Como en un libro abierto

Blas Fernández | 15 de febrero de 2015 a las 5:00

jose_gonzalez_blog
vestiges_claws_blogVestiges & Claws. José González. Mute. Folk / Rock. LP / CD / DD.

Vestiges & Claws, tercer trabajo firmado con nombre propio por el sueco de ascendencia argentina José González, llega por fin al mercado. Lo hace en un llamativo contexto, tras un prolongado periodo en el que, sin abandonar los directos ni la participación en empresas ajenas –This Is How We Walk On The Moon, su aportación en Master Mix, el homenaje a Arthur Russell publicado por Red Hot el pasado 2014, es otra de esas maravillas que nuestro hombre dispersa al viento–, González se dedicó, al menos en el plano discográfico, a revitalizar y proyectar el trabajo del grupo en el que dio sus primeros pasos, Junip.

Como parte de aquel trío, completado por el baterista Elías Araya y el teclista Tobia Winterkorn, mantuvo presencia y pujanza gracias a dos discos destacados, Fields (2010) y el homónimo Junip (2013), álbumes en los que su particular concepción de un folk-rock de trazas europeas, por más que en él se colaran otras reconocidas influencias geográficas, exhalaba un sutil pero innegable aroma krautrock.

Han transcurrido pues nada menos que siete años desde su segunda entrega en solitario, aquel fenomenal In Our Nature (2007) que lo consagró como una figura absolutamente singular, identificable a la primera, deudora de cierta tradición de cantautores apegada al rock –la alargada sombra del gigante Nick Drake…–, pero a la vez dotada de un intransferible sello personal, de una musicalidad propia.

Tanto en Veneer (2003) como en el mencionado In Our Nature  había conseguido González semejante proeza desde unos presupuestos sonoros significativamente austeros, fiando a la voz, a la guitarra española y a las ocasionales percusiones, salvo contadas excepciones, un completo protagonismo y una difícil responsabilidad: equilibrar el peso entre sus brillantes, sentidos y reflexivos textos y una base sonora a la altura.

Aquella celebrada austeridad formal –en el fondo, y ahí reside la paradoja, de una riquísima exuberancia armónica– también presidió los discos de Junip, pero con una diferencia fundamental: los teclados de Winterkorn y la batería de Araya proporcionaban arreglos inéditos, un ropaje sonoro distinto. No obstante, el sello del cantante y magistral guitarrista se hacía tan evidente que uno no podía evitar preguntarse si Junip, pese a la colorida aportación de sus compañeros, no era sino el mismo José González de los discos en solitario, sólo que arropado por un mayor arsenal instrumental.

“Pensaba que quería seguir con el mismo estilo minimalista de mis dos discos anteriores, pero cuando comencé a grabar pronto me di cuenta de que la mayoría de las canciones quedaba mejor con guitarras añadidas, una percusión más rítmica y más coros”, explica el músico en la web del sello Mute, dejándonos la pista de una de las claves de este nuevo disco, felizmente continuista en los modos y en la excelencia de la propuesta, pero también levemente distinto en el enfoque sonoro.

Producido por el propio González y grabado a caballo entre su casa y un estudio en su Gotemburgo natal, en Vestiges & Claws no renuncia González al carácter eminentemente acústico –entiéndase: no eléctrico– de los instrumentos utilizados, que vuelven a ser pocos, pero los dobla cuando lo considera necesario; juega con los coros cuando lo ve oportuno y no renuncia ahora a detalles que antes se ahorraba –la flauta en The Forest, el robusto bajo acústico en Let It Carry You…–.

El componente rítmico merece mención aparte, y no sólo, que también, por potenciarlo desde las percusiones. En José González el ritmo está en la guitarra, en esa manera de pulsar las cuerdas, y ya se ha apuntado en otras ocasiones, que remite a la escuela africana, más presente aún aquí que en sus discos anteriores, patente y palpable en canciones como Stories We Build, Stories We Tell y What Will, con filigranas y requiebros propios de la música gnawa y de los ancestros malienses del blues.

Escucharlo mientras se adentra por esos vericuetos se convierte en uno de los grandes atractivos del disco. Aunque claro, hay más: aquí está también el González hacedor de grandes canciones, imponente en la solemnidad de Every Age y cercano y contagioso en la irresistible Leaf Off / The Cave; el tipo que se expone y ya, al final del álbum, en la preciosa Open Book, confiesa la duda desde la que en justicia debiera partir cualquier acto creativo: I feel just like an open book / Exposing myself in this neighborhood / Talkin’ to people as if I knew them well / Thinking that everyone has gone through different kinds of hell. Huelga decir que el vecindario, y con él todos sus infiernos, le dispensa una vez más una calurosa y merecida bienvenida.

PD: Mención aparte merecen también sus colaboraciones con el realizador Mikel Cee Karlsson, que tras los inquietantes videoclips para Junip nos deja ahora esta maravilla…