Larga vida a Fela Kuti

Blas Fernández | 18 de octubre de 2012 a las 7:38

Creado hace ahora una década por DJ Floro –incansable rastreador de delicias sonoras– Sagrario Luna –melómana activista– y Javier Zarco –promotor musical barcelonés–, el colectivo Afrobeat Project es hoy en buena medida responsable de la difusión en España de la figura y legado de Fela Kuti, el singular músico nigeriano, reconocido como puntal absoluto del género, fallecido a consecuencia del SIDA en 1997, a los 59 años.

Editores de los tres volúmenes recopilatorios Repúblicafrobeat aparecidos entre 2003 y 2009 –con distintos argumentos temáticos, todos ellos armados en torno al afrobeat y la influencia de Kuti–, suya es también la tarea de la organización en España de la anual Felabration, una celebración del cumpleaños de Fela, a partir de cada 15 de octubre, como festiva excusa para delimitar lo alargado de su sombra dentro y fuera del continente africano.

A las Felabrations de este 2012 –con citas en puntos tan distantes como Nueva York, México DF, Tokio, Sao Paulo, Lagos, Londres o Granada–, Afrobeat Project suma además la edición de La música es el arma del futuro. A Tribute to Fela from Spanish Bands, un álbum en el que una decena de grupos españoles –entre otros, Eskorzo, The Sweet Vandals y The Cherry Boppers– versionan al saxofonista, teclista y cantante con sorprendente coherencia y atractivos resultados.

“Lanzamos la idea entre gente que hace afrobeat, funk, afrofunk… O que, simplemente, reconoce la influencia de Fela en su música o en su vida”, explica Luna señalando la dimensión extramusical de Kuti, enfrentado a sucesivos regímenes militares desde su resistente comuna en Lagos, Kalakuta Republic, sede social libertaria de un panafricanismo revolucionario tan opuesto a las potencias coloniales como al enemigo interior.

Aunque, en ocasiones, también contradictorio en su defensa de determinados atavismos como señas de identidad. “Cuando estudiaba en Inglaterra, a comienzos de los 60 –cuenta Luna–, se casó con Remi, su única mujer legal, con la que tuvo tres hijos. Pero en el 78 decidió celebrar un matrimonio colectivo con 27 de las mujeres que formaban su equipo de bailarinas y coristas. Fue una reacción al saqueo que había sufrido su comuna un año antes por parte de los militares, que lo dejó en la ruina. Se exilió en Ghana y anunció que a su vuelta celebraría ese ritual para que sirviera como recordatorio. No fue una ceremonia tradicional, no pagó ninguna dote… Se saltó otra vez todas las convenciones. Quizás una de las razones para aquello, o así al menos lo aducía él, fue darle un apellido a esas mujeres, a las que que acusaban de prostitutas. De él decían que era un proxeneta”.

Aún con fatales consecuencias –su fama de mujeriego volcánico se trenzó de manera letal con una llamativa acusación contra el uso del preservativo, para Kuti ajeno a la tradición africana–, los detalles de alcoba no son nada en comparación con su relevancia como símbolo de oposición política ni, mucho menos, en relación con su vasta obra musical, ésa que, con distintas formaciones, fundió de manera inédita músculo funk con instrumentos y estructuras sonoras autóctonas. “Suelen contarse 77 discos, aunque yo no he localizado tantos. Me quedo un poco más abajo, en torno a los cincuentaytantos”, reconoce Luna, autora del primer libro en español sobre The Clash (The Clash, Cátedra, 1988) y embarcada desde hace más de dos décadas en la investigación y redacción de un título en torno a Kuti que se intuye particularmente goloso. “Ha sido un proceso complicado, pero estoy en el último capítulo –asegura–. Espero terminarlo pronto. Luego vendrá todo lo demás, incluido buscar editorial”.

Un libro, claro está, que recorrerá en paralelo las dos facetas señaladas, tanto la musical como la política, acaso indisociables. “Fue uno de los primeros músicos africanos que transitó al mismo tiempo ambos caminos –apunta la autora–. Dedicó toda su carrera a luchar contra la corrupción, contra los gobiernos militares que se sucedían en Nigeria, contra el cristianismo y contra el islam, religiones que consideraba extranjeras, que adormecían la identidad cultural africana y estaban en connivencia con las potencias que expoliaban el continente”.

Procesado en incontables ocasiones bajo los más variopintos cargos –“Hay quien señala que más de 350 veces”, apunta Luna– y convertido en sólido símbolo del panafricanismo –una doctrina, en su caso, trasladada desde los movimientos de agitación negra estadounidense de los años 60–, no deja sin embargo de llamar la atención que, incluso en África, ese papel se asocie antes, y de manera bastante paradójica, con un jamaicano, Bob Marley, que con Fela Kuti. “Marley, desde Jamaica, tiene una versión idílica de África –reflexiona Luna–. Por contra, Fela parecía estar siempre enfadado, incluso cuando cantaba. De hecho, su manera de cantar es un poco áspera. Cuando lo ves en los documentales parece que está siempre enojado. A Fela, como a Marley, no lo mataron, pero lo torturaron casi hasta la muerte. En los 70 Nigeria apenas llevaba diez años siendo un país independiente, y las cosas no sólo no habían mejorado, sino que habían empeorado. Seguían bajo una tutela oculta de los británicos y de las compañías petrolíferas que habían comenzado a establecerse. Así que sus circunstancias eran bastante más graves que las de Marley”.

Pero donde, a juicio de Luna, se truncó esa posibilidad de una mayor proyección del personaje fue en su negativa de transitar por los cauces convencionales. “Durante su época con Africa 70, la de sus discos más duros, tuvo una repercusión internacional potente –recuerda–. Es un hecho que a la muerte de Marley, Chris Blackwell, de Island Records, pensó que podía hacer de él algo similar: un músico negro que representase a la música africana en todo el mundo. Pero se encontró con que no estaba dispuesto a doblegarse ante las exigencias del marketing occidental”.

De lo que no queda duda es de la vigencia de su obra entre un notable puñado de músicos alrededor del globo, sucesivamente certificada por la reiterada reedición de su discografía, la incesante actividad de allegados –la del baterista Tony Allen– y descendientes –Femi y Seun Kuti, ambos con trayectorias más que respetables–, la intermitente ola de africanismo que invade el pop y hasta algún montaje en Broadway –Fela!, espectáculo producido por Jay Z y Will Smith con dirección musical del grupo Antibalas–.

También, claro, por la puntual Felabration, que tras pasar este año ya por Madrid y Granada, vuelve a celebrarse mañana viernes en Sevilla con una sesión de DJ Floro, a partir de la 00:00, en la Sala Malandar. Una buena ocasión para hacerse con La música es el arma del futuro a precio ajustado: cinco euros.

PD: También puede comprar el disco en el portal Enlace Funk.

Etiquetas:

  • viruela

    una excelente alternativa para aquellos que gustamos de los callejones oscuros y a los que nos sobrepasan las luminosas avenidas, esas que conducen al auditorio “La Mas Grande”

  • MICHEL

    FELA FUE,UN AFRICANISTA Y REVOLUCIONARIO DE EXCELENCIA CON UN CORAJE Y ESPÍRITU DE LUCHA A GRAN ESCALA. FUE DE LOS ÚLTIMO LUCHADORES DE LA TRANSPARENCIA.
    QUE DESCANSE EN PAZ.TE RECORDAREMOS DE LA VIDA…


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