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Sorpresas te da el ‘dubstep’

Blas Fernández | 10 de febrero de 2011 a las 8:09

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James Blake. James Blake. R&S Records. Dubstep / Soul. CD

Dos epés -Klavierwerke y CMYK, ambos editados el pasado 2010- bastaron al londinense James Blake para generar una más que notable expectación en torno a su primer álbum, este disco homónimo que ahora aparece adornado por doquier con elogios y reseñas entusiastas al límite del paroxismo y, me temo, de la exasperación.

Pero, mantengamos la calma… James Blake, el álbum, lleva al terreno de la larga duración -es un decir: se queda por debajo de los 40 minutos- las más significativas cualidades ya apuntadas con evidente acierto en aquellos pasos en corto. Esto es, fundamentalmente, una original y atractiva capacidad para superponer al dubstep-que-todo-lo-inunda -y con razón, pocos géneros han propiciado durante los últimos años semejante volumen de sorpresas- un inequívoco fondo y forma de soul con regusto clásico.

Tan en primera línea se destaca lo primero y tan enciclopédico resalta lo segundo que cuesta entender cómo un tipo de 23 años ha tenido tiempo y fuerzas para asimilar en tal medida, llegando hasta el tuétano del asunto, sendos pasajes de la historia de la música pop.

En su condición de pionero -no está solo, claro: los de Mount Kimbie son amigos y colaboradores ocasionales-, de moderno mago de un R&B en clave lo-fi trufado de esencias pop, Blake, ciertamente, destaca y hasta epata. O sea, que las loas, más o menos sinceras, resultan en cualquier caso justificadas.

A diferencia de los epés mencionados, en James Blake el londinense aparca cualquier atisbo de velocidad -es un decir, desde luego- para concentrarse en un espeso destilado de austeras bases, de ésas que ganan en consistencia creando atmósferas de densidad asfixiante. Entre ellas, siempre, su grave voz, a menudo tratada, doblada, exprimida, se muestra como una melódica tabla de salvación a la que agarrase durante la azarosa travesía (The Wilhelm Scream, conmovedora, o I Never Learnt to Share, con su orgullosa e ilustrativa línea de texto, ejemplifican lo dicho con emotiva exactitud).

De la filia al pop real quedan también buenas y sólidas pruebas. Y no sólo por esa exquisita versión de Feist, Limit to Your Love, que avanzó la edición de este singular álbum. Cortes como Give Me My Month o Why Don’t You Call Me, ambos con el piano acústico como sustento armónico, señalan que las cercanías con el perturbador postulado de Antony and The Johnsons van más allá de la coincidencia tonal. Escuche: no lo dejará indiferente.

Ahí les dejo el clip de The Wilhelm Scream

…y el de Limit To Your Love. Que los disfruten.

  • losmierdas

    la industria persiste obcecadamente en dispensar en el obsoleto formato de los cuarenta minutos (residuo semisecular del Long Play) lo que la creación artística resume adecuadamente en el aún mas antiguo marco temporal de los doscientos segundos, cánon de la música popular desde hace siglos… ocurre en este compendio de tres o cuatro ingeniosas y excelentes canciones disueltas en un excipiente innecesario, como ocurrió en tiempos recientes con diversas y sorprendentes propuestas de enorme calado artístico (The XX y el rescate de Gil Scott Heron), facturadas cansinamente en unos estándares temporales exigidos por un decadente circuito comercial superado por los tiempos… lo que nos lleva a pensar si el conservadurismo mental de una juventud ensimismada en el confort del formarto de sus abuelos, es el verdadero freno a la evolución de un status quo que ya huele a muerto

  • Warlock

    Gracias por permitirme conocer a este pedazo de artista. Sus atmósferas calan hondo. Y la voz es increíble; dará mucho que hablar… o eso espero, Blas.

  • Vidal

    Señor Losmi, disculpe que le de y le quite la razón a un mismo tiempo. Le doy la razón en que este es un disco irregular, que posiblemente ha llegado a las tiendas (presiones de la industria, sí) antes de tiempo: si el autor hubiera podido desconectar del ruido mediático dos o tres meses, seguro que los momentos más soulful (que son también los más sonrojantes, y los que por tanto más disfrutará la Coixet) hubieran sido modificados, o incluso eliminados.

    Pero también se la quito porque James Blake, hasta la llegada de este disco, ha cultivado con maestría y humor el arte del maxi single. Cinco el año pasado (a los que comenta Blas hay que añadir el volcánico “The bells sketch”, un 10″ parido a medias con Airhead y un white label firmado como Harmonimix, donde tritura a Destiny’s Child y Lil’ Wayne); cinco en los que no sobra ni falta una sola nota, y que además poseen personalidades muy diferentes.

    Es decir: el niño posee cualidades de sobra para triunfar en el formato corto, pero el formato grande se le ha quedado (ejem) grande. Tal vez porque convertirse en una estrella es algo demasiado goloso, demasiado difícil de controlar, para alguien con poco más de veinte años.

    Una vez dicho esto, recomiendo que se lo escuche en vinilo. Que es doble, y por tanto ayuda a la escucha mesurada. Y que tiene dos canciones que no vienen en el CD, posiblemente porque en Universal las encontraron demasiado raras para el gran público. Ese que, efectivamente, no compra vinilos.

  • losmierdas

    pués perdone que le de la razón en donde usted me la quita, señor Vidal… no encuentra muchísima mas coherencia artística con el compendio de todos sus singles, donde su voluntad de estilo (y tan lejos del soulful) se hace manifiesta? no es en el single donde músicos como Blake tienen su mayor potencial? …pués nada, oigan… la docenita de pasteles!

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