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La guerra interna que desangró a la Policía

fperez | 18 de diciembre de 2016 a las 11:05

La Jefatura Superior de Policía ha sido el escenario de una guerra interna que ha agravado las carencias de personal que ya de por sí padece el cuerpo con la paulatina pérdida de agentes. La ciudad se ha quedado en varias ocasiones sin patrulleros disponibles pero no ha sido única y exclusivamente por la falta de personal, sino también por una deficiente distribución de los recursos, que se basó más en el puro enfrentamiento personal entre jefes que en las verdaderas necesidades de seguridad ciudadana.

La capital andaluza necesita ahora mismo unos 550 policías para cubrir el catálogo que Interior marca como dotación ideal. A mediados de la década pasada, entre los años 2003 y 2005, llegaron a faltar casi 800, y nunca se quedó la ciudad sin patrulleros, como sí ha ocurrido ahora. Claro que entonces había un jefe superior de una categoría extraordinaria, Antonio Bertomeu. Es cierto que hay muchas custodias hospitalarias de presos que requieren dos agentes por reo y turno. En un fin de semana reciente llegó a haber 11, lo que obligaba a tener en los hospitales a 22 policías por turno. O 66 por día, si se prefiere.

Pero este problema no es nuevo. En los hospitales sevillanos hay sólo cuatro habitaciones supuestamente habilitadas para presos (dos en San Lázaro y dos en Virgen del Rocío) y no existen módulos más grandes como tienen ciudades mucho más pequeñas y con una población reclusa muy inferior a la de Sevilla. En España hay 42 módulos de este tipo. Hospitales como los de Teruel o Alcorcón disponen de uno de ellos, pero en la capital andaluza nunca ha habido voluntad por parte de la Junta para habilitar uno. Así lo constató el Defensor del Pueblo Andaluz, Jesús Maeztu, en un informe de 2015, y la propia Secretaría de Estado de Seguridad, que en un informe interno publicado por este periódico esta semana destaca la “falta de sensibilidad” y la “falta de coordinación” entre las administraciones.

Desde hace más de 25 años, la Policía tiene que realizar un enorme despliegue para poder garantizar las custodias de presos por la falta de estos módulos. Este problema ha sido endémico en Sevilla y ahora sólo ha trascendido porque faltan agentes. Pero los hospitales no son los responsables de que la unidad de la que dependen los radiopatrullas, la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana, haya perdido casi un centenar de policías en los últimos dos años. La Jefatura ha ido despoblando esta unidad y haciendo caso omiso de los continuos informes que emitió el jefe de la misma, alertando de que el servicio entraría en “colapso operativo” de seguir así.

Ni el jefe superior que ha dirigido la Policía Nacional en los últimos dos años, Francisco Perea, ni su segundo, Juan Francisco Alcaraz, que ahora ostenta el cargo en funciones, hicieron caso alguno de estas llamadas de alerta del jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana, Francisco Vidal, quien hace unos días ha sido relegado del cargo. En el fondo subyace un enfrentamiento abierto entre ellos que sólo ha terminado perjudicando a la ciudad.

Vidal llegó a Sevilla desde la Secretaría de Estado. Se le considera un hombre muy cercano al que fuera Director Adjunto Operativo (DAO), Eugenio Pino, hasta su jubilación hace unos meses. El DAO es el máximo responsable de la Policía en España, la persona que dirige operativamente el cuerpo justo por debajo del cargo político del director general. Pino nunca mantuvo buenas relaciones con el jefe superior en Andalucía Occidental, Francisco Perea, también recientemente jubilado.

La designación de Perea, un hombre que había desarrollado prácticamente toda su carrera en despachos y embajadas, como máximo responsable de la Policía de Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva fue una imposición del entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Ambos son personas muy religiosas y con una estrecha relación con el Opus Dei. Perea llegó a convertir el salón de actos de la Jefatura Superior en una capilla para celebrar una misa para despedirse como jefe. La misa la ofició el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, y el PSOE elevó el caso al Congreso de los Diputados por celebrar un acto religioso en un edificio laico. De Fernández Díaz ya es conocida su política de condecorar con la medalla al mérito policial a imágenes religiosas, como fue el caso de la Virgen del Amor de Málaga. Pese a que ya había déficit de policías en Sevilla durante la pasada Semana Santa, nunca faltaron efectivos para escoltar las cofradías, e incluso para procesionar de gala en ellas.

Mientras tanto, las calles se iban quedando sin patrulleros. La guerra personal entre el DAO y el jefe superior se trasladó a Sevilla, donde el principal damnificado fue el jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana, amigo personal del DAO y con el que había trabajado en Madrid. La Jefatura fue reduciendo esta unidad, que es precisamente la que tiene que estar más poblada de toda la plantilla porque es de la que dependen los vehículos que patrullan las calles. Lo hizo por acción, convocando concursos internos para enviar agentes a otros destinos, y por omisión, no destinando a ella a ninguno de los policías recién llegados a Sevilla. Así, a los agentes que aterrizaban en la capital andaluza (todos procedentes de concursos generales de méritos porque recién salido de la Academia no ha llegado ninguno en cuatro años), la Jefatura los iba destinando a los distritos, a los grupos de Policía Judicial o a otros servicios específicos.

Vidal contactó con el DAO para frenar temporalmente la sangría de agentes que estaba sufriendo su unidad. Aquella gestión con Madrid desató la ira de la cúpula de la Jefatura de Sevilla. El jefe regional de operaciones y actual jefe superior en funciones, Juan Francisco Alcaraz, fue recriminado directamnte desde la capital de España por dejar los patrulleros reducidos al mínimo mientras que los distritos se tenían que encargar de atender las emergencias.

Desde octubre de 2015, Vidal y su equipo emitieron al menos siete informes alertando de la situación crítica que estaba sufriendo su unidad. Varios de estos documentos fueron publicados esta semana por este periódico. En ellos, el jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana apuntaba que la situación de Sevilla era única en España, puesto que en otras ciudades, como Málaga, Zaragoza o Valencia, salían un mínimo de veinte coches a patrullar cuando aquí sólo había disponibles dos. También se quejaba de que, por mucho que insistiera en pedírselo, la Jefatura no le daba información sobre cuántos vehículos había disponibles los distritos.

El cambio de turno agravó el déficit en un 10%, según los informes de la Brigada. La Policía tiene ahora un nuevo sistema de turnos por el que los agentes descansan una serie de días más al año. Pero la Jefatura siguió descentralizando los efectivos, enviándolos a los distritos en vez de tener una unidad central fuerte. Como si, por ejemplo, un periódico local de Sevilla tuviera más corresponsales en Écija o en Utrera que redactores en la capital. La consecuencia directa fue el caos organizativo, que la propia Secretaría de Estado reflejó tras una inspección a la Jefatura que tuvo lugar el 2 de febrero de 2016. En ella se puso de manifiesto la nula coordinación entre los patrulleros y los distritos.

Meses después de aquello, el sábado 4 de diciembre, la ciudad se quedó sin patrulleros. Hubo momentos en que salieron a patrullar las calles policías de la lucha antiterrorista y de los grupos de investigación. Ya con el DAO y el jefe superior jubilados, y con ambos cargos en funciones, la Jefatura ha movido ficha para relevar a Vidal, al que responsabiliza de una mala gestión cuando difícilmente podía gestionar nada sin policías. Cierto es que la plaza de jefe de Seguridad Ciudadana era provisional, pero lo ha sido durante mucho tiempo y sólo ha salido a concurso cuando Vidal ya no gozaba de la protección del DAO. Que Vidal, como la mayoría de los comisarios de Sevilla, decidiera no acudir a la fastuosa comida de despedida que Perea organizó en el club de golf de Montequinto fue su sentencia.

La Policía Local está como el Betis

fperez | 2 de septiembre de 2016 a las 5:00

EL delegado de Movilidad y Seguridad, Juan Carlos Cabrera, debe sentirse estos días como el director deportivo del Betis cuando se abre el plazo del mercado de fichajes. Está en un equipo con cierto renombre en el panorama nacional pero anda envuelto en un lío judicial importante y no se sabe muy bien quién manda, después de un grupo de presidentes más o menos ineptos hayan dirigido el club, junto con un par de administradores judiciales con escasa o nula idea de fútbol. Un equipo al que los jugadores de primer nivel no quieren venir y en el que, a falta de los buenos, hay que buscar entrenadores con poca experiencia y una más que discutida capacidad de mando y liderazgo.

Más o menos es lo que hay en la Policía Local de Sevilla. Una policía con muy buenos profesionales (también tiene alguno el Betis), pero que atraviesa una de las etapas más convulsas de su historia y que está inmersa, no en uno, sino en varios líos judiciales con más de medio centenar de agentes imputados en tramas de corrupción. En la Policía Local tampoco se sabe muy bien quién manda, precisamente porque hay dos superintendentes y ninguno de ellos parece estar capacitado para la dirección del cuerpo. Uno porque está involucrado en el presunto amaño de las oposiciones, y el otro porque no ha conseguido poner orden en todo este caos que viene ya de largo.

Cabrera tiene ante sí dos semanas para buscar un hombre (o una mujer) que sea capaz de ganarse el respeto de una plantilla desmotivada, en la que siempre ha mandado más un sindicato como el Sppme, que aglutina al 90% del personal y que tiene a varios de sus miembros imputados en el caso de las oposiciones, que la persona que estaba al frente del cuerpo. En el haber de Cabrera se puede incluir la buena relación que tiene con este sindicato. Recuerden el pin de la solapa con el que el delegado tomó posesión del cargo y obsérvese el silencio respetuoso que el Sppme mantiene desde hace más de un año.

La cuestión es si hay algún profesional cualificado –en la Policía Nacional o en la Guardia Civil, preferentemente– que quiera, por un sueldo decente pero relativamente modesto para tratarse de un alto cargo de la cuarta mayor ciudad de España, meterse en el berenjenal que hay formado a día de hoy en la Policía Local de Sevilla.

Regreso al futuro

fperez | 1 de junio de 2016 a las 5:00

PUESTOS a escuchar propuestas disparatadas, habría estado curioso que algún grupo político hubiera invitado al Pleno del Ayuntamiento de ayer a Emmet Brown, el doctor loco de Regreso al Futuro. Doc habría dejado aparcado su Delorean en la puerta del Hotel Inglaterra, junto a los taxis, y habría invitado al concejal de Seguridad y Movilidad a darse una vuelta en su preciosa máquina del tiempo. El Delorean habría llevado a Juan Carlos Cabrera –¿se lo imaginan convertido en Marty McFly, con zapatillas, vaqueros y un plumas sin mangas?– a una época no muy lejana, o sí, en la que en Sevilla faltaban 300 policías locales. Es decir, los mismos que ahora.

Doc, o Bill Murray y la marmota Phil si lo prefieren, le habrían explicado a Cabrera-McFly que en Sevilla faltan 300 policías locales desde hace mucho tiempo. Y faltan por una sencilla razón, puramente aritmética: se jubilan más agentes de los que se incorporan. Así que cuando lo hacen, apenas se cubren las bajas y el problema no se resuelve, sino que se aplaza, como mucho, un año o dos. Admitir que faltan 300 policías sin hacer nada por arreglarlo no es más que un brindis al sol. Ocurre que nadie gobierna pensando en el futuro y a cualquier alcalde le sale más barato y más cómodo pagar año tras año casi seis millones en productividades que convocar plazas.

Primero porque los nuevos policías no estarían patrullando de un día para otro, sino que tendrían que pasar un periodo de formación y prácticas antes de incorporarse. Segundo porque hay que gastar mucho dinero en uniformes, armas, vehículos y demás herramientas de trabajo. Y tercero porque así se mantiene la paz social en el cuerpo, con unos agentes bien pagados a base de pluses. Ojo, con todo su derecho, que la seguridad es cara y el despliegue de la Madrugada hay que pagarlo. Por cierto, ¿alguien ha visto a los sindicatos policiales protestar en el último año? ¿Se acuerdan del pin que llevaba Cabrera en la solapa el día que tomó posesión? ¿O le pedimos a Doc que nos lleve a aquel día con el Delorean?

2015 en diez sucesos

fperez | 4 de enero de 2016 a las 5:00

El año que acaba de terminar ha sido uno de los más violentos de los últimos ejercicios. En lo que va de década nunca se había cerrado un año natural con 16 homicidios en la provincia de Sevilla. Pocas veces la Policía sevillana se ha enfrentado con un violador en serie menor de edad, con un asesino de sólo 14 años o con un discapacitado que vivía encerrado por sus hermanos. Lo que viene a continuación es un repaso del top ten de los sucesos del año pasado.

 

CONCENTRACION EN EL HOSPITAL DE VALME

10. Las violaciones en serie de Valme

Violadores en serie ha habido varios en Sevilla. El peor de todos quizás fue el del Fremap, hace ya diez años. Antes hubo otro en Bellavista y recientemente uno en el centro. Pero nunca en la historia negra reciente de la ciudad hubo un agresor sexual en serie que fuera menor de edad. El violador, de 17 años, asaltaba a sus víctimas en un solar situado junto al Hospital Virgen de Valme, utilizado como aparcamiento tanto por los familiares de los pacientes como por los trabajadores del centro sanitario. Allí abusó, o intentó hacerlo, de al menos siete mujeres de distintas edades, a las que amenazaba con un cuchillo. Una prueba de ADN que una de las víctimas consiguió guardarse fue clave para su identificación y posterior detención.

 

Un muerto en el Pol¿gono Calonge junto a la gasolinera Saras

9.  El crimen de la gasolinera
Uno de los sucesos más extraños de los últimos años. Un muerto sin contexto. Un cadáver transportado por unos tipos que dicen no conocer de nada a la víctima, pero que lo llevan en un coche de su propiedad. Se lo habían encontrado con dos tiros en el pecho y, como no llegaban al hospital Virgen Macarena porque había tráfico en la SE-30, pararon en la gasolinera Saras, en el polígono Calonge, mientras el 061 les mandaba una ambulancia. El Grupo de Homicidios logró esclarecer en apenas una semana aquel rompecabezas. El muerto y los que le llevaban sí se conocían, claro que se conocían. Iban a cobrarle una deuda por droga a otro tipo en una parcela de Carmona, pero el guardés de la finca, un ex militar cubano que llegó a España hace veinte años como refugiado, se puso nervioso y los recibió a escopetazos. Luego huyó, se echó al campo y allí vivió una semana hasta que fue detneido.

 

8. El agujero de seguridad de la web municipal

No es un suceso propiamente dicho, pero revela la fragilidad de nuestros datos más confidenciales. De ahí que sea digno de figurar en una lista de noticias relacionadas con la seguridad. Hasta en dos ocasiones se filtraron datos fiscales de los sevillanos por fallos de la página web del Ayuntamiento. Cualquier persona, con una simple firma digital, podía contemplar lo que debía otra, dónde vivía, qué bienes tenía y qué impuestos pagaba.

 

7. El crimen del Pumarejo

SEVILLA,24/11/2015.Un caso en el que una mujer le pega un martillazo en la cabeza a su marido y luego le asesta 158 puñaladas por todo el cuerpo, todo ello antes de suicidarse colgándose con un pañuelo, revela un ensañamiento brutal y obliga a una reflexión sobre la violencia en la pareja, que no siempre la ejerce el hombre hacia la mujer.

 

entierro de María del Castillo Vargas Amaya, victima de un crimen machista en Lebrija6. El asesinato machista de lebrija

Un crimen con el mismo ensañamiento que el anterior, pero esta vez del hombre hacia la mujer. El asesino apuñaló a su ex mujer en la casa de ésta en Lebrija, luego forcejearon y se cayeron por un balcón. Una vez en la acera, quiso rematarla pasándole varias veces por encima su furgoneta. La víctima, que había denunciado a su ex marido y no gozó de la protección tantas veces anunciada por las autoridades para los casos de malos tratos, sí tuvo los homenajes, días de luto y minutos de silencio que nadie dedicó al muerto del Pumarejo.

 

5. El robo del siglo en la plaza nueva

El que sufrió la joyería Shaw la madrugada del 1 de enero. Aprovechando las campanadas y el jolgorio de la Nochevieja en la Plaza Nueva, unos ladrones entraron en el establecimiento practicando un butrón desde el edificio colindante. Antes cortaron la línea telefónica e inutilizaron las cámaras de videovigilancia. Un robo de película.

 

ASESINATO EN SAN DIEGO

4. El crimen de san diego

Otra salvajada protagonizada por un perturbado. Casos como éste vuelven a poner de manifiesto la necesidad de que personas con trastornos mentales severos y sin medicar no estén en libertad. El asesino se desplazó desde su pueblo, Villanueva del Río y Minas, en su moto para matar a su tía asestándole más de veinte puñaladas en el taller de cerámica que regentaba en la barriada de San Diego. El motivo: le había dejado uno de sus perros a su cuidado y el animal había muerto por una enfermedad en el tiempo que estuvo con su tía.

 

 

apuñalamiento. foto Juan Carlos muñoz

3. El asesinato del cura

El vicario de San Isidoro, Carlos Martínez, tampoco tuvo el homenaje público que precisaba, pese a que su muerte posiblemente evitara un nuevo caso de violencia de género. El sacerdote había convencido a su sobrina para que dejara a su marido. Éste, que había intentado suicidarse antes, se escapó del Hospital de San Juan de Dios de Bormujos y esperó al cura en la puerta de su casa. Cuando volvía de oficiar misa, le pegó cinco puñaladas. Luego se fue a Triana a buscar a su mujer, pero la Policía lo detuvo a tiempo.

 

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2. El Pataslargas de Dos Hermanas

El año se despidió con una de las historias más macabras, truculentas y crueles que se recuerdan. La Policía rescató a un hombre de 59 años, discapacitado y enfermo mental, que vivía encerrado en un palomar. Estaba desnudo, desnutrido y hacía sus necesidades en botellas y cubos. Sus hermanos eran quienes lo tenían así para cobrar la pensión de 1.000 euros que tenía. Hacía al menos seis años que los vecinos no veían a Carlos, al que conocían como el Pataslargas.

 

 

1. El crimen del Nervión Plaza

Concentración po la muerte de la trabajadora del comercial Nervión Plaza.Un asesinato absurdo cometido por un niño de 14 años que fue sorprendido robando por una limpiadora. En vez de huir, el menor propinó una brutal paliza a la trabajadora, a la que agredió con una barra de hierro para robarle el teléfono móvil y el bonobús. Luego se marchó y fue detenido al día siguiente, casi al mismo tiempo que su víctima moría en el hospital. En el peor de los casos, el chico pasará cinco años encerrado en un centro de menores. Todo un sinsentido.

Juan, sé fuerte

fperez | 30 de septiembre de 2015 a las 6:00

Dice el delegado de Seguridad, Juan Carlos Cabrera, que del superintendente de la Policía Local de Sevilla, Juan José García, “esta todo dicho” y que no hay que seguir hablando del presunto amaño de las oposiciones porque es “un intento de erosionar la imagen de la Policía Local (…) por parte de varios sectores”. Al superintendente le pide la Fiscalía 13 años de inhabilitación porque, como presidente del tribunal, ideó una “filtración selectiva” del examen para familiares e hijos del cuerpo. Otras 44 personas, entre ellos 36 policías locales, esperan ya para sentarse en el banquillo de los acusados por este asunto.

Ya resulta asombroso que el Ayuntamiento no suspenda de empleo y sueldo al presunto ideólogo de la filtración (tampoco lo ha hecho con ningún otro policía implicado en el caso), pero que encima el delegado de Seguridad lo defienda públicamente, aludiendo a una supuesta campaña de imagen contra la Policía Local, huele raro. A Cabrera le ha faltado mandarle un SMS al superintendente diciéndole algo así como “Juan, sé fuerte”. García, como Bárcenas en el PP, maneja información privilegiada. Sabe quién entró, quién no, quién era hijo de quién, sobrino de tal y hermano de cual, quién no daba la talla y pasó y quién obtuvo un 9 cuando unos días antes sacó un 1 en una prueba similar en Santiponce. De momento no ha tirado de la manta, pero tampoco le han tocado el sueldo.

La defensa a ultranza del superintendente se acompaña, además, de un mensaje que ya ha sido utilizado por el sindicato mayoritario del cuerpo, el Sppme, sobre el que también se cierne la sospecha en este asunto. Pide el delegado que se deje de perjudicar la imagen de la Policía Local porque “hay sectores interesados” en dañarla. El Sppme habló de “caza de brujas” y no de campaña de imagen, pero el sentido de ambas expresiones es muy parecido. Cabrera tomó posesión de su cargo con un pin del Sppme y parece que no era sólo un gesto. Decir que informar de la petición de la Fiscalía forma parte de una campaña de imagen le perjudica mucho más a él y a su figura política que
a la propia Policía.

Lo de la campaña recuerda mucho a Manuel Ruiz de Lopera, que reñía a a los periodistas porque hacían “campañitas” contra el Betis cada vez que criticaban a algún jugador. Si alguien decía que Odonkor no daba un pase bueno, que Joao Tomás no le metía un gol ni al arco iris o que vender a Joaquín y a Oliveira el mismo año era un suicidio, Lopera saltaba rápidamente con un “me estáis exigiendo que me estáis cansando con tanta campañita contra el Betis”. Parece, por tanto, que el problema no es que casi media promoción de policías entren en el cuerpo presuntamente enchufados, sino que alguien lo cuente, lo investigue o lo persiga.

Cabrera y el pin del Sppme

fperez | 17 de junio de 2015 a las 5:00

13/06/15 Investidura de Juan Espadas Alcalde de Sevilla.

La toma de posesión de Juan Carlos Cabrera como concejal del Ayuntamiento de Sevilla dejó una imagen más que curiosa. Compareció el que será delegado de Seguridad con un pin del Sindicato Profesional de Policías Municipales de España (Sppme) en la solapa. Que  más o  menos viene a ser como si Rajoy jurara su cargo como presidente del Gobierno con un alfiler de CCOO. O como si Ollero presenta a Van der Vaart delante del busto de Lopera. El gesto no deja de ser un guiño y una mano tendida a unos agentes, los representantes del sindicato mayoritario, con los que tarde o temprano se tendrá que enfrentar.

Que Cabrera se pusiera el pin del grupo con el que tendrá que negociar duro en los próximos cuatro años no es una rendición anticipada ni significa nada rebuscado. Se lo colocó porque así se lo había prometido al presidente del Sppme, Manuel Bustelo, en la pasada Feria de Abril. En la recepción del Sppme, le vio a Bustelo la insignia y le pidió una. Éste se la dio pero no sin antes soltarle que quería verlo con ella puesta si su partido gobernaba. Cabrera le dijo que así lo haría y se ve que le faltó tiempo. En su primer acto público como concejal se lo puso.

Lo hizo además en una semana en la que el sindicato había sido noticia por las quejas del Defensor del Ciudadano, José Barranca, quien ha vuelto una vez más a afear el comportamiento de los agentes municipales recordándoles sus protestas vestidos de cobradores del frac para denunciar los impagos o subidos en un pollino para criticar el mal estado de los patrulleros. A Barranca no le falta razón en denunciar las conductas de determinados policías locales y el trato que dispensan a los ciudadanos, pero hay en la Policía quien piensa que ya se está ensañando demasiado con el colectivo y que el Defensor se debería limitar a recoger las quejas ciudadanas y no a exponer sus opiniones personales.

Cabrera podía haber aprovechado la polémica y haberse guardado el pin para otro día, pero con ese pequeño gesto se ha ganado a buena parte de la tropa. Probablemente nadie se acuerde de la solapa del delegado en el momento en que se acabe el dinero de las productividades o no se paguen otros complementos, pero de momento le sirve para aterrizar con buen pie en el área más conflictiva del gobierno local. El nuevo gobierno tiene un modelo de delegación en el que desaparece la dirección general de Seguridad y, con ella, José Antonio de la Rosa, que se vuelve a la Policía Nacional. Será el delegado quien asuma directamente las tareas con el jefe de la Policía Local, que todo apunta que será el superintendente Juan José García. Así al menos se escenificó ayer en la visita del alcalde a la Ranilla, cuando fue él quien salió a recibir a Espadas a la puerta de la Jefatura.

En esa visita, el nuevo regidor se dirigió a los agentes micrófono en mano, les ordenó que no multaran a quienes rebuscan en la basura y les explicó que no tendrán que ir a más desahucios. Espadas quiere potenciar los distritos, hacer realidad la figura del policía de barrio, que todos los políticos prometen y nadie sabe muy bien en qué consiste. Por ello, apuesta por destinar cargos con cierto peso, como son los intendentes, a los distritos. Pidió colaboración, asesoramiento y que se fiaran de una “buena persona” (así definió a su delegado) y luego departió con decenas de policías y bomberos. Todo en buena sintonía. Mostró incluso su deseo de visitar la sala de control. Lástima que nadie le avisara de que, cuatro años después de inaugurarse la Jefatura, la sala aún no está terminada.

La Madrugada de Berlanga

fperez | 19 de marzo de 2015 a las 10:59

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Mucho se ha debido contener esta mañana Juan Ignacio Zoido cuando ha presentado el dispositivo de seguridad de Semana Santa. Si llega a decir lo que piensa, igual era ahora trending topic mundial. No debe ser muy agradable ir a una reunión que debería ser un mero trámite (se supone que hay un trabajo de meses detrás) y encontrarse con que los horarios de la Madrugada que le ha enviado el Consejo de Cofradías al Cecop no cuadran. Zoido ha mantenido el tipo, no ha sido excesivamente crítico y ha instado al Consejo a que encuentre cuanto antes una solución porque, de lo contrario, ni la Policía ni el Ayuntamiento pueden hacer nada por evitar el lío en la Madrugada. Lo del lío, obviamente, no lo ha dicho así.

Anoche, los responsables del Cecop se debieron frotar los ojos cuando, al analizar los cronogramas de paso de cada cofradía, vieron que la cruz de guía del Silencio tenía previsto llegar a las 4:14 horas al cruce de San Miguel con Trajano, y que el palio de la Macarena no pasaba por allí hasta las 4:35. Es decir, un parón de 21 minutos como mínimo, con el problema añadido de que el Gran Poder viene este año detrás del Silencio e impide a la Macarena correr más. Valga el topicazo de la pescadilla que se muerde la cola para definir el tapón monumental que puede formarse. Por no hablar del riesgo para la seguridad que puede suponer que miles de nazarenos tengan que constreñirse en un círculo de unos dos kilómetros, por el que el público difícilmente tendrá posibilidades de cruzar las tres cofradías.

Lo peor es que todo esto se sabía, que de nada han servido acuerdos previos entre hermandades ni inútiles cabildos de tomas de hora. Se sabía que se ampliaba el tiempo de paso de la Macarena y se sabía, porque todos los años pasa, que el Silencio ha de esperar algunos minutos en Lasso de la Vega a que pase la Macarena. Y si alguien no lo sabía, los periódicos locales llevan semanas llenando sus páginas con el asunto y a quienes corresponda les ha dado tiempo de sobra de informarse. Es increíble que nadie del Consejo le haya preguntado a la Policía o al Ayuntamiento qué pensaba del cambio de recorrido del Gran Poder en todos estos meses. Como no es serio que ahora, con los programas de mano ya impresos y los inviables horarios ya aprobados por el Consejo, se esté estudiando volver al modelo del año pasado.

Ni Berlanga lo habría filmado mejor. El Consejo de Cofradías queda a la altura del betún mandando a deshoras una propuesta imposible al Cecop, que se creó precisamente para coordinar todos los servicios de seguridad después de la noche de las carreritas del año 2000. Desde entonces, a las autoridades se les había llenado la boca hablando de la coordinación, del trabajo en equipo y de lo engrasada que estaba la maquinaria de la seguridad en la Semana Santa. Hoy se ha tirado por la borda el trabajo de tantos años.