Un impulso planetario

Blas Fernández | 12 de mayo de 2011 a las 7:27

Florent, a la izquierda, Banin y J, durante la grabación del disco en Nueva York. / Foto: María Ángeles Bermúdez Sáez

Una semana en el motor de un autobús (La historia del disco que casi acaba con Los Planetas). Nando Cruz. Lengua de Trapo / Colección Cara B. Madrid, 2011. 185 pág.

Paradoja: invertir el subtítulo de este recomendable volumen quizás resultase menos atractivo de cara al lector indeciso (el factor morbo, ya se sabe), pero aun así seguiría siendo una acotación igualmente ajustada. Una semana en el motor de un autobús, de la propia lectura del libro se desprende, no es pues tanto el disco que casi acaba con Los Planetas como el artefacto que, superadas las no pocas dificultades atravesadas durante su gestación y grabación, salva la trayectoria del grupo granadino proyectándolo hacia otra dimensión.

Ése es el proceso que Nando Cruz, veterano compañero, expone de forma amena, lúcida y brillante en su texto, primorosamente editado en la recién inaugurada colección Cara B de la editorial Lengua de Trapo, destinada a revisar títulos clave de la discografía nacional (ya ha aparecido también el dedicado al Omega morentiano, firmado por Bruno Galindo, y se anuncian otros, entre ellos los centrados en Mala Rodríguez y su Lujo ibérico y Cajas de música difíciles de parar de Nacho Vegas).

El periplo documentado por Cruz arranca en 1996, tras la edición del segundo disco del grupo, Pop, y con la banda situada al borde de la debacle. El sobrenombre de orquesta química que surgirá después no es gratuito y también juega su crucial papel en este estado de cosas, pero hay más, ante todo, la paradigmática cuestión en torno a la ¿inevitable? profesionalización; la medida de la concesión que ese paso conlleva.

El autor cuenta con la complicidad de múltiples voces, pero realiza un encomiable esfuerzo por narrar los hechos –los entrecomillados son mínimos– con la suya propia. Canción a canción, Cruz rastrea el a menudo sorprendente origen de cada uno de los cortes que conformarán el álbum y se instala con Los Planetas en el local de ensayo, el estudio de grabación de Kurt Ralske en Nueva York o los despachos de la RCA, entre otros tantos escenarios.

Prologado por una sorprendida y entusiasta Julieta Venegas, y epilogado en clave generacional por Julián Rodríguez, La historia del disco que casi acaba con Los Planetas nos deja la certeza de los hechos –aun cuando ésta dependa de quién los cuente– y una buena tanda de pertinentes preguntas sin respuesta. Entre ellas, ¿quien se atreverá a algo similar con La leyenda del espacio?


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