Boronía recuerda a Enrique Morente

Blas Fernández | 15 de mayo de 2012 a las 7:25

Gabriel Núñez Hervás, en una imagen reciente tomada en Córdoba. / José Martínez

El próximo jueves 24 de mayo el Teatro Central de Sevilla acoge la presentación de los dos números especiales que la revista Boronía ha dedicado a la figura del desaparecido Enrique Morente, nombre capital en la música española de las últimas décadas, artífice en buena medida de la acepción contemporánea del flamenco y puente siempre abierto entre este género y otros lenguajes sonoros. De su acercamiento al rock, o del acercamiento de ciertos rockeros a su magisterio, dejan gozosa prueba obras como el monumental Omega; de su herencia entre estos últimos, discos como La leyenda del espacio de Los Planetas o el inspirado y sentido tributo rendido a su obra por éstos y por sus viejos y leales amigos de Lagartija Nick, el Homenaje a Enrique Morente de Los Evangelistas.

El primer Libro de Morente, publicado en el verano de 2011, compiló un largo listado de recuerdos e impresiones evocados por allegados, compañeros y seguidores -entre otros, Pedro G. Romero, Diego A. Manrique, Gerardo Núñez, Jesús Arias, Ignacio Julià, José Ignacio Lapido, Balbino Gutiérres, Alberto Manzano, José Sánchez-Montes y Javier Liñán- con un resultado tan inesperado como deslumbrante: de la profunda conmoción causada por el cercano fallecimiento del cantaor brotaba una emoción que, en sucesivas lecturas, se revelaba como una fuente de información de primer orden.

Similar estructura guarda el Libro de Morente II, aparecido el pasado mes de febrero, que al plantel de firmas invitadas -esta vez, también entre otros, Aurora Carbonell, Santiago Auserón, Daniel Alonso, José Luis Ortiz Nuevo, Joaquín Pérez Azaustre, Lee Ranaldo y Guillermo Z. del Águila- suma densas y reveladoras entrevistas con Soleá Morente, Israel Galván, Los Evangelistas, Pepe Habichuela y el propio Morente.

Al frente de este proyecto editorial se encuentra el cordobés Gabriel Nuñez Hervás, activista fanzineroso en los últimos años 80, promotor discográfico, organizador de conciertos -él fue el responsable de la aparición de Los Evangelistas en La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba en junio de 2011- y rendido admirador del cantaor. Para la presentación en Sevilla, la última tras sendos actos en Madrid y Córdoba, Núñez Hervás ha configurado un cartel en el que no sólo destaca la presencia del guitarrista Pepe Habichuela, fiel escudero de Enrique Morente, sino también la de la mitad de Los Evangelistas: Antonio Arias y Éric Jimémez, que realizarán un breve set acústico en lo que se antoja una ocasión única. De todo ellos, y de más, habla el hombre tras Boronía.

-Vamos al principio: ¿cómo, cuándo y por qué nació Boronía? ¿Qué fue aquello en aquellos lejanos 80?

-Ja, ja, ja… Vamos, que cuente mi vida… Bueno, Boronía fue un fanzine que nos salió muy bonito, porque el novio de una de las fundadoras de la revista era hijo del dueño de una empresa que fabricaba sellos de caucho, y se había comprado un Macintosh. Eso era en el 88, y claro, al lado de los fanzines que se hacían en la época, fotocopiados, el nuestro era como de diseñazo. Pero no dejaba de ser un fanzine hecho por gente de ventipocos años. El primer número salió en junio del 88. Era una idea de amigos, de Pablo Gallego y mía, en el fondo una excusa para mantener la relación con Córdoba. Nos habíamos venido a estudiar a Madrid, y en concreto a estudiar Sociología, y teníamos ganas de contar en Córdoba lo que veíamos en Madrid y en Madrid lo que nos gustaba de Córdoba. Así que nos inventamos esta historia. Hablamos con los amigos de los bares y de las tiendas de discos para que metieran publicidad. Si no fue la primera revista gratuita en España, sí que debió ser de las primeras. Nos decían que quitábamos nosotros mismos el valor a nuestro trabajo, pero lo cierto es que funcionó bien. Demasiado bien: empezó como un entretenimiento, como un estímulo para obligarme a escribir, o en el caso de Pablo para diseñar, y al final acabamos tirando 3.000 ejemplares. Sacamos seis números en algo más de un año. Creció en progresión geométrica. Al principio se distribuía en Córdoba y en Madrid; luego en Sevilla, en Granada, Valencia, Zaragoza… En cada sitio que encontrábamos un contacto, la distribuíamos. Pero terminamos dándonos cuenta de que para seguir había que tomárselo muy en serio, profesionalizarnos. O eso o no seguir. Y lo dejamos, en septiembre del 89… ¡Durante 20 años!

-A lo largo de todo ese tiempo, reaparecías como periodista, promotor de conciertos o responsable de una pequeño sello, El Hombre Tranquilo, editor en el 97 de la reaparición discográfica de Álvaro Tarik, On The Radio

-Si ahora lo ves con perspectiva, parece que aquel embrión de Boronía definió bastante a la gente que trabajábamos en ella. A partir de ahí me dediqué primero al periodismo y luego a la edición de discos y la organización de conciertos. Muchos se dedicaron también a temas de diseño gráfico y publicidad. Así que a partir de Boronía cada uno de nosotros empezó a adivinar, al margen de lo que hubiera estudiado, qué era lo que le gustaba hacer. Yo seguí estudiando, hice el máster de periodismo de El País, comencé a colaborar con periódicos y revistas, sobre todo escribiendo de música, y de pronto se me ocurrió la idea de montar un sello discográfico. En uno de los peores momentos posibles, claro, porque casi siempre acudo tarde a cada negocio o empresa que me invento. Pero tenía la ventaja de que conocía un poco ese mundo. Sabía que aquello no iba a ser un chollo, conocía las limitaciones, así que lo monté de una manera muy humilde. Sabía que no iba a pegar un bombazo. Pero, paradójicamente, en lugar de comenzar con la música que yo escuchaba, pop o rock, me fui a unos cantautores muy raros de aquí, de Madrid. Fue a raíz de un artículo que me encargó Ajoblanco sobre los nuevos cantautores. No me gustaba mucho aquel movimiento, pero descubrí a dos que sí: Luis Felipe Barrios y Matías Ávalos. Con sus discos empezamos el sello. Tenía la ilusión de que Álvaro Tarik volviera al mundo discográfico después de aquel primer y hasta entonces único elepé [se refiere a Tarik y La Fábrica de Colores (1989)], de su exilio en Londres. Se lo propuse, lo convencí para que volviera, y con todo el cariño y trabajo del mundo hicimos On The Radio, con magníficos resultados de crítica y pésimos de ventas.

-Y dos décadas después, en 2009, volvió Boronía

-En un programa de radio hablaron de la movida cordobesa de los 80 y nombraron a Boronía. Días después recibí un correo electrónico de un tipo que me mandaba escaneadas las portadas de los números cero y uno. De repente, nos dimos cuenta de que habían pasado veinte años, con todo lo que eso conlleva, y nos pareció una buena excusa para reunirnos. Todos guardábamos algunos ejemplares en casa y pensamos en hacer una fiesta y regalarlos. Pero de la fiesta pasamos a pensar en hacer una especie de facsímil con lo mejor de aquellos seis números. Salió en septiembre de 2009, pero con otro concepto. Esa memoria, esa antología, se convirtió en un espacio muy pequeño de la revista: 36 páginas de 180. Hablamos con mucha gente y le contamos lo que queríamos hacer. Tuvimos muchos colaboradores y el resultado nos gustó. No había un concepto claro, sólo gente de la que queríamos hablar. Muy anárquico y naif, como en la primera época. Y a partir de ahí, eso que podía haber sido un número puntual, de celebración, hizo que nos planteáramos seguir adelante. Y ya llevamos dos años y medio y cinco números.

-Y ya en el primer número de esa segunda etapa, aparecía Vicente Amigo en la portada. Tras un pasado más vinculado al rock, ¿cuándo te convertiste en aficionado al flamenco?

-No sé siquiera si lo soy ahora, sólo sé que estoy aprendiendo. Mi acercamiento al flamenco era tangencial, a través de figuras como Camarón, Enrique Morente o lo que hacían Pata Negra y los primeros Ketama. No soy un aficionado puro y desconozco mucho. Pero sí que nos parecía que era un mundo muy sugerente. Vicente Amigo era compañero del colegio de muchos de nosotros, y en la primera época ya nos quedamos con las ganas de ponerlo en alguna portada. Nos pareció que tenía mucho sentido. Le hice una entrevista. También recordamos a una bailaora cordobesa, La Tomata. Cuando preparábamos el segundo número tuvimos la oportunidad de entrevistar a Morente, que era uno de mis objetivos, de mis ilusiones, pero también teníamos a Howe Gelb, que estaba haciendo en Córdoba el disco con The Band of Gypsies. Así que volvíamos a tener otra vez mucho contenido flamenco. Como no queríamos que la revista estuviera tan definida por eso nos pareció mejor hacer un especial y olvidarnos del flamenco. Nos gustaba el acercamiento al flamenco a través de artistas como Morente, que fue en la portada, de su transgresión, de su heterodoxia, o de experimentos como el de Howe. Nos parecía que el flamenco se prestaba a crear a partir de él y que era un mundo muy adecuado para Boronía, pero para interpretarlo a nuestra manera. De hecho, ese número se quedó ahí y comenzamos a trabajar en el siguiente, centrado en poesía.

-Y entonces, Morente murió…

-Sí. Habíamos hecho el número de poesía y pensábamos en otros sobre cine, viajes… Pero en medio se nos cruzó la desgracia de la muerte de Enrique, y la evolución natural de la revista se cortó, porque lo que nos pedía el cuerpo era hablar de Enrique.

-¿Fue en paralelo la confección del primer Libro de Morente con la organización del concierto de Los Evangelistas en La Noche Blanca del Flamenco?

-Sí, fueron en paralelo. Mientras preparábamos el monográfico, La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba decidió incluir un homenaje a Morente en aquella edición. Enrique había sido el protagonista principal de la edición anterior. Desde la organización me pidieron ideas, y yo los remití a compañeros de viaje de Morente como Lagartija Nick y Los Planetas, porque pensaba que era mejor tirar por ahí que por cualquier otro lado. Me pidieron que se lo propusiera, así que hablé con J y con Antonio tanto de la revista como del concierto. A partir de ahí, ellos fueron haciendo su historia. Los Evangelistas, como tal, no existían todavía. Hablé primero con J, que me dijo que le apetecía mucho hacer algo así, porque llevaba un mes y pico pensando en Enrique, pasando todo lo que hacía por el filtro de Enrique. Cuando Antonio Arias se incorporó a la conversación nos contó que ya le había llegado una propuesta desde Córdoba en ese sentido. En concreto se la había hecho Queco, productor de Las Ketchup, que básicamente le pedía hacer el Omega sin Morente. Pero aquello, evidentemente, no salió. Lo que hicieron fue llevar a su terreno parte del repertorio de Morente.

-Pero cuando les hiciste la propuesta de actuar en el festival cordobés, la idea de Los Evangelistas, estaba ya en el aire ¿no? [en la entrevista con Los Evangelistas que incluye el segundo volumen, Florent comenta que ya estaban preparando el disco Homenaje a Enrique Morente.]

-Sí. El repertorio que hicieran en La Corredera era más amplio de lo que luego salió en el disco. Pero sí, era básicamente eso. En cuanto a la autoría de la idea, J dice que se lo propuse yo, pero que eso ya estaba ahí, en la cabeza de todos ellos. Sólo era cuestión de que tomara forma. Y afortunadamente la tomó, porque el resultado es estupendo.

-No deja de representar una cierta paradoja que una obra como ésta, los libros I y II, quizás lo más sentido publicado sobre Morente tras su muerte, haya partido de un ámbito no estrictamente flamenco.

-Sí, es curioso. El impulso fue vamos a hacer algo sobre Morente, y ahí se te abren mil posibilidades. Queríamos hacer algo muy cuidado, y también muy pudoroso, porque ya empezaban a verse actitudes que querían rentabilizar el sello Morente. Se me ocurrió un caligrama, Amor a morente, y a partir de esa chorrada pensamos que una manera de no caer en esas actitudes que no nos gustaban era hablar con gente cercana a él en cualquier aspecto: compañeros de escenario o grabación, aficionados, periodistas, críticos… Quisimos que fuera esa gente cercana la que hablara sobre Morente, sobre alguna escena que hubiera vivido con él. Se trataba de crear una especie de novela biográfica de Morente contada no sólo por sus amigos o allegados, también por quienes hubieran disfrutado de él. La idea era ordenarlo cronológicamente, pero debido a la multiplicidad de colaboradores y al propio espíritu de Morente sobrevolándolo todo, el proyecto exigía que fuera una novela rara, heterodoxa y vanguardista. No es una novela, sino un montón de saltos recopilados, coherentes con las enseñanzas de Morente.

-Sorprende también, jutamente, la cantidad y variedad de colaboradores.

-Gerardo Núñez decía que Morente era el inventor de las redes sociales. Hacía la misma función que internet: poner en contacto a un montón de gente. Y es cierto. Cuando preparábamos el primer libro el número de colaboradores aumentó hasta el punto que tuvimos que parar. Nuestra intención era que incluyera la mínima publicidad necesaria para financiarla y hacerla con unas 80 páginas. Nos salió de 160 y aun así se quedó mucha gente fuera, por lo que tuvimos que empezar a pensar en un segundo número.

-Supongo que también influiría la buena acogida dispensada al primer libro.

-El primer número, que tuvo una tirada de 3.000 ejemplares, no se vendió, se distribuyó gratuitamente. En Boronía no cobra nadie, y yo encima pierdo pasta [risas], que a lo mejor es lo que me permite pedirle a la gente que colabore sin cobrar [más risas]. Boronía siempre ha sido gratuita, excepto el número monográfico dedicado al flamenco, que no lo fue porque llevaba un DVD y se vendió por el precio de ese DVD [los números atrasados sí pueden comprarse en la web de la revista]. Lo que hicimos con el primer Libro de Morente fue ajustar al máximo el equilibrio entre el dinero necesario y la publicidad que iba a llevar la revista. El presupuesto para imprenta y diseño, contando con las 80 páginas que pensamos al principio, fue de 8.000 euros. La idea era que cuando consiguiéramos eso en publicidad dejaríamos de buscar. ¿Seis páginas de publicidad? Pues seis páginas, ni una más. Todas juntas al principio, para que cuando se pasen, quede sólo el libro. ¿Qué ocurrió? Pues que el libro fue mucho más amplio de lo esperado y los cálculos, como siempre, estaban hechos inocentemente. Sólo los gastos en portes subían ya el presupuesto. No aprendo nunca. Además, la poca publicidad que entró tardó mucho en pagarse. De hecho, hay quien todavía no ha pagado… El clásico desastre publicitario fruto de las prisas, del querer que salga ya. Quedamos muy contentos con el libro, tanto nosotros como la gente que participó. Pero económicamente, fue un desastre.

-La presentación de ambos números en Sevilla cuenta con el raro aliciente añadido de ofrecer la actuación de Antonio Arias y Éric Jiménez.

-Sí, es una ocasión especial, exclusiva y, supongo, que única, porque ha sido un arrebato de corazón de Éric y Antonio, que saben de mi interés porque esto se conozca y se expanda. En principio iban a venir a la presentación en Córdoba, pero no les cuadraban las fechas. Así que les propuse hacerlo aquí, antes de la actuación de Pepe Habichuela, y a ellos les pareció estupendo. Ojalá se pudiera repetir, pero por compromisos y por el propio concepto de Los Evangelistas, que lógicamente quieren hacer espectáculos con todo el grupo y plantearlos sólo en ocasiones muy especiales, no creo que haya más ocasiones de ver este set, en el que tocarán los temas que Antonio canta en el disco. Y luego, el concierto de Pepe Habichuela con Tamara Escudero al cante y Juan Carmona a la percusión. Yo diré unas palabras. Espero que menos que de costumbre.

-Con el paso de los años, uno tiende a pensar que la influencia de Enrique Morente en muchos músicos de rock trasciende los márgenes de Omega, que había ya mucho antes de llegar ahí y que esa onda expansiva aún mantiene y mantendrá sus efectos.

-Claro. Hay un trabajo profundo que Morente desarrolla más allá de Omega. La primera vez que yo lo vi, por ejemplo, fue en el Revólver de Madrid, en aquellos Lunes Flamencos. Ver a Morente donde habías visto a tantos y tantos grupos de rock fue impactante. Morente reconoció que eso fue algo muy especial para él, pero a nosotros también nos sorprendió muchísimo, nos dejó pillados. Hay generaciones que han vivido distanciadas del flamenco. Parece algo cercano a tus padres y lo rechazas de plano. Pero de pronto ves todo lo que hay ahí. Morente se encargó además de darle patadas a los prejuicios; de hablar bien de Sonic Youth y de tocar con ellos; de irse de copas con Lagartija Nick y con Los Planetas, de enseñarles cosas y a la vez aprender de ellos… Esa actitud suya era tan arrolladora que a lo mejor el rock, aunque también pueda ser muy prejuicioso, le era un terreno idóneo. No sé si el rock le abrió las puertas o las abrió él y el rock le dio la bienvenida. Y hay que tener en cuenta además lo que están haciendo sus herederos, como Lagartija Nick y Los Planetas, un ejercicio de desprejuiciamiento y de conexión.

Homenaje a Morente, con Antonio Arias y Éric Jiménez (set acústico de 20 minutos) y Pepe Habichuela en concierto. Teatro Central (Sevilla), jueves 24 a las 21:00. Entradas a 15 euros en la taquilla del teatro y en Uniticket.

  • Maestro inolvidable.

    Siempre su voz con nosotros.
    Si la negligencia que se lo llevo injustamente, fue en clínica privada, llegará adelante, seguro. Si hubiese sido en la Sanidad pública, desistan, nunca ganarán por mucha razón que tengan…
    Suerte y ámino fuerte, a esa familia especial y ejemplar.

  • alfonso

    Pues que nuestro amigo Morente de grana, pues de cante grande, mas bien cortito, como lo entendemos en jerez, grana lo ha hecho muy grande y alargado sin merecerlo como cantaor, como persona eso ya es otra cosa, granada pesa mucho, el curro, jaime parron,
    los habichuela, muchos gitanos del poligono que cantan bien, uno de jerez, un saludo.

  • gabriel

    ¿Sin merecerlo? Claro, le faltaba a Enrique la ignorancia y la incultura que algunos consideran y, lamentablemente, reclaman como sello de garantía del flamenco.

  • alfonso

    Manuel Torre, Tomas Pavon, Agujetas el viejo, Agujetas Hijo,Juan Hambre, Juan Breva, Fernando terremoto, Sordera, El torta, etc.
    el sello esta ya fundio.

  • gabriel

    Más que fundío, confundío.
    Disfruto del arte de muchos de los que nombras. Y por supuesto disfruto del arte de Morente.
    En Boronía también rendimos homenaje, por ejemplo, a Fenando Terremoto.