Archivo de autor

Nuevo ‘microsite’ de La Ventana Pop

Blas Fernández | 15 de junio de 2018 a las 10:44

banner_lvp

A partir de ahora puede seguir las nuevas entregas del blog y del podcast de La Ventana Pop en esta dirección.

“Cuando me dedico a una cosa me gusta tomármela en serio”

Blas Fernández | 7 de junio de 2018 a las 5:00

Víctor Lapido, fotografiado por José Antonio Modelo.

Víctor Lapido, fotografiado por José Antonio Modelo.

“En directo somos nueve en total. En el disco hemos tocado ocho. Son músicos muy jóvenes de aquí, de bandas nuevas. Hay un trío de cuerda, Cosmotrío, que ya ha colaborado con mucha gente, con Los Planetas y más grupos de la escena local. También está Mafo, el batería de Pájaro Jack, y un bajista muy bueno que toca en Elemento Deserto, Dani Levy. De ese mismo grupo sale también el guitarrista Tony Molina, que aunque no ha tocado en el disco sí viene en el directo. Además llevamos un lapsteel, que toca Ángel Galera, y el teclista es David Montañés. Prometo que a partir de ahora ya no entrará nadie más, si acaso irán saliendo”, bromea el veterano músico Víctor Lapido, quien tras una larga carrera como guitarrista en 091, Lagartija Nick y Grupo de Expertos Solynieve, también durante tres décadas vinculado a uno de los espacios musicales emblemáticos de Granada, el Ruido Rosa, debuta ahora con proyecto propio, El Hijo Ingobernable, y un gozoso miniálbum, de tonos ácidamente folkies, publicado exclusivamente en vinilo y descarga digital, De mis soledades vengo. Este viernes lo presenta en directo.

-Llama la atención que con su experiencia y contactos haya recurrido a músicos jóvenes…

-A los conciertos en el Ruido Rosa siempre han acudido bandas emergentes de la ciudad. Ha sido casi el primer sitio que pisaban. Y ahí fui descubriendo a muchos grupos y, en concreto, a muchos músicos que me gustaban y a los que les preguntaba si se apuntaban. Fue como un casting, pero sin planearlo.

-¿Dejó ya el Ruido Rosa?

-Sí, lo traspasé. No me dejaron seguir haciendo conciertos y decidí que hasta ahí habíamos llegado. Para mí eso era parte fundamental. No fueron problemas con los vecinos, pero el Ayuntamiento se puso en un plan… Tenemos una ley autonómica que no sólo no permite los conciertos, sino tampoco que haya un mago o un monólogo.

-En su día le pregunté a su hermano José Ignacio por el efectos colaterales de la exitosa gira de reunión de 091 en 2016. ¿A usted le dejó resaca?

-Sinceramente, acabamos todos exhaustos. No estábamos acostumbrados a giras de esa envergadura, de casi cincuenta conciertos. Todos hemos llevado carreras en solitario o con otros grupos, pero no con giras de ese tamaño. Yo toqué mucho con Lagartija Nick cuando sacamos El shock de Leia, que fue una gira que luego empalmamos con otra de Enrique Morente y Omega. Y ahí además ya empezaba a alternar conciertos con el Grupo de Expertos Solynieve. Pero después de dejar Lagartija ya no estaba acostumbrado a ese ritmo. Meternos en una gira de esa envergadura y con esas expectativas… Era algo que no esperaba. Lo que recuerdo de la última época de 091 y de la gira de despedida era ver las salas medio vacías.

-Después de tanta carretera, ¿por qué ahora proyecto propio?

-Lo tenía pensado desde hacía tiempo y, de hecho, tenía compuestas varias canciones. Pero si analizamos mi trayectoria, la verdad es que no me ha quedado mucho hueco. Desde que empecé con Los Ruidos en el 86 he ido empalmando una cosa con otra. Luego me metí en 091, que para mí fue como saltar a primera división. Aunque no era una banda de masas como otras de la época, Radio Futura o Gabinete Caligari, sí que era un grupo importante, reconocido. Después hice un grupo llamado Sugarfish, luego la gira con el primer disco en solitario de mi hermano, más tarde Lagartija Nick, Morente, el Grupo de Expertos… Cuando me dedico a una cosa me gusta tomármela en serio. Aunque a veces he estado en varios proyectos a la vez, prefiero no dispersarme.

-¿Son recientes las seis canciones de De mis soledades vengo o las tenía guardadas en el cajón?

-Salvo dos, son recientes, escritas después de la gira de 091. Prefiero la inmediatez: componer y editar. Por eso prefiero también el formato EP. Un LP supone un trabajo que ahora mismo no puedo asumir, prefiero hacer cuatro o cinco temas y editarlos. La idea es ésa. De hecho, ya casi tengo preparado uno nuevo. La intención es sacarlo en otoño. Hay veces que te pasas meses y meses grabando un disco. Los del Grupo de Expertos han sido eternos, un año grabando, y al final pierdes la perspectiva. Prefiero la inmediatez, pero con autoexigencia, con calidad, que me permita sentirme conforme con lo que he hecho.

-Sorprende la coincidencia en el tiempo de dos discos de veteranos músicos de rock, el Sueños y tormentas de Fino Oyonarte y el suyo, aparcando casi por completo la electricidad y apostando por el tono melancólico y los arreglos de cuerda. En su caso, ¿a qué se debe?

-El disco de Fino me parece una maravilla. Somos amigos desde hace muchos años. Él produjo Lo imprevisto, que fue el primer álbum de Lagartija Nick en el que yo participé. Pero, en realidad, el único grupo para el que realmente compuse en todos estos años fue Los Ruidos. Luego, ni con 091 ni con Lagartija Nick, aunque con el Grupo de Expertos sí que colaboré en ese sentido en algunas canciones. No sé… Me tiré muchos años poniendo música en el Ruido Rosa, sobre todo de los 60, los 70, garaje, rock, pop… Todas las especialidades habidas y por haber. Lo cierto es que cuando llegaba a casa no me apetecía ponerme a los 13th Floor Elevators, sino folk tradicional, acid-folk, grupos de folk inglés tipo Fairport Convention. Quizás, como músico, me decanté más por la guitarra acústica. Me fui metiendo en ese mundo, perfeccionando técnicas de guitarra, ¡y así me han salido las letras! Jajaja…

-¿Pues sabe qué? En canciones como Exilio ha conseguido algo tan difícil como sonar clásico y contemporáneo a la vez.

-Puede ser. Exilio es una canción sobre el montón de gente que se ha tenido que ir de Granada. Algunos dicen que han tenido que emigrar; yo creo que se han tenido que exiliar porque la ciudad no les ha dado ninguna oportunidad. Tiene ese tono ácido, psicodélico. Es muy folkie, pero, por ejemplo, no tiene estribillo cantado, sino instrumental. Salvo alguna canción más clásica, tipo A mi lado, lo que he intentado en este disco es que, aunque parezca convencional, resulte algo nuevo.

-Dedica el instrumental Para John Ford al legendario cineasta. ¿Es cinéfilo?

-Sí, lo he sido siempre y, además, me han gustado mucho las bandas sonoras. ¿Qué vamos a decir de John Ford? Soy un fanático de su cine, de sus bandas sonoras, de sus paisajes… Cuando los estábamos haciendo, los arreglos de cuerda me evocaban justo eso, esos paisajes grandiosos que Ford reflejaba en su cine. Así que decidí que era para él.

-¿Son suyos los arreglos?

-Ni leo ni escribo música, así que tenía que dictar la melodía con una línea de guitarra o cantarla a las de Cosmotrío y ellas lo escribían, lo interpretaban haciendo las voces de violín, viola y chelo y le dábamos vueltas hasta que todos quedábamos contentos.

-Ha descartado la edición en CD. ¿Por qué?

-Primero, porque yo no tengo lector de cedés, jejeje. Creo que el vinilo es el mejor formato que hay. El CD no me gusta, no me convence. De hecho, casi todos los cedés de mi colección, que son bastante, están rotos. He pinchado tanto con ellos por todos lados… Siempre se rompían. Primero el lector, luego el disco.

-Es el penúltimo músico que se apunta a la autoedición con su propio sello, Ruido Rosa Records. ¿Tanteó antes a compañías convencionales?

-Pues sí, la verdad es que hablé con gente, pero llegué a la conclusión de que nadie te ofrece nada. La industria musical hoy sólo te ofrece distribución, pero eso es algo que a mí no me sirve. Si no le vas a poner cariño, mejor se lo pongo yo. Es más difícil, claro, te metes en un fregao que te sobrepasa. Siempre he estado con sellos que se han encargado de todo, pero si no me ofreces nada, entonces ya lo hago yo.

-Más allá del concierto de este viernes, y con nueve músicos sobre el escenario, ¿se plantea gira?

-Tenemos algún festival cerrado, pero por la zona. Sí, es muy difícil mover a nueve personas. También me planteo otro tipo de formación, pero ya que hemos participado todos en el disco quiero que los primeros sean con la banda al completo. Aunque más que ganar dinero voy a perderlo, jajaja.

El Hijo Ingobernable presenta De mis soledades vengo este viernes día 8 en la Sala Aliatar de Granada. A las 22:00 y con las entradas a 10 y 12 euros.

“El sur tiene una personalidad parecida en todos los países”

Blas Fernández | 6 de junio de 2018 a las 5:00

El trío El Lobo en tu Puerta, con Julio Cordero en el centro de la imagen. / Pitu García

El trío El Lobo en tu Puerta, con Julio Cordero en el centro de la imagen. / Pitu García

Aunque ya disponían de un homónimo álbum digital previo, fue con Grabaciones sumergidas 2015 (Knockturne Records) cuando El Lobo en tu Puerta desveló las cartas de su particular escalera de color. En aquel contundente disco, el trío de San Fernando tiraba de rock, blues, rap, punk y metal para construir un repertorio incendiario, de esos capaces de fundir los plomos a los espectadores de sus conciertos. Y todo ello sin más herramientas que la voz de Julio Cordero -hermano del músico ambient, paradojas, David Cordero-, la guitarra y la batería -tocadas indistintamente por Tanín y Búho, los otros dos integrantes de la banda-. Tras una cassette de versiones, el pasado año elevaron la apuesta con Bestias del sur salvaje, el álbum que esta noche presentan en Nocturama. Al habla con el primero.

-Empezó en el rap. ¿Cómo terminó en el rock?

-Sí, yo tenía un grupo que se llamaba Hypnotic y hacíamos rap, aunque siempre he escuchado de todo. De chico fue el heavy, y luego, el rap. Tanín y Búho también llevan en la música toda la vida. Búho tiene diez años más que nosotros, es más de la generación de Josema Dalton [de Los Hermanos Dalton]. Empezaron al mismo tiempo. Él tenía un grupo de rockabilly en Chiclana, Los Broncos. Pero los dos han pasado por un montón de grupos de estilos distintos. Vivieron mucho la época del grunge. Durante esa etapa, en Cádiz había una escena muy fuerte. No a nivel discográfico, pero sí de conciertos de grupos locales. Así fue como nos conocimos.

-Viniendo de géneros distintos, ¿qué perfiló el sonido del Lobo?

-En realidad, El Lobo en tu Puerta viene de la última etapa de Hypnotic. Me dio por hacer con banda las canciones en directo. Conocía a Tanín y a Búho y por amistad se vinieron a tocar conmigo. El grupo se terminó porque uno de los miembros tuvo que irse, pero después de un tiempo sin hacer nada nos dimos cuenta de lo a gusto que estábamos tocando los tres juntos. Fue una lluvia de ideas. No quedamos y dijimos vamos a mezclar rap, blues y punk. No, simplemente nos pusimos a tocar y nuestra forma de ser nos llevó por ahí. Yo siempre he escuchado blues. Recuerdo que con 14 o 15 años compraba discos de Stevie Ray Vaughan y Albert King, que igual con esa edad no pegaba, pero a mí me gustaba. También he escuchado mucho metal y mucho rap. Así que es un reflejo de nosotros mismos. Encontramos el estilo sin buscarlo.

-El que se fue no sería el bajista, ¿no?

-Jajaja… No. Fue el teclista. Antes de El Lobo en tu Puerta optamos por no llevar guitarra y eran los teclados los que la suplían. Pero cuando nos quedamos en trío eso ya no se podía mantener, así que apostamos por la guitarra. Pero ése fue un camino más técnico que quizás tendrían que explicar Búho o Tanín. Al principio sólo utilizábamos un amplificador y el sonido era más pobre, así que empezamos a experimentar, a usar pedales, a utilizar dos amplis, uno de guitarra y otro de bajo… Ahí dimos un gran salto, ya empezamos a sonar contundentes y completos con sólo tres miembros.

-¿Y nunca han echado de menos a un bajista?

-Qué va. En las grabaciones alguna vez alguien ha dicho “oye, aquí iría bien una línea de bajo”, pero Juan Antonio [Mateos], con quien hemos grabado los dos discos, siempre nos ha dicho “no, está bien así, es vuestro sonido”.

-En la cassette Knockturne Sessions Vol.1 versionaron a TV On The Radio, ZZ Top, Rage Against The Machine, Johnny Cash, Beastie Boys… ¿Era un catálogo de influencias?

-Sí. Fueron temas y grupos que en un momento dado nos influyeron. Con las versiones siempre hemos sido así. Hemos intentado que sean canciones que nos definan, pero al mismo tiempo hemos intentado darles nuestro toque.

-¿Y qué entraría en un hipotético Volumen 2?

-Pues estamos en ello. Ahora mismo manejamos un montón de ideas… Quizás versiones de un solo artista o, no sé, un disco de flamenco de El Lobo en tu Puerta. Hombre, ahora está de moda lo del flamenco diferente, ¿no?

-El título Bestias del sur salvaje esconde un doble sentido. Por un lado parece aludir al carácter feroz de su música; por otro, a los personajes que surgen en algunas de sus canciones, héroes ignotos del blues, rockeros indómitos…

-Para escribir las letras me viene muy bien un hilo conductor, aunque después, ya metido en faena, a veces te encuentras con una idea que está fuera de ese hilo. Pero yo intento tenerlo. Y aquí era ése, el concepto de sur entendido a la manera de Eduardo Galeano. El sur tiene una personalidad parecida en todos los países, una especie de lazo de unión. Así que tiré por ahí a partir de cosas como la biografía de Jerry Lee Lewis, la serie True detective o, por supuesto, Bestias del sur salvaje, la película de Benh Zeitlin, que me gustó un montón. Ese universo mágico, casi mitológico y a la vez chatarrero, de pantanos… Lo metí todo en una coctelera y con mi pobre cerebro de dos neuronas le di forma. Y creo que de algún modo ha funcionado.

-¿Cree que han conseguido llevar al estudio de grabación la fiereza de su directo?

-Yo creo que para los grupos que tenemos nuestro fuerte en los directos esa batalla está perdida. Intentar hacer lo mismo en el estudio, igualarlo… Sinceramente, creo que no podemos. Es curioso, pero últimamente en todos los conciertos, en Alicante, en Málaga o en Utrera, viene alguien y me dice “tío, os escuche antes de venir al concierto y sí, bueno, tú sabes… Pero es que después de veros en directo nos hemos hecho fans“. Lo que intentamos es grabar igual que tocamos en directo, no usamos muchas pistas ni demasiados arreglos… Pero es una batalla perdida. Somos un grupo de directo.

-Sin su hermano David como uno de los impulsores de Knockturne Records, ¿habrían llegado a publicar su primer álbum?

-Jajaja… No lo sé, pero jamás se me ocurrió ni se me pasó por la cabeza decirle a mi hermano nada de mi grupo. Él sabía que existía porque es mi hermano. Íbamos en mi coche al Freek Fest de El Puerto de Santa María a ver a Redd Kross y de repente me dice “oye tío, esto que habéis grabado, ¿tú quieres sacarlo con Knockturne?”. Y claro, yo le dije “¿pero tú estás seguro? ¿Knockturne el sello de música rara?“. Conociéndolo como lo conozco, estoy seguro de que si a mi hermano no le hubiera gustado no lo habría sacado.

-Para los que ya los hemos visto en concierto no hace falta, pero ¿cómo arenga a los no iniciados para acudir al de esta noche?

-No sé, no sé… Yo voy siempre muy calladito, bebiendo café… Pero de repente se me va el coco. Así que arenga no, pero tened cuidado, no os pongáis muy cerca, no tiréis al suelo cosas de cristal, que igual luego nos cortamos, y tened piedad de mí si os chupo la cabeza u os tiro una cerveza por encima, que es todo con buena intención.

El Lobo en tu Puerta actúa esta noche junto a Belako en el ciclo Nocturama. A las 21:30 en los Jardines del Casino de la Exposición. Entradas a 10 euros.

“Sacar un montón de canciones de golpe ha perdido el sentido”

Blas Fernández | 30 de mayo de 2018 a las 6:00

Bronquio, fotografiado por Belén Vargas.

Bronquio, fotografiado por Belén Vargas.

En 2011, con 19 años, ya se subió a uno de los escenarios del Monkey Week en El Puerto de Santa María al frente de Gipsy Aliens, la banda de rock de garaje con la que luego se instaló en Barcelona a la búsqueda de oportunidades. No las encontró, pero con el grupo ya disuelto sí que halló algo inesperado. “Para mí la música electrónica siempre había estado ahí gracias a mis hermanos mayores, pero en Barcelona conocí muchísima más y descubrí un nuevo concepto de diversión. Y me puse a hacerla yo mismo”, dice el jerezano Santiago Gonzalo, alias Bronquio, desde Sevilla, a donde llegó para formarse como técnico de sonido. Desde entonces, y aún sin disco físico, protagoniza un fulgurante despegue en el ámbito de la electrónica nacional basado en un sonido singular y contundente -trap, tecno y rap se funden en sus canciones con irreverente ánimo punk- y unos vídeos sorprendentes -rodados y montados por él mismo-. Colaborador en el próximo álbum de Kiko Veneno, esta noche participa en la primera velada de la nueva edición de Nocturama.

-¿Qué le hizo volver al sur?

-Estuve dos años en Barcelona, pero es una ciudad muy bestia. De vuelta en Jerez me sentía un poco perdido. En su día había empezado Comunicación Audiovisual, tenía mi grupo, era como si me encaminara a algún sitio, pero de repente volví a Jerez y era como “¿Qué hago ahora con mi vida?”. A los pocos meses me vine a Sevilla a estudiar un ciclo de sonido. Ya entonces estaba haciendo un montón de cosas de música electrónica que iba subiendo a internet con diferentes nombres, pero que no llegaban a ninguna parte. Livia, una amiga de la infancia también de Jerez, estaba haciendo cosas muy bizarras como 41V1L. Un día quedé con ella y grabamos una canción, Cocowawa. Hicimos un vídeo y lo subimos a internet, sin esperar mayor repercusión. Y de repente, de todos los proyectos que había puesto en marcha, fue el que gustó. La gente lo empezó a compartir y aquí estoy.

-Saltó la liebre…

-Sí. Ya digo, no esperaba más repercusión que con cualquiera de las canciones anteriores. Estaba ya acostumbrado a mover mi música por sellos y que ni siquiera me contestaran a los e-mails. Así que esto fue “qué más da, lo subo sin esperar nada”. Parece que cuanto más libremente haces algo, más natural y fluido sale.

-Originalmente viene de una escena, la del rock, donde todavía impera el concepto álbum, pero supongo que experimentar ese subidón vía YouTube cambia los esquemas…

-Como espectador y como creador me gusta la idea del álbum, pero si subo a Internet una canción y de repente descubro que tiene más repercusión que los discos que he hecho con mis antiguos grupos… Como consumidor de música no me pongo a escuchar un disco entero hasta que no hay un single que capta mi atención y que hace que vaya un poco más allá en esa propuesta. ¡Es que hay tanto!

-Junto al sello Happy Place Records, lo han convertido en estrategia: lanzan un sencillo digital por mes. Y ya van tres…

bronquio_260-Sí, ya ha salido el tercero, con dos canciones, Bodega Ultra y Semifucsia, las dos con 41V1L. Y claro que nos lo planteamos como estrategia. Lo de sacar un montón de canciones de golpe ha perdido el sentido. La gente, por mucho que le guste tu propuesta, con toda la marabunta de cosas nuevas, se olvida de ti con rapidez. Así que tienes que mantener la atención continuamente. Si de golpe sacas de diez canciones maravillosas, vas a durar en el escaparate lo mismo que si sacas sólo una. Si acaso, un poco más.

-En el fondo, y salvando las distancia, se asemeja a la vieja promoción en radios mediante sencillos…

-Sí, es un poco como volver a los 50 y los 60. Al principio, los álbumes no eran más que recopilaciones de singles. Y es lo que pasa ahora: sacas un disco sólo cuando ya tienes cierta posición. Es como una carta de presentación un poco más seria que igual te va a permitir ir a festivales algo más grandes o salir a otros países. “Oh, mira, tiene un disco”.

-¿Nos lleva todo esto a la desaparición del concepto de álbum como obra completa? Y no me refiero a la idea de disco conceptual, sino a la de álbum como obra cerrada.

-Sería una lástima. Yo flipo con disfrutar un disco de principio a fin. Muchas veces escuchas una canción que te gusta mucho, pero, si no escuchas el disco completo, se te queda coja. Pero sí, eso se está perdiendo, quizás todavía más en la música electrónica.

-¿Y habrá álbum de Bronquio?

-Está planteado, pero por ahora como algo lejano. Como quien dice, acabo de empezar, todavía tengo que encontrar mi sitio.

-En Galgo, el primer sencillo, contó con Pablo Peña (Pony Bravo). También ha remezclado a grupos locales como All La Glory y Quentin Gas & Los Zíngaros. En Sevilla, ha caído de pie…

-La escena de la ciudad, ahora mismo, es fantástica. Hay un montón de cosas. Me encantaría remezclar a Pony Bravo. Cuando empecé a escuchar música nacional un poco más en serio, fue uno de los grupos clave que me abrió la puerta a la música sevillana. Me siento orgulloso de formar parte de eso, antes como espectador y ahora como partícipe de una escena maravillosa.

-La nueva estrategia de sencillos digitales implica que cada canción cuente con su correspondiente videoclip. Lo curioso en su caso es que también es Bronquio quien los graba y monta…

-Sí, los grabo y los monto yo. Cuando hicimos Cocowawa empecé a contactar con gente para que nos grabaran el vídeo, pero, claro, hablábamos de presupuestos que no podíamos asumir. Así que decidí hacerlo yo mismo. No lo había hecho en la vida, pero me lo pasé genial. La verdad es que Livia llena la pantalla, la grabas sentada y ya tienes un videoclip. Me gustó la experiencia y me pareció que había salido un producto visual muy vinculado al sonido. Igual si lo hubiera hecho otra persona no irían las dos cosas tan en paralelo.

-Para ser obra de un principiante, el de Galgo es sorprendente en muchos sentidos…

-Fue todo muy loco. Me fui al campo con el amigo que sale, con el casco y unas telas verdes, que en realidad son cromas. Hacía un día muy bonito, con cielo despejado. Grabamos de día y de noche sin tener ni idea de qué iba a hacer con aquello. Pero quedó muy bien, sí.

-¿Ha recibido ya encargos de otros grupos para dirigir sus videoclips?

-Pues sí, me lo han pedido varios, aunque por cuestión de tiempo sólo he hecho uno, el de Boyanka Kostova, que es el grupo de trap en gallego que tiene Manuel, de Esteban y Manuel. Al final, además de con la música, igual me sale trabajo como director de videoclips.

-El segundo sencillo, Niño, se retrasó un poco. ¿Tuvo algo que ver el utilizar un sample de Un cuento para mi niño, de Lole y Manuel?

-Fue una cuestión que se planteó internamente, con la gente del sello, no trascendió más allá. Que yo sepa, en España el único problema en ese sentido fue cuando Los Chikos del Maíz samplearon a Café Quijano, aunque pienso que aquello fue político más que otra cosa: Café Quijano hacen canciones con Taburete y Los Chikos del Maíz no son de derechas, precisamente. Los del sello no estaban muy seguros de que esto no pudiera acarrear algún problema. Pero incluso más que el sample, la cuestión era el vídeo. Cogí imágenes de Flamenco, la película de Carlos Saura, también de Sevillanas, con la idea de hacer un collage. Paco Lamato, de Happy Place, trabaja en producción audiovisual y está muy al tanto del tema de derechos de autor y de imagen. Así que al final cambié el vídeo usando imágenes grabadas por mí y otras libres de derechos, pero la canción perdía todo el sentido si quitaba el sample de Lole. Por ahora la familia no ha dicho nada. Si lo hace, será bueno, señal de que ha llegado lejos. Ya quedaremos con un café y hablaremos. Pero no creo que hagamos negocio: no soy ni El Rubius ni Childish Gambino. No creo que los beneficios por visualizaciones den para más que ir a merendar.

Bronquio actúa esta noche junto a Marina Gallardo en Nocturama. En los jardines del Casino de la Exposición de Sevilla a partir de las 21:30. Las entradas cuestan 10 euros.

“Ahora es el músico quien tiene que invertir en su propio arte y su futuro”

Blas Fernández | 28 de mayo de 2018 a las 6:00

Fino Oyonarte, en una imagen promocional. / Ricardo Roncero

Fino Oyonarte, en una imagen promocional. / Ricardo Roncero

“Sin saberlo, me estaban dando infartos desde hacía dos meses. Un día fui al médico y me mandó directamente a urgencias. Allí me dijeron que había un problema y que me tenían que intervenir –recuerda de aquel susto vivido hace tres años y evocado en la canción Cien pasos–. Esa misma noche decidí tomar todas las medidas necesarias para tener buena salud y me propuse hacer algo que deseaba y estaba pendiente. Siempre he andado muy implicado en los grupos de los que he formado parte y muy liado produciendo a otras bandas. Quizás no había tenido tiempo para hacer este disco o quizás lo estaba evitando. Pero había llegado el momento. Ése fue el detonante”.

Pieza insustituible de Los Enemigos desde el segundo álbum de la banda madrileña, Un tío cabal (1988), artífice de enjundiosos proyectos posteriores como Clovis y Los Eterno, productor de bandas de culto como Los Planetas, Lagartija Nick o Los Del Tonos y hasta efímero editor con Libros del Ruido de volúmenes de temática musical, Fino Oyonarte (Almería, 1964) acaba de poner en circulación Sueños y tormentas (Buenaventura Records), el primer disco que firma con su propio nombre tras tres décadas de carrera. Y la sorpresa es tan grande como el propio álbum: aquí no hay rastro ni de sacudidas eléctricas ni de ensoñaciones psicodélicas; impera la introspección al piano o guitarra acústica en mano, pero arropada con majestuosos arreglos de cuerda de esos que ensanchan la escucha hasta la conmoción.

“Hay grupos que me han marcado, como The Velvet Underground y muchos de los que siguieron esa estela, The Feelies, Luna, Yo La Tengo… –enumera–. Pero también lo han hecho otros más tranquilos y reposados. Siempre he sido una persona inquieta y pendiente de la música que va saliendo, pero llegó un momento en el que intentar estar al tanto de todo lo nuevo me produjo cierto estrés. Hay tanto que al final te resulta imposible emocionarte con lo que escuchas, así que lo que hice fue rodearme de unos pocos discos de finales de los 60 y principios de los 70. Volví la vista atrás para mirar hacia el futuro y me cobijé en gente como Nick Drake o Leonard Cohen, al que con 14 años escuchaba gracias a mi hermano. También la parte menos psicodélica de Syd Barret, el primer disco de Nico, Dylan, Kevin Ayers o incluso gente actual tipo M. Ward, Sufjan Stevens o Bonnie Prince Billy. Además, soy muy fan de Elliott Smith y pienso que ha influido de manera decisiva en lo que hago. De hecho, es de los pocos músicos que cuando fallecieron consiguieron que se me saltara la lagrimita. Y no lo conocía personalmente, pero sabía que en el futuro me iba a faltar. Siempre me ha gustado la música melancólica, creo que de ahí pueden salir canciones preciosas”.

Crónica autobiográfica de la persecución de deseos e inventario de temporales capeados, por Sueños y tormentas, grabado en hasta tres estudios diferentes –el principal, el Estudio Uno de Colmenar Viejo, heredero de la maquinaria analógica del desaparecido Cinearte–, desfilan múltiples músicos amigos, algunos de largo recorrido, como César Verdú (Schwarz, León Benavente), a quien Fino, experimentado productor, encargó una segunda opinión. “Lo necesitaba –afirma–. Con Clovis o con Los Eterno, bueno, intenté hacerlo todo yo. En Los Eterno al menos estaba el resto de compañeros, pero con Clovis sufrí bastante. Estar en los dos lados, el de la creación y el de la técnica, me desgastó mucho y perdí la percepción. Llegó un momento en el que no disfrutaba. Y en este disco lo que quería era interpretar las canciones y que alguien estuviera pendiente de mí, que me sacara lo que llevo dentro, que es lo que yo he intentado hacer siempre a la hora de producir a un grupo, sacar la impronta del momento. Y ahí necesitaba a alguien que fuera de confianza, que me conociera, y esa persona era César, un amigo del alma”.

Otro nombre clave en la gestación del álbum, casi por pura carambola, acabaría siendo el del músico estadounidense Phillip Peterson, también al frente de los estudios House of Breaking Glass de Seattle, el responsable de esos ya mencionados hermosos arreglos de cuerda. “César se encontró a nuestro amigo Daniel Lorca [de la banda neoyorquina Nada Surf] en un concierto y le contó que me estaba ayudando con el disco y que tenía idea de meter cuerdas, pero que no sabía muy bien cómo porque no conocía a mucha gente que trabajara en ese campo –explica–. Así que Daniel me llamó al día siguiente y me dijo “necesitas a Phillip, vamos a mandarle una canción”. Tradujimos las letras al inglés y le envié algunas ideas cantadas por whatsapp o en maquetas, y le di mucha libertad para que hiciera los arreglos. La primera canción que me envió de vuelta fue Estos años, y fue como ¡Uau! Si parecía I’m The Walrus o Strawberry Fields Forever… Era un nivel de cuerdas que he visto poco por aquí. Me quedé impresionado y decidimos hacer algunas canciones más. Yo no sabía casi nada de él y después de acabar el disco descubrí en su web que no sólo había trabajado con grupos como The Posies, Nada Surf o Los Campesinos, sino también con gente bastante más comercial, como Lorde, St. Vincent y Ed Sheeran”.

Con estreno en directo previsto para el próximo 8 de junio en Almería –”mi tierra”, sigue diciendo Fino después de treinta años en Madrid–, no resulta difícil calibrar la complejidad logística de interpretar en vivo un trabajo de semejante exuberancia instrumental. Al fin y al cabo, recuerde, hablamos de un músico independiente que, en la estela de tantos otros durante los últimos años, ha optado por la autoedición. “Ahora mismo es el músico quien tiene que invertir en su arte y su futuro, en sus propias canciones –reflexiona–. Es mucho trabajo, desde luego. Por un lado tienes la ilusión de enfrentarte a un proyecto nuevo, pero también sufres el cansancio que provoca encargarte de tantas cosas que te desorientan del camino que te apetece: componer, grabar, tocar… No tengo intención de hacerlo igual en directo, pero ojalá se den las circunstancias. Aunque en realidad son canciones que puedo tocar con acústica y voz, estoy pensando en diferentes formatos, quizás uno sólo con guitarra y piano, otro con chelo y violín… También quiero preparar una banda con batería, contrabajo, fliscorno y cuerda. A ver cuántos conciertos me puedo permitir con cada uno. Bueno, es un disco que me he planteado a medio y largo plazo, no salgo con la gira hecha, como hacen tantos grupos. Voy despacio”.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 90)

Blas Fernández | 24 de mayo de 2018 a las 5:00

Pony_560

Cinco años después de De palmas y cacería, Pony Bravo, fotografiados ahí arriba por Diego Caro, avanza parte del que será su cuarto álbum. Es una de las varias novedades de un programa por el que también pasan Bronquio, Vera Fauna, Fino Oyonarte, El Hijo Ingobernable y Esplendor. Y en el apartado de conciertos recomendados, Él Mató a un Policía Motorizado, Vulk, Camellos y Boss Hog.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

Ir a descargar

scannerfm_560

 

Tracklist

1.-Pony Bravo: Rey Boabdil

2.-Pony Bravo: Piensa McFly

3.-Bronquio: Bodega Ultra

4.-Vera Fauna: Somango

5.-Vera Fauna: Nova pt. II

6.-Fino Oyonarte: Estos años

7.-El Hijo Ingobernable: Así lo recuerdo

8.-El Hijo Ingobernable: Exilio

9.-Esplendor: Estatua de sal

10.-Esplendor: Rufián

11.-Él Mató a un Policía Motorizado: El tesoro

12.-Vulk: Something Internal

13.-Camellos: Internet

14.-Boss Hog: Black Eyes

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 89)

Blas Fernández | 10 de mayo de 2018 a las 5:00

fino_oyonarte_560

Tras una larga carrera como bajista de Los Enemigos, también en proyectos como Clovis y Los Eterno, Fino Oyonarte -fotografiado ahí arriba por Ricardo Roncero- debuta con nombre propio y nos regala un hermoso y sentido álbum, Sueños y tormentas. Es una de las novedades que pasan por esta entrega de El Podcast de La Ventana Pop, a la que también se suman The Magic MOR y su deslumbrante Move The Lines To Make Circles, Verona, Lebend, Casas y La Pistola, Bronquio y Le Parody. Y también suenan, claro, canciones de otros discos recientemente presentados por aquí, como los de San Jerónimo, Martes Niebla y GAF y La Estrella de la Muerte.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

Ir a descargar
scannerfm_560

Tracklist

1.-The Magic MOR: Move On

2.-The Magic MOR: Island

3.-Verona: Cada vez

4.-Verona: La espera

5.-Fino Oyonarte: Atrapado

6.-Fino Oyonarte: Casualidad

7.-Lebend: Bent Trees

8.-Casas y La Pistola: El hincha

9.-San Jerónimo: Mapas infinitos

10.-Bronquio: Niño

11.-Le Parody: Dime

12.-Martes Niebla: Cervatillos

13.-GAF y La Estrella de La Muerte: Ancient Jewelry

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 88)

Blas Fernández | 19 de abril de 2018 a las 5:00

Joe Strummer y Jesús Arias, fotografiados frente a la Alhambra.

Joe Strummer y Jesús Arias, fotografiados frente a la Alhambra.

Lagartija Nick escarba en el legado del desaparecido músico y periodista Jesús Arias y rescata tres canciones inéditas dedicadas a su amigo Joe Strummer, que ahora se editan en un sencillo en vinilo, El testamento del sol. Más novedades: Los Jaguares de la Bahía se despachan a lo grande con el doble CD Canciones para el discman; los asturianos San Jerónimo vuelven nuevamente su vista a El sur; The Magic MOR lanzan un nuevo adelanto de Move The Lines To Make CirclesEscuelas Pías ponen en circulación el epé Mapa espacial para personajes secundarios y el ex Strange Fruit Juan Aguilar debuta con nombre propio en El blues del arrabal. Y todavía hay mas…

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

Ir a descargar

scannerfm_560

Tracklist

1.-Los Jaguares de la Bahía: Take Care

2.-Los Jaguares de la Bahía: Tonight

3.-The Magic MOR: Countdown

4.-Triángulo de Amor Bizarro: Les llevaré mi cruz

 5.-Escuelas Pías: La muerte dulce

6.-Escuelas Pías: Morir y brillar

7.-Martes Niebla: Marble

8.-San Jerónimo: El verano era ella

9.-San Jerónimo: El sur

 10.-Lagartija Nick: Strummer / Lorca

11.-Lagartija Nick: Hymno

12.-Los Planetas: Cumpleaños total

13.-Pájaro: Lágrimas de plata

14.-Juan Aguilar: El blues del arrabal

Ricardo Lezón inspira ‘Esperanza’

Blas Fernández | 13 de abril de 2018 a las 5:00

Foto: Estíbaliz Hernández de Miguel

Foto: Estíbaliz Hernández de Miguel

El verano ya ha llegado / arden las calles, los barrios / Desde aquí veo las llamas / por encima de la Giralda / Los caballos reventados / miran de reojo al río / Y en la plaza de la Alfalfa / ni siquiera se oye un ruido… Los versos iniciales de Arena y romero avanzaron en octubre del pasado año la llegada de Esperanza, primer álbum firmado con nombre propio por Ricardo Lezón (Getxo, 1973) tras haber grabado seis con McEnroe, banda en la que ejerce como guitarrista, cantante y compositor.

Arena y romero la escribí estando en Sevilla -–cuenta Ricardo en pleno tránsito al sur, donde esta semana ofrece varios conciertos–-. Está basada en una historia que me contaron allí, así que se trataba de ponerla en ese marco. Siempre he tenido tendencia a hablar de lugares, porque me influyen el paisaje y el sitio donde estoy”.

La conexión andaluza del autor vasco se fraguó durante las grabaciones de los dos últimos discos de McEnroe, ambos registrados en los sevillanos Estudios La Mina. Ahí empezó una amistad con el productor Raúl Pérez y el músico David Cordero que desembocaría en 2014 en un álbum conjunto firmado como Viento Smith. “Y también grabamos allí Lluvia y truenos (2016), el disco que hice con The New Raemon –-recuerda–-. Desde que grabé por primera vez con Raúl, ya todo lo he hecho con él. Lo de Viento Smith surgió en un momento muy concreto para contar una historia muy concreta. En aquella época estaba viviendo en Marbella, donde trabajaba en una inmobiliaria, y subía a Sevilla los fines de semana para ensayar. Nos conocimos para grabar, pero desde el principio nos hicimos amigos y ahora esa amistad trasciende al hecho de tocar juntos”.

Hasta Esperanza, Ricardo Lezón fue alternando pues los últimos discos de McEnroe con proyectos paralelos, siempre reconocibles, en cualquier caso, por las mismas señas de identidad que hicieron popular al grupo vizcaíno, una suerte de rock de autor con evidente carga lírica. “En el caso de Lluvia y truenos, fue Ramón quien me llamó. Era una oportunidad muy bonita de hacer algo con alguien a quien admiro. Así que son cosas que me han venido”, explica sobre unas colaboraciones que, sumadas a su disco en solitario, quizás podrían hacer pensar en la separación de la banda. “No, qué va –-asegura-–. No creo que McEnroe vaya a tener nunca un final oficial. Lo que ocurre es que pasamos un momento con muchos cambios: hubo paternidades; Pablo, el bajista, se fue a trabajar a México… Después de grabar Rugen las flores (2015) todos sentimos que, dentro del pequeño mundo en el que nos movemos, habíamos llegado a algún sitio y había que parar para pensar bien o, mejor, esperar a que llegara un nuevo impulso. McEnroe ha estado en letargo, pero creo que ese impulso ya ha llegado. Tenemos otra vez ganas de hacer algo”.

Así que Esperanza no es el premeditado inicio de una carrera en solitario, sino mera necesidad artística. “Estuve viviendo un par de años en una aldea de Soria muy aislada, éramos tres personas –-dice–-. Fue un entorno que me inspiró y me ayudó mucho a escribir. Tenía canciones y McEnroe estaba parado, pero yo quería grabarlas y tocarlas, así que lo hice con mi nombre”.

Cuando Ricardo habla de escribir no se refiere sólo a canciones: desde 2015 ha editado ya dos poemarios. “Nunca había tenido intención de publicar nada de lo que escribía, pero surgió la posibilidad de editar Extraña forma de vivir con ilustraciones de Estíbaliz Hernández, una amiga mía que dibuja, y así me sentí un poco más acompañado –-comenta pudoroso Ricardo-–. A partir de ahí salió el segundo, Los minúsculos latidos. Me llamaron de la editorial cordobesa Bandaàparte, y la verdad es que estoy muy contento. La poesía me está dando muchas alegrías”.

¿Y sabe desde el principio qué va a ser canción y qué poema? “Sí, la verdad es que sí –-asevera-–. Siempre me ha gustado escribir y lo he hecho desde antes de meterme en la música. Poesía, prosa… Lo cierto es que cuando me siento a escribir tengo muy claro si lo que me apetece es escribir una cosa u otra. No sé cómo explicarlo. Es cierto que luego hay ocasiones en que poemas y canciones se mezclan: hay veces que comienzas escribiendo un poema y acabas escribiendo una canción. En Rugen las flores, de hecho, había alguna así”.

Las nueve canciones de Esperanza mantienen el tipo y la línea característica en las composiciones de Lezón, aunque también dejan entrever una nueva sonoridad, por momentos, exuberante. “Creo que sí –-concede-–. Es un disco en el que están todas las cosas que he aprendido, las buenas y quizás también alguna mala. Es un poco el resumen de lo que he ido absorbiendo. Y también está el tema de tomar tú las decisiones. Quizás el hecho de no tener que adaptar algunas de las canciones al sonido de una banda me ha hecho cantar más libre, sin estar sujeto a la idea de grupo. Ahora, de hecho, con las canciones nuevas para McEnroe me dicen que son muy de cantautor. Bueno, tampoco tengo control sobre en qué me voy a convertir. Lo vivo todo tal y como venga”.

Ricardo Lezón presenta Esperanza este sábado día 14 en Fun Club (Alameda de Hércules, 86, Sevilla).

“España es hoy un estado catatónico”

Blas Fernández | 8 de abril de 2018 a las 5:00

Foto: Juan Carlos Vázquez

Foto: Juan Carlos Vázquez

“España es hoy un estado catatónico, está ahora mismo como atontá, con una resaca muy gorda de algo que se ha tomado y que no era lo que le dijeron que compraba. Es como con esas parejas infieles a las que les llega un momento en el que les da igual ocho que ochenta. Me ha puesto los cuernos tantas veces que, total, qué más da. Eso es lo que está pasando: que nos hemos acostumbrado a que nos pongan los cuernos”.

Vuelve Andrés Herrera, Pájaro, más combativo que nunca con Gran poder (Happy Place Records), tercer trabajo de su propio grupo desde que decidiera dejar de ser guitarrista de lujo en proyectos de terceros para reivindicar un protagonismo no por tardío menos indiscutible. Lo demostró con Santa Leone (2012) y lo confirmó con He matado al ángel (2016). Ahora revalida la apuesta con un disco que esquiva algunas de sus anteriores señas de identidad: esta vez no hay ninguna versión de su idolatrado Silvio, con el que durante tantos años compartió escenarios y grabaciones, ni sombra de aquel influjo de cornetas y tambores que algún cachondo dio en denominar surf cofrade. Mantiene, eso sí, el aroma a spaghetti western, entre otros efluvios italianizantes, y las efectivas píldoras de rock’n’roll marca de la casa, cánones entre los que gana peso el espíritu de aquella canción protesta en su acepción más noble.

Ya lo avisó el sencillo de avance, A galopar, una singular recreación de la adaptación que Paco Ibáñez hiciera de Galope, el célebre poema de Rafael Alberti. “Hay una frase que me gusta mucho -explica-, no sé si de la segunda guerra mundial o posterior: hubo algo peor que los nazis y los fascistas, quienes no hicieron nada para impedir su existencia. Mira que Silvio decía aquello de somos católicos, no protestantes, pero, en los tiempos que vivimos, ese a galopar hasta enterrarlos en el mar me ha salido del alma. Es una canción desconocida por los jóvenes, que están en otra cosa. Ya ni siquiera van a conciertos, se ha perdido la costumbre, van a discotecas a embrutecerse”.

¿Eh? Oiga, eso suena un poco a abuelo cebolleta… “Jajaja… Sí, es que estoy muy abuelo cebolleta. Me estoy haciendo mayor. Con lo que yo he sido… Recuerdo salir del estudio de grabación en la Alameda a las cinco de la mañana -dice en referencia a los extintos Estudios Central- e irme andando hasta el Barrio de Santa Cruz para ponerme allí a tocar con el vacilón y escucharme en ese silencio. Ahora, a mis 55 años, no sería capaz de hacerlo ni siquiera sin guitarra. Se me está poniendo miedo de persona mayor”.

El segundo sencillo, Los callados, incide en esa misma línea. “Yo no tengo esa desgracia, pero gente de mi barrio, como Paco León… -señala el de Parque Alcosa-. Los callados son los que están enterrados en las orillas de tantas carreteras. Y también es un pequeño guiño a Los olvidados de Luis Buñuel, una película que me dejó impresionado. A veces, cuando oigo la letra, me digo Pájaro, aquí te has puesto un poquito tierno. Pero es una canción bella, quizás no muy representativa de lo que había compuesto hasta ahora, pero tenía ganas de hacerla”.

Y lo cierto es que resulta particularmente oportuna en un momento en el que los (más) mayores han decidido no callarse. “Si los músicos no hablamos de lo social ahora, ¿cuándo lo vamos a hacer? -se pregunta Andrés-. Yo nunca voy a ser pensionista, porque los músicos cotizamos menos que un bolígrafo, pero sí que me gusta lo que están haciendo: darle una bofetada a tanta gente joven que vive en la inopia, que es lo que interesa al sistema, que la gente esté entretenida con el Betis, los cubatas y el reguetón”.

Oiga, ¿otra vez? “Yo es que lo del reguetón no lo entiendo -confiesa-. Si fuera mujer no es que me indignase con eso, es que iría por ahí con una pistola. No, no… Yo tengo cuatro hermanas y una hija, y cuando escucho esas letras…”.

Lo social se cuela, de hecho, en los múltiples niveles de lectura de un Pájaro que se crece como letrista. En ese sentido, quizás no haya mejor ejemplo en el nuevo álbum que Rayo mortal, la canción que indirectamente da título a Gran poder. “Creo que hoy lo tienen las mujeres -considera-. Nosotros tomamos decisiones, ganamos más dinero, pero al final, las que organizan, las que llevan, las que mandan, son ellas. Hay gente que piensa que es una canción mística, pero no, para nada. Ese Gran poder es el que tenemos para luchar contra esta basura que nos rodea. El poder lo tenemos nosotros”.

Pero ojo, que nadie espere trazos gruesos y tono panfletario. “Reconozco que después de haber trabajado con Kiko Veneno y tantos otros buenos letristas me he vuelto muy exigente. De todas las versiones que he hecho de cada canción tengo ahora mismo en mi casa papel de sobra para vender y hasta ganar dinero”, bromea.

Hablando de letras, sorprende que una de aquellas en las que a priori pudiera intuirse mayor sesgo autobiográfico, Yo fui Johnny Thunders, salga del libro homónimo del novelista Carlos Zanón. “Carlos nos había mandado una letra que era, supongo, como él piensa que se hace la letra de una canción. Pero no, no… Tú escribe novelas, tío… Le dimos muchas vueltas hasta que una mañana Raúl se levantó -dice refiriéndose a Raúl Fernández, el otro pilar de Pájaro junto al también guitarrista Paco Lamato-, cogió el libro de Carlos, que nos lo sabemos de memoria porque nos gusta un montón, y tuvo la habilidad de ir sacando de ahí cada una de las frases”.

Foto: Juan Carlos Vázquez

Foto: Juan Carlos Vázquez

Otra curiosidad: el instrumental que cierra el disco, una versión a dos guitarras de palo, tan bonita como casi irreconocible, del Let’s Go Away for Awhile que Brian Wilson escribiera para el Pet Sounds de Beach Boys. “La original ya es complicadísima -reconoce-. Se nota que la compuso alguien con una cabeza matemática. La hicimos Raúl y yo para un programa de Radio 3 y nos gustó tanto que decidimos meterla. Es un cierre perfecto para el disco. Sólo le cambiamos el título, Migrar“.

Por último, ¿sabía que otros dos grupos sevillanos habían utilizado ya ese mismo título, Gran poder? Orthodox lo hizo en un álbum y Sr. Chinarro en una canción. “Lo de Chinarro no lo sabía; lo de Orthodox sí. Me molan, sin sonar para nada como Pájaro, tenían entonces un rollo parecido en cuanto a picar de la Semana Santa… Lo que no se puede nunca es ser tan pesado como los cofrades, con perdón. Yo con treinta y pico años decía aquello de soy rockero y cofrade como mi padre, pero con 55, después de haber vuelto a empezar de cero, los veo muy pesados. Es como si te llenaran la boca de torrijas: un martirio”, ironiza. O no.