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¿Bicicleta pública o privada?

fperez | 6 de enero de 2017 a las 5:00

 

BICI

 

DE nada sirve que las bicicletas de Sevici pesen más de 20 kilos porque están blindadas para que nadie las destroce o les robe las piezas. De nada sirven los sistemas de control, las medidas de seguridad e incluso las sentencias contra los que son sorprendidos robándolas, alguno de los cuales ha tenido que ir a prisión pese a que el robo fue ocho años atrás y en el periodo transcurrido desde entonces tuvo tiempo de reformarse, encontrar un oficio digno y fundar una familia. De nada sirve que la empresa concesionaria o el Ayuntamiento refuercen la vigilancia en las estaciones de Sevici si luego hay tipos que no sólo las mangan, sino que se las llevan a su casa y encima las exhiben de manera descarada, como se aprecia en el balcón que aparece en la fotografía, tomada en la calle Jorge Guillén, junto a la avenida de Felipe II.

Sevici tuvo un éxito que posiblemente ni sus propios ideólogos pensaron cuando se plantearon la idea de implantar un sistema de bicicletas públicas en Sevilla, por mucho que les hubieran contado acerca de la novelería de los sevillanos, unos señores que se pasan –nos pasamos– un año criticando la obra del carril bici porque quita plazas de aparcamiento pero que luego, cuando se inaugura, nos falta tiempo para ir a comprarnos máquinas que en nada envidian a la Espada de Induráin para lanzarnos en masa a recorrer los carriles.

El caso es que Sevici llegó a alcanzar en sus primeros años los 70.000 abonados. Es decir, más de un 10% de la población. Que luego lo utilizara tanta gente o no ya era otra cuestión. De hecho, el número de abonados anda aproximadamente por la mitad en la actualidad. Nunca fueron bicis ligeras, ni falta que les hacía. No eran bicis para salir los domingos por caminos o carreteras de la provincia, pero eran ideales para ir al trabajo, a la facultad o al instituto sin tener que preocuparse de que al volver alguien se hubiera llevado la bici propia. Incluso para regresar una noche de fiesta a casa sin necesidad de tener que pagar –y antes encontrar– un taxi. Todo por unos cuantos euros al año.

Los de JCDecaux, la empresa concesionaria, se esperaban un alto índice de robos y vandalismo. Al fin y al cabo Sevilla no es Amsterdam y si uno deja su bici sin amarrar puede estar seguro que no la va a encontrar en su sitio a la vuelta, aunque la haya dejado un par de minutos para hacer un recado. Por ello, idearon unos vehículos ultrarreforzados, con hierro por todas partes, blindados para que a los ladrones se les quitaran las ganas de llevárselas o de intentar sustraerlas pieza a pieza.

Pero a los mangantes sevillanos no les quita las ganas de robar nadie. Gratis cueste lo que cueste. ¿Quién quiere tener una bicicleta de Sevici en su casa? ¿Para qué? ¿Se imaginan al tipo que se ha llevado la bicicleta entrando con ella en el portal de su bloque, levantándola para que quepa en el ascensor o llevándola en peso por las escaleras, cual cirineo de San Isidoro? ¿Y luego, en casa, cruzando el salón con ella a cuestas para llevarla hasta la terraza? ¿De verdad que merece la pena tener una Sevici en un piso?

El año 2016 en diez sucesos

fperez | 2 de enero de 2017 a las 5:00

EL año 2016 deparó algunos de los crímenes más brutales de la historia reciente de Sevilla. Aunque fue un ejercicio bueno para las estadísticas de seguridad ciudadana y bajaron en general los delitos pese a la falta de policías, algunas de las muertes violentas ocurridas en 2016 superaron con creces las historias inventadas por cualquier guionista de cine o escritor de novela negra. Lo que viene a continuación es una selección de diez sucesos destacados del año.

1) EL ASESINATO DEL PARQUE DE MARÍA LUISA

Es posiblemente el acto más bárbaro ocurrido en Sevilla desde que se tenga memoria. Ha habido crímenes muy violentos, jóvenes o niños desaparecidos a los que se sigue buscando sin éxito, víctimas torturadas, pero nunca se había dado el caso de que una chica fuera a quitarse la vida y terminara desangrara tras una brutal agresión sexual. Ocurrió el 23 de febrero en el Parque de María Luisa. La víctima, Sara L. M., de 30 años, había elegido la glorieta de Bécquer para suicidarse. Había elegido poner fin a su vida en un lugar con una especial carga romántica. Entró en el parque de noche y se tomó una gran cantidad de fármacos. Se encontraba inconsciente cuando fue abordada por Francisco Morillo, un mirón, uno de los tipos que frecuenta el parque para observar –y a veces participar en ellas– las prácticas sexuales que cuando cae la noche se mantienen en este recinto. Morillo violó a la chica moribunda de manera salvaje, causándole unas desgarradores lesiones que le provocaron la muerte por desangramiento. Luego se marchó y la dejó abandonada en un banco, donde la encontraron los empleados del parque a la mañana siguiente.

2) UN MUERTO CONGELADO EN UNA HELADERÍA 

Fue el primer homicidio del año. Sucedió el 8 de enero en una heladería de la calle Otoño, en la Macarena. La heladera, María del Carmen Quero Bernal, se presentó al día siguiente en la comisaría de la Policía Nacional de Dos Hermanas asegurando que había matado a un hombre y tenía el cuerpo en un congelador de su negocio. La Policía comprobó la veracidad de los hechos. La víctima era Manuel Martín Ojeda, un hombre de 62 años que frecuentaba los bares del barrio y con el que probablemente había acordado mantener relaciones sexuales. Aquel acuerdo terminó, por un motivo que aún ha de aclarar la investigación judicial, con una discusión entre ambos. En el curso de esta pelea, la mujer propinó al hombre un fuerte golpe en la cabeza con una estatuilla de Buda y lo estranguló con un cable de teléfono. Tras matarlo, limpió el local y guardó el cadáver en un congelador, oculto entre los helados. Lo hizo de tal manera que, al día siguiente, los agentes de la Policía Local que miraron en el interior de la heladería por petición de la familia del desaparecido –que lo buscaba por el barrio y sabía que había sido visto en compañía de la heladera– no fueron capaces de verlo. Unas horas después, la heladera confesó el crimen.

3) EL DESCUARTIZADOR DE DOS HERMANAS

El día bisiesto, el 29 de febrero, deparaba el tercer crimen brutal del año, una especie de cierre de la trilogía de los horrores iniciada en la heladería de la Macarena que tuvo su segundo episodio macabro en el Parque de María Luisa. Apenas unos días después de aquel caso, con la Policía aún investigando la violación y muerte de Sara L. M., aparecía un cadáver troceado en un piso de la calle Las Cabezas de San Juan de Dos Hermanas. Era lo que quedaba del cuerpo de Diego de Dios Ronda, un hombre de 54 años al que los dueños de una bodeguita que frecuentaba a diario echaron en falta después de que llevara tres días sin aparecer. Fueron a buscarlo a su casa y les abrió la puerta su sobrino, Francisco Javier Román de Dios, de 38 años, un toxicómano al que Diego había acogido en su casa después de que su madre lo echara por sus continuos problemas con las drogas. Le pagó de la peor manera posible. Los hosteleros vieron un comportamiento extraño del sobrino y llamaron a la Policía. El primer patrullero que llegó descubrió los trozos del cuerpo de Diego, al que su sobrino había descuartizado con cierta precisión. Lo había eviscerado y arrojado los órganos internos al retrete. Por eso no se pudo determinar con exactitud la fecha de la muerte, que se cree que fue entre la noche del 26 y la mañana del 27 de febrero. También le cortó las piernas, las envolvió y las enterró en un descampado a las afueras de la ciudad.

4) EL DOBLE PARRICIDIO DE ARAHAL

La droga también estuvo detrás del único doble crimen ocurrido este año. Fue el último homicidio de 2016 y ocurrió en una vivienda de Arahal. Un drogadicto, Juan Antonio Portillo Brenes, mató a su hermana y a su madre, a las que asestó decenas de puñaladas. Tras apuñalar hasta en cincuenta ocasiones a su hermana, Rosa María Portillo, salió de la casa y se gastó 750 euros en cocaína. Regresó a la vivienda y estuvo consumiendo toda la noche hasta que llegó su madre, Rosario Brenes, que se encontraba fuera trabajando como cuidadora. Cuando ésta regresó del trabajo, Juan Antonio la atacó con un cuchillo y le asestó unas cuarenta puñaladas. Después se autolesionó clavándose el arma blanca en el abdomen. No llegó a morir y lo encontró malherido otro hermano, que tuvo la desgracia de descubrir los cuerpos de su hermana y su madre.

5) EL ESTRANGULAMIENTO DEL AEROPUERTO

Hubo dos crímenes machistas en la provincia de Sevilla a lo largo de 2016. Las dos víctimas eran extranjeras. También lo eran los agresores. El primer caso ocurrió el 30 de mayo en un aparcamiento del aeropuerto de San Pablo. Una joven rumana, Jana Enache, fue estrangulada con un cable por su marido, Toader Ciprian Enache, después de que la pareja discutiera porque habían perdido un vuelo que iba a llevar a la mujer de regreso a Italia, donde trabajaba. Tras cometer el crimen, el agresor pasó la noche en el coche con el cadáver y, a la mañana siguiente, salió del aeropuerto haciendo autoestop. Quería ir a Huelva, donde su padre se encontraba trabajando en un circo. Así llegó hasta Bollullos Par del Condado, donde se entregó a la Policía Local.

6) OTRO ASESINATO MACHISTA EN OLIVARES

El segundo asesinato de una mujer a manos de su marido ocurrió el 16 de octubre en Olivares. La víctima fue una mujer dominicana, Stefany María González Escarraman, de 26 años, que recibió una única puñalada mortal en el corazón. El asesino fue su marido, un ex policía dominicano de 41 años que luego quiso darse a la fuga. Fue detenido en Salteras. La fotografía del criminal arrestado tendido en el suelo, con la ropa llena de sangre, dio la vuelta a España. El crimen generó una cierta polémica porque la mujer había denunciado un mes antes al marido y la juez no tomó ninguna medida cautelar porque la Guardia Civil no consideró que se tratara de un caso de riesgo.

7) EL CRIMEN DE LAS CUÑADAS

Ana Deza Vázquez apareció muerta en su casa de La Rinconada la tarde del 19 de abril. Tenía un fuerte golpe en la cabeza y numerosas puñaladas. A los tres días, la Guardia Civil detuvo a dos hermanas de su difunto marido y al novio de una de ellas como presuntos autores del crimen. Aunque todavía está bajo investigación, todo apunta a una venganza porque la familia del marido acusaba a Ana de estar detrás de la muerte de éste. Los presuntos asesinos tampoco toleraban una nueva relación sentimental que había iniciado la víctima.

8) UN CADÁVER EN EL MALETERO DE UN COCHE QUEMADO

El 10 de julio, los Bomberos acudían a sofocar el incendio de un coche en llamas a un descampado de Alcalá de Guadaíra. En el maletero había un cuerpo totalmente carbonizado. Era el de Joaquín Gómez Borrallo, un gestor autónomo que había desaparecido cinco días atrás de su domicilio de Rochelambert. El Grupo de Homicidios de la Policía Nacional logró esclarecer el caso tras una compleja investigación, en la que fue detenido el presunto autor del crimen y un cómplice. Una deuda de unos 5.000 euros fue el móvil de este brutal asesinato, cometido con un hacha en una vivienda de Palmete. El presunto autor fue Félix José Alba Peinado, un joven de 27 años dueño de un taller de motos de Su Eminencia, a quien la víctima llevaba las cuentas y se sentía estafado.

9) UNA FÁBRICA ARRASADA POR LAS LLAMAS

Un devastador incendio destruyó por completo la fábrica de Ybarra, ubicada en Dos Hermanas. Las llamas se iniciaron a primera hora de la tarde del 16 de julio y en cuestión de minutos se propagaron por todo el recinto. La fábrica quedó completamente calcinada y la nube de humo no sólo se vio desde toda la provincia de Sevilla y desde las playas de Huelva y Cádiz, sino también desde el espacio. La investigación posterior corroboró que el fuego había sido accidental y que se había generado por las altas temperaturas, las fuertes rachas de viento y la existencia de material inflamable. Ninguna de estas circunstancias aclara el origen del fuego, pero la juez decidió archivar el caso, teniendo en cuenta que no hubo víctimas. Ahora Ybarra trabaja en la construcción de una nueva planta.

10) LA VIOLACIÓN MÚLTIPLE DE PAMPLONA

No ocurrió en Sevilla pero lo protagonizaron cinco sevillanos. Probablemente sea el suceso del que más se ha hablado en los últimos meses en toda España, quizás junto con la desaparición de Diana Quer y el fraude del padre de la niña Nadia. Cinco jóvenes sevillanos, entre los que hay un guardia civil y un militar, permanecen acusados de una violación múltiple a una chica de 19 años cometida el 7 de julio en Pamplona, durante las fiestas de San Fermín. El grupo de whatsapp de los acusados y la declaración de uno de ellos, el Prenda, propiciaron jugosos titulares a las televisiones de todo el país.

La guerra interna que desangró a la Policía

fperez | 18 de diciembre de 2016 a las 11:05

La Jefatura Superior de Policía ha sido el escenario de una guerra interna que ha agravado las carencias de personal que ya de por sí padece el cuerpo con la paulatina pérdida de agentes. La ciudad se ha quedado en varias ocasiones sin patrulleros disponibles pero no ha sido única y exclusivamente por la falta de personal, sino también por una deficiente distribución de los recursos, que se basó más en el puro enfrentamiento personal entre jefes que en las verdaderas necesidades de seguridad ciudadana.

La capital andaluza necesita ahora mismo unos 550 policías para cubrir el catálogo que Interior marca como dotación ideal. A mediados de la década pasada, entre los años 2003 y 2005, llegaron a faltar casi 800, y nunca se quedó la ciudad sin patrulleros, como sí ha ocurrido ahora. Claro que entonces había un jefe superior de una categoría extraordinaria, Antonio Bertomeu. Es cierto que hay muchas custodias hospitalarias de presos que requieren dos agentes por reo y turno. En un fin de semana reciente llegó a haber 11, lo que obligaba a tener en los hospitales a 22 policías por turno. O 66 por día, si se prefiere.

Pero este problema no es nuevo. En los hospitales sevillanos hay sólo cuatro habitaciones supuestamente habilitadas para presos (dos en San Lázaro y dos en Virgen del Rocío) y no existen módulos más grandes como tienen ciudades mucho más pequeñas y con una población reclusa muy inferior a la de Sevilla. En España hay 42 módulos de este tipo. Hospitales como los de Teruel o Alcorcón disponen de uno de ellos, pero en la capital andaluza nunca ha habido voluntad por parte de la Junta para habilitar uno. Así lo constató el Defensor del Pueblo Andaluz, Jesús Maeztu, en un informe de 2015, y la propia Secretaría de Estado de Seguridad, que en un informe interno publicado por este periódico esta semana destaca la “falta de sensibilidad” y la “falta de coordinación” entre las administraciones.

Desde hace más de 25 años, la Policía tiene que realizar un enorme despliegue para poder garantizar las custodias de presos por la falta de estos módulos. Este problema ha sido endémico en Sevilla y ahora sólo ha trascendido porque faltan agentes. Pero los hospitales no son los responsables de que la unidad de la que dependen los radiopatrullas, la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana, haya perdido casi un centenar de policías en los últimos dos años. La Jefatura ha ido despoblando esta unidad y haciendo caso omiso de los continuos informes que emitió el jefe de la misma, alertando de que el servicio entraría en “colapso operativo” de seguir así.

Ni el jefe superior que ha dirigido la Policía Nacional en los últimos dos años, Francisco Perea, ni su segundo, Juan Francisco Alcaraz, que ahora ostenta el cargo en funciones, hicieron caso alguno de estas llamadas de alerta del jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana, Francisco Vidal, quien hace unos días ha sido relegado del cargo. En el fondo subyace un enfrentamiento abierto entre ellos que sólo ha terminado perjudicando a la ciudad.

Vidal llegó a Sevilla desde la Secretaría de Estado. Se le considera un hombre muy cercano al que fuera Director Adjunto Operativo (DAO), Eugenio Pino, hasta su jubilación hace unos meses. El DAO es el máximo responsable de la Policía en España, la persona que dirige operativamente el cuerpo justo por debajo del cargo político del director general. Pino nunca mantuvo buenas relaciones con el jefe superior en Andalucía Occidental, Francisco Perea, también recientemente jubilado.

La designación de Perea, un hombre que había desarrollado prácticamente toda su carrera en despachos y embajadas, como máximo responsable de la Policía de Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva fue una imposición del entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Ambos son personas muy religiosas y con una estrecha relación con el Opus Dei. Perea llegó a convertir el salón de actos de la Jefatura Superior en una capilla para celebrar una misa para despedirse como jefe. La misa la ofició el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, y el PSOE elevó el caso al Congreso de los Diputados por celebrar un acto religioso en un edificio laico. De Fernández Díaz ya es conocida su política de condecorar con la medalla al mérito policial a imágenes religiosas, como fue el caso de la Virgen del Amor de Málaga. Pese a que ya había déficit de policías en Sevilla durante la pasada Semana Santa, nunca faltaron efectivos para escoltar las cofradías, e incluso para procesionar de gala en ellas.

Mientras tanto, las calles se iban quedando sin patrulleros. La guerra personal entre el DAO y el jefe superior se trasladó a Sevilla, donde el principal damnificado fue el jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana, amigo personal del DAO y con el que había trabajado en Madrid. La Jefatura fue reduciendo esta unidad, que es precisamente la que tiene que estar más poblada de toda la plantilla porque es de la que dependen los vehículos que patrullan las calles. Lo hizo por acción, convocando concursos internos para enviar agentes a otros destinos, y por omisión, no destinando a ella a ninguno de los policías recién llegados a Sevilla. Así, a los agentes que aterrizaban en la capital andaluza (todos procedentes de concursos generales de méritos porque recién salido de la Academia no ha llegado ninguno en cuatro años), la Jefatura los iba destinando a los distritos, a los grupos de Policía Judicial o a otros servicios específicos.

Vidal contactó con el DAO para frenar temporalmente la sangría de agentes que estaba sufriendo su unidad. Aquella gestión con Madrid desató la ira de la cúpula de la Jefatura de Sevilla. El jefe regional de operaciones y actual jefe superior en funciones, Juan Francisco Alcaraz, fue recriminado directamnte desde la capital de España por dejar los patrulleros reducidos al mínimo mientras que los distritos se tenían que encargar de atender las emergencias.

Desde octubre de 2015, Vidal y su equipo emitieron al menos siete informes alertando de la situación crítica que estaba sufriendo su unidad. Varios de estos documentos fueron publicados esta semana por este periódico. En ellos, el jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana apuntaba que la situación de Sevilla era única en España, puesto que en otras ciudades, como Málaga, Zaragoza o Valencia, salían un mínimo de veinte coches a patrullar cuando aquí sólo había disponibles dos. También se quejaba de que, por mucho que insistiera en pedírselo, la Jefatura no le daba información sobre cuántos vehículos había disponibles los distritos.

El cambio de turno agravó el déficit en un 10%, según los informes de la Brigada. La Policía tiene ahora un nuevo sistema de turnos por el que los agentes descansan una serie de días más al año. Pero la Jefatura siguió descentralizando los efectivos, enviándolos a los distritos en vez de tener una unidad central fuerte. Como si, por ejemplo, un periódico local de Sevilla tuviera más corresponsales en Écija o en Utrera que redactores en la capital. La consecuencia directa fue el caos organizativo, que la propia Secretaría de Estado reflejó tras una inspección a la Jefatura que tuvo lugar el 2 de febrero de 2016. En ella se puso de manifiesto la nula coordinación entre los patrulleros y los distritos.

Meses después de aquello, el sábado 4 de diciembre, la ciudad se quedó sin patrulleros. Hubo momentos en que salieron a patrullar las calles policías de la lucha antiterrorista y de los grupos de investigación. Ya con el DAO y el jefe superior jubilados, y con ambos cargos en funciones, la Jefatura ha movido ficha para relevar a Vidal, al que responsabiliza de una mala gestión cuando difícilmente podía gestionar nada sin policías. Cierto es que la plaza de jefe de Seguridad Ciudadana era provisional, pero lo ha sido durante mucho tiempo y sólo ha salido a concurso cuando Vidal ya no gozaba de la protección del DAO. Que Vidal, como la mayoría de los comisarios de Sevilla, decidiera no acudir a la fastuosa comida de despedida que Perea organizó en el club de golf de Montequinto fue su sentencia.

“En mi despacho mando yo”

fperez | 22 de agosto de 2016 a las 19:08

Este blog, acostumbrado a no tratar ningún asunto que ocurra más allá de las fronteras de la provincia de Sevilla, trae hoy un vídeo de Ceuta que está corriendo como la pólvora por los teléfonos móviles de policías nacionales y guardias civiles de toda España. El vergonzoso suceso que aparece en el vídeo ocurrió el jueves de la semana pasada, cuando una delegación de Frontex (la agencia europea que coordina las fronteras exteriores de todos los estados miembros de la UE) visitó la ciudad autónoma. El jefe superior de Policía, Alfonso Sánchez, rompió unilateralmente la agenda que estaba establecida y convocó una rueda de prensa que no estaba prevista. Citó a los medios de comunicación en su despacho para posar en unas fotos y hacer unas declaraciones con los miembros de la delegación de Frontex.

Cuentan que envió a unos policías para que sacaran a la delegación extranjera por una pasarela secundaria del barco que la traía desde Algeciras y la trasladaran a la comisaría de Policía para su alternativa rueda de prensa. Mientras tanto, en el muelle principal esperaban varios mandos de la Guardia Civil (entre ellos el teniente coronel Joaquín Castro, de Frontex en Madrid), con varios coches de este cuerpo para llevar a los delegados directamente a visitar la valla en la frontera con Marruecos. Al ver que la delegación no salía, los guardias civiles preguntaron qué ocurría y conocieron que los delegados habían sido sacados del barco por la Policía. Así que los guardias se desplazaron a la carrera a la comisaría para participar en la rueda de prensa montada por el jefe de Policía. Visiblemente molesto porque no le había salido bien la estrategia, el jefe superior intentó alejar a la jefa de Frontex del lado del teniente coronel Castro, para que no salieran juntos en la foto. Como no lo consiguió, decidió anular sobre la marcha la rueda de prensa diciendo: “En mi despacho mando yo”. Activen el sonido cuando vean el vídeo.

Hoy hay fiesta en las Tres Mil

fperez | 7 de julio de 2016 a las 19:49

Hoy es día de fiesta. Así comenzaba la canción de una serie infantil de los años ochenta, hecha con muñecos. Se titulaba Los Aurones, aunque todo el mundo la recuerde como Poti Poti, el nombre de su principal personaje, una especie de dragón que siempre estaba hambriento y convertía en fruta a los villanos. Hoy se ha conocido que la Audiencia de Sevilla ha condenado a cuatro policías por entrar en pisos de las Tres Mil Viviendas sin órdenes judiciales para detener a delincuentes mucho peores que los del poblado aurón. Y eso es un motivo de fiesta (y gorda) en Las Vegas, Murillo y demás rincones degradados del Polígono Sur. Esta noche, traficantes de droga y de armas, atracadores, ladrones, yonquis y camellos brindarán (y quizás disparen al aire) por la decisión judicial. Y por la inhabilitación de algunos de los mejores policías de Sevilla, a juzgar por sus hojas de servicio y por las cruces al mérito policial con distintivo rojo cosechadas por intervenciones en las que se jugaron la vida.

Hay quien dice que destacaron demasiado. Que un par de policías nacionales dejaron en evidencia a unidades enteras reventando las estadísticas de detenidos y de reclamados judiciales que eran apresados siempre por la misma pareja. Que se parecían demasiado a Harry Callahan y Frank Serpico. La UCOT (unidad que en Sevilla ejerce la función de asuntos internos) dio más credibilidad a la palabra de una traficante de drogas que a la de los propios agentes. Aquella denuncia inició una investigación que ha terminado con una condena severa para los policías. Por medio pasaron por una suspensión de empleo y sueldo que se mantuvo durante año y medio y sólo se levantó después de que iniciaran una huelga de hambre en la puerta de la Jefatura Superior.

La Justicia ha considerado probado que cruzaron una línea roja, la de entrar en los pisos sin órdenes de registro. Si lo hicieron, dentro nunca encontraron a una anciana viendo la televisión, sino a delincuentes que figuraban entre los más buscados de la ciudad. Tanto, que las paredes de las Tres Mil Viviendas se llenaron de pintadas contra estos dos agentes, a los que en el submundo conocían con los sobrenombres de Nazi y Corrupto. “Tus muertos, corrusto (sic)” o “Nazi cabrón” se ha podido leer hasta hace bien poco en los muros de Las Vegas. Hoy, los que pintaron aquello, se felicitan por la condena de la Sección Séptima.

Ya lo hicieron cuando la Jefatura los suspendió de empleo y sueldo tras la denuncia que dio origen al caso. “No se puede usted hacer una idea del cabreo que produce a los vecinos tener que oír a diario los comentarios de los delincuentes y el desorbitado regocijo del que disfrutan”, escribió entonces el presidente de la asociación de vecinos Martínez Montañés, Rafael Pertegal, en una carta dirigida al jefe superior. La indignación vecinal debe ser proporcional a la que ha generado la sentencia de la Sección Séptima en el seno de la Policía. En los chats y foros de agentes hay cientos de muestras de apoyo a sus compañeros condenados, y no se descarta que en los próximos días se celebre alguna concentración de protesta.

Por si les faltaba algún motivo para la fiesta, sepan los señores traficantes y atracadores de las Tres Mil que la Fiscalía ha solicitado el bloqueo de las cuentas corrientes y el embargo de los bienes de los policías, para que así puedan responder al pago de las multas. La misma Fiscalía que pidió que se le devolvieran más de 500.000 euros intervenidos al clan de los Perla, ese que mató a una niña de siete años en una calle del barrio hace tres veranos, porque no se consideró probado que el dinero procediera de la venta de droga. Con parte de esa cantidad (los ahorros de la familia, según los Perla), pagaron a la familia de la víctima para llegar a uno de los pactos más vergonzosos de la historia de la Justicia sevillana. Pero esa ya es otra historia. Y otro motivo para brindar.

Casi un arresto domiciliario

fperez | 29 de enero de 2016 a las 5:00



Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental.

AL firmar su puesta en libertad, el ladrón del Corpus Christi debió pensar que más le vale no volver a salir de casa. Al menos mientras dure la peculiar medida cautelar que le impuso la juez: prohibido acercarse a una iglesia. Esto, en Sevilla, viene a ser como una especie de arresto domiciliario. Al menos el hombre tiene la fortuna de vivir en Los Bermejales y no en el centro, porque entonces no podría salir ni al balcón. Aún así, tiene cerca de su domicilio tres templos: los dos de la Virgen del Mar (el de Elcano y el de Los Bermejales) y el del Claret. Y mejor que no siga la Palmera hacia arriba porque se encontrará con uno que ya conoce de sobra.

La medida cautelar impuesta dice literalmente que no podrá acercarse a “ninguna iglesia, parroquia o establecimiento religioso”. No explica exactamente qué quiere decir esta última expresión, pero si uno se pone en la piel del delincuente no entraría ni en la tienda Mundo Cofrade, por si acaso le da la tentación de mangar algo y termina detenido por trigésima vez. Imaginen el sufrimiento de ese hombre en Semana Santa, intentando trazar un recorrido por la ciudad en el que no se encuentre ni a un nazareno, músico o costalero. O si lo citan a declarar otra vez en el juzgado, piensen en él cruzando con cautela por la acera contraria a la Capilla de la Universidad.

Bromas aparte, esta orden de alejamiento es inédita, que se sepa, en la historia de la Justicia sevillana. Y, evidentemente, tiene su fundamento. El ladrón ha robado, presuntamente, en la parroquia del Corpus Christi, en una vivienda anexa a este templo y también sustrajo dos jarritas en la de la Magdalena. A partir de ahora, con esta prohibición en vigor, la Policía podrá detenerlo antes de que actúe. Si una patrulla lo ve merodeando por una iglesia, los agentes podrán darle el alto, arrestarlo como presunto autor de un delito de quebrantamiento de condena y llevárselo a la Jefatura. Es decir, impedir un nuevo robo.

Si no hubiera orden de alejamiento, la Policía tendría que esperar a que el ladrón robara y, una vez cometido el delito, iniciar la posterior investigación. Y no siempre puede asegurarse que el resultado sea igual de brillante que en este último caso, en el que la Policía esclareció el asunto en menos de 24 horas. Recuerden, si no, que sigue abierta la investigación del robo en la iglesia del Santo Ángel, cometido el pasado mes de agosto. La prevención, por tanto, es la base de esta peculiar medida dictada por la juez de Instrucción 15.

Llama la atención la evolución de las órdenes de alejamiento, que comenzaron siendo sólo para personas y prácticamente eran exclusivas de los casos de malos tratos en el ámbito familiar. Luego se fueron ampliando y casi siempre con buenos resultados. Así, por ejemplo, se redujo de manera considerable el número de carteristas en el centro de la ciudad. La medida se la inventó un ex jefe del Grupo Hércules de la Policía Nacional que propuso a los jueces que decretaran órdenes de alejamiento del casco histórico a los carteristas que sus subordinados detenían casi a diario. Nada más verlos pisar el centro y sin necesidad de que empezaran a robar, los policías pudieron arrestar a los delincuentes, que obviamente optaron por irse a robar a otra parte. Hicieron buena aquella máxima policial que dice que la delincuencia es como la energía: ni se crea ni se destruye, sólo se transforma..

Siete años para ser un caso frío

fperez | 24 de enero de 2016 a las 5:00

busqueda de marta del castillo en majaloba
Siete años ha tardado la Policía en pasar página en el caso Marta del Castillo, en convertirlo en lo que los americanos llaman un caso frío. Así definen en EEUU aquellos crímenes cuya investigación está completamente estancada y no hay ninguna pista nueva sobre la que poder tirar del hilo. Muchos departamentos de policía de las grandes ciudades estadounidenses cuentan con una brigada especializada en este tipo de casos. Son agentes que no han tenido contacto antes con la investigación –aunque pueden, y hasta deben, entrevistarse con los que la llevaron desde el primer momento–, que revisan el asunto desde el inicio y que tratan de aportar una nueva mirada o enfoque, limpia de cualquier contaminación o quemazón que pueda sufrir un profesional que lleva meses o años trabajando sobre el mismo asunto.

Hoy, cuando se cumplen siete años de la desaparición y muerte de Marta del Castillo, la investigación acaba de ser remitida a Madrid para que la asuma una brigada llamada de Análisis y Revisión de Casos. Los agentes que la forman tienen tarea, aunque los ritmos de su trabajo deben ser necesariamente distintos a los mantenidos hasta ahora. La brigada de Análisis y Revisión debe trabajar sin presión, sin prisas y con derecho a equivocarse y a seguir cuantas pistas falsas sean necesarias hasta encontrar la buena.

Tienen, en definitiva, lo que no ha tenido el Grupo de Menores (Grume) de Sevilla, la unidad que llevó la investigación desde el lunes siguiente a la desaparición hasta las últimas búsquedas de hace pocos meses en las escombreras de Camas. El caso se quebró en los primeros momentos. Si hubiera existido el protocolo que luego se creó para desapariciones de menores –a raíz precisamente del caso Marta del Castillo– probablemente el cadáver de la joven habría aparecido la misma noche de aquel domingo. Sin embargo, el autor del crimen y sus cómplices tuvieron un día entero para poder deshacerse del cuerpo, algo que hicieron sorprendentemente bien. El asesino,Miguel Carcaño, jugó con ventaja desde el minuto uno y sólo el hecho de que confesara el crimen permitió una condena de la que habría que dudar si no hubiera mediado tal confesión. De hecho, los otros tres mayores de edad que fueron juzgados terminaron absueltos.

Tras decir que había arrojado a Marta al río Guadalquivir, Carcaño llevó a los investigadores a múltiples lugares de la geografía sevillana:el vertedero de Montemarta-Cónica, varias zanjas y escombreras de Camas, la finca de Majaloba… Los agentes del Grume se deslomaron buscando a Marta, removieron toda la basura de la ciudad, investigaron más de cien lugares de las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva, utilizaron un georradar, sometieron a Carcaño a un test de la verdad… Viendo que su trabajo era infructuoso, recurrieron hasta a una adivina.

Sería de necios negar el trabajo de estos policías, pero era necesario ya un cambio y refrescarlos tanto física como mentalmente. La inspectora que se juró encontrar a Marta dirige hoy el SAF y hace poco culminó una brillante investigación deteniendo a un presunto violador que atacó al menos a cuatro chicas. El expediente Marta del Castillo ya está en Madrid. El paddre de la víctima expresó lo que sentía el pasado jueves a través de su cuenta de Twitter: “El próximo domingo se cumplen siete años del mayor fracaso policial en la historia de este país. Cuatro niñatos os han toreado”.

Cargarse algo más que un cristal

fperez | 8 de octubre de 2015 a las 5:00

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Contaban en el Polígono Sur que quienes están atacando los autobuses de Tussam desde hace un par de semanas son un grupito de menores que van en bici, lanzan las piedras y salen huyendo. Dicen que son los mismos que hace unos meses derribaban los veladores de la avenida de la Paz. Lo hacen por el puro placer de destrozar cosas.

La Policía identificó ayer a uno de ellos. Tiene diez años de edad y, por tanto, carece de responsabilidad penal alguna. Si una piedra lanzada por él impactara en la cabeza de un viajero, el niño se iría tranquilamente a su casa, cortesía de la ley del menor. Algo parecido ocurrió hace años en el Vacie, cuando un menor que arrojaba piedras a la carretera hirió de gravedad a una niña que viajaba en coche con su padre.

El gamberrismo en Sevilla no se originó en las Tres Mil Viviendas, desde luego, pero corre el riesgo de que estos niñatos se carguen algo más que unas cuantas lunas. El Ayuntamiento ya ha anunciado que los autobuses tendrán vigilancia policial cuando pasen por el Polígono Sur. La noticia parece de hace veinte años, cuando policías de paisano viajaban en los vehículos para detener al responsable de una serie de atracos a mano armada y otras agresiones a los conductores de la empresa municipal de transportes.

Durante un tiempo, los autobuses dejaron de entrar en el barrio. Como lo hizo Lipasam, que sólo aprovechaba alguna redada de la Policía para retirar las montañas de basura. O como lo hizo Correos, después de que varios carteros sufrieran atracos. Las administraciones abandonaron el Polígono Sur, que se fue convirtiendo en el gueto que es ahora, al menos en algunos barrios como Las Vegas.

Cuando un chico del Polígono Sur lanza una piedra contra el 30, el 31 o el 32, la está lanzando contra su propio barrio y, sobre todo, contra un proyecto de sacarlo adelante que abanderan la Junta y el Ayuntamiento desde hace varios años (al Estado lo incluiremos cuando de verdad destine fondos para construir la comisaría de la Policía Nacional que los vecinos llevan 30 años reclamando) y que gestiona una de las pocas personas que inspiran confianza a los desencantados vecinos:la comisionada, María del Mar González.

Los últimos apedreamientos sólo le dan la razón a gente que conoce bien el barrio, como Rafael Pertegal, que lleva años diciendo que el trabajo con las familias es insuficiente, preguntándose que de qué sirve hacer un carril bici sin ciclistas, un magnífico café cultural si luego el flamenco se canta en torno a una candela o un maravilloso centro de servicios sociales si luego no se atienden nada más que a unas pocas personas al día.

Carlos Herrera y otros robos a famosos

fperez | 1 de agosto de 2015 a las 11:39

El periodista Carlos Herrera fue víctima, hace unas semanas, de un robo en su domicilio del Paseo de Colón. Un ladrón escaló la fachada y luego fracturó una puerta con una palanqueta para entrar en la vivienda. Se llevó ocho relojes, 6.000 euros en efectivo y algunas joyas. En la casa no había nadie en ese momento. La Policía cree que el delincuente desconocía quién era el dueño del inmueble porque luego entró a robar en la casa del vecino, un comportamiento que a buen seguro no tendría si su objetivo fuera exclusivamente el periodista. El robo sigue bajo investigación y de momento no ha sido detenida ninguna persona relacionada con él. Los agentes encargados de la investigación han revisado cámaras de seguridad de establecimientos cercanos y buscado a posibles testigos, además de que la Policía Científica ha inspeccionado la vivienda en busca de huellas, pero de momento siguen buscando al delincuente.

Hacía tiempo que los especialistas del Grupo de Robos de la Policía de Sevilla no se enfrentaban a un caso en el que la víctima fuera alguna persona conocida públicamente. Menos hace para los de la Guardia Civil, que en marzo de este mismo año investigaron el robo en casa del ex presidente del Sevilla, José María del Nido, en su chalé de la urbanización Simón Verde, en Mairena del Aljarafe. En aquella ocasión, la casa también estaba vacía (Del Nido ya estaba cumpliendo su condena en prisión) y fue su mujer quien lo descubrió al día siguiente, al llegar a la vivienda y encontrarse la puerta abierta. Los ladrones, que parecían ser algo más profesionales que el de Herrera, habían reventado la caja fuerte con una rotaflex y se habían llevado dinero y joyas.  Previamente habían inutilizado los sistemas de alarma para que ni la empresa de seguridad contratada por el ex presidente sevillista tuviera conocimiento del robo ni tampoco ningún vecino llamara a la Guardia Civil alertado por el ruido de la alarma. El robo a Del Nido todavía permanece bajo investigación.

Los futbolistas han sido, con cierta frecuencia, víctimas de robos en sus casas. En los últimos años, los del Sevilla han tenido peor suerte en este sentido que los del Betis. El que lo pasó peor fue Luis Fabiano, quien ya unos años antes había vivido el secuestro de su madre en Brasil. En febrero del año 2008, sufrió un asalto en su chalé de Montequinto. Mientras él entrenaba con el equipo en la ciudad deportiva, unos ladrones retenían en su casa a su mujer y sus dos hijas, de uno y tres años por entonces. Los delincuentes encañonaron a la esposa del delantero brasileño para llevarse joyas, relojes y una importante cantidad de dinero. Al regresar del entrenamiento, el futbolista se encontró con la puerta de su casa abierta y a su familia retenida en un cuarto.

Aquel mismo mes también hubo un intento de robo en casa del portero Andrés Palop, en el club Zaudín, en Tomares. Los ladrones entraron en el chalé de noche, pero el futbolista se despertó al oír unos ruidos extraños y los asaltantes optaron por darse a la fuga. Otros dos futbolistas del Sevilla también fueron asaltados en sus viviendas. Uno de ellos fue Julio Baptista en enero de 2005, mientras jugaba en Villarreal el partido contra la droga. Los ladrones entraron en su piso, cercano al estadio Ramón Sánchez Pizjuán, y se llevaron media docena de relojes, ropa y zapatos de marca, unos pendientes de diamantes, un DVD y un ordenador portátil. En 2011 le tocó el turno a Daniel Alves, a quien un ladrón le entró en su casa de Dos Hermanas para robarle unos motores de la depuradora y la barandilla de la piscina. La Policía lo sorprendió in fraganti y fue detenido.

En diciembre del año 2008 fue la gerente del Real Club de Golf de Sevilla, Claudia Hernández, hija de Elías Hernández, conocido empresario del sector de la alimentación, quien sufrió un asalto en su vivienda de Condequinto, en uno de los chalés integrados en el mismo club de golf. Los ladrones se llevaron 42.000 euros tras acceder al interior de la casa por una ventana y despertar a las personas que dormían dentro. Tras amenazarlas repetidamente, los delincuentes se marcharon con el botín sin llegar a emplear violencia física.

Pero si hubo un robo a un famoso que llamó la atención fue el que sufrieron los atletas Maurice Greene y Larry Wade en el año 1999. Nada más aterrizar en Sevilla, adonde habían venido para participar en el Mundial de Atletismo, un ratero echó mano a la bolsa de Wade y echó a correr. Probablemente no sabía que le estaba robando a los velocistas de la selección de EEUU, es decir, a los tipos más rápidos de la Tierra. Greene, quien por entonces ostentaba el récord mundial de 100 metros, salió a correr en pos del ladrón de su compañero y amigo y lo atrapó antes de que avisaran a la Guardia Civil.

Otras veces se ha recuperado en la provincia de Sevilla algo que han robado a algún famoso en otra provincia. Por ejemplo, el caso del coche de Carmen Janeiro, la Jesulina, a quien le sustrajeron su flamante Porsche Carrera 4S en la localidad gaditana de El Bosque y lo recuperó la Policía en una calle de Cerro Blanco, uno de los barrios más deprimidos de Dos Hermanas. Y en otras ocasiones, aunque las menos, no son los famosos las víctimas, sino los autores de los robos. José Fernando Ortega abandera sin duda este apartado. Pero quizás sus andanzas den para otra entrada de este blog.

Marta del Castillo, ¿hora de un cambio?

fperez | 18 de junio de 2015 a las 5:00

COMIENZA LA TERCERA JORNADA DE BÚSQUEDA DE MARTA DEL CASTILLO EN LA RINCONADA

Salió Antonio del Castillo contento de la reunión que mantuvo el martes con el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz. Quizás temía que el delegado le dijera que la Policía iba a interrumpir la búsqueda de Marta, que iba a disolver el equipo que busca sin éxito los restos de su hija desde hace más de seis años y que hasta aquí hemos llegado, que “todo en la vida tiene un límite”, como dijo el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, precisamente en referencia a uno de los últimos rastreos. Ya el jefe superior de Policía, Francisco Perea, le insinuó una vez que no podía mantener la búsqueda eternamente.

Pero esta vez no fue así. Sanz le dijo a Del Castillo que la Policía dejará de buscar a su hija en Camas, sí, pero porque allí no ha aparecido nada que indique que esa inmensa escombrera pudo ser la tumba de Marta. El equipo se mantiene. Los policías que investigan el asesinato y la desaparición de esta adolescente de 17 años desde el 24 de enero de 2009 seguirán con el caso el tiempo que haga falta. Ha llegado la hora de revisarlo todo otra vez, una más. Volver a mirar el sumario, comprobar todas las llamadas telefónicas, la localización de los teléfonos móviles de los sospechosos, lo que dijo un testigo, lo que dijo otro, averiguar en qué tiempo se pudo el asesino cruzar la ciudad cargando con un cadáver… Saber, en definitiva, dónde se ha podido producir el error, uno más, que ha llevado a los investigadores a creer que la escombrera de Camas era el escenario definitivo de la búsqueda. Como lo fueron el río Guadalquivir, la planta de reciclaje de basura de Montemarta-Cónica, varias zanjas de la barriada de Caño Ronco donde vivía Carcaño, la finca Majaloba de La Rinconada y otras decenas de sitios en los que la Policía ha buscado pero no se han hecho públicos.

Ocurre que son los mismos policías los que vuelven a revisar el caso, una vez más. Son agentes duros, que se han pasado meses de sol a sol rastreando la tierra, que se han jurado encontrar a Marta aunque sea lo último que hagan en sus vidas, que han ido mucho más allá de lo que le exige cualquier código ético o profesional para hallar los restos de la joven asesinada y entregárselos a su familia para que tenga un sitio en el que venerarlos, al que llevarles flores. Ahora bien, es imposible que alguien que lleve seis años investigando el mismo asunto no esté quemado ni contaminado. Ni verlo todo con claridad.

A veces uno pasa mil veces por el mismo sitio y no se da cuenta de algo hasta que llega alguien que no ha pasado nunca y se fija en un detalle que ha pasado desapercibido. Con esta filosofía trabajan en varios departamentos de policía de EEUU las unidades de homicidios abiertos o no resueltos, los llamados casos fríos. Son aquellos asesinatos o desapariciones que ocurrieron hace años y siguen sin esclarecer. Los detectives de casos fríos se encargan de retomar el trabajo desde el principio con la mente limpia, con la distancia y los avances tecnológicos y científicos que les da el tiempo. Lo revisan todo desde el inicio, sin presión alguna, sin prisas y con calma, entrevistando otra vez a los testigos que haga falta, tratando de averiguar dónde se cometió el error que llevó la investigación primera por un camino equivocado y encauzarla hacia otras líneas que puedan dar sus frutos. Quizás habría que mantenerlo todo bajo secreto, sin revelar nada ni siquiera a la familia, y por tanto aguantar estoicamente las críticas de ésta si considera que la Policía ha dejado de buscar. O incluso dejar a los familiares que busquen por su cuenta, una imagen que ni la Policía ni el Gobierno han estado dispuestos nunca a asumir.

En España no hay unidades de este tipo, pero sí algunas experiencias positivas. Una ocurrió en Sevilla. Un agente del Grupo de Homicidios de la capital andaluza que estaba a punto de jubilarse se puso un día a investigar una desaparición ocurrida 18 años atrás, la de la funcionaria Carmen Espejo y su hijo menor de edad. Tras varios meses de trabajo, consiguió dar con una pista buena y descubrió que todo apuntaba a que había sido el novio de la mujer desaparecida el que había acabado con las vidas de ambos. Los dos cadáveres fueron descubiertos por la Policía, con la ayuda del georradar, en una finca de Almonaster la Real (Huelva), en septiembre del año 2011. Al ver que la Policía seguía sus pasos, el asesino, un profesor particular de matemáticas boliviano llamado Genaro Ramallo, huyó a Francia, donde fue finalmente detenido. Se esclareció así un caso que llevaba casi dos décadas sin resolver. ¿Por qué no intentar algo parecido con Marta?