El desconcierto de ‘Omega’

Blas Fernández | 13 de diciembre de 2010 a las 23:08

Man in black. Foto: Javier Algarra (EFE).

Man in black. Foto: Javier Algarra (EFE).

No recuerdo la fecha exacta, el dato preciso, y sin embargo el recuerdo se mantiene fresco, persistente. Atando cabos, concluyo en que debió ser allá por el invierno del 96. Recibí la llamada de una amiga de Granada, más que invitándome, conminándome a subir hasta allí so pena de perderme una ocasión singular, un encuentro, me pareció entonces, poco menos que imposible.

“Enrique Morente va a cantar con Lagartija Nick”, me dijo. Yo pregunté. Mucho, claro, porque aquello no terminaba de cuadrarme. Lagartija Nick era para mí entonces uno de esos grupos monumentales cuyo radio de acción quedaba limitado al pequeño universo de los iniciados -y dele cada cual a los iniciados el significado que su trayectoria le permita-.

Conocía a Antonio Arias desde su época en 091 y había tenido la suerte y el placer de hacer de puente, en la medida de mis escasas posibilidades, entre su nuevo grupo y el sello Romilar D, el encargado finalmente de poner en circulación sus primeros vinilos. Arias, Juan Codorniú, Eric Jiménez y, poco después, también Miguel Ángel Rodríguez Pareja, daban forma a una demoledora y fascinante banda en cuyo currículo figuraba ya entonces una trilogía inmensa e incendiaria -Hipnosis, Inercia y Su-, enormes discos de rock en los que la herencia punk coqueteaba con el futuro, rodajas desde las que saltaban las alucinadas profecías de Antonio -que al final nada tenían de escritura automática- para quedarse durante días dando vueltas en tu cabeza mientras la traducías al plano de la realidad. Mientras las descifrabas, vaya.

¿Que tenía aquello que ver con el flamenco? Sabía de la cercanía entre el grupo y el cantaor. Había coincidido con ellos en la presentación de aquel otro disco y proyecto multimedia dedicado a Lorca, De Granada a la Luna, y ya entonces resultaba evidente que la simpatía era mutua. “Parece que están preparando un disco juntos y van a tocar algunos de los temas”, me explicó mi amiga. En efecto: era una temeridad perdérselo.

Fue en las naves de la Feria de Muestras de Granada, en Armilla, ésas que todavía por algún tiempo acogieron el Espárrago Rock -cómo se echa de menos el Espárrago Rock, ¿verdad?-, con un público mayoritariamente no flamenco salpicado, uno por aquí, dos por allá, de escasos aficionados al cante jondo. Lagartija Nick atacó su repertorio con la rotundidad habitual hasta que llegó el momento del experimento. Subió Morente al escenario, comenzaron a tocar juntos por primera vez y… El resultado de todo aquello me desconcertó.

Hoy se da por hecho que Omega es la obra maestra que en fondo y forma sin duda es, pero quienes veníamos escarmentados de anteriores aventuras con el flamenco y el rock como protagonistas -qué desdén tan propio del punk, ¿verdad?-, albergábamos nuestras lógicas prevenciones. Omega no sólo no era un disco fácil -¿y qué?, siempre me han gustado ese tipo de retos-, sino que además se formulaba en un lenguaje nuevo, se cifraba en un código inédito para formular ese encuentro desde una perspectiva desconocida. Había que escucharlo muchas veces para entenderlo, para darse cuenta de que suponía el punto y aparte tras el que empezaba a escribirse un nuevo canon, justo como había pasado con Veneno, como había sucedido con La leyenda del tiempo, como en cierto modo volvería a pasar después a la inversa -con colaboración también del propio Morente- en La leyenda del espacio de Los Planetas.

En el caso concreto de Omega, aquello no era la consabida, cansina y vieja fusión, sino un disco de flamenco en el que el rock irrumpía propiciando momentos de intensa emoción y tensión.

La historia que vino después es de sobra conocida. La intrahistoria anterior lo es mucho menos. De la génesis del disco escribe mi compañero Jesús Arias un no menos emocionado artículo -vale la pena rastrear esa misma historia en otra narración del mismo autor, más desnuda y personal: A propósito de Omega, publicada este mismo año por la revista Litoral en su número 249, Rock español. Poesía & Imagen-. La sensación, esa extraña emoción, por su parte, se refuerza: Omega sigue siendo ese disco inagotable que hoy se escucha con congoja, a sabiendas de que el principal artífice de la reconciliación de otros como yo con el flamenco, simplemente, ya no está entre nosotros.

  • Warlock

    Descanse en paz Morente, siempre nos quedara ‘Omega’, que curiosamente para por aquellos entonces poco ‘iniciado’ servidor sirvió como ‘Alfa’ para otear nuevos y variados horizontes musicales. ‘Omega’, aunque con nombre de lo finito, no será para mí sino el génesis y el apocalipsis, el apocalipsis y el génesis, como reminiscencia a aquel ‘Arquitecto’ de Fernando Arrabal. Gracias Blas por este emotivo ‘post’. Saludos

  • Curro

    Omega, cuando lo escuché en su presentación radiofónica en RNE, me conmocionó, rasgó el velo del templo, a partir de ese momento los flamencos y los rockeros, gracias a la genialidad del último almuédano de occidente, podrían transitar con naturalidad a ambos lados dl templo.
    Cuanto más lo escucho, más flamenco y visionario lo encuentro, sin duda el mejor disco de flamenco del siglo XX.
    Gracias maestro.

  • VIERNES al fin

    Si, gracias Morente.
    Amé y amo a Omega.

    gracias

  • juanma

    Sencillo y humilde, grande e irrepetible,amigo de lo autentico e insaciable en el conocimiento. Te agradezco haberme echo recordar aquel concierto que me impacto en todos los sentidos
    Gracias Enrique por tan inmensa aportaciòn.
    No me lo puedo creer que pena
    un paisano

  • lu

    Yo tampoco me lo creo. Esta noticia me dejó muy tocada ayer, y ahí sigo. Por supuesto lo primero que hice fue escuchar por enésima vez el Omega con sobredosis de congoja. Las personas que amamos el flamenco, el rock, LA MÚSICA, qué coño, qué importarán las etiquetas, le debemos muchísimo a Morente. Yo le doy gracias eternas por su curiosidad sin límites.
    Un beso, Blas.

  • Volare

    Demostró que se puede elevar el flamenco a nuevos territorios desde el respeto a la raíz. ‘Omega’ es un disco flamenco por los cuatro costados, sin necesidad de tener que acudir a la seudosalsa ni la rumbita (¿verdad Ketama?). Morente no era ‘fusión’: era flamenco. Y sólo respetando las raíces flamencas como él las respetaba, se puede avanzar más allá, crecer y crear algo nuevo. Cuánto tienen que aprender de Morente tantos y tantos ‘fusionistas’, amigos de la pasta fácil…

  • Diego

    Yo también recuerdo la extraña sensación que me dió escuchar OMEGA allá por el 96. Empezabas escuchando la voz del maestro Morente,pura, limpia, perfectamente acompasada y después empezaba Eric a dar porrazos a la batería como si el mundo se fuera a acabar ahí mismo….. yo a mis 12 años no entendía nada de nada, pero ese sonido me cautivó, y actualente tengo el OMEGA en todos los formatos posibles. También pude verlos en la bienal de flamenco de Sevilla en 2008, al maestro y a Eric, en un mano a mano increible, jamás lo olvidaré, el maestro nos ha dejado muy muy solos

  • inox

    Si no me equivoco, creo que la primera vez que se hizo parte del Omega en directo -¿quizás 2 ó 3 temas?- fue incluso antes de editarse el disco, en un homenaje a Juan Habichuela que tuvo lugar durante dos jornadas en el Palacio de Deportes de Granada, plagado de flamencos, claro. No recuerdo si entonces se había anunciado lo de Morente+Lagartija o era más o menos sorpresa. En todo caso la sorpresa estaba asegurada cuando se pusiera en marcha en el escenario. A mí, que con el flamenco tenía poco más que curiosidad y admiración, aquello me pareció sin dudar un momento histórico y revelador. Supongo que habría también aficionados con muy distinta opinión. Luego en el Espárrago, conocido el disco, ya fue un concierto en toda regla. Recuerdo la imponente energía de esa voz cósmica que parece que sentencia; el espacio abierto y el atardecer rojo; el público de todo pelaje y yo dando gracias por estar allí, vivo. Todavía se me eriza el vello. Gracias a un grande sin miedo.

  • Blas Fernández

    Inox, me temo que sí te equivocas. El primer concierto en el que Enrique Morente y Lagartija Nick tocaron juntos canciones de ‘Omega’ fue el mencionado en esta entrada, en Armilla. De hecho, Jesús Arias me acaba de dar la fecha exacta: 15 de diciembre de 1995, hace justo quince años. El homenaje a Juan Habichuela fue posterior. Saludos.

  • inox

    Sorry, no te había leído bien y había confundido el concierto de Armilla al que te refieres -y del que yo no sabía- con el Espárrago del 98. Quede pues mi comentario sólo como mi experiencia personal con el asunto. Saludos

  • [...] juega lo suyo con las subordinadas: en lo referente a Lagartija Nick, se inicia con los tímidos contactos entre banda y cantaor para dar forma a una colaboración cuya revolucionaria naturaleza aún tardaríamos en descubrir; en lo referente a Morente, es un [...]


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