El Podcast de La Ventana Pop (Programa 61)

Blas Fernández | 24 de noviembre de 2016 a las 5:00

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¿Quién con la edad suficiente no recuerda La bola de cristal?  Desde luego, sí lo hacen los organizadores del festival benéfico sevillano Lilifest, destinado fundamentalmente al público infantil, que han tenido la feliz ocurrencia de juntar a una superbanda para rescatar en directo el delicioso repertorio de aquel programa de TVE.

Uno de los protagonista de ese cancionero fue Santiago Auserón, que anuncia nuevo disco de Juan Perro cinco años después de su último álbum. También es novedad el Fire Monkey de Little Cobras, partícipes junto a Sweethearts From America de la nueva cita organizada por Rock Action Sur.

A la espera de la inminente edición del Event Nature de Hi Corea!, y con el Save de Beatlove y el Gemini de Holögrama ya en circulación, directos de O Sister!Furia TrinidadTerry Vs. ToriAll La GloryPinocho DetectiveMarklenders.

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Tracklist

1.-Alaska: La bola de cristal

2.-Juan Perro: Los inadaptados

3.-O Sister!: Please, Don’t Talk To Me Before My Morning Coffee

4.-Hi Corea!: Electric Shades

5.-Little Cobras: Cobalt Blues

6.-Little Cobras: The Butcher

7.-Sweethearts From America: Across The Ocean

8.-Furia Trinidad: She and The Sunshine

9.-Beatlove: I Like Turtles

10.-Holögrama: Last Train

11.-Terry Vs. Tori: Dream Wild

12.-All La Glory: I Can’t Take My Eyes Off You

13.-Pinocho Detective: L.A. y San Francisco

13.-Marklenders: Hank Scorpio

“Si no fue Morente quien cambió la historia del flamenco, al menos sí la viró”

Blas Fernández | 18 de noviembre de 2016 a las 5:00

El realizador José Sánchez-Montes. / Foto: Matilde de la Cruz

El realizador José Sánchez-Montes. / Foto: Matilde de la Cruz

Coincidiendo con el vigésimo aniversario de su publicación original -y a punto de cumplirse seis años de la muerte del cantaor-, llega este viernes a los cines Omega, documental sobre el disco homónimo de Enrique Morente y Lagartija Nick, una película codirigida por el granadino José Sánchez-Montes -al habla en esta entrevista- y el sevillano Gervasio Iglesias que revisa el proceso de creación de aquella obra capital. Y no sólo para el flamenco.

-¿Por qué este documental?

-He trabajado con Universal varias veces, con Tiempo de leyenda, el documental sobre La leyenda del tiempo de Camarón, con el de Martirio… Se trataba de aprovechar la efeméride para hacer una película relacionada con la reedición del disco. Los 20 años de Omega se presentaban como una ocasión muy buena para revisar qué pasó y ponerlo en imágenes.

-¿Recuerda cuándo conoció a Enrique Morente?

-Sí, en el año 84, cuando montamos la productora Ático 7 y éramos unos chavalines que no sabíamos ni qué íbamos a hacer al día siguiente… Nos dedicábamos, sobre todo, al videoarte y hacíamos algunas cosas pequeñas. Un día que estaba solo en la productora llamaron a la puerta y era Enrique. Me quedé flipado. Me dijo “mira, me han dicho que hay aquí unos chavales que hacen vídeo de creación y yo no sé lo que es eso”. Y allí estuvo un rato hablando conmigo. Me quedé impresionado, porque lo conocía y admiraba como artista. De hecho fue con él con quien entré en el flamenco, que antes, sinceramente, no me importaba nada. Ahora sigo sin saber nada de flamenco, pero si alguien me dijo que ahí había una música que iba mucho más allá, ése fue Enrique Morente.

-Después trabajó estrechamente con él en películas como Morente sueña la Alhambra

-Hubo una experiencia anterior para mí tan importante como Morente sueña la Alhambra, o incluso más, que fue cuando dirigió musicalmente el proyecto multimedia Federico García Lorca. De Granada a la luna. Convinimos cuáles eran los artistas que podían participar y gracias a él fueron entrando desde Santiago Auserón hasta Michael Nyman, John Cale o Neneh Cherry. Curiosamente, Enrique abría muchas puertas fuera. Yo entonces, por ejemplo no estaba muy seguro de que Robert Wyatt supiera de Enrique, pero, vaya, no es sólo que supiera de él, sino que era fan. Luego, claro, Morente sueña la Alhambra fue una experiencia muy intensa, de varios años de trabajo.

-¿Ha sido difícil desentrañar el origen de un disco tan poliédrico, casi tan impreciso como el propio origen del flamenco?

-Está claro que hay un montón de antecedentes, gente importante que experimenta con el flamenco y otras músicas y que lo hace con mucha calidad: Sabicas con Joe Beck, Smash, Camarón con La leyenda del tiempo… Esos antecedentes están ahí. Pero el hacerlo desde el conocimiento de la profundidad de las letras de Lorca, de la profundidad de las letras de Leonard Cohen… Eso es lo que hace especial a Omega. Si no se juntan dos ejes a priori tan antagónicos como Lagartija Nick, con todo el conocimiento cultural profundo de Jesús y Antonio Arias, y un cantaor como Enrique, tan interesado en rescatar a los poetas y ofrecer una visión de izquierdas del mundo del flamenco, eso no se hubiera podido hacer.

-Me refería también al cambio de dirección que sufre el proyecto inicial, que en origen es un disco de versiones de Cohen, sin rastro aparente de García Lorca…

-Creo que fue algo así como cuando Enrique apareció en Ático 7. Enrique tenía las orejas y la mirada muy abiertas y que estaba buscando cosas ya lo sabíamos, porque antes había querido colaborar con 091. Encontrarse con Jesús y Antonio Arias, unos chavales que le cuentan algo que a le entusiasma, le hace cambiar de idea y dejar a una lado el proyecto original para, a partir de ahí, mirar a Omega como algo mucho más serio. Me contaba Alberto Manzano [traductor y biógrafo de Cohen] que el primer enamoramiento de Enrique por Cohen estaba en sus primeros discos, que son más de cantautor, pero cuando lo conoce personalmente, Cohen está ya en otro registro, más surrealista. Ese Cohen surrealista es el que lleva a Enrique a Poeta en Nueva York y el que hace que se de cuenta de lo mucho que tenían que ver Cohen y Poeta en Nueva York. Creo que esa relación que descubre es la que le hace sentirse insatisfecho con la idea de grabar, simplemente, un disco de versiones de Cohen.

-La casualidad ha querido que Leonard Cohen falleciera antes del estreno del documental. ¿Llegó a verlo?

-No. Contactamos con él para hacerle una entrevista, como es lógico, pero en ese momento estaba mal y no hubo manera. Afortunadamente, apareció esa entrevista suya en Los Ángeles y tanto Gervasio como yo vimos que era casi mejor: él, intentando promocionar Omega en Estados Unidos. Le llega el disco y se queda sorprendido, pero también convencido de que nadie allí lo va a oír y que tiene que hacer algo para promocionarlo. Así que se va a la radio y se pone a hablar de Omega. Ahora, con su muerte, el documental no sólo cobra sentido como homenaje a Lorca, a Enrique y a Jesús Arias, sino también como homenaje a Cohen.

-¿La fascinación de Morente por Cohen es la fascinación de Cohen por Lorca?

-Creo que sí. Enrique se convirtió en un lector y las letras de Cohen le llegaban. Él ya había cantado a Miguel Hernández, había trabajado a Bergamín y a otros muchos poetas importantes. Y lo siguió haciendo después. Pero Cohen le llega a fascinar: un tío de Canadá que había hecho un concierto multitudinario ante 600.000 personas en la Isla de Wight, solo con su guitarra… Todo eso, creo, le debió de impactar mucho.

-Cuando se anuncia el documental y la reedición del álbum, inmediatamente arrecian los titulares grandilocuentes: El disco que cambió la historia del flamenco… ¿No le resulta exagerado? Por un lado, Morente ya tenía otros discos particularmente rompedores; por otro, ya existían discos igualmente rompedores de otros artistas flamencos.

-Se exagera muchísimo, desde luego, con todas esas frases hechas. Pero, en cualquier caso, lo que sí creo es que si no fue el propio Enrique quien cambió la historia del flamenco, al menos sí la viró. Si no, ¿a qué tanto experimento, tanto seguimiento por parte de público joven, tanta admiración de casi todos los flamenco actuales por Enrique, por su manera de hacer las cosas? Está claro que no hablamos sólo de Omega, sino de la Misa flamenca, de Negra si tú supieras… Cuando pasen los años, sin duda, todos tendrán claro que está entre los grandes, grandes del flamenco.

-Uno de los alicientes del documental es su despliegue de material inédito, tanto en imágenes como en sonidos…

-En casi todas mis películas anteriores he utilizado audios no de los discos editados, sino de ensayos, pruebas… Y aquí casi todo lo que va a oír el espectador son o bien directos o bien ensayos. Hay muchas perlas: audios de ensayos con conversaciones y discusiones que te hacen sentir allí. Por otro lado, Ángel Arias, hermano de Jesús y de Antonio, me llamó un día para decirme que había encontrado una cinta de vídeo con la etiqueta Morente y que no sabía ni qué tenía. La vimos y resultó que estaba grabado uno de los primeros ensayos con Lagartija Nick, en un cubículo pequeñísimo con 12 ó 13 personas. Fue un hallazgo. Y luego, de todo el material que yo tenía con Enrique, había muchísimas cosas que no habían salido. Por ejemplo, un concierto en el Zaidín grabado con varias cámaras y audio en multipistas. Parte de esa actuación está también en el documental. Hay bastante material desconocido, bastante.

-De todos los protagonistas de la película, cobran singular importancia la mujer e hijos de Morente y Antonio Arias, el ideólogo en la sombra. ¿Cómo vivieron el proceso de evocar todo aquello? Se lo pregunto, porque hay momentos particularmente emotivos…

-Creo que Antonio ha hecho el trabajo que quedó pendiente. Hablando con él muchas veces me deja esa sensación, que quedó pendiente trabajo por hacer con mayor libertad o con la distancia sobre las cosas que te da el tiempo. Enfrentarse a ese material y ver que sigue siendo absolutamente moderno, para él es un gustazo. A veces revisas material de hace tres años y te dices “qué cosa más antigua”. Pero para él, en el caso de Omega, ha sido lo contrario. Y ha sido muy feliz haciéndolo. Y para la familia, tras la muerte de Enrique, y con ella la desaparición de una parte importantísima de sus vidas, creo que ha sido el momento de darse cuenta de que, pasados los años del luto, ahora volvía la posibilidad de disfrutar. Tanto Aurora como Estrella, Soleá y Kiki, todos han estado entusiasmados. Yo no quería que fuera una película triste, sino todo lo contrario, y creo que lo hemos conseguido gracias a la propia familia.

-Omega abrió en Barcelona, el pasado 27 de octubre, la última edición del festival de cine documental musical In-Edit. ¿Cómo reaccionó el público?

-Ya había estrenado en el In-Edit Tiempo de leyenda. Y en las mismas condiciones: en la inauguración del festival, con una sala llena, 1.200 espectadores, y fue fantástico. Pero la verdad es que esta vez ha sido brutal. La gente se reía, lloraba, aplaudía… Y la ovación final… Christian Pascual, el director de In-Edit, nos contó que en los 14 años del festival nunca había visto una respuesta tan entusiasta en un estreno.

-Como directores o productores, entre Gervasio Igleias y usted ya han abordado documentales sobre Smash, Camarón, Veneno, Martirio, Morente… ¿Lo próximo?

-Tengo un proyecto desde hace tiempo, en colaboración con Raúl Rodríguez, sobre un personaje que creo que no se ha trabajado convenientemente, y que es Diego del Gastor. Y estoy metido ya en un proyecto sobre la relación histórica entre músicos andaluces y catalanes. Por ejemplo, hay un personaje, Felipe Pedrell, profesor de música catalán en Madrid, que viene aquí y descubre la música popular andaluza. Y este hombre es luego maestro de Falla, de Granados, de Turina, de Albéniz… Desde Pedrell a Joan Albert Amargós, que termina componiendo arreglos para Camarón y Paco de Lucía, hay muchas cosas interesantes.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 60)

Blas Fernández | 10 de noviembre de 2016 a las 5:00

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Arranca en esta ocasión El Podcast de La Ventana Pop con un pasodoble compuesto por Luis Troquel e interpretado por Soleá Morente, buena muestra de lo variado de nuestro menú, marca de la casa. Suenan los nuevos trabajos de Furia Trinidad -fotografiados ahí arriba-, Beatlove, Error 6 y Marklenders; seguimos desgranando las últimas entregas de Hi Corea! y Apartamentos Acapulco y apuntamos algunos conciertos destacados a cargo de Nikki HillRyley WalkerMaika Makovski y Delbosque.

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Tracklist

1.-Soleá Morente: Suelo español

2.-Nikki Hill: Heavy Hearts Hard Fists

3.-Ryley Walker: The Roundabout

4.-Maika Makovski: Chinook Wind

5.-Beatlove: Modern Art

6.-Hi Corea!: Space Waltz

7.-Error 6: SMS

8.-Apartamentos Acapulco: Pensando en ti

9.-Furia Trinidad: The Morning After

10.-Furia Trinidad: Detroit

11.-Marklenders: Ojos

12.-Marklenders: Esto está muerto

13.-Delbosque: Protocolo de emergencia

“Tenemos acceso a tanta música que no podemos procesarla”

Blas Fernández | 30 de octubre de 2016 a las 5:00

Foto: Antonio Pizarro

Foto: Antonio Pizarro

Juano Azagra respira música. Al frente de Record Sevilla desde el fallecimiento de su padre, ha conseguido renovar el perfil de la histórica tienda de discos de la calle Amor de Dios. Como guitarrista y pianista, y tras otras aventuras previas, reparte ahora su tiempo y talento entre la banda de versiones Los Quiero, el grupo de acompañamiento de Chencho Fernández y All La Glory, la joya de la corona, su proyecto más personal y, aun así, compartido con otros músicos de similar enjundia: el guitarrista Israel Diezma, el bajista y vocalista Fran Pedrosa, la teclista y vocalista Pilar Angulo y el baterista Manuel Martínez. La formación, sólida como una roca, pone estos días en circulación su segundo y deslumbrante álbum, Everybody’s Breaking Everybody’s Heart (Happy Place Records), un notable cambio de registro, también de formación, respecto a su primer y homónimo disco.

–¿Tocar versiones con Los Quiero le sirvió para aprender el oficio de componer?

–Bueno, eso ha pasado siempre. Los mismos Beatles o los Stones empezaron haciendo versiones. Es una buena escuela. Es cierto que con Los Quiero hemos tocado mucho y, salvando las distancias, ha sido un poco como The Beatles en Hamburgo. Eso te hace más banda. Y, en cuanto a la composición, seguro que también influye. Si haces una versión de The Zombies o de Os Mutantes, algo se queda. Cuanto más conoces, cuanto más estudias, más te ayuda en la labor de componer y hacer un buen tema.

–Cuando recientemente tocaron en el Monkey Week había quien decía “¿All La Glory? ¡Pero si son Los Quiero!”.

–Sí, es cierto que a veces hay gente que no sabe si somos Los Quiero o All La Glory. En realidad, somos la misma cosa: cuando hacemos versiones somos Los Quiero y cuando hacemos nuestras canciones somos All La Glory.

–Y además, la banda de acompañamiento de Chencho Fernández…

–Casi al completo. Menos el bajista. Aunque cuando Pablo [Florencio], que es el bajista oficial, no puede, también viene Fran.

–Es que no paran: Fran tiene su propio grupo, Pinocho Detective, que hace pocos meses también publicaba un gran disco; Pilar toca en Las Janes…

–Sí, todos tenemos otras historia. A través de Los Quiero hay mucha gente que se da cuenta del potencial de la banda. Es un trabajo de repertorio que hacemos de manera gustosa, todo el tema de las armonías vocales… A veces nos ven otros músicos y se dicen: Me encantaría que ésta fuera mi banda.

–En su caso, la inmersión musical es total. Cuando no está ensayando está trabajando en Record Sevilla…

–Claro, en la tienda son ocho horas diarias escuchando música. Mi padre tenía un gusto muy amplio y casi todos mis referentes vienen de lo que escuchaba él. Así he conocido mucha música que, al mismo tiempo, me ha servido para desarrollar un estilo personal, que creo que es lo que tiene Everybody’s Breaking Everybody’s Heart: recoge todas las influencias que he ido asimilando a lo largo de mi vida.

–Pues no son pocas. Abarca un amplio abanico de estilos: power pop, new wave, soft pop…

–Y hasta casi dream pop, como pasa con VeraReasons To Get Lost puede sonar a Neil Young; Glow es más power pop; Pretty Eyes es más new wave… Hay un poco de todo. Igual un día me levantaba en plan Johnny Thunders que otro estaba más Spaceman 3 o me despertaba Todd Rundgren y me sentaba al piano… Como cuando empezamos a preparar el disco aún no teníamos sello, me dije: voy a hacer lo que me apetezca. Lo curioso es que funciona. Con la producción intentamos darle algo de uniformidad, porque las canciones son muy diferentes entre sí. Pero es que el disco es eso, en parte, un compendio de las músicas que escucho. Y también me gustan otras cosas, como el hip hop y la electrónica. Como decía mi padre cuando le preguntaban qué música le gustaba: Toda la buena.

Foto: Carolina Cebrino

Foto: Carolina Cebrino

–Supongo que en esa búsqueda de cohesión ha jugado un papel clave Jordi Gil. ¿Fue una producción a cuatro manos?

–Estuve en todas las mezclas e hicimos juntos todos los arreglos. Recurríamos el uno al otro mutuamente. Había canciones que para él eran tela marinera, de mezclas, de mogollón de pistas… Ha hecho un trabajo estupendo. Yo no entiendo nada de mezclar, pero sí tengo claro el concepto artístico. Así que no me quedaba en mi casa para que mezclase él y luego me enviara el resultado.

–Escuchando su trabajo con bandas tan diferentes como O Sister!, La Catedral Sumergida, All la Glory o Chencho Fernández, uno intuye que Jordi Gil se implica al cien por cien en cada producción que acepta…

–Sí, es una locura. Le echa mucho, mucho tiempo. Creo que se da cuenta de que le echa demasiado tiempo para el dinero que luego gana, pero es que ésa es su manera de grabar. Con él no llegas y tienes el disco en una semana, eso para él es impensable. Se puede pegar cuatro días mezclando un tema hasta que quede bien. Y si no lo consigue, lo deja, coge otro y luego vuelve a retomarlo. Es un productor muy fino. Me gusta mucho.

–La proliferación en la ciudad de estudios de grabación y sellos discográficos coincide con una explosión musical sin precedentes. ¿Se retroalimentan?

–Es brutal, una locura. Es una escena que se caracteriza por no ser homogénea. Hay una variedad increíble: I Am Dive no tiene nada que ver con Quentin Gas y Los Zíngaros; All La Glory no tiene nada que ver con Pony Bravo… Hay una gran cantidad de grupos, todos muy buenos y a la vez muy distintos. No ocurre como en Granada, donde impera el patrón del indie, sino que hay variedad, desde el rap de Tote King al rock más purista de The Milkyway Express. Además, no paran de salir grupos nuevos. Y todo muy bien hecho.

–¿Qué músicos sevillanos compran discos?

–Pues el último que vino a mi tienda… Uff… Antonio León, de Los Sentíos; Perepi, de I Am Dive; Javi Vega, de Maga; Álvaro Suite, que es guitarrista de Bunbury… Los Pony Bravo, por ejemplo, son de rebuscar en los cajones de ofertas para encontrar samples curiosos, tipo el Coro Ruso de no sé dónde… Pero en general son pocos los que compran discos. Creo que los músicos se lo gastan todo en pedales y en guitarras.

–¿Cree que el vinilo aguantará más allá del actual repunte?

–Está por ver que continúe en las siguientes generaciones, que no sea una moda. Aunque creo que nunca va a desaparecer, porque siempre quedará el coleccionismo. Además, se disfruta de otra manera. Internet, el streaming… Eso es pura sobreinformación: tenemos acceso a tanta música que no podemos procesarla. Más allá del hecho de tener el objeto en sí mismo, creo que la escucha se disfruta cuando la haces de manera tranquila, no cuando te descargas la discografía completa de un grupo y no sabes ni por dónde empezar. Prefiero ir comprando los discos uno a uno y disfrutarlos poco a poco. Cuando lo tienes tan fácil, las cosas pierden parte de su significado.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 59)

Blas Fernández | 27 de octubre de 2016 a las 5:00

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Arranca en esta ocasión El Podcast de La Ventana Pop con Los Jaguares de La Bahía, la banda gaditana liderada por Paco Loco, que se propone editar doce sencillos durante los próximos doce meses. Quentin Gas y Los Zíngaros avanzan su segundo álbum, con edición prevista para el próximo año. Antes llegará el nuevo EP de Hi Corea!, Even Nature. Completan la lista de novedades Elphomega, ahí arriba en una imagen promocional de su flamante Nebulosa, SKLT SLKT ft. Myriam, Marco Serrato, O Sister!, Cómo Vivir en el Campo y Holögrama. Y en directo, 091 recupera fecha en Sevilla tras la cancelación de Interestelar y agota los últimos conciertos de Maniobra de resurrección.

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Tracklist

1.-Los Jaguares de la Bahía: Philip The Liar (The Disco Star)

2.-Los Jaguares de la Bahía: Oh Yeah

3.-Quentin Gas y Los Zíngaros: Caravana

4.-091: Esperar la lluvia

5.-Elphomega: Herido

6.-Elphomega: Zihuatanejo

7.-SKLT SLKT ft. Myriam: Your Name is War

8.-Marco Serrato: Santa sangre

9.-O Sister!: I Fell in Love With New Orleans

10.-Cómo Vivir en el Campo: El grande

11.-Holögrama: Burgundy Coloured Mazes

12.-Hi Corea!: Into The Wild

“El cariño que hemos percibido en la gente nos ha sobrepasado”

Blas Fernández | 21 de octubre de 2016 a las 5:00

José Ignacio Lapido, durante la grabación de 'Maniobra de resurrección'. / Álex Cámara

José Ignacio Lapido, durante la grabación de ‘Maniobra de resurrección’. / Álex Cámara

Veinte años después de su separación, la banda granadina 091 anunció a finales del pasado 2015 Maniobra de resurrección, una gira de reunión a lo largo del presente 2016 saldada con un rotundo éxito de público. Del estupendo estado de forma exhibido por el grupo durante su retorno da fe, además, Maniobra de resurrección en directo (Warner), un doble álbum y DVD que recoge una de las dos actuaciones ofrecidas por 091 en su ciudad, recordatorio sonoro de un periplo de doce meses que ya vislumbra su fin. Aunque todavía les aguardan varios conciertos, entre ellos, este sábado a las 21:00 en el Festival Interestelar de Sevilla, ciudad en la que ya actuaron el pasado mes de abril abarrotando por dos noches consecutivas la Sala Custom. Al habla con José Ignacio Lapido, guitarrista y compositor de la formación.

–¿Qué balance hace de estos meses?

–Desde luego, más positivo no puede ser. Desde el primer concierto que dimos en enero, incluso antes, cuando se anunciaron las primeras fechas a finales del año pasado y se pusieron las entradas a la venta, ya vimos que algo gordo iba a pasar, porque se agotaban en pocas horas. Luego, a lo largo de los meses que hemos ido tocando por salas, teatros y festivales, la sorpresa inicial se convirtió en asombro. El cariño que hemos percibido en la gente nos ha sobrepasado, la verdad. No han sido sólo las salas llenas, sino la pasión que han puesto los fans al recibirnos. Y creo que nosotros hemos ido de menos a más, como suele suceder, conforme han ido pasando los conciertos. Por nuestra parte estamos muy satisfechos. Más no podríamos pedir.

Maniobra de resurrección ha superado las expectativas de todos, ha desbordado las previsiones habituales de una gira de reunión. ¿Cómo lo explica?

–Es raro, sí. Si echas la vista atrás hacia otras reuniones después de estar muchos años fuera del mercado, ves que son un tanto decepcionantes, grupos que vuelven bajos de forma, sin ganas… En música pop veinte años son una eternidad, pasan muchísimas cosas y no sabes bien cuál es el recuerdo que ha guardado tu público de lo que hiciste en su momento. Y no son sólo los veinte años desde la separación, sino todo ese tiempo desde que empezamos en 1982. Que vuelva una banda que en su momento tampoco tuvo un gran éxito y cuente con este recibimiento que hemos tenido, da que pensar. No sé si se mezcla un poco la nostalgia, el mito que se ha ido construyendo a lo largo de estos veinte años… Visto lo visto, vivida la experiencia, hay que aceptar que ha sido un mito que ha crecido con el tiempo. Hemos visto que se han sumado nuevos seguidores que, por edad, no nos habían visto en su momento, personas que en el año 96 eran niños. La sorpresa se acrecienta más teniendo en cuenta que nuestros discos estuvieron descatalogados todos estos años y que no fue hasta que se anunció la vuelta que las varias discográficas por las que tenemos repartido nuestro catálogo se pusieron manos a la obra y lo reeditaron. Así que todo esto resulta doblemente sorpresivo. No quiero ser presuntuoso, pero quiero creer que nuestras canciones han envejecido más o menos bien, que nuestro repertorio ha aguantado bien el paso del tiempo, y eso ha hecho que nuestra vuelta haya tenido un sustrato artístico potente.

–¿Subidón de autoestima?

–Sí, sí, claro… Ese asombro inicial, cuando se iban sucediendo los conciertos y veíamos que no era una cosa limitada a Granada ni a Andalucía, que la gente estaba por la labor en todos sitios, nosotros, que siempre hemos sido muy autocríticos, nuestra autoestima subió algunos puntos.

–¿Que momentos destacados va a guardar de Maniobra de resurrección?

–Hay varios… Por ejemplo, antes de la gira, cuando nos juntamos por primera vez en el ensayo y enchufamos las guitarras. Era una mezcla de miedo y respeto. Veinte años no pasan en balde y no sabes con qué te vas a encontrar. Pero fue enchufar, empezar a tocar y… ¡sonaba, sonaba! Ahora suena mucho mejor, claro, pero aquello nos dio confianza, no había que empezar de cero. Ése fue un momento muy importante. Luego, obviamente, lo que se recoge en el disco, los dos conciertos que dimos en mayo en la plaza de toros de Granada. No es nada habitual que un grupo local llene dos veces seguidas un sitio así. Eso impone.

–Otro subidón…

–Sí, sí, por supuesto. Ya lo intuíamos, porque cuando se pusieron a la venta las entradas volaban por miles. La gente de Ticketmaster nos contaba que no habían visto nada parecido. Fue un momento de subidón total que creo que todavía nos dura.

La banda al completo, en la Plaza de Toros de Granada. / Álex Cámara

La banda al completo, en la Plaza de Toros de Granada. / Álex Cámara

–Y después de todo esto, ¿no les ha tentado la idea de dar continuidad de algún modo a 091, aunque no sea de una manera convencional?

–La verdad es que no hemos querido pensar mucho en eso. Nuestro trabajo y nuestro tiempo, veinte años, nos costó decidir volver a juntarnos. Había habido ofertas desde años antes que habíamos rechazado. Decidimos hacer justo lo que habíamos venido a hacer: una gira de un año, de enero a diciembre. La idea inicial de Maniobra de resurrección era celebrar el aniversario de nuestra despedida. A partir de ahí… En principio no hay nada previsto. Vamos a dejar que la cosa se enfríe y pensarlo con tranquilidad.

–Entiendo que deja abierta una puerta que antes daba por cerrada…

–Aprendimos una cosa… El último disco de 091 se llamó, precisamente, Último concierto. Como nos hemos tenido que desdecir de ese título nos hemos dicho “no vamos a cometer otra vez el mismo error”. Vamos a dejarlo ahí. Todo esto no quiere decir ni que sí ni que no, sino todo lo contrario.

–No hace mucho me hablaba de la sensación de abatimiento tras la actuación de despedida en 1996. ¿Cómo cree que se sentirán cuando llegue el nuevo último concierto?

–Creo que será una sensación muy diferente a la de aquel concierto en Maracena. En el momento de aquella despedida las circunstancias eran muy distintas. La vida de los grupos tienes su ascenso y su caída. Y nosotros en la última época de 091 estábamos ya un poco desengañados. Habían sido catorce años juntos; nunca habíamos sido un grupo de gran éxito y veíamos que aquello… La principal razón de nuestra separación fue que ya era suficiente, que habíamos hecho los discos que habíamos querido hacer y que era el momento de poner punto final antes de que la cosa se pudriera a nivel personal o de caer en inercias indeseadas. Así que imagino que el estado de ánimo no va a ser el mismo ahora.

–¿Cree que este éxito colectivo repercutirá en su carrera en solitario?

–Está por ver, y no tardará mucho en verse. Tengo un disco pendiente que dejé aparcado cuando empezó todo esto. Entonces decidí parar mi carrera en solitario, y ahora, obviamente, la retomaré. Supongo que habría mucha gente que ni sabría que yo tenía una carrera en solitario; espero que ahora sigan mis pasos.

–¿Y el resto de componentes?

–Mi hermano [Víctor Lapido, guitarrista] seguirá con el Grupo de Expertos Solynieve, por supuesto. Supongo que José Antonio [Garcia, vocalista] hará igual. Tacho [González, baterista] ha empezado a rodar su primer largometraje como director y Jacinto [Ríos, guitarrista] no sé si va a poner en marcha algún proyecto o seguirá en lo suyo, la televisión.

–Otro motivo de orgullo: la única pega que algunos de sus seguidores han puesto al disco Maniobra de resurrección es que quizás no están todas sus canciones favoritas…

–Tendríamos que haber sacado un disco quíntuple para evitar eso… A la hora de elegir el repertorio sí nos fijamos en que estuvieran algunas canciones que no habían aparecido en Último concierto. Creo que en Maniobra de resurrección hay siete que no aparecían allí. Por supuesto, tienes que meter también las más representativas: ¿Qué fue del siglo XX?, La vida qué mala es, La Torre de la Vela… Era inevitable que ésas estuvieran en el disco. Pero también hay canciones que tocamos muy pocas veces en directo, como Nubes con forma de pistola, Nadie encuentra lo que busca, Para impresionarte, Si hay tormenta… Por otro lado, la misión de los fans es pedir siempre más. ¿No?

El ruido del Monkey

Blas Fernández | 17 de octubre de 2016 a las 14:44

Foto: Juan Carlos Muñoz

Foto: Juan Carlos Muñoz

Me lo contaron algunos espectadores que acudieron el pasado jueves al concierto de Niño de Elche en el Teatro Central y lo comprobé en persona al día siguiente, cuando hice el mismo camino para escuchar a Michael Rother. Cuando uno cruzaba el puente de la Barqueta no era rock lo primero que oía, sino a una banda de cornetas y tambores que ha tomado el espacio público como perenne local de ensayo.

Como vecino del entorno de Torneo hasta hace bien poco, no sólo he sufrido a King África sonando a todo trapo a las seis de la mañana -al parecer, las discotecas que en cierta época florecieron a las orillas del río están exentas de acatar la normativa municipal-, sino también esa permanente puesta a punto de las bandas procesionales. Si uno es de levantarse bien temprano, como es mi caso, eso lo lleva regular, francamente.

Le explico todo esto antes de admitir que entiendo las legítimas quejas de algunos vecinos de la Alameda de Hércules respecto a las molestias que les pueda haber ocasionado la celebración allí, durante el fin de semana, del Monkey Week. Lo que evidentemente no comparto es la inmediata instrumentalización de esas protestas por parte de sectores interesados para cargar contra el festival y, en el fondo, contra el apoyo que éste ha recibido del Ayuntamiento.

Uno, que tiene ya una edad y ha visto a Sevilla oscilar entre el entusiasmo y la abulia en varias ocasiones, sospecha que lo que molesta a quienes amplifican esas quejas no es tanto el ruido ni las vibraciones que provoca, sino el miedo a que se resquebraje su postal sepia de la ciudad, su idealizada (y fosilizada) concepción de la urbe, mucho más compleja y diversa de lo que ellos están dispuestos a aceptar.

Sevilla, es bien sabido, puede presumir de un largo historial de iconoclasia protagonizado por creadores de todas las disciplinas, transgresores tolerados por la caspa como rarezas, excéntricos exponentes de un mínimo, piensan ellos, porcentaje de ciudadanos a los que quizás les trae al pairo, o no, la Semana Santa (¿Semana?), la Feria de Abril y el Rocío, pero que padecen y aceptan todas las molestias que esas celebraciones les acarrean, desde ruidos a cortes de tráfico; desde aglomeraciones que les impiden acudir con normalidad a su trabajo hasta otras que retrasan su regreso a casa.

¿Y si ese porcentaje de iconoclastas resulta no ser tan pequeño? Intuyo que es la visibilidad de los raros del Monkey Week, un rotundo éxito de público, lo que tanto indigna a los adalides de la Sevilla eterna -que es, como quien dice, la Sevilla de anteayer-, ésa que se rasga las vestiduras y recurre al insulto ante un festival de rock pero que no dice ni mu ante asuntos tan escandalosos como la cesión a una cofradía de un Bien de Interés Cultural, los Baños de la Reina Mora, expropiados y restaurados con dinero público, como tan bien explicó en su día, en Diario de Sevilla, el arquitecto José García-Tapial y León.

Entiendo las quejas de aquellos vecinos de la Alameda que durante dos días, dos, han sufrido molestias. Será sin duda una de las varias cuestiones que el festival tendrá que replantearse de cara a futuras ediciones. Pero, por favor, pongamos un poco de cordura en este asunto, otro tanto de tolerancia y, desde luego, respeto. A ver si así, entre todos, evitamos repetir este anacrónico bochorno.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 58)

Blas Fernández | 13 de octubre de 2016 a las 7:01

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Arranca hoy la VIII edición del Monkey Week y El Podcast de La Ventana Pop se centra íntegramente en comentar diversos aspectos del festival, que desembarca por primera vez en Sevilla después de haber nacido y crecido en El Puerto de Santa María. Pistas, recomendaciones y, claro, mucha música. Entre otra, con los nuevos trabajos de Holögrama, The Magic Mor y Hi Corea!, fotografiados ahí arriba por Rosa Ponce.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Holögrama: Teenagers

2.-The Magic Mor: Room Service

3.-Hi Corea! : Common People

4.-All La Glory: L.A.M.F.

5.-Le Parody: Peligroso criminal

6.-Candy: Conjuros y rituales

7.-Carmen Costa: Tira de mentiras

8.-Kurt Baker Combo: Baby’s Gone Bad

9.-I Am Dive: The Lower You Fall

10.-Naja Naja: The Delusion of Amnesty

11.-Atavismo: Haribo

12.-Neu!: Isi

“El paso lógico del Monkey Week era venir a Sevilla”

Blas Fernández | 10 de octubre de 2016 a las 5:00

Foto: David Clares

Foto: David Clares

Tras siete ediciones de crecimiento constante en El Puerto de Santa María, el Monkey Week, híbrido de festival urbano y feria de la industria musical independiente, desembarca esta semana por primera vez en Sevilla, convirtiendo el entorno de la Alameda de Hércules en su nueva sede. Su amplia oferta arranca este lunes en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus) con los conciertos y proyecciones del miniciclo de documentales musicales DOC, aunque la auténtica “tromba”, como le gusta decir a Tali Carreto, codirector del encuentro junto a los hermanos Jesús y César Guisado, llegará el próximo jueves y se prolongará hasta la madrugada del domingo.

-Explíquele a quien no lo sepa por qué el Monkey Week no es un festival al uso.

-Fundamentalmente, por dos cuestiones. Por un lado, tiene un carácter de feria profesional muy marcado, con conferencias, mesas redondas, encuentros, mercado con empresas del sector, instituciones… Por otra parte, es un festival urbano, no se celebra en un recinto aislado ni es un macrofestival, sino que busca que la música se viva en la calle, que puedas saltar de un espacio a otro y, de camino, puedas pararte a tapear o a tomar un café. Y usamos los espacios de la ciudad, tanto los que habitualmente tienen programación musical, como Fun Club, Holiday, Sala X, La Calle, Malandar…, como aquellos que nosotros convertimos en espacios escénicos, que es lo que hacemos con el parking del Hotel Patio de La Cartuja o con la pista de coches de choque que instalamos en la Alameda.

-Serán más de 150 bandas repartidas en 19 escenarios diferentes. ¿Es el Monkey más ambicioso?

-Desde luego, se nos ha ido de las manos… Jajaja… En realidad, siempre intentamos controlar la cifra de conciertos. Nos decimos vamos a meter 75 grupos de showcases y que toque dos veces cada uno. Pero luego nos dejamos llevar por la emoción, empiezan a sumarse colaboraciones, otros agentes que presentan aquí a sus bandas y, al final, eso, se nos va de las manos. Puede que sea el más ambicioso, sí, pero sobre todo por la lógica que conlleva el cambio de ubicación. Desde luego, es el mayor número de escenarios que hemos tenido jamás.
 
-En su momento, esgrimieron razones de carácter práctico para argumentar el cambio de ubicación a Sevilla. Parece evidente que había más…

-Nuestras razones, sobre todo, obedecen a la logística. Pero también hemos dicho en más de una ocasión que, desde el principio, el actual equipo de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla entendió muy bien el proyecto y su necesidad de crecer. En realidad, se dio un cúmulo de circunstancias. En El Puerto estábamos tocando techo, era complicado ya en cuanto a infraestructura de hoteles, de transportes… El año pasado teníamos a un montón de transfers yendo al aeropuerto de Sevilla, al de Málaga, al de Gibraltar… Sevilla plantea ventajas en ese sentido. Tienes aeropuerto, tienes Santa Justa y tienes hoteles. No era la primera vez que nos tiraban cañas desde otras ciudades, pero Sevilla comprendió qué necesitaba el festival para crecer. Sobre todo en la vertiente profesional.

-Da a entender, entonces, que el Ayuntamiento de El Puerto no comprendía el proyecto.

-No me refiero siquiera al Ayuntamiento actual. A lo largo de siete ediciones, creo que nunca llegaron a entenderlo. Hace tres o cuatro años vivimos un momento bisagra. Se dieron cuenta de que el festival era beneficioso para la ciudad, pero creo que nunca llegaron a entender el riesgo económico y el esfuerzo brutal que hay detrás de él. Nuestra empresa, La Mota Ediciones, organiza a lo largo del año diversos eventos para los que no solicitamos a las instituciones ningún tipo de ayuda económica. Haces un festival, como El Freek Fest de Puerto Sherry, y asumes tus riesgos. La gente paga su entrada y consume en tus barras. No veo la necesidad de tener ahí un apoyo del Ayuntamiento. Ahora, cuando creas un evento que es beneficioso para toda la ciudad, que genera un importante retorno económico para el sector hostelero… Ahí creo que sí debe haber un apoyo mayor. Y durante años lo echamos en falta. Sólo surgió ese ímpetu cuando anunciamos la decisión de trasladar el festival a Sevilla. Pero ya digo que no se trata sólo, ni mucho menos, de aspectos económicos.

-Por cierto, ¿qué otras ciudades tiraron la caña?

-Estaría feo decir nombres, ¿no? Otra ciudad andaluza, una del norte de España… Fueron las dos propuestas más serias, pero teníamos claro que el paso lógico del Monkey Week era venir a Sevilla. No tenía sentido moverlo fuera de Andalucía ni moverlo a una ciudad que te ofrecía un recinto enorme, pero que hacía que se perdiera la característica de festival urbano. Ahora nos queda la prueba de fuego, comprobar si esta edición sale como esperamos.

-¿Cuál es el compromiso del Ayuntamiento de Sevilla? ¿Se limita a esta edición o se prolongará en los próximos años?

-Desde luego, venimos con la intención de quedarnos y de contar con el apoyo no sólo del Ayuntamiento. Para nosotros es importante conseguir aquí lo que tanto nos costó en El Puerto. Porque cuando anunciamos el traslado hubo muchos lamentos, pero al principio nadie nos quería allí. Nos costó mucho que la gente de El Puerto aceptara el Monkey. No fue llegar y besar el santo, pero al final acabó tomándolo como algo suyo. Más allá del apoyo institucional, eso es muy importante. Si conseguimos que este mismo año el sevillano comience a sentir el Monkey como algo suyo, entonces será que lo estamos haciendo bien.

-La pregunta inevitable y necesaria: ¿Qué presupuesto manejan?

-En torno a 220.000 euros.

-¿Y cuánto es dinero público?

-50.000 euros del Ayuntamiento de Sevilla y 5.000 euros de la Junta de Andalucía, que une la ayuda del Instituto Andaluz del Flamenco y la de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales.

-Pues teniendo en cuenta la relevancia que ha conseguido el festival, y su apuesta por crear industria, la aportación autonómica parece escasa…

-Sí. Bueno, también nos ceden el Teatro Central, pero aún así es escasa.

Los hermanos Guisado, César y Jesús, y Tali Carreto. / Andrés Mora

Los hermanos Guisado, César y Jesús, y Tali Carreto. / Andrés Mora

-En cualquier caso, la inversión privada supera con creces a la pública.

-Claro. En ese sentido también es muy importante para nosotros el Monkey Market, el mercado profesional: los ingresos que aportan las empresas participantes se distribuyen luego en bolsas de viajes, alojamiento de las bandas… Lo curioso es que hay administraciones foráneas que aportan lo mismo que la Junta de Andalucía, como el Institut d’Estudis Baleàrics (IEB), que hace una misión comercial presentando a tres grupos; la Diputación de Córdoba o el Gobierno Vasco, a través de Basque Music, que también montan su stand. Son instituciones que confían en la proyección que el Monkey puede dar a sus bandas. Bueno, así estamos. En El Puerto recibíamos muchas críticas por parte de quienes nos consideraban un festival subvencionado… La gente habla sin conocimiento.

-Y luego están los patrocinios. Muchos de los escenarios van asociados a una marca comercial.

-Es que es la única manera de que esto salga adelante, con la colaboración de patrocinadores privados.

-Además de los escenarios oficiales, también han aparecido escenarios off, espacios que se suman a la programación aunque sea desde los márgenes…

-Sí, por ejemplo en Red House, donde los del colectivo Oh My Cat han programado una tarde con la gente de su escudería. O en el bar Sacramento, que ha montado un concierto con Ramona y The Gamuzzinos. Eso también sucedía ya en El Puerto. Y nosotros, encantados. Nos gusta que la música se expanda. Es la filosofía del Monkey: crear una tromba musical.

-¿Esperan también un mayor número de acreditados en las jornadas profesionales?

-El año pasado fueron 367. Este vamos a superar con creces esa cifra, en torno a los 500. Y lo mismo pasa con la prensa, esperamos que sean en torno a 220. Hemos notado que el cambio a Sevilla ha disparado esa demanda.

-Cuando el Monkey Week arrancó era, prácticamente, la única feria centrada en la industria musical independiente. Luego han surgido propuestas muy potentes y con mayor respaldo institucional, como el Bime de Bilbao. ¿Temen la competencia?

-Creo que son dos propuestas muy diferentes. De hecho, nos llevamos muy bien y colaboramos entre nosotros. Los dos nos dirigimos a la industria, pero mientras Bime apuesta más por el perfil tecnológico, nuestra apuesta es por la música en directo. Los promotores nacionales e internacionales que vienen al Monkey acaban comprando la gira de tal o cual grupo porque lo han visto en directo. La competencia, siempre que se clara, leal, es buena. Eso sí, la diferencia de presupuesto entre el Bime y nosotros es abismal. Desgraciadamente, todavía nos toca convencer a las instituciones de nuestra comunidad de que es bueno apoyar a una feria profesional en torno a la música, que es bueno y productivo apoyar a la industria musical. Con ésta van a ser ocho ediciones. Quién sabe, quizás para la novena haya un cambio de actitud.

-De los 19 oficiales, destaque un escenario por su singularidad…

-Creo que uno que va a estar en boca de todos, que va a ser un hervidero, será el Happy Place X, que montan con nosotros el sello discográfico y la sala de conciertos. Es esa pista de coches de choque que he mencionado antes, con los grupos tocando dentro.

-¿Y una actuación?

-No suelo mojarme con eso porque, como coordinador del festival, lo importante es destacarlos a todos, a esos más de 150 grupos. Pero esta vez sí voy a hacerlo, con una banda internacional, así no se molesta nadie… Tengo mucho interés en reencontrarme con Mariel Mariel, una chica chilena a la que vi en México y me pareció increíble. Tiene una fuerza escénica brutal. Además, creo que cualquiera de las noches en el Teatro Central va a tener su punto distintivo, con Niño de Elche & Los Voluble, Michael Rother y Lee Fields. Aunque al final, el fuerte del Monkey es esa marea de bandas… De hecho, creo que la mayor parte de nuestro público no viene al festival tanto por los cabezas de cartel como por descubrir nuevos grupos, nueva música.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 57)

Blas Fernández | 29 de septiembre de 2016 a las 5:00

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091 abre esta nueva entrega de El Podcast de La Ventana Pop con Maniobra de resurrección en directo, simbólico colofón a su celebrada gira de reunión. Por otro lado, se anuncia reedición Omega, el fundamental álbum que unió a Lagartija Nick con Enrique Morente -ahí arriba fotografiado en la Alhambra por Javier Algarra (EFE)-, coincidiendo con el vigésimo aniversario de su publicación original y con la llegada a los cines del documental homónimo de José Sánchez Montes y Gervasio Iglesias. Y precisamente uno de los artífices de aquel título emblemático, Antonio Arias, desembarca en Poesía en do menor, el ciclo de conciertos del festival cordobés de poesía Cosmopoética, que también incluye, entre otros, a Sr. Chinarro.

McEnroe se alía con The New Raemon en Lluvia y truenos y Terry vs. Tori se incorpora al abultado cartel del Monkey Week, que estrena ciclo de cine documental musical más conciertos, con Fiera como uno de sus protagonistas-. Ya lo fueron los jerezanos Space Surimi. Y pronto, muy pronto, lo serán bandas como Apartamentos Acapulco y All La Glory.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-091: Otros como yo

2.-Enrique Morente & Lagartija Nick: Ciudad sin sueño

3.-Antonio Arias: Dejar las cosas intactas

4.-Sr. Chinarro: El progreso

5.-The New Raemon & McEnroe: Gracia

6.-The New Raemon & McEnroe: Montañas

7.-Terry vs. Tori: Like Always

8.-Terry vs. Tori: Hit and Miss

9.-Space Surimi: International Waters

10.-Fiera: Disciplina

11.-Apartamentos Acapulco: Nuestro motor

12.-All La Glory: Pretty Eyes