Blas Fernández | 21 de mayo de 2012 a las 13:17
Jesús M. López y Jesús Bascón dirigen el clip de Rain on Rain, canción de Southern Arts Society incluida en el álbum Another Life. Tan sobrio y elegante como el propio Mr. Jarman.
Blas Fernández | 20 de mayo de 2012 a las 17:46
“Yo es que nunca había visto a Iggy”. De repente, justo cuando el concierto de The Stooges arranca con Raw Power, el mundo, la audiencia de la segunda jornada en el festival Territorios Sevilla, parece dividirse en dos: quienes ya han contemplado en directo en otras ocasiones los bailes de la iguana, junto a sus veteranos compañeros o flanqueado por jóvenes reclutas, y quienes asisten por primera vez a las convulsas evoluciones del mito. Para los segundos, lo señalado de la ocasión se supone tan especial que cualquier otra consideración pasa a segundo plano; entre los primeros, por contra, se abren nuevas divisiones, de la entrega incondicional, los menos, al reparo.
Este cronista se siente en medio. No le vale el sobado argumento “con 65 años a ver quién se sube a un escenario y hace eso”, pero tampoco puede evitar reconocer el valor de semejante actitud aún cuando el Iggy de hoy, el de hace ya mucho tiempo, resulta ser un astuto empresario dispuesto a explotar comercialmente ese mito; el mismo que abomina de EMI, la discográfica que se ha negado a editar su disco de versiones, Après, arguyendo con sorna que quizás “hubieran preferido un disco con punks populares”, pero que no duda en rescatar el añejo y ciertamente glorioso repertorio de sus inicios para, una vez más, hacer caja. En fin, el rock’n’roll y sus contradicciones, bastante más allá de pintoresquismos como la exigencia de limusinas o banda ancha para ver en el camerino la final de la Champions.
¿El concierto? Pues el de siempre –incluida la proverbial invitación a los dancers para subir al escenario–, sólo que en cada ocasión un poco más ralentizado, un tanto más amortiguado y, vaya, acercándose peligrosamente al límite de lo caricaturesco; sólo salvado por la profesión –premio especial para James Williamson, de vuelta a la carretera en primera clase tras jubilarse como alto ejecutivo en la división informática de Sony– y sobre todo por el entusiasmo con el que la numerosísima audiencia –el concierto con más asistentes de todo el festival– recibió cañonazos del calibre de I Wanna Be Your Dog o andanadas tan hirientes como Fun House.
Si hubieran puesto bandera, el público que el sábado acudió en el Monasterio de La Cartuja a la segunda jornada de Territorios la habría desbordado. Lo de Iggy estaba hasta la bola, pero una rápida ronda certificaba que incluso a aquellos a los que tocó bailar con la más fea, caso de los granadinos Lori Meyers, el sevillano Shotta y la charanga balcánica de los 17 Hippies, actuaban frente a audiencias más que respetables.
Y fue una constante casi desde el inicio. Casi: el rapero local Juaninacka encendía a su fiel parroquia en el escenario principal y los jiennenses Guadalupe Plata volvían a sacar ídem del viejo filón del rhythm&blues más arrastrado, pero Marina Gallardo tuvo que conformarse con bastantes menos espectadores. Eso sí, buena parte de quienes pasaban frente al escenario Ron Brugal apostaban por quedarse y comprobar cómo la portuense crece. Había empezado su concierto con The War Inside, esa magnífica canción que avanza un tercer álbum ahora en proceso, y la mera disposición del escenario –tres teclados y dos percusionistas; la guitarra no sonó hasta el tercer tema– avisaba ya de ese componente motorik que diluye anteriores esencias folkies y gana espacio para las atmósferas. Hay que estar muy, pero que muy atentos con ella.
Entre lo más destacado de la noche servidor incluye también a Andrés Herrera Pájaro, en estado de gracia tras su inesperada reaparición con Santa Leone y llevando sus canciones al directo en compañía de una banda impecable e imponente. Suyo, y de sus compañeros, fue el mérito de poner a bailar a quienes abarrotaban el escenario Ron Brugal, cómplices paisanos o foráneos: también se deshace la sospecha de que su singular propuesta, esa que funde en una particular marmita rock’n’roll clásico, spaghetti western y guiños profanos a la música procesional no va a ser entendida más allá de ciertos límites geográficos. Si acaso, no lo será más allá de ciertos círculos melómanos.
Notables, en la medida de la visita fugaz, se mostraron también Mission of Burma –cuando aceleraban, sacudían los cimientos del centenario monasterio–, el veterano Alpha Blondy –versión reggae incluida del Wish You Were Here de Pink Floyd; que Jah me ampare– y unos !!! tan cumplidores en su batidora disco-music que hasta pusieron a dar botes a los fans de Iggy que por allí quedaban.
Servidor se quedó con las ganas de ver a The Bug y repetir con Buraka Som Sistema, acompañando atronadores durante el camino de vuelta.
Blas Fernández | 19 de mayo de 2012 a las 15:26
¿Maxinquaye íntegro? Vamos, Tricky, por favor, no te quedes más con tu público… Fue que no: uno de los más sonados reclamos en la primera jornada de la XV edición del festival Territorios Sevilla, anoche en el Monasterio de La Cartuja –esto es: la revisión completa de aquel monumental álbum de 1995, uno de los tres pilares junto al Blue Lines de Massive Attack y el Dummy de Portishead de lo que luego se llamó trip-hop– quedó en eso, en mero reclamo, un truco del de Bristol para reorientar la atención de promotores y audiencias –fugaz, a tenor de lo visto– sobre una escueta silueta que en lo discográfico hace tiempo que no levanta cabeza.
No. Tricky, acompañado de una también escueta y solvente formación, en la que la bella Martina Topley-Bird (*) Franky Riley lo superaba en voz y sensatez, picó de aquel título como si fuera, porque lo es, inevitable hacerlo, pero lejos de cumplir lo prometido prefirió presentar un concierto abonado al efectismo –con subida al escenario incluida de fans incrédulos y extasiados; “momento Inhumanos”, dijo alguien a mi lado– que parecía fiar a su mera presencia sobre las tablas el peso de la atracción. Y otra vez no, porque aunque ejerciera de jefe, también ahí Martina (**) Franky se lo comió cada vez que abrió su hermosa boca.
La cosa tuvo sus instantes, sus ráfagas de brillo, pero se debieron antes a la compañía –a la altura de la mesa de mezclas, los bajos sacudían el estómago justo como uno esperaba que lo hicieran– que a una actitud en apariencia abonada a la inercia. Lástima.
Antes de eso ya habían pasado muchas cosas en una velada felizmente reseñable por la resolución del más criticado inconveniente de la edición anterior: la ubicación de los dos escenarios grandes en la explanada del monasterio descongestiona el interior y elimina los molestos (y algo más) colapsos. A falta de cifras oficiales, la muy notable afluencia de público no ocasionó tapones y el tráfico entre unas y otras tablas se realizó con absoluta fluidez.
Y para tablas, claro, las de Kiko Veneno. Mientras que en el escenario Territorios Love of Lesbian –penúltimo paradigma de ese pop de temporada con ínfula de independencia y hechuras reales propias de los 40 Principales–, el hombre de los cantecitos arrancaba en el Cruzcampo sumando instrumentistas poco a poco –en Memphis Blues Again, su más célebre apropiación dylaniana, apenas flanqueado por las siempre impecables guitarras de Raúl Rodríguez y Charlie Cepeda– hasta completar la formación y satisfacer con creces a la nutrida y rumbera parroquia.
Al mismo tiempo, un auténtico compromiso solapado, Tortoise prolongaba su extenuante minigira española en el escenario Ron Brugal –cuatro conciertos en cuatro días en cuatro ciudades distintas– iniciando una actuación que apuntaba al puro trámite pero que, sorpresa, fue creciendo en intensidad a medida que el quinteto de Chicago experimentaba el feedback con su audiencia. Y para cuando sonó In Sarah, Mencken, Christ And Beethoven There Were Women And Men –en directo, siempre reforzando su toque bossa con la contundencia de dos baterías simultáneas–, la comunión ya era completa. Hasta tuvieron que hacer bis, rara avis en festivales.
En el Cruzcampo, SFDK pasaba lista a su Lista de invitados con absoluta entrega y sonido impecable. Jugaban en casa, pero en cualquier otro sitio su concienzudo espectáculo ad hoc hubiera cosechado el mismo resultado. Ovación y vuelta al ruedo.
Aplausos, y volumen total, se vivían también en el escenario Territorios con unos reivindicativos Amaral –guiño incluido a universitarios, con razón, indignados–, responsables de abrir ese grifo por el que hoy se derraman hacia las grandes audiencias grupos como los mencionados Love of Lesbian, Vetusta Morla y tantos otros: pop mainstream con fijación en el indie. Sin embargo, en ellos no hay treta ni necesidad de justificación; subieron, bajaron y volvieron a subir todos los peldaños necesarios, y fueron de los primeros en hacerlo, que ahora los aúpa a otra categoría. Algo incuestionable, al margen del gusto o disgusto frente a sus canciones.
Pasadas las 02:30 de la madrugada, el Cruzcampo recibía a Los Enemigos, reunidos para una gira en principio ocasional –veremos– diez años después de su disolución. La situación, salvando las muchas distancias estilísticas, se presta al símil con el concierto de Tricky, pero donde en uno se observa el truco, en el otro se revela el trato.
Los Enemigos, en efecto, mantienen un trato tanto con el público que los disfrutó en su día como con ese otro más joven que los descubrió en la década de ausencia. A estos les entrega, nos entrega, justo lo que esperamos: rock de raíces clásicas –con el añejo rhythm&blues como robusto armazón– pero siempre desprejuiciado; electricidad y energía como soporte de unos textos en los que el gran Josele Santiago alterna rabia, costumbrismo, confesiones y humor corrosivo.
Así las cosas, fue empezar a sonar John Wayne e iniciarse una ceremonia nada ceremoniosa en la que la nostalgia se confundía y mezclaba con la excitación de escuchar una vez más canciones tan enormes como An-Tonio, Desde el jergón, La otra orilla y tantas y tantas otras que hoy los convierten en absolutos clásicos del rock español, casi un espécimen único disfrutado y respetado desde flancos distante y hasta contrapuestos del género melómano.
¿Cómo sonarían unas hipotéticas nuevas canciones de Los Enemigos? Josele, así lo demuestran sus discos en solitario, ha crecido hacia su interior como compositor; Fino Oyonarte, por su parte, expande el campo de acción junto a Los Eterno explorando territorios cercanos al krautrock y el op-art a lo Stereolab. ¿Qué surgiría hoy de semejante choque? ¿Tendremos alguna vez la oportunidad de comprobarlo?
(*) (**) Juan Antonio Huertas me avisa en los comentarios de que no fue Martina Topley-Bird quien acompañó a Tricky, sino Franky Riley. Les pido disculpas por tan lamentable metedura de pata.
Blas Fernández | 17 de mayo de 2012 a las 8:11
La XV edición del festival Territorios Sevilla arranca mañana en el Monasterio de La Cartuja ofreciendo un variopinto cartel en el que se alternan nombres nacionales de gran tirón popular –Amaral, Love of Lesbian, Lori Meyers, Supersubmarina…–, clásicos en su género –Iggy Pop, Kiko Veneno, Tricky, Tortoise, Alpha Blondy, Mad Professor…–, francotiradores electrónicos de diverso pelaje –Basement Jaxx, The Orb, Junior Boys, The Bug…–, rap local en inmejorable estado de forma –SFDK, Juaninacka, Shotta…– y perlas dispersas de aquí y allá –Los Enemigos, !!!, Marina Gallardo, Pájaro, Maga, Guadalupe Plata…–.
Ante tan variada oferta, repartida este año en cuatro escenarios simultáneos desde las 20:00 y hasta altas horas de la madrugada –el concierto mañana del canadiense Tiga se anuncia para las 04:30–, se impone la muy festivalera costumbre de trazar el itinerario con antelación.
Más allá de las preferencias personales de cada cual, destacan sin embargo en el cartel una serie de nombres tanto por lo especial de su presencia en el festival como por la relevancia de su trabajo en la historia de la música pop. Y bien pudieran ser éstos…
VIERNES 18. Pese a que se reitere una y otra vez como un dato de insoslayable interés, lo más relevante en la biografía de Adrian Thaws, alias Tricky (a las 23:30 en el escenario Territorios), no fue su cercanía al germen de Massive Attack o su participación en aquel célebre álbum de éstos, Blue Lines, sino lo que vino después. Y ese después tiene un nombre concreto: Maxinquaye. Editado en 1995, el debut en largo de Tricky era un denso y asfixiante tratado de hip hop atmosférico que por sí mismo definía la vertiente más oscura y tenebrosa, también atractiva, de lo que poco después conoceríamos como trip-hop. Su carrera posterior no carece de otros títulos recomendables, aunque quizás ninguno llegue a alcanzar similar enjundia. Acompañado de Martina Topley-Bird, la misma voz que aportaba el morbo a la grabación original, Tricky protagonizará –esperemos: sus malas pulgas son legendarias– una interpretación íntegra de dicho álbum.
De más largo recorrido es la carrera de Kiko Veneno (a las 22:00 en el escenario Cruzcampo), sobre quien apenas, al menos por estos pagos, hace falta extenderse. Si acaso, para recordar que Dice la gente, su última entrega hasta la fecha –por poco tiempo–, puede contarse entre lo más florido de una discografía única y esplendorosa en el mapa de la música popular española. Acompañado por su imponente banda, Kiko celebra además estos días los veinte años de la publicación del célebre Échate un cantecito. Algún guiño cae, seguro.
En casa juega también SFDK (a las 00:00 en el escenario Cruzcampo), el veterano y pionero dúo de rap español integrado por Zatu y Acción Sánchez, dispuesto a llevar al directo la aventura de su último trabajo discográfico, el doble álbum Lista de invitados. Y eso implica, en efecto, invitar a subir junto a ellos al escenario de Territorios a una nutrida cohorte de mc’s y dj’s nacionales en un espectáculo que se prolongará durante dos horas.
En el mismo espacio tomarán el relevo (a las 02:30) Los Enemigos, gloriosa banda del rock español de los 80 y 90 ahora inmersa en una corta gira de reunión diez años después de abandonar y dar pie a trayectorias tan recomendables como la de Josele Santiago en solitario y Fino Oyonarte bajo otros nombres (Clovis, Los Eterno).
Repite en el festival Tortoise (escenario Ron Brugal a las 22:15), santo y seña del post-rock norteamericano y responsable de discos tan emblemáticos como Millions Now Living Will Never Die (1996) y TNT (1997). Y habrá que estar atentos, porque la última entrega del grupo de Chicago, Beacons of Ancestorship (2009), marcó un llamativo repunte en una carrera que parecía ya adormecida.
Otro nombre con leyenda: Mad Professor (03:00 en el escenario Cadena Ser). Alumno aventajado de Lee Scratch Perry, pionero del dub curtido en mil producciones propias y ajenas, no dude de que lo suyo hará cimbrear las caderas.
SÁBADO 19. La discográfica EMI acaba de negarse a editar su nuevo álbum, Après (disponible de momento sólo en descarga digital), aduciendo que resulta escasamente comercial, pero Iggy Pop (23:30 en el escenario Territorios) reclama su derecho a grabar versiones de Yoko Ono, Harry Nilson, Cole Porter, Serge Gainsbourg o Edith Piaf, entre otros. Para revivir el pasado salvaje, al fin y al cabo y en la medida de lo posible, ya están las giras como ésta que lo trae hasta Sevilla, en la que llega acompañado The Stooges, la banda con la que a finales de los 60 y principios de los 70 sintetizó como pocos –MC5, claro– y pese a otros ilustres precedentes del proto-punk, la rabia y la crudeza como elemento clave de un rock por venir.
Más pioneros… A Alex Paterson, The Orb (escenario Cruzcampo a las 04:15), se le considera con toda justicia uno de los detonantes del ambient house a comienzos de los 90. Lo sorprendente, quizás, es que con las lógicas variaciones la fórmula le sigue funcionando.
Terminamos este acelerado repaso con tres propuestas locales consecutivas, y de muy distinto signo, en el escenario Ron Brugal. A las 22:15 sube Pájaro, antaño guitarrista en los Sacramento de Silvio, entre otras aventuras, y hoy felizmente reactivado con la edición este mismo año del sorprendente Santa Leone, un álbum tan imprevisto como delicioso. Por su parte, el rapero Shotta (23:45) vestirá con las mejores galas los cortes de su tercer disco, Profundo; esto es, se hará acompañar por el productor que los maceró en estudio, Griffi. Por último, a las 01:45, Maga, garantía absoluta de directo vehemente y entregado.
Territorios Sevilla. Días 18 y 19 en el Monasterio de La Cartuja. Entradas diarias a 30 euros. Desde las 20:00.
Blas Fernández | 16 de mayo de 2012 a las 7:11
“Buenas noches y bienvenidos a la máquina del tiempo de Los Enemigos”, saludaba la voz de Fino Oyonarte, bajista de la formación, al inicio de Obras escocidas (2001), el doble álbum grabado a lo largo de cuatro conciertos en Granada, Madrid, Valencia y Santiago de Compostela con el que la banda, uno de los más recordados exponentes del rock en español de finales del siglo XX, celebraba el largo repertorio de quince años en activo. Apenas uno después registraba su epílogo, Obras escondidas, y ya en 2002 anunciaba su separación. Josele Santiago (voz y guitarra) iniciaba una fructífera trayectoria con nombre propio que hoy alcanza cuatro discos (el último, Lecciones de vértigo); Fino alternó labores de producción con nuevos proyectos (Clovis, Los Eterno); Chema Animal Pérez, el baterista, se lanzó al teatro y Manolo Benítez prestó la electricidad de su guitarra a las aventuras de otros.
Pero la máquina del tiempo ha vuelto a activarse. A finales de 2011 Los Enemigos anunciaban una gira de reunión con apenas media docena de citas. En enero actuaron en el Actual de Logroño; el próximo viernes lo harán en Sevilla, como parte del cartel del festival Territorios Sevilla.
“Si digo la verdad, no sé muy bien cómo se nos ocurrió esto de reunirnos. Creo que fue en la fiesta de aniversario del Ágapo donde nos encontramos –recuerda Josele Santiago señalando al legendario antro madrileño–. Empezamos a hablar y la cosa fue cuajando poco a poco. Pero no hubo ningún detonante concreto”. ¿Motivaciones crematísticas? “Bueno, es trabajo, y trabajo digno –asume Josele–. Si puedes ofrecer un buen espectáculo… Lo que está claro es que si no hubiera trabajo no se juntaba ni Dios”.
Y trabajo, expectación por volver a ver a la banda sobre un escenario, sí que hay. De ello dan fe no sólo las sucesivas convocatorias del Desencuentro enemigo, un evento organizado por fans que alcanza ya once ediciones, sino también el propio recibimiento deparado a la banda tanto en el Actual como en el reciente Festival Do Norte de Vilagarcía de Arousa. “La verdad es que es muy emocionante, porque los conciertos se están llenando. La parroquia responde y hay hasta pancartas –bromea–. A Logroño fue gente hasta desde Canarias. Definitivamente, la parroquia fue uno de los motivos que nos impulsaron a juntarnos. Sabíamos de todo esto por los Desencuentros enemigos, que es algo que no sólo no organizamos nosotros, sino en lo que no tenemos nada que ver, pero creo que ya tenemos hasta la culpa del nacimiento de alguna que otra criatura. Es emocionante, sí”.
Y aún así, las citas son contadas. “Poca cosa, seis o siete bolos. Pero con la que está cayendo, ya parece bastante, ¿no? –comenta socarrón–. Tenemos que poner unos límites. Sólo estamos cogiendo sitios en los que sabemos que nos vamos a encontrar cómodos y en los que tenemos garantías de poder dar un espectáculo bueno y serio. ¡Que ahora vamos en en blu-ray! Llevamos luces y una parroquia tremenda detrás… Y esto no siempre se puede garantizar. Así que vamos a hacer esos cinco o seis festivales que han salido y quizás luego hagamos alguno más como empresa. Ya veremos, pero sin prisas”.
La reunión de la banda parece plantear una pregunta tan inevitable que Josele la contesta incluso antes de ser formulada. “Nos preguntan mucho si vamos a grabar, pero de momento… No sé, a ver cómo lo llevamos –comenta–. Lo cierto es que la cosa funciona, que suena estupendamente, que nos aguantamos los unos a los otros y que lo disfutamos. Qué nos deparará el tiempo, ya se verá”. O sea, que la puerta está abierta. “Abierto yo lo dejo todo. Está la cosa como para cerrar puertas –sopesa–. Pero nos lo estamos tomando con mucha calma”.
De momento, lo que sí se publica, el próximo 5 de junio es Desde el jergón, una caja que revisa la trayectoria del grupo. “Es un recopilatorio con temas de todos los discos remasterizados, rarezas, tomas alternativas, maquetas, canciones inéditas de todas las épocas… –explica Josele–. Y luego, un libro con un texto largo y muy bien currado de César Luquero y el DVD del último concierto que dimos, en el 2002. Aquello se nos ocurrió grabarlo con tres o cuatro cámaras digitales. Va bien montado, con sus extras y todo. Creo que lo que tiene de documento es, sobre todo, el DVD. Fue el último concierto y me parece algo muy especial y emotivo. Aparte de que sonó muy bie, hicimos versiones especiales y salió gente invitada. Es un documento serio”.
Invitados también hubo en el mencionado Obras escocidas. Y su mera variedad ya reflejaba la simpatía que Los Enemigos despertaban en diferentes escenas. “Sí, y viceversa, porque ellos también fueron una referencia para nosotros. Creo que eso habla mucho de nuestra falta de prejuicios: éramos esponjas en muchos sentidos y cogíamos de todos lados. Quizás muy poca gente podía llamar a Los Planetas y a Rosendo y que la cosa no quedara rara, sino coherente –piensa Josele–. Creo que somos muy abiertos. Ahora estoy escribiendo en Facebook sobre todas nuestras influencias. Lo voy contando poco a poco y me está resultando muy curioso, porque me está sirviendo para darme cuenta de que veníamos de una época muy llena de prejuicios, en la que parecía que si te gustaba fulanito no te podía gustar también menganito. Supongo que teníamos la suerte de ser cuatro músicos muy distintos y de muy distinta procedencia, y que eso influyó bastante a la hora de abrirnos. Fíjate, sale Ajo, de Mil Dolores Pequeños, y después Jorge Martínez, de Los Ilegales”.
¿Contará el concierto de Sevilla con algún invitado especial? “Lo dudo. En los festivales las pruebas de sonido son cortísimas y las posibilidades de hacer algo especial se ven muy reducidas por eso. Ya me hubiera gustado, ya, pero creo que lo dejaremos para cuando no dependamos de la organización de otros”.
Los Enemigos actuarán el próximo viernes 18, a las 02:30, en el Escenario Cruzcampo dentro del Festival Territorios, que se celebra en el Monasterio de La Cartuja.
Blas Fernández | 15 de mayo de 2012 a las 7:25
El próximo jueves 24 de mayo el Teatro Central de Sevilla acoge la presentación de los dos números especiales que la revista Boronía ha dedicado a la figura del desaparecido Enrique Morente, nombre capital en la música española de las últimas décadas, artífice en buena medida de la acepción contemporánea del flamenco y puente siempre abierto entre este género y otros lenguajes sonoros. De su acercamiento al rock, o del acercamiento de ciertos rockeros a su magisterio, dejan gozosa prueba obras como el monumental Omega; de su herencia entre estos últimos, discos como La leyenda del espacio de Los Planetas o el inspirado y sentido tributo rendido a su obra por éstos y por sus viejos y leales amigos de Lagartija Nick, el Homenaje a Enrique Morente de Los Evangelistas.
El primer Libro de Morente, publicado en el verano de 2011, compiló un largo listado de recuerdos e impresiones evocados por allegados, compañeros y seguidores -entre otros, Pedro G. Romero, Diego A. Manrique, Gerardo Núñez, Jesús Arias, Ignacio Julià, José Ignacio Lapido, Balbino Gutiérres, Alberto Manzano, José Sánchez-Montes y Javier Liñán- con un resultado tan inesperado como deslumbrante: de la profunda conmoción causada por el cercano fallecimiento del cantaor brotaba una emoción que, en sucesivas lecturas, se revelaba como una fuente de información de primer orden.
Similar estructura guarda el Libro de Morente II, aparecido el pasado mes de febrero, que al plantel de firmas invitadas -esta vez, también entre otros, Aurora Carbonell, Santiago Auserón, Daniel Alonso, José Luis Ortiz Nuevo, Joaquín Pérez Azaustre, Lee Ranaldo y Guillermo Z. del Águila- suma densas y reveladoras entrevistas con Soleá Morente, Israel Galván, Los Evangelistas, Pepe Habichuela y el propio Morente.
Al frente de este proyecto editorial se encuentra el cordobés Gabriel Nuñez Hervás, activista fanzineroso en los últimos años 80, promotor discográfico, organizador de conciertos -él fue el responsable de la aparición de Los Evangelistas en La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba en junio de 2011- y rendido admirador del cantaor. Para la presentación en Sevilla, la última tras sendos actos en Madrid y Córdoba, Núñez Hervás ha configurado un cartel en el que no sólo destaca la presencia del guitarrista Pepe Habichuela, fiel escudero de Enrique Morente, sino también la de la mitad de Los Evangelistas: Antonio Arias y Éric Jimémez, que realizarán un breve set acústico en lo que se antoja una ocasión única. De todo ellos, y de más, habla el hombre tras Boronía.
Blas Fernández | 9 de mayo de 2012 a las 12:32

Bruce Springsteen, flanqueado por Nils Lofgren y Steve Van Zandt, en el concierto ofrecido en Sevilla en julio de 2009. / Juan Carlos Muñoz
Ahora que en los ambientes melómanos se habla tanto de Todos te quieren cuando estás muerto, el divertido y revelador libro de entrevistas de Neil Strauss, publicado en España por Contraediciones, quizás resulte pertinente recordar un encuentro entre el incisivo periodista musical y Bruce Springsteen. A saber: se citan en los estudios de Sony en Manhattan, se largan pronto a un bar y, sin perder la compostura, terminan cocidos en cerveza y tequila antes de que el músico acabe firmando un autógrafo a un policía en su libreta de multas.
En el breve fragmento rescatado por Strauss para el volumen, Springsteen queda felizmente bosquejado como una estrella cercana, alguien que, “a diferencia de muchos músicos a los que he entrevistado”, mantiene “los pies en el suelo a pesar del éxito”.
El entrevistador, nada sospechoso de complacencia –basta leerlo para comprenderlo–, sucumbe al efecto Bruce y asume el credo del músico, quien le explica que, sin desdeñar los sueños de chicas y coches, se metió en esto por “formar parte de la vida de la gente” y con la esperanza de que ello pudiera resultar “de alguna utilidad”.
En resumen: no sabemos con certeza quién es Bruce Springsteen –por más que se acerquen, tampoco lo saben los miles de fieles devotos de la fe en el springstianismo, ésos capaces de recordar en qué concierto y a qué hora revisó el músico una canción que no tocaba desde hacía diez años–, pero (casi) todos reconocemos en esa misma estampa a uno de los contados iconos del rock capaces de reinar en el mainstream –el de verdad: ése que llena estadios en serie– sin perder la venia, o al menos la simpatía, de ese otro público, digamos, especializado.
¿Por qué? La pregunta del millón tiene presumible respuesta, otra vez, en el concierto que el músico norteamericano ofrecerá el próximo domingo en el Estadio de La Cartuja de Sevilla, punto de partida del tramo europeo en la gira de presentación –es un decir, una convención– del decimoséptimo álbum en estudio de su discografía, Wrecking Ball, publicado a comienzos del pasado mes de marzo.
¿El disco? Bueno, oiga: es Springsteen. Supera con creces la mera excusa que mantiene pertinentemente engrasado ese preciso y rentable engranaje de las macrogiras –antaño, de stadium-rock; hoy, por lo general, de stadium-show a secas–, pero queda al menos tan lejos de lo más imponente de su repertorio –digamos, aun a riesgo de acampar en lugar común, entre Greetings from Asbury Park, N. J. (1973) y Born in the U.S.A. (1984)– como lo estuvo en su día Working On A Dream, el todavía así notable álbum que lo trajo por primera vez a Sevilla, al mismo escenario, el 28 de julio de 2009.
¿Restó aquel detalle algún grado de intensidad o emoción a la cita? No. Fue un concierto memorable, una noche redonda construida sin artificios, con sudor –qué calor, ¿recuerda?–, repertorio y ese oficio de incondicional entrega que caracteriza tanto a Springsteen como a su E Street Band, extrañas entidades capaces de acelerar el tiempo y conseguir que tres horas, o más, pasen en un santiamén; que los estadios encojan por arte de magia y reduzcan sus dimensiones a las de un vetusto club de rock’n’roll.
Wrecking Ball juega la carta de un, más que comprensible, necesario enojo político y recluta con acierto para su mano sonoridades que el imaginario pop asocia con posturas de resistencia –salvo el meloso acercamiento al R&B en Rocky Ground, es el folk, la aureola de aquel Pete Seeger homenajeado en We Shall Overcome (2006)–, pero todo resulta a la postre tan formal, tan presumible –¿tan ajustado a la necesidad de satisfacer a enormes audiencias?–, que su onda expansiva apenas sacude la superficie de un terreno años atrás excavado a conciencia –la profundidad de The River (1980) o el páramo de Nebraska (1982), por ejemplo–.
El misterio de Springsteen no reside tanto pues en cómo perfilar y solventar directos hercúleos –con esa actitud de ganarse el sueldo que le paga el respetable, su repertorio y la compañía de Steve Van Zandt, Nils Lofgren, Roy Bittan, Charlie Giordano, Garry Tallent y Max Weinberg, la apuesta de partida es a caballo ganador–, sino en su facilidad para fascinar desde las tablas, pese a los tics reiterados noche tras noche, tanto a quien se sospecha conocedor del trasfondo del business como a quien no ha comprado un disco de rock en su santa vida.
Un dato innecesario para unos y otros, pero ineludible: la gira de Wrecking Ball, iniciada el pasado 19 de marzo en el Philips Arena de Atlanta (Georgia), y con parada en Europa hasta el 31 de julio –incluidos conciertos en Las Palmas (15 de mayo), Barcelona (17 y 18 del mismo mes), San Sebastián (2 de junio) y Madrid (17 de junio)– es la primera de Springsteen tras la muerte a mediados de junio de 2011 de Clarence Clemmons, el emblemático saxofonista de la E Street Band.
Su puesto lo ocupa ahora su sobrino, Jake Clemmons, pero su saxo aún suena en Wrecking Ball. El productor del álbum, Ron Aniello, rescató tomas en directo para insertarlo. Dicen que Springsteen, al escucharlo, lloró. Y eso también encaja con la genial intuición de Neil Strauss.
(Artículo publicado hoy en Diario de Sevilla)
Blas Fernández | 4 de mayo de 2012 a las 7:09
“Pues sí: va a haber invitados, músicos de aquí con los que estamos trabajando. Pero queremos mantener la sorpresa”, dice Daniel Alonso, teclista y cantante de Pony Bravo, guardando el suspense respecto a su concierto de esta noche en el Teatro Central. La banda sevillana -completada por Darío del Moral, Javier Rivera y Pablo Peña- ofrece una actuación encuadrada dentro de los actos de celebración del vigésimo aniversario del espacio escénico de la Isla de la Cartuja, una ocasión que el cuarteto aprovechará para presentar, junto al repertorio formado por los temas de sus dos discos, algunas nuevas canciones. “Habrá sorpresas y canciones nuevas -avisa Alonso-. El Central es un sitio que te permite hacer cosas diferentes a las que harías en un escenario normal. Y además, es que nos hace ilusión presentar los temas nuevos en Sevilla”.
La mayoría de esas canciones inéditas, las que conformarán el tercer álbum del grupo tras Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias (2008) y Un gramo de fe (2010), permanecen aún en fase embrionaria, en pleno proceso de construcción. “Llevamos ya unos meses trabajando en el nuevo disco. Estamos en esa etapa de investigación previa y de mucho local de ensayo. Aún no hay fecha para grabar, pero sí que tenemos pensado entrar en agosto con Raúl en el estudio. Serán grabaciones que nos servirán como calentamiento para ver qué tipo de producción vamos a darle a las canciones. Creo que mientras más tiempo inviertas en trabajar con la persona que te va a grabar, más interesante será luego el resultado”, dice Alonso en referencia a Raúl Pérez, responsable tras la mesa mezcla de los Estudios La Mina de los dos discos del grupo (y de buena parte de lo mejor salido de la escena independiente sevillana durante los últimos años).
¿Se atreve Alonso a adelantar cómo será ese nuevo trabajo? Parece difícil, todavía. “Con cada disco hemos intentado avanzar un poco en nuestro lenguaje, pero ése es un proceso misterioso y a veces incluso caótico -reconoce-. Antes de cada nuevo demo o de cada ensayo hablamos mucho al respecto, para ponernos de acuerdo entre nosotros y definir una línea. Pero siempre hay un elemento incontrolable en todo eso, en el salto que uno pueda dar, hacia atrás o hacia adelante, que no siempre se acierta”.
“La filosofía de Pony Bravo siempre ha estado basada en la investigación de la música popular, algo que puede sonar un poco pedante, pero que es así -añade Alonso-. En ese sentido será, supongo, un disco continuista, porque uno no puede escapar de cómo le salen las cosas, pero también habrá aspectos nuevos, espero. Ése es al menos el intento”.
La continuidad se concretaría, explica el músico, en esa ya bien conocida vocación exploratoria de “la cultura andaluza, de su iconografía, del flamenco; también en nuestro gusto por el krautrock o por el reggae“. ¿La novedad? “Las nuevas influencias a la hora de componer -comenta-. A mí cada vez me gusta más Jonathan Richman, o Dub Narcotic, que a todos nos atrae por cómo tratan el dub. Y seguimos escuchando muchas cosas de Can, de Talking Heads. O grupos como Devo, que cada vez nos interesan más por su humor, porque también estamos intentando integrar corrientes de humor que se han trabajado en el rock anglosajón, engarzarlas en una tradición local”.
Como prueba de lo último, valga el encendido elogio dedicado recientemente por Alonso a No me pises que llevo chanclas en el periódico El Diagonal. “Por un lado, el humor parece más necesario que nunca, pero por el otro convivimos con un componente de dureza que te hace muy difícil hablar de economía o de política como podrías hacerlo hace un par de años -abunda-. Todo está más cerca. Quizás por eso sea más interesante, quizás por eso estamos intentando no huir de ciertas temáticas porque sean más complejas o nos den miedo. Siempre es más fácil escribir de las anécdotas cotidianas, pero si no corres algo de riesgo el proyecto no merece la pena. De todos modos, no puedes olvidarte del marco, que es un grupo de rock. Y uno accede a veces a la música rock buscando un cierto tipo de felicidad… Si lo conviertes en un documental o en algo muy serio, puede perder su fuerza”.
Ellos, parece, las mantienen intactas. Desde su asalto a la escena nacional hace ahora cuatro años, un desembarco reforzado en su inmediatez y propagación por el uso de licencencias Creative Commons y la consiguiente libre descarga de sus trabajos, el grupo sevillano no para. A sus numerosos conciertos dentro y fuera del país suman la banda paralela Fiera -con un álbum, Déjese llevar, publicado en 2010 y otro también en proceso de creación- y la labor efectuada desde su propio sello discográfico y agencia de management, El Rancho Casa de Discos. “Son proyectos como los que llevamos a cabo con la compañía Mopa, con Mansilla y Los Espías, con Lumineón… Y son colaboraciones muy distintas, componer la música para una pieza coreográfica , hacer un vídeo o tareas de comunicación y prensa. Es puro intercambio: hay que aprovechar las capacidades de cada uno para sacarlo todo adelante”, afirma.
Entre esos proyectos también se cuenta la composición de la banda sonora de Carmina o revienta, el debut como director del actor Paco León, estrenada en el reciente Festival de Cine Español de Málaga y galardonada con el premio del público en su sección oficial. “Conocíamos la trayectoria de Paco León desde sus tiempos como bailarín de danza contemporánea -recuerda Alonso-. En la productora de la película estaban buscando un enfoque tradicionalista de la cultura andaluza, pero dándole a los personajes una mirada contemporánea, alejada de los localismos. Paco, de hecho, nos comentó que por ese motivo no quería utilizar flamenco en la banda sonora. Así que la conexión fue rápida, porque nosotros intentamos hacer algo parecido, y desde el principio lo vimos claro”.
Daniel dice que la película, como al resto de integrantes de Pony Bravo, le ha “gustado muchísimo”, pero descarta la publicación autónoma de la banda sonora. “No, porque no se trataba de hacer canciones. Ése no era el enfoque -explica-. Era algo más… Invisible. Se trataba hacer instrumentales en apoyo a las escenas, a su servicio. Así que no tenemos intención de editarlo como algo aparte, porque nos gusta así, integrada en la propia película. No tiene sentido verlo de otro modo”.
Pony Bravo actúa esta noche a las 22:00 en el Teatro Central. Las entradas cuestan 15 euros en taquilla y 12 euros en venta anticipada.
Aviso: en La Ventana Pop disponemos de dos entradas dobles para el concierto de esta noche y de dos copias en vinilo de Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias. Se llevarán ambos lotes (dos entradas más disco) los dos primeros comentarios a esta entrada en el blog que contesten correctamente a esta sencilla pregunta: ¿en qué grupo anterior a Pony Bravo militaron Pablo Peña, Darío del Moral y Javier Rivera?
Recuerde que tras enviar el comentario tiene que mandar a su vez un correo con su nombre completo y DNI a bfernandez@grupojoly.com
Los agraciados podrán recoger sus entradas en la taquilla del Teatro Central antes del del concierto. Los discos deberán recogerse en la redacción de Diario de Sevilla (c/Rioja 14-16) de lunes a jueves de 10:00 a 13:00 y de 16:30 a 18:30. Suerte.
Blas Fernández | 3 de mayo de 2012 a las 13:02
Los Punsetes, La Casa Azul, Espanto, Bertrand Bescht, Antonia Font, Las Buenas Noches, Nudozurdo, Sr. Chinarro, Lisabö, Josh Rouse, Iván Ferreiro… Suma y sigue: Nocturama, el ciclo de actuaciones musicales programado en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) durante el estío hispalense, alcanza su VIII edición con uno de los mejores carteles de su historia y manteniendo las entradas a precios asequibles. Se venderán a 6 euros (apenas un euro más que el pasado año) y sólo en el caso de La Casa Azul, debido a su elevado caché (Green Ufos coproduce el concierto con la sala Obbio), subirá hasta los 10.
Perfecto ejemplo de colaboración público-privada, rentable para ambos partícipes, en Nocturama el CAAC pone las instalaciones y el equipamiento y dos promotoras locales, Green Ufos (en el cartel de julio) y La Suite (en el de agosto), planean la programación y corren el riesgo económico. Cada vez menor, dicho sea de paso, gracias a la raigambre que el ciclo, convertido ya en un clásico del verano local, ha conseguido durante estos años.
Una novedad, ya vislumbrada en ediciones anteriores: la parcelación por procedencia (julio para los internacionales y agosto para los nacionales), salta definitivamente por los aires. “Puede que estemos en crisis, pero los cachés de los grupos siguen subiendo, y en esas condiciones nos resulta imposible centrarnos exclusivamente en grupos de fuera”, ha explicado esta misma mañana en la presentación del cartel Rafa López, de la promotora Green Ufos, quien ha añadido que, habida cuenta de la expectación, “Nocturama ha calado hondo entre el público local, prueba de que el trabajo de años anteriores se ha hecho bien”. Por su parte, David Linde, de La Suite, ha agradecido al CAAC y a su director, Juan Antonio Álvarez Reyes, el hecho de que “un ciclo así persista en estas condiciones económicas”.
Nocturama arrancará este año el miércoles 27 de junio en su ubicación habitual, el Patio del Padre Nuestro, con la actuación de los suecos MF/MB/ y presentará su primer plato fuerte dos días después con madrileños Los Punsetes, a punto de poner en circulación su tercer álbum. La Casa Azul, como ya se rumoreaba en los mentideros digitales, actuará el 4 de julio, mientras que la banda belga Mièle lo hará el jueves 5.
El miércoles 11 contaremos con doble cartel: Espanto, uno de los secretos mejor guardados del pop nacional, y Doble Pletina. Doble será también el programa del jueves 12, centrado en artistas del sello germano Tapete: Jack Beauregard y Salim Nourallah. El francés Bertrand Betsch actuará el miércoles 18, mientras que al día siguiente lo harán los mallorquines Antonia Font y los castellonenses Pleasant Dreams.
Por primera vez en España, el ciclo presentará el miércoles 25 la actuación del belga Benjamin Schoos, seguido el 26 por el dúo femenino finlandés LCMDF y el sábado 28, cerrando julio, por el músico sueco Christian Kjellvander.
Ya en agosto, Nocturama continuará sus actividades el miércoles 1 con el concierto de los sevillanos Las Buenas Noches, ausentes de los escenarios locales durante una larga temporada, y continuará al día siguiente con los madrileños Nudozurdo, caídos del cartel del pasado año por enfermedad de uno de los integrantes.
Repetirán en Nocturama Hola a Todo el Mundo, el miércoles 8, y el sevillano Antonio Luque, Sr. Chinarro (jueves 9), que vuelve al ciclo tras participar en su primera edición. El miércoles 15 marca en el calendario otra cita de particular interés, la que los espectadores del encuentro tendrán con los iruñeses Lisabö.
Los granadinos Niños Mutantes actuarán el jueves 16; el norteamericano afincado en Valencia Josh Rouse hará lo propio junto a The Long Vacations el miércoles 22 y a The New Raemon lo veremos el jueves 23. Ya en los últimos días del ciclo, el ex vocalista de Los Piratas Iván Ferreiro presentará su nuevo álbum el miércoles 29, mientras que el fin de fiesta lo pondrá Doctor Explosión, clásicos incombustibles, el jueves 30.
Desaparecidas las proyecciones cinematográficas desde el 2009 -sí, a consecuencia de la crisis- se mantendrán no obstante las visitas a las exposiciones del CAAC, accesibles con la misma entrada de los conciertos, y se sumarán una serie de instalaciones audiovisuales “de los años 60 y 70, fundamentalmente de artistas norteamericanos” cuyos detalles guarda Álvarez Reyes hasta la presentación del cartel del centro para los próximos meses.
Las localidades para los conciertos de agosto, amén de en la taquilla del CAAC, podrán adquirirse online en la web de La Suite. Las de julio se podrán comprar sólo en la taquilla del centro, con excepción del concierto de La Casa Azul, que también se pondrán a la venta a través de ticketea.com.
Blas Fernández | 25 de abril de 2012 a las 23:18
Folila. Amadou & Mariam. Becasue / Nonesuch. Folk / Pop / Rock. LP / CD
Cuando Manu Chao produjo en 2006 aquel estupendo álbum titulado Dimanche a Bamako consiguió al menos dos cosas: una, un disco vibrante y sorprendente; dos, hacer visibles a Amadou Bagayoko y Mariam Doumbia, músicos con largo recorrido previo, más allá de ese gueto mercantil ambiguamente denominado world-music –tradúzcase como música para turistas bienintencionados–.
Acostumbrado a burlar esa visión reduccionista que, miope, endosa la etiqueta de exótica a las sonoridades en apariencia ajenas al canon occidental –paradójicamente construido en buena parte gracias a ellas–, Chao, como otros antes y después, sirvió de padrino a la pareja malí para descubrir a otros públicos aquello que África ya lleva décadas originando por sí misma: una música que no por enraizada deja en ningún caso, y para lástima de los defensores de no se sabe bien qué esencias, de dialogar con su tiempo.
Damon Albarn (Blur), otro enamorado de la música africana, recogió el testigo dos años después al producir para Amadou & Mariam el igualmente recomendable Welcome to Mali, un título que, como su antecesor, aunaba con perfecta naturalidad pop y africanismo.
Con tan ilustres precedentes, y se supone que no pocos contactos, Folila nos devuelve ahora al dúo en un nuevo capítulo de premeditada proyección internacional, quizás el más ambicioso, atendiendo al despliegue de músicos y medios, de cuantos Amadou & Mariam han firmado hasta la fecha.
Facturado a caballo entre Nueva York, Bamako y París, Folila (música en bambara) reúne a una considerable nómina de colaboradores que incluye, entre otros, a Tunde Adebimpe y Kip Malone (TV On The Radio), Victor Axelrod (Antibalas), Jake Shears (Scissor Sisters), Amp Fidler, Santigold, el francés Bertrand Cantat (Noir Désir) o el mismísimo Toumani Diabate.
El gozoso resultado es un disco más físico, más orgánico, más musculoso que Dimanche a Bamako o Welcome to Mali, y en el que la única concesión al público del norte –las voces en inglés o francés replicando al bambara dentro de la clásica estructura de llamada y respuesta– puede leerse también como mera consecuencia lógica de la procedencia de los invitados.
El resto, si no música africana de hoy en sentido estricto, es como mínimo lo antes apuntado: puro diálogo de igual a igual, o aun con algo de predominio malí, desarrollado en un incontestable listado de arrolladoras o hermosas canciones, construidas ya sea escarbando en los remotos ancestros del blues –y de eso en Mali saben lo suyo–, disparando andanadas de afrobeat o irresistibles píldoras de pop vitaminado (la prueba del nueve: la británica Ebony Bones dando la réplica a Mariam en la saltarina C’est pas facile pour les aigles).
Ahí le dejo el clip de Wily kataso (con Adebimpe y Malone)