Wilco, madera de tótem

Blas Fernández | 17 de octubre de 2012 a las 7:09

Presencia ya habitual en los escenarios españoles, Wilco, la banda norteamericana convertida hoy casi en estandarte de la escena del rock independiente con penetración mainstream, protagoniza durante esta semana una nueva gira nacional que, tras arrancar el pasado domingo en Bilbao y pasar por Barcelona y Madrid, desembarca mañana jueves en Sevilla antes de despedirse de estas latitudes, el viernes, con un concierto en Murcia.

Será la segunda ocasión en que el veterano grupo liderado por Jeff Tweedy –ocho discos en estudio con proyección ascendente desde su debut a mitad de la década de los 90– pase por la ciudad. La primera fue en 2009, dentro del cartel del festival Territorios, con motivo de la gira de presentación de su anterior y homónimo álbum, cita recordada con agrado por quienes disfrutaron del impecable y emocionante directo de la formación, una de sus celebradas e inapelables señas de identidad.

Nombre también destacado en la última edición del festival barcelonés Primavera Sound –con una llamativa e inesperada pleitesía mediática marcando la temperatura, alta, del fenómeno–, el motivo de esta nueva visita es la consabida gira en torno a su último lanzamiento, The Whole Love (2011), en fondo y forma, una excusa tan buena como cualquier otra para revalidar la vigencia de ese culto creciente y, hasta el momento, imparable en torno a la banda de Chicago. Un pujante estatus, no obstante, cuestionado desde algunos flancos críticos, al menos, desde la edición de Sky Blue Sky (2007).

Más allá de los parabienes, hoy se le reprocha a Wilco esa apariencia totémica, como de banda de dinosaurios de la década de los 70, y hasta la rendida entrega, presuntamente acrítica, de sus seguidores. Sin embargo, tampoco dista mucho esta perspectiva, cíclica y recurrente, de la deparada a otras formaciones con marchamo indie tras su aceptación por el gran mercado –el caso de R.E.M., un ejemplo todavía cercano, podría suponerse un símil ajustado–.

Wilco fue la invención Tweedy tras la separación, batalla de egos mediante, de Uncle Tupelo, una banda señalada en la escena del country alternativo de los primeros 90 y responsable de cuatro discos antes de su estampida. El último de ellos, Anodyne (1993), fue editado ya al amparo de Warner, la misma multinacional encargada de poner en circulación el debut de la nueva banda, A. M., en 1995 y en coordenadas estilísticas muy similares.

El doble Being There (1996), en la misma estela de rock vitaminado y enraizado, pletórico de melodías efusivas, y el continuista y brillante Summerteeth (1999) –separados ambos por la primera de las colaboraciones del grupo con el cantautor británico Billy Bragg en torno al cancionero de Woody Guthrie, Mermaid Avenue (1998)– pronosticaban entonces tanto una tranquila convivencia con su discográfica como una trayectoria destinada a agotarse en los puestos de cabeza de la serie B del rock canónico, no por superpoblada menos interesante.

Pero algo se torció… ¡Y con resultados sorprendentes! La enconada negativa inicial por parte de Warner a la publicación del siguiente álbum de Wilco, considerado raro y poco comercial, propicio una revuelta en toda regla: el grupo compró el máster de Yankee Hotel Foxtrot (2002) y la multinacional acabó tragándose el sapo de una entusiasta bienvenida crítica con traslación a la larga en la cuenta de resultados.

Por supuesto, no hay que minusvalorar el papel de la moraleja en la progresiva ola de simpatía que la banda levantó en aquel momento –reforzada por las declaraciones de Tweedy sobre el modus operandi de las grandes discográficas y su situación tras la implantación masiva de Internet; al fin y al cabo, el del justiciero siempre ha sido un mito atractivo–, pero fue su combinación con una lectura más contemporánea del rock, menos caligráfica y más libre, quizás afianzada en la presencia del veterano experimentalista Jim O’Rourke tras la mesa de mezclas, la que terminó por catapultar a Wilco a otra división creativa.

Los fenomenales A Ghost is Born (2004) y el directo Kicking Television: Live in Chicago (2005) ahondaron esa brecha, que cuanto mayor se hacía mayor público parecía atrapar, al tiempo que marcaron dos movimientos significativos en el devenir de la formación: el ya fallecido Jay Bennet, contrapeso de Tweedy en Wilco de manera similar a la ejercida por Jay Farrar en Uncle Tupelo, dejó el grupo, al que se incorporó como guitarrista Nels Cline, veterano y reputado músico de jazz experimental desde comienzos de los 80.

El mencionado Sky Blue Sky, un disco con títulos tan monumentales como Impossible Germany, inició sin embargo el retorno hacia posturas más clásicas, argumento primordial en Wilco (The Album) (2009), un trabajo pleno de grandes cortes, pero desprovisto de la vertiente afilada de las tres entregas precedentes.

En éstas, The Whole Love recupera parte del pulso especulativo dejando el pistoletazo de salida a Art of Almost, un tour de force con aires motorik en el que la guitarra de Cline termina por estallar rabiosa, mientras que gran parte del resto se contenta, que no es poco, ni mucho menos, con dejar el protagonismo a esas melodías inmaculadas y artesanales que Tweedy borda. Sobre el escenario, además, con propina extra de cercanía y complicidad.

Wilco actúa mañana, jueves 18, en la carpa cubierta del Auditorio Rocío Jurado. The Hazey Janes, banda telonera, comenzará su concierto a las 20:30. Wilco, a las 22:15. Entradas en venta anticipada, 35,90 euros más gastos de distribución. En taquilla, 45 euros.

Para ir abriendo boca, puede escuchar en la web de RTVE el concierto del pasado lunes en el Liceo de Barcelona, que fue retransmitido en directo por Radio 3.

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