El viraje electrónico de Balago

Blas Fernández | 14 de junio de 2013 a las 5:00

Ah, las etiquetas… En Introspective (2007), aquel estupendo documental de Aram Garriga sobre el post-rock, Jan St. Werner, de Mouse On Mars, se quejaba de las múltiples cubetas ordenadas por géneros a las que iban a parar sus títulos en las tiendas de discos. “Sí, es verdad -dice hoy David Crespo, del grupo catalán Balago-. A nosotros con cada nuevo álbum nos han puesto una diferente. Supongo que no se sabe bien dónde ubicarnos”.

Balago, ahora en formato de trío, completado por su hermano Roger y Guim Serradesanferm tras algunos cambios en la formación, llega este viernes a Sevilla para actuar en el ciclo Electrochock(US). Y lo hace con un flamante trabajo bajo el brazo, Darder (Foehn Records, 2013), su quinto álbum, de nuevo empeñado en dificultar las adjetivaciones orientativas. “Hace cincuenta años la música estaba más definida -apunta-. Estaba el pop, el jazz, el rock, el blues… No se mezclaba tanto, no había un tipo haciendo jazz, por ejemplo, con un sampler y dos sintetizadores. Me parece correcto, porque creo que se trata de situar al público. Pero a menudo recuerdo una entrevista muy graciosa a Kurt Cobain en la que le preguntaban cuál era el estilo de Nirvana. El tío contestaba dando una lista de veinte diferentes. Se estaba riendo del entrevistador”.

Asociado al post-rock con su álbum de debut (Erm, 2001), Balago ejemplifica esa saludable dinámica de redefinición con cada nuevo capítulo. En el caso de Darder, su discográfica apunta términos como post-dubstep, dark ambient, krautrock etéreo y hasta kosmische melancólico. Lo cierto, matices al margen, es que aquí cabe hablar de paisajismo sonoro y, atendiendo a la evolución plasmada en títulos como El segon pis (2004), D’aquii (2008) y Extractes d’un diari (2010), de una paulatina apuesta por posiciones cada vez más electrónicas. “En el fondo -asume Crespo- yo soy guitarrista, y en principio la idea era mezclar guitarras y electrónica. Pero luego resulta que Balago se reinventa con cada disco y, si te fijas, no hay dos iguales, aunque todos tengan algo en común. En el segundo ya explotamos más la electrónica, pero a la vez metimos elementos acústicos, algo que no habíamos hecho en el primero. En el tercero todavía había guitarras, aunque comencé a darle más importancia a los samplers y sintetizadores. Y en los dos últimos, en efecto, hemos ido pasando de lo orgánico a lo robótico”.

No hay un porqué claro que explique este viraje, insiste el músico, omnívoro degustador de platos diversos, “enamorado de la discografía de Low” y, al tiempo, fan visceral de Depeche Mode. “Quizás si hubiéramos empezado sólo con electrónica ahora estaríamos con las guitarras -reflexiona con humor-. No es premeditado, sencillamente vas viendo qué se queda y qué no. Probablemente, en estos dos últimos discos, llegó un momento en el que me sentía muy a gusto trabajando sobre todo con el sampler. Fue algo que descubrí hace muchos años escuchando discos de hip-hop y a grupos como Disco Inferno, que es una banda que me marcó de por vida. Me gusta todo, pero hay que saber picotear y coger lo que te atrae de cada grupo o estilo, llevarlo a tu terreno y filtrarlo para que suene personal. Pero no es una evolución premeditada, no sé cómo he llegado aquí. Creo que en la adolescencia, allá por los 16 ó 17 años, descubrí a Depeche Mode y se convirtió en el grupo más importante de mi vida. Aún tengo esa imagen de los tres tocando el Violator en el Palau Sant Jordi. Era como… ¡guau!“.

Prolífico compositor para la pantalla y la escena -¿recuerda la cortinilla de la distribuidora cinematográfica DeAplaneta? Es suya-, Crespo ha firmado bandas sonoras de largometrajes como Pudor (Tristán y David Ulloa, 2007), El rey de la montaña (Gonzalo López-Gallego, 2007) o La plaga (Neus Ballús, 2013), amén de músicas para cortos, documentales y espectáculos de danza contemporánea -durante ocho años fue el compositor de cabecera de la compañía Erre que Erre-. Sin embargo, y pese a las cualidades que en ese sentido expone Darder, se resiste a asumir conceptos desgastados. “Nunca hemos buscado sonar a cine, hacer bandas sonoras imaginarias para películas inexistentes -afirma-. Hacemos música para escuchar, cuando quieras y como quieras. Pero la prensa rápidamente nos situó ahí. Y yo, viendo mi carrera posterior, casi que tengo que agradecerlo. A base de ese tipo de artículos creo que algún director se convenció y me llamó”.

De su concierto de esta noche -”todo Darder con un par de canciones de Extractes d’un diari por ahí en medio”-, señala Crespo un detalle que da para otra entrevista, como mínimo. “Nada de ordenador en directo. Es algo que decidimos hace tiempo. Recuerdo un concierto de Tortoise en el que hubo un momento de pausa, con cada uno de ellos toqueteando el ordenador, supongo que cargando algo para el siguiente tema, y John McEntire, creo, dijo “están mirando el Messenger”. Eso resume un poco el hecho de por qué no los llevamos en directo: no es bonito para alguien que paga por un concierto ver a tres tíos con ordenadores. No sé qué estás haciendo, no sé si sólo estás dándole al play… Nosotros queremos ser como los grupos de los 90, como Laika o Diabologum, vamos con nuestros dos samplers Akai antiguos, nuestra Roland SP 404 y dos teclados midi. Creo que así el directo es más atractivo, enérgico y simpático. Y cabe la posibilidad de equivocación, porque aunque todo sea electrónico, estamos tocando”.

Balago actúa esta noche a las 22:30 en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (c/Madre de Dios, 1). Entradas a 6 euros. 3 euros para la comunidad universitaria.

La nueva carne de los nuevos puritanos

Blas Fernández | 10 de junio de 2013 a las 5:00

Los hermanos Barnett y Thomas Hein, con Elisa Rodrigues. / Foto: Willy Vanderperre

Field of  Reeds. These New Puritans. Infectious. CD / 2LP

En una reseña para The Quietus sobre el disco que nos ocupa, el firmante, Nick Southall, revela haber recibido meses atrás un correo electrónico del productor del álbum, Graham Sutton, poniéndolo sobre aviso: “Creo que es el mejor proyecto en el que he estado involucrado jamás”.

Pero Sutton, nos recuerda Southall, ya ha estado involucrado previamente en algunos proyectos, digamos, enormes. Para corroborarlo ni siquiera hay que acudir a su historial tras la mesa de mezclas; basta con revisar su intermitente y dosificado trabajo como compositor e intérprete al frente de Bark Psychosis, banda seminal en la entonces incipiente escena post-rock y, en buena medida, heredera directa de los postulados estéticos formulados por ese otro gigante, Mark Hollis, al frente de Talk Talk. En resumen, dos discos definitivos y definitorios en el intervalo de una década, Hex (1994) y Codename: Dustsucker (2004). Así que, ¿a qué se refería Sutton con semejante intuición? ¿Se dejaba llevar por el entusiasmo? ¿Publicitaba su labor?

La escucha pausada de Field of Reeds, disponible vía streaming durante los últimos días y finalmente a la venta este lunes, establece un guiño cómplice entre el músico y productor y la audiencia de These New Puritans, que comprueba, en efecto, que quizás no estamos sólo ante uno de los discos más bellos que van a publicarse este año, sino también ante una obra mayúscula que vuelve disolver con perfecta naturalidad los presuntos márgenes estilísticos que distancian a la música de ascendencia pop de otras formas y géneros sonoros. Convenciones, al cabo, dinamitadas con la absoluta indiferencia que merecen quienes las proclaman.

Debutante en largo en el ya lejano 2008 con Beat Pyramid -un disco trepidante, violento, claro deudor de la facción más insobornable del post-punk británico de los 80, con The Fall a la cabeza- el cuarteto londinense inició un singular proceso de refinamiento precisamente a raíz de su contacto con Sutton, encargado de desbastar una propuesta que incluso en origen -ahí quedaban pequeños cortes con ánimo especulativo, como Doppelganger- mostraban cierta voluntad de trascender prácticas miméticas en busca de la voz propia.

Lo paradójico es que esa intención, aun dejando a la vista las costuras referenciales -entre ellas, obvia, Dead Can Dance-, derivara en otro tipo de violencia, menos visceral, más consciente, a la postre más convulsa en su apuesta por una belleza formal preñada de guiños neoclasicistas y citas intergenéricas -una idea, por cierto, muy post-rock-.

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Hidden (2010) materializó esa alianza entre el cuarteto -liderado por el inquieto Jack Barnett (vocalista y multinstrumentista) e integrado entonces por su hermano George (percusiones), Thomas Hein (bajo) y Sophie Sleigh-Johnson (teclados)- y el veterano Sutton. Sus once cortes, a menudo adornados por arreglos de viento en contraste con bases electrónicas, oscuros y tenebristas, nos mostraban no sólo la nueva piel de la banda, sino también su nueva carne, ya madurada. Y propiciaba la sensación, plena, de que el grupo dejaba atrás el estirón adolescente para ofrecernos el esbozo de sus formas adultas. Ése es el proceso que a la espera, pero también al margen, de futuros movimientos Field of Reeds concluye ahora.

“El nuevo álbum es un tanto diferente al anterior”, señala Jack Barnett en la web de la banda, apuntando al tiempo que Sutton y él han dejado en este disco que la música hable “por sí misma más que en cualquier otro que hayamos hecho antes”. Y la música habla con esa rara voz -la voz propia- en la que los acentos reconocibles no empañan ni la originalidad del timbre ni lo que se dice. Son, nuevamente, muchos y evidentes -Hollis, en solitario y con Talk Talk; Bark Psychosis, claro; Scott Walker, género en sí mismo; Robert Wyatt; académicos del corte de Elgar y Britten y, por momentos, hasta el Chet Baker más irredentamente melancólico-, pero su mensaje es diáfano: es música para conmover más allá de la sacudida, para emocionarse en la pura contemplación. Incrédula primero; rendida después.

Estructurado en torno a nueve pequeñas suites que remiten a motivos melódicos y armónicos reiterados -los arreglos de viento se enriquecen aquí, entre otros, con pianos y xilófonos propensos a la comedida disonancia-, y con la decisiva y brillante colaboración de la cantante de jazz portuguesa Elisa Rodrigues, Field of Reeds sería uno de esos discos que tras prestarles nuestra atención nos la devuelven exhausta. Pero no a disgusto, sino más bien tan satisfecha como después de… Bueno, ya sabe…

Elaborando la sencillez

Blas Fernández | 3 de junio de 2013 a las 5:00

Trouble Will Find Me. The National. 4AD. Rock. CD / LP.

Tres años después de firmar High Violet -un disco mayúsculo, de esos que catapultan a sus artífices a puestos de cabeza-, The National entrega Trouble Will Find Me, un trabajo compuesto y registrado tras la larga gira propiciada por su antecesor y, se entiende, bajo la presión de ofrecer algo a la altura de las expectativas. Porque el grupo-de-Ohio-trasladado-a-Brooklyn ya nos había regalado otras piezas mayores a lo largo de su respetable trayectoria -con éste son ya seis álbumes desde 2001, incluidos trabajos tan notables como Alligator (2005) y Boxer (2007)-, pero quizás ninguno tan redondo e inspirado como High Violet. Y aún menos con su repercusión.

En busca de un “sonido menos tenso, más amplio”, cuentan en su web; escarbando en las dinámicas y estructuras de algunos nombres clásicos -el de Roy Orbison aparece varias veces-, Trouble Will Find Me se desprende en buena medida de esa solemnidad ajena a la impostura, que parecía ya marca de la casa, tras el rastro de unas canciones más sencillas -dicho sea en el mejor sentido- y más accesibles -sin perder por ello de vista la cualidad de artefacto artístico que adorna hasta la fecha cada movimiento del grupo-. Y por momentos, hay que reconocerlo, resulta una jugada extraña.

Indefectiblemente asociados a esa percepción arty de la expresión rock que, con el cambio de siglo, pareció encontrar en el famoso distrito neoyorquino un hábitat idóneo, la implicación de The National en tan variopinta y poblada escena se reforzó de manera consistente con la coordinación por parte de los hermanos Dessner, Aaron y Bryce, de aquella impecable compilación benéfica, en todos los sentidos, para la Red Hot Organization, Dark Was The Night (2009), radiante catálogo de aportaciones y relecturas que permanece, y permanecerá, como ejemplo de inteligente buen hacer.

Pero el papel de sendos guitarristas en la ligazón con el barrio, con la escena y su natural cercanía a otras formas musicales, va mucho más allá. Intérpretes y compositores de formación académica, uno y otro despliegan una  prolífica actitud que, en el caso de Bryce, se concreta en hechos tales como  su relación con la activa Brooklyn Academy of Music, la dirección del MusicNOW Festival o la escritura de piezas para el Kronos Quartet, presente ya en Dark Was The Night con la versión del bluesman Blind Willie Johnson que dio título al disco.

Con esas credenciales, y con el precedente de una discografía en la que cada capítulo apuntaba hacia composiciones más complejas y dramáticas, este aparente retorno a la sencillez puede en primera instancia descolocar la escucha, despistar la atención y conducirnos a la sensación, me temo que errónea, de estar ante un disco menor.

Bien al contrario, Trouble Will Find Me, aun sin alcanzar el grado de automática empatía que provocaba High Violet, esconde bajo su pretendida identidad asequible la pertinente y habitual carga de profundidad que ha caracterizado la trayectoria del quinteto, en el que la voz de Matt Berninger y el desempeño rítmico de los también hermanos Devendorf -Scott al bajo y Bryan a la batería- completan una unidad de producción emocional capaz de facturar canciones tan redondas como Demons, Fireproof, I Need My Girl o, en general, la docena más una que lo integran.

Recreándose menos en los medios tiempos que en otras ocasiones, pisando un poco el acelerador -sin forzarlo, sólo un poco-, Trouble Will Find Me se gusta en su intención de rescate de actitudes espontáneas, sólo que en el proceso termina por revelarnos lo elaborada que en ocasiones puede resultar la simplicidad.

Ahí le dejo el clip de Sea of Love

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…y una interpretación en vivo de Don’t Swallow The Cap en el show de David Letterman.

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Nocturama (casi) cierra su cartel

Blas Fernández | 28 de mayo de 2013 a las 18:05

I Am Dive, fin de ciclo por partida doble.

Tras conocerse la pasada semana el cartel completo del ciclo Nocturama para el próximo mes de agosto, la promotora Green Ufos, encargada de la primera fase de la programación, ha anunciado hoy los conciertos que podrán verse en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo durante el mes de julio. A diferencia de años anteriores, el de 2013 será un cartel protagonizado por grupos nacionales y con abultada presencia local que, paradójicamente, arrancará a finales de junio, los días 27 y 28, con actuaciones a cargo de cuatro grupos -dos por jornada- aún no confirmados.

Entre los que sí lo están figuran nombres ya avanzados como Pájaro y Havalina -los días 4 y 5, ambos teloneados por los sevillanos Lobison-, los malagueños Airbag -teloneados por los cordobeses Los Alimentos el jueves 11- y los vascos McEnroe -acompañados por los jiennenses Blam de Lam el jueves 25-.

También se sabía de la presencia de Automatics, aquella banda de Linares que tan buenos discos nos dejó durante los 90 -el día 12 de nuevo con Blam de Lam como teloneros-, parte de una cuota con innegable sabor nostálgico que completarán los gaditanos Hermanos Dalton -el 26 compartiendo tablas con los locales Zico-.

Completan la lista Tachenko -también con compañía local, la de Pinocho Detective, el día 18-, Los Labios y Sick Buzos -el 19- y un concierto final, el 31, que, tras anunciarse como Noche del rock sevillano, consistirá en la despedida de los escenarios de The Baltic Sea y la confirmación de la dedicación absoluta del cantante, guitarrista y compositor de éstos, Estebán Ruiz, a su nuevo proyecto, I Am Dive, ése que comparte con Jose A. Pérez Piñas y que el pasado año nos dejó un disco tan delicioso como Ghostwoods.

Todos los conciertos de Nocturama durante el mes de julio tendrán un precio de 6 euros por jornada.

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Un ‘Electrochock’ muy ‘orgánico’

Blas Fernández | 28 de mayo de 2013 a las 12:29

En la imagen, la actual formación de Balago.

El Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus) ha confirmado ya los tres nombres que este año configuran el cartel de Electrochock(US), el miniciclo dedicado a músicas electrónicas y experimentales, que en esta ocasión se celebrará en la sede del centro (c/Madre de Dios, nº 1) durante los días 13, 14 y 15 de junio.

Como ya ocurriera en otras ediciones, y en consonancia con cierto proceso de naturalización, la electrónica aparece imbricada en propuestas que también reivindican su carácter orgánico sin anteponer uno a otro factor. Es justo el caso de los elegidos, los sevillanos Jacob, los catalanes Balago y el francés afincado en Madrid Olivier Arson, alias Territoire.

Jacob, el dúo integrado por David Cordero y Marco Serrato (Orthodox), será el encargado de abrir fuego el jueves 13. Tras protagonizar la primera referencia del sello local Knocturne Records, remezclando tres cortes de sus colegas Blooming Látigo, supondrá una nueva oportunidad de comprobar cómo respiran en vivo los seis títulos de The Ominous, su álbum para la escudería estadounidense Utech Records.

Balago (viernes 14) llegarán para presentarnos Darder (2013), quinto, último y notable capítulo hasta la fecha de una trayectoria iniciada en 2001 con Erm y que ha ido mutando en similar medida que lo hacía la propia formación, con David Crespo como único componente original de la banda, completada hoy por Guim Serradesanferm y Roger Crespo. Curiosamente, es el único de los tres grupos convocados en el que la electrónica ha ido ganando peso a cada entrega.

Territoire (sábado 15) es la nueva identidad de Olivier Arson, debutante en 2009 con Sorger était allé dehors, comme après un triomphe, firmado entonces como The Folding and The Point, y autor el pasado 2012 de Mandorle. Las diferencias entre uno y otro son notables, aunque ambos denotan el carácter explorador de su artífice: en el primero imperaba el ambient de factura electrónica; en el segundo, por contra, se rodeó de colaboradores variopintos -de Miguel Marín (Árbol) a Abel Hernández (El Hijo), entre tantos otros- para deambular por pasajes bastante más oscuros. Los fans de McEnroe ya sabrán, además, que se incorporó al grupo vasco y fue el productor de su último disco, Las orillas (2012).

Todos los conciertos comenzarán a las 22:30 y las entradas diarias tendrán un precio de 6 euros para el público general y de 3 euros para integrantes de la comunidad universitaria. También se pondrá a la venta un abono para los tres días al precio de 12 euros para el público general y de 6 euros para integrantes de la comunidad universitaria.

Nocturama muestra sus cartas de agosto

Blas Fernández | 24 de mayo de 2013 a las 16:38

En la imagen, Santa Rita fotografiadas por Cecilia Díaz Betz

Tras no pocas especulaciones sobre su posible suspensión este año debido a los crecientes e imparables recortes en Cultura, Nocturama, el ciclo de conciertos veraniegos en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), salvará el tipo una edición más aun haciéndolo en condiciones económicas cada vez más precarias.

De hecho, si en ocasiones anteriores el CAAC, amén de aportar la atractiva ubicación, todavía corría con los gastos de sonorización -la ayuda a la contratación se esfumó hace tiempo-, en la edición de 2013 pasará a ser algo así como un humilde anfitrión. Esto es, se limitará a acoger los conciertos, mientras que los gastos de producción y programación recaerán exclusivamente en las dos promotoras que tradicionalmente se hacen cargo del cartel: Green Ufos, durante el mes de julio, y La Suite, en agosto.

A falta de confirmar el de la primera, que presumiblemente se anunciará en fechas próximas, sí se conoce ya el de la segunda, que además resulta ser una oferta con indudable atractivo y a la altura de los mejores recuerdos del ciclo.

El zaragozano Bigott será el encargado de abrirla el jueves 1 con la presentación de su nuevo álbum, Blue Jeans. A partir de esa fecha podremos ver a Lidia Damunt compartiendo escenario con Guadalupe Plata (miércoles 7) y al maestro Lapido (jueves 8 con su reciente Formas de matar el tiempo bajo el brazo).

El miércoles 14 asistiremos a una doble propuesta femenina con enjundia: Marina Gallardo (girando con su flamante tercer álbum, This is The Sound) y a la bilbaína Ainara Legardón.

Juan Perro -o sea, Santiago Auserón flanqueado por su inseparable Joan Vinyals- certificará el jueves 15 el equilibrio de un cartel en el que conviven auténticos clásicos del pop español con recientes propuestas de riesgo. En el primer apartado cabe apuntar también la presencia de Martirio (miércoles 28), mientras que en el segundo hay que señalar necesariamente a Za! (el jueves 22 compartiendo velada con los sevillanos furiosos Miraflores) y a las emergentes Santa Rita (viernes 6 de septiembre, cierre de ciclo), acompañadas sobre las tablas nada menos que por Pony Bravo.

Nocturama completará sus conciertos de agosto con otras dos fechas de interés. El miércoles 21 actuarán los locales The Milkyway Express, ganadores de la última edición del concurso del IAJ, y Arizona Baby. El jueves 29 lo hará The New Raemon acompañado por sus amigos de Maga.

Las entradas de este año durante el mes de agosto tendrán un precio anticipado de 7 euros (las 500 primeras; a partir de esa cifra costarán 9 euros) y 10 euros en taquilla.

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“No termino de explicarme el porqué de esta saña contra la Cultura”

Blas Fernández | 16 de mayo de 2013 a las 5:00

Juan Antonio Pedrosa, director de Territorios.

Foto: Juan Carlos Muñoz

Contra viento y marea, aunque también rozando peligrosamente el límite de su viabilidad, el  veterano y popular festival Territorios arranca mañana su XVI edición en el Monasterio de La Cartuja de Sevilla. De ello habla en esta entrevista Juan Antonio Pedrosa, impulsor y director de la cita.

–Uno recuerda aquellas antiguas presentaciones de Territorios, con hasta una quincena de patrocinadores institucionales y privados, y le sorprende hoy el contraste…

–Y los que están tampoco son tan significativos económicamente como antes. Pero la situación es la que es, al menos para nosotros; para otro tipo de proyectos parece que no. De todas formas, hace tiempo que dedicamos más esfuerzo a estrategias de difusión y venta que a presentaciones al uso.

–En cualquier caso, han tardado en presentarlo oficialmente: dos días antes de su celebración.

–Sí, y también tardamos mucho en anunciar la venta de abonos, pero es que hemos estado a punto de no hacer el festival. Arrastramos deudas de 2012 y la presión ha sido fuerte. Durante 15 años hemos tenido ediciones que han dado beneficios, otras que han arrojado pérdidas y otras equilibradas. Cuando había pérdidas acudíamos a los bancos y solicitábamos un crédito, hacíamos acto de contrición y nos recuperábamos. Ahora ya no es así. He negociado durante todo el invierno con tres bancos diferentes, sin resultados. Eso es lo que hemos conseguido tras todo este tiempo. En cuanto a las instituciones, dado lo poco que aparentemente pueden aportar… Si tuviéramos que hacer un festival montado sólo con el dinero que recibimos de la administración tendría que ser de cantautores, pero sin amplificación.

–Territorios llegó a manejar un presupuesto de 1.800.000 euros. Y ahora…

–Bueno, el año pasado bajamos 1.100.000 euros y este año ronda los 900.000. De esa cifra sólo 125.000 euros corresponden a dinero público. El ICAS aporta 75.000 y la Consejería de Cultura 50.000. Pero también se recorta en un 40% el patrocinio privado. Hay patrocinadores que siguen, pero aportan menos, y otros que directamente han desaparecido.

–¿Corre el festival el riesgo de desaparecer?

–Sí, es un riesgo cierto. El año pasado perdimos 250.000 euros, y fue culpa nuestra. Tuvimos la intención de crecer, metimos más artistas, más escenarios, más barras, nos gastamos un dineral en promoción… Y resultó que esa inversión no fue acompañada de un incremento de espectadores. Francamente, éste es el peor año de mi vida profesional. Llevo 30 años trabajando en el ámbito cultural y en condiciones así ya no repito. Hemos diseñado el festival para no perder dinero, hemos ahorrado en cachés, en producción… Hemos bajado los precios para intentar que venga más publico… Y de momento va bien. Llevamos casi 11.000 abonos vendidos, cuando otros años eran unos 7.000. También va bien la venta de entradas y espero que en total lleguemos a los 15.000 espectadores. Si llegamos y las barras funcionan, si no perdemos y podemos cubrir las deudas del año pasado, entonces seguiremos con el festival. Si no es así, si acumulamos más pérdidas, cerraremos.

Juan Antonio Pedrosa, director de Territorios.

Foto: Juan Carlos Muñoz


–Y por si fuera poco, el incremento del IVA Cultural…

–No termino de explicarme el porqué de esta saña contra la Cultura. Subir el IVA al 21% en plena crisis me resulta incomprensible. No puedes subir las entradas, porque el poder adquisitivo es menor, así que esa diferencia, por lo general, se la come el promotor. Pero encima, si dentro tienes barras que te ayudan a incrementar los ingresos, Hacienda las carga con ese 21% y no con el 10% de IVA que corresponde al sector hostelero. Eso se llama saña.

–Este año también cambia la infraestructura del festival, su distribución de escenarios…

–En la pradera de entrada vamos a tener finalmente tres. Nos estuvimos planteando eliminar alguno de los grandes, que tienen un coste de producción muy elevado, pero decidimos no ahorrar ahí y aguantarlos. Dentro se mantiene sólo el del Paseo del Ombú. Desaparece el de las chimeneas, porque como ya comprobamos el acceso es incómodo, pero se incorpora la Dub Corner, un escenario de bajo coste, aunque también una apuesta del festival por abrir otra puerta, en este caso al dub. Vamos a probarlo de la misma manera que en su día introdujimos el hip-hop y a partir de ahí ha habido rap todos los años.

–¿Siente que el cartel se resiente?

-No. Hemos hecho un gran esfuerzo para mantener el nivel. Puede haber quien piense que faltan nombres grandes de la música española, pero hay que tener en cuenta que quizás esos nombres no contaban con nuevo disco. En el cartel hay un buen número de artistas que podríamos considerar de un nivel medio, pero que quizás sólo necesitan algo más de tiempo para despegar, algo que ha ocurrido con muchos grupos, que pasaron por aquí antes de convertirse en estrellas nacionales. En cuanto al apartado internacional, sólo venden las bandas de primera línea, y para eso preferimos concentrarnos en las nacionales. Quizás desde ese punto de vista el de este año no sea el cartel más artístico, pero sí es el más práctico. Hemos optimizado el dinero que teníamos. Menos del 50% del presupuesto va a programación.

–Han revitalizado la Fundación Festival Territorios, creada hace tres años. ¿Con qué objetivo?

–La intención es crear una base social que haga posible la existencia del festival. Cuando llega el otoño necesitamos financiación para empezar a desarrollar las ideas, y como los bancos no la dan, pensamos en crear ese cuerpo social. Hay gente en toda Andalucía que se siente vinculada emocionalmente a Territorios, así que les proponemos ser parte de él, convertirse en socios. Son aportaciones pequeñas que les permiten venir como tales y disfrutar de algunos privilegios.

Un cartel articulado alrededor a la oferta nacional

Sin nombres internacionales de masiva proyección festivalera en ninguna de sus múltiples vertientes estilísticas –a excepción quizás de un Fatboy Slim parcialmente reactivado tras su aparición en la clausura de las Olimpiadas de Londres y de unos 2ManyDJs no por conocidos menos apetecibles–, la XVI edición de Territorios, que se celebra durante el viernes y sábado en el Monasterio de La Cartuja a partir de las 20:00, fía el gancho de su oferta a la producción nacional, en la que destacan nombres como el de los locales Pony Bravo, de vuelta al escenario para presentar su tercer y flamante álbum, De palmas y cacería. También juegan en casa dos pesos pesados del rap español, reconfigurados en propuestas colaborativas para publicar sus más recientes trabajos. Es el caso de los hermanos González Rodríguez –esto es, Tote King & Shotta–, quienes años después de un debut conjunto editaron Héroe el pasado 2012, y de Mala Juntera, que reunió en Cracks a los sevillanos Acción Sánchez y Zatu (SFDK) con el zaragozano Hazhe y el belga Capaz. Colaborativa es a su vez la propuesta de Corizonas, que funde a Coronas y Arizona Baby en torno a un efectivo repertorio de rock clásico. Y efectiva, seguro, será también la propuesta de Fangoria, en plena gira de presentación de Cuatricomía.

“Trabajar con SGAE es como hacerlo con el Instituto Nóos”

Blas Fernández | 13 de mayo de 2013 a las 5:00

Dos meses después de ser lanzado en internet en descarga libre y gratuita, y tras haber sido presentado en concierto en una veintena de escenarios diferentes, De palmas y cacería, tercer álbum de la banda sevillana de rock Pony Bravo, cuenta los días para su inminente edición física, primero en CD y más tarde en vinilo.

Con fechas previstas, entre otras, en Sevilla (viernes 17 de Mayo en el Festival Territorios) y Barcelona (viernes 24 en el Primavera Sound), Daniel Alonso, integrante del cuarteto junto a Pablo Peña, Darío del Moral y Javier Rivera, habla en esta entrevista del particular modus operandi de la banda, de la peliaguda situación de los derechos de autor y del agitado contexto social actual. También de música, claro.

Una velada (muy) animada

Blas Fernández | 9 de mayo de 2013 a las 5:00


“No, claro, no es una idea original. Darío vio algo similar en Argentina y se le ocurrió hacerlo. Aunque le da un poco la vuelta, porque además de dibujar también dispara animaciones y hace algunas manualidades. Pero, básicamente, el concepto es ése: nosotros tocamos nuestro repertorio y a la vez Darío dibuja lo que se ve en la pantalla”, explica Fran Fernández de Un concierto animado, el espectáculo que mañana inaugura en el Centro de las Artes de Sevilla (CAS) el nuevo ciclo Showcas. Pero, vayamos por partes: Fran Fernández es aquel músico tras Australian Blonde que luego, hasta la muerte de Sergio Algora en 2008, coprotagonizó la trayectoria de La Costa Brava y terminó regalándonos un par de estupendos álbumes firmados como Francisco Nixon; Darío, por su parte, es el dibujante argentino Darío Adanti, residente en España desde el 96 y firma habitual en múltiples publicaciones nacionales. A ambos se suma Ricardo Vicente –ex componente también de La Costa Brava– para dar forma a esta propuesta, que al estilo de los conciertos entre viñetas del Encuentro del Cómic y la Ilustración de Sevilla une en directo música y dibujo. “El repertorio es el mismo que hacemos Ricardo y yo cuando vamos solos, canciones de Francisco Nixon, de La Costa Brava y del disco que grabamos en 2011 con The New Raemon, El problema de los tres cuerpos –explica Fran–. Pero Darío, que se queda sentado, también tiene un micrófono por si quiere intervenir. Es el que más habla de los tres y el que más gracia tiene”.

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Apenas visto con anterioridad en Madrid y Valencia, Un concierto animado se antoja además la pequeña espita que mantiene encendida la condición de músico en activo del compositor de canciones tan redondas como Inditex o Erasmus borrachas. “Tras los discos grabé unas maquetas y las colgué en internet, pero sí, Francisco Nixon está un poco aparcado. Ahora trabajo como editor de contenidos en Deezer, la plataforma francesa de música en streaming, seleccionando lo más interesante de lo que se publica cada semana para destacarlo en la web, y ya no tengo el tiempo del que disponía antes para componer y grabar, aunque creo que escucho más música que nunca. De todas formas, creo que he tenido una carrera musical bastante larga y las cosas importantes están ahí para quien las quiera escuchar”, comenta Fran con intención pragmática. Y añade: “En la profesión de músico hay una parte de diversión y otra parte económica. En mi caso, ahora mismo pesa más la parte de diversión, y el día que no me divierta lo dejaré. Honestamente, tengo 42 años y tampoco creo que mi música tenga mucha repercusión más allá de la gente que me sigue desde hace tiempo. La vida te va marcando los ritmos y el día que tenga que dejar la música lo haré sin ninguna pega”.

Uff… Por inusual, sorprende la confesión en un músico, en efecto, de tan larga trayectoria. También atípica: Australian Blonde fue uno de los escasos exponentes del indie español de los 90 –¿recuerda Chup Chup?– en paladear la popularidad. “Sí, hoy es muy diferente –reflexiona sobre la atomización experimentada durante las dos última décadas por la escena pop–. Es algo de lo que hablo mucho, y no sólo como músico, sino también por mi trabajo en Deezer. ¿Cómo llegas a todos esos nichos? Eso también nos lo ha traído internet. Antes tenías un mercado cautivo y unos canales, tres o cuatro, donde los músicos se daban a conocer. Pero ya no hay una línea principal tan clara como antes. Fabricar un éxito ya no es tan fácil”.

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Desde su posición en la industria del streaming –“algo en marcha, todavía relativamente joven”– destaca Fran un fenómeno significativo y constatable. “Internet no nos ha facilitado sólo el acceso a las novedades, sino también al catálogo del pasado –apunta–. Antes, por lo general, lo que había en las tiendas eran eso, novedades. Ahora, que ya no hay ni tiendas, cuando la gente escucha música suele escuchar lo que ya conoce o lo que le recomienda un amigo. Incluso en el segundo caso, se tiende a mirar a ese pasado que ahora está ahí y que desconocíamos”.

Como el suyo está ahí para quien quiera escucharlo, descarta rentabilizarlo. “No, La Costa Brava sin Sergio no tiene sentido”, dice recordando aquella banda en la que compartió amistad y canciones con el hombre de El Niño Gusano. “Una reunión nostálgica de la gente que pasó por allí para dar un concierto un día… Pues quizás sí. No está en mis planes, pero no lo descartaría. Me agradaría volver a ver a mis amigos. Pero sacar un nuevo disco, no”.

Un concierto animado. Viernes 10 a las 21:00 en el CAS (Torneo, 18). 10 euros.

La estrategia del mono

Blas Fernández | 28 de abril de 2013 a las 9:03

Guadalupe Plata, en la primera edición del Monkey Week, en 2009.

“Echa cuentas: 21% de IVA más 10% de SGAE. Los promotores de conciertos perdemos, de partida, el 31% del precio de la entrada. Y eso sin sumar costes de cartelería, sala y equipo de sonido. ¿Qué nos queda? Lo único que podemos hacer para intentar equilibrar los ingresos es organizar cada vez más bolos, aún sabiendo que el beneficio va a ser mucho menor que antes, cuando hacíamos menos fechas”. Firma esta desoladora descripción del panorama el veterano agitador David Pareja, antaño manager de grupos como Pony Bravo y Las Buenas Noches y hoy al frente de la agencia Meridiana Musical, pero podría suscribirla cualquier promotor nacional, grande, pequeño o mediano.

La criminal tajada del IVA cultural -era cosa avisada desde su implantación, luego contrastada por los indicadores de consumo- no sólo no incrementa la recaudación de Hacienda -¡y el 21% de cero es… cero!-, sino que de paso desarbola y pone en riesgo con sospechosa eficiencia cualquier iniciativa, asentada o en ciernes, relacionada con la programación de espectáculos, en particular, o con la industria de la música, en general.

Así las cosas, cada cual intenta salvar los trastos como puede, ahondado en la masificación y el esquivo, pero aún posible, patrocinio privado -un camino en el que Primavera Sound ha sabido moverse como nadie- o incluso invocando el recurso solidario del crowdfunding -ahí está la Fundación Festival Territorios, creada hace tiempo pero hoy visible como nunca-.

Ufff… Habría tanto de lo que hablar en las jornadas profesionales del próximo Monkey Week… Como otros previamente, el singular festival portuense, presentado el pasado jueves en Madrid, altera su denominación misma para dar cabida al principal patrocinador del evento, Deezer, la empresa francesa de distribución musical en streaming, confiada en plantar cara a la sueca Spotify y hacerse con parte de su cuota de mercado. Perfecto: ése es el camino y en el Monkey lo saben desde hace tiempo.

Las inevitables alianzas, sin embargo, provocan (¿ineludibles?) paradojas. La quinta edición del festival, con fechas anunciadas para el 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, vuelve a contar entre sus patrocinadores con la Fundación Autor de SGAE -la presentación del encuentro se llevó a cabo, de hecho, en el lujoso Palacio de Longoria, ese recordatorio megalómano de la era Bautista-, entidad de turbio pasado por todos conocido y presente aún no despejado de dudas. Baste recordar el reciente expediente sancionador incoado contra la entidad por la Comisión Nacional de la Competencia en referencia a “posibles prácticas restrictivas” en la gestión de derechos de autor. Dicho de otro modo: ¿a dónde va a parar ese 10% recaudado por la sociedad de cada entrada de conciertos vendida en este país? ¿Por qué se intenta imponer por defecto a repertorio ajeno a la SGAE? ¿Retorna realmente a los autores extranjeros en función de convenios con las equivalentes sociedades internacionales? ¿Retorna de manera fidedigna a los autores nacionales? ¿Por qué cuando el concierto es gratuito se cobra sobre el coste de la producción?

La apertura del expediente, claro, “no prejuzga el resultado final de la investigación”, explica la CNC, pero arroja pistas sobre la tortuosa relación entre la entidad y los promotores, tan soliviantados, y esquilmados, que denunciaron el caso en 2005. Vale: la causa fue desestimada en un par de ocasiones y el asunto parece haberse suavizado, pero Competencia sigue observando “indicios de infracción” y de “abuso de posición de dominio”. De ahí el expediente.

¿Se hablará de este asunto en el Monkey Week? ¿Se pedirán cuentas a quienes, con razón, condenan la subida del IVA como un mazazo sin sentido pero, al mismo tiempo, ponen en práctica unilateral medidas igualmente sangrantes? Estaría bien, aunque el perfil de las mesas redondas y conferencias de este año será otra de las cosas destinadas a cambiar, esperemos que para bien, en el festival del Puerto de Santa María.

Con el Instituto Cervantes y Extenda, la Agencia Andaluza de Promoción Exterior, participando en esta edición como patrocinadores en firme, el apartado profesional del encuentro aspira a tejer conexiones internacionales, y en ese sentido se explican las invitaciones ya cursadas a representantes de encuentros como el estadounidense South By Southwest o el mexicano Vive Latino. Hay que vender fuera a los grupos de aquí. No es sólo la consigna; también es la clave de la supervivencia.

El festival, de hecho, reforma su infraestructura para potenciar el apartado profesional. Mesas redondas, conferencias y expositores abandonan el Teatro Pedro Muñoz Seca rumbo a las Bodegas de Mora de Osborne en busca de mayor espacio. El teatro, con alrededor de 600 localidades, sólo acogerá esta vez sendos conciertos a primera hora de la noche, viernes y sábado, con un par de bandas por velada (se estudia un abono premium que asegure la asistencia ante tan limitado aforo). Luego el testigo lo recogerá la sala Mucho Teatro, a partir de la medianoche, con hasta cinco grupos por fecha.

Será allí donde el jueves 31 dé el pistoletazo de salida Guadalupe Plata en la Jägermeister Opening Night, que seguirá el esquema ya utilizado en 2012 por Pony Bravo. Esto es, la banda principal invitará a subir al mismo escenario -literalmente, serán ellos quienes programen- a otros nombres en su onda estilística.

Descontando el siempre vivificante circuito de showcases por bares del centro de la localidad, una de las mejores y mayores bazas del Monkey Week, o la final del concurso del Instituto Andaluz de la Juventud, en su día ganado por los mencionados Guadalupe Plata, quedan por confirmar aún muchos nombres en el cartel de un festival que sigue conciliando como pocos la vertiente profesional con la lúdica. Ya sabrá que han trascendido los de Josephine Foster -a la cantante folk de Colorado nos la descubrió el pasado verano la revista The Wire viviendo en Vejer junto al guitarrista español Víctor Herrero-, The Cubical o The Posies -éstos últimos, embarcados para la fecha en una larga gira nacional destinada a rescatar íntegros dos títulos emblemáticos de su trayectoria, Frosting on The Beater (1993) y Amazing Disgrace (1996), ninguno de ellos, vaya, disponible hoy en Deezer-, pero quedan por anunciar muchos más. Y puede que tengamos alguna sorpresa de gran calado.

Ahí le dejo un clip de The Posies, hace tres años, interpretando en vivo una de aquellas canciones de Frosting on The Beater, Solar Sister, para la KEXP de Seattle…

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