El pop de cámara de Sean O’Hagan

Blas Fernández | 1 de mayo de 2008 a las 11:09

Sean O’Hagan

Foto: Kev Hopper

“Empecé a escuchar a los Beach Boys desde una perspectiva artística a los 19 años. Claro que ya sabía de la música surf desde niño, pero el shock de Pet Sounds me llegó con 19″, evoca desde Londres Sean O’Hagan, líder de The High Llamas, cuando se le pregunta por uno de esos discos de onda expansiva aparentemente inextinguible. En cualquier caso, su banda, una de las propuestas más sugerentes en el cartel de la IV edición del South Pop Festival, que comienza hoy en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, no bebe sólo, faltaría más, de aquella obra magna. “Creo que Donald Fagen, a sus 57 años, es un hombre culto, muy culto, que podría porporcionarnos un buen discurso sobre música del siglo XX -afirma cuando se le interpela por otra influencia menos evidente, pero igualmente decisiva, Steely Dan-. Sostuvieron el espejo en el que se miraban sus contemporáneos y escribieron pop deslumbrante durante toda su carrera. Eso explica por qué los grupos de hip hop más cool todavía los samplean a saco”.

Pop deslumbrante es, a todo esto, una precisa descripción del trabajo llevado a cabo por The High Llamas a lo largo de casi dos décadas, una trayectoria que arranca a finales de los 80, cuando el irlandés O’Hagan abandona el grupo con el que ya obtuvo notable repercusión en el circuito independiente británico, Microdisney, para poner en pie algo completamente diferente. “Tomó su tiempo que el sonido surgiera, unos pocos años -explica-. Quería dejar atrás la noción moderna de rock’n’roll y crear una nueva música soul“.

High Llamas (1990), primer y único álbum firmado como Sean O’Hagan, perfilaba ya esa intención, pulida luego con acierto al convertir aquel título en el nombre de su nueva formación, que no tardaría en entregarnos un trabajo tan redondo como Gideon Gaye (1994), delicado y ensoñador tratado de pop suspendido en tramas orquestales que invita a sentarse tranquilo para disfrutar del paisaje y sus matices. Todo ello facturado, por cierto, mientras O’Hagan, versátil multinstrumentista, hacía doblete en uno de los grupos clave del rock experimental de los 90, Stereolab. “Recuerdo con agrado las primeras sesiones de discos como Space Age Batchelor Pad Music y Music for the Amorphous Body Study Center -comenta O’Hagan-. Estábamos de muy buen humor y nos sentíamos muy libres de hacer lo que quisiéramos. En cierto sentido, The High Llamas le cogimos prestado a Stereolab esa manera de hacer perezosa. Podría decirse que me sacó del mundo de Microdisney y me llevó al de The High Llamas”.

Colaborador asiduo desde entonces del grupo liderado por Tim Gane y Laetitia Sadier -muchos de los arreglos de Stereolab siguen llevando su firma-, O’Hagan ha trabajado también junto al primero en el campo de las bandas sonoras -entre ellas, La vie dâ’artiste, de Marc Fitoussi-. Sin embargo, su próximo proyecto fuera del grupo resulta a priori aún más llamativo, al tiempo que revela otra de sus grandes pasiones sonoras. “La música brasileña es algo muy importante en mi vida y en The High Llamas. Supuso el descubrimiento de un nuevo mundo para mí a partir de 1999, cuando realmente comencé a escucharla. Me encantan Marcos Valle, Lo Borges, Caetano Veloso, Gal Costa, Joao Gilberto, Jobim, The Tampa Trio… De hecho ahora estoy trabajando con Kamal Kassin en un disco que se titulará Kassin and Sean. Lo grabaremos en Río en junio”, avanza.

Los títulos junto a terceros se alternan con la discografía de The High Llamas, que tras la aparición de Gideon Gaye marcaría una línea ascendente -jalonada por álbumes tan deliciosos como Hawaii (1996) o Cold and Bouncy (1998)- con un importante punto de inflexión en Beet, Maize & Corn (2004), cuando la banda prescinde de la electrónica en favor de los sonidos orquestales reales. Pop de cámara en su máxima expresión. “Queríamos hacer una grabación que tuviera un sentimiento orgánico europeo (las cuerdas secas, las voces corales, armonías más extrañas…) y contrastarlo con esas baladas norteamericanas de los 50 con cuerdas reverberantes. Era una manera de sacar al oyente de lo que pensamos que ha llegado a ser un cliché, ese enredo de la electrónica fácil. Queríamos reinventar nuestro sonido y para ello prescindimos de la electrónica”, explica O’Hagan, quien reitera la fórmula con similar fortuna en la última entrega de la banda, Can Cladders (2007). La pregunta, claro, es cómo llevar todo eso al directo. “Simplemente, intentando capturar el espíritu con guitarra española, percusión, banjo, piano Wurlitzer, a veces vibráfono y, si es posible, cuerdas. Es caro y a veces nos resulta imposible llevarlas en vivo -dice-. Pero los grandes músicos brasileños, Caetano, Jorge Ben, Marcos Valle, tocan a veces sólo con la guitarra española…”.

The High Llamas actúa el sábado, en torno a las doce de la noche, en el South Pop Festival, que se celebra desde hoy en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Conciertos a partir de las 19:30 (hoy) y desde las 19:15 (mañana y el sábado). Más información aquí.

Ahí les dejo tres bonitos vídeos que he encontrado en YouTube…