Tenga cuidado ahí dentro

Blas Fernández | 27 de septiembre de 2012 a las 7:08

Coexist. The XX. Young Turks. Pop / Electrónica. LP / CD

Para cuando en julio de 2009 apareció su primer y casi homónimo álbum, XX, el sencillo Crystalised -con su oscura atmósfera, su mórbida cadencia, sus sugerentes voces a dúo chico-chica y un estribillo tan inapelable como minimalista- ya había expuesto a The XX ante un profuso público, sorprendido y entregado, que a la postre descubrió en el largo abundantes motivos para seguir celebrando semejante hallazgo.

Entre los elementos que hacían de aquél un título y un grupo singulares se apuntaban una tan elocuente como comedida utilización de los referentes pretéritos -el sonido de 4AD en sus comienzos, las espirales de quietud a lo The Durutti Column o incluso la romántica melancolía heredada del Chris Isaak más inspirado- y, al tiempo, una obvia y natural capacidad para captar el zeitgeist sonoro -una sombra de oscuridad dubstep, más intuida que concretada, pero presente al fin y al cabo, envolviendo el conjunto con un halo difuminado-. Las apreciaciones en ese sentido, desde luego, no erraban.

En los tres años transcurridos desde entonces la banda inglesa ha experimentado una proyección feliz e inesperada, al margen de la precipitada salida del cuarteto de Baria Qureshi -atribuida en su día a la presión del éxito-, por lo demás gestionada con notable habilidad e inteligencia.

Jamie Smith, señalado automáticamente como el cerebro tras el asunto, ha alternado casi en la misma medida colaboraciones con el avant-mainstream -si se me permite el oxímoron, patente al atender a ciertas producciones del gran mercado-, como aquel Take Care de Drake y Rihanna, que producciones tan respetuosas y cultistas como We’re New Here, su reelaboración de I’m New Here, más que recomendable álbum con el que el venerable Gil Scott-Heron dio señales de vida el pasado 2011 tras 16 años de silencio.

Remezclando a otros -el Bloom de Radiohead en el álbum TKOL RMX 1234567-; dejándose muy gustosamente remezclar por otros -por ejemplo: la apoteósica lectura que Four Tet hizo de VCR- o dando salida a la mera pasión por mezclar como DJ la música de otros -las mixtapes para el podcast de Fact Magazine, ajustadas declaraciones de principios, van camino de convertirse en clásicos-, Smith y The XX disfrutaron de una equilibrada y bien dosificada presencia que entretuvo la espera y dejó pistas sobre el siguiente movimiento con nombre propio.

En una primera impresión, Coexist aparenta hechuras melódicas y armónicas muy semejantes a las de XX. Sin embargo, las sucesivas escuchas revelan, con la sutileza ya habitual en la banda, un avance en segundo plano de ese zeitgeist antes aludido. Señalar que la electrónica gana peso quizás no sea la mejor manera de expresarlo -al fin y al cabo, resulta evidente que la música de The XX sigue abundando con delectación en su cualidad etérea, evanescente-, pero no parece menos obvio que Smith se ha decidido a dotar de un mayor protagonismo a esas bases que sustentan rítmicamente, a menudo desde la penumbra, la práctica totalidad del disco.

Una impresión apresurada también puede inducir a pensar que Coexist no disfruta de canciones tan emocionantes, tan sencillas en su capacidad de conmover la escucha, como las que albergaba XX. Error: tras esta oscuridad premeditada se agazapan canciones enormes -Angels, Reunion, Unfold…- prestas a a devorarle el corazón tras apenas un zarpazo. Tenga cuidado ahí dentro.

Aquí le dejo el clip de Angels

…y el de Chained.

Y si dispone de tiempo, no se pierda la remezcla, aún inédita, que Four Tet ha hecho de Angels.

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