“Me metí en la copla sin conocer casi nada y descubrí maravillas”

Blas Fernández | 3 de noviembre de 2014 a las 5:00

Foto: Jordi Musquera

Foto: Jordi Musquera

Entre otros trabajos, María Rodés (Barcelona, 1986) ya había editado dos discos con nombre propio antes de descolgarse a comienzos de este año con un álbum inesperado, María canta copla, en el que lleva a su terreno –rock de carácter intimista y con cierto gusto juguetón a la hora de experimentar con los sonidos– un imponente listado de clásicos del género. En breves fechas lo presenta en directo en Sevilla y Málaga.

–¿Cuál fue el origen de María canta copla?

–Hará como seis años, tenía la idea de grabar un disco de versiones de canciones que se hubieran hecho populares gracias a antiguas películas americanas y que me provocaban cierta nostalgia. Temas como Moon River o Qué será, será… Pero esa idea se me pasó, la olvidé. Al cabo de un tiempo, cuando me volvió a la cabeza, pensé en recuperar el proyecto, pero llevándolo al cine español. Llegué al Ay pena, penita pena de Lola Flores y terminé decidiendo hacerlo con copla. Empecé a escarbar y a investigar, a adaptarlas.

–¿Por qué? ¿Descubrió una mina?

–Había oído la canción de Lola Flores años antes, claro, pero no con atención. Cuando lo hice y me fijé en la letra, en su interpretación, cogí la guitarra e hice una adaptación casera. Me gustó el contraste de llevar a un plano más íntimo estas letras tan vividas y desgarradas. La idea me hizo gracia. Me metí en la copla sin conocer casi nada y fui descubriendo pequeñas joyas, maravillas. Y también canciones que no me gustaban tanto, claro.

–Es curioso: un género a menudo denostado a la ligera que experimenta una reivindicación permanente desde, al menos, la década de los 80…  

–No tenía controlado ese asunto, la verdad. Había escuchado algo de Concha Buika, que me pareció que tenía una supervoz, pero no conocía mucho de otros proyectos que hubieran versionado copla.

–¿Qué comentaron en su entorno musical cuando lo anunció?

–Bueno, se quedaron sorprendidos. “¿Pero en serio? ¿Versiones de copla?”. Supongo que luego lo fueron asimilando [risas]. Nadie esperaba que hiciera un disco de copla, así que la reacción fue de sorpresa.

–¿Prejuicios?

–Creo que la mayor parte de mis amigos o incluso de la gente de mi generación no sabía bien ni qué era la copla. Les sonaba, sí, pero nada más. Como yo misma. Hay una gran ignorancia respecto al género entre quienes no han tenido contacto con él a través de sus padres, quienes no lo han mamado desde pequeños. Ni siquiera van a poder distinguirlo de una ranchera o de un cuplé. Al menos a mi alrededor, hay una gran ignorancia al respecto.

–¿Y cuál fue la reacción cuando por fin lo escucharon?

–Creo que la sensación, al menos entre algunas personas, fue de “Ostras… La copla no me gustaba, pero así…”. Supongo que hago un poco de puente para gente que no le había prestado atención, quizás por el envoltorio, por la instrumentación que se hizo del género o por el dramatismo con el que suele cantarse.

–Y ahí descubren esos fantásticos originales, sus textos, sus arreglos…

-Sí. Yo flipé. Sobre todo con las grabaciones más antiguas, canciones cantadas por Imperio Argentina, como El día que nací yo. La versión de Imperio me parece preciosa, con unos arreglos inmejorables. Conecté mucho más con el material más antiguo. Y de las letras ya, no te digo… Es realmente un género que, al estar tan estigmatizado, pasa muy desapercibido si no ha estado presente en tu entorno familiar. Y es una pena, porque es una parte muy importante de nuestra cultura.

–Y, sobre todo en aquella época primeriza, establece una disciplina de trabajo en equipo luego casi inédita en la historia de la música popular española: grandes escritores trabajando codo con codo con compositores, arreglistas…

–Sí, esto también me llamó la atención. Esa división del trabajo no se ha perdido del todo, aunque ha quedado relegada al mainstream, al producto más comercial. Combinar el fuerte de cada artista era un acierto. Ahora tiene que hacerlo todo uno mismo, cuando puede que dividido saliera mejor.

–Cuando hablamos del ámbito musical independiente, el término repercusión siempre es relativo. Aun así, ¿la esperaba?

–La verdad es que no me esperaba nada. Yo lo hice así como un poco inconscientemente, y fue cuando lo terminé cuando me di cuenta de que había hecho un disco de copla. “Ostras, y si ahora se me echan encima…”. No me esperaba la repercusión, pero entiendo que al ser un disco de canciones que pueden tocar fibras nostálgicas pueda tener más cobertura que los anteriores. Entiendo que tenga algo más de proyección, pero no me esperaba nada.

–Incluso la pone en una situación un tanto difícil: y ahora, ¿qué?

–Ja, ja… Indiferente no te deja, no. Haré otro disco propio. Me encanta cantar y arreglar, pero también componer. Así que ya estoy trabajando en el nuevo disco.

–¿Se filtrará en él algo de lo aprendido?

–Seguro. De hecho, alguien ya me dijo el otro día de una nueva canción que sonaba a… ¡copla! Puede ser. A nivel armónico seguro que hay algunos guiños.

–¿Ha notado que haya cambiado el público de sus conciertos?

–El que venía antes sigue ahí, aunque a veces también me encuentro a gente más mayor que quizás piensa que voy a tocar coplas de verdad, en su estilo original. Me ha pasado, gente que viene un poco confusa, a ver qué hace ésta con las coplas… Y, sorprendentemente, les gusta. Es bonito cuando pasa, porque de alguna forma estás acercando a gente más joven, o de un gusto más alternativo, a un estilo tradicional, y a la vez, acercas a un estilo de música distinto a gente que no hubiera escuchado jamás mis discos anteriores. Está bien esa comunión.

–¿Y dónde ha quedado el proyecto de canciones del cine clásico americano? ¿Lo recuperará?

–No lo sé. Me cuesta un poco cantar en inglés, me siento extraña. Antes lo hacía, pero cuando empiezas a cantar en tu lengua, en catalán o en castellano, cuesta más oírte en idiomas que no son el tuyo. Al menos a mí me chirría un poco. Pero nunca se sabe, puede ser.

–No sé qué puede tener de coincidencia, pero en pleno auge del movimiento soberanista catalán, dos músicos catalanes de rock, usted con María canta copla y Jose Domingo con Almería, graban sendos discos con innegables raíces populares españolas…

–Supongo que coincidencia tampoco debe ser, pero no hay una intención política detrás. Soy bastante escéptica en este sentido, en cuanto al ámbito político, me refiero. No me decanto demasiado, estoy en un territorio un poco… extraño. Supongo que como mucha gente. En María canta copla también quise incluir temas en catalán. Cuando no tenía ni idea del asunto pensé que igual había coplas en catalán. Di con algún cuplé, pero no me gustó mucho, así que no lo metí. Para mí, el discurso de evitar los prejuicios, porque la cultura es libre, siempre está ahí. Al final es música, da igual de dónde sea. No hay una intención concreta, pero si te pones a analizarlo, seguro que algo tendrá que ver, aunque no sea algo consciente. Al menos en mi caso.

–Ya. Eso es justo lo que llama la atención, que no sea un mensaje concreto. Más bien, la constatación de la asimilación natural de una cultura compartida.

–Sí. Y también puede que haya por detrás una tendencia, en general, a llevar la contraria. Conociendo a Jose tampoco me extrañaría. “Ahora que todo el mundo dice esto, pues yo voy a hacer un disco así” [risas]. Es provocar un poco, pero sin posicionarse. Simplemente por cuestionar, porque sí.

María Rodés actúa el viernes 7 en Sevilla (Sala Malandar) y el sábado 8 en Málaga (Velvet Club).