“Es más interesante ir despacio que hacer un pacto con el diablo”

Blas Fernández | 12 de diciembre de 2014 a las 5:00

En la imagen, Daniel Alonso. / Foto: Juan Carlos Vázquez

En la imagen, Daniel Alonso. / Foto: Juan Carlos Vázquez

Desde la publicación en marzo de 2013 de De palmas y cacería, su tercer álbum, Pony Bravo ha ofrecido un total de 69 conciertos. Mañana sábado ponen punto final a tan larga gira con una fiesta especial en la Sala X. Tras su directo, y para completar la noche, proponen sesiones a cargo de Lencería Fina & Bruno Lomasso, Gaspar Hauser, Ylia Beat y Perla.

–Después de 69 conciertos con De palmas y cacería, ¿todavía les hace falta ensayar?

–La respuesta es sí, como a cualquier grupo. Para que fluya el sonido, el ritmo, hay que ensayar.

–¿Algún recuerdo destacado de esta larga gira?

–Hubo un concierto en Galicia al que vino a vernos Julián Hernández, de Siniestro Total, que nos dijo que le había encantado y se lo había pasado pipa. Nos hizo mucha ilusión. Había que verles la carita a Darío y Pablo. Bueno, y a mí… ¡A todos! Que venga alguien a quien admiras y que te diga que molas… La verdad es que cada vez que vamos a Galicia es especial.

–¿Y en festivales?

–Recuerdo con cariño el de las fiestas del barrio de Gràcia en Barcelona, con una programación que organiza la gente del Heliogàbal, un pequeño bar y sala de conciertos que hace cosas estupendas.  Actuamos con la Orquesta del Caballo Ganador, el grupo de improvisación que tiene la gente de Za! Fue muy bonito, con un público muy de barrio y variopinto.

–Ahora se retiran de los escenarios para comenzar a trabajar en su cuarto disco. ¿Escucharemos algún tema nuevo en el concierto de mañana?

–No. El material nuevo aún está verde y no queremos enseñarlo. Queremos que este concierto sirva para despedirnos del repertorio de De palmas y cacería y concentrarnos ya en el nuevo.

–A diferencia de lo que ocurrió con los dos discos anteriores, con éste no han salido fuera de España. ¿Qué impresiones les llegan desde Hispanoamérica?

–A veces creo que hay algo de mitología entre grupos y mánagers: que si se puede ganar dinero, que si es una gran oportunidad… Nosotros nos quedamos con la experiencia de grupos amigos, que han ido allí en plan humilde y se han traído un bonito recuerdo. Desde luego, hay mucho público. Y si te fijas en el underground, un panorama musical cada vez más interesante.

–Se lo preguntaba porque pudiera dar la impresión, trabajando como trabajan, apostando por la autogestión y la edición de sus discos a través de licencias Creative Commons, de que hubieran llegado a tocar un cierto techo…

–Bueno, nunca hemos conectado con la manera de trabajar de las multinacionales y las grandes agencias de comunicación. Y tampoco nos ha llegado ninguna oferta, así que todo eso resulta demasiado utópico para mí. Tú le dices a una multinacional que editas con Creative Commons y lo flipan en colores. Para nosotros siempre ha sido más interesante ir despacio que hacer un pacto con el diablo. Sabemos por experiencia que es muy importante que la gente que te rodea en la gestión comparta tu filosofía. Además, dudo de que Pony Bravo pueda funcionar a un nivel masivo. Sí es cierto que a nuestros conciertos viene más público de lo normal y estamos muy contentos con eso, pero no estamos ganando ningún dineral.

–Pese a que, por ejemplo, la explotación comercial de Carmina o revienta, la primera película de Paco León, cuya banda sonora firmaron, les ha generado decenas de miles de euros en derechos de autor. Derechos retenidos por SGAE que, hasta la fecha, no han podido cobrar por no ser socios…

–Ahí estamos todavía, peleando para cobrar, pero ya sabemos cómo funciona SGAE. Nosotros no queremos ser socios de una organización así hasta que se limpie, pero es que también hay casos de gente que sí está asociada y tampoco está cobrando. Parece que tiene una deuda tan grande a partir de aquello de la red Arteria y el caso de corrupción que ni siquiera saben cuándo pagarán. Podemos hacer algunos cálculos, pero no sabemos ni cuánto nos tienen retenido. La opacidad, la falta de transparencia, es brutal en SGAE. Creo que no lo saben ni ellos. Unas veces te dicen que las cantidades están ahí y que se va a cobrar todo y otras que no se sabe. Pero vamos a seguir luchando. Cada vez hay más grupos que lo hacen, y creo que a poco que sigamos vamos a conseguir que SGAE se limpie y convierta en un organismo público. O en lo que haga falta, pero que sea transparente para todos y no se quede con el dinero de nadie. En una época en la que hacemos la declaración de la renta por internet y compramos online, ¿es normal que después de los conciertos todavía venga el tipo de la SGAE con un papel para que apuntes a mano los títulos de las canciones que has tocado?

Darío del Moral, Javier Rivera, Pablo Peña y Daniel Alonso: Pony Bravo. / Foto: Celia Macías

Darío del Moral, Javier Rivera, Pablo Peña y Daniel Alonso: Pony Bravo. / Foto: Celia Macías

De palmas y cacería fue el disco más político de Pony Bravo. Desde su edición, lejos de mejorar, la situación social ha empeorado. ¿Qué cabe esperar entonces de las nuevas letras?

–Sí, visto hoy, parece que De palmas y cacería se quedaba corto… Entre un disco y otro siempre hay algo de continuismo, pero con las letras nuevas estoy intentando darnos un poco de caña a nosotros mismos. La sátira política está bien, hay que señalar a los malos y ya es relativamente fácil hacerlo; pero todos somos un poco malos también. Bancos, políticos… Esos son los malos clásicos. Pero todavía hay mucho campo abierto, así que vamos a intentar apuntar para otro sitio. Y en realidad, la letra se termina con la música: hasta que no tiene música, no se clava el significado.

–¿Por dónde irá la música? ¿Continuarán, por ejemplo, aquellas exploraciones flamencas presentes en canciones como Turista, ven a Sevilla?

–Pues tenemos muchas ganas y estamos trabajando ya con gente distinta. En ese sentido, hay mucho por hacer y además es muy divertido. Creo que en toda España se ha asentado la importancia que el rock andaluz tuvo en cierta época, con esos grupos de referencia de los que siempre hablamos. Pero queda trabajo, incluso invisible. Hace poco hablaba con un amigo sobre Guadalupe Plata: en los temas que tienen en castellano, de pronto te acuerdas de aquella antorcha del blues flamenco que encendió Pata Negra. Ves ahora un concierto de Guadalupe y te das cuenta de que con el tiempo pueden llegar a eso, pero que no ha habido nadie que recogiera ese testigo. Incluso los propios grupos andaluces a veces hemos dicho ufff, no… O por la complejidad que tenía hacerlo, porque no es música fácil de hacer, o por inseguridad o por complejos. En los 90 parecía que nos daba miedo sacar el acento. De hecho, sigue pasando. El acento andaluz genera rollos extraños en otras zonas de España. Pero más que trabajar sobre el flamenco, lo que nos interesa es trabajar sobre la cultura que nos rodea. El flamenco es una parte, pero hay otras muchas cosas importantes. A ver qué sale.

–Hablando de Turista, ven a Sevilla, ¿qué sensación le provoca contemplar hoy la ciudad convertida en una suerte de extensión navideña de la Calle del Infierno?

–A mí, este rollo del emperifollamiento de Sevilla siempre me ha hecho gracia. Creo que está muy mal hecho, pero tenemos a esa parte de la población, más conservadora, la que igual que hace 200 años tiene sus negocios y su poderío, que ha conseguido organizarse mucho mejor que la gente normal. ¿Ve lo que ha ocurrido con el funeral de la Duquesa de Alba? La imagen que se ha dado me provoca vergüenza.

–Es llamativo, porque las estimaciones municipales apuntaban el paso de unos 70.000 sevillanos por la capilla ardiente. Eso vendría a representar un 10% de la población de la ciudad, que sin embargo proyecta en los medios una imagen de totalidad.

–Sí, es como una especie de proceso que va esculpiendo la imagen de Sevilla. Llevamos décadas y décadas de capillitas y de conservadurismo. Le tengo un cariño increíble a los pijos y me río con ellos. Somos primos hermanos. Pero no se tiene en cuenta que el modelo social de la ciudad está cambiando, que está despertando e intentando apoyar cosas más interesantes. Desde el Ayuntamiento, sin embargo, nos han metido en este modelo que para mí tiene un punto walking dead: el de una ciudad zombi. Es como con el fútbol, que hay todos los días. Pues Semana Santa, igual.

–Y mientras tanto, nos encontramos con una escena musical local exultante, que este año nos deja una cosecha fantástica…

–Cada año veo más grupos interesantes y que además están trabajando, luchando. Como decía antes, el conservadurismo crece, pero también lo hacen otro tipo de propuestas. No es sólo que los discos estén muy bien, sino que además la gente tiene ya muy buen nivel de organización para montar proyectos o espectáculos. Me refiero, por ejemplo, al trabajo que hace La Suite con Nocturama, o a las cosas que está editando la gente de Knockturne Records… La gestión cultural underground siempre ha sido un caos, pero ahora está a otro nivel: las cosas se organizan bien y funcionan, aunque no ganes mucha pasta. Pero además, no creo que esté pasando sólo en Sevilla. En realidad, están apareciendo buenos grupos por todos lados. Te fijas en los festivales, en los que sería normal que llamasen a grupos con un mayor tirón comercial, y al menos la mitad de su programación está formada por grupos arriesgados. Es cierto que en Sevilla, y cada vez más, la gente se ha puesto las pilas, porque o lo haces tú o no lo hace nadie, pero es general, está pasando en otras ciudades. Se nota mucho nivel.

Manuel León, pintor vinculado a Pony Bravo desde sus orígenes, presenta ahora una exposición en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Usted ha desarrollado una amplia obra gráfica, sobre todo en cartelería, que ya fue parcialmente expuesta la pasada primavera en Séte (Francia) dentro de la muestra colectiva Fin de fiesta à Séville, comisariada por Curro González. ¿No hay visos de exponer en su propia ciudad?

–Bueno, han salido algunas ofertillas, pero lo que me apetecía en estos años era acumular esa obra y tomarme en serio lo de exponer. Quería tener un fondo más trabajado. Para este año quiero hacerlo, una exposición que reúna todo lo hecho durante este tiempo.

–Como usted mismo dice, “siempre hay proyectos alrededor del Pony que valen la pena, aunque se gane menos”.

–Sí. Ahora estoy trabajando en la producción del nuevo disco de Niño de Elche. Y además, estoy colaborando con el bailarín Juan Luis Matilla en un solo, Boh, un espectáculo nuevo de Mopa Danza que se estrenará en el Teatro Central en enero. Es el tipo de colaboración que siempre he hecho con la compañía: ideas, algo de música, vídeo, diseño… Somos un equipo, y ahí andamos, montándolo.


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