“Nadie sabe a dónde vamos, pero estamos todos en el mismo barco”

Blas Fernández | 24 de mayo de 2015 a las 5:00

Foto: Chema Moya (EFE)

Foto: Chema Moya (EFE)

Va para dos décadas que la mexicana Julieta Venegas (Tijuana, 1970), actuó por primera vez en España dentro de la gira conjunta Calaveras y diablitos, otro de esos periódicos intentos de conexión entre el público nacional y la efervescente escena pop hispanoamericana. Con formación musical académica y pasado en la banda punk Tijuana No!, defendía entonces su primer álbum, Aquí, una producción del versátil Gustavo Santaolalla que abría el camino a una discografía repleta de canciones definitivamente populares. El pasado día 5 publicaba Ese camino, sencillo de avance de un álbum, Algo sucede, en el que vuelve a rodearse de imponentes músicos –entre ellos, el chelista brasileño Jaques Morelenbaum–. El nuevo álbum, séptimo en estudio de su carrera, llegará al mercado el próximo 21 de agosto. Antes lo presentará en el Festival Starlite de Marbella y el ciclo Nocturama en Sevilla (días 4 y 6 del mismo mes, respectivamente).

Algo sucede… ¿Qué?

–Ja, ja, ja… Pues ése es el chiste. Estamos vivos, la vida sigue, pasan cosas buenas, cosas malas… Y siempre es un continuará. Siempre sucede algo.

–La primero que sucede es que uno comprueba cierto retorno a una sonoridad más familiar, más habitual en su discografía. Deja de lado ese acercamiento al pop electrónico que sustentaba su anterior trabajo, Los momentos

–Algo pasó en Los momentos… Comencé las canciones con el piano, luego metimos los sintetizadores y me quedé ahí. Fuimos armando el ambiente de ese disco con otra paleta de instrumentos. Y creo que al final quedó marcado porque no había acordeón. Había algunas guitarras acústicas, pero también más sonidos tipo secuenciados, aunque en realidad no lo eran. También hay ritmos muy derechos en Algo sucede, pero se nota la diferencia porque la instrumentación es más acústica. Es algo emocional, nunca sé explicar por qué utilizo unos instrumentos u otros. Las canciones son historias que luego vas vistiendo. Quizás también mi ánimo en Los momentos era más… Las letras, desde luego, no eran las más felices que he escrito en mi vida. Algo sucede es más luminoso. Le queda mejor una instrumentación acústica. Para mí, representa una alegría diferente.

–Cuenta con músicos notables, entre ellos Jaques Morelenbaum.

–Lo conocí cuando estaba buscando con quién hacer el Unplugged de MTV. Nunca se me había ocurrido mirar hacia Brasil buscando un productor. Quien me lo mencionó fue Gustavo Santaolalla. Le había dicho que buscaba a alguien que fuera arreglista pero que también tuviera la posibilidad de producir, alguien con quien pudiera colaborar. Y fue él quien me dijo ¿Por qué no hablas con Jaques Morelenbaum? Al final coprodujo el Unplugged e hizo los arreglos, en los que trabajamos juntos. De ahí quedamos superamigos y cuando he ido a Brasil ha tocado conmigo. Es un hombre muy generoso. Aparte de todos los proyectos que tiene, paralelos a su trabajo con Gilberto Gil, ahora está grabando su primer disco como solista. Pensaba que iba a ser imposible volver a trabajar con él en Algo sucede, pero aun así le dije te mando esto. Y me contestó diciendo que buscaba tiempo. Así que está en dos canciones, Porvenir y en Dos soledades.

–Y cuenta también con dos productores…

–Con Yamil Rezc ya trabajé en Los momentos. Es alguien muy joven que viene de la movida independiente mexicana. La otra parte de la producción fue Cachorro López, alguien con mucha experiencia en el rock argentino y también muy amigo mío. Creo que hice una combinación muy interesante de dos productores muy distintos. El disco es el resultado de haber trabajado con dos personas tan diferentes. Estuvo padre, entre México y Buenos Aires.

–Sucede también otra cosa: aborda en dos canciones, Explosión y Una respuesta, la difícil situación social y política mexicana. Los asesinatos, los desaparecidos… Supongo que son cuestiones tan sangrantes que resulta imposible sustraerse a ellas…

–Me costó mucho escribirlas. No fue fácil, pero me pareció importante hacerlo. Me dije que podía obviar el tema, mirar para otro lado y hacer otra canción de amor, quitarme eso de encima, que lo tenía como atravesado. Pensaba que igual no iba a lograr una canción que valiera como tal, pero necesitaba intentarlo. Es algo que está ahí presente todo el día, todo el tiempo, a todas horas, que hace ruido, que no se resuelve, que ni siquiera sabemos cómo lo vamos a resolver: la violencia que sigue creciendo, las desapariciones… Todos los días tenemos noticias así. Es una cantidad tan grande de dolor y violencia en la vida cotidiana… Por eso me decía que podía hacerme la tonta y no escribir estas canciones, pero no sabía si podría seguir tranquilamente con mi vida sin por lo menos intentarlo. Fue todo un reto. No suelo emparejar mis convicciones políticas o sociales con mi música. Escribo desde las emociones historias que tienen que ver con encuentros y desencuentros, pero estas canciones también están escritas desde la emoción. En el fondo, son dos canciones que no podía no escribir, que tienen que ver con México y con el dolor que siento, con esta nube que llevamos encima todos los mexicanos, que no sabemos siquiera para dónde va.

Foto: Gustavo Di Mario

Foto: Gustavo Di Mario

–En el estribillo de Explosión hay una pregunta clave: Dime si vas a permitir que esto suceda ante ti… ¿Cómo se llega a una situación así? ¿Cómo se convive con ella? ¿Cómo se reacciona?

–Es este país que tenemos, es lo que construimos. Ha sido descuido, defectos que han ido creciendo, corrupción, descontrol… Somos un país muy grande que ha aumentado sus defectos al máximo. Tuvimos 70 años de PRI, el partido corrupto que impuso una opinión… Creo que muchos de nuestros defectos vienen de ahí. Y ahora que como ciudadanos nos toca tomar algún tipo de iniciativa, lo que nos preguntamos es cómo empezar. No lo sabemos. Es algo gigante. Sabes que todo esto tiene que cambiar por medio de una limpieza de las autoridades. ¿Y cómo se hace eso? Pues como ciudadano tienes que empezar a exigirlo, tienes que participar, tienes que votar. Son cosas que se han ido perdiendo. La gente se ha vuelto muy apática. Hay toda una nueva generación de chicos que dicen ¿pa qué? Es una cadena de cosas que han ido haciendo la situación cada vez más complicada. Nadie tiene la respuesta, ni yo ni los políticos… Ninguno sabe a dónde vamos, pero estamos todos en el mismo barco y a todos nos corresponde buscar esas respuestas y esas salidas. Poco a poco: tenemos que hacernos por lo menos una pregunta cada día. Y ya veremos cuándo nos llegarán las respuestas.

–¿Ha caído en la cuenta de que hace ya 17 años que actuó por primera vez en España, dentro de la gira Calaveras y diablitos?

–¡¡¡17 años!!! Ja, ja… Sí… Claro que lo recuerdo. Para mí fue algo importantísimo, la primera vez que venía a tocar y además con Aterciopelados, Fabulosos Cadillacs y Maldita Vecindad… Algo gigantesco, todo muy grande. Lo recuerdo con mucho cariño y cuando me encuentro con alguien que estuvo en esa gira da gusto hablarlo.

–Lo llamativo es que, a diferencia de otros tantos artistas pop hispanoamericanos, cuya suerte en el mercado español es a menudo fugaz, usted ha mantenido esa relación con España, esa presencia constante.

–Creo que ha sido suerte y también insistencia. Ahora vuelvo a España, aunque hace ya dos años que no venía. Pero sí, siempre procuramos venir e insistir. Es una cuestión de presencia. Si no vienes, la gente se olvida. Es la verdad. Es lo mismo que pasa en México con muchos grupos españoles. Estamos muy lejos, es difícil ir. Pero cuando logras tener esa relación…

–Quizás pequemos los españoles de ingenuidad al intuir una relación especial con su música: usted la tiene con todos los países hispanoamericanos. En Esperaba, por ejemplo, hay un bonito homenaje al rockero argentino Charly García

–Sí, ¡qué bueno que lo captaste! De hecho, toda la canción es un homenaje a Charly García. En realidad es una canción sobre la adolescencia y sobre encontrar un escape en la música. Y es una fantasía, porque yo no escuché a Charly García en mi adolescencia. Y me hubiera encantado. Me parece que la música es un escape: escuchar a Charly te puede transportar al lugar de donde es él.

–A eso me refería antes al hablarle de la difícil relación de muchos artistas americanos con España: siendo un veterano, García es prácticamente desconocido aquí. No digamos ya genta más joven, como la chilena Camila Moreno, una estrella ya, o los colombianos Pedrina y Río. ¿Nos estamos perdiendo muchas cosas interesantes?

–Ja, ja, ja… Pues no lo sé. A Camila y a Pedrina y Río los conocí igual que tú, por internet. Pero sí, hay un montón de artistas independientes. En Perú, por ejemplo, Kanaku y el Tigre… Todo el tiempo están surgiendo artistas nuevos muy lindos a los que no vas a escuchar en la radio. Tienes que buscarlos. En Argentina está Diosque, que tiene algo como ochentero bonito. O Dom la Nena, que es una brasileña que vive en París y que me recomendó una fan en Twitter… ¡Me encanta esto! Me hice yo superfan. Es como una combinación de Juana Molina con Lhasa [de Sela] que canta en francés, en portugués, en español… Lo más interesante hay que buscarlo siempre fuera del mainstream. Hay que escarbar en los blogs; así es como yo descubro muchas cosas.

–Hace poco me decían Hidrogenesse en una entrevista que ese descubrimiento que propicia internet tiene un curioso efecto secundario: todo se hace presente; aunque el artista lleve 20 años tocando, tú lo acabas de escuchar por primera vez ahora.

–Tal cual. Tienen toda la razón. Creo que ahora llegas a la música de una manera muy diferente. Nadie te la pone, te enteras de muchas más cosas y, simplemente, porque te gustó tal canción. Y no sabes muy bien si el grupo es conocido o no, si es de ahora o si es de antes. Pero para mí eso es parte del encanto. Tiene algo padre eso. Me gustan mucho internet, las redes sociales y las plataformas digitales. En teoría parece que los músicos tenemos que estar en contra, pero a mí me parece buenísimo que la música se globalice. Sí, se pierde el romance, ya no es como antes, que tenías que buscar el disco, ahora lo tienes ahí. ¿Pero qué mejor? Puedes escuchar a artistas de todo el mundo en el momento en que editan y suben su disco.

–Disfruta usted de una rara cualidad: se mueve con soltura en el gran mercado y, al tiempo, goza de la atención del público, digamos, independiente. ¿Cómo se hace?

–No lo sé [ríe]. Creo que las canciones que hago son música popular. Me identifico con cómo trabaja la gente que viene de la música independiente. Yo vengo de ahí. Aunque siempre he trabajado con una disquera, mi proceso creativo siempre ha sido algo muy personal, así que eso me hace identificarme más con la gente que viene de lo alternativo. Me gusta hacer canciones y, sí, soy como para todos los ambientes. Ja, ja, ja…

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 31)

Blas Fernández | 21 de mayo de 2015 a las 5:00

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Arranca una nueva entrega del Podcast de La Ventana Pop con Amphetamine Discharge, de vuelta a los escenarios tras largos años de silencio. A las tablas se suben también The BellRays, una de las bandas invitadas a la nueva edición del Freek Fest en El Puerto de Santa María, Guadalupe Plata y Julieta Venegas -nombres ilustres ya anunciados para el cartel de Nocturama Agosto en Sevilla-, Tremolina -en la imagen-, Hi Corea!, Víctor Coyote, Detergente Líquido y los sorprendentes Burning Parachute.

Pero no se vaya, aún hay más: los malagueños BSN Posse remezclan a su paisano Abrigo de Pelos; Niño de Elche habla claro en el primer número de Karate Press; Antonio Arias sigue las pistas del Big Bang y Pablo und Destruktion nos recuerda, a su manera, que a veces la vida es hermosa.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Amphetamine Discharge: Denis

2.-The BellRays: Power To Burn

3.-Guadalupe Plata: Hueso de gato negro

4.-Julieta Venegas: Ese camino

5.-BSN Posse: 1993

6.-Niño de Elche: Miénteme

7.-Antonio Arias: Qui Joint Tenerife

8.-Tremolina: This is Who I Want to Be Hyped

9.-Hi Corea!: The Cave

10.-Pablo und Destruktion: A veces la vida es hermosa

11.-Víctor Coyote: Havemos de ir a Viana

12.-Burning Parachute: Rainproof

13.-Detergente Líquido: Cinco euros no dan para tanto

“Somos los que somos”

Blas Fernández | 15 de mayo de 2015 a las 5:00

De izquierda a derecha, Albert Guàrdia, Wences Aparicio y Artur Estrada. / Foto: Alberto Polo

De izquierda a derecha, Albert Guàrdia, Wences Aparicio y Artur Estrada. / Foto: Alberto Polo

Con tres álbumes y un reguero de sencillos editados entre 1991 y 2001, la banda barcelonesa Aina, acaso una de las más emblemáticas en el catálogo del ya veterano sello BCore, protagonizó una de esas atípicas trayectorias con notable repercusión en los circuitos underground del hardcore europeo y estadounidense -fueron muchos sus conciertos a uno y otro lado del Atlántico- y escasa visibilidad fuera de los mismos.

Tras su disolución, Artur Estrada, voz y guitarra, cambió el inglés por el español y, junto a Wences Aparicio (bajo) y Albert Guàrdia (batería), puso en pie Nueva Vulcano, un trío que suma a aquellas todavía hoy reconocibles influencias estilísticas electrizantes descargas de pop sincopado y nervioso. “Demasiado poperos para los punkies, demasiado punkies para los poperos“, bromea Estrada.

Debutantes en 2004 con Principal primera, álbum al que sólo un año después siguió Juego entrópico, Nueva Vulcano experimentó con Los peces de colores (2009) un llamativo incremento de popularidad. Al menos, el limitado incremento de popularidad que puede experimentar un grupo de sus características. Ahora vuelven con Novelería, un disco intenso y denso cuya gira de presentación concluye este fin de semana con sendas actuaciones en Granada y Sevilla a dos semanas escasas de pasar por el Primavera Sound barcelonés. Al habla con Artur.

-Han transcurrido casi seis años desde Los peces de colores. ¿Por qué han tardado tanto en sacar Novelería?

-A nivel personal, creo que los tres somos bastante dispersos, pero cuando nos ponemos a trabajar en un disco nos metemos a fondo y necesitamos tiempo. Y no siempre es posible tenerlo. Además, uno empieza a tener hijas, como yo, dos en tres años… Es complicado para un grupo como nosotros, desde el amateurismo, sacar un disco al año. Es una idea bonita, pero irrealizable.

-Y el de Nueva Vulcano, ¿es un amateurismo premeditado o predeterminado?

-Es la única vía sensata para un grupo así, diría que obligatoria por el tipo de música que hacemos, cómo funcionamos… Los grupos americanos que nos gustaban al principio, que tenían mucho más talento que nosotros, consiguieron en su momento dedicarse a la música de una manera profesional. Pero creo que sería muy poco sensato por nuestra parte pretenderlo. Aunque eso no quiere decir que en determinadas épocas te vaya mejor: cobras cuatro festivales y te vas a cenar a una marisquería.

-¿En qué trabaja?

-He estado programando conciertos durante diez años en el Heliogàbal, una asociación cultural de Barcelona, pero recientemente he dejado paso a los jóvenes, que se enteran más que yo, a mis 38 años, de qué va la movida. Ahora hemos abierto un bar de comidas con la misma gente del Heliogàbal. Aunque entre las hijas y el disco… Sí, lo reconozco: me estoy dedicando a la música, pero dentro de poco me pondré a pelar patatas.

-¿Y por qué cuesta tanto vivir de la música?

-Si tuviéramos un circuito más amplio que te permitiera ir de gira… Pero, en realidad, sacas un disco, haces diez conciertos y ya está. No es un mercado que puedas saturar. Claro que me gustaría poder hacer giras largas… Tocar más siempre hace que un grupo sea mejor. Ir a Latinoamérica, por ejemplo, es algo que nos apetece muchísimo. Nos lo han ofrecido ya dos o tres veces, y a la próxima diremos que sí, aunque sea para tocar en una fiesta de cumpleaños.

-Con Aina giró a menudo por Europa y Estados Unidos. Con Nueva Vulcano también, pero menos. ¿Cree que influyó el decantarse por el español?

-No. Esto de girar fuera viene un poco de Aina. Entonces, a finales de los 90, había un circuito europeo de garitos muy activo y hospitalario. Quizás con nosotros perdían pasta, pero iba Fugazi dos semanas antes y con eso podían pagarnos. Con el primer disco de Nueva Vulcano todavía pudimos hacerlo junto a un grupo norteamericano, todos juntos en la misma furgoneta. Pero lo que quedaba entonces de aquel circuito, de casa okupas en Alemania, por ejemplo, era ya sólo un vestigio. Así que no creo que fuera sólo por el idioma que dejáramos de viajar y tocar en ese circuito, sino porque era el fin de una época, la época de los garitos europeos de pequeño o mediano aforo: llegó la crisis, aparecieron los festivales… Y quizás que nuestro rollo tampoco se lleva ya tanto entre los chavales. Todo eso hizo que dejáramos los viajes locos.

-¿Y qué lo llevó a cambiar de idioma, a decantarse por el español?

-Fueron las ganas de probar algo nuevo… Pero también la influencia de los grandes artistas andaluces del rock que han cambiado la historia de la música en este país: Los Planetas y Sr. Chinarro. Yo no conocía el indie español; nunca había estado en contacto con esa escena, pero cuando escuché bien a Los Planetas o me fijé bien en cómo escribía Antonio Luque vi que era algo muy inspirador.

-Es curioso, porque ni Aina ni a Nueva Vulcano se les ha asociado nunca con esa escena: estaban y están más cerca del post-hardcore estadounidense…

-Sí. Con Aina estábamos muy metidos en nuestra propia movida, teníamos nuestros propios festivales, nuestros pequeños circuitos… Así que yo no viví aquello del indie español en primera persona. Fui al segundo FIB, que tocaron Mega City Four. Pero en en los 90 estaban pasando muchas cosas interesantes en Estados Unidos, así que fuimos varias veces.

-¿Y qué queda en Nueva Vulcano de aquella ética y estética hardcore?

-Creo que una manera de funcionar, que de algún modo también se transmite en los conciertos, una comunión interna, un sistema de trabajo muy familiar, y no sólo entre los miembros del grupo, sino en todo lo que está alrededor: sello, diseñador, técnico de sonido… Intentar mantener dentro de una situación placentera todo lo que rodea al grupo. Eso estaba en aquellas bandas de hardcore.

-Quizás haya algo más: la intensidad. Grabaron Novelería en cuatro días. ¿Buscaban la inmediatez del directo?

-Ja, ja… Bueno, también contaban unas limitaciones económicas que no nos permitían ir al estudio a improvisar. Aunque a veces, si no queda perfecto también es bonito. Cuando éramos más chavales nos preocupábamos más de esas cosas. Pero la producción ya la teníamos hecha antes de entrar a grabar con Santi [García]. Le dijimos “el otro disco, como más dulce, ya gustó a más gente, así que ahora vamos a intentar el rollo del directo”. Eso prevaleció sobre detalles concretos tipo “este redoble no ha salido tan bien”. El encanto del error forma parte de todo esto.

-Cita al productor… Cuatro álbumes y los cuatro grabados con él. ¿Un tándem perfecto?

-A veces pienso que quizás el nuestro sea un enfoque poco artístico: el mismo ampli, la misma guitarra, el mismo productor… Pero es que con Santi tenemos ese punto de pasarlo bien trabajando. Para nosotros es una suerte que nos entienda tan bien. No creo que eso cambie: no me imagino grabando con otro, quizás un single sí, pero un álbum no.

-Fin de gira en Granada y Sevilla…

-En Granada será la tercera vez con Nueva Vulcano. También estuvimos con Aina. En Sevilla, casi cada vez que hemos tocado, hemos tenido un componente bizarro importante. Una vez tocamos cuando España jugaba una final y lo hicimos en un sitio donde además ponían el partido. Después, con Los peces de colores, estuvimos a punto de tocar en una sala muy conocida, pero ya en la prueba el limitador de sonido saltaba cada vez que Albert golpeaba la caja de la batería, así que el propietario nos dijo que no podía ser. Andaba por allí un colega de hace años, también estaba el bajista de Pony Bravo, y nos dijeron “oye, igual podéis tocar en El Holandés Errante”. Cargamos la furgo, tiramos para allá y tocamos ante 50 amables simpatizantes.

-Una última cuestión. A mi entender hay muchas canciones redondas en Novelería, incluso algún himno. ¿Cómo tendría que ser el mercado español para que Hemos hecho cosas se convirtiera en un un éxito?

-Tendríamos que ser más. Y no somos tantos. Somos los que somos.

Nueva Vulcano actúa hoy, viernes 15, en la sala Planta Baja de Granada. Mañana, sábado 16, lo hacen en la Sala X de Sevilla, en ambos conciertos teloneados por Me and The Bees.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 30)

Blas Fernández | 7 de mayo de 2015 a las 5:00

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La nueva entrega de El Podcast de La Ventana Pop repara en algunas recientes ediciones de grupos y solistas andaluces o afincados aquí, caso de Luis Arronte, quien desde Granada publica en vinilo su flamante La tiranía del débil, y el malagueño Abrigo de Pelos, con una curiosa cassette de remezclas de 1993.

Desde Barcelona, pero también con componentes andaluces, suenan Cobarde y BeatLove. Y en el amplio apartado de conciertos, Antonio Arias -con el doble vinilo de Multiverso ya disponible-, Le Parody -adelantando el contenido de su nuevo álbum-, Unsuspected, Aurora, los argentinos Onda Vaga, la chilena Camila Moreno, Micah P. Hinson, Bastante y Fiebre.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Cobarde: Siesta ya

2.-Luis Arronte: Exploradores

3.-Luis Arronte: Cuarto menguante

4.-Antonio Arias: Sol de agua

5.-Le Parody: Saetas en el aire

6.-BeatLove: Wins

7.-Abrigo de Pelos: 1993

8.-Unsuspected: Expand Freely

9.-Aurora: Tuk Tuk

10.-Onda Vaga: Ir al baile

11.-Camila Moreno: De qué

12.-Micah P. Hinson: Beneath The Rose

13.-Bastante: Dar alcance

14.-Fiebre: Lady End

Antonio Arias: “Decía Morente que hay que grabar discos para diez años después”

Blas Fernández | 6 de mayo de 2015 a las 5:00

Foto: Concha Laverán

Foto: Concha Laverán

La reedición ampliada en 2013 de Hipnosis, primer álbum de Lagartija Nick, publicado originalmente en 1991, no sólo cerró el ciclo de recuperación de la contundente trilogía discográfica con que la banda granadina irrumpió en la escena del rock español –la misma operación se había llevado previamente a cabo con Inercia (1992) y Su (1995)–; también propició el reencuentro sobre los escenarios del cuarteto original –Antonio Arias (bajo y voz), Éric Jiménez (batería), Juan Codorniú y Miguel Ángel Rodríguez Pareja (guitarras)– en lo que entonces se preveía una corta gira destinada a celebrar aquel rescate. Sin embargo, dos años después la máquina sigue en marcha. “Desde la reedición –dice Arias– hacemos una media de dos conciertos al mes. Y nos siguen llamando. Siempre nos hemos llevado bien y además vemos que la cosa sigue sonando real y expresiva. Así que decidimos continuar con la gira. Lo que se impone ahora es grabar algo nuevo este verano, aunque sea un epé. Por lo menos, para que no sea siempre el mismo concierto”.

Y, de hecho, no lo es. Lo que comenzó como una ceremonia centrada en la interpretación íntegra de aquel emblemático título ha terminado por expandir, generosamente, su repertorio. “Hay once discos de Lagartija para tocar, aunque principalmente llegamos hasta Omega“, apunta Arias citando aquel otro memorable trabajo junto al desaparecido cantaor Enrique Morente, el célebre disco que, entre otras tantas cosas, señaló el punto de disolución de la formación original. “Todo fue muy rápido –recuerda–, y quizás eso nos marcó y nos mató al mismo tiempo: éramos incapaces de parar la máquina. Pero la cosa iba volando y había que hacerlo en ese momento, aun a costa de que nuestra salud mental se deteriorara rápidamente”.

Arias siguió al frente de sucesivas reencarnaciones de Lagartija Nick hasta alcanzar esa plusmarca de once álbumes; Éric alternó su rol como baterista en Los Planetas con otras aventuras y, posteriormente, se reintegró en el proyecto; Codorniú se enroló en Matilda y, con algo más de calma, se lo tomó Pareja, colaborador hoy en Lullaby. “El contacto siempre se ha mantenido y la relación ha sido cordial –afirma–. Los músicos de Granada, de lo poco que tenemos, es nuestro corporativismo. Bueno, algunos músicos de los 80 siguen mostrando una ira irreconciliable, que era algo muy de la época. No te vuelvo a hablar en la vida… Y ahí siguen, sin hablarme por algo que pasaría algún día y de lo que yo, ya, ni me acuerdo”.

Sí recuerdan los seguidores de la época –y los de posteriores generaciones, sumados sin pausa con el paso de los años– el carácter gozosamente indómito de aquella reivindicada trilogía, tan rabiosa en su electrizante sonido como premeditada en la carga de profundidad de sus textos. “En el libro de Nando Cruz, que estoy leyendo ahora –dice Arias en referencia a Pequeño circo. Historia oral del indie en España–, está muy bien explicada esa génesis heterogénea de grupos que intentaban conocerse y crear una nueva escena independiente, con más motivación que poderío económico. Algo de eso sobrevive en el sonido, esa expresividad, esas ganas de acercarse a la gente, esa vitalidad, con casi todas las canciones en tonos mayores. Eso les da mucha alegría… Quizás las letras de Hipnosis no han envejecido tan bien. En las de Inercia y Su el collage ya no se define, así que sirven para cualquier época de la vida. Pero el sonido… El sonido me sigue gustando mucho. El germen de los discos de Lagartija fue ponerse en contra de algo que eran tan normal entonces: buscar la multi [multinacional] y Los 40 [Principales]. Y eso sigue vivo en aquellos discos, muy salvajes, que además fueron el origen del trabajo con Enrique Morente”.

Sin rastro aparente de acritud, Arias define la creación de Lagartija Nick como “un golpe de estado contra 091″. Así resume su marcha de aquella otra recordada formación granadina en busca no sólo de nuevos horizontes, también de otra manera de hacer en la que el cambio se convierte en requisito indispensable para mantener el movimiento. “Fue una lucha por defender un sonido –afirma–. En algunos conciertos casi que podíamos parecer los Ramones de Graná, pero al mismo tiempo éramos el germen de lo que vino después. Algo que hicimos bien fue alentar a otras generaciones. No era sólo por nosotros. Ahí también entra, por ejemplo, el hecho de producir el primer epé de Los Planetas. Era una manera de no enquistarse, de hacer de bisagra. Se creó un vínculo de por vida: algo veríamos entre nosotros que era real”.

Foto: Concha Laverán

Foto: Concha Laverán

El vínculo se mantiene. Aquella constelación granaína protagoniza todavía hoy una red de colaboraciones de sobra conocida, concretada en proyectos conjuntos como Los Evangelistas y proclive a la intervención de unos en los discos de otros. Sin ir más lejos, varios integrantes de Los Planetas participaron en la gestación de Multiverso (2009) y Multiverso II. De la soleá de la ciencia a la física de la inmortalidad (2013), los dos discos firmados hasta la fecha en solitario por Antonio Arias, esplendorosas colecciones de adaptaciones de poesía científica –el interés de Arias por la astronomía y el espacio viene de lejos– que acaban de ser reeditadas conjuntamente en un doble vinilo de edición limitada. Una nueva oportunidad de redescubrir sendos títulos, quizás lastrados en su proyección por la modestia de las ediciones originales; quizás también, al cabo de los años, tan celebrados como los de Lagartija Nick. “Hay proyectos que tienen que vivir al margen de todo eso -reflexiona Arias-. En primer lugar, por una cuestión temporal: si tienes la oportunidad de trabajar con un poeta como David Jou, como ocurrió en Multiverso II, es ahora, no luego, intentando convencer a alguna compañía. Con Los Evangelistas podemos trabajar con Sony, pues sin problemas. Pero hay otros proyectos que sabes que podrían tenerte paseando por pasillos eternamente. Hay discos que necesitan dar una vuelta muy grande para llegar a su público, piden vida y coger aliento. Tienen esa promoción retardada, pero también bastante eficaz, que da la convicción. Decía Enrique [Morente] que hay que grabar discos para diez años después”.

La golosa edición en vinilo incluye además la descarga digital de cuatro cortes inéditos, más que probable avance de un futuro Multiverso III. “En principio era sólo eso, un apoyo al doble vinilo, cuatro canciones nuevas, pero Multiverso fue muy pop y Multiverso II podía recordar más al sonido de Los Evangelistas producidos por Martin Glover… Así que el tercero podría ser una manera de unir esas dos corrientes, sin perder nunca esa expresividad pop ni siendo tan oscuro como el segundo. Además, hace poco ha llegado a mis manos un poema de ciencia-ficción de los años 50 que es fantástico… Multiverso supone para mí una manera de seguir explorando la nueva poesía”.

Lector constante de poemas, como su maestro Morente, saca Arias a colación el reciente Voces del extremo, de Niño de Elche, con textos de autores adscritos al encuentro homónimo. “Me ha gustado mucho lo que ha hecho, esa especie de trascendencia de la poesía de la experiencia que llaman poesía de la conciencia -explica-. Hay textos un poco chunguelas y echo de menos más cantaor, más voz, porque es un tío que canta tan bien, que tiene una voz tan vieja… Al final del disco incluso hay cosas que me recuerdan un poco a Omega, y eso hace que me guste todavía más. Es un disco que incluso me reconcilia con Pony Bravo, a los que creo que había trivializado un poco. Me gusta seguir ahondando en nuevas formas poéticas y en gente joven, gente como Rafael Espejo, al que no se nombra tanto pero que es genial. Hay por ahí unos talentos tremendos”.

Entre los talentos musicales locales señala Arias a Pájaro Jack. “Jaime Beltrán -recuerda del cantante y guitarrista de la banda granadina- fue asistente de ingeniero de sonido en Multiverso. Es un tipo técnicamente muy capaz. Es lo que tienen las nuevas generaciones, que vienen muy preparadas, y lo que les falta lo pillan en Internet. Quién lo hubiera pillado entonces, eh, cuando leías libros antiguos que te hablaban de aquella canción… Ahora lo tienes todo en Deezer o Spotify, y eso es maravilloso”.

Lagartija Nick actúa el próximo viernes 8 en la Sala X de Sevilla (c/José Díaz, 7).

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 29)

Blas Fernández | 23 de abril de 2015 a las 5:00

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Vuelven Los Planetas tras años de silencio con el epé Dobles fatigas, que esconde entre sus cuatro cortes Heroína, la polémica bulería del desaparecido Juan Moneo El Torta. Todavía en el terreno del rock jondo, Niño de Elche pone a los flamencos del revés con su nuevo trabajo, Voces del extremo.

Novedades (Tremolina, Nudozudo…) y conciertos, muchos conciertos: Robyn Hitchcock, Las Buenas Noches, Nueva Vulcano, Lost Twin, Chencho FernándezLagartija Nick, El Columpio Asesino, Reina Republica… También el reggae-dub de The Oniric Tree, uno de los grupos presentes en la extensa programación de la IV edición del Routing Day, que se celebrará en Sevilla los próximos días 1 y 2 de mayo. Y a la vuelta del verano, una deliciosa sorpresa en Córdoba: Noches eclécticas en el Palacio de Viana, con actuaciones, entre otros, de M. Ward y Emiliana Torrini.

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Tracklist

1.-Los Planetas: Heroína (Bulería de El Torta)

2.-Niño de Elche: Mercados

3.-Las Buenas Noches: Mañana

4.-Tremolina: Remember We Are Strong

5.-Nueva Vulcano: Hemos hecho cosas

6.-Lost Twin: Acuario de plantas

7.-Chencho Fernández: Una buena noche

8.-Lagartija Nick: Napalm

9.-El Columpio Asesino: Babel

10.-Nudozurdo: El grito

11.-Robyn Hitchcock: To Turn You On

12.-M. Ward: Pure Joy

13.-Emiliana Torrini: Tookah

14.-The Oniric Tree: Like a Bird

15.-Reina Republicana: Baja la voz

Las voces acordes de Niño de Elche

Blas Fernández | 18 de abril de 2015 a las 5:00

Niño de Elche, en la librería La Fuga de Sevilla. / Foto: Celia Macías

Niño de Elche, en la librería La Fuga de Sevilla. / Foto: Celia Macías

nino_elche_portada_blvpVoces del extremo. Niño de Elche. Rock jondo. Autoedición. Descarga digital con licencia CC.

Embarcado desde hace tiempo en una incesante actividad que, sólo en los últimos meses, lo ha llevado a producir y dirigir un documental –Sobre MH–; publicar vía Knockturne Records una cassette registrada en vivo, junto al grupo experimental alicantino Seidagasa, en la casa natal de Miguel Hernández –Calle de arriba, 73– o a preparar la presentación del espectáculo Raverdial en el festival barcelonés Sónar junto al dúo sevillano Los Voluble –integrado por los hermanos Benito y Pedro Jiménez–, Francisco Contreras Molina (Elche, Alicante, 1985), alias Niño de Elche, desborda prácticamente desde sus primeros pasos –Mis primeros llantos, Dienc, 2007– los presumibles cauces de un cantaor flamenco. Y Niño de Elche lo es, qué duda cabe, aunque su innata curiosidad por experimentar con formas y sonoridades en principio ajenas al género lo reubica tanto en un universo mayor como en la cósmica estela de otros aventureros de lo jondo de ayer y hoy –es recurrente la comparación con Enrique Morente, aunque lo suyo quede generacionalmente más cerca de la absoluta libertad creativa del bailaor sevillano Israel Galván o del desprejuiciado conocimiento musicológico de la cantaora onubense Rocío Márquez, con la que ha colaborado en varias ocasiones–.

Niño de Elche, que mantiene además una apretada agenda de conciertos, bien en formatos flamencos más o menos tradicionales o poniendo en pie cualquiera de los múltiples proyectos propios o conjuntos en los que participa, se apunta con indisimulada avidez a cualquier idea o reto que sacuda la fosilizada imagen de un género que muchos pretenden sacro, intocable, premeditadamente inconscientes, en incontables ocasiones, de su natural bastardía (la de cualquier otra expresión musical, sin ir más lejos). Así, Francisco Contreras presta su voz al coreógrafo Juan Carlos Lérida; graba con el dúo experimental José Cicuta o deja escuchar su quejío junto a los rockeros Kaufer.

De uno de esos encuentros crece y florece este sorprendente Voces del extremo que nos ocupa. Colaborador en De palmas y cacería (2013), tercer álbum de Pony Bravo, no cuesta mucho entender el grado de complicidad que Niño de Elche parece haber alcanzado con el grupo sevillano: la misma curiosidad de unos es, al fin y al cabo, la del otro.

Daniel Alonso, vocalista y teclista de la formación, se pone al frente de la producción, tarea en la que cuenta con la ayuda de otro integrante de la banda, Darío del Moral, y de Raúl Pérez –ingeniero de sonido, productor de los discos de Pony Bravo y de una significativa porción de algunos los mejores discos españoles de rock de los últimos años–. Se prestan al juego, además, músicos como el contrabajista Javier Mora y los guitarristas Raúl Cantizano y Fernando Junquera, otros cómplices de largo recorrido que contribuyen a dar al álbum ese carácter de excepcionalidad, de nueva vuelta de tuerca en la ya larga historia de encuentros (y desencuentros) entre flamenco y rock.

Niño de Elche ya lo había intentado en su anterior trabajo firmado con nombre propio, Sí, a Miguel Hernández (2013), pero, por abundar en una fórmula ya reiterada de acercamiento entre ambos mundos, aquel homenaje al poeta –figura en torno a la cual pivota buena parta de la obra del cantaor hasta la fecha– carecía quizás de la inventiva y el riesgo, también de la frescura, que Voces del extremo despliega del primer al último (y décimo) corte, alternando piezas de una sonoridad eléctrica exuberante –la enorme pulsión krautrock de Que os follen, El comunista y Mercados; el aire a reggae marciano de Miénteme; los sincopados teclados de Estrategias de distracción…– con otras canciones de apariencia desnuda, ésas a las que Niño de Elche se enfrenta apenas flanqueado por uno o dos instrumentistas –Nadie, Canción de corro de niño palestino, Informe para Costa Rica, Han sido 30 años y la cenital Canción del levantado / Notificaciones, estas dos últimas con Junquera tejiendo redes de cuerdas, limpias o saturadas, que bien pudieran remitir a los discos en solitario de Tom Verlaine–.

Musicalmente, Voces del extremo es un disco deslumbrante, y lo es tanto por la interpretación de Francisco Contreras como por la pericia y entrega de los músicos que lo acompañan. Y deslumbra en tal medida que uno tiende a pasar por alto –así lo induce el conjunto– que quizás no todos los textos de las diez canciones están a la misma altura.

Nutrido en lo lírico por poemas procedentes de los encuentros que dan título al álbum, celebrados en Moguer desde 1999 con el apoyo de la Fundación Juan Ramón Jiménez y la coordinación del poeta Antonio Orihuela, Voces del extremo recala con comprensible y más que justificada rabia en eso que algunos denominan poesía de la conciencia –a esa corriente se adscriben los autores seleccionados–, en ocasiones tan concienciada que casi pierde, ¡oh!, cualquier pretendida connotación poética. Pero no ocurre nada (malo): es tal la convicción con la que Niño de Elche defiende esas tonadas que se sobra y basta para insuflarles él mismo toda la poesía necesaria.

Niño de Elche presenta en directo Voces del extremo este sábado a las 22:00 en el Teatro Alameda de Sevilla dentro del espectáculo de clausura de la XVII edición del Festival Zemos98.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 28)

Blas Fernández | 9 de abril de 2015 a las 5:00

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Arranca esta entrega del Podcast de La Ventana Pop con Voces del extremo, nuevo álbum del nada convencional cantaor flamenco Niño de Elche (en la imagen), un disco producido por Daniel Alonso (Pony Bravo) con presentación en vivo en el espectáculo de cierre de la XVII edición de Zemos98.

Desde Francia nos llega el más reciente trabajo de Dominique A, Éléor, y desde Estados Unidos dos títulos tan recomendables como Carrie & Lowell, de Sufjan Stevens, y Fresh Blood, de Matthew E. White.

Rea del ritmo, de Single, Justicia poética, de Pumuky, y Regiones devastadas, de Blacanova, completan el apartado de novedades. En el de conciertos, actuaciones inminentes de Sick Buzos, Luna, La Habitación Roja y Wilko Johnson.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Niño de Elche: Estrategias de distracción

2.-Niño de Elche: Que os follen

3.-Dominique A: L’Océan

4.-Dominique A: Central Otago

5.-Sufjan Stevens: Fourth of July

6.-Single: Rea del ritmo

7.-Single: Claros y chubascos

8.-Pumuky: Escritura automática 9 mm

9.-Blacanova: Despiece (De vacuno)

10.-Matthew E. White: Vision

11.-Chencho Fernández: Si alguna vez mueres joven

12.-Luna: Sideshow By The Seashore

13.-La Habitación Roja: Febrero

14.-Wilko Johnson & Roger Daltrey: I Keep It To Myself

Magia de plata negra

Blas Fernández | 29 de marzo de 2015 a las 5:00

Guadalupe Plata. / Foto: Jimena

Guadalupe Plata. / Foto: Jimena

gp_portadaGuadalupe Plata. Guadalupe Plata. Everlasting Records. Blues / Rock. LP / CD / DD.

Desde su debut en 2009 con un 10” de apenas seis canciones, Guadalupe Plata –Perico de Dios (guitarra y voz), Carlos Jimena (batería) y Paco Luis Martos (bajo-barreño)– ha ido perfilando un reconocible universo sonoro propio partiendo, y he ahí la gran paradoja, de unas coordenadas estilísticas plenamente asentadas y aceptadas –en no pocas ocasiones, incluso desechadas– en el imaginario rock.

¿Es blues lo que nos propone el trío ubetense? ¿Es blues primigenio, sucio y pantanoso? ¿Es árido blues-rock? Es todo eso y más: un impulso ciertamente primitivo, y no sólo en términos musicológicos, que termina por adquirir un significado complejo y exuberante en su deslumbrante y, sólo en apariencia, concisa ejecución; en su amplio repertorio de guiños a dos sures distantes que, aquí, se quieren conectados en otro imaginario menos extendido: el de las escuchas a conciencia, el de las ilustrativas lecturas devoradas con fruición y, quizás también, el de una cultura cinematográfica capaz de encontrar petróleo donde otros ni lo huelen. Señas, a la postre, que construyen un nexo no por onírico menos sentido. Porque hay mucho de sueño en la música de Guadalupe Plata: el de un blues intemporal y, de tan desarraigado, se diría que ultraterreno.

Si ese crecimiento era patente al escuchar sus dos álbumes posteriores –los aparecidos en 2011 y 2013, sin más título, como aquel 10”, que el propio nombre de la banda–, la publicación, también en 2013, de Pelo Mono aportaba otros factores, aunque de similar factura, a la ecuación. El dúo integrado por Perico de Dios y el baterista granadino Antonio Pelomono, un proyecto paralelo a Guadalupe Plata todavía de futuro insondable, abría el abanico estilístico hacia un delicioso y delirante rock’n’roll instrumental, elegantemente vintage, con vocación de serie B –¿lo llamamos pulp-music?–. Y escuchando hoy el tercer álbum del trío –¿lo adivina? Sí, otra vez homónimo–, cuesta sustrarse a la idea de que algo de esa apertura se suma al actual resultado.

Guadalupe Plata (2015) hila fino, todavía más fino, en su vocación de artefacto intemporal. Y para ello, en primera instancia, se recurre a una medida básica: el trío se planta en Londres –con el beneplácito de su discográfica, que lo observa y mima con la dedicación propia destinada a la gran esperanza blanca– y se encierra durante cinco días en los estudios Toe Rag, junto al productor Liam Watson, con la intención de invocar al espíritu analógico y que éste dé su bendición al álbum. La elección, desde luego, no es gratuita. Watson está tras los controles en un nutrido y selecto listado de títulos de similar querencia por lo añejo –celebrados discos de The Ettes, Tame Impala, James Hunter, The White Stripes, Television Personalities…–, pero decididos a reivindicar con rabia la contemporaneidad de su propuesta.

De la idoneidad de la elección, y del espléndido momento de la formación, dan cumplida cuenta estos once nuevos cortes, oscilando entre la contundente descarga eléctrica que el trío lleva al paroxismo en sus directos –aquí representada por canciones como Tormenta, Hoy como perro, Mecha corta, Hueso de gato negro o la divertida Calle 24: tonada infantil transformada en malsana andanada– y la más expansiva elaboración de piezas instrumentales o cantadas –Serpientes negras, Filo de navaja, Agua turbia o la enorme El paso del gato– afines al encantamiento vudú y al sortilegio tex-mex que ya apreciamos en los mencionados Pelo Mono. ¿Le tienta la magia?

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 27)

Blas Fernández | 26 de marzo de 2015 a las 5:00

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Arranca la nueva entrega de El Podcast de La Ventana Pop con un repaso al recomendable libro firmado por el periodista Nando Cruz en torno al indie español de los 90, Pequeño circo, un extenso volumen publicado por Editorial Contra que también repara en algunos precedentes de aquella escena. A propósito, suenan Cancer Moon, Lagartija Nick, Strange Fruit y El Grupo de Expertos Solynieve.

Desde Almería llegan Proyecto Solaz -con un invitado ciertamente peculiar…-; desde Huelva, The Strangers. Seguimos escuchando los nuevos trabajos de Santacruz, Guadalupe Plata y Pájaro Jack, estos últimos con presentación inminente de Vuelve el bien (partes I y II) en su Granada natal.

Más conciertos: Suomo en la Sala X de Sevilla, Lost Twin en el Lapsus Festival de Barcelona, The Jayhawks en Sevilla y Granada… Y aún queda tiempo para revisar el sorprendente nuevo álbum del tinerfeño Diego Hdez, Autotrophic Music.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

 

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Tracklist

1.-Cancer Moon: Tell Me The Secret

2.-Lagartija Nick: Déjalos sangrar

3.-Strange Fruit: Eternal

4.-Grupo de Expertos Solynieve: Colinas bermejas

5.-Proyecto Solaz: Sí a los chiringuitos

6.-The Strangers: Red

7.-Santacruz: Planta noble

8.-Guadalupe Plata: Hueso de gato negro

9.-Pájaro Jack: Ángeles

10.-Suomo: Pheromone

11.-Lost Twin: Coda

12.-Diego Hdez: Come The Summer

13.-Diego Hdez: Heisenberg

14.-The Hayhawks: Hey Mr. Man