M. Ward en bucle infinito

Blas Fernández | 19 de abril de 2012 a las 7:21

A Wasteland Companion. M. Ward. Merge. Rock. LP / CD

La trayectoria de M. Ward (Matthew Stephen Ward, 1974) es sin duda de ésas que dejan poso y crecen en proyección gracias al descubrimiento individual, luego compartido con generosidad e indisimulado gozo.

Cuando el norteamericano debutó en solitario en 1999 con Duet for Guitars #2, un disco amparado por ese otro gigante llamado Howe Gelb, apenas se podía sospechar sin embargo que el también ex integrante de Rodriguez terminaría por protagonizar una de las discografías más atípicas y personales, con intransferible sello propio, en el vasto, inabarcable panorama de ese rock contaminado de folk, en el sentido más amplio, que con el cambio de siglo cobró en Estados Unidos nuevos y diversificados bríos.

Pero fue con End of Amnesia, publicado un par de años después, cuando Ward inició un secreto ascenso hacia la cumbre retransmitido boca a boca. Y así, para cuando en 2009 llegó el monumental Hold Time, tras títulos tan memorables y decisivos como Transfiguration of Vincent (2003), Transistor Radio (2005) y Post-War (2006), nuestro hombre se había convertido ya en un ineludible must con presencia, además, multiplicada en proyectos paralelos con desigual puntería y acogida (She & Him, con la actriz Zooey Deschanel, y Monsters of Folk).

Es en este agitado estado de cosas donde se fragua A Wasteland Companion, registrado a salto de mata en un largo rosario de diferentes estudios y con un amplio plantel de colaboraciones (la propia Zooey, el mencionado Gelb, Steve Shelley de Sonic Youth…). Tan, en apariencia, azarosa gestación contrasta sin embargo con la placidez y hasta simplicidad que su escucha depara: éste de ahora resulta un M. Ward más cercano, igual de íntimo, pero más accesible, menos hermético.

En el proceso se pierde ese algo que en trabajos anteriores provocaba, directamente, fascinación. Pero, ojo, A Wasteland Companion sigue siendo en cualquier caso un disco mayúsculo tejido con esos mismos mimbres antiguos arrancados a la tierra y trenzados en clave urbana –A Wasteland Companion, la canción, podría ser puro blues rural edulcorado por una sensibilidad aquí cercana al Tin Pan Alley–.

En el séptimo álbum de Ward hay versiones –una preciosa relectura del Sweetheart de Daniel Johnston y la tantas veces recreada I Get Ideas–; homenajes –a Big Star en la preciosa y emotiva Clean Slate con que se abre el disco– y cortes de esos que emboban en su perfecta representación simétrica de la felicidad sonora –Primitive Girl, Me and My Shadow o la brumosa Watch The Show–; hay, nos tiene acostumbrados, un puntillista trabajo en las seis cuerdas –preferentemente, acústica– y, otra vez, una absoluta adscripción a los géneros clásicos como única forma posible de reinterpretarlos y trascenderlos.

Parece un disco, si no menor, todavía a un paso de los grandes logros de Ward, pero escuchado una vez, ya no podrá sino repetirlo en un bucle infinito dando la razón al tema que lo cierra: Pure Joy, en efecto.

Recuerde que puede escuchar íntegro A Wasteland Companion en Soundcloud.

Ahí le dejo el bonito vídeo, dirigido por Joel Trussell, de The First Time I Ran Away.

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