Un mundo real (tan raro, tan extraño, tan difícil)

Blas Fernández | 16 de febrero de 2013 a las 5:00

Según explicó Antonio Arias años después, tanto el título de Hipnosis, primer álbum de Lagartija Nick, como el del posterior Inercia hacían referencia a estados fuera de control, ésos en los que el individuo o el colectivo siente cómo se evapora su capacidad de decisión y es arrastrado por la propia dinámica de las situaciones. Con la veterana banda granadina ocurrió algo similar en al menos dos ocasiones: la primera, cuando a comienzos de los 90 la descomunal onda expansiva del Nevermind de Nirvana sacudió el mercado mainstream, empujando a las multinacionales del disco al rápido fichaje de ruidosas bandas de rock y a la escena misma del entonces llamado rock alternativo hacia su inevitable implosión; la segunda, cuando la difícil deriva post-Omega, iniciada con Val del Omar (1998) y no metabolizada con propiedad hasta mucho después, condujo al grupo hacia un circuito y una escena -lo de su etiquetaje trash-metal comenzó como un desliz y se convirtió en camuflaje- que Arias terminaría reconociendo ajena.

El fichaje por parte de Sony-CBS se saldó con dos discos mayúsculos -el mencionado Inercia (1992) y Su (1995)- y con la manifiesta incapacidad de la compañía para rentabilizar semejante propuesta. Lo del desvío al trash-metal, o así, tuvo una digestión más pesada. Con Antonio como único componente original de una formación expuesta a continuos cambios, transcurriría casi una década antes de que Lo imprevisto (2004), de nuevo con Eric Jiménez sentado a la batería, recuperase una inventiva sónica -la lírica no flojeó nunca- equiparable a la de sus comienzos.

Pero eso, claro, sucedió años después. Lo que teníamos en 1991 era Hipnosis, un disco de parto difícil y prolongado. Tanto que había comenzado su gestación en la segunda mitad de la década anterior, cuando tras Más de cien lobos (1986) Arias abandonó 091 y dio forma a una primera versión de Lagartija Nick. Aún volvió a su antigua banda para registrar Doce canciones sin piedad (1989), pero nada más. Antonio, Eric -antes en KGB y más tarde, ya sabe, en Los Planetas- y el atómico guitarrista algecireño Juan Codorniú grabaron una maqueta del nuevo grupo; se levantaron el premio de un concurso de bandas noveles organizado por el programa de televisión Duduá -hoy cuesta creerlo, pero entonces en Canal Sur se escuchaba algo más que copla-; participaron en la compilación local Rock GRX 89; colaron una devota versión de I Had Too Much to Dream (Last Night), de Electric Prunes, en uno de aquellos iniciáticos recopilatorios de Munster Records y ficharon por Romilar-D, el sello independiente madrileño que cobijaba, entre otros, a Sex Museum y The Pleasure Fuckers.

No lo puedes ver, el sencillo publicado en 1990, avisó de lo que se avecinaba, aunque ni siquiera la majestuosa contundencia de su crescendo, condensada en poco menos de tres minutos, pronosticaba todavía el calibre del proyectil por llegar, con potencial explosivo incrementado tras la incorporación de un cuarto componente, el guitarrista Miguel Ángel Rodríguez Pareja.

Hipnosis fue un mazazo, sí, un deslumbrante destello para aquella generación que se distanciaba del pop español de los 80, amortizado entonces hasta la desintegración, aunque aún tardó lo suyo en ser reconocido como tal por quienes venían detrás. En los créditos de esta golosa reedición -¡por fin!-, Antonio Arias menciona la “existencia de una especie de movimiento preindi” como puerta de entrada de Lagartija Nick al estudio de grabación. Sin embargo, ésa fue al mismo tiempo la relativa maldición -el tiempo suele terminar poniendo las cosas en su sitio- que acompañó a parte de aquellos grupos-bisagra, demasiado rock para el incipiente indie y demasiado indies para los asimilados independientes de antaño.

Así las cosas, la elección como productor de Fino Oyonarte, de Los Enemigos -otra banda en la encrucijada- se antoja hoy una afortunada sincronía cósmica. Grupo y productor se entienden sin palabras, emiten sus señales en la misma frecuencia y captan la tensión del momento en una instantánea sobrecargada de energía -en esos mismos créditos, Fino todavía se entusiasma al evocar la incontenible potencia que el grupo despliega en las rápidas sesiones de grabación-.

Ése es el vigor que, incombustible, sigue transmitiendo Hipnosis, eléctrica conmoción sin pausa siquiera cuando recurre a la reconocida filiación psicodélica de Arias -El mundo desaparecido de los guantes y La gran depresión, cerrando y abriendo, respectivamente, las dos caras del vinilo original-. El nutrido y nutritivo resto es un golpe directo al estómago -post-punk en vertiente visceral- y al cerebro, por donde los textos de Arias -el mismo tipo que elige para la portada un collage del entonces todavía no muy reivindicado Josep Renau; el mismo que va a introducir a Val del Omar en el imaginario pop antes de su canonización oficial; el mismo que luego convertirá en canciones poemas científicos- se desplazarán incontrolables, haciendo rebotar en la cavidad craneal un sinfín de imágenes sugestivas y automáticas. Hipnosis, Sonic Crash, Tan raro, tan extraño, tan difícil, Napalm, Disneyworld, Un mundo real… No es que suene en cascada: es una cascada.

Material así, el que conforma uno de los discos capitales del rock en español, justifica por sí mismo esta tardía aunque agradecida reedición, última de la trilogía original tras los pertinentes rescates de Inercia y Su. No obstante, los extras hacen honor a su condición y enriquecen el conjunto final. Los cortes ya conocidos -amén de figurar en caras B de singles o recopilatorios, Gangsterville, Policía detrás, Algo cínico, I Had Too Much to Dream y el No Man’s Land de Syd Barret ya fueron reunidos en un minielepé en 1993- resultan ilocalizables hoy día en formato físico más allá del mercado coleccionista. Los demás -Una luz, Sedán, El placer de los gurús y la versión de Leave My Kitten Alone- saltan por primera vez desde las maquetas a ese mundo real, raro, extraño y difícil, en el que Lagartija Nick, superando errores, desbordando talento, volvió a recuperar el control.

Apéndice extra a los extras. Como es lógico, la reedición de Hipnosis no compila todo el material generado por la banda durante sus primeros años. Además de las maquetas y de las muchas ideas bosquejadas en un cuatro pistas, existen otros cortes que incluso llegaron a editarse, pero que hoy resultan de localización más o menos imposible. Es el caso de las dos pistas incluidas en el mencionado recopilatorio de bandas locales Rock GRX 89, con una corta tirada auspiciada por la Diputación Provincial de Granada. Compartido con Argantes Sagora, Recargables, Dementes y Correcaminos -¿adivina quién era la cantante de esta última formación?-, en él figuraban unos Lagartija Nick aún a distancia sideral de lo que nos ofrecerían en Hipnosis, pero apuntando maneras. Aquellas dos canciones eran El sentido de las palabras

…y ¿Qué harás por mí?, un corte con solo de guitarra final a cargo de otro viejo conocido, José Ignacio García Lapido.