caso ocurrió el 30 de mayo en un aparcamiento del aeropuerto de San Pablo. Una joven rumana, Jana Enache, fue estrangulada con un cable por su marido, Toader Ciprian Enache, después de que la pareja discutiera porque habían perdido un vuelo que iba a llevar a la mujer de regreso a Italia, donde trabajaba. Tras cometer el crimen, el agresor pasó la noche en el coche con el cadáver y, a la mañana siguiente, salió del aeropuerto haciendo autoestop. Quería ir a Huelva, donde su padre se encontraba trabajando en un circo. Así llegó hasta Bollullos Par del Condado, donde se entregó a la Policía Local.

6) OTRO ASESINATO MACHISTA EN OLIVARES

El segundo asesinato de una mujer a manos de su marido ocurrió el 16 de octubre en Olivares. La víctima fue una mujer dominicana, Stefany María González Escarraman, de 26 años, que recibió una única puñalada mortal en el corazón. El asesino fue su marido, un ex policía dominicano de 41 años que luego quiso darse a la fuga. Fue detenido en Salteras. La fotografía del criminal arrestado tendido en el suelo, con la ropa llena de sangre, dio la vuelta a España. El crimen generó una cierta polémica porque la mujer había denunciado un mes antes al marido y la juez no tomó ninguna medida cautelar porque la Guardia Civil no consideró que se tratara de un caso de riesgo.

7) EL CRIMEN DE LAS CUÑADAS

Ana Deza Vázquez apareció muerta en su casa de La Rinconada la tarde del 19 de abril. Tenía un fuerte golpe en la cabeza y numerosas puñaladas. A los tres días, la Guardia Civil detuvo a dos hermanas de su difunto marido y al novio de una de ellas como presuntos autores del crimen. Aunque todavía está bajo investigación, todo apunta a una venganza porque la familia del marido acusaba a Ana de estar detrás de la muerte de éste. Los presuntos asesinos tampoco toleraban una nueva relación sentimental que había iniciado la víctima.

8) UN CADÁVER EN EL MALETERO DE UN COCHE QUEMADO

El 10 de julio, los Bomberos acudían a sofocar el incendio de un coche en llamas a un descampado de Alcalá de Guadaíra. En el maletero había un cuerpo totalmente carbonizado. Era el de Joaquín Gómez Borrallo, un gestor autónomo que había desaparecido cinco días atrás de su domicilio de Rochelambert. El Grupo de Homicidios de la Policía Nacional logró esclarecer el caso tras una compleja investigación, en la que fue detenido el presunto autor del crimen y un cómplice. Una deuda de unos 5.000 euros fue el móvil de este brutal asesinato, cometido con un hacha en una vivienda de Palmete. El presunto autor fue Félix José Alba Peinado, un joven de 27 años dueño de un taller de motos de Su Eminencia, a quien la víctima llevaba las cuentas y se sentía estafado.

9) UNA FÁBRICA ARRASADA POR LAS LLAMAS

Un devastador incendio destruyó por completo la fábrica de Ybarra, ubicada en Dos Hermanas. Las llamas se iniciaron a primera hora de la tarde del 16 de julio y en cuestión de minutos se propagaron por todo el recinto. La fábrica quedó completamente calcinada y la nube de humo no sólo se vio desde toda la provincia de Sevilla y desde las playas de Huelva y Cádiz, sino también desde el espacio. La investigación posterior corroboró que el fuego había sido accidental y que se había generado por las altas temperaturas, las fuertes rachas de viento y la existencia de material inflamable. Ninguna de estas circunstancias aclara el origen del fuego, pero la juez decidió archivar el caso, teniendo en cuenta que no hubo víctimas. Ahora Ybarra trabaja en la construcción de una nueva planta.

10) LA VIOLACIÓN MÚLTIPLE DE PAMPLONA

No ocurrió en Sevilla pero lo protagonizaron cinco sevillanos. Probablemente sea el suceso del que más se ha hablado en los últimos meses en toda España, quizás junto con la desaparición de Diana Quer y el fraude del padre de la niña Nadia. Cinco jóvenes sevillanos, entre los que hay un guardia civil y un militar, permanecen acusados de una violación múltiple a una chica de 19 años cometida el 7 de julio en Pamplona, durante las fiestas de San Fermín. El grupo de whatsapp de los acusados y la declaración de uno de ellos, el Prenda, propiciaron jugosos titulares a las televisiones de todo el país.

La guerra interna que desangró a la Policía

fperez | 18 de diciembre de 2016 a las 11:05

La Jefatura Superior de Policía ha sido el escenario de una guerra interna que ha agravado las carencias de personal que ya de por sí padece el cuerpo con la paulatina pérdida de agentes. La ciudad se ha quedado en varias ocasiones sin patrulleros disponibles pero no ha sido única y exclusivamente por la falta de personal, sino también por una deficiente distribución de los recursos, que se basó más en el puro enfrentamiento personal entre jefes que en las verdaderas necesidades de seguridad ciudadana.

La capital andaluza necesita ahora mismo unos 550 policías para cubrir el catálogo que Interior marca como dotación ideal. A mediados de la década pasada, entre los años 2003 y 2005, llegaron a faltar casi 800, y nunca se quedó la ciudad sin patrulleros, como sí ha ocurrido ahora. Claro que entonces había un jefe superior de una categoría extraordinaria, Antonio Bertomeu. Es cierto que hay muchas custodias hospitalarias de presos que requieren dos agentes por reo y turno. En un fin de semana reciente llegó a haber 11, lo que obligaba a tener en los hospitales a 22 policías por turno. O 66 por día, si se prefiere.

Pero este problema no es nuevo. En los hospitales sevillanos hay sólo cuatro habitaciones supuestamente habilitadas para presos (dos en San Lázaro y dos en Virgen del Rocío) y no existen módulos más grandes como tienen ciudades mucho más pequeñas y con una población reclusa muy inferior a la de Sevilla. En España hay 42 módulos de este tipo. Hospitales como los de Teruel o Alcorcón disponen de uno de ellos, pero en la capital andaluza nunca ha habido voluntad por parte de la Junta para habilitar uno. Así lo constató el Defensor del Pueblo Andaluz, Jesús Maeztu, en un informe de 2015, y la propia Secretaría de Estado de Seguridad, que en un informe interno publicado por este periódico esta semana destaca la “falta de sensibilidad” y la “falta de coordinación” entre las administraciones.

Desde hace más de 25 años, la Policía tiene que realizar un enorme despliegue para poder garantizar las custodias de presos por la falta de estos módulos. Este problema ha sido endémico en Sevilla y ahora sólo ha trascendido porque faltan agentes. Pero los hospitales no son los responsables de que la unidad de la que dependen los radiopatrullas, la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana, haya perdido casi un centenar de policías en los últimos dos años. La Jefatura ha ido despoblando esta unidad y haciendo caso omiso de los continuos informes que emitió el jefe de la misma, alertando de que el servicio entraría en “colapso operativo” de seguir así.

Ni el jefe superior que ha dirigido la Policía Nacional en los últimos dos años, Francisco Perea, ni su segundo, Juan Francisco Alcaraz, que ahora ostenta el cargo en funciones, hicieron caso alguno de estas llamadas de alerta del jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana, Francisco Vidal, quien hace unos días ha sido relegado del cargo. En el fondo subyace un enfrentamiento abierto entre ellos que sólo ha terminado perjudicando a la ciudad.

Vidal llegó a Sevilla desde la Secretaría de Estado. Se le considera un hombre muy cercano al que fuera Director Adjunto Operativo (DAO), Eugenio Pino, hasta su jubilación hace unos meses. El DAO es el máximo responsable de la Policía en España, la persona que dirige operativamente el cuerpo justo por debajo del cargo político del director general. Pino nunca mantuvo buenas relaciones con el jefe superior en Andalucía Occidental, Francisco Perea, también recientemente jubilado.

La designación de Perea, un hombre que había desarrollado prácticamente toda su carrera en despachos y embajadas, como máximo responsable de la Policía de Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva fue una imposición del entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Ambos son personas muy religiosas y con una estrecha relación con el Opus Dei. Perea llegó a convertir el salón de actos de la Jefatura Superior en una capilla para celebrar una misa para despedirse como jefe. La misa la ofició el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, y el PSOE elevó el caso al Congreso de los Diputados por celebrar un acto religioso en un edificio laico. De Fernández Díaz ya es conocida su política de condecorar con la medalla al mérito policial a imágenes religiosas, como fue el caso de la Virgen del Amor de Málaga. Pese a que ya había déficit de policías en Sevilla durante la pasada Semana Santa, nunca faltaron efectivos para escoltar las cofradías, e incluso para procesionar de gala en ellas.

Mientras tanto, las calles se iban quedando sin patrulleros. La guerra personal entre el DAO y el jefe superior se trasladó a Sevilla, donde el principal damnificado fue el jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana, amigo personal del DAO y con el que había trabajado en Madrid. La Jefatura fue reduciendo esta unidad, que es precisamente la que tiene que estar más poblada de toda la plantilla porque es de la que dependen los vehículos que patrullan las calles. Lo hizo por acción, convocando concursos internos para enviar agentes a otros destinos, y por omisión, no destinando a ella a ninguno de los policías recién llegados a Sevilla. Así, a los agentes que aterrizaban en la capital andaluza (todos procedentes de concursos generales de méritos porque recién salido de la Academia no ha llegado ninguno en cuatro años), la Jefatura los iba destinando a los distritos, a los grupos de Policía Judicial o a otros servicios específicos.

Vidal contactó con el DAO para frenar temporalmente la sangría de agentes que estaba sufriendo su unidad. Aquella gestión con Madrid desató la ira de la cúpula de la Jefatura de Sevilla. El jefe regional de operaciones y actual jefe superior en funciones, Juan Francisco Alcaraz, fue recriminado directamnte desde la capital de España por dejar los patrulleros reducidos al mínimo mientras que los distritos se tenían que encargar de atender las emergencias.

Desde octubre de 2015, Vidal y su equipo emitieron al menos siete informes alertando de la situación crítica que estaba sufriendo su unidad. Varios de estos documentos fueron publicados esta semana por este periódico. En ellos, el jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana apuntaba que la situación de Sevilla era única en España, puesto que en otras ciudades, como Málaga, Zaragoza o Valencia, salían un mínimo de veinte coches a patrullar cuando aquí sólo había disponibles dos. También se quejaba de que, por mucho que insistiera en pedírselo, la Jefatura no le daba información sobre cuántos vehículos había disponibles los distritos.

El cambio de turno agravó el déficit en un 10%, según los informes de la Brigada. La Policía tiene ahora un nuevo sistema de turnos por el que los agentes descansan una serie de días más al año. Pero la Jefatura siguió descentralizando los efectivos, enviándolos a los distritos en vez de tener una unidad central fuerte. Como si, por ejemplo, un periódico local de Sevilla tuviera más corresponsales en Écija o en Utrera que redactores en la capital. La consecuencia directa fue el caos organizativo, que la propia Secretaría de Estado reflejó tras una inspección a la Jefatura que tuvo lugar el 2 de febrero de 2016. En ella se puso de manifiesto la nula coordinación entre los patrulleros y los distritos.

Meses después de aquello, el sábado 4 de diciembre, la ciudad se quedó sin patrulleros. Hubo momentos en que salieron a patrullar las calles policías de la lucha antiterrorista y de los grupos de investigación. Ya con el DAO y el jefe superior jubilados, y con ambos cargos en funciones, la Jefatura ha movido ficha para relevar a Vidal, al que responsabiliza de una mala gestión cuando difícilmente podía gestionar nada sin policías. Cierto es que la plaza de jefe de Seguridad Ciudadana era provisional, pero lo ha sido durante mucho tiempo y sólo ha salido a concurso cuando Vidal ya no gozaba de la protección del DAO. Que Vidal, como la mayoría de los comisarios de Sevilla, decidiera no acudir a la fastuosa comida de despedida que Perea organizó en el club de golf de Montequinto fue su sentencia.

Ni plasma ni taquígrafos

fperez | 11 de noviembre de 2016 a las 5:00

LINCE PHOTO AGENCY

EL Ayuntamiento de Sevilla se unió ayer a la moda de celebrar actos públicos sin convocar a la prensa y despachar el asunto mandando una fotografía hecha por un miembro de la plantilla municipal y un escueto comunicado. Quizás el alcalde, Juan Espadas, quiso parecerse al presidente del Fútbol Club Barcelona, que hace una semana informó de que sus futbolistas sólo hablarían para los medios oficiales del club. O quizás pretendió emular al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que para evitar preguntas incómodas comparece a menudo a través de un televisor de plasma. En la toma de posesión del nuevo jefe de la Policía Local, el teniente coronel de la Guardia Civil Pablo Mariano Ruiz-Berdejo Ferrari, no hubo ni siquiera un plasma. Tampoco hubo taquígrafos. Sí hubo luz, eso sí, aunque tampoco mucha, a juzgar por el grano que tiene la fotografía oficial.

Así que a un servidor le gustaría contar hoy cómo es Pablo Mariano Ruiz-Berdejo Ferrari, qué piensa de la Policía Local, qué necesidades cree que tiene el cuerpo y qué cambios pretende hacer, si es que lo pretende. Le gustaría haber escrito una crónica en la que incluyera alguna declaración pública del nuevo superintendente, aunque probablemente ésta estuviera llena de los topicazos con los que las personas que acceden a un cargo público se presentan en sociedad. O simplemente describir el acto y quiénes estaban presentes. Es posible que algún periodista le hiciera alguna pregunta molesta, que es algo que el jefe de la Policía Local debe llevar en el sueldo, al igual que también va en ello esquivarla de la mejor manera posible.

Pero el Ayuntamiento de Sevilla decidió que era mejor que no hubiera periodistas en la toma de posesión, no fuera a ser que le preguntaran al nuevo jefe qué piensa hacer con los casi cuarenta agentes imputados –y procesados y a la espera de juicio– por el presunto amaño de las oposiciones de acceso al cuerpo. No convocó a la prensa y después lo resolvió con una nota y dos fotos, porque igual algún periodista se enteraba y preguntaba después por qué no hubo convocatoria. “Era mala hora y un acto breve de presentación ante otros cuerpos, administraciones y la corporación”, fue la respuesta del Consistorio, al que a partir de ahora habrá que agradecerle también que vele por los horarios de la prensa y sus siempre esforzados trabajadores.

Tan mala hora debía ser que el nuevo jefe compareció con los galones de superintendente y no de superintendente jefe, que incluye un bastón de mando que los suyos de ayer no llevaban; que lo hizo con el uniforme de calle que debe llevar el arma reglamentaria, que él no portaba; y que –esto lo aseguran quienes estuvieron en el acto, porque ni ampliando la foto al 1000% uno es capaz de darse cuenta– llevaba un cinturón con el escudo de la Guardia Civil y no el de la Policía Local, que tiene el escudo de España.

Eso sí, el Ayuntamiento volvió a recordar el currículum de Pablo Mariano Ruiz-Berdejo Ferrari, que es brillante y extenso, pero que ya está más que contado. Por si algún lector faltara a la cita con el periódico cuando se contó, el Consistorio se encargó ayer de recordarle en su comunicado que el nuevo jefe es sevillano, tiene 45 años y “está especializado en tráfico y movilidad, así como en la gestión de unidades de gran volumen de personas”. Ha sido hasta ahora jefe del sector de Tráfico de Castilla y León, entre otros muchos destinos en la Guardia Civil, y cuenta con tres condecoraciones al Mérito de la Guardia Civil, una al Mérito Militar, otra de la Orden de San Hermenegildo y otra al Mérito de la Seguridad Vial otorgada por la Dirección General de Tráfico.

Es decir, un profesional con una hoja de servicios brillante y destacada, que a buen seguro dirigirá con éxito la Policía Local de Sevilla, y que probablemente nada tenga que ver con la decisión de no invitar a la prensa a su toma de posesión. Habrá que esperar, sin embargo, para poder conocer sus opiniones sobre la plantilla a la que dirigirá y sus sensaciones en los primeros días de trabajo al frente de su nuevo destino. Quizás en el día de San Clemente, patrón de la Policía Local, que está a la vuelta de la esquina, haya ocasión de preguntarle algo, si el Ayuntamiento no decide volver a aplicar esta política de comunicación que ni Mourinho, cuando perdía un partido, seguía. El portugués, al menos, mandaba a Karanka a la sala de prensa.

La Policía Local está como el Betis

fperez | 2 de septiembre de 2016 a las 5:00

EL delegado de Movilidad y Seguridad, Juan Carlos Cabrera, debe sentirse estos días como el director deportivo del Betis cuando se abre el plazo del mercado de fichajes. Está en un equipo con cierto renombre en el panorama nacional pero anda envuelto en un lío judicial importante y no se sabe muy bien quién manda, después de un grupo de presidentes más o menos ineptos hayan dirigido el club, junto con un par de administradores judiciales con escasa o nula idea de fútbol. Un equipo al que los jugadores de primer nivel no quieren venir y en el que, a falta de los buenos, hay que buscar entrenadores con poca experiencia y una más que discutida capacidad de mando y liderazgo.

Más o menos es lo que hay en la Policía Local de Sevilla. Una policía con muy buenos profesionales (también tiene alguno el Betis), pero que atraviesa una de las etapas más convulsas de su historia y que está inmersa, no en uno, sino en varios líos judiciales con más de medio centenar de agentes imputados en tramas de corrupción. En la Policía Local tampoco se sabe muy bien quién manda, precisamente porque hay dos superintendentes y ninguno de ellos parece estar capacitado para la dirección del cuerpo. Uno porque está involucrado en el presunto amaño de las oposiciones, y el otro porque no ha conseguido poner orden en todo este caos que viene ya de largo.

Cabrera tiene ante sí dos semanas para buscar un hombre (o una mujer) que sea capaz de ganarse el respeto de una plantilla desmotivada, en la que siempre ha mandado más un sindicato como el Sppme, que aglutina al 90% del personal y que tiene a varios de sus miembros imputados en el caso de las oposiciones, que la persona que estaba al frente del cuerpo. En el haber de Cabrera se puede incluir la buena relación que tiene con este sindicato. Recuerden el pin de la solapa con el que el delegado tomó posesión del cargo y obsérvese el silencio respetuoso que el Sppme mantiene desde hace más de un año.

La cuestión es si hay algún profesional cualificado –en la Policía Nacional o en la Guardia Civil, preferentemente– que quiera, por un sueldo decente pero relativamente modesto para tratarse de un alto cargo de la cuarta mayor ciudad de España, meterse en el berenjenal que hay formado a día de hoy en la Policía Local de Sevilla.

Palabrita del niño Jesús que no me escapo

fperez | 23 de agosto de 2016 a las 19:09

IMAGINE por un momento que usted es juez. Imagine que acaba de volver de vacaciones y, el primer día que ha vuelto usted a trabajar, le toca oír en declaración a un señor sobre el que pesaba desde hace quince meses una orden de búsqueda y captura internacional porque se había fugado con casi cuatro millones de euros de unos parcelistas. Que por algo le llaman el Dioni de Almensilla. Imagine además que el sospechoso tiene tres causas abiertas en otros tantos juzgados sevillanos, una de ellas por vender como aceite de oliva virgen extra un líquido que en realidad era una mezcla de aceites de baja calidad y semillas con sólo un 10% de virgen extra.

Imagine también que la Policía Nacional localizó a ese señor hace unos meses en Santo Domingo, donde se estaba pegando una vida de lujo con su novia, pero que se escapó porque por el juzgado que usted ahora dirige pasaron varios jueces en varios meses y la orden internacional de detención tardó un par de meses en tramitarse, tiempo más que suficiente para que el pájaro volara.

Imagine que finalmente la Policía detiene a ese tipo en el aeropuerto de Barajas y una mañana, la primera después de vacaciones, se lo traen. Imagine que usted ejecuta la orden de ingreso en prisión que tiene pendiente y que además le impone una fianza millonaria:los 3,7 millones que se llevó más el tercio que exige la ley. Imagine que pasan unos días y que el abogado defensor de ese señor le presenta un recurso en el que le pide que deje a su cliente en libertad. Imagine que lee usted ese recurso y se encuentra con dos argumentos principales. El primero es la imposibilidad de volver a cometer delito. Es cierto, probablemente ese señor jamás tendrá acceso a casi cuatro millones de euros para volver a robarlos.

El segundo argumento es sencillamente delirante: no hay riesgo de fuga. Sí, está leyendo usted bien. El abogado de un tipo que se ha pasado quince meses fugado le está poniendo a usted por escrito que no hay riesgo de fuga. Que lo de trincar el dinero de los parcelistas –la mayoría de ellos ancianos y pensionistas, a los que ha dejado al borde del desahucio–, y largarse al Caribe no lo va volver a hacer. Palabrita del niño Jesús, le ha debido faltar poner en el recurso. Y a usted, como juez imaginario que es hoy, le debe entrar la risa floja. Porque si no, con la libertad que le da la imaginación, es capaz de empapelar también al abogado.

“En mi despacho mando yo”

fperez | 22 de agosto de 2016 a las 19:08

Este blog, acostumbrado a no tratar ningún asunto que ocurra más allá de las fronteras de la provincia de Sevilla, trae hoy un vídeo de Ceuta que está corriendo como la pólvora por los teléfonos móviles de policías nacionales y guardias civiles de toda España. El vergonzoso suceso que aparece en el vídeo ocurrió el jueves de la semana pasada, cuando una delegación de Frontex (la agencia europea que coordina las fronteras exteriores de todos los estados miembros de la UE) visitó la ciudad autónoma. El jefe superior de Policía, Alfonso Sánchez, rompió unilateralmente la agenda que estaba establecida y convocó una rueda de prensa que no estaba prevista. Citó a los medios de comunicación en su despacho para posar en unas fotos y hacer unas declaraciones con los miembros de la delegación de Frontex.

Cuentan que envió a unos policías para que sacaran a la delegación extranjera por una pasarela secundaria del barco que la traía desde Algeciras y la trasladaran a la comisaría de Policía para su alternativa rueda de prensa. Mientras tanto, en el muelle principal esperaban varios mandos de la Guardia Civil (entre ellos el teniente coronel Joaquín Castro, de Frontex en Madrid), con varios coches de este cuerpo para llevar a los delegados directamente a visitar la valla en la frontera con Marruecos. Al ver que la delegación no salía, los guardias civiles preguntaron qué ocurría y conocieron que los delegados habían sido sacados del barco por la Policía. Así que los guardias se desplazaron a la carrera a la comisaría para participar en la rueda de prensa montada por el jefe de Policía. Visiblemente molesto porque no le había salido bien la estrategia, el jefe superior intentó alejar a la jefa de Frontex del lado del teniente coronel Castro, para que no salieran juntos en la foto. Como no lo consiguió, decidió anular sobre la marcha la rueda de prensa diciendo: “En mi despacho mando yo”. Activen el sonido cuando vean el vídeo.

Atraco a punta de pistola en San José de la Rinconada

fperez | 12 de agosto de 2016 a las 19:10

El pasado domingo, un hombre entró armado con una pistola en una tienda de comestibles, situada en la calle Madrid de San José de la Rinconada. En ese momento estaban la dueña del negocio y una clienta. El atracador, que lleva un sombrero, se dirige a la caja y exige el dinero a la propietaria de la tienda, a la que encañona y amenaza con disparar. Mete la mano en la caja y huye con el botín. En el camino de vuelta hacia la puerta vuelve a apuntar a la clienta cuando pasa por su lado. Las cámaras de videovigilancia del establecimiento grabaron la escena.

El vídeo sirvió a la Guardia Civil para detener al delincuente, cuya identidad responde a las iniciales J. M. O. F.. El equipo de Policía Judicial de La Rinconada lo identificó y detuvo rápidamente. Ya se encuentra en prisión. Reproducimos sobre estas líneas un vídeo editado del atraco, en el que se han unido dos grabaciones realizadas por dos cámaras distintas ubicadas en el local.