Las vidas que perdimos

Blas Fernández | 19 de octubre de 2014 a las 5:00

Foto: Carolina Cebrino

Foto: Carolina Cebrino

dada_cover_blogDadá estuvo aquí. Chencho Fernández. Fun Club Records. Rock. CD / DD

En una reciente entrevista con motivo de la edición del sencillo de adelanto de este álbum, Dadá estuvo aquí, Chencho Fernández aludía a una cierta travesía del desierto para explicar el espaciado lapsus entre la desbandada de Sick Buzos, una de las formaciones con más carácter en la escena del rock sevillano de los últimos 90, y este retorno que ahora ya se concreta en largo. Y hay que escribir retorno en cursiva, porque Chencho no se fue.

Cantante, letrista y guitarrista, grabó con nombre propio y con banda, incluso participó en proyectos de terceros. Sin embargo, ninguna de aquellas aventuras, se diría casi que lastradas por algo de pereza o falta de confianza antes que por ausencia de talento, logró materializarse en una propuesta a la altura de las expectativas.

Y me da que la confianza juega un papel clave en este soberbio regreso. Sobre todo la propia, ésa que en esta decena de canciones crece sobreponiéndose a las soledades y desesperanzas desde la inspiración y el oficio, retorciéndolas con el debido respeto hasta convertirlas en armazón y argamasa del texto poético.

Pero también, imprescindible, se observa la recompensada confianza ajena: estamos ante una banda imponente –imposible sustraerse al empaque de esas guitarras pulsadas por Juano Azagra e Israel Diezma, a la estructura rítmica de Pablo Florencio y Manuel Martínez, a los precisos arreglos de coros, cuerdas y vientos que embellecen cada uno de los cortes–; ante un brillante productor entregado a la causa –el maestro Jordi Gil, que ha tramado con paciencia e ingenio este deslumbrante tapiz– y ante un entusiasta sello discográfico confiado de antemano en el calibre de su estreno –Fun Club Records–. Ello explica, de hecho, que canciones ya registradas previamente en alguna de aquellas aventuras sin final feliz luzcan ahora con un lustre y presencia  difícilmente imaginables entonces.

Aunque medie un guiño a Barcelona –la turbadora La Garçonne: el Chencho de espíritu más reediano–, en Dadá estuvo aquí todo queda en la ciudad, escenario universal repleto de esquinas localmente reconocibles, un territorio con inclinación por la tonalidad sepia en el que los fantasmas de las vidas pasadas permanecieron flotando a la espera del recuerdo distante, cómplice y comprensivo, que los redimiera.

Dadá estuvo aquí, la canción, no evoca sólo aquella otra sala de conciertos que la indiferencia y la especulación se llevaron por delante. Apenas es la excusa, la atalaya desde la que mira con ternura al joven que fue un vigía que ya no lamenta los desamores lejanos (La estación del Prado) y celebra con inevitable resignación los enamoramientos efímeros (Muchacha rural); el mismo que ajeno a la melancolía rememora con un barniz de envidia las mil y una noches en comunión (Radio Fun Club) y, romántico irredento, aún se muestra convencido de que es la palabra, La canción, la materia prima con la que se fabrica esa llave maestra que abre la hucha más codiciada (aunque en ocasiones menos sinceras, lo calen, claro, como en El rayo a punto de caer).

Investida de un clasicismo con hechuras de traje a medida (Desnudo / Como me trajo mi madre), la dylaniana Si alguna vez mueres joven podría sacar los colores a aquellos que en estos tiempos convulsos, contradictoriamente ensimismados, denostan la esfera de lo íntimo en favor de lo social (Se requieren nuevos actores / Para una vieja farsa / De la cuna a la tumba), tal que fueran ámbitos irreconciliables, antagónicos, sin reparar en que la naturaleza de la primera define en buena medida nuestra relación con lo segundo.

Con un humor descarnado (y canónicas cadencias pop de irresistibles efectos: Este matrimonio no casa) o descarnando instantes solitarios en conmovedoras estrofas nocturnas (Una buena noche, ese memorable final plagado de poderosas escenas en las que todos, alguna vez, podríamos reconocernos), Dadá estuvo aquí no es sólo el disco que desde hace tiempo esperábamos de Chencho Fernández, sino más, mucho más. Sin miedo a la exageración: una de las mejores y más hondas obras que el rock en español nos ha deparado en años. La travesía del desierto ha terminado.

Propósito de enmienda (a la totalidad)

Blas Fernández | 17 de octubre de 2014 a las 20:39

indiesIndies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural. Víctor Lenore. Editorial Capitán Swing. 155 páginas.

¿Vale la pena dedicar un libro, por escueto que sea éste -descontando el prólogo de Nacho Vegas, algo más de cien páginas-, a ridiculizar un microfenómeno social de por sí tan risible como el de los hipsters? Evidentemente, no. Pero para Víctor Lenore (Soria, 1972), igual que antes para otros autores, legiones de esta versión contemporánea del esnob de siempre -sólo que ahora con una oreja bien atenta al ámbito musical de marchamo indie, un ojo puesto en los artistas de la pantalla y al menos una mano agarrando una novela de David Foster Wallace- configuran una suerte de inconsciente quinta columna asimilada por el mercado en tal medida que, una vez alcanzados puestos de improbable relevancia en las industrias creativas, influyen de manera más o menos sutil, pero definitivamente perniciosa, en el gusto colectivo. Ésa es la realidad, cuanto menos discutible, que se propone explicarnos en Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural.

Lenore resultará conocido al lector español de crítica rock: fue uno de aquellos jóvenes airados que irrumpieron en las revistas musicales, a comienzo de la década de los 90 del pasado siglo, predicando la buena nueva generacional del indie nacional con tan rendido entusiasmo como afilada ironía, cuando no manifiesto desprecio, contra cualquier lector o firma que discrepara de semejantes planteamientos monocromáticos, completamente ajenos a la amplia escala de grises. Al fin y al cabo, pecados de juventud sin mayor importancia.

Presente de manera continuada tanto en la prensa generalista como en publicaciones especializadas, su postura frente a esa misma escena sufre una lenta y rastreable mutación que parece alcanzar un punto de no retorno tras la contestación social del 15M: el indie, o lo que para entonces se entiende como tal, no es político; no sólo no conecta con la agitación que vive la calle, sino que se distancia de ella parapetándose tras un fatalismo de tono irónico, o lo que es peor -lo apunta en varias ocasiones-, cínico. Tenemos aquí una de las varias apreciaciones -o directamente, afirmaciones- de carácter maximalista que, a mi entender, lastran un ensayo con no pocos puntos de interés que, ojalá, podrían y deberían propiciar un atractivo debate.

Sin embargo, el mayor problema de esta descalificación del todo, en la acepción más amplia y elástica del conjunto, resida quizás en el hecho de imprimir a su discurso una vehemencia similar, cuando no idéntica, a la empleada veintitantos años atrás para definir y defender justo las posiciones contrarias. Resulta algo más sofisticada, claro -todos estamos más leídos, espero-, pero igualmente abonada al blanco y negro, ajena una vez más a los grises. En el fondo, Lenore entona lo que puede entenderse como un encomiable mea culpa -se arrepiente de su hipsterismo, es incluso cruel con el alienado indie que habitó en su cerebro durante tantos años-, pero sigue acusando la misma visión escotópica que, al parecer, le impide apreciar cualquier matiz positivo en aquello contra lo que carga.

“En realidad -apunta ya casi al final del texto-, este libro no intenta pedir más arte político. La cultura raramente alimenta procesos de cambio, sino que se limita a intuirlos o acompañarlos. Cuando se escriben canciones, películas o novelas como instrumento político, suelen salir panfletos infumables, que no son buenos ni para el arte ni para la política. Lo que si conviene tener claro es que las escenas culturales que no atiendan a los contextos sociales y a los mecanismos de poder están condenadas a la complicidad o a la irrelevancia”.

La última frase del párrafo, descontado el tufo totalitario que desprende en ese contexto el término complicidad, resulta en este sentido especialmente descriptiva en cuanto al carácter maximalista del planteamiento de Lenore. Primero, porque escenas que sí atienden al contexto social pueden terminar por resultar tan irrelevantes, o no, como las que lo ignoran o, al menos, no lo convierten en el eje único sobre el que pivota su razón de ser; segundo, porque basta un somero repaso para cerciorarse -y el autor lo sabe, qué duda cabe- de que la historia reciente de la creación artística está repleta de acciones aisladas -novelas, películas, discos…- que por una u otra razón pasan completamente desapercibidas en su propia época y luego adquieren un significado completo y complejo para generaciones posteriores.

¿Es acaso el mercado el elemento catalizador de ese redescubrimiento? A veces sí y a veces no, aunque siempre gane la banca. El valor de la breve obra de Nick Drake, por ejemplo, no reside en el hecho de que un buen día un creativo publicitario decida utilizar su música en un spot televisivo. Si lo hace, es porque ya existe una base de oyentes de la que ese creativo forma parte (o que contagia por proximidad a ese creativo). Pero bueno, quizás no sea el ejemplo más adecuado. Según palabras del propio Lenore, Drake es un “cantautor depresivo”, se intuye que uno de esos despreocupados cultivadores de la esfera de lo íntimo, tan distante de los problemas sociales que lo circundan que merece sin duda el condenatorio calificativo: irrelevante.

En lamentable contraste con algunas ideas expuestas de manera lúcida -ésas que se sustentan en un mínimo sentido común sin necesidad de echar mano a citas de teóricos culturales; que por otro lado, nunca están de más-, el autor aplica la misma brocha gorda con tanta urgencia que en varias ocasiones se le va la mano (de pintura). En efecto, no faltan las contradicciones. Entre las más sangrantes señalaré sólo ésta: se queja de que el capo de un sello discográfico firme un texto promocional afirmando que no podría ser amigo de nadie a quien no le gustara La leyenda del espacio de Los Planetas -una bobada hipster sin sentido, obviamente-, para poco después recriminar a quien disfrute del cine de Clint Eastwood que no tenga en cuenta su postura política conservadora.

En realidad, al descalificar sin contemplaciones todo aquello que según él se sitúa al margen de la política -que, básicamente, viene a ser aquello que no comulga con la totalidad de su ideología-, Lenore no sólo nos está pidiendo más arte político, sino que está tomando posiciones concretas en una dialéctica que uno ya imaginaba superada, aquella otra variante: el arte será político o no será. Puede que servidor estuviera equivocado, como en tantas otras cosas.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 15)

Blas Fernández | 9 de octubre de 2014 a las 5:00

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El Podcast de La Ventana Pop
se abre en esta ocasión con un recuerdo al desaparecido baterista Fernando Cañas, fallecido justo cuando estaba a punto de editarse el primer trabajo de su nueva formación, Fino Winos.

Por otro lado, la inminente celebración del Monkey Week, que arranca mañana en El Puerto de Santa María, nos da pie a escuchar canciones de los nuevos trabajos de Cabezafuego (Camina conmigo), Chencho Fernández (Dadá estuvo aquí) y Hi Corea! (Odd Nature). Por el mismo festival pasará también Montgomery, último proyecto comandado por Miguel Marín (Árbol), formación encargada además de inaugurar la XXI edición del Mes de Danza de Sevilla.

Suenan también los barceloneses Cobarde y los sevillanos I Am Dive, a punto de poner en circulación su segundo álbum, Wolves. Y despedimos con dos discos de versiones: Bajo un cielo prehistórico, el homenaje a The Church, y Unidad y armonía, el tributo que diversos músicos granadinos rinen a Los Módulos.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Fino Winos: Burning Man

2.-Cabezafuego: Meteoritos

3.-Cabezafuego: De niña a mujer

4.-Chencho Fernández: La estación del Prado

5.-Chencho Fernández: Muchacha rural

6.-Hi Corea!: The Cave

7.-Hi Corea!: White City

8.-Cobarde: Amor patada

9.-I Am Dive: Wolves

10.-Montgomery: She didn’t come home

11.-All La Glory: Reptile

12.-Los Jaguares de la Bahía: Unguarded Moment

13.-Homenaje a Los Módulos: Sólo tú (con Antonio Arias)

14.-Homenaje a Los Módulos: Perdido en los recuerdos (con J)

“Veo más espectáculos de danza contemporánea que conciertos”

Blas Fernández | 28 de septiembre de 2014 a las 5:00

De izquierda a derecha, Jesús Bascón, Amanda Palma, Miriam Blanch y Miguel Marín, la formación de Montgomery. / Maria Meler

De izquierda a derecha, Jesús Bascón, Amanda Palma, Miriam Blanch y Miguel Marín, la formación de Montgomery. / Maria Meler

Integrante de la banda británica Piano Magic durante los primeros años de la pasada década, el músico sevillano Miguel Marín abandonó Londres poco después de iniciar trayectoria en solitario como Árbol, el alias bajo el que ya ha editado cuatro discos de hermosa música introspectiva con la electrónica como principal herramienta. Instalado en Barcelona hasta el pasado 2012, y tras un curso en Menorca, Marín volvió a su ciudad natal en 2013. En todos estos años ha creado también numerosas bandas sonoras de cine y teatro (para el desaparecido Bigas Luna firmó la de la película Son de Mar y las Comedias bárbaras de Valle Inclán), exposiciones, espectáculos multimedia y, una debilidad confesa, coreografías de danza contemporánea. Desde 2007 colabora de manera asidua con la bailarina Teresa Navarrete, codirectora junto a María Cabeza de Vaca de Welcome To The Montgomery Experience, el espectáculo que el próximo 30 de octubre inaugurará en el Teatro Alameda una nueva edición del Mes de Danza, amén de germen de su nuevo grupo (completado por Miriam Blanch al bajo, Amanda Palma a la batería y Jesús Bascón a la guitarra y teclados), también de un disco a la vuelta de la esquina.

–¿Qué lo trajo de vuelta a Sevilla?

–¿El porqué? Primero porque llevaba fuera veinte años y ya tenía ganas. Uno llega a los 40 y le interesan otro tipo de cosas. Lo que me pedía el cuerpo era vivir bien, y aquí se vive bien con poco. Desde luego, también influye el hecho de haber tenido una hija, el estar más cerca de la familia y que te puedan echar una mano. Todavía me toca viajar un montón… Volví no hace ni un año. Los seis primeros meses estuve en Espartinas, en el pueblo. Me pillé una casa allí, monté el estudio… Pero estar bajando todo el tiempo a Sevilla con el coche era complicado, así que terminé viniendo al centro. Ahora tengo un local para el estudio y los ensayos.

–Tras tantos años componiendo en solitario música de carácter eminentemente electrónico, sorprenden otros retornos: al formato banda, con Montgomery, y a una sonoridad más rock…

–En el último espectáculo que hice con Teresa Navarrete inventamos el personaje de Montgomery. Y lo hicimos con esta música, que me apetecía mucho tocar en directo, con banda. Además, me apetecía también despreocuparme del hecho de tener que estar a cargo de todo, como me ocurre con Árbol. Quería cantar y olvidarme un poco de lo demás. Cuando volví a Sevilla todo fue muy rápido. Montamos la banda y empezaron a salir conciertos. Por un lado, una banda da muchos dolores de cabeza, porque a la hora de tomar decisiones es problemático poner a todo el mundo de acuerdo, pero cuando empieza a sonar, cuando ese sonido es bueno, entonces una banda te empuja.

–¿Y en qué punto está Árbol?

–Ahora, sobre todo, estoy poniendo mi energía en Montgomery y en los encargos que me hacen pare cine, teatro, danza… He acabado la banda sonora de la nueva película de Chema de la Peña, Me amarás sobre todas las cosas, que va al Festival de Berlín. Este tipo de encargos son mi trabajo. Pero con Árbol comenzaré a grabar un disco nuevo a final de año, para que salga a mitad de 2015.

–Y además habrá disco de Montgomery…

–Sí, ya está terminado. Se titula It’s Happening, lo editará Meridiana en vinilo y CD y saldrá coincidiendo con el Monkey Week, donde tocaremos el domingo 12 de octubre. Hemos enfocado el disco desde una perspectiva más electrónica, pero el directo es más orgánico, más espectacular.

–Esas canciones son justo la base del espectáculo que han preparado para inaugurar el Mes de Danza…

–Le presenté la propuesta a María González, la directora del festival, y le gustó. Se trata de hacer un concierto de Montgomery con seis bailarines que recrean una fiesta muy exclusiva con estética de los años 50. Y hay interacción entre músicos y bailarines: yo hago algún movimiento y algunas bailarinas hacen coros. Haremos dos días, el 30 y el 31.

–Después de tanto tiempo viviendo en Londres, en Barcelona, en Menorca… ¿Cómo se ha encontrado la escena sevillana?

–Bueno, discrepo del concepto de escena aplicado a una ciudad, pero lo que sí veo es que hay mucho movimiento de grupos, seguramente mucho más amplio de lo que yo conozco. Sí observo que hay mucha gente haciendo la misma música que hace veinte años, cuando me fui. Al fin y al cabo, Sevilla es una ciudad muy rockera. Pero también hay un gran movimiento en torno a la danza y al multimedia que no es tan visible como debiera. También veo que hay mucha gente organizando cosas, así que no entiendo ese victimismo respecto a Barcelona o Madrid. Créame, hay sitios en España mucho peores que Sevilla. Yo sigo haciendo música, pero estoy más metido en el tema de la danza contemporánea: veo más espectáculos de danza que conciertos.

–Residió en Barcelona durante muchos años. ¿Notó cómo crecía el movimiento soberanista?

–Lo he notado más cuando he vuelto luego a dar algún concierto o a visitar a la familia, porque mi chica es de allí. Pero depende mucho de los círculos que frecuentes. Cuando yo voy me muevo con gente allí y algunos de ellos ni siquiera se creen lo que está pasando. Así que hay quien no está metido para nada en esa historia y, por contra, otros que sí lo están. Lo cierto es que dependiendo de por dónde te muevas, el ambiente se ha vuelto un poco tenso, con alguna gente muy obsesionada. Yo no he llegado a vivirlo allí, porque dejé Barcelona hace dos años, y todo esto ha crecido, sobre todo, en el último. Pero me llama la atención ir allí a tocar y encontrarte con amigos o conocidos que antes no sacaban este tema y ahora sí lo hacen. Y lo hacen además sacando una vena nacionalista que antes no veías en ellos. En parte, creo que los entiendo: es importante que puedan decidir. Y creo que hay mucha gente que no votaría o votaría que no. No hay una mayoría tan clara como a veces parece. La gente está también muy quemada con la propia política catalana y no se cree nada de nadie. Lo que ha pasado con la oferta cultural, por ejemplo… Ha bajado muchísimo. Barcelona ya no es lo que era ni se mueve tanto como antes.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 14)

Blas Fernández | 25 de septiembre de 2014 a las 5:00

Antonio Luque, flanqueado por Jordi Gil, Javi Vega y Pablo Cabra. / Foto: Paco Guerrero

Antonio Luque, flanqueado por Jordi Gil, Javi Vega y Pablo Cabra. / Foto: Paco Guerrero

El Podcast de La Ventana Pop abre en esta ocasión con un avance del inminente nuevo disco de Sr. Chinarro, Perspectiva caballera, en el que Antonio Luque vuelve a reunir a una de sus formaciones más celebradas. Lo pone además en circulación con su propio sello, que incluye guiño a las añoradas Vainica Doble. Y algo del espíritu de aquellas parece flotar en Los Caramelos, la misteriosa banda de Charlie Mysterio, que vuelve a la carga tras más de una década de silencio.

Seguimos revisando el cartel del Monkey Week -que incluye a Suomo, Natisú, Pony Bravo, Miraflores y Holy Fuck- y el disco en homenaje a The Church -suenan Midi Puro y José Lanot-. Por último, algunos apuntes de conciertos con Pájaro Jack y Sam Roberts Band.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Sr. Chinarro: Mi sapo

2.-Sr. Chinarro: Famélicos famosos

3.-Vainica Doble: Ay, quién fuera a Hawai

4.-Los Caramelos: Pam Pam!

5.-Los Caramelos: La chica del 600 blanco

6.-Suomo: Suddenly

7.-Natisú: Cuerpo al mar

8.-Pony Bravo: Zambra de Guantánamo

9.-Miraflores: Brand New Tornado

10.-Holy Fuck: Silva & Grimes

11.-Midi Puro: Bel Air

12.-Jose Lanot: Secret Corners

13.-Pájaro Jack: Volveréis a por mí

14.-Sam Roberts Band: The Hands of Love

El ‘mono’ que aguarda

Blas Fernández | 14 de septiembre de 2014 a las 5:00

En la imagen, Holy Fuck.

En la imagen, Holy Fuck.

Cada año más afianzado en su condición de cita singular en el variopinto y abigarrado panorama de los festivales musicales españoles, el Monkey Week, del 10 al 12 del próximo mes de octubre en El Puerto de Santa María, alcanza su sexta edición abundando con acierto en esa atractiva fórmula que mezcla el plano profesional con el festivo y termina por convertir a la localidad gaditana, bien conocida además por sus no pocas bondades gastronómicas, en un ineludible punto de encuentro para la industria musical de talante independiente –ahí sigue, contra viento y marea– y el público especializado.

En la primera vertiente figuran los apartados Monkey Market –mercado de sellos discográficos y promotoras instalado en esta ocasión en la Bodega de Fernán Caballero de Osborne, abierto a todo tipo de espectadores y contenedor además de recomendables conciertos en formato showcase– y el Monkey Brain –el programa de mesas redondas y talleres, este año con una notable nómina de participantes internacionales en la que aparecen, entre otros, múltiples programadores de festivales foráneos, incluido el potente Vive Latino de Ciudad de México–.

Forest Swords.

Forest Swords.

Pero probablemente sea su segunda faceta, la de los conciertos, la más llamativa y golosa para el grueso de participantes en el evento. En el Monkey Week, en cualquier caso, no sólo cuenta la nutrida oferta de actuaciones –una interesante paleta de descubrimientos, promesas y revelaciones en cuanto a rock nacional se refiere–, sino también la particularidad de los escenarios en los que ésta se presenta. Pequeños o grandes, cubiertos o al aire libre, el festival, de carácter netamente urbano, se sirve de hasta una docena de espacios escénicos diseminados por la ciudad –teatros, discotecas, bares, plazas públicas… Todos dentro de un área de movilidad razonablemente cómoda– que propician una agradecida cercanía entre espectadores y artistas.

La lista de estos últimos en 2014 vuelve a ser, ya se ha apuntado, extensa. Con más de un centenar de bandas y solistas confirmados, las posibles combinaciones de nombres dan pie a rutas dispares. Y al gusto del consumidor: Miraflores, Orthodox, PeloMono, Hi Corea!, Rusty River, Trèpat, Sweethearts From America, Pony Bravo, Chencho Fernández, Éter, Deers o Maria Rodés serán sólo algunas de las propuestas con las que el Monkey Week, que este año también ofrecerá un breve espacio al flamenco joven, tome el pulso a las escenas andaluza y española.

Más allá del circuito de showcases –al que en esta ocasión se suma el Muelle del Vapor– quedan los escenarios mayores: el de la Plaza Alfonso X el Sabio –que acogerá la ya tradicional final del concurso Desencaja–, el Teatro Pedro Muñoz Seca y la sala Mucho Teatro. En esta última arrancará el festival el viernes 10 con la Jägermeister Opening Night, cuyo cartel encabezan los canadienses Holy Fuck –electrónica analógica entre la pulsión rave, la especulación kraut y el ánimo punk– y completan trallazos nacionales como Betunizer, The Parrots y los portuenses Suomo, con su primer álbum a la vuelta de la esquina.

Dorian Wood.

Dorian Wood.

La misma sala será marco el sábado 11 de la Noche Magno, con Delafé y Las Flores Azules, Ginferno y Los Saxos del Averno, Unicornibot y Perro. Por su parte, esa misma noche, el Teatro Pedro Muñoz Seca ofrecerá algunos de los conciertos más singulares del festival: el del colectivo gaditano Music Komité, el del angelino de ascendencia costarricense Dorian Wood –tan inclasificable como recomendable– y el del británico Forest Swords.

También en el Pedro Muñoz Seca, el domingo 11, viviremos la última noche de este sexto Monkey Week, que echará el cierre apelando al clasicismo con las actuaciones del sevillano Pájaro –grabando ya su segundo álbum en solitario–, los canadienses The Sadies y los estadounidenses The Handsome Family.

Como en años anteriores, el festival oferta tres tipos de abonos, que contemplan desde el acceso a todos los escenarios –el más caro: 54 euros– a la entrada exclusiva en los del circuito de showcases –el más barato: 23 euros–. Para abrir boca, además, Monkey Week ha preparado dos fiestas de presentación. La primera será en Sevilla, en la Sala X, el próximo día 20 y contará con la participación de Miraflores –a punto de publicar su esperado primer álbum–. La segunda se celebrará en El Puerto de Santa María el próximo 3 de octubre en la Sala Milwaukee y tendrá como invitados a los estadounidenses The Mockers.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 13)

Blas Fernández | 11 de septiembre de 2014 a las 5:00

En la imagen, I Am Dive. Foto: Elo Vázquez

En la imagen, I Am Dive. Foto: Elo Vázquez

Tras el merecido descanso estival, El Podcast de La Ventana Pop vuelve a la carga iniciando su segunda temporada con varias de las canciones de Bajo un cielo prehistórico, el álbum en homenaje a The Church, de inminente publicación, en el que un total de 29 bandas versionan algunas de las canciones más celebradas del grupo australiano. También avanzamos un par de cortes de Wolves, el flamante segundo álbum del dúo sevillano I Am Dive; reparamos en las últimas entregas de Arto Lindsay y Blonde Redhead y escuchamos a Hi Corea!, My Yellowstone, Royal Mail y O Sister!

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-The Church: Night of Light

2.-Suomo: Night of Light

3.-Santacruz: She Never Said

4.-Maga: Destination

5.-I Am Dive: Days Become Ages

6.-I Am Dive: The Lower You Fall

7.-Arto Lindsay: Illuminated

8.-Blonde Redhead: Mind to Be Had

9.-Blonde Redhead: Cat on Tin Roof

10.-Hi Corea!: Sacred Place

11.-My Yellowstone: The Distance

12.-Royal Mail: White Horses

13.-O Sister!: Raskayú

La poética del ruido

Blas Fernández | 7 de septiembre de 2014 a las 5:00

arto_cover_blogEncyclopedia of Arto. Arto Lindsay. Northern Spy Records. Rock / MPB / Experimental. CD / DD.

Aunque su último disco firmado con nombre propio, el fenomenal Salt, se publicó hace ya una década, Arthur Morgan Lindsay (Richmond, Virginia, 1953), conocido desde finales de los 70 en el ámbito musical como Arto Lindsay, no ha permanecido inactivo durante tan extenso periodo. De hecho, quien se haya enganchado a su carrera en cualquier momento de su dilatado y singular periplo –más de 40 años sobre las tablas desde la irrupción de DNA, santo y seña de la no wave neoyorquina glosada por Brian Eno– intuirá que, probablemente, inactividad y Lindsay son términos antagónicos.

Estadounidense criado en Brasil –llegó de la mano de sus padres misioneros siendo un niño y allí vivió luego la adolescencia bajo el influjo del tropicalismo–, Lindsay ha estado implicado a lo largo del tiempo en múltiples proyectos colectivos –con John Lurie en The Lounge Lizards y The Golden Palominos, con John Zorn en Locus Solus o con Peter Scherer como Ambitious Lovers, entre tantos otros–; ha sido solicitado como inspirado colaborador en trabajos de artistas afines –David Byrne, Laurie Anderson, Ryuichi Sakamoto, Animal Collective…– y también reclamado como productor por no pocos gigantes de la música popular brasileña –Caetano Veloso, Tom Zé, Gal Costa o Marisa Monte, por citar sólo unos pocos–.

Foto: Schorle

Foto: Schorle

Pero aun sin desmerecer el brillo de semejante hoja de servicios, no caben dudas de que allá donde el talento del músico cobra su dimensión más libre y desinhibida es en su propia discografía en solitario, si es es que se puede denominar así a un trabajo a menudo elaborado en compañía de gente como el citado Eno, Melvin Gibbs, Vinicius Cantuária, Marc Ribot, Naná Vasconcelos o Vernon Reid.

Es en esa faceta, la que comienza a tomar cuerpo en 1996 con Mundo civilizado y cuenta cinco títulos más hasta llegar al mencionado Salt, donde Lindsay mejor revela una permanente y fructífera tensión entre modos formales –la dulzura melódica asimilada en Brasil– y ánimo rupturista –éste desdoblado tanto en una vertiente ruidista, continuadora de la estética no wave, como otra muy atenta a la electrónica–.

Con Lindsay volcado ahora en proyectos dispares, pero aparentemente ajenos a la dinámica habitual de las grabaciones, el doble Encyclopedia of Arto, título tan ocurrente como ilustrativo, cumple a su vez una doble función. El primer volumen es un recopilatorio al uso que revisa de manera necesariamente parcial algunos de sus logros –la docena de cortes seleccionados repara de forma bastante equitativa en cada uno de esos seis discos–, canciones, todas, ya celebradas pos sus seguidores que, no obstante, funcionan como perfecta introducción para el neófito.

El segundo CD resulta, sin embargo, radicalmente distinto: Lindsay capturado en vivo en distintos directos, sin más compañía que su procesada guitarra de doce cuerdas, revisando con desnuda fiereza tanto material propio como ajeno –si ya costaba reconocer a Prince o Al Green en las versiones previas de estudio, aquí se transforman definitivamente en otra cosa–. Que no se asuste el recién llegado: atravesar semejante campo de minas tiene recompensa final.

Aquí le dejo una interesante promo al respecto rodada por Cesare Cicardini…

…y aquí uno de los cortes felizmente rescatados, The Prize, del casi homónimo Prize (1999).

Un recuerdo muy vivo

Blas Fernández | 6 de julio de 2014 a las 5:00

argentina_blog
recordando_cover_blogRecordando a Triana.
VV. AA.
Rock. Gong / Meridiana / Warner. CD / 2LP.

Presentado en vivo el pasado 24 de mayo, a horas ciertamente intempestivas, en la XVII edición del festival Territorios Sevilla, Recordando a Triana, disco en homenaje a la celebrada banda hispalense, une a su rendida condición reivindicativa una cualidad no menos reseñable: la de conectar por primera vez en un proyecto conjunto a destacados representantes de las dos escenas pop más activas y fructíferas de Andalucía, dicho sea tanto desde una incontestable perspectiva histórica como centrando la atención en la efervescente actualidad. Esto es, las escenas de Granada y Sevilla.

Santo y seña de aquel rock andaluz con punto de apogeo en la segunda mitad de los 70 –el periodo de sus discos mayores: El patio (1975), Hijos del agobio (1977) y, ya en menor medida, Sombra y luz (1979)–, Triana caló con tanta lentitud como firmeza en el imaginario colectivo de varias generaciones. Aunque no todo fueron parabienes: su indudable filiación progresiva, justo en una época en la que el punk reclamaba de manera urgente el corte de amarras con la grandilocuencia, reportó a la banda durante los 80 un déficit de atención crítica que no comenzaría a corregirse, pasado ya aquel necesario sarampión juvenil, hasta la segunda mitad de los 90, con mención especial al libro de Luis Clemente Triana. La historia (27 Pac, 1997), quizás el primer intento serio de contextualización de los no pocos logros del trío. Aquellas cuitas, huelga decirlo, le importaron un rábano al amplio público del grupo, aunque sí quizás algo más a los músicos que entonces marcaban la pauta –tal vez reacios a mancillar su impronta de modernidad; tal vez, simplemente, ajenos a una sonoridad que percibían vetusta–.

kiko_blogPor ese flanco, precisamente, aparece otro de los grandes valores de Recordando a Triana: la mayoría de sus artífices pertenecen a la generación del indie español de los 90 –muy distante ya del punk pero todavía, en más de un sentido, su heredera– y a ellos corresponde la tarea de suturar la herida y poner las cosas en su sitio. Y su sitio no es el de una a todas luces innecesaria rehabilitación, sino el de la relectura creativa, aunque respetuosa, de dieciséis clásicos de la formación, en su mayor parte procedentes de los dos primeros discos. Que nadie espere pues encontrar aquí recreaciones milimétricas de los originales. Eso queda para las esforzadas bandas tributo.

Armado en torno a un potente y solvente cuarteto base integrado por el baterista Antonio Lomas –del Grupo de Expertos Solynieve; junto al promotor David Pareja, impulsor originario del proyecto– y los integrantes de Maga Miguel Rivera, Javier Vega César Díaz –todos fans confesos de la obra de Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios Tele–, en el álbum encontramos además a coetáneos –Kiko Veneno, enorme y personal en su versión de Desnuda la mañana–, veteranos admiradores –Andrés Herrera Pájaro con Del crepúsculo lento nacerá el rocío– y punks de espíritu y raza –Antonio Arias, de Lagartija Nick, haciendo suyos, quizás como ninguno, dos misiles del calibre de Ya está bien y Necesito–. También figuran en el listado voces flamencas, un inevitable guiño al definitorio poso jondo del repertorio que permite, de paso, salir airoso al proyecto ahí donde más difícil lo tenía: en enfrentar con soltura el imponente registro vocal de Jesús de la Rosa. Estrella y Soleá Morente, acompañadas por Juan Habichuela nieto a la guitarra en Sé de un lugar, y las apabullantes apariciones de Niño de Elche –Hijos del agobio– y Argentina, también con Habichuela –Abre la puerta–, resuelven con nota la papeleta. Y en el caso de los dos últimos, la nota es sobresaliente.

noni_blogNo obstante, y como ya se ha apuntado, el origen del proyecto y el grueso de participantes procede del ámbito del pop independiente andaluz nacido en los 90, entregado con deleite –también con distinto grado de acierto: la norma en este tipo de recopilaciones– a la tarea. Por partida doble aparecen J, de Los Planetas y el Grupo de Expertos Solynieve –primero con una versión de Recuerdos de una noche y después, acompañado por Manu Ferrón y la malagueña Annie B Sweet, en Quiero contarte; ambas destacables–; Noni y Ale de Lori Meyers –disfrutando, y se nota, con Una noche de amor desesperada y Todo es de color–; y el propio Rivera –que se reserva Diálogo y Una historia–.

Juan Alberto, de Niños Mutantes –clavando Tu frialdad–; Antonio Luque –Sr. Chinarro convertido en Señor Troncoso– y Chencho Fernández junto al jerezano Julio de la Rosa –Luminosa mañana– completan este homenaje pergeñado desde el cariño, la última prueba hasta la fecha de que el recuerdo de Triana sigue muy vivo.

Las fotos que ilustran esta reseña son obra de Iram Martínez y fueron tomadas durante la presentación de Recordando a Triana en Territorios Sevilla. De arriba a abajo, la cantaora Argentina, Kiko Veneno y Noni, de Lori Meyers.

El Podcast de La ventana Pop (Programa 12)

Blas Fernández | 26 de junio de 2014 a las 5:00

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En el último podcast de nuestra primera temporada, hablamos de Big Day Coming. Yo La Tengo y el auge del indie rock, el volumen Jesse Jarnow en torno al grupo de New Jersey recientemente editado por Libros de Ruido.  Escuchamos a los granadinos Éter, flamantes ganadores del concurso Emergentes, y descubrimos el EP en solitario de Quentin Gas, frontman de la banda sevillana Los News.

Volvemos a hablar, cómo no, de encuentros como el 101 Sun Festival de Málaga y Nocturama, que llenará de música las noches del verano sevillano durante julio y agosto. Seguimos descubriendo el álbum de Suomo, con edición prevista a la vuelta del verano, y el recopilatorio Recordando a Triana, finalmente publicado el pasado día 24. Por último, un guiño al pasado (¿o no?) a cargo de Peña Wagneriana.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Esto es todo, de momento… ¡Volvemos en septiembre!

Tracklist

1.-Yo La Tengo: Big Day Coming (Second Version)

2.-Éter:  Diente de león

3.-Éter:  Cuerpos en órbita

4.-Temples:  Sun Structures

5.-Franz Ferdinand: Treason! Animals

6.-Los News: God is an Alien

7.-Quentin Gas: Fire Walk With Me

8.-Quentin Gas: Going Back

9.-Maika Makovski: No News

10.-Hi Corea!: Bill

11.-Suomo: Pheromone

12.-Sr. Chinarro: Señor Troncoso

13.-Juan Alberto: Tu frialdad

14.-Peña Wagneriana: Hirnos de Andalucía