Kiko, de su puño y letra

Blas Fernández | 14 de junio de 2012 a las 6:52

Échate un cantecito (edición 20 aniversario). Kiko Veneno. Legacy / Sony Music. Pop / Rock. 2 CD + DVD + Libro

Convertido por apropiación popular en título emblemático de la historia de la música española –“una canción es popular cuando el pueblo se apropia de ella y la canta”, Kiko Veneno dixit–, Échate un cantecito supuso hace ahora veinte años el final de una larga travesía del desierto, la deliciosa constatación de que el fulgor retardado de aquel Veneno de 1977 –a tantos años luz estaba que su brillo tardó años en llegar, como recordaba Dame Veneno, aquel divertido documental de Pedro Barbadillo y Luis Clemente– fue fruto de algo más que una gozosa serie de coincidencias.

Queda claro que Veneno, el disco, y Veneno, el grupo, fueron el resultado de la suma de varios talentos. Tanto, al menos, como que tras la explosión de aquella supernova del pop nacional la energía se dispersó dejando a uno de sus reactores, Kiko, en una situación personalmente incómoda. Él mismo lo contó en más de una ocasión: necesitaba tiempo para recuperar la confianza y demostrarse que podía hacerlo (más o menos) solo.

Tienden a menoscabarse sus discos intermedios, pero ese ninguneo revela en sí mismo una miopía similar a la del 77: en Seré mecánico por ti (82), en Pequeño salvaje (87) e incluso en El pueblo guapeao (89), quizás el álbum más flojo de la tríada, refulge la inspiración del Kiko que fue y será. Falta aún, eso sí, el método, la disciplina que sustituya al chispazo genial y espontáneo del cruce con los hermanos Amador.

También es historia conocida el cable que le tiende su compadre Santiago Auserón, inductor del orden y puente hacia el productor Jo Dworniak, con quien los últimos Radio Futura hicieron piña, árbitro del encuentro entre guitarristas sevillanos y músicos de sesión británicos.

De todo aquello salió lo que salió: un clásico, un disco enorme cuyas canciones van empapando capa a capa al pueblo que las canta y que relanza la carrera de Kiko –hola profesionalización; adiós, Diputación– con un impulso que, dos décadas después, aún perdura y encuentra a nuestro protagonista en plena y ajetreada tarea, grabando nuevo trabajo con el músico y productor Refree y ultimando un título compartido con el uruguayo Martín Buscaglia.

Esta edición especial vigésimo aniversario de Échate un cantecito sirve como celebración y recordatorio de la gesta, pero su valor primordial no está ni en el disco ya conocido –ése que hace de cada una de sus diez canciones un sencillo perfecto o una carga de profundidad emocional para degustar a solas–, ni en las rarezas del CD extra ni en el DVD que los acompaña. Aunque tienen su interés, claro.

El segundo disco rescata maquetas caseras registradas en una de aquellas grabadoras Tascam –que convertían las dos caras en estéreo de la cinta de cassette en un cuatro pistas mono– y reporta cosas tan curiosas como una secuela (¿o precuela?) de Superhéroes de barrio y versiones primigenias de En un mercedes blanco, Fuego, Reír y llorar y Salta la rana. Menos reveladoras, arqueológicamente hablando, resultan las pulcras tomas en directo de Fuego y Volando voy (1994) o los duetos extraídos del recopilatorio Puro veneno (1998), grabado en vivo en el estudio: En un mercedes blanco, con Martirio; Lobo López, con Andrés Calamaro; y Reír y llorar, con Albert Pla. La también conocida remezcla de Echo de menos, por su parte, no rebasa el atractivo de lo anecdótico.

Algo similar ocurre con el DVD, que más allá de las tomas recuperadas de la televisión –Wyoming metiendo cuello entre Kiko y Raimundo en un Joselito para El peor programa de la semana o impolutos directos para Área reservada, entre otros–, fía la auténtica atención a los cinco cortes extraídos del concierto ofrecido en el Festival de Benicàssim de 2007 (íntegro en YouTube, en cualquier caso), impagable prueba audiovisual de un acto de cierta madurez por parte de la escena independiente española: el del reconocimiento de Kiko Veneno como uno de los suyos y la asimilación formal de una tradición que se remonta hasta mucho, mucho antes de los 90 (sí, de verdad, por si queda algún escéptico). La guinda, la sonrisa, la pone el bienhumorado videoclip de En un mercedes blanco, con sus bailaores-cuponeros.

Sin embargo, ese interés primordial antes citado no está, ya digo, en los tres discos, sino en el propio artefacto que los alberga, un libreto de cien páginas con vocación de facsímil, genuino cuaderno de notas una vez desprovisto de la sobrecubierta, que reproduce el diario autógrafo, textual y gráfico –abundan las caricaturas–, llevado por Kiko entre el 16 de mayo y el 25 de junio de 1992, justo el periodo que abarca su partida a Londres para grabar el álbum y su regreso a Sevilla. Es en esas notas, llenas de pistas, donde se desvela el proceso, la red de simpatías y alianzas, los desvelos, las esperanzas, los sentimientos.

Conocido, casi, todo lo demás, es el puño y letra lo que a la postre justifica y pone en valor tan golosa edición, obra del diseñador gráfico Máximo Raso, para cualquier kikómano o venenófilo que se precie.

  • erbixa

    Pos como el resto de conciertos sean como el de TERRITORIOS…

  • […] de ello, sino también del potencial comercial de la operación. Sobre todo si se hace con el mimo, el mismo aplicado en su día al Cantecito de Kiko Veneno, que revela esta edición especial, compuesta por tres discos –tanto en versión CD como […]