“Nos dijimos que, si había ganas de Maga, tendríamos que redoblar el esfuerzo”

Blas Fernández | 23 de febrero de 2017 a las 5:00

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Tras trece años en activo y cinco álbumes, la banda sevillana Maga anunciaba a finales del pasado 2014 que echaba el freno. Los cuatro integrantes de la formación -en aquel momento, Miguel Rivera y Javier Vega, ambos presentes desde el principio, Pablo Cabra y César Díaz–se embarcaron entonces en proyectos dispares que aventuraban un adiós definitivo. Sin embargo, apenas un año después el grupo tomaba como excusa el XV aniversario de la publicación de su celebrado álbum blanco (2002) para protagonizar un retorno triunfal: edición de una nueva versión del disco con numerosos invitados -Iván Ferreiro, The New Raemon, Xoel López, Zahara, Carmen Boza…-, sendos conciertos con localidades agotadas en la sala madrileña Joy Eslava, festivales en liza por llevarse al gato al agua y, finalmente, despedida de la gira en el Teatro Central de Sevilla, el pasado mes de enero, de nuevo con todo el papel vendido. “No nos lo esperábamos -explica Miguel-. Sí que pensábamos que habría cierta expectación con nuestra vuelta, o al menos lo deseábamos, pero nos sobrepasó por completo”.

Tan inesperado entonces el regreso como su repercusión, que prolonga ahora la historia de Maga con la aparición, este viernes, de Salto horizontal, un álbum deslumbrante, el primero con nuevas canciones en seis años, que certifica la idoneidad de tomarse vacaciones de uno mismo. “Cuando anunciamos el parón ya llevábamos inactivos año y medio -prosigue Miguel–. En ese momento sentíamos que el grupo necesitaba urgentemente parar. Teníamos que ser honestos con nuestros seguidores y lo dijimos así: Maga no va a seguir, al menos por ahora. No queríamos cerrar todas las puertas, pero sí que la gente lo supiera. Ese año en barbecho nos permitió probar otros proyectos, oxigenarnos e incluso, a nivel personal, perdernos de vista”.

No por mucho tiempo. Seis meses después de la despedida, Pablo y Javier, como bajista y baterista de Sr. Chinarro, y Miguel, como guitarrista de Xoel López, coincidían en el malagueño festival Ojeando. “Y allí ya nos pusimos a hablar de que había ganas -recuerda Javier-. Ahí surgió la idea de celebrar el aniversario del álbum blanco con un montón de gente a la que le apetecía cantar esas canciones, que habían sido importantes para ellos. Era una manera de volver a vernos las caras sin la presión de tener que componer de nuevo. Y, desde luego, que esos conciertos funcionaran tan bien nos provocó un subidón”.

maga_2En realidad, las canciones de 15º Aniversario -“actualizaciones”, las llaman ellos- estaban grabadas desde 2013, pero una disputa con el sello propietario de los derechos del álbum original impidió entonces su lanzamiento. Renegociado el asunto, se convertía en la percha perfecta para justificar la gira y, al mismo tiempo, motivar a los integrantes del grupo para seguir adelante. “Cuando tocamos en la Joy ya estábamos trabajando en Salto horizontal –comenta Javier-. Nos dijimos que si había ganas de Maga, tendríamos que redoblar el esfuerzo. No sólo teníamos que hacer un disco que nos gustara mucho, sino que hiciera que mereciera la pena todo el esfuerzo. Así que nos centramos en ello y nos pusimos a saco”.

“También nos dijimos que lo del aniversario estaba muy bien, pero que lo importante era que Maga volvía porque tenía cosas que contar -afirma Miguel-. Era fácil que se perdiera ese mensaje y pareciera que volvíamos para darnos un baño de multitudes o para hacer caja”.

Salto horizontal suena a Maga, pero también suena distinto. Miguel y Javier señalan al productor, Ángel Luján, tras los controles con Vetusta Morla, Anni B. Sweet y Xoel López, entre otros. “Nunca habíamos trabajado con un productor y nos apetecía tener esa experiencia”, dice el primero. El segundo, matiza. “Hombre, con Jordi Gil, pero no en el sentido de un productor que trabaja contigo las canciones desde tres meses antes de grabarlas, que trasciende al apartado meramente técnico. Ángel tenía la visión de cómo iba a ser el disco desde meses antes. En cualquier caso eso era justo lo que andábamos persiguiendo. Teníamos unas señas de identidad que habíamos construido durante estos quince años, que nos gustaban y que queríamos mantener, pero sin repetirnos, sin cansarnos. No queríamos hacer un disco que pudiera ser de hace diez años. Ángel nos decía que Maga tiene cosas estupendas que había que mantener, que no debíamos hacer un disco difícil, complicado o alejado de esas señas de identidad, porque a la gente le gusta el grupo como es. Así que había que mantener el equilibrio y hacer algo nuevo sin olvidar lo bueno que ya habíamos hecho”.

“También nos hizo recuperar cosas que habíamos desechado, ciertos giros en la voz, el uso de la electrónica… –dice Miguel-. En el 2008 odiábamos todo lo que habíamos hecho en 2001, queríamos guitarras, crudeza… Ángel nos hizo ver que si a la gente le gusta eso de Maga, ¿por qué íbamos a abandonar esas señas de identidad? Pero esas cosas había que llevarlas a un sonido actual, había que conseguir que Maga sonara como un grupo actual sin que perdiera su esencia”.

El resultado de tan arriesgada apuesta –”un acto de fe”, bromea Miguel- deviene en acierto y nada contracorriente del habitual control total reclamado desde la escena independiente. “A ver, no es que vayamos a darle al público lo que espera escuchar, porque lo que va a escuchar son nuestras canciones –defiende Javier-, pero con un envoltorio, con una producción actualizada. Quizás eso las haga más asequibles al oyente de hoy, pero siguen siendo nuestras canciones”.

Las fotografías que ilustran esta entrevista son obra de Juan Carlos Vázquez.

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