Luminosa la mañana

Blas Fernández | 23 de febrero de 2014 a las 5:00

beck_blog

morning_phase_coverMorning Phase. Beck. Capitol. Rock. CD / LP / DD

Ahora que parece que Sea Change (2002) gozó siempre de la consideración de obra magna en la trayectoria de Beck, cabe recordar que, bien al contrario, buena parte de la crítica se precipitó en su día al defenestrarlo, presentándolo como la prueba palpable de una supuesta pérdida de pulso creativo en la que la originalidad de su deslumbrante primera etapa –aquel arrebatado, contagioso y marciano aire festivo de títulos como Mellow Gold (1994), Odelay (1996), Mutations (1998) y Midnite Vultures (1999)– daba paso a una aparente rendición frente a cierto clasicismo rock tan propio de la Costa Oeste de Estados Unidos. La fiesta acababa y tras ella quedaba una hermosa y resignada desolación, un calmo y orquestado repertorio que esquivaba cualquier atisbo freak previamente celebrado para empaparse en una tradición cuyas fuentes, de Neil Young a Nick Drake, resultaban tan obvias como vivificantes.

Fueron el tiempo y el público los que pusieron a Sea Change en su sitio –quizás también a quienes con tanta ligereza se apresuraron a dar por amortizada la discografía del californiano–, ese podio que hoy sigue ocupando como uno de los álbumes más destacado en la larga y fructífera carrera de nuestro protagonista.

Tras Sea Change vinieron títulos notables que, justamente, pusieron de nuevo el punto de mira en el Beck inventivo y abierto al cruce permeable de géneros que define buena parte de la música de nuestros días. Sin embargo, ni Guero (2005), ni The Information (2006), ni Modern Guilt (2008), aun con los muchos aciertos y estupendas canciones, consiguieron equiparar su impacto en la audiencia al de los títulos de la primera tanda. Tampoco al del preciosismo formalista de Sea Change, calando de manera tan sutil como irrefrenable en el ánimo de sus agradecidos oyentes.

beck_blog_3Algo de esto, quizás, rondara por su cabeza a la hora de dejar aparcada durante seis años su discografía oficial y ocupar el tiempo en proyectos de terceros, con producciones para el ex Sonic Youth Thurston Moore (Demolished Thoughts, 2011), el ex Pavement Stephen Malkmus (Mirror Traffic, 2011) y, aún con mayor grado de implicación, para la actriz y cantante Charlotte Gainsbourg (IRM, de 2009, y Stage Whisper, de 2011), a la que, de hecho, le escribió un amplio repertorio.

Incluso más allá de su curioso Record Club –con reconstrucciones ad hoc de varios títulos emblemáticos, y no tanto, de la historia del rock–, merece mención especial, por inusual, aquel Song Reader de 2012: una veintena de canciones nuevas publicadas, exclusivamente, como partituras (aunque posteriormente registradas por el Portland Cello Project con la colaboración de diferentes cantantes).

Con todos estos antecedentes, Morning Phase aterriza ahora en nuestros oídos reivindicando sin sonrojo su condición de pareja natural de Sea Change, casi de atemporal continuación. Y del mismo modo que la pregunta inevitable es si Beck pretende repetir la jugada de hace doce años, la respuesta, a la vista del resultado, es que el motivo da exactamente igual. Al güero le sobra tanto oficio como talento. Tanto, se diría, que si se le mete entre ceja y ceja sacarse de la manga un álbum sentido y majestuoso, le basta con ponerse a ello para no dejar ni un cabo suelto.

Y así, al margen de la sinceridad o necesidad de la operación, Morning Phase despliega desde su arranque, a lomos de los arreglos de cuerda de su padre, David Campbell –el mismo que firmó los de Sea Change–, una soberbia colección de canciones siempre mecidas en los medios tiempos, exuberantes en la variedad de matices armónicos –ríase de la polifonía coral del penúltimo rock barbudo norteamericano– y subyugante en la perfilada belleza de sus resplandecientes melodías.

Morning Phase no flojea; pese a su absoluta ausencia de prisa, jamas aminora el paso. Uno tras otro, sus trece cortes repiten la pirueta del más difícil todavía: conseguir desterrar la sensación de que lo que vendrá a continuación no podrá ser tan enorme, tan perfecto como lo que acabamos de dejar atrás. Y una vez terminado, persiste la necesidad de volver a escucharlo una y otra vez. ¿Se puede decir algo mejor?

Morning Phase se publica el próximo martes 25.

  • La_puntilla

    Estoy absolutamente de acuerdo. Disco sobresaliente y adictivo. Morning me mete en trance y luego es imposible salir. Lo he oido muchas veces y siempre hay algo que exprimir.

  • Juan

    El disco estupendo. Redondo de inicio a fin, si se pusiera en reproducción continua no se notaría donde empieza y donde acaba, pues se pierde la noción del tiempo y cada nota parece nueva. Merece muchas oídas tranquilas, y luego solo disfrutarlo. Beck no se había ido

  • losmierdas

    bonito, adictivo, perfectamente tramado, aspirante a los próximos Grammys, purutito mainstream… ay, pero ese Beck que arañaba con One Foot On The Grave e inventaba nuevos géneros con Mellow Gold, hace años que dejó de ocuparse de nuestras querencias… creo firmemente que algún día volverá a las raíces y algunos nos alegraremos

    saludos!

  • Blas Fernández

    Las estadísticas me cantan que han picado poco en el enlace del ‘Portland Cello Project Play Beck Hansen’s Song Reader’. Y les aseguro que merece la pena, sobre todo en las canciones con voces femeninas.

    ¡Y gracias a los comentaristas por sus opiniones!

  • losmierdas

    bueno, un servidor se ocupó en otro sitio de tan formidable proyecto:

    …trás pasarse mas de una década mecido por el star system musical norteamericano sin dejar de trabajar duramente a mayor gloria de las majors que lo han nutrido generosamente de panocha, beck ha decidido que se aburre… un niño malo como él, que en su genial adolescencia artística nos dejó el caleidoscópico rastro de sus travesuras para satisfacción de unos cuantos (pocos por aquí), ha lustrado su imaginación con un proyecto de rancio vanguardismo (toma oxímoron!), arriesgado en principio y a la postre genial… recuperando la vieja tradición de las sheets music, ha reunido sus últimas canciones en un “song reader” con letras y acordes, para que sean sus seguidores los que den forma musical a los temas… a tal efecto ha creado una web donde cualquiera puede colgar sus interpretaciones, aspirando a sus cinco minutos de gloria…

    …y ha sido un conjunto de cámara integrado por violonchelos, Portland Cello Projets , quién le ha recogido el guante y ha hecho del “Song Reader” de beck una formidable producción musical, en la que han invitado a varios cantantes y cantantas y otros instrumentistas de apoyo, para demostrar algo que no deja lugar a dudas… el impresionante talento como compositor del eterno (y consentido) adolescente, que despojado en este disco de su perfil genético como intérprete, ofrece a la enorme biblioteca de música popular iniciada a principios del siglo XX por compositores (Porter, Berlin, Gershwin), editores de sheets music y pioneros del registro musical, un legado de canciones intemporales, merecedoras de alcanzar tanta difusión y afecto del público como la de tantas creaciones de sus antecesores mencionados… algo que de ninguna manera va a suceder, por el ominoso estado de la cuestión en los tiempos que corren… porque definitivamente, aquella fue otra época y beck, con su acreditado olfato para intuir tendencias (y negocio) lo sabe de sobra… pero y lo que se divierte!

  • […] Reseña de Morning Phase. […]

  • Juanlu

    Yo tenía abandonado a Beck desde hace unos años. Gracias por motivarme a rescatarlo. Tras una escucha en deezer, me he ido (literalmente) corriendo a comprar el vinilo :)

    http://blogs.grupojoly.com/ventana-pop/wp-content/themes/tema_nuevo/images/btn_enviar.gif

  • Blas Fernández

    Me alegro, Juanlu. ¡Un abrazo!