The Cinematic Orchestra conquista el Royal Albert Hall
Foto vía All things to all men

Live at The Royal Albert Hall
The Cinematic Orchestra. Ninja Tune. Jazz. 2LP / CD
De la composición virtual frente a la pantalla del ordenador al escenario del Royal Albert Hall, ocupado para la ocasión por 40 músicos. La ocasión, en sí misma inmejorable, fue algo así como el punto final a la larga gira de presentación de Ma Fleur, ese disco de The Cinematic Orchestra que despistó a buena parte de sus seguidores aparcando temporalmente las estructuras de jazz y electrónica de sus entregas previas -fundamentalmente, las fijadas en Every Day (2002)- para introducirse en un territorio abierto por donde poder transitar desde la música de cámara al rock.
No es cuestión de extenderse sobre aquel fenomenal álbum -ya lo hice en su momento-, sobre todo si lo que tienes entre manos es esta primorosa grabación en vivo, registrada en noviembre de 2007, que de seguro colmará tanto la ambición de Jason Swinscoe, cerebro y motor de la orquesta, como las expectativas de los seguidores más abiertos de la formación. Construido en torno a nueve temas de los dos discos citados, en Live at The Royal Albert Hall se echan en falta las voces de la venerable Fontella Bass y de Patrick Watson -¿recuerdan la emocionante versión original de To Build a Home?-; por lo demás, supone un arrebatador tour de force en el que el jazz gana enteros poniendo los pelos de punta. Un gran , gran disco en directo.
PD: La edición en formato de doble vinilo virgen de 180 gramos no llega a los 20 euros.




11 de Junio de 2008 a las 12:40 am | Enlace permanente
Yo, en realidad, no habría definido a “Ma Fleur” como un disco “que despistó” a sus seguidores. Más bien diría que fue un disco malo y fallido. Bastante pobre, de hecho.
Debo explicar también que a mí me pareció pobre precisamente porque iba sobrado de ambición y ampulosidad (el bueno de Swinscoe se creía Gershwin, diría yo). Es la misma sensación que se tiene al recibir un regalo absurdo (una corbata, un peluche, un objeto decorativo de mármol; el fantástico universo de los regalos de empresa) que viene envuelto en un paquete grande y bonito, colorido y lleno de cintas. Se te queda cara de haba, te preguntas por qué dedican tanto amor al envoltorio y tan poca gracia al contenido, y arrumbas el regalo en algún rincón del armario (cuando no en algún rincón de la basura).
Así las cosas, deme argumentos, señor Blasta, para que le dedique siquiera un ratito a este disco que, así y a priori, viene a manchar la memoria del mejor disco en directo grabado nunca en el Royal Albert Hall. Me refiero, claro, al de Spiritualized…
11 de Junio de 2008 a las 12:55 am | Enlace permanente
Por cierto, que aprovecho para hacerme eco de algo increíble, pero trístemente cierto:
http://joanvich.blogspot.com/2008/06/si-todo-va-bien-maana-empieza-la-gira.html#comments
…qué país, oiga. Menos mal que nos gobiernan con, ejem, talante.
11 de Junio de 2008 a las 3:31 pm | Enlace permanente
¿’Ma Fleur’ un disco malo? ¡Usted sí que es malo! ¿Qué fue lo que escribió en su reseña, no sé qué de tirarse a ver pasar las nubes? Y ahora ya en serio, y continuando con esta simpática disputa que nos traemos a cuenta de Cinematic desde que servidor se pilló la caja y usted la miró con dientes largos, creo que, en efecto, fue un disco muy ambicioso, aunque no ampuloso. Supongo que Swinscoe andaba buscando una manera de evolucionar y optó por ese romanticismo a flor de piel que desprenden muchos de los cortes del álbum, y que simplemente no gustó a alguna gente, incluido usted. Debería darle una segunda oportunidad, de veras, así que sáquelo del armario o, peor, de la basura. Respecto al directo, sólo por escuchar las recreaciones de ‘Every Day’ ya valdría la pena. Saludos, fistro.
11 de Junio de 2008 a las 5:49 pm | Enlace permanente
Bueno, vale, he visto el tracklist y lo mismo hasta tiene gracia y todo (sobre todo al final, cuando llegan los hits), pero en cuanto a “Ma Fleur”, insisto en lo vacuo de sus formas y sus fondos: es ampuloso porque todo suena hinchado y redundante, y encima es más plano que el encefalograma de nuestros queridos aduaneros. Eso sí, le reconozco que la edición era jugosa y bonita. Lástima que el contenido no acompañara…