Archivos para el tag ‘Policía Local’

La Policía Local está como el Betis

fperez | 2 de septiembre de 2016 a las 5:00

EL delegado de Movilidad y Seguridad, Juan Carlos Cabrera, debe sentirse estos días como el director deportivo del Betis cuando se abre el plazo del mercado de fichajes. Está en un equipo con cierto renombre en el panorama nacional pero anda envuelto en un lío judicial importante y no se sabe muy bien quién manda, después de un grupo de presidentes más o menos ineptos hayan dirigido el club, junto con un par de administradores judiciales con escasa o nula idea de fútbol. Un equipo al que los jugadores de primer nivel no quieren venir y en el que, a falta de los buenos, hay que buscar entrenadores con poca experiencia y una más que discutida capacidad de mando y liderazgo.

Más o menos es lo que hay en la Policía Local de Sevilla. Una policía con muy buenos profesionales (también tiene alguno el Betis), pero que atraviesa una de las etapas más convulsas de su historia y que está inmersa, no en uno, sino en varios líos judiciales con más de medio centenar de agentes imputados en tramas de corrupción. En la Policía Local tampoco se sabe muy bien quién manda, precisamente porque hay dos superintendentes y ninguno de ellos parece estar capacitado para la dirección del cuerpo. Uno porque está involucrado en el presunto amaño de las oposiciones, y el otro porque no ha conseguido poner orden en todo este caos que viene ya de largo.

Cabrera tiene ante sí dos semanas para buscar un hombre (o una mujer) que sea capaz de ganarse el respeto de una plantilla desmotivada, en la que siempre ha mandado más un sindicato como el Sppme, que aglutina al 90% del personal y que tiene a varios de sus miembros imputados en el caso de las oposiciones, que la persona que estaba al frente del cuerpo. En el haber de Cabrera se puede incluir la buena relación que tiene con este sindicato. Recuerden el pin de la solapa con el que el delegado tomó posesión del cargo y obsérvese el silencio respetuoso que el Sppme mantiene desde hace más de un año.

La cuestión es si hay algún profesional cualificado –en la Policía Nacional o en la Guardia Civil, preferentemente– que quiera, por un sueldo decente pero relativamente modesto para tratarse de un alto cargo de la cuarta mayor ciudad de España, meterse en el berenjenal que hay formado a día de hoy en la Policía Local de Sevilla.

Y el alcalde tuvo que hablar de la Policía

fperez | 17 de junio de 2016 a las 5:00

EL 23 de noviembre de 2015, el pasado día de San Clemente, Juan Espadas visitó la Jefatura de la Policía Local para presidir un acto de homenaje a los dos agentes muertos en acto de servicio. Terminada la ofrenda floral, los periodistas le preguntaron por el caso más espinoso que sacude a la Policía Local, el presunto amaño de las oposiciones. El alcalde esquivó la pregunta. “Sobre este asunto no pienso hacer ninguna declaración más. A veces se hacen interpretaciones en negativo de declaraciones que van en positivo y yo estoy aquí para resolver problemas, no para generarlos”, fue la respuesta de Espadas, visiblemente molesto por las preguntas de los informadores.

Ocho meses después, el alcalde ha tenido que volver a hablar de la Policía Local. Ya lo había hecho hace poco cuando confirmó la información publicada por este periódico sobre la intención de fichar a un jefe de fuera del cuerpo. Pero hasta ayer no se había mostrado tan rotundo. Dijo lo que no es más que una evidencia, que la imagen de la Policía Local “no es en absoluto satisfactoria”, pero la afirmación tiene valor por ser él quien lo admite.

Las palabras de ayer de Espadas vienen a confirmar lo que cualquier encuesta ciudadana refleja cuando se le pregunta a los ciudadanos por la Policía Local de Sevilla. O lo que se hartó de decirle –hasta que dejó de cogerle el teléfono– el Defensor del Ciudadano, José Barranca. O lo que les dijo en la cara a los agentes municipales el delegado de Seguridad de los primeros años de Zoido, Demetrio Cabello. Barranca responsabilizó de esta mala imagen al sindicato mayoritario en la plantilla, el Sppme, del que dijo que caía en la “astracanada” cuando protestaba a lomos de un burro por la Plaza Nueva o mandaban a sus afiliados a prestar servicios con una mascarilla en la cara.

El caso de la filtración del examen de las oposiciones hundió del todo la imagen del cuerpo. Los responsables del Sppme –varios de sus miembros están entre los procesados– aseguraron entonces que había una campaña orquestada para dañar la Policía Local. Igual se piensan ahora que el alcalde se ha unido a esa gran conspiración que el mundo entero ha montado contra ellos. De ese complot, por cierto, no debe estar todavía demasiado enterado el fiscal del caso de las dietas.

Antes de la defensa que este representante del Ministerio Público hizo ayer de los policías locales acusados, hubo varios intentos de mejorar la imagen del cuerpo. El gobierno de Zoido ideó una muy buena campaña publicitaria, aquella del A tu lado. El de Espadas ha creado el canal de Emergencias Sevilla para dar cuenta a la ciudadanía de todo –absolutamente todo, incluido el rescate de un buitre con golpe de calor y otros servicios exóticos– lo que hacen los policías locales a diario.

De poco han servido estos esfuerzos. El alcalde aseguró hace ocho meses que estaba para resolver problemas. Admitir que la imagen de la Policía Local es deficiente no basta. Hacen falta medidas. Mantener en sus puestos a todos los policías imputados y/o procesados seguirá teniendo un elevado coste de imagen.

Nihil prius Sevilla

fperez | 28 de abril de 2016 a las 19:22

JOSE BARRANCA

La marcha de José Barranca es una mala noticia para la ciudad. Se va un tipo crítico, que no le costaba un duro al Ayuntamiento y que no tuvo reparos en sacarle las vergüenzas al gobierno de Juan Ignacio Zoido, el alcalde que lo nombró. Juan Espadas ha preferido dejarlo morir por inacción, no echarle cuenta, no responderle a sus peticiones y marearlo para no recibirlo durante más de dos meses. Hasta que se ha cansado. Barranca, hombre de acción (recuerda su pasado como militar de Caballería cada vez que tiene ocasión), no ha podido aguantar más la farsa a la que el gobierno local había sometido la Comisión Especial de Sugerencias y Reclamaciones.

Con Barranca se va un ciudadano que cogía su bicicleta y se daba una vuelta por la Cartuja para reflejar una verdad como un templo: que el legado de la Expo 92 está que da asco. O se acercaba a las puertas del cementerio y recogía en sus informes que un camposanto como el de San Fernando no puede tener una entrada con unos puestos de flores horteras con coronas con los escudos del Betis y del Sevilla. O alertaba de que el paseo Juan Carlos I necesita urgentemente una reforma porque cuando no es un vertedero es un campamento de indigentes. O se iba libreta en mano a contar los treinta y tantos baches de la calle Cuna. O exponía que los ciclistas se han hecho los dueños de la avenida de la Constitución, o que hay tantos veladores en algunas calles que no se puede pasar por ellas, o tantas y tantas cosas que le hacen falta a la ciudad.

A Barranca le dieron palos desde el principio por su condición de militar. Hubo quien le llamó golpista y se ausentaba de los plenos en los que relataba las carencias de la ciudad. En su cerrazón, los partidos que lo criticaron no supieron aprovechar que, en la práctica, fue una especie de caballo de Troya del PP y que criticó con fuerza, y con argumentos, muchas de las políticas de Zoido. También atacó a la Junta, claro. Como hubiera hecho con el gobierno de Espadas si lo hubieran dejado.

Porque a Barranca se le puede acusar de que sus memorias anuales son algo desordenadas, que la escritura no es su fuerte y que a veces asume un cierto tono pregoneril cuando declama su amor por la ciudad que quizás sobre en un informe de una comisión de sugerencias. Pero lo cierto es que el hombre se ha pasado cuatro años diciendo verdades como puños. Ha sido, por ejemplo, el único representante público que ha tenido la valentía de llamar “mafia” al grupo de taxistas que siguen imponiendo su ley en el aeropuerto de San Pablo, año tras año y gobierno tras gobierno sin que ninguno haga nada. O de definir al sindicato mayoritario de la Policía Local como “un mal endémico” y como “el grupo de señores acomodados que hacen la vida imposible a la corporación”, después de que criticara abiertamente que los agentes municipales llevaran a cabo una serie de protestas estrambóticas, como la de pasearse en burro por la puerta del Ayuntamiento o realizar el trabajo con unas mascarillas puestas en la cara. “Cuando un señor de uniforme se pone una mascarilla cae en la astracanada. Difícilmente puede ejercer así la autoridad”, dijo.

POLICIA-LOCAL-SEVILLA-EN-BURRO

No es cuestión de hacer aquí un lapidario de Barranca porque frases como ésta pudo pronunciar más de mil a lo largo de sus cuatro años como Defensor del Ciudadano. Harían falta siete u ocho blogs bastante más activos que éste para recogerlas todas. Eso sí, a ninguna de ellas le faltó sentido y todas tuvieron una puntería acertadísima. Muchas molestaron a sus receptores, lo que supone la mejor prueba de que su trabajo estuvo bien hecho. No fue un Defensor cómodo y así lo ha demostrado hasta en su manera de irse, que ha tenido que ser por correo electrónico porque no lo han querido recibir. Sirva su lema de estos cuatro años como título de esta entrada. Recuerden: Nihil prius Sevilla.

 

El Grupo Diana, una investigación cuestionable

fperez | 17 de enero de 2016 a las 5:00

No se le puede negar al Grupo Diana que tiene un nombre precioso, mucho más bonito que el de SAF (Servicio de Atención a la Familia) o SAM (Servicio de Atención a la Mujer), que son las unidades especializadas en la violencia familiar y de género que existen en la Policía Nacional. Pero habría que plantear si de verdad es necesario que haya dos grupos especializados en la lucha contra los malos tratos en Sevilla, uno de la Policía Local y otro de la Nacional. Máxime cuando el Ayuntamiento de Sevilla sigue sin firmar el convenio con el Ministerio del Interior que permita a los agentes municipales ejercer funciones de Policía Judicial. Es decir, a día de hoy, el Grupo Diana ejerce unas funciones que por ley no tiene.

Esto ya lo planteó el ex jefe superior de Policía Enrique Álvarez Riestra, aunque lo hizo refiriéndose a una intervención relacionada con el tráfico de drogas que hizo la PolicíaLocal. En el fondo, en esto se basa la estrategia que los policías locales procesados en el presunto amaño de las oposiciones han planteado contra la Gepol, grupo que técnicamente no existe al no estar registrado en el organigrama oficial de la Policía Local, aunque sí ha sido avalado por la Audiencia de Sevilla y por la Fiscalía.

Ocurre que viste mucho y da una imagen moderna a una policía local –que precisamente en cuestiones de imagen anda regular en los últimos tiempos– el hecho de contar con un grupo contra la violencia de género. Poco importó al gobierno que creó este grupo la duplicidad de funciones, e incluso el gasto innecesario de recursos, que entrañaba tener en la ciudad varias unidades especializadas en la misma materia. Cierto es que el equipo se fundó en una época en la que la Policía Nacional estaba corta de agentes y que el Grupo Diana echó a andar con cierto éxito. Años después, la unidad se vería lastrada por una denuncia conjunta de todos sus componentes contra su ex jefa por un presunto acoso laboral.

Pero al margen del debate sobre si es útil o no tener a una decena de policías investigando casos de maltrato cuando no pueden hacerlo por ley, mientras la Jefatura tiene que recurrir a las horas extraordinarias para poder cuadrar los turnos de trabajo ordinario de la Policía Local en fines de semana y festivos, hay cuestiones mucho más básicas que discutir sobre el trabajo del Grupo Diana.

Un policía local acusado de malos tratos, que terminó siendo absuelto, emitió un duro informe contra los dos compañeros del Diana que habían investigado su caso. En este documento, el agente denuncia que el subinspector y la oficial del grupo incurrieron en varios delitos e infracciones. Ya no sólo estarían investigando un delito sin tener la condición de Policía Judicial, sino que se habrían extralimitado en sus funciones desplazándose fuera del término municipal de Sevilla para hacer gestiones policiales al menos en dos ocasiones, cuando los policías locales, por ley, sólo pueden intervenir en su municipio salvo en situaciones de emergencia.

Pero lo que más llama la atención no es esta presunta irregularidad. Dice el policía absuelto en su informe –y lo hace aportando documentos– que la oficial recomendó a su ex mujer que contratara a la abogada que le llevó el divorcio, porque ésta “le sacaría todo el dinero posible” a su marido y además podría pagarle en cómodos plazos. No contenta con esto, le reveló a la mujer una supuesta infidelidad de su marido y la instó a denunciarlo por malos tratos. Como ella no quería hacerlo en un principio y sólo se prestó a hablar de sus problemas en la pareja, los agentes le dijeron que la escucharían pero abrirían diligencias. Si le informaron de qué significaba esto o no es algo que sólo la denunciante puede aclarar, pero lo cierto es que el acusado fue absuelto. Y cualquiera que lea su informe se plantea una pregunta: ¿de verdad está la Policía para recomendar abogados o revelar supuestas infidelidades?

Ya era hora

fperez | 29 de octubre de 2015 a las 5:00

Policía controlando a las bicis en la calle Tetuán.

Cuando uno ve a dos policías locales en mitad de la calle Tetuán parando a todo el que viene en bici desde la Campana o la Plaza Nueva, la primera frase que se le viene a la mente consta de tres palabras: ya era hora. Lo piensa uno que es ciclista y que se desplaza habitualmente en bicicleta, pero al que se le queda cara de tonto cada vez que se para en un semáforo en rojo y ve como uno tras otro de sus semejantes le adelantan por la derecha e izquierda o le miran extrañados porque no se lo salta.

Lo de respetar las normas no fue nunca con buena parte de los ciclistas sevillanos, que además se vieron respaldados por la impunidad de la que han gozado durante años. En un simple paseo por el carril bici se pueden contar decenas de infracciones de ciclistas. El que menos va escuchando música con unos auriculares. El que más va a contramano, no respeta un semáforo y se mete en la acera cada vez que se encuentra un coche de frente. Y a lo mejor hasta va whatsapeando con el móvil.

Han tenido que ocurrir varios accidentes para que la Jefatura de la Policía Local, con buen criterio, envíe a sus agentes a bajar de la bici a todo el que pase montado en ella por las calles peatonales. Dice la norma que los ciclistas han de guardar una distancia de un metro con respecto a los peatones, una máxima imposible de cumplir en el centro. Hay ciclistas que echan pie a tierra, que en ir andando de la Campana a la Plaza Nueva se tardan un par de minutos, pero hay otros que terminan haciendo esláloms para sortear a los viandantes, con el riesgo de que se pueda cruzar un niño o un anciano.

El carril bici de Sevilla es, de largo, la mejor obra que se ha hecho en la ciudad en los últimos años. Ha supuesto una revolución en la manera de desplazarse de decenas de miles de sevillanos, muchos de los cuales torcían el gesto cuando veían que les iban a quitar tres o cuatro plazas de aparcamiento en su barrio y vaticinaban que nadie iba a moverse en bici en una ciudad en la que hace tanto calor. No podían estar más equivocados.

Pero eso no da derecho a nadie a ir por el carril bici de la Ronda como si fuera por los Campos Elíseos en el sprint final del Tour de Francia. Porque hay paradas de autobús de las que se baja gente, discapacitados que usan el carril para desplazarse con menos obstáculos, cruces en los que un conductor puede no ver bien al ciclista que viene… Y a más velocidad, mayor es el golpe. Si los ciclistas, los peatones y los conductores aplicaran el sentido común, no habría que mandar a la Policía a decirle a nadie que no puede ir como Induráin en la contrarreloj de Luxemburgo por la calle Tetuán. Pero el sentido común, lamentablemente, no es algo que sobre en estos tiempos.

Juan, sé fuerte

fperez | 30 de septiembre de 2015 a las 6:00

Dice el delegado de Seguridad, Juan Carlos Cabrera, que del superintendente de la Policía Local de Sevilla, Juan José García, “esta todo dicho” y que no hay que seguir hablando del presunto amaño de las oposiciones porque es “un intento de erosionar la imagen de la Policía Local (…) por parte de varios sectores”. Al superintendente le pide la Fiscalía 13 años de inhabilitación porque, como presidente del tribunal, ideó una “filtración selectiva” del examen para familiares e hijos del cuerpo. Otras 44 personas, entre ellos 36 policías locales, esperan ya para sentarse en el banquillo de los acusados por este asunto.

Ya resulta asombroso que el Ayuntamiento no suspenda de empleo y sueldo al presunto ideólogo de la filtración (tampoco lo ha hecho con ningún otro policía implicado en el caso), pero que encima el delegado de Seguridad lo defienda públicamente, aludiendo a una supuesta campaña de imagen contra la Policía Local, huele raro. A Cabrera le ha faltado mandarle un SMS al superintendente diciéndole algo así como “Juan, sé fuerte”. García, como Bárcenas en el PP, maneja información privilegiada. Sabe quién entró, quién no, quién era hijo de quién, sobrino de tal y hermano de cual, quién no daba la talla y pasó y quién obtuvo un 9 cuando unos días antes sacó un 1 en una prueba similar en Santiponce. De momento no ha tirado de la manta, pero tampoco le han tocado el sueldo.

La defensa a ultranza del superintendente se acompaña, además, de un mensaje que ya ha sido utilizado por el sindicato mayoritario del cuerpo, el Sppme, sobre el que también se cierne la sospecha en este asunto. Pide el delegado que se deje de perjudicar la imagen de la Policía Local porque “hay sectores interesados” en dañarla. El Sppme habló de “caza de brujas” y no de campaña de imagen, pero el sentido de ambas expresiones es muy parecido. Cabrera tomó posesión de su cargo con un pin del Sppme y parece que no era sólo un gesto. Decir que informar de la petición de la Fiscalía forma parte de una campaña de imagen le perjudica mucho más a él y a su figura política que
a la propia Policía.

Lo de la campaña recuerda mucho a Manuel Ruiz de Lopera, que reñía a a los periodistas porque hacían “campañitas” contra el Betis cada vez que criticaban a algún jugador. Si alguien decía que Odonkor no daba un pase bueno, que Joao Tomás no le metía un gol ni al arco iris o que vender a Joaquín y a Oliveira el mismo año era un suicidio, Lopera saltaba rápidamente con un “me estáis exigiendo que me estáis cansando con tanta campañita contra el Betis”. Parece, por tanto, que el problema no es que casi media promoción de policías entren en el cuerpo presuntamente enchufados, sino que alguien lo cuente, lo investigue o lo persiga.

¡Ay si vistieran de verde!

fperez | 29 de septiembre de 2015 a las 6:00

Cada vez que aparece una noticia relacionada con el presunto fraude en las oposiciones de la Policía Local de Sevilla, es inevitable preguntarse a qué espera el Ayuntamiento para tomar una decisión acorde con la magnitud del caso. Que haya 37 policías locales esperando para sentarse en el banquillo de los acusados, y a los que la Fiscalía pide ya penas de entre 4 y 13 años de inhabilitación, es una vergüenza más para un cuerpo que ya arrastraba su imagen por los suelos tras numerosos casos de presunta corrupción en los últimos años.

La trama de los motoristas, con 13 agentes imputados; la operaciónPájaro, con un policía condenado a dos años por colaborar con una banda de narcotraficantes; y el asunto de los sellos falsificados en los juzgados, con otros cuatro policías más imputados, no han ayudado a mejorar la imagen de un cuerpo en el que hasta el superintendente, Juan José García, está salpicado.

A día de hoy, García es el único policía local sancionado por el Ayuntamiento de Sevilla, que no es que lo haya suspendido de empleo y sueldo, no, sino que simplemente lo ha apartado de su cargo. Es decir, le han podido hacer hasta un favor. Los otros 36 agentes imputados por acceder al cuerpo de manera irregular siguen en sus puestos. Técnicamente no podrían ser suspendidos ni apartados porque cometieron la irregularidad –si se demuestra– antes de entrar oficialmente en la Policía, por lo que aún no se les puede aplicar el régimen disciplinario. Y cierto es que retirar 37 policías de las calles debe ser un problema para cuadrar los turnos, pero… ¡ay si estos muchachos vistieran de verde y no de amarillo!

Del agosto calmo al otoño del Cuco

fperez | 25 de septiembre de 2015 a las 12:16

Quien esto escribe es de tomarse vacaciones tardías, es decir, en septiembre. Suele hacerlo así porque agosto es habitualmente el mes estrella de los sucesos (y porque se viaja más barato y con menos gente, claro). Algunos dirán que la falta de temas de la agenda política hace que la crónica negra se magnifique ante la sequía informativa de otras áreas, pero si repasan los últimos agostos encontrarán crímenes bestiales que han marcado la lista de temas de la prensa local, y a veces de la nacional. El asesinato de una niña de 7 años alcanzada por una bala perdida en las Tres Mil Viviendas en 2013; el de un boliviano cuyo cuerpo fue envuelto en mantas y escondido en un armario en la calle Feria, en 2014; el de una profesora norteamericana que fue descuartizada y tirada al río en trozos, en 2010; o dos crímenes seguidos en menos de una semana en Su Eminencia, en 2012, son algunos buenos ejemplos de ello.

Aseguran los psiquiatras que el calor, o más bien los cambios bruscos de temperatura, inciden directamente en el aumento de los homicidios. Quizás por eso el agosto de 2015 ha sido tranquilo, porque hizo bastante menos calor que en julio, un mes habitualmente menos prolífico en truculencias. Fuera porque se superaban los cuarenta grados día sí y día también o simple coincidencia, lo cierto es que julio dejó un rosario de barbaridades dignas de entrar en la historia negra de Sevilla: el asesinato de una limpiadora de Nervión Plaza presuntamente por un menor de 14 años; las violaciones en serie cometidas presuntamente por otro menor de 17 años; el crimen de un cura en la puerta de su casa a manos del marido de su sobrina o la muerte de otro menor de edad por una pelea de fútbol en el Viso del Alcor. Todo eso concentrado en apenas diez días.

En agosto, en cambio, la ciudad estuvo en calma. Tampoco septiembre está siendo especialmente fuerte, aunque sí han llegado ya noticias propias del inicio del curso judicial. Verbigracia, el feo asunto de las oposiciones de la Policía Local, con 37 agentes procesados por presunto enchufismo y con el cuello del superintendente Juan José García esperando el hachazo del verdugo. ¿Que por qué no ha rodado ya su cabeza? Oficialmente por el respeto a la presunción de inocencia, pero vaya a saber si el castigo ha sido tan blando porque García, que era el presidente del tribunal, maneje cierta información comprometedora.

A falta de noticias actuales, las cadenas de televisión han recurrido de nuevo a un clásico que saben que nunca falla en las audiencias para empezar el otoño: el caso Marta del Castillo. Tanto da que hayan pasado ya seis años y medio y que ninguna de las informaciones sea relevante para lo único que importa ya, que es encontrar el cuerpo de la adolescente. Primero sacaron el testimonio de un supuesto infiltrado en la familia del Cuco y luego buscaron al que fuera menor condenado por encubrir el crimen por los veladores de Pino Montano hasta dar con él y hacer que se liara a mamporros con un periodista de Antena 3. El vídeo lo dice todo: el Cuco tapándose el rostro con un pañuelo, unas gafas de sol y una gorra, fuera de sí, lanzando puñetazos y patadas, gritando que se va a llevar a quien sea al “barrio de los pallá” y con la madre volando (y aterrizando) por intentar sujetarlo. Luego, más calmado, atendió a las preguntas de otra periodista de Telecinco y dio sus impresiones sobre el caso. Eso sí, sin quitarse el atuendo de bandolero. Que también es casualidad que, aún en verano, llevara consigo el pañuelo para taparse la cara ante las cámaras.

El Cuco es el niñato que aparece en el vídeo, un tipejo sin educación alguna criado en una familia capaz de llamar “la Penitas” a la madre de Marta (así salía en la grabación del supuesto infiltrado) y de decir que el abuelo de la víctima se merecía una paliza. Un ser despreciable, carne de cañón, que ya ha pasado por el reformatorio. Si sigue dándole hostias al primero que se encuentra por la calle, se admiten apuestas a cuánto tarda en pisar la cárcel, que ya es mayor de edad. Ahora bien, no ha de olvidarse que ese personaje ya ha cumplido su condena y tiene derecho, como cualquier otro ciudadano, a tomarse un café con su madre, o con quien quiera, en cualquier terraza de cualquier bar, sin que nadie tenga que recordarle su pasado. Eso sí, el vídeo ha reventado las audiencias.

¡Gracias por rescatarme del foso!

fperez | 3 de agosto de 2015 a las 5:00

En la vida, ante todo, hay que ser agradecido. Eso debió pensar el joven mexicano que cayó hace unos días al foso de la Universidad de Sevilla y fue rescatado por los Bomberos. Éstos colgaron el vídeo de su trabajo en las redes sociales y allí se lo encontró el protagonista unos días después. Tras ver que su caída había sido noticia en la prensa local y que el vídeo había tenido cierta difusión en internet, el chico, de 24 años, que se hospedaba con su familia en el Alfonso XIII, decidió dejar un mensaje en Twitter dando las gracias a los profesionales que lo sacaron: “Gracias por rescatarme del foso, saludos!!! (sic)”.


Lo colgó en la nueva cuenta de Emergencias del Ayuntamiento (@EmergenciasSev), un perfil que utilizan desde hace unas semanas tanto la Policía Local como los Bomberos y Protección Civil para ofrecer información sobre cualquier incidente que ocurra en la ciudad, y que está teniendo bastante éxito por el momento. Más de 1.600 seguidores en un par de semanas puede considerarse un buen balance (Hay que darle tiempo aún, que la Policía Nacional no llegó a sus 1,7 millones de seguidores en diez días). Ahí puede comprobar quien quiera en qué se gasta el dinero de sus impuestos y también, por qué no, conocer qué está pasando en la ciudad casi en tiempo real. Una herramienta que resulta muy eficaz también para los periódicos, de cuyas redacciones, por desgracia, hace tiempo que desaparecieron los escáners para piratear la radio de la Policía. Aquello de llegar al lugar del crimen antes que los investigadores (que no era exclusivo de Sevilla, como hace poco contaba la fotógrafa de la Mafia, Letizia Battaglia, en la entrevista que le hizo Íñigo Domínguez en Jot Down) hace ya mucho tiempo que pasó a la historia.

Así que cuando alguien de la redacción veía un control policial o a los Bomberos a toda velocidad por la calle, rápidamente iba a avisar al de sucesos para que se enterara de lo ocurrido. “Pérez, corre que han pasado tres camiones de Bomberos echando leches por la Ronda en dirección al Prado. Ojo que iban con las sirenas y las luces puestas”. Y el de sucesos echaba de menos aquellos aparatos para escuchar la frecuencia de la Policía para enterarse inmediatamente de qué era lo que estaba ardiendo. Con el tiempo fue aprendiendo que la salida ordinaria de los Bomberos es de cinco vehículos, y que tres camiones pasen a 100 kilómetros por hora por la Ronda puede significar cualquier cosa, desde una freidora ardiendo en una casa hasta el coloso en llamas.

Ahora, si todo marcha como hasta hoy, bastará con mirar el Twitter o el Facebook de Emergencias Sevilla para conocer qué es lo que hay. De momento, en el poco tiempo que llevan en marcha, los profesionales que manejan esta cuenta no han dado con ningún suceso realmente importante, que es dónde habrá que comprobar cuánta información se da y de qué tipo. Habrá algún experto en redes sociales que le afee que sus mensajes están repletos de iconos, algo que puede parecer poco serio en una cuenta oficial del Ayuntamiento de Sevilla, quien le reproche que tampoco hace falta tuitear que han sacado a alguien atrapado en un ascensor ni publicar instrucciones sobre cómo reanimar a una mascota ni vender que la Policía Local le ha salvado la vida a un gato, pero hasta ahora supone una inmediatez nunca vista para la prensa local de Sevilla. Si además sirve para que un tipo que se ha caído al foso y ha sido rescatado con éxito pueda darle las gracias a quienes lo sacaron, bienvenida sea. Si Rinat Dasaev hubiera tenido Twitter…

El Cecop y el esplendor perdido

fperez | 22 de junio de 2015 a las 5:51

0001865793_335x335_jpg000

Los cuatro años del mandato de Juan Ignacio Zoido han supuesto un profundo declive para el Centro de Coordinación Operativa (Cecop). El organismo creado tras los incidentes de la Madrugada del año 2000 ha sido despreciado una y otra vez durante los últimos cuatro años, y esto se ha traducido en una profunda crisis de una entidad que en su día dio resultados brillantes. La Semana Santa pasada reveló la inutilidad del Cecop, o al menos del Cecop actual: voluntarios de Protección Civil regulando el tráfico, dispositivos policiales mermados, calles cortadas directamente con vallas o cubos de basura, y, sobre todo, más incidentes en la Madrugada o cofradías que no podían avanzar por la bulla sin que se viera un policía en un kilómetro a la redonda. Los problemas no dieron la cara antes porque en las semanas santas anteriores llovió.

La lluvia de las ediciones anteriores le vino bien al gobierno local. Tapó las carencias del Cecop, aunque alguna vez también hizo que se revelara como un órgano incapaz para resolver los problemas. Por ejemplo, el roce entre Los Panaderos y La Lanzada en la plaza de Villasís nunca se habría producido con un Cecop fuerte, de otros tiempos. Aun así, justo es decir que alguien en el Cecop supo ver que los horarios de la Madrugada de 2015, la que estaba prevista en principio, no coincidían, lo que posteriormente evitó que los incidentes de aquella noche tuvieran unos efectos aún más graves.

El Cecop no ha sabido atajar el problema de las sillitas en Semana Santa ni el de la botellona en la Feria. Ni ha puesto orden en las miles de procesiones que se celebran cada año en Sevilla. El primer delegado de Movilidad y Seguridad de la era Zoido, Demetrio Cabello, quiso eliminar el Cecop, pero el alcalde optó por no asumir una decisión que podía revelarse como impopular. La mayor prueba de que el Cecop no le interesaba al PP lo más mínimo fue que primero nombró director a un intendente mayor de la Policía que estaba a punto de jubilarse, Ángel Rico, y cuando éste cumplió los 65 años, puso en su puesto a un voluntario de Protección Civil del Estado, Juan Francisco Lebrero, cuyo mayor mérito había sido prestarle una furgoneta a la Policía para que hicieran sus vigilancias.

El nuevo gobierno local quiere devolverle al Cecop el lustre que tuvo y para ello pretende incorporar de nuevo a un clásico: Rafael Pérez. El que fuera portavoz de la Guardia Civil de Sevilla ya dirigió este órgano durante varios años, en la última etapa de Alfredo Sánchez Monteseirín. Pérez puso orden en las salidas extraordinarias. Les dijo a los hermanos mayores que, si llovía y se refugiaban en un templo, volverían el día que el Ayuntamiento dijera y no cuando cada hermandad quisiera. Les instaló GPS a los pasos y montó un equipo competente para atender cualquier posible imprevisto.

Esto no garantiza que no vaya a haber incidentes en la Semana Santa de 2016 -de hecho, con Pérez al frente del Cecop, hubo peleas a navajazos y carreritas la Madrugada de 2009-, pero es evidente que el Cecop incorpora de nuevo a un profesional cualificado y con experiencia. Sabe, además, tratar con la prensa y no ver a los periodistas como enemigos, que siempre será una ayuda a la hora de transmitir su gestión.

Lo que no está demasiado claro aún es el modelo de Policía Local que quiere el PSOE de Juan Espadas. En teoría, el director del Cecop no manda sobre la Policía, pero nadie impide que pueda ser uno de los asesores de confianza del delegado de Seguridad, Juan Carlos Cabrera. Éste ya ha anunciado que no habrá director general de Seguridad y que llevará los asuntos de la Policía directamente, junto con el jefe del cuerpo, que tampoco está claro quién será.

En la visita que el pasado martes hizo Juan Espadas a la Jefatura de la Ranilla, quien salió a recibirlo fue el superintendente, Juan José García. No deja de ser un gesto revelador, pero tampoco hay que olvidar que es la persona de más alto rango en el cuerpo. Por el momento lo único que ha cambiado es que el director de Seguridad, José Antonio de la Rosa, ya ha pedido su vuelta a la Policía Nacional. En la Local se mantiene la bicefalia impuesta por el PP, con García como jefe ejecutivo y el intendente mayor Gabriel Nevado como jefe operativo.