“Nos movemos entre el asombro y el agradecimiento a nuestros seguidores”

Blas Fernández | 20 de noviembre de 2015 a las 7:02

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En mayo de 1996, la banda de rock granadina 091 ponía punto final a una trayectoria de 14 años jalonada con varios discos emblemáticos e imprescindibles para la historia del rock español. Tras dos décadas de pétrea resistencia frente una posible reunión, el pasado 29 de octubre se anunciaba oficialmente lo que ya parecía un secreto a voces: la última formación del grupo -José Ignacio y Víctor Lapido a la guitarras; José Antonio García a la voz; Tacho González a la batería y Jacinto Ríos al bajo- volverá el próximo año para protagonizar Maniobra de resurrección, una larga gira nacional en la que emplearán todo 2016 y de la que ya se han desvelado las primeras fechas andaluzas: 8 y 9 de abril en la Sala Custom de Sevilla y, a falta aún de confirmación, en el Festival de la Guitarra de Córdoba en julio. El que fuera guitarrista, letrista y compositor del grupo, José Ignacio Lapido, responsable de una posterior y sólida discografía en solitario, habla de este retorno.

–¿Qué oferta les han hecho que no han podido rechazar?

–Ja, ja, ja… Nos han puesto la cabeza ensangrentada de un caballo jerezano bajo las sábanas de raso… Bueno, en realidad se han juntado varios factores, no ha sido sólo una oferta. Nos fueron llegando varias, de manera cíclica, durante todos estos años, tentativas de reunir a la banda que siempre rechazamos. Pero ahora se unían varias circunstancias: ya no éramos tan reacios a hacerlo como años atrás; se acerca el vigésimo aniversario de la despedida, y ese extraño influjo de las efemérides y los números redondos también hace que te replantees las cosas; y, por último, había varias propuestas importantes a nivel profesional. Nos hemos quedado con la más interesante. Aparte, claro, está ese entrecomillado clamor popular… Entrecomillado pero real, la verdad. O lo hacíamos ahora o no lo hacíamos ya nunca más. Así que a modo de celebración del vigésimo aniversario, nos hemos lanzado.

–¿Pero por qué tanta resistencia a una reunión a lo largo de estas dos décadas?

–Yo puedo hablar por mí. Cuando nos despedimos en el 96 di por cerrado el tema y no le veía sentido retomarlo, y aún menos poco tiempo después. Han tenido que pasar veinte años para que esto suceda. Yo ya había empezado mi carrera en solitario en el 99 y, poco a poco, he ido manteniéndola, sacando discos. Así que, para mí, aquello era agua pasada. Sentido creativo o artístico no le veía. Esto es algo especial. La palabra es celebración, como unos antiguos amigos dándose una fiesta y ofreciéndosela al público. Algo así.

–Los primeros rumores sobre la vuelta del grupo circularon ya antes del verano. Lo han llevado con discreción…

–Había propuestas anteriores, pero la de Riff Music, que es la que aceptamos, comenzó a fraguarse la pasada primavera. Ya que te decides a hacerlo, estudias las diferentes ofertas para hacerlo bien. No vas a volver 20 años después en plan amateur, sino con todas las garantías profesionales. En eso hemos estado todo este tiempo.

–¿Cómo ha sido la relación entre los miembros de la banda durante estas dos décadas?

–Nosotros no lo dejamos por desavenencias personales. Tacho es mi cuñado; Víctor, mi hermano… Así que la relación ha sido prácticamente familiar. Yo seguí mi carrera. Tacho se dedicó al mundo audiovisual, y ahí estuve yo precisamente trabajando con él durante muchos años. Jacinto también se metió en el mundo de la televisión y trabaja en una cadena local. Y José Antonio ha tenido sus escarceos musicales, una carrera intermitente con diversas formaciones. Nuestra relación ha sido cordial, de vernos habitualmente. Creo que ninguno pensaba que esto fuera a suceder. Nos tenemos por tipos serios, y cuando dijimos que el del 96 era el último concierto, en realidad era el último. Espero que se nos pueda perdonar que 20 años después hayamos dado un paso atrás en esa firmeza.

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–Anfiteatro de Maracena, 16 y 17 de mayo de 1996… ¿Qué recuerdos guarda de aquellos últimos conciertos?

–El recuerdo que tengo del último día en los camerinos es ver a un montón de gente llorando. Es cierto, no exagero. Todo el mundo derramando su lágrima por el final. Lo vi un poco como una escena propia de La casa de Bernarda Alba… Son recuerdos entrañables, sobre todo porque había dos personas que ya no están, mi hermano Javier y Fonfi, nuestro técnico de sonido de toda la vida. Ellos siempre estuvieron allí y ahora no lo harán, así que esta gira también es un homenaje a ellos.

–Recientemente, al reseñar en Granada Hoy la trayectoria de 091 con motivo de esta Maniobra de resurrección, el crítico Enrique Novi recordaba cuánto le debe la música granadina a su hermano Javier…

–Y tenía razón. Cuando nosotros empezamos en el año 82, las infraestructuras musicales profesionales en Granada eran de aquella manera. Luego han existido muchos profesionales que fueron por su cuenta, pero el hecho de que nosotros saliéramos fuera a tocar, que los equipos de sonido y las contrataciones se fueran profesionalizando… Todo aquello surgió de la oficina de Javier y Paco Ramírez, Musiserv, que creció hasta convertirse en una de las más importantes, capaz de traer giras muy grandes a Granada y a toda Andalucía.

–Un infiltrado en los ensayos de su retorno me comentaba “era como si hubieran estado tocando la noche anterior”.

–Je, je, je… Bueno… La verdad es que le estamos poniendo empeño y toda la energía que tenemos para que sea así: retomar la que teníamos hace 20 años, pero quizás con más sabiduría, la adquirida durante este tiempo.

–Supongo que no a todos les va a costar lo mismo. Usted, en solitario, y su hermano Víctor, con el Grupo de Expertos Solynieve, han seguido en activo, pero el resto…

–Las dudas se despejaron en esos primeros ensayos. Todos teníamos nuestros temores apriorísticos, pero como dice Tacho, “parece que ese repertorio, de tanto tocarlo y ensayarlo en aquellos tiempos, se nos fijó en el ADN”. Aunque todavía tenemos que trabajar duro hasta el primer concierto, no nos ha costado tanto como en un principio nos pudiera parecer.

–Con Maniobra de resurrección vuelve la última formación de 091. ¿No habrá apariciones sorpresa de antiguos integrantes, como Antonio Arias, Paco Cabello o Ángel Doblas?

–Es algo que, la verdad, aún tenemos que estudiar. Los acontecimientos se están sucediendo con tanta rapidez que no nos lo hemos planteado. Es una posibilidad. Sería bonito. Por la banda han pasado, sobre todo, bajistas. Ha sido un vivero de bajistas desde que Antonio se fue.

–El clamor popular al que antes aludía está contrastado: las primera entradas de Maniobra de resurrección en ponerse a la venta el pasado día 9, las de Madrid los días 11 y 12 de marzo, se agotaron en 30 minutos. Sumaron una tercera fecha y el papel, de nuevo, voló… “Abrumados”, se declaraban en Twitter…

–La verdad es que sí: es la palabra correcta. Abrumados, sorprendidos… Uno pone sus esperanzas en algo, pero la realidad es la que es. Cuando haces esto te preguntas quién se acordará de una banda que desapareció hace 20 años. De alguna manera estás prevenido frente a lo que pueda ocurrir, pero no estábamos preparados para una aceptación tan radical. Lo que sucedió ese día fue sorprendente. Nos movemos entre el asombro y el agradecimiento a nuestros seguidores.

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Abrir el baúl de los recuerdos conlleva una carga emocional profunda…

–Sí, sobre todo por volver a tocar canciones de hace veinte años. Incluso algunas que no estaban en el repertorio de la última gira y son aún más antiguas. Quieras o no, la música tiene ese poder de traerte de vuelta vivencias, sentimientos y recuerdos que tenías olvidados desde hace mucho tiempo. Para nosotros, entre otras cosas, está siendo muy gratificante el hecho de retomar esas canciones y comprobar que el tiempo ha sido benévolo con ellas: mantienen la energía y su mensaje es plenamente actual.

Maniobra de resurrección se anuncia como una gira con principio y fin en 2016. ¿Habrá nuevo disco? ¿Un documental quizás?

–La idea de un disco y de un documental está abierta, pero un disco con canciones nuevas en estudio… Eso no. Supongo que grabaremos conciertos y cuando vaya avanzando la gira tomaremos decisiones al respecto. Creo que sería una locura no documentar todo esto.

El mercado es caprichoso, el tiempo no. ¿Le hizo el tiempo justicia a 091?

–El concepto de justicia poética es tan relativo… Nunca pretendimos que se nos hiciera justicia. Vivimos una época concreta, tuvimos la suerte comercial que tuvimos y lo aceptamos. Partíamos de unos presupuestos artísticos que quizás no se ajustaban al gusto mayoritario de la gente que consumía música durante el tiempo que estuvimos en activo…

Ni al de ahora…

–No, ja, ja… Desde luego, pero en eso mejor ni entramos… Nos mantuvimos firmes en esa postura de primar siempre el sentido artístico de nuestra carrera. Y quizás sea eso lo que ha hecho que, pasado el tiempo, se valore nuestra actitud. Entonces no nos dio grandes réditos y está por ver qué pasara ahora, pero las primera impresiones parece que van por ahí.

La coherencia que mostró 091, incluso con su despedida, y la discografía que dejaron tuvo otra curiosa consecuencia colateral: se convirtieron en uno de los grupos más respetados por otro músicos.

–Sí. A lo largo de todos estos años hibernando he tenido la oportunidad de hablar con muchos músicos y de leer declaraciones en las que se hablaba generosamente de nosotros. Ante eso sólo cabe el agradecimiento. Nosotros, como ya he dicho, no hacíamos música para nadie en concreto; queríamos hacer música que aportara algo. Y si eso lo pudimos transmitir a los profesionales de esto, pues doblemente satisfechos. Es muy emocionante ver que compañeros de profesión reconocen que hiciste algo de valor.

Ocho discos en 14 años editados por cuatro sellos diferentes: DRO, Zafiro, Polygram, Big Bang… ¿Fue ésa una relación difícil?

–Sí, un poco… Fueron cuatro compañía distintas en las que repartimos nuestra discografía, y eso hizo que haya estado perdida durante tanto tiempo. Muchos de nuestros discos llevan décadas descatalogados. Hay gente que no nos conoció en aquella época por una cuestión puramente generacional y que ha ido buscando, encontrándolos en tiendas de segunda mano. Ahora, con internet, ya no hay ese problema. Pero es curioso: si te gusta un grupo de los años 60 seguro que tienes disponible una reedición que puedes conseguir. Lo nuestro era casi misión imposible puesto que los discos no existían físicamente.

lapido_n2Sólo se reeditaron Cementerio de automóviles (1984), Todo lo que vendrá después (1995) y Último concierto (1996). Eso dejó en el limbo piezas claves del rock español de los 80 y 90, como Más de cien lobos (1986) o Tormentas imaginarias (1993).

–Se hicieron también algunas recopilaciones un tanto extrañas, chapuceras. Pero creo que eso, ahora, lo vamos a solucionar. Ya hemos tenido conversaciones con las distintas compañías que editaron nuestro catálogo en su momento y parece que tienen interés en hacerlo bien de una vez por todas. En principio la gira iba a comenzar en marzo y luego se adelantó a enero con el concierto del festival Actual de Logroño, pero creo que para los conciertos de Madrid, si todo va como debe de ir, tendremos el catálogo completo reeditado en vinilo y en CD.

Pues no habrá sido fácil rastrear los masters. Algunas de esas compañías ya no existen…

–Zafiro desapareció a principios de los 90 absorbida por BMG Ariola, que a su vez, años después, fue absorbida por Sony. Todo el catálogo de aquellas compañías fue a parar a un almacén en Alemania, que  yo me imagino como un depósito de residuos radioactivos o algo así, con la cantidad de discos que debe de haber. Pero sí, deben de estar allí. Los alemanes son gente seria.

Bueno, no sé qué decirle. Piense en Volkswagen…

–Sí… Ja, ja… Son muy metódicos: para lo bueno y para lo malo.

Esos discos no han estado disponibles ni siquiera en las plataformas de streaming… En su calidad de consejero territorial de SGAE, ¿se lo reprocharía a quien se los haya bajado?

–Hombre, yo se lo reprocharía a quien los ha puesto sin el permiso de los dueños de esas grabaciones para sacar él un beneficio.

Pero los discos de 091 no están, por lo general, en ese tipo de páginas fraudulentas cargadas de publicidad, sino en blogs de fans

–Los míos como Lapido, que sí tienen dueño y sí están editados, sí están en esas páginas. Y no están ahí por filantropía o por un acceso universal a la cultura, sino para sacar un rédito. Eso es innegable.

Ya. Pero insisto: le pregunto por el caso concreto de 091, con discos ni reeditados ni disponibles en streaming. Imagine a un tipo de 20 años que quiere escuchar a 091, no encuentra sus discos en ninguna tienda ni en ninguna plataforma y se los baja. ¿Es reprochable?

–Yo no lo hago, desde luego, pero tampoco tengo autoridad moral para reprochárselo a nadie individualmente. Aunque sí, repito, a la gente que lo hace para explotar económicamente algo que no le pertenece. El caso de 091 es singular. Lo habitual es lo contrario: sacas un disco que te ha costado una pasta y el mismo día que lo estrenas ya está en internet. Desde luego, creo que lo que ya no existe es ese interés por acaparar millones de archivos sonoros. Lo de Spotify es otro robo a gran escala, pero en el que estás o no existes. Al final, una de las consecuencias indeseables de todo esto es que se ha perdido la capacidad de discernir entre lo que suena mal y lo que suena bien, porque todo suena horrible. Para mí, es el sonido del remordimiento: te has rodeado de profesionales para conseguir el mejor sonido posible y luego se oye en unos altavoces de juguete con una compresión infame. El signo de los tiempos…