Ambición e intensidad

Blas Fernández | 1 de octubre de 2009 a las 9:44

Beatriz Carmona

Foto: Beatriz Carmona.

Sentencia. Orthodox. Alone Records. Rock / Experimental. LP / CD

Prepárese. Deseche cualquier idea preconcebida y aplíquese aquella vieja máxima que le aconsejaba amablemente: open your mind. ¿Listo? Vamos allá…

Si Gran Poder (2006) y Amanecer en puerta oscura (2007) constituyeron la particular aportación del trío sevillano a la agradecida y sorprendente labor de deslindar los márgenes de un género habitualmente tan denostado como el hevy-metal -tarea en cuya empresa fueron comparados de manera recurrente con coetáneos tan ilustres como Sun O))) o Boris-, Sentencia marca un notable punto y aparte en el que la adscripción genérica, defendida por el grupo quizás con más romanticismo que argumentos fehacientes, se diluye en la ambición de ir más allá, mucho más allá.

Esa ambición ya fue intuida por Julian Cope, padrino de la banda en el ámbito internacional; por Pedro G. Romero, el catalizador para la colaboración de Orthodox en El final de este estado de cosas de Israel Galván; por cualquiera con oídos curiosos y desprejuiciados, que descubría cómo el trabajo de la formación quedaba más cerca del post-rock -ya sabe, sea lo que sea eso- que de cualquier otra cosa.

Sentencia riza el rizo y en un arriesgado envite -no le quepa duda de que este disco va a sacar de quicio a más de un seguidor del trío- aparta las ya de por sí escasas convenciones manejadas por Orthodox para reinventar su estilo desde coordenadas inéditas. Esto es: Ligeti, Messiaen, Boulez, Stockhausen o Xenakis desde la vertiente académica, Coltrane desde el jazz, no sólo están más presentes, sino que a ellos se unen -¿consecuencia lógica de la fascinación del grupo por la música procesional?- los compositores nacionalistas españoles, dando forma a un conglomerado sonoro de una densidad ciertamente sobrecogedora.

Estructurado en torno a un corpus central de larga duración -Ascensión, de 26’27”, dividido en dos partes en la versión en vinilo-, precedido y seguido de sendas apostillas -Marcha de la santa sangre, que transmuta su inicial intención procesional en una suerte de banda sonora para spaghetti-western, y …y la muerte no tendrá dominio, con intimidante aire sacro servido por el órgano-, Sentencia esquiva cualquier previsión -la guitarra sólo aparece en el primer corte… ¿en un disco heavy? Vamos…- y abre la puerta a la aventura.

No es un disco fácil, no; es un disco intenso.

  • Vidal

    ¿De verdad ves tanta cita culta ahí, Blas? Yo creo que esto es bastante más carnal que cerebral (cosa que en este caso es un piropo, ojo)

  • Blas Fernández

    Sí, las veo, pero no como citas literales, digamos, apropiacionistas, sino como presencias que gravitan en el estado de ánimo de la composición -aunque Falla, en concreto, se encarne de manera más “física”-. ¿Carnal? Desde luego: esa batería sorda, ese contrabajo saturado… Como dije, me parece un disco intenso.

    Y al hilo de todo esto… Siguiendo su recomendación, ando enfrascado en la apasionante lectura de ‘The rest is noise’, aunque me temo que su primera edición española deja algo que desear. No tanto ya por la incomprensible traducción del título, ‘El ruido eterno’ -la explicación del porqué que da el traductor, Luis Gago, no me convence-, sino porque se han cepillado del texto el índice de referencia de las notas bibliográficas manejadas por Alex Ross. O sea, que las notas están, al final del libro, pero no sabes a qué hacen referencia. Y eso que lo edita Seix Barral y que el tocho cuesta 24 euros. Increíble, ¿verdad?

  • Vidal

    Pues lo de las notas debe ser una decisión del autor, porque en la edición inglesa sucede exactamente lo mismo. De hecho, me han mandado una copia de la edición española y, aparte de la manía esa de traducir todos los títulos de las obras (cosa que en la edición inglesa no sucede) y de la desacertada elección del título, que cuenta la milonga de Hamlet, pero olvida la de Cage (mucho más importante, al menos desde mi punto de vista), tengo que decir que la traducción de Luis Gago es bastante buena. No es como el texto original, que recorre las páginas con la fuerza de un río, pero mantiene el tipo muy bien.
    Eso sí, el papel que le han puesto al libro me parece demasiado fino y se transparentan unas páginas con otras. Yo creo que este libro se merecía un trato mejor. En serio: la edición de 4th tiene el mismo número de páginas, y sin embargo abulta más, está encuadernada en tapa dura, con un precioso diseño de Si Scott (habitual en The Wire), y encima cuesta 9 libras en Amazon. Hay que leerlo en inglés, sin duda…

  • […] y apenas 100 en el de Der Fliegende Holländer. Que, literalmente, vuelan. “Claro, salir con Orthodox desde el principio despierta interés. Y ellos encantados, porque les gusta hacer este tipo de […]


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