Magia de plata negra

Blas Fernández | 29 de marzo de 2015 a las 5:00

Guadalupe Plata. / Foto: Jimena

Guadalupe Plata. / Foto: Jimena

gp_portadaGuadalupe Plata. Guadalupe Plata. Everlasting Records. Blues / Rock. LP / CD / DD.

Desde su debut en 2009 con un 10” de apenas seis canciones, Guadalupe Plata –Perico de Dios (guitarra y voz), Carlos Jimena (batería) y Paco Luis Martos (bajo-barreño)– ha ido perfilando un reconocible universo sonoro propio partiendo, y he ahí la gran paradoja, de unas coordenadas estilísticas plenamente asentadas y aceptadas –en no pocas ocasiones, incluso desechadas– en el imaginario rock.

¿Es blues lo que nos propone el trío ubetense? ¿Es blues primigenio, sucio y pantanoso? ¿Es árido blues-rock? Es todo eso y más: un impulso ciertamente primitivo, y no sólo en términos musicológicos, que termina por adquirir un significado complejo y exuberante en su deslumbrante y, sólo en apariencia, concisa ejecución; en su amplio repertorio de guiños a dos sures distantes que, aquí, se quieren conectados en otro imaginario menos extendido: el de las escuchas a conciencia, el de las ilustrativas lecturas devoradas con fruición y, quizás también, el de una cultura cinematográfica capaz de encontrar petróleo donde otros ni lo huelen. Señas, a la postre, que construyen un nexo no por onírico menos sentido. Porque hay mucho de sueño en la música de Guadalupe Plata: el de un blues intemporal y, de tan desarraigado, se diría que ultraterreno.

Si ese crecimiento era patente al escuchar sus dos álbumes posteriores –los aparecidos en 2011 y 2013, sin más título, como aquel 10”, que el propio nombre de la banda–, la publicación, también en 2013, de Pelo Mono aportaba otros factores, aunque de similar factura, a la ecuación. El dúo integrado por Perico de Dios y el baterista granadino Antonio Pelomono, un proyecto paralelo a Guadalupe Plata todavía de futuro insondable, abría el abanico estilístico hacia un delicioso y delirante rock’n’roll instrumental, elegantemente vintage, con vocación de serie B –¿lo llamamos pulp-music?–. Y escuchando hoy el tercer álbum del trío –¿lo adivina? Sí, otra vez homónimo–, cuesta sustrarse a la idea de que algo de esa apertura se suma al actual resultado.

Guadalupe Plata (2015) hila fino, todavía más fino, en su vocación de artefacto intemporal. Y para ello, en primera instancia, se recurre a una medida básica: el trío se planta en Londres –con el beneplácito de su discográfica, que lo observa y mima con la dedicación propia destinada a la gran esperanza blanca– y se encierra durante cinco días en los estudios Toe Rag, junto al productor Liam Watson, con la intención de invocar al espíritu analógico y que éste dé su bendición al álbum. La elección, desde luego, no es gratuita. Watson está tras los controles en un nutrido y selecto listado de títulos de similar querencia por lo añejo –celebrados discos de The Ettes, Tame Impala, James Hunter, The White Stripes, Television Personalities…–, pero decididos a reivindicar con rabia la contemporaneidad de su propuesta.

De la idoneidad de la elección, y del espléndido momento de la formación, dan cumplida cuenta estos once nuevos cortes, oscilando entre la contundente descarga eléctrica que el trío lleva al paroxismo en sus directos –aquí representada por canciones como Tormenta, Hoy como perro, Mecha corta, Hueso de gato negro o la divertida Calle 24: tonada infantil transformada en malsana andanada– y la más expansiva elaboración de piezas instrumentales o cantadas –Serpientes negras, Filo de navaja, Agua turbia o la enorme El paso del gato– afines al encantamiento vudú y al sortilegio tex-mex que ya apreciamos en los mencionados Pelo Mono. ¿Le tienta la magia?

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 27)

Blas Fernández | 26 de marzo de 2015 a las 5:00

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Arranca la nueva entrega de El Podcast de La Ventana Pop con un repaso al recomendable libro firmado por el periodista Nando Cruz en torno al indie español de los 90, Pequeño circo, un extenso volumen publicado por Editorial Contra que también repara en algunos precedentes de aquella escena. A propósito, suenan Cancer Moon, Lagartija Nick, Strange Fruit y El Grupo de Expertos Solynieve.

Desde Almería llegan Proyecto Solaz -con un invitado ciertamente peculiar…-; desde Huelva, The Strangers. Seguimos escuchando los nuevos trabajos de Santacruz, Guadalupe Plata y Pájaro Jack, estos últimos con presentación inminente de Vuelve el bien (partes I y II) en su Granada natal.

Más conciertos: Suomo en la Sala X de Sevilla, Lost Twin en el Lapsus Festival de Barcelona, The Jayhawks en Sevilla y Granada… Y aún queda tiempo para revisar el sorprendente nuevo álbum del tinerfeño Diego Hdez, Autotrophic Music.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

 

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Tracklist

1.-Cancer Moon: Tell Me The Secret

2.-Lagartija Nick: Déjalos sangrar

3.-Strange Fruit: Eternal

4.-Grupo de Expertos Solynieve: Colinas bermejas

5.-Proyecto Solaz: Sí a los chiringuitos

6.-The Strangers: Red

7.-Santacruz: Planta noble

8.-Guadalupe Plata: Hueso de gato negro

9.-Pájaro Jack: Ángeles

10.-Suomo: Pheromone

11.-Lost Twin: Coda

12.-Diego Hdez: Come The Summer

13.-Diego Hdez: Heisenberg

14.-The Hayhawks: Hey Mr. Man

Pequeño (y ruidoso) circo

Blas Fernández | 22 de marzo de 2015 a las 5:00

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circo. Historia oral del indie en España. Nando Cruz. Editorial Contra. 944 páginas. 26,90 euros.

¿Cuándo sustituye el término indie al más cercano independiente en la escena pop nacional? No sucede de la noche a la mañana: el proceso se alarga desde los últimos años 80 hasta bien entrados los 90 y, en su progresiva implantación, arrastra una carga de contraposición a lo anterior que no sólo parece hacer del indie un género musical en sí mismo –nada más lejos de la realidad–, sino que además distancia el propio significado del término de aquél que pudiera tener en origen. Y no sólo muta la acepción, claro, con ella también toda su carga simbólica y práctica.

La adulteración semántica continuará y llegará incluso hasta estos días, en los que con similar entusiasmo unos se cuelgan una etiqueta que hace ya tiempo dejó de decir algo –¿qué tienen hoy de indies los grupos, sellos, publicaciones y festivales que se definen como tales?– y otros se embarcan en un ejercicio de revisionismo tan lastrado por la mala conciencia –la da haber dado en su momento bola acrítica a todo aquello– que, aparentemente, les impide un análisis riguroso y con intención objetiva.

A Pequeño circo. Historia oral del indie en España, el monumental trabajo que ahora firma Nando Cruz (Barcelona, 1968), se le puede objetar en ocasiones una molesta ausencia de contextualización que dejará al lector interesado, pero no iniciado, con la sensación de no entender demasiado bien qué ocurre aquí. Aunque, al mismo tiempo, es precisamente esa naturaleza de relato oral y coral de los propios protagonistas –son incontables las voces que desfilan por las más de 900 páginas– la que esquiva con acierto el riesgo de demolición indiscriminada, tan injusta como innecesaria (al menos, claro, para quienes no pretendan construir hoy un nuevo discurso a la medida y a la contra).

Curtido en la prensa generalista y especializada desde comienzos de los 90, Cruz, a quien ya debíamos otro libro modélico –Una semana en el motor de un autobús (La historia del disco que casi acaba con Los Planetas), Lengua de Trapo, 2011–, no oculta un posicionamiento crítico sobrevenido –implícito en los temas tratados, en las invisibles preguntas lanzadas, en las miserias resaltadas y las carencias observadas, en la estructura misma de la obra–, pero no carga las tintas, deja hablar –de eso se trata– y retratarse a cada cual tal cual se exponga.

El circo, no podía ser de otra manera, planta su pequeña carpa sobre el terreno que otros han allanado. Son ésos quizás los grandes damnificados de esta historia, enormes bandas de rock en tierra de nadie –Los Bichos, Cancer Moon, Surfin’ Bichos, Lagartija Nick…– a los que la sobrevaloración crítica (o, insisto, acrítica) posterior y el soberbio sectarismo, cuando no arrogante ignorancia, pretenderá arrojar a un limbo excluyente. No lo conseguirá del todo. Y no sólo porque las más tenaces de aquellas formacione logren repercusión y continuidad, sino porque su influencia –cuando no estética, ética– permanecerá y será reivindicada, más pronto o más tarde, por los jóvenes airados. ¿Serían hoy Los Planetas quienes son sin el concurso inicial de Antonio Arias, referente capital para el pensamiento artístico de J? ¿Qué afinidad intelectual enlazaba al fallecido Josetxo Anitua, de Cancer Moon, con Ibon Errazkin y Teresa Iturrioz, entonces en Le Mans y más tarde en Single? En Pequeño circo hay muchas respuestas, y muchas instructivas lecciones, al respecto.

Estructurado en una doble vertiente cronológica y geográfica, el relato servido por Cruz se explaya en el carácter periférico de aquella explosión sorda, amplificada en tiempo real por canales como Radio 3 y Rockdelux: los grandes polos de creación no están ni en Madrid ni en Barcelona, de donde apenas surgen nombres relevantes, sino en Gijón, Zaragoza, Albacete, Pamplona, San Sebastián, Palma, Granada o Sevilla. En Madrid están gran parte de los sellos indies –muchos de los cuales no tardarán en entrar en estrategias de colaboración con las multinacionales, la mayoría fallidas en términos comerciales–; en Barcelona, salvando la excepción de la militante y efímera revista madrileña Spiral, está el altavoz de la prensa especializada, el escaparate. Más o menos, vaya, como ahora.

Cada escena local se codifica en claves estilísticas diferentes, aunque más allá del deseo de pertenencia a algo nuevo, más distintivo que distinto, las identifican y reúnen una reconocible serie de elementos comunes. Surgen al amparo de una emisora de radio, de un bar, de una tienda de discos o ropa o de un fanzine. Son células destinadas a conectarse entre sí con el objetivo de desarrollar un organismo, pero algo falla en ese proceso…

En tiempos particularmente convulsos –los que vivimos hoy– resulta tan fácil como inevitable recriminarle al indie español su desconexión de la política, su alegre despreocupación por la realidad social. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ésta no era entonces, ni de lejos, la que ahora padecemos, y que en la medida en que cambia, a peor, la música cambia con ella y refleja el actual estado de cosas. No caben pues demasiadas lamentaciones en este sentido. Quizás tampoco sobre el escaso espíritu colectivo de aquellos grupos, que en el fondo reiteran los mismos patrones de comportamiento –colaboran, sí, hasta que arrancan las rencillas y celos– de sus antecesores en los 80. Aparecen, desde luego, felices excepciones a esa regla –el caso del sevillano Colectivo Karma–, pero no van a más, precisamente, por esos proverbiales motivos.

Aunque no son los únicos, los grupos andaluces marcan otra pauta a tener en cuenta: apuestan mayoritariamente por cantar en español frente a la que se presume otra seña de identidad del movimiento: el inglés (bueno, o casi inglés). ¿Sería posible afirmar que ello permite que dos de las carreras más extensas y reconocidas con origen en el indie español de los 90 sean las de Los Planetas y Sr. Chinarro? Bueno, sería, como mínimo, aventurado: paradójicamente es Dover, cantando en inglés, el grupo de aquel ámbito que logra un éxito comercial sin parangón en una escena ajena a las grandes audiencias.

Al menos, claro, hasta que el entramado de pequeños festivales diseminados por la geografía del país da paso a los eventos multitudinarios –con Benicàssim y Primavera Sound a la cabeza–, catalizadores últimos de la desnaturalización del indie, de su definitiva conversión en ruidoso circo mediático en el que la música, al fin, apenas es el ornamento, cuando no la excusa, que permite mantener en pie el negocio.

¿Y aparte, qué queda de todo aquello? Malas prácticas, buenos recuerdos, la misma endeble infraestructura… Pero, sobre todo, un puñado de discos ajenos al paso del tiempo, prestos a ser redescubiertos una y otra vez.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 26)

Blas Fernández | 12 de marzo de 2015 a las 5:00

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Nuestra esquizofrenia estilística crece a pasos agigantados. Será consecuencia directa, se deduce, de la amplitud y variedad que la escena musical andaluza muestra en estos tiempos que corren. Entre discos ya editados, otros por llegar e ilustres visitantes en directo, en esta entrega suena un poco de todo, de rock a jazz, de electrónica a funk. Pase y escuche.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Santacruz: Cuarenta por ciento

2.-Unsuspected: Waves of This Sound

3.-Reina Republicana: Mikoyan

4.-Hidalgo: Nadie comprenderá

5.-Conmutadores: Faith In You

6.-Fred Wesley and The New JB’s: Sex Machine

7.-Malheur: Las muñecas cabronas del espacio

8.-Blooming Látigo: Los espárragos y la inmortalidad del alma

9.-Combray: Glacera

10.-Cabezafuego: Pachuca

11.-Los Technicolours: Everybody

12.-The Ships: Want

13.-Cooper: Entre girasoles

14.-Sr. Chinarro: La canción de amor de turno

“Los que igual se merecen los aplausos son los viejos”

Blas Fernández | 5 de marzo de 2015 a las 5:00

Genís Segarra y Carlos Ballesteros, Hidrogenesse. / Foto: Alicia Aguilera

Genís Segarra y Carlos Ballesteros, Hidrogenesse. / Foto: Alicia Aguilera

Durante un tiempo, Astrud e Hidrogenesse convivieron en la escena nacional como sendas muestras atípicas de un pop facturado desde parámetros insobornablemente artísticos. Integrante de ambas formaciones barcelonesas, Genís Segarra acabó decantándose por la segunda, en la que comparte ideas, gustos y protagonismo con su pareja, Carlos Ballesteros. Juntos ya habían facturado otros discos tan notables como inclasificables -en esa lista figuran títulos como Animalitos (2007) y Bestiola (2008)-, pero en 2012 dieron la campanada con Un dígito binario dudoso. Recital para Alan Turing, un álbum creado con motivo del centenario del nacimiento del matemático inglés, padre de la computación electrónica. Fue aquél un encargo directo del entonces director del Centro de las Artes de Sevilla, Jesús Alcaide, como parte de un proyecto mayor que nunca vio la luz. A Alcaide se lo llevaron de Sevilla los vaivenes políticos, pero a Hidrogenesse los trae su nuevo disco, Roma.

-Parece que el de Roma fue un proceso accidentado: se mezclan canciones escritas a lo largo de seis años que nunca llegaban a grabar…

-Pasó que, a veces, desde que tienes una idea hasta que la llevas a cabo, es todo muy fluido y fácil. Y otras veces, no. En este caso, desde que empezamos a pensar en la canciones y comenzamos a escribirlas ya las veíamos. Pero luego viene lo demás: terminarlas y grabarlas. En ocasiones no encontrábamos la manera de hacerlas sonar, de darles la forma que imaginábamos o deseábamos. Pero también nos salían otros proyectos y compromisos. Así que siempre terminábamos aplazándolo. No descartándolo, pero sí pensando bueno, ya lo haremos. Aunque nunca nos olvidábamos de esas canciones y, de hecho, llegamos a tocarlas en directo durante esos años. También en los ensayos, para ver si seguían gustándonos. Así que no es que estuvieran guardadas en un cajón.

-¿De ahí el carácter caótico del disco que ustedes mismos apuntan?

-No lo sé. Ese carácter es algo buscado. Queríamos que sonara como esa impresión que nos dio Roma cuando la visitamos juntos por primera vez: un collage en tres dimensiones, una ciudad caótica no sólo por la cantidad de gente, por la locura del tráfico, por los ruidos… Sino también porque al lado o encima de un edificio del siglo I te encuentras otro del XII y otro de los años 50. Todo como amalgamado en ese poco espacio, en una ciudad pequeña. Nos daba la impresión de estar caminando por un collage en 3D hecho con diferentes partes del mundo y de la Historia. Y queríamos que el disco fuese así de caótico. No creo que eso sea fruto de que las canciones hayan sufrido cambios a lo largo del tiempo, que quizás también, sino de nuestra voluntad de hacer un disco así, que no fuera plano, lineal.

-En cierto modo, resulta paradójico. Venían de hacer un disco conceptual sobre la vida de Alan Turing y, huyendo del concepto, adoptaron la idea de Roma como eje.

-Pero en Roma las canciones no parten de ningún concepto previo. Cada una es una historia diferente. Roma era la idea que las agrupaba y les daba sentido, inspirando incluso qué tipo de sonido queríamos. Es el paraguas que las cubre a todas. En el caso de Un dígito binario dudoso era al revés: las canciones iban saliendo de la biografía de Alan Turing. Aunque, en el fondo, da igual el tema, es cómo lo enfocas y lo que consigues hacer lo que da sentido y valor a una canción. Puedes hacer canciones maravillosas sobre temas sin importancia ni para ti ni para los demás o canciones aburridísimas sobre temas de relevancia mundial.

-Creo que les sorprendió la proyección que llegó a cobrar Un dígito binario dudoso. En un texto introductorio a Roma en su web llegan a calificar su acogida como exagerada

-Es que la vivimos como exagerada, sí. Hicimos este disco para un proyecto que se cayó, un proyecto que se iba a hacer en el Centro de la Artes de Sevilla y que finalmente no salió. Pero a nosotros nos apeteció llevarlo a cabo aunque ya nadie nos lo pedía. Y lo hicimos bastante rápido.

-Ésa es otra paradoja: de un encargo surge el que para muchos, y sin demérito de los demás, es su mejor disco.

-Pero nosotros, desde dentro, nunca lo vimos así. De hecho, pensábamos que iba a ser un disco menor, algo que habíamos creado ex profeso para una cosa concreta. Sí que quedamos muy contentos con el resultado, nos dio mucho trabajo y éramos conscientes de que iba a quedar algo muy chulo, pero vivimos todo aquello como exagerado.

-¿Y a qué tipo de reflexión les lleva eso? Me refiero, claro, al hecho de que de un encargo nazca un disco tan valorado.

-Podemos reflexionar muchas cosas, pero el artista siempre tiene la razón. Y si te digo que ése no es nuestro mejor disco, puedes creerme o no, pero yo tengo la razón [risas]. Creo que lo puedo valorar con más criterio que los demás. Pero sí, estamos muy contentos con Un dígito binario dudoso, tanto por el disco mismo como por los conciertos que nos proporcionó, las críticas, los premios, la reacción del público… De hecho, creo que ahora que hemos sacado Roma estamos rentabilizando lo mucho que gustó el anterior disco. Los medios nos prestáis más atención, viene más gente a los conciertos, y creo que en parte es mérito de este nuevo disco, pero también de que la fama nos precede, por decirlo de alguna manera. Así que no tengo nada en contra de ese disco, me encantan sus canciones y las seguimos haciendo en directo, pero pusimos ahí la palabra exagerada porque la reacción de la gente nos pareció eso, exagerada.

-Me sorprende cómo en ocasiones el ámbito de la música pop se anticipa al reconocimiento de la oficialidad cultural. En su día, Lagartija Nick dedicó un disco a Val del Omar cuando casi nadie recordaba la obra del artista granadino. Ustedes hicieron lo mismo con Alan Turing.

-Y en nuestro caso, ni siquiera se trataba de un artista, sino de un científico. A la cultura no parecía interesarle Alan Turing porque no era de su mundo, así que resultaba aún más raro llevar al terreno de las canciones, de la música, a una figura así. Pero, qué sé yo, funcionó. Turing era un nombre muy desconocido, pero andábamos tan metidos en el tema del centenario de su nacimiento que nos parecía que éramos unos más de los que trabajábamos en ello, ya fuera con una exposición, un libro, un cuadro…

-Tras Val del Omar, Antonio Arias, de Lagartija Nick, ha grabado dos discos en solitario adaptando textos de poesía científica. Quizás ciencia y arte no estén tan lejos…

-Eso es lo que también descubrimos nosotros al hacer Un dígito binario dudoso. Parte de la sorpresa fue actuar en simposios de divulgación científica o que nos entrevistaran en medios especializados en ciencia. Ese público, más que de científicos, era de gente dedicada a la divulgación. Y estaban encantados: les parecía una manera fácil, agradable y acertada de explicar cuestiones científicas que a ellos, como divulgadores, les cuesta hacer llegar a la gente.

-Volvamos a Roma, origen y final del nuevo disco. El detonante fue un viaje y, años después, cerraron allí el círculo…

-Yo recordaba haber ido a Roma de pequeño, pero Carlos no había estado nunca. Hay muchas ciudades bonitas en el mundo, pero Roma es otra cosa. Fuimos en 2009 o 2010, no recuerdo, y nos dio mucha energía. De hecho, creo que cuando estamos de viaje, fuera de Barcelona, siempre estamos componiendo. Es de viaje cuando se nos ocurren ideas, letras, títulos… Canciones que tenemos que grabar algún día. Cuando fuimos juntos la primera vez ya teníamos escritas algunas de estas canciones, Elizabeth Taylor, Dos tontos muy tontos, Moix… Pero allí fue donde decidimos que eso se tenía que llamar Roma, que tenía que ser un disco muy ambicioso, que nos diera mucho trabajo, un proyecto de largo recorrido. Cuando ya habíamos publicado y girado el disco de Turing por todos lados, en ese momento nos dijimos que ya no había excusas y que había que ponerse con él.

-Y terminaron de cuadrarlo durante una estancia en la Real Academia de España…

-Lo de la Real Academia de España en Roma es una cosa como muy del XIX: todos los artista de la época tenían que ir allí, ver las ruinas, las antigüedades, el arte… Y eso, de algún modo, se ha mantenido. Roma sigue siendo útil para ellos aunque los artistas de ahora hagan vídeo, cómics o performance. Uno de los artistas que entonces estaba allí, Aníbal Santaella, un chico sevillano que crea universos virtuales en el ordenador, nos invitó. Él estaba en Roma replicando ruinas y dándoles una nueva vida, y nos pidió que pusiéramos música a ese trabajo. Aprovechamos la invitación para cerrar el ciclo y terminar Roma, para dejar fijadas todas las canciones y grabarlas al volver.

-Cita términos como antigüedad, ruinas… Hay una hermosa canción en Roma titulada A los viejos. ¿Es un sincero reconocimiento al legado que nos precede o un guiño a la lejanía de la juventud?

-Es lo primero. Nos encanta que pase el tiempo. Si a una cosa que nos gusta le echas diez años encima, nos gusta más. Y si le echas cien, nos gusta más aún siendo la misma cosa. No tenemos ningún problema con hacernos mayores, con envejecer. El tema no es envejecer nosotros, sino celebrar que los pioneros que han hecho cosas importantes, interesantes, relevantes, entretenidas o bonitas siguen vivos en sus obras. Puede que veas a los viejos como una versión decadente de ti mismo, como el final de algo, así que pensamos en hacer una canción para que la gente los viera como algo maravilloso, como estrellas del pop a las que hay que seguir y admirar, gastarse el dinero en ellas y hacerles ofrendas.

-Ésa es una percepción que rara vez casa con la juventud. No digo que sea imposible, pero sí rara.

-Sí, pero no sólo le ocurre a la gente joven, también a la mayor. Parece que todo lo joven es siempre más interesante. Siempre tiene más éxito lo nuevo. También fue como una rabieta que nos dio cuando hace unos años se puso muy de moda hacer conciertos de música pop para niños. Algo que ocurría simplemente porque nuestra generación, la del indie, había crecido y tenido hijos, y quería llevar a sus hijos a conciertos. A la tercera vez que nos propusieron participar en un concierto para niños se nos ocurrió hacer lo contrario. Dejemos tranquilos a los niños, que todavía tienen toda la vida para disfrutar. Los que igual se merecen los aplausos son los viejos.

-Pronto parten de gira hacia América. ¿Están los grupos españoles intentando descubrir allí otra vez El Dorado?

-Creo que en parte es porque nosotros, en España, estamos en un momento económico bajo, mientras que algunos países hispanoamericanos están en un momento de bonanza económica. Eso hace que a ellos les resulte viable y rentable tener allí a bandas españolas. Hace años que estamos en esto y siempre era como imposible o muy difícil que alguien se atreviera a llevarte. Aunque parece que eso está cambiando. Igual es un espejismo, algo puntual, y no nos vuelve a pasar más. Pero, bueno, ya hemos ido dos veces a México y este año vamos a Argentina, a Chile, a Perú y, quizás también, a Uruguay y Colombia.

-Lo extraño, quizás, es que no haya existido una mayor conexión histórica entre las dos escenas con el mismo idioma a uno y otro lado del Atlántico.

-Porque América está muy lejos. Ahora que todo el mundo tiene internet y las generaciones más jóvenes ni siquiera usan discos, todo le llega a la vez a todo el mundo. Es un poco caótico. El público de allí pueden poner a Hidrogenesse al lado de un grupo que ya ha desparecido y al lado de otro con un éxito masivo. Pero para ellos es lo mismo. Son grupos españoles que me gustan. No distinguen si son indies o mainstream; si son actuales o han desparecidos; si la canción que les gusta es de este año o de hace quince. Todo es presente y accesible en el momento. Igual eso es lo que hace que de repente ahora haya más público allí. Ya no depende de que nadie esté promocionando un disco, de que haya allí una discográfica apostando por ti. Igual es un público que te confunde con grupos masivos o desaparecidos, o al que le gusta de ti algo que pasó hace veinte años. Da igual, vas mañana y no hay ninguna diferencia, porque no fue hace veinte años: lo han escuchado hoy.

Hidrogenesse presenta Roma este viernes 6 en la sala Farándula de Algeciras y el sábado 7 en la sala Obbio de Sevilla.

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El Podcast de La Ventana Pop (Programa 25)

Blas Fernández | 26 de febrero de 2015 a las 5:00

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En esta entrega, El Podcast de La Ventana Pop avanza dos canciones de Delacruz, nuevo proyecto de los ex integrantes de Maga Miguel Rivera y César Díaz. Además, seguimos buceando en el tercer y homónimo álbum de Guadalupe Plata y en Vestiges & Claws, de José González. En el apartado de conciertos, suenan Aurora, The Royal Landscaping Society, Manos de Topo, El Imperio del Perro, Hidrogenesse y BBBang. Y dos llamativos cabos sueltos: el debut de Detergente Líquido y Reina Republicana, estos últimos con una canción firmada por Manu Ferrón.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Delacruz: Vivo

2.-Delacruz: Y ver llover

3.-Guadalupe Plata: El paso del gato

4.-Guadalupe Plata: Hoy como perro

5.-José González: Leaf Off / The Cave

6.-José González: What Will

7.-Aurora: Arena en los ojos

8.-The Royal Landscaping Society: Frost

9.-Manos de Topo: Ingeniería nupcial

10.-El Imperio del Perro: Monos al espacio

11.-Detergente Líquido: En todos los polígonos hay un bar

12.-Reina Republicana: Ahora que hace bueno

13.-Hidrogenesse: Siglo XIX

14.-BBBang: Lay Low (Do You Wanna Kiss)

El son del Quintero

Blas Fernández | 25 de febrero de 2015 a las 18:52

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“Sevilla está on fire“, dice Tali Carreto, codirector del festival Monkey Week y socio de La Mota Comunicación, minutos antes de la presentación oficial del ciclo de conciertos SON Estrella Galicia, que la marca cervecera patrocina esta temporada en el Teatro Quintero. La agencia gaditana cuenta desde hace años con el apoyo de la empresa gallega en su singular y principal empeño, ése que ha consolidado al Puerto de Santa María como una indispensable cita anual para la industria musical independiente española. Ahora sirve también como puente entre Estrella Galicia y los gestores del espacio escénico de la calle Cuna.

“Nos encantó la idea desde que Tali nos la ofreció. Estamos contentos de acoger este ciclo en el Quintero, porque intentamos ofrecer una programación abierta y ecléctica, para todos los públicos, y estos conciertos son la guinda”, explica en nombre del teatro Gervasio Iglesias, bien conocido en su faceta de productor cinematográfico, pero también musiquero de largo recorrido, como atestiguan los créditos de celebrados documentales -Underground, ciudad del arcoiris y Dame Veneno- o, sin ir tan lejos, su reciente dedicatoria “a Silvio y a Camarón” tras recoger el Goya a la mejor película por La Isla Mínima, de Alberto Rodríguez.

SON Estrella Galicia, que desembarca por primera vez en Sevilla en su sexta edición, llegó a programar el pasado 2014 un total de 150 conciertos en 20 salas y festivales de toda España. El listado de artistas que en años sucesivos ha nutrido sus carteles da una idea clara del perfil: por citar sólo unos pocos en el apartado internacional, Mark Eitzel, Patrick Wolf, Edwyn Collins, The Pastels, Lloyd Cole, Anna Calvi, Jay Jay Johanson, Lee Ranaldo, Robyn Hitchcock, The Posies, Julia Holter, Retribution Gospel Choir, Sam Amidom y Juana Molina; en el nacional, Sr. Chinarro, León Benavente, Julio de la Rosa, Kiko Veneno, Oso Leone… “Es una apuesta clara por la música independiente”, asegura Cecilia Babarro, jefa de prensa de la cervecera, quien hace hincapié en “el mimo con el que hemos venido cuidando este proyecto”.

En su estreno hispalense, tal como ya avanzó La Ventana Pop, el ciclo propondrá una primera tanda de actuaciones de músicos estadounidenses. El pistoletazo de salida lo dará, el próximo lunes 9 de marzo, Eli Paperboy Reed, cantante y guitarrista asociado al revival soul desde su debut en 2005 con Sings “Walkin’ and Talkin’ (For My Baby)” and Other Smash Hits!, que en esta ocasión nos visitará -ya lo hizo años atrás dentro del festival Territorios- en formato de trío y, se anuncia, con un repertorio más escorado hacia el rhythm&blues. El aviso contrasta con el contenido de su último trabajo, Nights Like This (2014), el menos purista de los cuatro que ha registrado hasta la fecha.

Considerado el “plato fuerte” por los propios organizadores, la banda de Minneapolis The Jayhawks, veterano y venerado nombre del penúltimo folk-rock norteamericano, ofrecerá el miércoles 8 de abril uno de los apetitosos conciertos de su nueva gira. Tan apetitosos que “con las entradas ya prácticamente agotadas” -el Quintero, sin graderío, tiene un aforo de 375 localidades- se negocia la posibilidad de una segunda fecha, la del martes anterior, eventualidad que se confirmará o descartará en breve. Y poco importa que el grupo no publique nuevo material desde 2011: la reunión del tándem fundador e impulsor del asunto, Mark Olson y Gary Louris, garantiza velada (o veladas) de altura.

Último nombre confirmado hasta el momento, Micah P. Hinson actuará el miércoles 13 de mayo en formato de trío, acompañado por violín y violonchelo. “Es un concierto que me hace especial ilusión, porque usamos una canción suya en la banda sonora de After“, apunta Iglesias evocando aquella película de Alberto Rodríguez en la que sonaba la hermosa y triste Beneath The Rose, incluida en el primer álbum del músico, Micah P. Hinson & the Gospel of Progress (2005).

Tras el parón veraniego, a partir de septiembre, el ciclo ofrecerá al menos tres conciertos más. Aún cabe la posibilidad de un séptimo asociado al apartado Leyendas con Estrella -por él han pasado nombres como Eric Burdon, Mick Taylor, Donovan y Albert Lee-, aunque más firme se muestra la intención de sumar en esa segunda vuelta bandas locales como teloneras. De hecho, la presentación del ciclo contó este miércoles con un miniconcierto a cargo de Chencho Fernández, cuyo flamante Dadá estuvo aquí sigue escalando posiciones en la atención de los melómanos nacionales. Quizás, como dice Carreto, “Sevilla está on fire“. “El Quintero era el espacio idóneo para una programación hecha pensando en la caja escénica de un teatro -comenta-. Sevilla está en plena efervescencia, con salas como Fun Club, X o Malandar funcionando muy bien. Y queremos que el Quintero sea un polo más de esa efervescencia, justo en pleno centro de la ciudad”.

El cambio de rumbo de Aurora

Blas Fernández | 23 de febrero de 2015 a las 5:00

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Su primer álbum, Géminis (2013), apuntaba buenas ideas, aunque quizás lastradas por el evidente apego a unas formas tan canónicas que hacían difícil la diferenciación en una escena, la granadina, abundante en la reiteración de fórmulas. Pero, atención, también proclive a la gestación de propuestas singulares: dejando en un imposible margen a veteranos sobrados de personalidad -la saga planetaria, don Antonio Arias, Manu Ferrón, el personal clasicismo rock de Lapido…-, basta recordar propuestas recientes tan estimulantes como Trepàt o Pájaro Jack, entre otras, para concluir que los prejuicios conducen a equívocos.

A este grupo, el de los singulares, se suma ahora Aurora, que con su segundo trabajo largo, Sílice, constata un notable cambio de rumbo desde los asimilados patrones del indie-pop hacia horizontes más abiertos. “Pues eso: que uno se cansa de seguir una tradición, de ser mimético, y quiere hacer las cosas a su manera, construir su propio mundo. Eso fue lo que pasó, que nos cansamos muy pronto -explica Javier Bolívar, cantante y guitarrista de la banda-. Justo después de sacar Géminis empezamos a experimentar un cambio que tardó en materializarse. Vas absorbiendo cosas de distintos sitios, asimilando nuevas influencias… Ahora habrá que ver qué pasa con la recepción, cómo se ve desde fuera, si gusta. Lo que sí es cierto es que, al menos aquí, en Granada, mucha gente se ha sorprendido: no sabe cómo reaccionar”.

Rebobinemos… Géminis llegó tras un par de epés autoproducidos que abrieron a Aurora las puertas de festivales mediáticos y sellaron su fichaje con una discográfica al uso. Incluso llegó a editarse en México a través del sello Terrícolas Imbéciles, propiciando una gira por tierras aztecas con prolongación en Colombia. Un saldo aparentemente positivo que, no obstante, no pareció contentar a los artífices del asunto -junto a Javier, su hermano Julio y Carlos Marqués-. “Creo que nuestros gustos fueron expandiéndose -cuenta el vocalista-. Ahora escuchamos más música africana y hemos absorbido elementos de la música electrónica. En general, hemos abierto mucho más la paleta. Es lo que ocurre cuando sales de tu zona de confort, del pop y del indie, que llega a ser asfixiante, y comienzas a escuchar música de otros países, de otras culturas… ¡Y mucha música negra! Hace falta mucha más música negra, más groove, más ritmos africanos”.

Sílice mantiene el inmaculado componente melódico de filiación pop presente en Géminis, pero su estructura sonora ha experimentado una notable sacudida. Apenas queda rastro del primer álbum -y cuando queda, como en Algo tan sólido, los argumentos han ganado en consistencia-. Impera un tono sombrío, en ocasiones incluso inquietante -Voces, Badlands…- que cautiva la escucha gracias a su hipnótica composición de atmósferas y texturas. “Este disco apenas ha sido de local de ensayo, sino de estar sentados en casa delante de los ordenadores. Quizás suene muy cerebral, pero no lo es -señala Javier-. Ha sido un disco más abierto y colaborativo, pero creado sobre todo delante de la pantalla. Un trabajo muy de collage, de visualizar la canción y mover piezas, probando aquí un arreglo y allí otro. El local de ensayo sirve para algunas cosas, pero no para todo. Es un trabajo más sereno, más al detalle, y eso se consigue mejor en la tranquilidad de casa. Aunque, en el fondo, la base de la mayoría de las canciones sigue partiendo de una guitarra acústica, de un riff o de unos acordes. Así que la raíz es orgánica”.

El atractivo resultado convierte a Aurora en algo parecido a un verso suelto, pero no aislado. Surgen las primeras comparaciones con el imponente trabajo de los mallorquines Oso Leone, fijado hasta el momento en dos discos memorables. “Nos conocimos en el Monkey Week y… ¡muy bien! -señala Javier-. No los vemos como influencia porque, al fin y al cabo, somos grupos coetáneos, gente de la misma edad. Pero los respeto y me gusta mucho lo que hacen. Tienen un discurso muy suyo, a su bola, y muy marcado”.

El elemento distintivo pasa por la originalidad del discurso, por eso tampoco extraña la respuesta cuando se le pregunta por la afinidad dentro de una escena, quizás sólo en apariencia, tan homogénea como la granadina. “Me gustan mucho Trepàt -confiesa-. Además de ser amigos, creo que tienen un discurso único. Hace poco montaron un espectáculo en el Centro José Guerrero, medio flamenco, medio teatral, que me dejó alucinado. Hacía tiempo que no veía una propuesta tan artística”.

Con Trepàt no comparten solo inquietud; también algún excomponente. “Después de Géminis, nuestro batería, José Alberto Solana, dejó el grupo -cuenta-. Son esas cosas propias de las bandas. Estás expuesto a muchas decisiones, a mucho estrés. Y eso desgasta. Después de aquel disco la comunicación ya no era fluida. Pero no ha habido nada raro, seguimos siendo amigos. Ahora está tocando con Trepàt y nosotros nos quedamos en trío, aunque contamos con un batería, Alberto Valero, que se incorpora para esta gira”.

Ésa es otra cuestión: las canciones de Géminis, en toda su robustez, podían ser trasladadas al escenario tal cual. ¿Pero qué ocurre con las de Sílice? “Pues creo que va a ser un disco muy de directo. Lo presiento -aventura-. Estos días estamos preparando los conciertos, ultimando detalles. Ahora llevamos teclados. Y va sonar también contundente, aunque con más matices y espacios. Quizás no tan pop, en el sentido tradicional, sino más abierto”.

Todo ello, dicho sea de paso, desde una cada vez más inevitable autogestión. Al menos, cuando el músico se empeña en hacer justo lo que quiere, y no otra cosa. “Estamos sin sello, así que lo publicamos nosotros mismos -dice Javier-. Es el signo de los tiempos que nos ha tocado vivir. A las discográficas les cuesta invertir, arriesgarse. Pero, bueno, creo que lo importante hoy es tener un buen manager. El modelo, definitivamente, ha cambiado”.

Aurora presenta Sílice en la Sala X de Sevilla el próximo sábado 28 junto a The Royal Landscaping Society. Próximas fechas en Andalucía: 27 de marzo en Velvet Club (Málaga) y 8 de mayo en Planta Baja (Granada).

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Como en un libro abierto

Blas Fernández | 15 de febrero de 2015 a las 5:00

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vestiges_claws_blogVestiges & Claws. José González. Mute. Folk / Rock. LP / CD / DD.

Vestiges & Claws, tercer trabajo firmado con nombre propio por el sueco de ascendencia argentina José González, llega por fin al mercado. Lo hace en un llamativo contexto, tras un prolongado periodo en el que, sin abandonar los directos ni la participación en empresas ajenas –This Is How We Walk On The Moon, su aportación en Master Mix, el homenaje a Arthur Russell publicado por Red Hot el pasado 2014, es otra de esas maravillas que nuestro hombre dispersa al viento–, González se dedicó, al menos en el plano discográfico, a revitalizar y proyectar el trabajo del grupo en el que dio sus primeros pasos, Junip.

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El Podcast de La Ventana Pop (Programa 24)

Blas Fernández | 12 de febrero de 2015 a las 5:00

arias_blog_LVP

En esta ocasión, El Podcast de La Ventana Pop llega cargado de avances de discos andaluces con fecha de publicación inminente. En ésas están Antonio Arias -que recupera en doble vinilo sus dos títulos en solitario y presenta canciones nuevas-, Guadalupe Plata, Grupo de Expertos Solynieve, Pájaro Jack, Combray y Aurora. Celebramos también la edición física del primer trabajo de Suomo, los directos de Royal Mail y dos estrenos en largo tan distintos como recomendables: el de la norteamericana Natalie Prass y el de los mallorquines Astrolabio.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Guadalupe Plata: Calle 24

2.-Grupo de Expertos Solynieve: Sin moscas

3.-Antonio Arias: Sol de agua

4.-Antonio Arias: Limbo soviético

5.-Suomo: El valle del Jerte

6.-Aurora: Tuk Tuk

7.-Aurora: Algo tan sólido

8.-Pájaro Jack: Vuelvo en mí

9.-Pájaro Jack: Ecos

10.-Royal Mail: How Could I Ludwig?

11.-Combray: Boira

12.-Natalie Prass: My Baby Don’t Understand Me

13.-Natalie Prass: Christy

14.-Astrolabio: Extraña radiación

15.-Astrolabio: Subterráneos