El ‘mono’ que aguarda

Blas Fernández | 14 de septiembre de 2014 a las 5:00

En la imagen, Holy Fuck.

En la imagen, Holy Fuck.

Cada año más afianzado en su condición de cita singular en el variopinto y abigarrado panorama de los festivales musicales españoles, el Monkey Week, del 10 al 12 del próximo mes de octubre en El Puerto de Santa María, alcanza su sexta edición abundando con acierto en esa atractiva fórmula que mezcla el plano profesional con el festivo y termina por convertir a la localidad gaditana, bien conocida además por sus no pocas bondades gastronómicas, en un ineludible punto de encuentro para la industria musical de talante independiente –ahí sigue, contra viento y marea– y el público especializado.

En la primera vertiente figuran los apartados Monkey Market –mercado de sellos discográficos y promotoras instalado en esta ocasión en la Bodega de Fernán Caballero de Osborne, abierto a todo tipo de espectadores y contenedor además de recomendables conciertos en formato showcase– y el Monkey Brain –el programa de mesas redondas y talleres, este año con una notable nómina de participantes internacionales en la que aparecen, entre otros, múltiples programadores de festivales foráneos, incluido el potente Vive Latino de Ciudad de México–.

Forest Swords.

Forest Swords.

Pero probablemente sea su segunda faceta, la de los conciertos, la más llamativa y golosa para el grueso de participantes en el evento. En el Monkey Week, en cualquier caso, no sólo cuenta la nutrida oferta de actuaciones –una interesante paleta de descubrimientos, promesas y revelaciones en cuanto a rock nacional se refiere–, sino también la particularidad de los escenarios en los que ésta se presenta. Pequeños o grandes, cubiertos o al aire libre, el festival, de carácter netamente urbano, se sirve de hasta una docena de espacios escénicos diseminados por la ciudad –teatros, discotecas, bares, plazas públicas… Todos dentro de un área de movilidad razonablemente cómoda– que propician una agradecida cercanía entre espectadores y artistas.

La lista de estos últimos en 2014 vuelve a ser, ya se ha apuntado, extensa. Con más de un centenar de bandas y solistas confirmados, las posibles combinaciones de nombres dan pie a rutas dispares. Y al gusto del consumidor: Miraflores, Orthodox, PeloMono, Hi Corea!, Rusty River, Trèpat, Sweethearts From America, Pony Bravo, Chencho Fernández, Éter, Deers o Maria Rodés serán sólo algunas de las propuestas con las que el Monkey Week, que este año también ofrecerá un breve espacio al flamenco joven, tome el pulso a las escenas andaluza y española.

Más allá del circuito de showcases –al que en esta ocasión se suma el Muelle del Vapor– quedan los escenarios mayores: el de la Plaza Alfonso X el Sabio –que acogerá la ya tradicional final del concurso Desencaja–, el Teatro Pedro Muñoz Seca y la sala Mucho Teatro. En esta última arrancará el festival el viernes 10 con la Jägermeister Opening Night, cuyo cartel encabezan los canadienses Holy Fuck –electrónica analógica entre la pulsión rave, la especulación kraut y el ánimo punk– y completan trallazos nacionales como Betunizer, The Parrots y los portuenses Suomo, con su primer álbum a la vuelta de la esquina.

Dorian Wood.

Dorian Wood.

La misma sala será marco el sábado 11 de la Noche Magno, con Delafé y Las Flores Azules, Ginferno y Los Saxos del Averno, Unicornibot y Perro. Por su parte, esa misma noche, el Teatro Pedro Muñoz Seca ofrecerá algunos de los conciertos más singulares del festival: el del colectivo gaditano Music Komité, el del angelino de ascendencia costarricense Dorian Wood –tan inclasificable como recomendable– y el del británico Forest Swords.

También en el Pedro Muñoz Seca, el domingo 11, viviremos la última noche de este sexto Monkey Week, que echará el cierre apelando al clasicismo con las actuaciones del sevillano Pájaro –grabando ya su segundo álbum en solitario–, los canadienses The Sadies y los estadounidenses The Handsome Family.

Como en años anteriores, el festival oferta tres tipos de abonos, que contemplan desde el acceso a todos los escenarios –el más caro: 54 euros– a la entrada exclusiva en los del circuito de showcases –el más barato: 23 euros–. Para abrir boca, además, Monkey Week ha preparado dos fiestas de presentación. La primera será en Sevilla, en la Sala X, el próximo día 20 y contará con la participación de Miraflores –a punto de publicar su esperado primer álbum–. La segunda se celebrará en El Puerto de Santa María el próximo 3 de octubre en la Sala Milwaukee y tendrá como invitados a los estadounidenses The Mockers.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 13)

Blas Fernández | 11 de septiembre de 2014 a las 5:00

En la imagen, I Am Dive. Foto: Elo Vázquez

En la imagen, I Am Dive. Foto: Elo Vázquez

Tras el merecido descanso estival, El Podcast de La Ventana Pop vuelve a la carga iniciando su segunda temporada con varias de las canciones de Bajo un cielo prehistórico, el álbum en homenaje a The Church, de inminente publicación, en el que un total de 29 bandas versionan algunas de las canciones más celebradas del grupo australiano. También avanzamos un par de cortes de Wolves, el flamante segundo álbum del dúo sevillano I Am Dive; reparamos en las últimas entregas de Arto Lindsay y Blonde Redhead y escuchamos a Hi Corea!, My Yellowstone, Royal Mail y O Sister!

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

scannerfm_560

Tracklist

1.-The Church: Night of Light

2.-Suomo: Night of Light

3.-Santacruz: She Never Said

4.-Maga: Destination

5.-I Am Dive: Days Become Ages

6.-I Am Dive: The Lower You Fall

7.-Arto Lindsay: Illuminated

8.-Blonde Redhead: Mind to Be Had

9.-Blonde Redhead: Cat on Tin Roof

10.-Hi Corea!: Sacred Place

11.-My Yellowstone: The Distance

12.-Royal Mail: White Horses

13.-O Sister!: Raskayú

La poética del ruido

Blas Fernández | 7 de septiembre de 2014 a las 5:00

arto_cover_blogEncyclopedia of Arto. Arto Lindsay. Northern Spy Records. Rock / MPB / Experimental. CD / DD.

Aunque su último disco firmado con nombre propio, el fenomenal Salt, se publicó hace ya una década, Arthur Morgan Lindsay (Richmond, Virginia, 1953), conocido desde finales de los 70 en el ámbito musical como Arto Lindsay, no ha permanecido inactivo durante tan extenso periodo. De hecho, quien se haya enganchado a su carrera en cualquier momento de su dilatado y singular periplo –más de 40 años sobre las tablas desde la irrupción de DNA, santo y seña de la no wave neoyorquina glosada por Brian Eno– intuirá que, probablemente, inactividad y Lindsay son términos antagónicos.

Estadounidense criado en Brasil –llegó de la mano de sus padres misioneros siendo un niño y allí vivió luego la adolescencia bajo el influjo del tropicalismo–, Lindsay ha estado implicado a lo largo del tiempo en múltiples proyectos colectivos –con John Lurie en The Lounge Lizards y The Golden Palominos, con John Zorn en Locus Solus o con Peter Scherer como Ambitious Lovers, entre tantos otros–; ha sido solicitado como inspirado colaborador en trabajos de artistas afines –David Byrne, Laurie Anderson, Ryuichi Sakamoto, Animal Collective…– y también reclamado como productor por no pocos gigantes de la música popular brasileña –Caetano Veloso, Tom Zé, Gal Costa o Marisa Monte, por citar sólo unos pocos–.

Foto: Schorle

Foto: Schorle

Pero aun sin desmerecer el brillo de semejante hoja de servicios, no caben dudas de que allá donde el talento del músico cobra su dimensión más libre y desinhibida es en su propia discografía en solitario, si es es que se puede denominar así a un trabajo a menudo elaborado en compañía de gente como el citado Eno, Melvin Gibbs, Vinicius Cantuária, Marc Ribot, Naná Vasconcelos o Vernon Reid.

Es en esa faceta, la que comienza a tomar cuerpo en 1996 con Mundo civilizado y cuenta cinco títulos más hasta llegar al mencionado Salt, donde Lindsay mejor revela una permanente y fructífera tensión entre modos formales –la dulzura melódica asimilada en Brasil– y ánimo rupturista –éste desdoblado tanto en una vertiente ruidista, continuadora de la estética no wave, como otra muy atenta a la electrónica–.

Con Lindsay volcado ahora en proyectos dispares, pero aparentemente ajenos a la dinámica habitual de las grabaciones, el doble Encyclopedia of Arto, título tan ocurrente como ilustrativo, cumple a su vez una doble función. El primer volumen es un recopilatorio al uso que revisa de manera necesariamente parcial algunos de sus logros –la docena de cortes seleccionados repara de forma bastante equitativa en cada uno de esos seis discos–, canciones, todas, ya celebradas pos sus seguidores que, no obstante, funcionan como perfecta introducción para el neófito.

El segundo CD resulta, sin embargo, radicalmente distinto: Lindsay capturado en vivo en distintos directos, sin más compañía que su procesada guitarra de doce cuerdas, revisando con desnuda fiereza tanto material propio como ajeno –si ya costaba reconocer a Prince o Al Green en las versiones previas de estudio, aquí se transforman definitivamente en otra cosa–. Que no se asuste el recién llegado: atravesar semejante campo de minas tiene recompensa final.

Aquí le dejo una interesante promo al respecto rodada por Cesare Cicardini…

…y aquí uno de los cortes felizmente rescatados, The Prize, del casi homónimo Prize (1999).

Un recuerdo muy vivo

Blas Fernández | 6 de julio de 2014 a las 5:00

argentina_blog
recordando_cover_blogRecordando a Triana.
VV. AA.
Rock. Gong / Meridiana / Warner. CD / 2LP.

Presentado en vivo el pasado 24 de mayo, a horas ciertamente intempestivas, en la XVII edición del festival Territorios Sevilla, Recordando a Triana, disco en homenaje a la celebrada banda hispalense, une a su rendida condición reivindicativa una cualidad no menos reseñable: la de conectar por primera vez en un proyecto conjunto a destacados representantes de las dos escenas pop más activas y fructíferas de Andalucía, dicho sea tanto desde una incontestable perspectiva histórica como centrando la atención en la efervescente actualidad. Esto es, las escenas de Granada y Sevilla.

Santo y seña de aquel rock andaluz con punto de apogeo en la segunda mitad de los 70 –el periodo de sus discos mayores: El patio (1975), Hijos del agobio (1977) y, ya en menor medida, Sombra y luz (1979)–, Triana caló con tanta lentitud como firmeza en el imaginario colectivo de varias generaciones. Aunque no todo fueron parabienes: su indudable filiación progresiva, justo en una época en la que el punk reclamaba de manera urgente el corte de amarras con la grandilocuencia, reportó a la banda durante los 80 un déficit de atención crítica que no comenzaría a corregirse, pasado ya aquel necesario sarampión juvenil, hasta la segunda mitad de los 90, con mención especial al libro de Luis Clemente Triana. La historia (27 Pac, 1997), quizás el primer intento serio de contextualización de los no pocos logros del trío. Aquellas cuitas, huelga decirlo, le importaron un rábano al amplio público del grupo, aunque sí quizás algo más a los músicos que entonces marcaban la pauta –tal vez reacios a mancillar su impronta de modernidad; tal vez, simplemente, ajenos a una sonoridad que percibían vetusta–.

kiko_blogPor ese flanco, precisamente, aparece otro de los grandes valores de Recordando a Triana: la mayoría de sus artífices pertenecen a la generación del indie español de los 90 –muy distante ya del punk pero todavía, en más de un sentido, su heredera– y a ellos corresponde la tarea de suturar la herida y poner las cosas en su sitio. Y su sitio no es el de una a todas luces innecesaria rehabilitación, sino el de la relectura creativa, aunque respetuosa, de dieciséis clásicos de la formación, en su mayor parte procedentes de los dos primeros discos. Que nadie espere pues encontrar aquí recreaciones milimétricas de los originales. Eso queda para las esforzadas bandas tributo.

Armado en torno a un potente y solvente cuarteto base integrado por el baterista Antonio Lomas –del Grupo de Expertos Solynieve; junto al promotor David Pareja, impulsor originario del proyecto– y los integrantes de Maga Miguel Rivera, Javier Vega César Díaz –todos fans confesos de la obra de Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios Tele–, en el álbum encontramos además a coetáneos –Kiko Veneno, enorme y personal en su versión de Desnuda la mañana–, veteranos admiradores –Andrés Herrera Pájaro con Del crepúsculo lento nacerá el rocío– y punks de espíritu y raza –Antonio Arias, de Lagartija Nick, haciendo suyos, quizás como ninguno, dos misiles del calibre de Ya está bien y Necesito–. También figuran en el listado voces flamencas, un inevitable guiño al definitorio poso jondo del repertorio que permite, de paso, salir airoso al proyecto ahí donde más difícil lo tenía: en enfrentar con soltura el imponente registro vocal de Jesús de la Rosa. Estrella y Soleá Morente, acompañadas por Juan Habichuela nieto a la guitarra en Sé de un lugar, y las apabullantes apariciones de Niño de Elche –Hijos del agobio– y Argentina, también con Habichuela –Abre la puerta–, resuelven con nota la papeleta. Y en el caso de los dos últimos, la nota es sobresaliente.

noni_blogNo obstante, y como ya se ha apuntado, el origen del proyecto y el grueso de participantes procede del ámbito del pop independiente andaluz nacido en los 90, entregado con deleite –también con distinto grado de acierto: la norma en este tipo de recopilaciones– a la tarea. Por partida doble aparecen J, de Los Planetas y el Grupo de Expertos Solynieve –primero con una versión de Recuerdos de una noche y después, acompañado por Manu Ferrón y la malagueña Annie B Sweet, en Quiero contarte; ambas destacables–; Noni y Ale de Lori Meyers –disfrutando, y se nota, con Una noche de amor desesperada y Todo es de color–; y el propio Rivera –que se reserva Diálogo y Una historia–.

Juan Alberto, de Niños Mutantes –clavando Tu frialdad–; Antonio Luque –Sr. Chinarro convertido en Señor Troncoso– y Chencho Fernández junto al jerezano Julio de la Rosa –Luminosa mañana– completan este homenaje pergeñado desde el cariño, la última prueba hasta la fecha de que el recuerdo de Triana sigue muy vivo.

Las fotos que ilustran esta reseña son obra de Iram Martínez y fueron tomadas durante la presentación de Recordando a Triana en Territorios Sevilla. De arriba a abajo, la cantaora Argentina, Kiko Veneno y Noni, de Lori Meyers.

El Podcast de La ventana Pop (Programa 12)

Blas Fernández | 26 de junio de 2014 a las 5:00

eter_blog_lvp
En el último podcast de nuestra primera temporada, hablamos de Big Day Coming. Yo La Tengo y el auge del indie rock, el volumen Jesse Jarnow en torno al grupo de New Jersey recientemente editado por Libros de Ruido.  Escuchamos a los granadinos Éter, flamantes ganadores del concurso Emergentes, y descubrimos el EP en solitario de Quentin Gas, frontman de la banda sevillana Los News.

Volvemos a hablar, cómo no, de encuentros como el 101 Sun Festival de Málaga y Nocturama, que llenará de música las noches del verano sevillano durante julio y agosto. Seguimos descubriendo el álbum de Suomo, con edición prevista a la vuelta del verano, y el recopilatorio Recordando a Triana, finalmente publicado el pasado día 24. Por último, un guiño al pasado (¿o no?) a cargo de Peña Wagneriana.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

scannerfm_logo

Esto es todo, de momento… ¡Volvemos en septiembre!

Tracklist

1.-Yo La Tengo: Big Day Coming (Second Version)

2.-Éter:  Diente de león

3.-Éter:  Cuerpos en órbita

4.-Temples:  Sun Structures

5.-Franz Ferdinand: Treason! Animals

6.-Los News: God is an Alien

7.-Quentin Gas: Fire Walk With Me

8.-Quentin Gas: Going Back

9.-Maika Makovski: No News

10.-Hi Corea!: Bill

11.-Suomo: Pheromone

12.-Sr. Chinarro: Señor Troncoso

13.-Juan Alberto: Tu frialdad

14.-Peña Wagneriana: Hirnos de Andalucía

La voz, la guitarra y los bucles

Blas Fernández | 25 de junio de 2014 a las 5:00

Esteban Ruiz, mitad de I Am Dive, fotografiado por Belén Vargas.

Esteban Ruiz, mitad de I Am Dive, fotografiado por Belén Vargas.

Pese a contar con sólo un álbum publicado hasta la fecha, Ghostwoods (Foehn Records, 2012), el dúo sevillano I Am Dive ha desplegado durante los últimos años una notable actividad. Esteban Ruiz y José Aurelio Pérez han ofrecido conciertos en Francia, Inglaterra y Estados Unidos (donde Slanty Shanty Records editó su Constallations EP); han puesto en circulación otros trabajos en formato corto e incluso creado su propio sello y agencia, We Are Wolves. Ghostwoods, que también se lanzó en Japón, vivió además una segunda existencia con las remezclas que otros hicieron en Driftwood (Foehn Records, 2013), mientras que el crítico británico Simon Reynolds le dio su bendición al delicioso Plane Windows EP (Squaring The Circle, 2014).

A las puertas de la aparición de su segundo largo –Wolves, con fecha prevista para el próximo mes de octubre–, Esteban Ruiz ofrece hoy una actuación en solitario en la que revisará el repertorio del grupo desde una perspectiva distinta a la habitual: la parte electrónica, ésa que dota a las canciones de I Am Dive de una brumosa y atractiva atmósfera, se queda en casa. “Aunque es cierto que llevo un looper [pedal de efectos], lo uso sólo para generar bucles a partir de la voz y la guitarra. No hay sampler ni teclados ni nada más. Es algo desnudo, acústico, salvo por los loops con los que construyo algunas bases para las canciones”, explica el músico, apuntando que el resultado “es muy similar a lo que fue I Am Dive en origen”.

La pregunta, claro, es por qué. “Porque teníamos un parón relativo de actuaciones en formato completo –responde–. Hacerlo así no sólo me permite tocar algunas canciones de Wolves para comprobar cómo reacciona el público. Aunque todas son canciones de I Am Dive, también rescato otras que ya no llevamos en el repertorio y que a mí me gusta recuperar. Hay un poco de todo: al hacerlas en acústico resultan más cortas y da tiempo a más”.

El parón, como él mismo apunta, es relativo. A I Am Dive le aguardan conciertos en puntos tan distante como Reikiavik –el 17 de julio junto Stafrænn Hákon– y el festival Era de Llagostera, en Barcelona –a finales de agosto–. Mucho antes, el próximo martes 1 de julio, el dúo pasará por el Fex, la extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada. “Sí, también nos sorprendió a nosotros cuando nos llamaron. Tenían mucho interés, así que adelante. Será en el anfiteatro del Palacio de Congresos, y creo que va a ser algo muy bonito”, aventura.

Propensos a la melancolia, o así lo indica su música, Esteban y José Aurelio se retiraron hace unos meses hasta una casa rural para ultimar Wolves, pero… “Íbamos con el propósito de terminar el disco ahí, pero comenzamos a probar ideas que teníamos aparcadas y empezaron a salir canciones que todavía nos gustaban más que las que ya teníamos preparadas. Así que, en esa semana, en lugar de rematar el disco, lo que hicimos fue sacar cuatro temas más. Pero bueno, ya está acabado”, explica.

Y a su socio, ¿qué le parece esto de que actúe en solitario con repertorio del grupo? “¿Él? Encantado con la idea de salir menos a tocar –añade entre risas–. No pone inconvenientes, al contrario, creo que incluso me va a sonorizar”.

Esteban Ruiz (de I Am Dive) actúa hoy a las 20:30 en Red House Art & Food (Amor de Dios, 7 ). Entradas a 5 euros.

Para abrir boca, tres de clips de I Am Dive, comenzando por este gélido Mount Eerv rodado por Elo Vázquez y Óttar M. Norðfjörð…

…siguiendo con Way Out, de Pablo Ruiz Sánchez…

…y terminando con la fantástica remezcla de Nasser Wahab para You Live & You Learn, cuyo vídeo también firmó Pablo Ruiz Sánchez.

Cuando el reggae era el rey

Blas Fernández | 22 de junio de 2014 a las 5:00

 

Lee Scratch Perry, músico y productor, todavía hoy en activo, al que se le atribuye la creación del que pudiera ser el primer tema reggae, ‘People Funny Boy’.

En la imagen, el músico y productor Lee Scratch Perry.

Bass_Culture_portada_blogBass Culture. La historia del Reggae. Lloyd Bradley. Traducción de Tomás Cobos. Acuarela Libros / Antonio Machado Libros.

Para comenzar, desmontemos, o casi, un lugar común: el reggae fue al punk lo que el añejo blues al rock de los 60 y primeros 70, el nutriente que aportó las calorías necesarias para poner el organismo en movimiento. Vale, sí… Pero esa tajante afirmación, teoría habitualmente aceptada sin mayores reparos, queda como mínimo en entredicho al rastrear la dieta de aquellos pioneros sound systems que, a partir de la década de los 40, articularían el desarrollo de la moderna música jamaicana. ¿Y sabe qué? Junto a expresiones autóctonas como el mento o geográficamente afines como el merengue y el latin-jazz, el rhythm&blues norteamericano, como más tarde el soul, formaría parte insustituible del menú. Así que el blues, o al menos alguno de sus vástagos, quedarían también registrados en el frondoso árbol genealógico del género.

La pronta exposición de esta conexión sirve como ejemplo de lo mucho que revela Bass Culture. La historia del reggae, célebre título del periodista musical y discjockey Lloyd Bradley, londinense de ascendencia jamaicana, por primera vez editado en español trece años después de su publicación original (entonces, bajo el título Bass Culture. When Reggae Was King). Con excelente traducción y divertido prólogo a cargo de Tomás Cobos, Bass Culture certifica ahora pues en castellano su condición de texto canónico, imprescindible a la hora de abordar la historia de ese otro semillero caribeño (un afectuoso saludo a Cuba) con importancia capital en el devenir de la música pop.

Resultado de una concienzuda labor de documentación, que incluye en primera persona las voces de los protagonistas del relato, el libro de Bradley –afortunadamente esforzado, además, en la contextualización histórica de cada periodo tratado– nos traslada en primer lugar hasta aquellos originarios dancehalls de los barrios populares de Kingston, imponentes en presencia y volumen, en los que el selector comprueba de primera mano qué funciona y qué no a la hora mantener en marcha al respetable. Sound systems que harán, como en tantas otras ocasiones, de la necesidad virtud: la música que pinchan está al margen del único canal convencional de la época, completamente proscrita de la radio colonial británica.

Duke Reid, con parte de su celebrado ‘sound system’.

Duke Reid, con parte de su celebrado ‘sound system’.

“Toda la música jamaicana moderna se remonta a aquellos sound systems, y no hay que perder de vista que era una escena que se estableció incluso antes de que existiera una música jamaicana como tal”, apunta Bradley evocando aquellas discotecas callejeras dirigidas por hombres como Duke Reid, ex policía curtido en el gueto, o Prince Buster, al frente de un sound system de nombre particularmente significativo, Voice of The People. Serán esos hombres, entre otros, los que tras batallar en el sentido más literal del término por mantener las exclusivas de tal o cual sencillo traído de Estados Unidos –un joven Bob Marley también ejerce de ojeador de singles, a los que se les borran los créditos de las galletas para que la competencia no averigüe qué es eso que tanto gusta– caerán en la cuenta de que pueden (y deben) producir su propia música para mantener la hegemonía, poniendo con ello en acción una maquinaría de efectos insospechados.

El primero con auténtica relevancia en perfilar su festiva silueta, a finales de la década de los 50, será el ska, convertido tras 1962 en “el sonido de la euforia de la independencia”. Pero la banda sonora del país, cómo no, discurrirá en paralelo a su estado de ánimo social, un desarrollo que Bradley –ya se ha apuntado– hilvana con pulso y maestría: la decepción provocada por la ausencia de cambio real encontrará su reflejo en el rocksteady –más lento pero no menos contundente–, rápidamente asociado a la violencia de los rudeboys, las pandillas de delincuentes manipuladas sin escrúpulo alguno por los dos partidos políticos en alternancia, el conservador Jamaica Labour Party y el izquierdista People’s National Party. Una asociación que el autor, claro está, también desmonta de un plumazo: la inmensa mayoría de habitantes del gueto es gente honrada y trabajadora, y su exigencia de que la dejen bailar en paz también encontrará eco en el sound system

La masiva inmigración jamaicana a la metrópoli británica a partir de la mitad de la década de los 50 abre una segunda vía de desarrollo que Bradley, hijo él mismo de aquella diáspora, documenta de manera acorde a su singular importancia –sin ahorrarse sabrosas anécdotas: los sound systems tendrán que adaptar allí su vocación callejera a la semiclandestinidad de un Londres que aún rotula en la entrada de muchos de sus locales comerciales la vergonzante leyenda No irish, no blacks, no dogs–. Lo hace al tiempo que detalla la creciente importancia que la singular filosofía rastafari va adquiriendo en la isla originaria, dotando con argumentos de carácter nativo a ese movimiento universal de orgullo negro que, en el caso concreto de Jamaica, se enfrenta a un sistema tan clasista como racista, y que, una vez más, encontrará en la música el perfecto altavoz de sus demandas.

“Es imposible exagerar la importancia de Bob Marley como parte de esta historia. El que más discos vendió, el que más giras hizo, el de los conciertos más multitudinarios, el más internacional, el más comentado… Hay tantos superlativos que al final resultan superfluos”, comenta Bradley, quizás el primer autor en matizar con esmero el perfil de la estrella en este mare magnum que, todavía tras el reggae, seguirá deparando hasta la fecha subgéneros clave para la comprensión histórica de la música pop. “Años antes de que la música electrónica inundara las pista de baile, el dub había desestructurado la música pop en la mesa de mezclas”, dice Tomás Cobos en su prólogo. Y, en efecto, no hay nada más que añadir.

“El músico medio de clásica es muy cuadriculado”

Blas Fernández | 13 de junio de 2014 a las 5:00

Foto: Beatriz Carmona

Nacido en Madrid “por accidente”, Marco Serrato, sevillano del 78, es conocido en los ambientes melómanos por su trabajo en Orthodox, esa banda de heavy metal atípico –más por convicción que por sonoridad– requerida en espectáculos del bailaor Israel Galván y receptora de ininterrumpidos parabienes por parte de un iconoclasta tan ilustre como el británico Julian Cope. Pero el contrabajo de Serrato no sólo suena en Orthodox. Implicado en múltiples proyectos de carácter experimental –Hidden Forces Trio, Sputnik Trio, Jacob…– o lúdico –Monstermind–, ahora deja el protagonismo absoluto a las cuatro cuerdas en su primer disco bajo nombre propio, Seis canciones para Cuervo (Alone Records), un registro duro, de escucha difícil; también de esos que dejan encogido el corazón del oyente.

–Solo contrabajo. ¿Por qué?

–Bueno, en el jazz y en la improvisación libre no resulta tan raro, aunque supongo que para el oyente medio de metal o de pop será un disco prácticamente inaccesible. Viene de las horas y horas que he pasado solo ensayando. De eso y de las ganas, después de estar metido en tantos proyectos colectivos, de hacer algo donde yo fuera el único responsable, donde no tuviera que consensuar nada con nadie. La democracia también cansa.

–Se intuye que es un disco de carácter narrativo. ¿A partir de alguna experiencia concreta?

–Sí, demasiado íntima para hablar de ella. Ha sido como practicar un exorcismo. Además, sentía cierta conexión con Cuervo, de Ted Hughes, mi libro de poesía favorito. Es un libro muy negro, pero que a él le sirvió para superar la situación que vivió con Sylvia Plath, su suicidio. Lo mío no se puede ni comparar, claro, pero era también un poco poner banda sonora a ese libro, que me había acompañado durante tanto tiempo. Identifico a Cuervo con la negrura de la experiencia que viví. Es la manera de darle su espacio en mi vida, de aprender a convivir con él.

–Apenas se permite algún truco propio del estudio de grabación, como overdubs

–Llevaba dos o tres años dándole vueltas a la idea de hacer un disco así. Lo iba imaginando, luego lo pasé al papel… Pero antes de empezar a grabar sucedieron varias cosas: tocar en el Conservatorio una obra de Cristóbal Halffter, de la que cogí varias ideas, sobre todo texturas; tocar con Hidden Forces piezas de improvisación libre; descubrir a Simon H. Fell, uno de los músicos que más enganchado me tienen últimamente… Todo eso me fue ayudando a poner en pie el disco.

–Usted es músico con formación académica.

–Bueno, he estudiado en el Conservatorio, pero mi formación no es clásica. Comencé a estudiar música cuando tenía 23 o 24 años, y sin embargo tocaba desde los 14. Así que, aunque me haya aportado herramientas muy útiles, mi formación está en el metal y en el rock. Eso no lo ha sustituido el Conservatorio: Oh, ahora ya he descubierto a Ligeti o a Stravinsky y lo demás no me interesa. Eso es una tontería.

–¿Saben allí de su trabajo?

–La verdad es que no lo aireo mucho. Tendría que explicarlo, y sería como explicárselo a alguien que escuche reguetón. Tengo algunos compañeros que conocen mi música y les gusta; para otros, es esa cosa rara que tú haces… Incluso en Orthodox nos hemos relacionado con músicos académicos a través de espectáculos como el de Israel Galván, en el que también estaba implicado Proyecto Lorca, que son profesores de Conservatorio. Les gusta, entran al trapo porque también les gusta la contemporánea y la improvisación libre. Ese tipo de músico sí está predispuesto, pero el músico medio de clásica es muy cuadriculado. Ni siquiera está predispuestos a intentar entender a un músico académico del siglo XX o el XXI. Les pones a Ligeti, que es ya como hablar de Beethoven, y les sigue costando. Es como ese heavy cuadriculado con el chándal del Sevilla que no sale de Iron Maiden y AC/DC. A ése no le vas a poder vender la moto de Orthodox.

–¿Se considera un heavy atípico o la prueba viviente de los muchos prejuicios en torno al género?

–Ja, ja… Me gustaría pensar que lo segundo, aunque es obvio que soy lo primero.

Foto: La Pinza Creaciones Fotográficas

Foto: La Pinza Creaciones Fotográficas

–Descontando rarezas y recopilaciones, desde la publicación de Baal, en 2011, cuarto disco oficial, no tenemos nuevo trabajo de Orthodox. ¿Qué ocurre?

–Estamos algo parados por las circunstancias vitales de cada uno. El primer tirón de Orthodox fue intenso, casi a disco por año. Llegó un momento en el que estábamos un poco saturados. Por primera vez en mucho tiempo, a la hora de componer, teníamos sensación de atasco creativo. Ideas hay, porque las estamos sacando por otros lados, no nos hemos quedado en blanco. Pero bueno, no sentimos ninguna presión.

–Sí, pero llama la atención que dejen aparcado justo el proyecto con el que han logrado mayor repercusión internacional…

–Creo que eso va con nuestra naturaleza… ¡estúpida! Ja, ja.. Enfocarnos más en lo que menos nos reporta, para pasar hambre… Los demás proyectos se han beneficiado un poco de Orthodox. Si no hubiera sido por eso, probablemente nadie hubiera prestado atención a Hidden Forces o a lo que acabo de hacer en solitario. Somos conscientes de que es el grupo al que hay más gente esperando. Si yo hago mañana otro disco en solitario a la gente le va a dar igual, y lo sé, pero por Orthodox siempre nos preguntan. Nosotros mismos lo echamos de menos. Ya hay ganas.

–¿Y cómo será el nuevo álbum de Orthodox?

–Ja, ja… Nosotros estamos igual. Creo que nos gustaría hacer algo que englobara todo lo que hasta ahora hemos hecho por partes. Es algo que ya conseguimos de alguna manera en Amanecer en Puerta Oscura, que engloba eso que estaba antes más fragmentado: nuestro lado metalero, el más experimental con instrumentación jazzística… Creo que nos gustaría hacer otra vez algo así, pero una cosa es lo que tenemos en mente y otra lo que pueda salir. Igual nos sale un disco de hardcore.

–Resulta curioso comprobar cómo los discos de Orthodox han calado entre públicos dispares, gente que escucha metal, pero también oyentes de contemporánea, jazz o rock independiente…

–Creo que cada público tiene un poco su disco. Hay quien prefiere Gran Poder y quien prefiere Sentencia. Supongo que debe ser una cuestión de sensibilidad. Creo que lo que transmite Orthodox, por encima de etiquetas como metal o pop, es libertad creativa. Y eso a la gente con sensibilidad, a la que le gusta la música, le pega. A mí me pasa como oyente con muchos grupos, cosas de krautrock o de improvisación libre que, sólo por tomar el riesgo, ya me predisponen favorablemente, aunque algunos de sus experimentos fallen. Que el conjunto te transmita esa libertad, esa honestidad, creo que es lo que hace que enganchemos con gente tan distinta.

–Desde Baal aquí no ha habido nuevo disco oficial de Orthodox, pero sí varios proyectos en los que ha estado implicado. Por ejemplo, Hidden Forces Trio,  junto al clarinetista Gustavo Domingo y al baterista Borja Díaz (Orthodox, Blooming Látigo).

–Hidden Forces comenzó con Borja y con Gustavo, que es a quien llamamos cada vez que necesitamos un viento en Orthodox. De hecho, tocó en Amanecer y en Sentencia. Luego comenzaron a tocar ellos dos, que son amigos desde la infancia, y más tarde me acoplé yo con el contrabajo. Ahí las inquietudes van más por el jazz y la improvisación libre, aunque creo que muchas de las cosas que hacemos encajarían también perfectamente en Orthodox. Creo que con Orthodox, pese a todo esa libertad de la que hablaba antes, los conceptos están muy atados, con una densidad específica. Y Hidden Forces, en ese sentido, tiene un punto más artesanal. Queríamos tocar y dejarnos llevar de una forma más relajada.

–¿Y Jacob?

–Jacob viene de mi amistad con David Cordero. Ahora estamos los dos muy liados, él con Viento Smith y otras historias, pero es un proyecto que podemos retomar en cualquier momento. Tampoco hay presión: no tenemos masas de fans reclamando un segundo disco. Lo haremos cuando se alineen los astros, que no sé cuando será.

–Muy diferente resulta su participación en Monstermind…

Sí, ja, ja… En Monstermind el principal compositor es un amigo de hace mucho tiempo al que lo que le va es el metal ochentero, Michael Jackson y los videojuegos de la Sega Mega Drive. Arcade Metal lo llamamos nosotros [más risas]. Eso sí se sale un poco de mi línea habitual, pero estoy tan en mi mundo, tocando solo, que me viene bien algo así: tocar riffs me pone las pilas.

–Si le cito los nombres de Julian Cope e Israel Galván, ¿que se le viene a la cabeza?

Julian Cope nos dio una inyección de autoestima muy grande cuando empezó a escribir sobre Orthodox en su web. Y sigue apoyándonos, tanto a Orthodox como a nuestro proyectos paralelos o en solitario. Además, es el tipo de artista que a nosotros nos inspira, que transmite libertad. No le da miedo probar. Ya quisieran muchos de su quinta. Para nosotros ha sido un apoyo fundamental. Supongo que sin su ayuda, por ejemplo, Southern Lord no habría editado nuestros dos primeros discos. E Israel Galván… Estar a su lado es estar al lado de un artista de verdad, libre. Creo que con él pasa lo mismo que antes decía de Orthodox: a mí el baile flamenco no me interesa especialmente, pero llega Israel y lo disfruto. Es por esa cuestión de sensibilidad, porque te transmite, porque se está expresando a través del baile. Da igual que sepas o no de flamenco: te llega.

Marco Serrato presenta Seis canciones para Cuervo hoy, viernes 13, a las 20:00 en FNAC Sevilla.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 11)

Blas Fernández | 12 de junio de 2014 a las 5:00

lvp_11_blog_interior
En nuestro nuevo programa revisamos los primeros nombres y novedades anunciados para la VI edición del Monkey Week, que se celebrará en El Puerto de Santa María del 10 al 12 del próximo mes de octubre. Escuchamos al costarricense Umbra Sum y hablamos de Bass Culture, el imponente y ya clásico libro de Lloyd Bradley en torno a la historia de la música jamaicana, recientemente publicado en España.

Apuntamos conciertos de Las Buenas Noches, León Benavente -partícipes del largo cartel del Anfi-Rock de Isla Cristina-, Grupo de Expertos Solynieve -anunciados para el festival Sierra Nevada por Todo lo Alto- y Tarik y La Fábrica de Colores -celebrando el 25 aniversario de su primer álbum-.

Seguimos, cómo no, Recordando a Triana a través de ese álbum homenaje con edición prevista para el próximo día 24 y, finalmente, reparamos en las reediciones de algunos de sus discos más señalados que Los Marañones proponen vía bandcamp.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o en la web de ScannerFM.

scannerfm_logo

Tracklist

1.-Perro: La reina de Inglaterra

2.-Maria Rodés: Tengo miedo

3.-Forest Swords: Irby Tremor

4.-Dorian Wood: La cara infinita

5.-Umbra Sum: Años como flores

6.-Niney The Observer: Blood and Fire

7.-Desmond Dekker: Israelites

8.-Las Buenas Noches: La red eléctrica

9.-León Benavente: Estado provisional

10.-Tarik y La Fábrica de Colores: Entonces por qué

11.-Grupo de Expertos Solynieve: Ola de calor

12.-J: Recuerdos de una noche

13.-Noni y Ale: Una noche de amor desesperada

14.-Los Marañones: El final

Desde los rincones oscuros

Blas Fernández | 8 de junio de 2014 a las 5:00

Repara La Ventana Pop esta semana en dos títulos andaluces de reciente aparición, situados ambos en los elásticos márgenes del asunto y definitivamente ajenos a cualquier sospecha de complacencia.

litoral_blogLitoral. Kermit. Post-Rock. Ítaca Records. LP / CD / DD

Tras debutar en largo el pasado 2012 con Autoficción, un disco que ya aportaba innegables pruebas sobre su inclinación por el post-rock en canónica versión instrumental, la banda malagueña Kermit da un considerable paso adelante pisando el mismo camino que otros abrieron antes. Se entiende que con la intención de escapar de esa concepción del género indudablemente vetusta y, casi se diría, congelada ya en el imaginario melómano.

No muy lejos pues de la fuga hacia adelante que ejemplifica el catálogo del sello estadounidense Thrill Jockey –muestrario de posibilidades a veces brillante, a veces fallido–, el grupo no sólo potencia en su nueva entrega el componente jazz, sino que además opta por introducir un atractivo armazón conceptual que centra la atención y fija el objetivo, alejando de paso el fantasma de la especulación gratuita.

Esa guía, a la que aquí se homenajea desde la admiración y el respeto, es la revista poética Litoral, de la que el álbum toma su nombre, emblema y fetiche para la Generación del 27, de azarosa existencia pero todavía hoy felizmente viva. De hecho, es su actual director y diseñador gráfico, Lorenzo Saval, el encargado de firmar el arte del disco, incluida una portada desde la que un faro ardiente, con misteriosa inquilina, sigue arrojando luz pese a que las llamas ya devoran su base.

kermit_blogUtilizando sampleados de Roberto Bolaño, George Orwell y Alan Ginsberg –I saw the best minds of my generation destroyed by madness… Ya sabe– y recitados de poemas de Raúl Díaz Rosales y Francisco Trujillo –este último, bajista de la formación–, Litoral propone un hipnótico periplo condensado en el primer año de actividad de la publicación. Justo de ahí que su corte inicial responda al título de 1926 –cuando Emilio Prados y Manuel Altolaguirre la ponen en marcha– y el último sea 1927.

El primero es un tema de luminosa quietud y ondulante reiteración de motivos –ese patrón tan post-rock– que crece en intensidad y luego se desvanece para recibir la voz poética; el último, por su parte, se dilata más allá de los once minutos alternando diferentes enfoques –de la electrónica al jazz–. Por medio quedan cinco atractivos cortes hilvanados sin pausa, entre los que destacan el orientalizante Ingeborg –inspirado en aquel desquiciado personaje femenino de 2666, la meganovela de Bolaño– y Magnitizdat –con primerizo pulso motorik y guiño a la masiva copia casera de cintas magnetofónicas que el totalitarismo soviético provocó entre los ciudadanos del Este–.

Aunque en ocasiones Litoral deje una leve sensación de imperfección –ahí donde las ambiciones estéticas del grupo quedan algo por encima de sus no pocas habilidades como instrumentistas–, el resultado final (y global) nos revela a una banda todavía en crecimiento, pero ya con suficientes argumentos para reclamar, en justicia, un merecido hueco desde los rincones más inquietos de la exultante escena andaluza.

santa_blogSanta afirmación. José Cicuta. Rock / Experimental. Knockturne Records. CD / DD

De similares rincones emerge el trabajo de José Cicuta, dúo sevillano integrado por Agustín Suárez y Eduardo J. Benítez que previamente había puesto en circulación dos trabajos autoeditados, el álbum La buenaventura (2010) –otro disco de inspiración literaria, en su caso Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy– y el EP K is for Magic. Pendientes ahora de una, a priori, atractiva colaboración con el atípico cantaor Niño de Elche –que ya ha vivido puesta en escena en directo con prometedores perspectivas–, Santa afirmación supone su segunda y recomendable entrega en largo.

En su caso, cabe hablar sin más conjeturas de rock experimental, pues aunque la música que proponen bebe de muy diversas fuentes –de las antiguas vanguardias académicas a la electrónica contemporánea, pasando por el paisajismo agreste y las bandas sonoras cinematográficas–, su apuesta, por pura afinidad cultural, engarza con la de indómitos francotiradores de ese ámbito. No en vano, citan a Coil, Throbbing Gristle o Swans entre sus reconocidas influencias.

cicuta_blogFascinante en su lento y denso desarrollo –nos dan la bienvenida con El loco, trece minutos de burbujeante magma sonoro que, en su primera parte, encuentra en el recurso de una leve distorsión el perfecto contrapunto a la nebulosa melodía–, Santa afirmación despliega todo un catálogo de música entendida a un tiempo como receptor y catalizador de diversos estados de ánimo –música, al fin y al cabo–, aunque entre éstos imperen, parece evidente, los de perfil apesadumbrado y meditabundo por encima de los felizmente ensoñadores.

No obstante, la paleta de José Cicuta –reforzada también aquí, en varios cortes, por el imponente quejío de Niño de Elche– es amplia y rica. Tanto que los directores de cine de acá y de allá están tardando ya en echarle el lazo. Cualidades cinemáticas les sobran.