“El hecho de que un disco suene mejor o peor es un aspecto bastante relativo”

Blas Fernández | 20 de octubre de 2013 a las 5:00

raul_perez_blog_1
Pony Bravo, Marina Gallardo, Maika Makovski, McEnroe, GAF y La Estrella de la Muerte, I Am Dive, Las Buenas Noches, Tentudía, Tannhäuser… El nombre de Raúl Pérez aparece bajo el epígrafe productor en cerca de un centenar de discos, muchos de ellos títulos destacados en la reciente escena del panorama musical independiente. Natural del Pozoblanco (Córdoba), llegó a Sevilla a comienzos de la pasada década. Desde hace cuatro años dirige en Espartinas los estudios de grabación La Mina. Ahora la marca se estrena, además, como sello discográfico.

–¿Cómo acabó aquí?

–Si allá por el 2002 te apetecía dedicarte a la producción y a la grabación musical, si querías estudiar sonido, casi lo único que había eran escuelas privadas en Vigo, Barcelona, Madrid y Sevilla. Estuve en la de Vigo, que no terminó de convencerme, y acabé rebotado en Sevilla. Nunca había pensado venirme a estudiar aquí, pero cuando llegué me impresionó la actividad musical, la cantidad de grupos y de sitios para tocar, aunque esto último haya cambiado. Empecé a tocar con The Baltic Sea y a conocer gente. Tenía una especie de carretilla portátil e iba grabando por los ensayos. Así grabé la primera maqueta de Pony Bravo. Ahí estaban las versiones originales de los temas que luego salieron en el primer disco. Y cuando acabé los estudios, poco a poco, fui montando La Mina.

–¿Se puede adquirir con formación académica la sensibilidad que requiere un productor?

–Bueno, ni siquiera había una ingeniería de grabación musical, sino un ciclo superior de sonido en Formación Profesional. Eso te da un conocimiento teórico básico, pero realmente no profundiza. Para mí lo más interesante de estudiar aquí fue el contexto, conocer a la gente adecuada. Por eso me alegro de haberme quedado. La producción musical, como el hecho de tocar un instrumento, se basa en buena medida en tu propia investigación y en tu cultura musical. De hecho, creo que en la escuelas de sonido una de las asignaturas básicas debería ser Historia de la Música. A la hora de producir a un grupo es primordial que el productor esté como mínimo al mismo nivel o, aun mejor, por delante de la banda. No puede venirte un grupo con unos referentes que tú desconoces. Si no tienes ese interés, esa vocación, no te puedes poner a producir.

raul_perez_blog_2–Ésa es otra gran tradición: productor y músico a la vez. ¿Disocia?

–Para un productor ser músico es un plus. Es una herramienta más en tu trabajo, aunque tienes que tener muy claro el rol que desempeñas en cada proyecto. Hay discos en los que el grupo necesita una labor de arreglos o que le soluciones la papeleta de una disonancia que no sabe de dónde viene. Ahí te puedes meter, sí, pero hay otros grupos que tienen muy claro qué es lo que traen y quién tiene la última palabra. Los dos roles están presentes, pero el músico sale después, en las conversaciones posteriores o cuando te piden ayuda. El enfoque es más parecido al de un director de orquesta. Se trata más de concentrar las energía y las intenciones.

–Y en ocasiones, de ejercer como psicólogo…

–Sí [ríe], o de guía espiritual. Al final es cien por cien psicología. Tratas con gente que lleva un año preparando un proyecto que desemboca en tres o, con mucha suerte, diez días frenéticos. El contexto y el momento influyen de manera definitiva en cómo ocurre. Que el ambiente sea propicio, que los músicos estén cómodos, es primordial para que finalmente salga lo que tú crees que puede salir de esas canciones.

–Ésa es una queja extendida: con la disminución en ventas, apenas se hacen ya grandes producciones al estilo antiguo, alquilando un estudio durante un mes y echando mano de una orquesta si el proyecto lo requiere.

–Está claro que eso se ha perdido, pero cuando se pierde una cosa a veces se gana otra. Creo que se estaba pecando de sobreproducción. El lado positivo es que ese menor tiempo en el estudio hace que en muchos casos todo resulte más fresco. Para mí, el hecho de que un disco suene mejor o peor es un aspecto bastante relativo. Además, los precios de los estudios tampoco son ahora los de antes. El volumen general de negocio ha bajado, pero como los precios también lo han hecho, de algún modo se compensa. Y en el plano artístico, esa espontaneidad me sirve: no hay que perder de vista que existen discos clásicos grabados en 40 ó 60 horas; el Bleach de Nirvana, sin ir más lejos, en 24. Y si lo que quieres es experimentar, como grupo te tienes que plantear las cosas de otra forma. En lugar de pegarte un mes en el estudio, ahora, y esa posibilidad no existía antes, haces la preproducción del disco en casa con un home studio. De hecho, creo que las preproducciones se están saliendo ya del contexto del estudio. Cuando ahora me llega un grupo, yo empiezo ya en la mitad del camino, porque cuando contacto con ellos les pido que me manden los temas y ellos, durante meses, los están trabajando y maquetando en casa. Cuando llegan parto de algo que antes no se hacía, que se trabajaba en el estudio. ¿Es menos profesional ahora? En cierto sentido sí, porque hay menos dinero de por medio, porque hay menos gente cobrando de eso, pero no porque se haga peor.

–La Mina debuta ahora como sello discográfico con Temario, primer álbum de Algunos Hombres, un disco que, vaya, no produce Raúl Pérez…

–No quería relacionar directamente el sello con mis producciones. El sello es como una apuesta melómana: ves pasar a muchos grupos delante de ti y te dices qué buena es esta gente. Te gustaría echar una mano más, pero no puedes. Por eso decidí darme el gusto de sacar, en principio al menos una vez al año, una referencia que me apeteciera, producida por mí o no. Algunos Hombres me pareció un grupo ideal, me gusta mucho lo que hacen y son como de mi familia, de mi pueblo. Si hay posibilidad de sacar más referencias al año, pues lo haremos, pero necesito organizar mi trabajo: me falta tiempo.

–Pues ahora tendrá aún menos: vuelve a la música activa con Viento Smith, con gente de McEnroe y Jacob y disco a la vuelta de la esquina…

–Sí, y me apetece mucho. Desde que dejé The Baltic Sea, aunque he tocado en algunos proyectos, no había vuelto a meterme en algo así. Veremos, porque sólo con los conciertos de Pony Bravo, con los que voy en directo como técnico de sonido, ya me quedo sin fines de semana. Es complicado, pero también de las cosas que más me ilusionan ahora.

raul_perez_blog_3
–Ha producido los tres discos de Pony Bravo. ¿Intuía la repercusión?

–Creo que era algo que se veía. Cuando llegué a Sevilla y los vi por primera vez ya me dio la sensación de que era algo creíble que podía funcionar. Lo que me alegra es justo que haya sido así. Te pueden gustar más o menos, pero es un grupo que lo hace todo de una forma artesanal, a su manera, sin casarse con nadie y haciendo algo imprevisible, incluso de un disco para otro. Siempre, con cada disco, me han sorprendido. Es difícil pillarles las vueltas incluso para mí, que estoy en el mismo contexto y suelo tener los mismos gustos e influencias. Aún así, siempre me sorprenden. Ver a un grupo tan libre que funciona es algo que me alegra.

–Su peso como productor ha crecido en paralelo a la repercusión de Pony Bravo, pero es sólo una pequeña parte del trabajo. ¿Cuántos discos van?

–Rondan los cien entre álbumes y epés. Sobre todo en los últimos años el trabajo ha sido continuo. Ha habido meses en los que he llegado a grabar tres discos. Un no parar. Ahora intento enfocarlo de otra manera, dejar algo de tiempo entre uno y otro. También me apetece hacer otras cosas, colaborar con otra gente. En enero viene a Sevilla Nigel Walker, el famoso productor, a grabar a un grupo de Huelva, Visión Sonora, a lo que yo ya le grabé un disco hace un par de años. Al tipo le ha llamado la atención, le ha gustado y quiere producirlo. Y vamos a hacerlo en La Mina. Me apetece trabajar con él, compartir puntos de vista.

–¿Productor favorito?

–Me gusta mucho Nick Launay, que ha producido discos muy diversos, desde Nick Cave hasta PIL o Arcade Fire. Y un estudio, Dub Narcotic Studio, de la gente de K Records en Washington. Como concepto me gusta mucho, es como una oficina gigante en la que nada está separado: sello, estudio… Me encantan las cosas que salen de ahí.

–Salvando las distancias, ha intentado algo similar con La Mina…

–Es curioso. El estudio se llamó La Mina porque el primer local donde estuvo, en San Jerónimo, era un auténtico agujero, un local de ensayos sin ventanas, oscuro, con las paredes negras, monstruoso… Luego empezaron a llegarme grupos de fuera, de Barcelona, y el tema del alojamiento se convirtió para mí en algo primordial. Quería que el grupo estuviera en un contexto cómodo. Al igual que cuando componen las canciones están en su casa, me gusta la idea de cuando las graben estén en un ambiente similar, no en un sitio hostil. Por eso me gustan tan poco esos estudios con un aspecto clínico, tan de la tradición inglesa. Prefiero los americanos, más hippies, por decirlo de alguna forma. La idea era enfocar La Mina como un estudio de grabación que favoreciera la comodidad y la convivencia. Pillé primero una casa en Palomares, pero seguí mirando, porque todavía no era justo lo que buscaba. Y entonces encontré la casa en Espartinas, un chalet de finales de los 60 con mucho encanto. Ahí llevo cuatro años. Y lo principal es la comodidad. Cuando iba como músico a grabar a un estudio, la sensación que siempre me quedaba era que podía haber dado mucho más de sí si el contexto hubiera sido idóneo. El sitio donde grabas es muy importante. Lo que te rodea tiene que apoyarte; tienes que sentirte a gusto.

Algunos hombres (son buenos)

temario_blogParadoja: el debut del sello del productor, el Temario de Algunos Hombres, está producido por otro. Pero no por otro cualquiera. Pedro Cantudo dejó muestras de su exquisito gusto como músico en Jubilee, y su experiencia abrillanta aquí unas canciones que se antojarían niqueladas ya de fábrica. La banda de Pozoblanco parece rendir tantas cuentas a la americana y el folk-rock como a ese rock español con punto de partida en los 80 –El chaval de negro, con su aire clásico, podría compartir ilustres referencias con los primeros Nacha Pop– o a algunos paisanos iconoclastas –en el guiño localista de Rosabel está quizás el mismo espíritu que iluminó a Tarik y La Fábrica de Colores–. ¿Busca entonces una banda de rock en español? Atento: ésta tiene posibilidades de llegar a un público amplio sin sacrificar nada a cambio.


Comentar


Nombre (Obligatorio)

Correo electrónico (Obligatorio)

Página web (Opcional)

El autor, en este espacio, se limita a recoger la opinión y contenidos de los lectores, por lo que no se hace responsable de los mismos. Si encuentra algún texto ofensivo, erróneo o alguna opinión que no sea respetuosa, le rogamos que nos lo haga saber