El Podcast de La Ventana Pop (Programa 20)

Blas Fernández | 18 de diciembre de 2014 a las 5:00

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En esta ocasión arrancamos con una despedida, la del grupo Maga, que dice adiós tras una larga y fructífera trayectoria. Viento Smith, Neuman, Holögrama y The Suicide of Western Culture se nos cuelan en la agenda de conciertos, en la que destaca la fiesta del quinto aniversario del sello Happy Place Records, con conciertos, entre otros, de Pelo Mono y Pájaro.

Avanzamos los nuevos trabajos de Aurora, José González y Lentejas los viernes; descubrimos a Abrigo de Pelos, otro de esos francotiradores que están poniendo la escena electrónica andaluza al rojo vivo, y echamos el cierre con la noticia de la publicación en vinilo de Ojos de grafeno, de S Curro y Papa Wilson.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Maga: El gran final

2.-Aurora: Voces

3.-Neuman: All Your Life

4.-Pelo Mono: Sonido amazónico

5.-Pájaro: Dogo’s Walk

6.-Junip: Line of Fire

7.-José González: Every Age

8.-Viento Smith: El horizonte

9.-Lentejas los viernes: Patidifusa

10.-The Suicide of Western Culture: Remembering Better Times

11.-Holögrama: My Bicycle

12.-Abrigo de pelos: 1993

13.-Abrigo de pelos: Brunei

14.-S Curro y Papa Wilson: Experiencias cercanas a la vida

“Es más interesante ir despacio que hacer un pacto con el diablo”

Blas Fernández | 12 de diciembre de 2014 a las 5:00

En la imagen, Daniel Alonso. / Foto: Juan Carlos Vázquez

En la imagen, Daniel Alonso. / Foto: Juan Carlos Vázquez

Desde la publicación en marzo de 2013 de De palmas y cacería, su tercer álbum, Pony Bravo ha ofrecido un total de 69 conciertos. Mañana sábado ponen punto final a tan larga gira con una fiesta especial en la Sala X. Tras su directo, y para completar la noche, proponen sesiones a cargo de Lencería Fina & Bruno Lomasso, Gaspar Hauser, Ylia Beat y Perla.

–Después de 69 conciertos con De palmas y cacería, ¿todavía les hace falta ensayar?

–La respuesta es sí, como a cualquier grupo. Para que fluya el sonido, el ritmo, hay que ensayar.

–¿Algún recuerdo destacado de esta larga gira?

–Hubo un concierto en Galicia al que vino a vernos Julián Hernández, de Siniestro Total, que nos dijo que le había encantado y se lo había pasado pipa. Nos hizo mucha ilusión. Había que verles la carita a Darío y Pablo. Bueno, y a mí… ¡A todos! Que venga alguien a quien admiras y que te diga que molas… La verdad es que cada vez que vamos a Galicia es especial.

–¿Y en festivales?

–Recuerdo con cariño el de las fiestas del barrio de Gràcia en Barcelona, con una programación que organiza la gente del Heliogàbal, un pequeño bar y sala de conciertos que hace cosas estupendas.  Actuamos con la Orquesta del Caballo Ganador, el grupo de improvisación que tiene la gente de Za! Fue muy bonito, con un público muy de barrio y variopinto.

–Ahora se retiran de los escenarios para comenzar a trabajar en su cuarto disco. ¿Escucharemos algún tema nuevo en el concierto de mañana?

–No. El material nuevo aún está verde y no queremos enseñarlo. Queremos que este concierto sirva para despedirnos del repertorio de De palmas y cacería y concentrarnos ya en el nuevo.

–A diferencia de lo que ocurrió con los dos discos anteriores, con éste no han salido fuera de España. ¿Qué impresiones les llegan desde Hispanoamérica?

–A veces creo que hay algo de mitología entre grupos y mánagers: que si se puede ganar dinero, que si es una gran oportunidad… Nosotros nos quedamos con la experiencia de grupos amigos, que han ido allí en plan humilde y se han traído un bonito recuerdo. Desde luego, hay mucho público. Y si te fijas en el underground, un panorama musical cada vez más interesante.

–Se lo preguntaba porque pudiera dar la impresión, trabajando como trabajan, apostando por la autogestión y la edición de sus discos a través de licencias Creative Commons, de que hubieran llegado a tocar un cierto techo…

–Bueno, nunca hemos conectado con la manera de trabajar de las multinacionales y las grandes agencias de comunicación. Y tampoco nos ha llegado ninguna oferta, así que todo eso resulta demasiado utópico para mí. Tú le dices a una multinacional que editas con Creative Commons y lo flipan en colores. Para nosotros siempre ha sido más interesante ir despacio que hacer un pacto con el diablo. Sabemos por experiencia que es muy importante que la gente que te rodea en la gestión comparta tu filosofía. Además, dudo de que Pony Bravo pueda funcionar a un nivel masivo. Sí es cierto que a nuestros conciertos viene más público de lo normal y estamos muy contentos con eso, pero no estamos ganando ningún dineral.

–Pese a que, por ejemplo, la explotación comercial de Carmina o revienta, la primera película de Paco León, cuya banda sonora firmaron, les ha generado decenas de miles de euros en derechos de autor. Derechos retenidos por SGAE que, hasta la fecha, no han podido cobrar por no ser socios…

–Ahí estamos todavía, peleando para cobrar, pero ya sabemos cómo funciona SGAE. Nosotros no queremos ser socios de una organización así hasta que se limpie, pero es que también hay casos de gente que sí está asociada y tampoco está cobrando. Parece que tiene una deuda tan grande a partir de aquello de la red Arteria y el caso de corrupción que ni siquiera saben cuándo pagarán. Podemos hacer algunos cálculos, pero no sabemos ni cuánto nos tienen retenido. La opacidad, la falta de transparencia, es brutal en SGAE. Creo que no lo saben ni ellos. Unas veces te dicen que las cantidades están ahí y que se va a cobrar todo y otras que no se sabe. Pero vamos a seguir luchando. Cada vez hay más grupos que lo hacen, y creo que a poco que sigamos vamos a conseguir que SGAE se limpie y convierta en un organismo público. O en lo que haga falta, pero que sea transparente para todos y no se quede con el dinero de nadie. En una época en la que hacemos la declaración de la renta por internet y compramos online, ¿es normal que después de los conciertos todavía venga el tipo de la SGAE con un papel para que apuntes a mano los títulos de las canciones que has tocado?

Darío del Moral, Javier Rivera, Pablo Peña y Daniel Alonso: Pony Bravo. / Foto: Celia Macías

Darío del Moral, Javier Rivera, Pablo Peña y Daniel Alonso: Pony Bravo. / Foto: Celia Macías

De palmas y cacería fue el disco más político de Pony Bravo. Desde su edición, lejos de mejorar, la situación social ha empeorado. ¿Qué cabe esperar entonces de las nuevas letras?

–Sí, visto hoy, parece que De palmas y cacería se quedaba corto… Entre un disco y otro siempre hay algo de continuismo, pero con las letras nuevas estoy intentando darnos un poco de caña a nosotros mismos. La sátira política está bien, hay que señalar a los malos y ya es relativamente fácil hacerlo; pero todos somos un poco malos también. Bancos, políticos… Esos son los malos clásicos. Pero todavía hay mucho campo abierto, así que vamos a intentar apuntar para otro sitio. Y en realidad, la letra se termina con la música: hasta que no tiene música, no se clava el significado.

–¿Por dónde irá la música? ¿Continuarán, por ejemplo, aquellas exploraciones flamencas presentes en canciones como Turista, ven a Sevilla?

–Pues tenemos muchas ganas y estamos trabajando ya con gente distinta. En ese sentido, hay mucho por hacer y además es muy divertido. Creo que en toda España se ha asentado la importancia que el rock andaluz tuvo en cierta época, con esos grupos de referencia de los que siempre hablamos. Pero queda trabajo, incluso invisible. Hace poco hablaba con un amigo sobre Guadalupe Plata: en los temas que tienen en castellano, de pronto te acuerdas de aquella antorcha del blues flamenco que encendió Pata Negra. Ves ahora un concierto de Guadalupe y te das cuenta de que con el tiempo pueden llegar a eso, pero que no ha habido nadie que recogiera ese testigo. Incluso los propios grupos andaluces a veces hemos dicho ufff, no… O por la complejidad que tenía hacerlo, porque no es música fácil de hacer, o por inseguridad o por complejos. En los 90 parecía que nos daba miedo sacar el acento. De hecho, sigue pasando. El acento andaluz genera rollos extraños en otras zonas de España. Pero más que trabajar sobre el flamenco, lo que nos interesa es trabajar sobre la cultura que nos rodea. El flamenco es una parte, pero hay otras muchas cosas importantes. A ver qué sale.

–Hablando de Turista, ven a Sevilla, ¿qué sensación le provoca contemplar hoy la ciudad convertida en una suerte de extensión navideña de la Calle del Infierno?

–A mí, este rollo del emperifollamiento de Sevilla siempre me ha hecho gracia. Creo que está muy mal hecho, pero tenemos a esa parte de la población, más conservadora, la que igual que hace 200 años tiene sus negocios y su poderío, que ha conseguido organizarse mucho mejor que la gente normal. ¿Ve lo que ha ocurrido con el funeral de la Duquesa de Alba? La imagen que se ha dado me provoca vergüenza.

–Es llamativo, porque las estimaciones municipales apuntaban el paso de unos 70.000 sevillanos por la capilla ardiente. Eso vendría a representar un 10% de la población de la ciudad, que sin embargo proyecta en los medios una imagen de totalidad.

–Sí, es como una especie de proceso que va esculpiendo la imagen de Sevilla. Llevamos décadas y décadas de capillitas y de conservadurismo. Le tengo un cariño increíble a los pijos y me río con ellos. Somos primos hermanos. Pero no se tiene en cuenta que el modelo social de la ciudad está cambiando, que está despertando e intentando apoyar cosas más interesantes. Desde el Ayuntamiento, sin embargo, nos han metido en este modelo que para mí tiene un punto walking dead: el de una ciudad zombi. Es como con el fútbol, que hay todos los días. Pues Semana Santa, igual.

–Y mientras tanto, nos encontramos con una escena musical local exultante, que este año nos deja una cosecha fantástica…

–Cada año veo más grupos interesantes y que además están trabajando, luchando. Como decía antes, el conservadurismo crece, pero también lo hacen otro tipo de propuestas. No es sólo que los discos estén muy bien, sino que además la gente tiene ya muy buen nivel de organización para montar proyectos o espectáculos. Me refiero, por ejemplo, al trabajo que hace La Suite con Nocturama, o a las cosas que está editando la gente de Knockturne Records… La gestión cultural underground siempre ha sido un caos, pero ahora está a otro nivel: las cosas se organizan bien y funcionan, aunque no ganes mucha pasta. Pero además, no creo que esté pasando sólo en Sevilla. En realidad, están apareciendo buenos grupos por todos lados. Te fijas en los festivales, en los que sería normal que llamasen a grupos con un mayor tirón comercial, y al menos la mitad de su programación está formada por grupos arriesgados. Es cierto que en Sevilla, y cada vez más, la gente se ha puesto las pilas, porque o lo haces tú o no lo hace nadie, pero es general, está pasando en otras ciudades. Se nota mucho nivel.

Manuel León, pintor vinculado a Pony Bravo desde sus orígenes, presenta ahora una exposición en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Usted ha desarrollado una amplia obra gráfica, sobre todo en cartelería, que ya fue parcialmente expuesta la pasada primavera en Séte (Francia) dentro de la muestra colectiva Fin de fiesta à Séville, comisariada por Curro González. ¿No hay visos de exponer en su propia ciudad?

–Bueno, han salido algunas ofertillas, pero lo que me apetecía en estos años era acumular esa obra y tomarme en serio lo de exponer. Quería tener un fondo más trabajado. Para este año quiero hacerlo, una exposición que reúna todo lo hecho durante este tiempo.

–Como usted mismo dice, “siempre hay proyectos alrededor del Pony que valen la pena, aunque se gane menos”.

–Sí. Ahora estoy trabajando en la producción del nuevo disco de Niño de Elche. Y además, estoy colaborando con el bailarín Juan Luis Matilla en un solo, Boh, un espectáculo nuevo de Mopa Danza que se estrenará en el Teatro Central en enero. Es el tipo de colaboración que siempre he hecho con la compañía: ideas, algo de música, vídeo, diseño… Somos un equipo, y ahí andamos, montándolo.

Viaje al espacio interior

Blas Fernández | 7 de diciembre de 2014 a las 5:00

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silver_globe_cover_blogThe Silver Globe
. Jane Weaver.
Rock / Psicodelia. Finders Keepers Records. LP / CD / DD

Sorpresa mayúscula: Jane Weaver (Liverpool, 1972) pasaba hasta la fecha por ser otra voluntariosa integrante del nutrido pelotón de cantautoras folkies británicas con origen en el pop -dicho sea sin ánimo de menospreciar, en ningún caso, discos tan hermosos como Cherlokalate (2007)-, y aunque ya nos había dejado algunas pruebas de su gusto por las escapadas hacia los espacios siderales -las más claras, quizás, en su anterior entrega, The Watchbird Alluminate (2011)- difícilmente podríamos aventurar entonces la inmersión en el space-rock, plena y sin paliativos, que ahora nos propone en The Silver Globe.

Integrante durante su juventud de la banda Kill Laura, pocos años después de la separación del grupo, a mediados de los 90, ya tenía listo un álbum en solitario. El proyecto, dirigido por Rob Gretton -representante de Joy Division y New Order, además de propietario del célebre club mancuniano The Haçienda-, resultó sin embargo abruptamente truncado tras la muerte de éste en 1999. Se resarciría por partida doble: en 2002, con su primer disco firmado con nombre propio, Like An Aspen Leaf; en 2003, con el único largo de la efímera formación Misty Dixon, Iced To Mode.

Para entonces, en plena y justa reivindicación del folk británico de los 60 y primeros 70 -éste último, inevitable y gozosamente contagiado por los efluvios psicodélicos de la época-, nuestra protagonista ya había pasado a formar parte del entramado de sellos discográficos nacidos al amparo de Twisted Nerve Records: Finders Keepers, básicamente centrado en reediciones, y Bird, comisariado por la propia Weaver y, en su mayor parte, consagrado a cantantes folk femeninas.

weaver_blog_2Con tanto ajetreo, habría que esperar hasta 2005, con Seven Day Smile, para que la vocalista y compositora entrara en una fase de producción más o menos estable. En esa misma estela folkie es donde se enmarcan sus siguientes títulos, con The Fallen By Watchbird (2010) entre los ya mencionados Cherlokalate y The Watchbird Alluminate, amén de algunas piezas para audiovisuales -el cine de ciencia-ficción es una de sus pasiones confesas-. No obstante, y superados ya los 40 -aprovechó bien el tiempo, como atestigua su currículo-, se diría que es justo ahora cuando llega el gran momento de Jane Weaver.

The Silver Globe toma su título de la casi homónima película On The Silver Globe (Na srebrnym globie, 1988), cinta del realizador polaco Andrzej Zulawski, sin duda bien conocido por el sector cinéfilo de lectores de esta página, en la que un reducido grupo de astronautas abandona la Tierra con la intención de crear en otro planeta una civilización más libre. Huelga decir que, tratándose de humanos, el aventurado proyecto termina en fracaso. Pero a diferencia del de aquellos desdichados, el de Jane Weaver parte y atraca en buen puerto (espacial).

Con dos imponentes canciones de apertura hilvanadas tras una breve introducción -Argent, ocho hipnóticos minutos con pulso e impulso motorik por los que se cuela un solo de saxo de Steve Braund, integrante en los 70 del oscuro grupo de cosmic-rock australiano Cybotron; y The Electric Mountain, pieza de psicodelia afilada y cortante con sample de Hawkwind incluido-, The Silver Globe no baja la guardia a lo largo de su decena de títulos, por los que pasean colaboradores tan ilustres como el productor y músico David Holmes, entre otros, y referencias más o menos veladas a Can, Gong, el Caetano Veloso de la era hippy y, en definitiva, una numerosa nómina de influencias igualmente extraterrestres. Todo ello, componente primordial como espléndido contrapunto al vasto despliegue instrumental, servido con la dulce y poderosa voz de la Weaver como faro y guía a través de las insondables profundidades de nuestro espacio interior.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 19)

Blas Fernández | 4 de diciembre de 2014 a las 5:00

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Arranca esta nueva entrega de El Podcast de La Ventana Pop con el anuncio de punto final a sendas, largas y exitosas giras, las de Pony Bravo y León Benavente, ambas con despedida especial en Sevilla. Pero mientras unos se retiran a sus cuarteles de invierno en busca de descanso e inspiración, otros, como Manos de Topo, salen justo ahora a la carretera para presentar sus nuevas canciones -Caminitos del deseo hará escalas en Granada y Málaga- o mantienen el motor en marcha y bien revolucionado -Delorean en Málaga y Soleá Morente en Sevilla-.

También escuchamos el nuevo y sorprendente álbum de la británica Jane Weaver, The Silver Globe, recomendamos el siempre excitante recopilatorio navideño de Foehn Records con Poomse y I Am Dive, recalamos en el Saudade de Burdeos y seguimos descubriendo cortes de The Mist, el flamante disco de Lost Twin.

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Tracklist

1.-Pony Bravo: Turista ven a Sevilla

2.-Manos de Topo: Los fantasmas de tus agujeros

3.-León Benavente: Las ruinas

4.-Delorean: Dominion

5.-Jane Weaver: Argent

6.-Jane Weaver: The Electric Mountain

7.-Poomse: The Kingdom of Death

8.-I Am Dive: Wolves

9.-Burdeos: Your Yellowback

10.-Lost Twin: Ego Hunter

11.-Soleá Morente y Los Evangelistas: Si tú fueras mi novio

Esplendor en la niebla

Blas Fernández | 30 de noviembre de 2014 a las 5:00

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Quizás cuaje la fácil impresión de que Lost Twin, el alias tras el que se esconde Carlos R. Pinto (Alcalá de Guadaíra, 1986), surge de esa misma neblina a la que alude el título de su disco The Mist (Squaring The Circle, 2014), editado estos días en translúcido vinilo verde y descarga digital. Sin embargo, nuestro hombre ya había rodado lo suyo antes de desembocar en el que bien pudiera ser considerado uno de los más imponentes y emocionantes trabajos de música electrónica del año que acaba. “Empecé haciendo bases instrumentales para raperos -recuerda-. Lo primero que edité fue una canción para el segundo disco de Tote King, en el 2006, creo. Antes había grabado algunas maquetas con otro nombre, Neo, y hecho cosas para gente de aquí o de fuera de Sevilla, como Elphomega. Pero allá por 2008 decidí hacer mi propia música instrumental. Sentía la inquietud de comprobar si podía funcionar sola, sin necesidad de tener detrás a un MC. Saqué una maqueta, La visión, todavía como Neo, y comprobé que sí, que más o menos funcionaba. A partir de entonces me lancé”.

Licenciado en Bellas Artes tras su paso por las universidades de Sevilla y Barcelona, su trabajo como Neo llamó la atención de un pequeño sello de Brighton, Throw Some Shapes, y en un brillante alarde de juventud, decidió mudarse a la ciudad inglesa. “Entonces todavía vivía en Barcelona. Me propusieron hacer un concierto en Brighton y fui para allá con mis dos compañeros de piso. Nos encantó la ciudad -explica evocando su decisión-. Coincidieron varias cosas: se nos acababa el contrato de la casa en Barcelona, mis dos compañeros terminaban la carrera y yo tenía trabajo, pero no me gustaba demasiado… Así que fue, bueno, vámonos a la aventura. Y nos fuimos en tropel: los tres compañeros de piso más un amigo de mi pueblo. Al principio fue duro, cinco tíos en la misma casa, por no decir en la misma habitación. Empecé a hacer bolos, pero pronto me di cuenta de que los del sello no eran gente, digamos, muy seria. Me vine un poco abajo, pero encontré trabajo como diseñador, me desvinculé del sello y recuperé las ganas. La verdad es que el tiempo que estuve allí, cuatro años, fue bastante productivo. El clima es tan desapacible que la mitad de los días no tienes ganas de salir. Eso favorece el encierro y trabajar mucho en casa. Hice mucha música allí”.

Instalado de nuevo en Sevilla, Carlos se trajo de Brighton, amén de mucha música, otras cosas importantes: su propio trabajo -ahora vía telemática para la misma firma británica-, cierto reconocimiento -entre otras, llegó a ser incluido en una de las recopilaciones del locutor y DJ Gilles Peterson- y una agitada perspectiva artística. “Su contexto es muy musical. La música está en el ADN británico -considera-. Te puedes ir a comer a un restaurante y está sonando MF Doom. No te imaginas eso tomándote una tapita por aquí, no. Y no está bien ni mal, son realidades culturales distintas: allí parece que todo el mundo tiene un grupo, que todo el mundo pincha… Aquí estamos más segregados. Hay mucha gente haciendo cosas, pero no existe ese feeling de escena. Por eso te da tanta alegría cuando conoces aquí a alguien que hace música, mientras que allí es Oh, vaya, ¿tú también?”.

Entre la ida y la vuelta perfiló Lost Twin el carácter onírico, por momentos psicodélico, que conduce a la música de The Mist, dejando como pruebas por el camino los álbumes digitales Birds (2012) y Twin Talk (2013) y un epé con edición física en vinilo como parte del trío Spaced Out Family. Es música lejanamente enraizada en el hip hop -siempre hay un punto de partida-, incluso identificable bajo aquella etiqueta de hip hop abstracto acuñada hace años, aunque quizás simplemente se esté dejando llevar por esa larga y bendita corriente de experimentación ensoñadora en la que ahora navegan buques tan distintos y distinguidos como Flying Lotus o Boards of Canada. “Pero si ni siquiera escucho ya tanto a Flying Lotus… -se revuelve entre risas-. Ese sambenito me lo tengo que quitar. Bueno, es normal, es un tío muy notorio e influyente, pero pocos se acuerdan de Doseone, el productor de Clouddead, o de otra gente que ya estaba haciendo antes ese hip hop abstracto que luego él popularizó. Aunque estén distantes, mis raíces siguen en el hip hop. De hecho, sigo trabajando con MC’s y me gusta hacerlo. Sobre todo, con los que se prestan a colaborar. No hay demasiados grupos en los que uno de los miembros sea el productor y, desde el minuto uno, pueda hacer las indicaciones que quiera, donde si el MC te dice quítame ese bombo de ahí, tú puedas contestarle vale, pues tú quita esa letra, que esto no cuadra. Falta esa conexión total que pocos grupos han conseguido. Recuerdo una colaboración que hice con Agorazein, Erik Urano y Zar 1, y lo tenían muy claro. Trabajaban así, dando mucho peso al productor en la creación del disco y buscando el consenso entre éste y los MC’s. Pero creo que no hay demasiada gente que lo haga así, la verdad”.

Foto: Josué García

Foto: Josué García

Ése, en la historia del hip hop, es un sangrante caso de protagonismo destronado: el género nace de los platos del DJ -equivalente entonces al productor de hoy-, pero cambia de líder visible en su rápida y, finalmente, abrumadora reconversión lírica. Aunque nunca faltaron rebeldes; gente que, como Carlos, se preguntaba qué pasaría sí… “Le tengo un enorme respeto a Hippaly, que estaban haciendo cosas maravillosas cuando yo todavía me comía los mocos -apunta del grupo sevillano de los últimos 90, pionero y responsable de dos trabajos sorprendentes, El SURco responde al silencio (1997) y H2000: Una odisea en el surco (2000)-. Hubo una época fantástica, a finales de los 90, cuando empezaron a salir discos de electro como el de Biyi… Pero lo de Hippaly fue una especie de oasis. Luego nadie continuó su legado, aunque llegaron a llamar la atención de sellos como Ninja Tune. Estaban haciendo esto y lo estaban haciendo aquí. Cuando ellos se fueron, esa escena de hip hop instrumental se quedó medio vacía. Tuvieron mucho más peso los grupos de rap, digamos, convencional, con mayor protagonismo de los MC’s que de los productores. No es un resurgimiento, porque siempre han estado ahí, pero creo que de unos años a esta parte sí que vuelve a valorarse más. Aunque a menudo esté en la sombra, creo que la figura del productor, y me van a machacar por esto, es al menos el 75% de un tema de rap. La música es el armazón que sostiene al MC. Si eso no está bien, resulta inaudible”.

La musicalidad de The Mist, es de hecho, uno de los factores clave en la sugerente experiencia de su escucha. Son ocho cortes, con los que Lost Twin toca las teclas exactas que activan la fascinación del oyente. “No es algo que me plantee, aunque agradezco que me lo digan -confiesa sobre la turbadora capacidad de sus piezas-. Creo que lo que sí he hecho siempre es darle importancia a la melodía. Tuve formación clásica, estudié piano durante varios años. Mi padre es intérprete de música antigua. De hecho, en mi familia hay varios músicos. En casa siempre se ha escuchado mucha música clásica, pero también a Michael Jackson y The Beatles, de los que sigo siendo muy fan. No sé si ese componente melódico, el darle tanta importancia, viene de ahí. Tampoco sé si es la melodía la que transmite esa sensación de emoción. También está el factor de la intensidad, que procuro trabajar a fondo. No me gusta que los temas resulten planos, sino que tengan su desarrollo, que haya crescendos y diminuendos. No es algo premeditado, pero acaba saliendo”.

Llegados a este punto, conviene aclarar que su padre es Juan Carlos Rivera, reputado laudista y tiorbista sevillano, catedrático de Instrumentos de Cuerda Pulsada del Renacimiento y Barroco en el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo, amén de director del conjunto Armoniosi Concerti. Y puestos a buscar conexiones familiares en el rock, también saltan en cercanía: Carlos es primo de Miguel Rivera, guitarrista de Maga. En semejante contexto, las afinidades insospechadas se explican mejor: ¿Qué ocurre con esa innegable filiación psicodélica de su propuesta? “Tuve una época, bueno, en realidad la sigo teniendo, de absoluta obsesión con la psicodelia, el rock progresivo, el jazz… -cuenta-. Cuando empezamos a hacer el disco de Spaced Out Family creo que, de hecho, sólo escuchaba psicodelia, sacando samples todo el rato de discos rarísimos. A parte de todos los que tenía, me bajaba de SoulSeek los discos más raros que encontraba. Es un género que siempre me ha gustado mucho, quizás también por influencia de The Beatless. Siempre me ha gustado la música que tiene ese punto onírico, los estados alterados de consciencia…”.

En The Mist se cuelan, además, dos llamativas colaboraciones. En Ego Hunter pone la voz Nimio, cantante australiana residente en Madrid, integrante del grupo Boat Beam y autora de un recomendable epé producido por el barcelonés bRUNA. “Me propusieron hacer una remezcla de ese disco y ahí nos conocimos. Quería una colaboración vocal para Ego Hunter y se lo propuse a ella -dice Carlos-. Fue increíble. Le mandé una demo y me contestó con tres o cuatro ideas diferentes en su intencionalidad, perfectamente grabadas. Al final acabé pillando trozos de una y de otra. Fue muy profesional y encantadora”. También aparece, en Coda, el dibujante gaditano Paco Alcázar transmutado en Van Delay, uno de los alias que utiliza en esa otra vertiente suya, menos aireada que su labor en el cómic. “Lo conocí de una manera casual. Sabía que aparte de Humbert Humbert y otros grupos tenía un bandcamp de su propio sello, Mal Amigo, con treintaytantos discos de diferentes estilos, todos grabados por él bajo diversos nombres -cuenta-. Yo había puesto Twin Talk en mi bandcamp en descarga gratuita, pero él lo compró. Le escribí preguntándole si era el Paco Alcázar dibujante, tío, que tengo todos tus cómics, y a partir de ahí nos hicimos amigos”.

Algunos apuntes extra

Rap y rock en Sevilla: vivir de espaldas

“No sé por qué… Te encuentras con gente como I Am Dive, que tienen una mentalidad muy abierta, pero sí es cierto que la escena de rock, que aquí es amplia y buena, y la escena de rap siempre han estado un tanto separadas. En general, y sobre todo con el boom que hubo aquí con el hip hop, creo que la de los rappers era una escena un poco sectaria, de nosotros para nosotros. Era como eso de encontrarte a chavales en los conciertos que te decían yo sólo escucho rap español, el americano no lo entiendo. Pero tío, ¿qué dices? No lo comprendo muy bien, la verdad, porque además creo que el rap es ideal para fusionarse con todo. Está en su propio origen: nace del collage, de coger loops de discos ya grabados. Es una música posmoderna, basada en el apropiacionismo. Yo nunca he tenido ese tipo de complejos: cuantas menos barreras tenga la música, cuanto más se influyan las diferentes escenas, mejor”.

Spaced Out Family

“Somos tres tíos de mi pueblo. Es la gente con la que empecé a hacer maquetas. Nos conocemos desde los 13 ó 14 años. En Alcalá había varios grupos de rap y terminamos conociéndonos todos. Nos juntábamos los tres para producir las bases que luego iban a servir a nuestros colegas MC’s, hasta que llegó un momento en el que dijimos cómo mola quedar los tres sólo para producir. Y seguimos haciéndolo, así que decidimos grabar un epé instrumental. Le comenté la idea a la gente de Squaring, escucharon las demos y les gustaron, así que decidieron sacarlo. Estoy muy contento con ese disco, pero fue un poco caótico. Son seis temas y tardamos en hacerlo tres años. Empezamos a trabajarlo cuando todavía vivíamos en Alcalá, pero luego dos tercios del grupo nos mudamos a Inglaterra, así que teníamos que seguir enviándonos las pistas por correo electrónico. Fue un follón hacerlo, pero quedó guay, hay buenas ideas ahí”.

Opinión paterna

“Pues creo que le gusta. Siempre me ha asustado un poco enseñarle mis cosas, es un tío que se pega seis horas de estudio diarias, pero le puse algunas cosas del disco y le gustaron. Que mi padre respete la música que hago me da subidón”.

¿Cuándo en directo?

“Estamos pensando en organizar algo en Sevilla a comienzos de marzo, una vez que haya tenido tiempo de preparar los temas nuevos para el directo. Este año he acabado teniendo uno o dos bolos al mes, así que, con el curro y la composición, no me ha quedado demasiado tiempo para los ensayos. Teníamos la idea de hacer un showcase con todos los grupos de Squaring The Circle. Que además de Lost Twin también tocara Spaced Out Family, que nunca hemos dado un concierto en Sevilla, Nasser Wahab, The Archive… Lo estamos preparando. Espero que merezca la pena”.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 18)

Blas Fernández | 20 de noviembre de 2014 a las 5:00

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Arranca esta nueva entrega de El Podcast de La Ventana Pop con los gaditanos Homeless, a punto de poner en circulación su primer álbum, La ciencia lo sabe. Nuevos y flamantes son tambien los discos de los sevillanos Lost Twin (The Mist) y Montgomery (It’s Happening), al igual que el del gaditano afincado en Granada Holögrama (Waves). Felicitamos a Music Komite, ganadores del Villa de Bilbao en la categoría de electrónica, y, cómo no, hablamos de conciertos, lo que nos da pie para escuchar a los desaparecidos Surfin’ Bichos, Burrito Panza, Santa Cruz, Kiko Veneno & Martín Buscaglia, Chencho Fernández, Royal Mail y Éter.

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Tracklist

1.-Homeless: Como las sombras

2.-Surfin’ Bichos: Vive el peligro

3.-Burrito Panza: El paciente tranquilo

4.-Montgomery: You Love Bolero

5.-Montgomery: She is Running

6.-Music Komite: I War You

7.-Lost Twin: Acuario de plantas

8.-Lost Twin: The Tides

9.-Holögrama: In Your Head

10.-Santa Cruz: El milagro

11.-Kiko Veneno & Martín Buscaglia: Cuando

12.-Chencho Fernández: Este matrimonio no casa

13.-Royal Mail: Royal Game

14.-Éter: Quebrantahuesos

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 17)

Blas Fernández | 6 de noviembre de 2014 a las 5:00

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El Podcast de La Ventana Pop presta en esta ocasión atención a los conciertos que animarán las noches de la XI edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, actuaciones protagonizadas, entre otros, por Silver Apples y Cosmen Adelaida. Más directos: María Rodés trae María canta copla a Sevilla y Málaga; Bajo un cielo prehistórico, el álbum de homenaje a The Church, celebra su publicación con una fiesta de altura; los almerienses Monte Terror presentan su primer trabajo en Granada y los añorados Luna anuncian que recalarán en Cádiz dentro de la gira española de reunión de la banda diez años después del anuncio de su disolución. En el mismo ciclo, Rock en la UCA, veremos también a Hi Corea! y I Am Dive.

Escuchamos Expanded, el álbum en vivo de These New Puritans, y un par de canciones del segundo y delicioso trabajo de los sevillanos The Rosquettes, Frothy Songs. Echa el cierre Miraflores, espontáneo conato de viral en redes sociales.

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Tracklist

1.-Silver Apples: Oscillations

2.-Cosmen Adelaida: Viento de invierno

3.-María Rodés: Tres puñales

4.-Andy Jarman y Jesús Bascón: Lousiana

5.-Luna: 23 Minutes in Brussels

6.-Hi Corea!: Sacred Place

7.-I Am Dive: Black Times

8.-These New Puritans: Organ Eternal

9.-Monte Terror: Superplagio

10.-The Rosquettes: Moles, fruits and vegetables

11.-The Rosquettes: You Run Faster Than a Cow

12.-Miraflores: Drowning by Stars

“Me metí en la copla sin conocer casi nada y descubrí maravillas”

Blas Fernández | 3 de noviembre de 2014 a las 5:00

Foto: Jordi Musquera

Foto: Jordi Musquera

Entre otros trabajos, María Rodés (Barcelona, 1986) ya había editado dos discos con nombre propio antes de descolgarse a comienzos de este año con un álbum inesperado, María canta copla, en el que lleva a su terreno –rock de carácter intimista y con cierto gusto juguetón a la hora de experimentar con los sonidos– un imponente listado de clásicos del género. En breves fechas lo presenta en directo en Sevilla y Málaga.

–¿Cuál fue el origen de María canta copla?

–Hará como seis años, tenía la idea de grabar un disco de versiones de canciones que se hubieran hecho populares gracias a antiguas películas americanas y que me provocaban cierta nostalgia. Temas como Moon River o Qué será, será… Pero esa idea se me pasó, la olvidé. Al cabo de un tiempo, cuando me volvió a la cabeza, pensé en recuperar el proyecto, pero llevándolo al cine español. Llegué al Ay pena, penita pena de Lola Flores y terminé decidiendo hacerlo con copla. Empecé a escarbar y a investigar, a adaptarlas.

–¿Por qué? ¿Descubrió una mina?

–Había oído la canción de Lola Flores años antes, claro, pero no con atención. Cuando lo hice y me fijé en la letra, en su interpretación, cogí la guitarra e hice una adaptación casera. Me gustó el contraste de llevar a un plano más íntimo estas letras tan vividas y desgarradas. La idea me hizo gracia. Me metí en la copla sin conocer casi nada y fui descubriendo pequeñas joyas, maravillas. Y también canciones que no me gustaban tanto, claro.

–Es curioso: un género a menudo denostado a la ligera que experimenta una reivindicación permanente desde, al menos, la década de los 80…  

–No tenía controlado ese asunto, la verdad. Había escuchado algo de Concha Buika, que me pareció que tenía una supervoz, pero no conocía mucho de otros proyectos que hubieran versionado copla.

–¿Qué comentaron en su entorno musical cuando lo anunció?

–Bueno, se quedaron sorprendidos. “¿Pero en serio? ¿Versiones de copla?”. Supongo que luego lo fueron asimilando [risas]. Nadie esperaba que hiciera un disco de copla, así que la reacción fue de sorpresa.

–¿Prejuicios?

–Creo que la mayor parte de mis amigos o incluso de la gente de mi generación no sabía bien ni qué era la copla. Les sonaba, sí, pero nada más. Como yo misma. Hay una gran ignorancia respecto al género entre quienes no han tenido contacto con él a través de sus padres, quienes no lo han mamado desde pequeños. Ni siquiera van a poder distinguirlo de una ranchera o de un cuplé. Al menos a mi alrededor, hay una gran ignorancia al respecto.

–¿Y cuál fue la reacción cuando por fin lo escucharon?

–Creo que la sensación, al menos entre algunas personas, fue de “Ostras… La copla no me gustaba, pero así…”. Supongo que hago un poco de puente para gente que no le había prestado atención, quizás por el envoltorio, por la instrumentación que se hizo del género o por el dramatismo con el que suele cantarse.

–Y ahí descubren esos fantásticos originales, sus textos, sus arreglos…

-Sí. Yo flipé. Sobre todo con las grabaciones más antiguas, canciones cantadas por Imperio Argentina, como El día que nací yo. La versión de Imperio me parece preciosa, con unos arreglos inmejorables. Conecté mucho más con el material más antiguo. Y de las letras ya, no te digo… Es realmente un género que, al estar tan estigmatizado, pasa muy desapercibido si no ha estado presente en tu entorno familiar. Y es una pena, porque es una parte muy importante de nuestra cultura.

–Y, sobre todo en aquella época primeriza, establece una disciplina de trabajo en equipo luego casi inédita en la historia de la música popular española: grandes escritores trabajando codo con codo con compositores, arreglistas…

–Sí, esto también me llamó la atención. Esa división del trabajo no se ha perdido del todo, aunque ha quedado relegada al mainstream, al producto más comercial. Combinar el fuerte de cada artista era un acierto. Ahora tiene que hacerlo todo uno mismo, cuando puede que dividido saliera mejor.

–Cuando hablamos del ámbito musical independiente, el término repercusión siempre es relativo. Aun así, ¿la esperaba?

–La verdad es que no me esperaba nada. Yo lo hice así como un poco inconscientemente, y fue cuando lo terminé cuando me di cuenta de que había hecho un disco de copla. “Ostras, y si ahora se me echan encima…”. No me esperaba la repercusión, pero entiendo que al ser un disco de canciones que pueden tocar fibras nostálgicas pueda tener más cobertura que los anteriores. Entiendo que tenga algo más de proyección, pero no me esperaba nada.

–Incluso la pone en una situación un tanto difícil: y ahora, ¿qué?

–Ja, ja… Indiferente no te deja, no. Haré otro disco propio. Me encanta cantar y arreglar, pero también componer. Así que ya estoy trabajando en el nuevo disco.

–¿Se filtrará en él algo de lo aprendido?

–Seguro. De hecho, alguien ya me dijo el otro día de una nueva canción que sonaba a… ¡copla! Puede ser. A nivel armónico seguro que hay algunos guiños.

–¿Ha notado que haya cambiado el público de sus conciertos?

–El que venía antes sigue ahí, aunque a veces también me encuentro a gente más mayor que quizás piensa que voy a tocar coplas de verdad, en su estilo original. Me ha pasado, gente que viene un poco confusa, a ver qué hace ésta con las coplas… Y, sorprendentemente, les gusta. Es bonito cuando pasa, porque de alguna forma estás acercando a gente más joven, o de un gusto más alternativo, a un estilo tradicional, y a la vez, acercas a un estilo de música distinto a gente que no hubiera escuchado jamás mis discos anteriores. Está bien esa comunión.

–¿Y dónde ha quedado el proyecto de canciones del cine clásico americano? ¿Lo recuperará?

–No lo sé. Me cuesta un poco cantar en inglés, me siento extraña. Antes lo hacía, pero cuando empiezas a cantar en tu lengua, en catalán o en castellano, cuesta más oírte en idiomas que no son el tuyo. Al menos a mí me chirría un poco. Pero nunca se sabe, puede ser.

–No sé qué puede tener de coincidencia, pero en pleno auge del movimiento soberanista catalán, dos músicos catalanes de rock, usted con María canta copla y Jose Domingo con Almería, graban sendos discos con innegables raíces populares españolas…

–Supongo que coincidencia tampoco debe ser, pero no hay una intención política detrás. Soy bastante escéptica en este sentido, en cuanto al ámbito político, me refiero. No me decanto demasiado, estoy en un territorio un poco… extraño. Supongo que como mucha gente. En María canta copla también quise incluir temas en catalán. Cuando no tenía ni idea del asunto pensé que igual había coplas en catalán. Di con algún cuplé, pero no me gustó mucho, así que no lo metí. Para mí, el discurso de evitar los prejuicios, porque la cultura es libre, siempre está ahí. Al final es música, da igual de dónde sea. No hay una intención concreta, pero si te pones a analizarlo, seguro que algo tendrá que ver, aunque no sea algo consciente. Al menos en mi caso.

–Ya. Eso es justo lo que llama la atención, que no sea un mensaje concreto. Más bien, la constatación de la asimilación natural de una cultura compartida.

–Sí. Y también puede que haya por detrás una tendencia, en general, a llevar la contraria. Conociendo a Jose tampoco me extrañaría. “Ahora que todo el mundo dice esto, pues yo voy a hacer un disco así” [risas]. Es provocar un poco, pero sin posicionarse. Simplemente por cuestionar, porque sí.

María Rodés actúa el viernes 7 en Sevilla (Sala Malandar) y el sábado 8 en Málaga (Velvet Club).

Silver Apples, plato fuerte en Los conciertos del SEFF

Blas Fernández | 30 de octubre de 2014 a las 12:00

Puede que la expresión banda de culto esté sobreexplotada (casi seguro); puede que su uso debiera, en justicia, quedar limitado a casos como el que nos ocupa: Silver Apples.

El grupo neoyorquino -en concreto, el único componente vivo del dúo original, Simeon Coxe- será en esta edición el nombre más llamativo en la programación de Los conciertos del SEFF, que por tercer año consecutivo llenará de música las noches del Festival de Cine Europeo de Sevilla, entre el 7 y el 15 de noviembre, proponiendo actuaciones con acceso gratuito en el Casino de la Exposición y la Casa Palacio Monasterio (Amor de Dios, 18).

Pero volvamos al caso Silver Apples… Su primer álbum y homónimo álbum es de ésos que ponen a prueba la incredulidad del oyente al constatar el año de su de edición: 1968. Apenas se han disipado los calores del verano del amor, pero el hippismo ya recibe respuestas mordaces dentro del ámbito rock. Frank Zappa publica We’re Only In It For The Money y The Velvet Underground -con un Lou Reed que, por cierto, no puede ni ver a Zappa- revela en blanco y negro saturado, con White Light/White Heat, la foto su ciudad.

Simeon Coxe, en una imagen reciente.

Simeon Coxe, en una imagen reciente.

La música que entonces facturan Coxe y Danny Taylor en ese mismo Nueva York de la Velvet apenas comparte presupuestos estéticos con unos y otros -queda más cerca de la andanada krautrock que ya se fragua en Alemania-, pero sí mantiene idéntico compromiso por sacar los pies del tiesto. Coxe se encarga de las voces y la protocacharrería tecnológica que él mismo fabrica; Taylor, por su parte, extiende desde su batería patrones rítmicos tan reiterativos como hipnóticos. Estamos ante una suerte de exponente temprano, tempranísimo, de electrónica experimental aplicada a la música pop (también de punk sin guitarras, según se mire).

Silver Apples es un disco fascinante, pero también difícil. Su impacto en el mercado es relativo, aunque al igual que la segunda entrega del dúo, Contact (1969), deja huella profunda en posteriores generaciones de músicos de rock y electrónica. La abrupta desaparición de la banda añade además para no pocos seguidores un atractivo plus de malditismo: un tercer álbum ya grabado se queda en el cajón cuando la compañía que edita sus trabajos, Kapp Records, es comprada en 1970 por MCA. La decepción, y quién sabe qué más, conduce hacia una inminente disolución.

Tuvieron que llegar los 90, y la reivindicación de su escueta discografía por parte de no pocas luminarias -entre otros, Portishead, Beck o Stereolab-, para animar a Simeon Coxe a reinventar la franquicia. Sin Taylor, acompañad ahora por Xian Hawkins y Michael Lerner, lanza en 1996 el sencillo Fractal Flow, anticipo de lo que sólo un año después será todo un álbum, Beacon, con escaso material nuevo y llamativas reinterpretaciones de cortes antiguos.

En 1998 la reactivación de Silver Apples funciona a pleno rendimiento: publican un nuevo disco, Decatur; aparece A Lake of Teardrops, una colaboración entre Coxe y Spectrum, alias del ex Spacemen 3 Pete Sonic Boom Kember, discípulo confeso, y se rescata The Garden, aquel álbum inédito del 70 facturado por el dúo original. Sin embargo, cercano ya el fin de año, Coxe sufre un accidente de tráfico con graves resultados, incluidas lesiones en la espina dorsal.

Taylor falleció en 2005 de un ataque al corazón, pero para entonces Simeon Coxe, ya recuperado, había vuelto a poner en pie el proyecto con un perfil bien diferente: no importan ahora tanto los discos como las apariciones puntuales en conciertos que reviven, pese al paso del tiempo, aquella música avanzada a su época.

En la imagen, John Gray.

En la imagen, John Gray.

La actuación de Silver Apples -el jueves 13 a las 00:30 en la Casa Palacio Monasterio con sesiones de DJ a cargo de Aramburu y Vidal Romero- es el plato fuerte de Los conciertos del SEFF, pero obviamente no es plato único. Por el mismo escenario pasarán, complementados por diversos discjockeys, Fabuloso Combo Espectro (día 9), Los Quiero y Beautiful Señoritas (día 10), Pablo Und Destruktion y Frank Berjim (día 11) y Disco Pantera (día 12), este último singular proyecto armado por un hiperactivo Paco Loco, el ex Australian Blonde Pablo Errea y los ex Ledatrés Esteban Perles y Patricio Espejo en torno al material inédito de tres bandas desaparecidas e ignotas: Antenna, Park Cheese y Fleeman. Claro, que usted comulgue con semejante historia sólo depende de su ingenuidad o de sus ganas diversión.

En el otro escenario del ciclo, el Casino de la Exposición, y de nuevo con complementarias sesiones de DJ, veremos a Aurora & The Betrayers (viernes 7), al canadiense Sid Le Rock -penúltima encarnación, tras alias como Pan/Tone, de Shelbono del Monte- acompañado por los locales Lumineón (día 8), a los madrileños Cosmen Adelaida y los sevillanos Blacanova (viernes 14) y, finalmente, al madrileño John Gray (día 15), muy recomendable en su explosiva mezcla de R&B y electrónica visto lo visto, y oído lo oído, tras su paso por el reciente Monkey Week. Gray, además, contará con el cierre de un DJ muy particular, el donostiarra Javi Pez (o DJ P3z), un histórico de la electrónica nacional con sabores negros, remezclador ocasional de algunas exquisitas propuestas del pop español de las últimas décadas e integrante de proyectos tan atractivos como Parafünk e Instrümental.

Enhorabuena a los cuatro

Blas Fernández | 26 de octubre de 2014 a las 5:00

Foto: Álvaro Soto

Foto: Álvaro Soto

perspectiva_blogPerspectiva caballera. Sr. Chinarro. VEEMMM. Pop. CD / DD

Seguidores de largo recorrido de Antonio Luque manifiestan un indisimulado alborozo: se ha corrido la voz de que en Perspectiva caballera, décimo quinto álbum de Sr. Chinarro, vuelve el músico sevillano a la oscuridad y el cripticismo, a los modos y formas de su primera etapa –en justicia, tan dilatada y con títulos tan distintos entre sí que agruparlos bajo un mismo epígrafe daría tanta grima como rimar con tiempos verbales– y ya tenemos el rumor convertido en argumento para un considerable porcentaje de reseñas y hasta en eje principal de entrevistas varias. Entrevistas, por qué no, en las que incluso el propio entrevistado da la razón a los sucesivos entrevistadores, que olvidan, sortean  o ignoran la nunca caprichosa inclinación del personaje a decir mañana Luque donde hoy digo Antonio. Así que, más allá de la perezosa y proverbial inercia tan propia del gremio, ¿hay base firme para sustentar semejante coincidencia de opiniones? Francamente: yo no la aprecio.

Tras probar con variopintas formaciones y diversos resultados –aunque sin escatimarnos nunca un puñado de canciones enormes, genuina marca de la casa–, en Perspectiva caballera Luque reúne a la banda, esa base de  núcleo duro que tras El fuego amigo (2005), el álbum con el arrancara aquella etapa de línea clara, abundaría en los nuevos acentos que el cuerpo le pedía durante tres títulos consecutivos: El mundo según (2006), Ronroneando (2008) y Presidente (2011). Una gran banda: el multinstrumentista y productor Jordi Gil y la ultracompacta sección rítmica de Maga, Javier Vega al bajo y Pablo Cabra a la batería; solvencia y talento al servicio, pero también al contrapeso, de la torrencial inspiración chinarra.

Si El fuego amigo le proporcionó a Luque el método –consecuencia aplicada de una tardía asunción de su condición de músico profesional–, aquellos títulos posteriores lo desarrollaron hasta sus últimas consecuencias, incluso infringiendo en el empeño una norma confesa: no reiterar nunca la fórmula más allá de un par de títulos –la siembra de la nueva semilla en uno y la recolección de la fructífera cosecha en otro–. Esa dinámica explica por si sola el cambio de rumbo (y de banda, una vez más) en un título como ¡Menos samba! (2012) y la pérdida aparente de éste en Enhorabuena a los cuatro (2013), quizás el más  desnortado –aunque, como siempre, con cortes acordes al reconocido talento de Luque como letrista excepcional– en tan extensa discografía.

Tras la endeblez de aquel último capítulo –que, según su sello editor, funcionó particularmente bien en el mercado nacional, al menos teniendo en cuenta las cifras que éste suele gastar–, se imponía con urgencia una necesaria reconsideración al objeto de mantener un estatus ganado a pulso; replanteamiento que nuestro hombre, como suele ser habitual en él, acomete sin reparos, aunque ello conlleve el abandono de la discográfica que facilitó su despegue comercial, Mushroom Pillow, y la puesta en marcha de una propia, Veemmm. Una idea, por cierto, ante la que siempre, convencido de que en este negocio el músico sólo debe preocuparse de su música, se había mostrado reacio.

Éstos vendrían a ser los mimbres con que se teje el hermoso cesto de Perspectiva caballera, un álbum más cercano en musicalidad, que no en sonoridad, a los tres discos inmediatamente posteriores a El fuego amigo que a cualquiera de sus predecesores. Y es lógico: sus artífices, incluidas las aportaciones a la guitarra de un finísimo Israel Diezma, son los mismos.

Frente un escritor que apostó en sus últimos trabajos por primar la claridad sin perder el aliento poético –valga como esplendoroso ejemplo aquella Los amores reñidos de Ronroneando–, queda quizás la impresión de reencuentro con aquel otro Luque abierto a las interpretaciones del oyente. Aunque puede que sólo sea eso, un truco de perspectiva: ¿Dejó de serlo en algún momento? ¿Tan críptico, por contra, resulta aquí?

Dejemos en esta ocasión los textos de Luque en un segundo plano –de segundas lecturas están llenos, aunque líneas como La modelo se fue con el pintor / La brocha gorda y cuanto más mejor (El gato de S) no resulten particularmente indescifrables– y celebremos el equilibrio conjunto de esta brillante colección de canciones, presta a engrosar el abultado canon de clásicos chinarros.