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Un culto solemne

Blas Fernández | 26 de marzo de 2012 a las 7:23

Garrington, Sparhawk y Parker. / Foto: Pieter van Hattem

En efecto: los seguidores de Low tendemos a identificarnos como perfectos devotos de un culto menos subterráneo de lo que la resquebrajada dictadura del mainstream dejaría ver. En activo desde comienzos de los 90, la banda de Duluth (Minnesota), que esta noche vuelve a Sevilla con el recuerdo aún fresco de un memorable concierto en diciembre de 2008, aporta hasta la fecha diez inapelables mandamientos –su decena de imponentes álbumes– predicados desde los escenarios con tal solvencia y convicción que, entre los incrédulos, las conversiones adoptan hechuras de repentina iluminación.

¿Por qué? Habría que concluir que por la belleza de sus canciones y por la intensidad de las emociones que provoca su propuesta, profundamente enraizada en la mejor tradición del rock estadounidense, ésa en cuyo crisol se funden con naturalidad las sonoridades de las músicas que precedieron y cohabitan.

Debutantes en 1994 con un álbum, I Could Live in Hope, rápidamente enmarcado en una de las corrientes emergentes de la época, el slowcore –hagamos de la quietud virtud–, su vasta y recomendable discografía protagoniza sin embargo una evolución que sobrevive a las etiquetas en la misma medida que adopta formas clásicas, canónicas, sin renunciar a la búsqueda.

En ese sentido, el comedido uso de la electrónica en el celebrado Drums & Guns (2007) certificaba la cualidad exploratoria de una obra cuyo corpus central –títulos tan hermosos y pasmosos como Long Division (1995), Things We Los in The Fire (2001) y The Great Destroyer (2005)– ya había confirmado sobradamente a Low como uno de los nombres capitales en la poblada escena del rock contemporáneo. Un peso, por cierto, reconocido incluso desde la vertiente mitológica del negocio, cuando el célebre ex vocalista de Led Zeppelin, Robert Plant, versionó dos canciones del mencionado The Great DestroyerMonkey y Silver Rider– en su álbum de 2010 Band of Joy.

Con el matrimonio formado por Alan Sparhawk (guitarra y voz) y Mimi Parker (percusiones y voz) como irremplazable núcleo duro del asunto, y con Steve Garrington al bajo, el último salmo de Low hasta el momento es C’mon, otro solemne discazo grabado en el Sacred Heart Studio de Duluth, una antigua iglesia católica que podríamos imaginar resacralizada por la música, y en cuya elaboración participaron como invitados la violinista y cantante Caitlin Moe y el fenomenal guitarrista Nels Cline (autor de una espléndida discografía con nombre propio y, sí, quizás más conocido como pieza clave en los Wilco de los últimos años).

En la actuación de esta noche veremos a la misma formación que nos visitó en 2008, pero con un añadido: la colaboración a los teclados de su paisano Eric Pollard (ex integrante de otra banda de Duluth, No Wait Wait).

Low. Hoy en el Teatro Central a las 21:00. Entradas a 20 euros en venta anticipada y 23 euros en taquilla.

Ahí le dejo dos clips de C’mon, el primero de Try to Sleep...

http://vimeo.com/22303771

…y el segundo, de Especially Me.

http://vimeo.com/27636308