Antonio Arias: “Decía Morente que hay que grabar discos para diez años después”

Blas Fernández | 6 de mayo de 2015 a las 5:00

Foto: Concha Laverán

Foto: Concha Laverán

La reedición ampliada en 2013 de Hipnosis, primer álbum de Lagartija Nick, publicado originalmente en 1991, no sólo cerró el ciclo de recuperación de la contundente trilogía discográfica con que la banda granadina irrumpió en la escena del rock español –la misma operación se había llevado previamente a cabo con Inercia (1992) y Su (1995)–; también propició el reencuentro sobre los escenarios del cuarteto original –Antonio Arias (bajo y voz), Éric Jiménez (batería), Juan Codorniú y Miguel Ángel Rodríguez Pareja (guitarras)– en lo que entonces se preveía una corta gira destinada a celebrar aquel rescate. Sin embargo, dos años después la máquina sigue en marcha. “Desde la reedición –dice Arias– hacemos una media de dos conciertos al mes. Y nos siguen llamando. Siempre nos hemos llevado bien y además vemos que la cosa sigue sonando real y expresiva. Así que decidimos continuar con la gira. Lo que se impone ahora es grabar algo nuevo este verano, aunque sea un epé. Por lo menos, para que no sea siempre el mismo concierto”.

Y, de hecho, no lo es. Lo que comenzó como una ceremonia centrada en la interpretación íntegra de aquel emblemático título ha terminado por expandir, generosamente, su repertorio. “Hay once discos de Lagartija para tocar, aunque principalmente llegamos hasta Omega“, apunta Arias citando aquel otro memorable trabajo junto al desaparecido cantaor Enrique Morente, el célebre disco que, entre otras tantas cosas, señaló el punto de disolución de la formación original. “Todo fue muy rápido –recuerda–, y quizás eso nos marcó y nos mató al mismo tiempo: éramos incapaces de parar la máquina. Pero la cosa iba volando y había que hacerlo en ese momento, aun a costa de que nuestra salud mental se deteriorara rápidamente”.

Arias siguió al frente de sucesivas reencarnaciones de Lagartija Nick hasta alcanzar esa plusmarca de once álbumes; Éric alternó su rol como baterista en Los Planetas con otras aventuras y, posteriormente, se reintegró en el proyecto; Codorniú se enroló en Matilda y, con algo más de calma, se lo tomó Pareja, colaborador hoy en Lullaby. “El contacto siempre se ha mantenido y la relación ha sido cordial –afirma–. Los músicos de Granada, de lo poco que tenemos, es nuestro corporativismo. Bueno, algunos músicos de los 80 siguen mostrando una ira irreconciliable, que era algo muy de la época. No te vuelvo a hablar en la vida… Y ahí siguen, sin hablarme por algo que pasaría algún día y de lo que yo, ya, ni me acuerdo”.

Sí recuerdan los seguidores de la época –y los de posteriores generaciones, sumados sin pausa con el paso de los años– el carácter gozosamente indómito de aquella reivindicada trilogía, tan rabiosa en su electrizante sonido como premeditada en la carga de profundidad de sus textos. “En el libro de Nando Cruz, que estoy leyendo ahora –dice Arias en referencia a Pequeño circo. Historia oral del indie en España–, está muy bien explicada esa génesis heterogénea de grupos que intentaban conocerse y crear una nueva escena independiente, con más motivación que poderío económico. Algo de eso sobrevive en el sonido, esa expresividad, esas ganas de acercarse a la gente, esa vitalidad, con casi todas las canciones en tonos mayores. Eso les da mucha alegría… Quizás las letras de Hipnosis no han envejecido tan bien. En las de Inercia y Su el collage ya no se define, así que sirven para cualquier época de la vida. Pero el sonido… El sonido me sigue gustando mucho. El germen de los discos de Lagartija fue ponerse en contra de algo que eran tan normal entonces: buscar la multi [multinacional] y Los 40 [Principales]. Y eso sigue vivo en aquellos discos, muy salvajes, que además fueron el origen del trabajo con Enrique Morente”.

Sin rastro aparente de acritud, Arias define la creación de Lagartija Nick como “un golpe de estado contra 091″. Así resume su marcha de aquella otra recordada formación granadina en busca no sólo de nuevos horizontes, también de otra manera de hacer en la que el cambio se convierte en requisito indispensable para mantener el movimiento. “Fue una lucha por defender un sonido –afirma–. En algunos conciertos casi que podíamos parecer los Ramones de Graná, pero al mismo tiempo éramos el germen de lo que vino después. Algo que hicimos bien fue alentar a otras generaciones. No era sólo por nosotros. Ahí también entra, por ejemplo, el hecho de producir el primer epé de Los Planetas. Era una manera de no enquistarse, de hacer de bisagra. Se creó un vínculo de por vida: algo veríamos entre nosotros que era real”.

Foto: Concha Laverán

Foto: Concha Laverán

El vínculo se mantiene. Aquella constelación granaína protagoniza todavía hoy una red de colaboraciones de sobra conocida, concretada en proyectos conjuntos como Los Evangelistas y proclive a la intervención de unos en los discos de otros. Sin ir más lejos, varios integrantes de Los Planetas participaron en la gestación de Multiverso (2009) y Multiverso II. De la soleá de la ciencia a la física de la inmortalidad (2013), los dos discos firmados hasta la fecha en solitario por Antonio Arias, esplendorosas colecciones de adaptaciones de poesía científica –el interés de Arias por la astronomía y el espacio viene de lejos– que acaban de ser reeditadas conjuntamente en un doble vinilo de edición limitada. Una nueva oportunidad de redescubrir sendos títulos, quizás lastrados en su proyección por la modestia de las ediciones originales; quizás también, al cabo de los años, tan celebrados como los de Lagartija Nick. “Hay proyectos que tienen que vivir al margen de todo eso -reflexiona Arias-. En primer lugar, por una cuestión temporal: si tienes la oportunidad de trabajar con un poeta como David Jou, como ocurrió en Multiverso II, es ahora, no luego, intentando convencer a alguna compañía. Con Los Evangelistas podemos trabajar con Sony, pues sin problemas. Pero hay otros proyectos que sabes que podrían tenerte paseando por pasillos eternamente. Hay discos que necesitan dar una vuelta muy grande para llegar a su público, piden vida y coger aliento. Tienen esa promoción retardada, pero también bastante eficaz, que da la convicción. Decía Enrique [Morente] que hay que grabar discos para diez años después”.

La golosa edición en vinilo incluye además la descarga digital de cuatro cortes inéditos, más que probable avance de un futuro Multiverso III. “En principio era sólo eso, un apoyo al doble vinilo, cuatro canciones nuevas, pero Multiverso fue muy pop y Multiverso II podía recordar más al sonido de Los Evangelistas producidos por Martin Glover… Así que el tercero podría ser una manera de unir esas dos corrientes, sin perder nunca esa expresividad pop ni siendo tan oscuro como el segundo. Además, hace poco ha llegado a mis manos un poema de ciencia-ficción de los años 50 que es fantástico… Multiverso supone para mí una manera de seguir explorando la nueva poesía”.

Lector constante de poemas, como su maestro Morente, saca Arias a colación el reciente Voces del extremo, de Niño de Elche, con textos de autores adscritos al encuentro homónimo. “Me ha gustado mucho lo que ha hecho, esa especie de trascendencia de la poesía de la experiencia que llaman poesía de la conciencia -explica-. Hay textos un poco chunguelas y echo de menos más cantaor, más voz, porque es un tío que canta tan bien, que tiene una voz tan vieja… Al final del disco incluso hay cosas que me recuerdan un poco a Omega, y eso hace que me guste todavía más. Es un disco que incluso me reconcilia con Pony Bravo, a los que creo que había trivializado un poco. Me gusta seguir ahondando en nuevas formas poéticas y en gente joven, gente como Rafael Espejo, al que no se nombra tanto pero que es genial. Hay por ahí unos talentos tremendos”.

Entre los talentos musicales locales señala Arias a Pájaro Jack. “Jaime Beltrán -recuerda del cantante y guitarrista de la banda granadina- fue asistente de ingeniero de sonido en Multiverso. Es un tipo técnicamente muy capaz. Es lo que tienen las nuevas generaciones, que vienen muy preparadas, y lo que les falta lo pillan en Internet. Quién lo hubiera pillado entonces, eh, cuando leías libros antiguos que te hablaban de aquella canción… Ahora lo tienes todo en Deezer o Spotify, y eso es maravilloso”.

Lagartija Nick actúa el próximo viernes 8 en la Sala X de Sevilla (c/José Díaz, 7).

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 29)

Blas Fernández | 23 de abril de 2015 a las 5:00

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Vuelven Los Planetas tras años de silencio con el epé Dobles fatigas, que esconde entre sus cuatro cortes Heroína, la polémica bulería del desaparecido Juan Moneo El Torta. Todavía en el terreno del rock jondo, Niño de Elche pone a los flamencos del revés con su nuevo trabajo, Voces del extremo.

Novedades (Tremolina, Nudozudo…) y conciertos, muchos conciertos: Robyn Hitchcock, Las Buenas Noches, Nueva Vulcano, Lost Twin, Chencho FernándezLagartija Nick, El Columpio Asesino, Reina Republica… También el reggae-dub de The Oniric Tree, uno de los grupos presentes en la extensa programación de la IV edición del Routing Day, que se celebrará en Sevilla los próximos días 1 y 2 de mayo. Y a la vuelta del verano, una deliciosa sorpresa en Córdoba: Noches eclécticas en el Palacio de Viana, con actuaciones, entre otros, de M. Ward y Emiliana Torrini.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Los Planetas: Heroína (Bulería de El Torta)

2.-Niño de Elche: Mercados

3.-Las Buenas Noches: Mañana

4.-Tremolina: Remember We Are Strong

5.-Nueva Vulcano: Hemos hecho cosas

6.-Lost Twin: Acuario de plantas

7.-Chencho Fernández: Una buena noche

8.-Lagartija Nick: Napalm

9.-El Columpio Asesino: Babel

10.-Nudozurdo: El grito

11.-Robyn Hitchcock: To Turn You On

12.-M. Ward: Pure Joy

13.-Emiliana Torrini: Tookah

14.-The Oniric Tree: Like a Bird

15.-Reina Republicana: Baja la voz

Las voces acordes de Niño de Elche

Blas Fernández | 18 de abril de 2015 a las 5:00

Niño de Elche, en la librería La Fuga de Sevilla. / Foto: Celia Macías

Niño de Elche, en la librería La Fuga de Sevilla. / Foto: Celia Macías

nino_elche_portada_blvpVoces del extremo. Niño de Elche. Rock jondo. Autoedición. Descarga digital con licencia CC.

Embarcado desde hace tiempo en una incesante actividad que, sólo en los últimos meses, lo ha llevado a producir y dirigir un documental –Sobre MH–; publicar vía Knockturne Records una cassette registrada en vivo, junto al grupo experimental alicantino Seidagasa, en la casa natal de Miguel Hernández –Calle de arriba, 73– o a preparar la presentación del espectáculo Raverdial en el festival barcelonés Sónar junto al dúo sevillano Los Voluble –integrado por los hermanos Benito y Pedro Jiménez–, Francisco Contreras Molina (Elche, Alicante, 1985), alias Niño de Elche, desborda prácticamente desde sus primeros pasos –Mis primeros llantos, Dienc, 2007– los presumibles cauces de un cantaor flamenco. Y Niño de Elche lo es, qué duda cabe, aunque su innata curiosidad por experimentar con formas y sonoridades en principio ajenas al género lo reubica tanto en un universo mayor como en la cósmica estela de otros aventureros de lo jondo de ayer y hoy –es recurrente la comparación con Enrique Morente, aunque lo suyo quede generacionalmente más cerca de la absoluta libertad creativa del bailaor sevillano Israel Galván o del desprejuiciado conocimiento musicológico de la cantaora onubense Rocío Márquez, con la que ha colaborado en varias ocasiones–.

Niño de Elche, que mantiene además una apretada agenda de conciertos, bien en formatos flamencos más o menos tradicionales o poniendo en pie cualquiera de los múltiples proyectos propios o conjuntos en los que participa, se apunta con indisimulada avidez a cualquier idea o reto que sacuda la fosilizada imagen de un género que muchos pretenden sacro, intocable, premeditadamente inconscientes, en incontables ocasiones, de su natural bastardía (la de cualquier otra expresión musical, sin ir más lejos). Así, Francisco Contreras presta su voz al coreógrafo Juan Carlos Lérida; graba con el dúo experimental José Cicuta o deja escuchar su quejío junto a los rockeros Kaufer.

De uno de esos encuentros crece y florece este sorprendente Voces del extremo que nos ocupa. Colaborador en De palmas y cacería (2013), tercer álbum de Pony Bravo, no cuesta mucho entender el grado de complicidad que Niño de Elche parece haber alcanzado con el grupo sevillano: la misma curiosidad de unos es, al fin y al cabo, la del otro.

Daniel Alonso, vocalista y teclista de la formación, se pone al frente de la producción, tarea en la que cuenta con la ayuda de otro integrante de la banda, Darío del Moral, y de Raúl Pérez –ingeniero de sonido, productor de los discos de Pony Bravo y de una significativa porción de algunos los mejores discos españoles de rock de los últimos años–. Se prestan al juego, además, músicos como el contrabajista Javier Mora y los guitarristas Raúl Cantizano y Fernando Junquera, otros cómplices de largo recorrido que contribuyen a dar al álbum ese carácter de excepcionalidad, de nueva vuelta de tuerca en la ya larga historia de encuentros (y desencuentros) entre flamenco y rock.

Niño de Elche ya lo había intentado en su anterior trabajo firmado con nombre propio, Sí, a Miguel Hernández (2013), pero, por abundar en una fórmula ya reiterada de acercamiento entre ambos mundos, aquel homenaje al poeta –figura en torno a la cual pivota buena parta de la obra del cantaor hasta la fecha– carecía quizás de la inventiva y el riesgo, también de la frescura, que Voces del extremo despliega del primer al último (y décimo) corte, alternando piezas de una sonoridad eléctrica exuberante –la enorme pulsión krautrock de Que os follen, El comunista y Mercados; el aire a reggae marciano de Miénteme; los sincopados teclados de Estrategias de distracción…– con otras canciones de apariencia desnuda, ésas a las que Niño de Elche se enfrenta apenas flanqueado por uno o dos instrumentistas –Nadie, Canción de corro de niño palestino, Informe para Costa Rica, Han sido 30 años y la cenital Canción del levantado / Notificaciones, estas dos últimas con Junquera tejiendo redes de cuerdas, limpias o saturadas, que bien pudieran remitir a los discos en solitario de Tom Verlaine–.

Musicalmente, Voces del extremo es un disco deslumbrante, y lo es tanto por la interpretación de Francisco Contreras como por la pericia y entrega de los músicos que lo acompañan. Y deslumbra en tal medida que uno tiende a pasar por alto –así lo induce el conjunto– que quizás no todos los textos de las diez canciones están a la misma altura.

Nutrido en lo lírico por poemas procedentes de los encuentros que dan título al álbum, celebrados en Moguer desde 1999 con el apoyo de la Fundación Juan Ramón Jiménez y la coordinación del poeta Antonio Orihuela, Voces del extremo recala con comprensible y más que justificada rabia en eso que algunos denominan poesía de la conciencia –a esa corriente se adscriben los autores seleccionados–, en ocasiones tan concienciada que casi pierde, ¡oh!, cualquier pretendida connotación poética. Pero no ocurre nada (malo): es tal la convicción con la que Niño de Elche defiende esas tonadas que se sobra y basta para insuflarles él mismo toda la poesía necesaria.

Niño de Elche presenta en directo Voces del extremo este sábado a las 22:00 en el Teatro Alameda de Sevilla dentro del espectáculo de clausura de la XVII edición del Festival Zemos98.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 28)

Blas Fernández | 9 de abril de 2015 a las 5:00

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Arranca esta entrega del Podcast de La Ventana Pop con Voces del extremo, nuevo álbum del nada convencional cantaor flamenco Niño de Elche (en la imagen), un disco producido por Daniel Alonso (Pony Bravo) con presentación en vivo en el espectáculo de cierre de la XVII edición de Zemos98.

Desde Francia nos llega el más reciente trabajo de Dominique A, Éléor, y desde Estados Unidos dos títulos tan recomendables como Carrie & Lowell, de Sufjan Stevens, y Fresh Blood, de Matthew E. White.

Rea del ritmo, de Single, Justicia poética, de Pumuky, y Regiones devastadas, de Blacanova, completan el apartado de novedades. En el de conciertos, actuaciones inminentes de Sick Buzos, Luna, La Habitación Roja y Wilko Johnson.

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Tracklist

1.-Niño de Elche: Estrategias de distracción

2.-Niño de Elche: Que os follen

3.-Dominique A: L’Océan

4.-Dominique A: Central Otago

5.-Sufjan Stevens: Fourth of July

6.-Single: Rea del ritmo

7.-Single: Claros y chubascos

8.-Pumuky: Escritura automática 9 mm

9.-Blacanova: Despiece (De vacuno)

10.-Matthew E. White: Vision

11.-Chencho Fernández: Si alguna vez mueres joven

12.-Luna: Sideshow By The Seashore

13.-La Habitación Roja: Febrero

14.-Wilko Johnson & Roger Daltrey: I Keep It To Myself

Magia de plata negra

Blas Fernández | 29 de marzo de 2015 a las 5:00

Guadalupe Plata. / Foto: Jimena

Guadalupe Plata. / Foto: Jimena

gp_portadaGuadalupe Plata. Guadalupe Plata. Everlasting Records. Blues / Rock. LP / CD / DD.

Desde su debut en 2009 con un 10” de apenas seis canciones, Guadalupe Plata –Perico de Dios (guitarra y voz), Carlos Jimena (batería) y Paco Luis Martos (bajo-barreño)– ha ido perfilando un reconocible universo sonoro propio partiendo, y he ahí la gran paradoja, de unas coordenadas estilísticas plenamente asentadas y aceptadas –en no pocas ocasiones, incluso desechadas– en el imaginario rock.

¿Es blues lo que nos propone el trío ubetense? ¿Es blues primigenio, sucio y pantanoso? ¿Es árido blues-rock? Es todo eso y más: un impulso ciertamente primitivo, y no sólo en términos musicológicos, que termina por adquirir un significado complejo y exuberante en su deslumbrante y, sólo en apariencia, concisa ejecución; en su amplio repertorio de guiños a dos sures distantes que, aquí, se quieren conectados en otro imaginario menos extendido: el de las escuchas a conciencia, el de las ilustrativas lecturas devoradas con fruición y, quizás también, el de una cultura cinematográfica capaz de encontrar petróleo donde otros ni lo huelen. Señas, a la postre, que construyen un nexo no por onírico menos sentido. Porque hay mucho de sueño en la música de Guadalupe Plata: el de un blues intemporal y, de tan desarraigado, se diría que ultraterreno.

Si ese crecimiento era patente al escuchar sus dos álbumes posteriores –los aparecidos en 2011 y 2013, sin más título, como aquel 10”, que el propio nombre de la banda–, la publicación, también en 2013, de Pelo Mono aportaba otros factores, aunque de similar factura, a la ecuación. El dúo integrado por Perico de Dios y el baterista granadino Antonio Pelomono, un proyecto paralelo a Guadalupe Plata todavía de futuro insondable, abría el abanico estilístico hacia un delicioso y delirante rock’n’roll instrumental, elegantemente vintage, con vocación de serie B –¿lo llamamos pulp-music?–. Y escuchando hoy el tercer álbum del trío –¿lo adivina? Sí, otra vez homónimo–, cuesta sustrarse a la idea de que algo de esa apertura se suma al actual resultado.

Guadalupe Plata (2015) hila fino, todavía más fino, en su vocación de artefacto intemporal. Y para ello, en primera instancia, se recurre a una medida básica: el trío se planta en Londres –con el beneplácito de su discográfica, que lo observa y mima con la dedicación propia destinada a la gran esperanza blanca– y se encierra durante cinco días en los estudios Toe Rag, junto al productor Liam Watson, con la intención de invocar al espíritu analógico y que éste dé su bendición al álbum. La elección, desde luego, no es gratuita. Watson está tras los controles en un nutrido y selecto listado de títulos de similar querencia por lo añejo –celebrados discos de The Ettes, Tame Impala, James Hunter, The White Stripes, Television Personalities…–, pero decididos a reivindicar con rabia la contemporaneidad de su propuesta.

De la idoneidad de la elección, y del espléndido momento de la formación, dan cumplida cuenta estos once nuevos cortes, oscilando entre la contundente descarga eléctrica que el trío lleva al paroxismo en sus directos –aquí representada por canciones como Tormenta, Hoy como perro, Mecha corta, Hueso de gato negro o la divertida Calle 24: tonada infantil transformada en malsana andanada– y la más expansiva elaboración de piezas instrumentales o cantadas –Serpientes negras, Filo de navaja, Agua turbia o la enorme El paso del gato– afines al encantamiento vudú y al sortilegio tex-mex que ya apreciamos en los mencionados Pelo Mono. ¿Le tienta la magia?

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 27)

Blas Fernández | 26 de marzo de 2015 a las 5:00

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Arranca la nueva entrega de El Podcast de La Ventana Pop con un repaso al recomendable libro firmado por el periodista Nando Cruz en torno al indie español de los 90, Pequeño circo, un extenso volumen publicado por Editorial Contra que también repara en algunos precedentes de aquella escena. A propósito, suenan Cancer Moon, Lagartija Nick, Strange Fruit y El Grupo de Expertos Solynieve.

Desde Almería llegan Proyecto Solaz -con un invitado ciertamente peculiar…-; desde Huelva, The Strangers. Seguimos escuchando los nuevos trabajos de Santacruz, Guadalupe Plata y Pájaro Jack, estos últimos con presentación inminente de Vuelve el bien (partes I y II) en su Granada natal.

Más conciertos: Suomo en la Sala X de Sevilla, Lost Twin en el Lapsus Festival de Barcelona, The Jayhawks en Sevilla y Granada… Y aún queda tiempo para revisar el sorprendente nuevo álbum del tinerfeño Diego Hdez, Autotrophic Music.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

 

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Tracklist

1.-Cancer Moon: Tell Me The Secret

2.-Lagartija Nick: Déjalos sangrar

3.-Strange Fruit: Eternal

4.-Grupo de Expertos Solynieve: Colinas bermejas

5.-Proyecto Solaz: Sí a los chiringuitos

6.-The Strangers: Red

7.-Santacruz: Planta noble

8.-Guadalupe Plata: Hueso de gato negro

9.-Pájaro Jack: Ángeles

10.-Suomo: Pheromone

11.-Lost Twin: Coda

12.-Diego Hdez: Come The Summer

13.-Diego Hdez: Heisenberg

14.-The Hayhawks: Hey Mr. Man

Pequeño (y ruidoso) circo

Blas Fernández | 22 de marzo de 2015 a las 5:00

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circo_blogPequeño
circo. Historia oral del indie en España. Nando Cruz. Editorial Contra. 944 páginas. 26,90 euros.

¿Cuándo sustituye el término indie al más cercano independiente en la escena pop nacional? No sucede de la noche a la mañana: el proceso se alarga desde los últimos años 80 hasta bien entrados los 90 y, en su progresiva implantación, arrastra una carga de contraposición a lo anterior que no sólo parece hacer del indie un género musical en sí mismo –nada más lejos de la realidad–, sino que además distancia el propio significado del término de aquél que pudiera tener en origen. Y no sólo muta la acepción, claro, con ella también toda su carga simbólica y práctica.

La adulteración semántica continuará y llegará incluso hasta estos días, en los que con similar entusiasmo unos se cuelgan una etiqueta que hace ya tiempo dejó de decir algo –¿qué tienen hoy de indies los grupos, sellos, publicaciones y festivales que se definen como tales?– y otros se embarcan en un ejercicio de revisionismo tan lastrado por la mala conciencia –la de haber dado en su momento bola acrítica a todo aquello– que, aparentemente, les impide un análisis riguroso y con intención objetiva.

A Pequeño circo. Historia oral del indie en España, el monumental trabajo que ahora firma Nando Cruz (Barcelona, 1968), se le puede objetar en ocasiones una molesta ausencia de contextualización que dejará al lector interesado, pero no iniciado, con la sensación de no entender demasiado bien qué ocurre aquí. Aunque, al mismo tiempo, es precisamente esa naturaleza de relato oral y coral de los propios protagonistas –son incontables las voces que desfilan por las más de 900 páginas– la que esquiva con acierto el riesgo de demolición indiscriminada, tan injusta como innecesaria (al menos, claro, para quienes no pretendan construir hoy un nuevo discurso a la medida y a la contra).

Curtido en la prensa generalista y especializada desde comienzos de los 90, Cruz, a quien ya debíamos otro libro modélico –Una semana en el motor de un autobús (La historia del disco que casi acaba con Los Planetas), Lengua de Trapo, 2011–, no oculta un posicionamiento crítico sobrevenido –implícito en los temas tratados, en las invisibles preguntas lanzadas, en las miserias resaltadas y las carencias observadas, en la estructura misma de la obra–, pero no carga las tintas, deja hablar –de eso se trata– y retratarse a cada cual tal cual se exponga.

El circo, no podía ser de otra manera, planta su pequeña carpa sobre el terreno que otros han allanado. Son ésos quizás los grandes damnificados de esta historia, enormes bandas de rock en tierra de nadie –Los Bichos, Cancer Moon, Surfin’ Bichos, Lagartija Nick…– a los que la sobrevaloración crítica (o, insisto, acrítica) posterior y el soberbio sectarismo, cuando no arrogante ignorancia, pretenderá arrojar a un limbo excluyente. No lo conseguirá del todo. Y no sólo porque las más tenaces de aquellas formacione logren repercusión y continuidad, sino porque su influencia –cuando no estética, ética– permanecerá y será reivindicada, más pronto o más tarde, por los jóvenes airados. ¿Serían hoy Los Planetas quienes son sin el concurso inicial de Antonio Arias, referente capital para el pensamiento artístico de J? ¿Qué afinidad intelectual enlazaba al fallecido Josetxo Anitua, de Cancer Moon, con Ibon Errazkin y Teresa Iturrioz, entonces en Le Mans y más tarde en Single? En Pequeño circo hay muchas respuestas, y muchas instructivas lecciones, al respecto.

Estructurado en una doble vertiente cronológica y geográfica, el relato servido por Cruz se explaya en el carácter periférico de aquella explosión sorda, amplificada en tiempo real por canales como Radio 3 y Rockdelux: los grandes polos de creación no están ni en Madrid ni en Barcelona, de donde apenas surgen nombres relevantes, sino en Gijón, Zaragoza, Albacete, Pamplona, San Sebastián, Palma, Granada o Sevilla. En Madrid están gran parte de los sellos indies –muchos de los cuales no tardarán en entrar en estrategias de colaboración con las multinacionales, la mayoría fallidas en términos comerciales–; en Barcelona, salvando la excepción de la militante y efímera revista madrileña Spiral, está el altavoz de la prensa especializada, el escaparate. Más o menos, vaya, como ahora.

Cada escena local se codifica en claves estilísticas diferentes, aunque más allá del deseo de pertenencia a algo nuevo, más distintivo que distinto, las identifican y reúnen una reconocible serie de elementos comunes. Surgen al amparo de una emisora de radio, de un bar, de una tienda de discos o ropa o de un fanzine. Son células destinadas a conectarse entre sí con el objetivo de desarrollar un organismo, pero algo falla en ese proceso…

En tiempos particularmente convulsos –los que vivimos hoy– resulta tan fácil como inevitable recriminarle al indie español su desconexión de la política, su alegre despreocupación por la realidad social. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ésta no era entonces, ni de lejos, la que ahora padecemos, y que en la medida en que cambia, a peor, la música cambia con ella y refleja el actual estado de cosas. No caben pues demasiadas lamentaciones en este sentido. Quizás tampoco sobre el escaso espíritu colectivo de aquellos grupos, que en el fondo reiteran los mismos patrones de comportamiento –colaboran, sí, hasta que arrancan las rencillas y celos– de sus antecesores en los 80. Aparecen, desde luego, felices excepciones a esa regla –el caso del sevillano Colectivo Karma–, pero no van a más, precisamente, por esos proverbiales motivos.

Aunque no son los únicos, los grupos andaluces marcan otra pauta a tener en cuenta: apuestan mayoritariamente por cantar en español frente a la que se presume otra seña de identidad del movimiento: el inglés (bueno, o casi inglés). ¿Sería posible afirmar que ello permite que dos de las carreras más extensas y reconocidas con origen en el indie español de los 90 sean las de Los Planetas y Sr. Chinarro? Bueno, sería, como mínimo, aventurado: paradójicamente es Dover, cantando en inglés, el grupo de aquel ámbito que logra un éxito comercial sin parangón en una escena ajena a las grandes audiencias.

Al menos, claro, hasta que el entramado de pequeños festivales diseminados por la geografía del país da paso a los eventos multitudinarios –con Benicàssim y Primavera Sound a la cabeza–, catalizadores últimos de la desnaturalización del indie, de su definitiva conversión en ruidoso circo mediático en el que la música, al fin, apenas es el ornamento, cuando no la excusa, que permite mantener en pie el negocio.

¿Y aparte, qué queda de todo aquello? Malas prácticas, buenos recuerdos, la misma endeble infraestructura… Pero, sobre todo, un puñado de discos ajenos al paso del tiempo, prestos a ser redescubiertos una y otra vez.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 26)

Blas Fernández | 12 de marzo de 2015 a las 5:00

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Nuestra esquizofrenia estilística crece a pasos agigantados. Será consecuencia directa, se deduce, de la amplitud y variedad que la escena musical andaluza muestra en estos tiempos que corren. Entre discos ya editados, otros por llegar e ilustres visitantes en directo, en esta entrega suena un poco de todo, de rock a jazz, de electrónica a funk. Pase y escuche.

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Tracklist

1.-Santacruz: Cuarenta por ciento

2.-Unsuspected: Waves of This Sound

3.-Reina Republicana: Mikoyan

4.-Hidalgo: Nadie comprenderá

5.-Conmutadores: Faith In You

6.-Fred Wesley and The New JB’s: Sex Machine

7.-Malheur: Las muñecas cabronas del espacio

8.-Blooming Látigo: Los espárragos y la inmortalidad del alma

9.-Combray: Glacera

10.-Cabezafuego: Pachuca

11.-Los Technicolours: Everybody

12.-The Ships: Want

13.-Cooper: Entre girasoles

14.-Sr. Chinarro: La canción de amor de turno

“Los que igual se merecen los aplausos son los viejos”

Blas Fernández | 5 de marzo de 2015 a las 5:00

Genís Segarra y Carlos Ballesteros, Hidrogenesse. / Foto: Alicia Aguilera

Genís Segarra y Carlos Ballesteros, Hidrogenesse. / Foto: Alicia Aguilera

Durante un tiempo, Astrud e Hidrogenesse convivieron en la escena nacional como sendas muestras atípicas de un pop facturado desde parámetros insobornablemente artísticos. Integrante de ambas formaciones barcelonesas, Genís Segarra acabó decantándose por la segunda, en la que comparte ideas, gustos y protagonismo con su pareja, Carlos Ballesteros. Juntos ya habían facturado otros discos tan notables como inclasificables -en esa lista figuran títulos como Animalitos (2007) y Bestiola (2008)-, pero en 2012 dieron la campanada con Un dígito binario dudoso. Recital para Alan Turing, un álbum creado con motivo del centenario del nacimiento del matemático inglés, padre de la computación electrónica. Fue aquél un encargo directo del entonces director del Centro de las Artes de Sevilla, Jesús Alcaide, como parte de un proyecto mayor que nunca vio la luz. A Alcaide se lo llevaron de Sevilla los vaivenes políticos, pero a Hidrogenesse los trae su nuevo disco, Roma.

-Parece que el de Roma fue un proceso accidentado: se mezclan canciones escritas a lo largo de seis años que nunca llegaban a grabar…

-Pasó que, a veces, desde que tienes una idea hasta que la llevas a cabo, es todo muy fluido y fácil. Y otras veces, no. En este caso, desde que empezamos a pensar en la canciones y comenzamos a escribirlas ya las veíamos. Pero luego viene lo demás: terminarlas y grabarlas. En ocasiones no encontrábamos la manera de hacerlas sonar, de darles la forma que imaginábamos o deseábamos. Pero también nos salían otros proyectos y compromisos. Así que siempre terminábamos aplazándolo. No descartándolo, pero sí pensando bueno, ya lo haremos. Aunque nunca nos olvidábamos de esas canciones y, de hecho, llegamos a tocarlas en directo durante esos años. También en los ensayos, para ver si seguían gustándonos. Así que no es que estuvieran guardadas en un cajón.

-¿De ahí el carácter caótico del disco que ustedes mismos apuntan?

-No lo sé. Ese carácter es algo buscado. Queríamos que sonara como esa impresión que nos dio Roma cuando la visitamos juntos por primera vez: un collage en tres dimensiones, una ciudad caótica no sólo por la cantidad de gente, por la locura del tráfico, por los ruidos… Sino también porque al lado o encima de un edificio del siglo I te encuentras otro del XII y otro de los años 50. Todo como amalgamado en ese poco espacio, en una ciudad pequeña. Nos daba la impresión de estar caminando por un collage en 3D hecho con diferentes partes del mundo y de la Historia. Y queríamos que el disco fuese así de caótico. No creo que eso sea fruto de que las canciones hayan sufrido cambios a lo largo del tiempo, que quizás también, sino de nuestra voluntad de hacer un disco así, que no fuera plano, lineal.

-En cierto modo, resulta paradójico. Venían de hacer un disco conceptual sobre la vida de Alan Turing y, huyendo del concepto, adoptaron la idea de Roma como eje.

-Pero en Roma las canciones no parten de ningún concepto previo. Cada una es una historia diferente. Roma era la idea que las agrupaba y les daba sentido, inspirando incluso qué tipo de sonido queríamos. Es el paraguas que las cubre a todas. En el caso de Un dígito binario dudoso era al revés: las canciones iban saliendo de la biografía de Alan Turing. Aunque, en el fondo, da igual el tema, es cómo lo enfocas y lo que consigues hacer lo que da sentido y valor a una canción. Puedes hacer canciones maravillosas sobre temas sin importancia ni para ti ni para los demás o canciones aburridísimas sobre temas de relevancia mundial.

-Creo que les sorprendió la proyección que llegó a cobrar Un dígito binario dudoso. En un texto introductorio a Roma en su web llegan a calificar su acogida como exagerada

-Es que la vivimos como exagerada, sí. Hicimos este disco para un proyecto que se cayó, un proyecto que se iba a hacer en el Centro de la Artes de Sevilla y que finalmente no salió. Pero a nosotros nos apeteció llevarlo a cabo aunque ya nadie nos lo pedía. Y lo hicimos bastante rápido.

-Ésa es otra paradoja: de un encargo surge el que para muchos, y sin demérito de los demás, es su mejor disco.

-Pero nosotros, desde dentro, nunca lo vimos así. De hecho, pensábamos que iba a ser un disco menor, algo que habíamos creado ex profeso para una cosa concreta. Sí que quedamos muy contentos con el resultado, nos dio mucho trabajo y éramos conscientes de que iba a quedar algo muy chulo, pero vivimos todo aquello como exagerado.

-¿Y a qué tipo de reflexión les lleva eso? Me refiero, claro, al hecho de que de un encargo nazca un disco tan valorado.

-Podemos reflexionar muchas cosas, pero el artista siempre tiene la razón. Y si te digo que ése no es nuestro mejor disco, puedes creerme o no, pero yo tengo la razón [risas]. Creo que lo puedo valorar con más criterio que los demás. Pero sí, estamos muy contentos con Un dígito binario dudoso, tanto por el disco mismo como por los conciertos que nos proporcionó, las críticas, los premios, la reacción del público… De hecho, creo que ahora que hemos sacado Roma estamos rentabilizando lo mucho que gustó el anterior disco. Los medios nos prestáis más atención, viene más gente a los conciertos, y creo que en parte es mérito de este nuevo disco, pero también de que la fama nos precede, por decirlo de alguna manera. Así que no tengo nada en contra de ese disco, me encantan sus canciones y las seguimos haciendo en directo, pero pusimos ahí la palabra exagerada porque la reacción de la gente nos pareció eso, exagerada.

-Me sorprende cómo en ocasiones el ámbito de la música pop se anticipa al reconocimiento de la oficialidad cultural. En su día, Lagartija Nick dedicó un disco a Val del Omar cuando casi nadie recordaba la obra del artista granadino. Ustedes hicieron lo mismo con Alan Turing.

-Y en nuestro caso, ni siquiera se trataba de un artista, sino de un científico. A la cultura no parecía interesarle Alan Turing porque no era de su mundo, así que resultaba aún más raro llevar al terreno de las canciones, de la música, a una figura así. Pero, qué sé yo, funcionó. Turing era un nombre muy desconocido, pero andábamos tan metidos en el tema del centenario de su nacimiento que nos parecía que éramos unos más de los que trabajábamos en ello, ya fuera con una exposición, un libro, un cuadro…

-Tras Val del Omar, Antonio Arias, de Lagartija Nick, ha grabado dos discos en solitario adaptando textos de poesía científica. Quizás ciencia y arte no estén tan lejos…

-Eso es lo que también descubrimos nosotros al hacer Un dígito binario dudoso. Parte de la sorpresa fue actuar en simposios de divulgación científica o que nos entrevistaran en medios especializados en ciencia. Ese público, más que de científicos, era de gente dedicada a la divulgación. Y estaban encantados: les parecía una manera fácil, agradable y acertada de explicar cuestiones científicas que a ellos, como divulgadores, les cuesta hacer llegar a la gente.

-Volvamos a Roma, origen y final del nuevo disco. El detonante fue un viaje y, años después, cerraron allí el círculo…

-Yo recordaba haber ido a Roma de pequeño, pero Carlos no había estado nunca. Hay muchas ciudades bonitas en el mundo, pero Roma es otra cosa. Fuimos en 2009 o 2010, no recuerdo, y nos dio mucha energía. De hecho, creo que cuando estamos de viaje, fuera de Barcelona, siempre estamos componiendo. Es de viaje cuando se nos ocurren ideas, letras, títulos… Canciones que tenemos que grabar algún día. Cuando fuimos juntos la primera vez ya teníamos escritas algunas de estas canciones, Elizabeth Taylor, Dos tontos muy tontos, Moix… Pero allí fue donde decidimos que eso se tenía que llamar Roma, que tenía que ser un disco muy ambicioso, que nos diera mucho trabajo, un proyecto de largo recorrido. Cuando ya habíamos publicado y girado el disco de Turing por todos lados, en ese momento nos dijimos que ya no había excusas y que había que ponerse con él.

-Y terminaron de cuadrarlo durante una estancia en la Real Academia de España…

-Lo de la Real Academia de España en Roma es una cosa como muy del XIX: todos los artista de la época tenían que ir allí, ver las ruinas, las antigüedades, el arte… Y eso, de algún modo, se ha mantenido. Roma sigue siendo útil para ellos aunque los artistas de ahora hagan vídeo, cómics o performance. Uno de los artistas que entonces estaba allí, Aníbal Santaella, un chico sevillano que crea universos virtuales en el ordenador, nos invitó. Él estaba en Roma replicando ruinas y dándoles una nueva vida, y nos pidió que pusiéramos música a ese trabajo. Aprovechamos la invitación para cerrar el ciclo y terminar Roma, para dejar fijadas todas las canciones y grabarlas al volver.

-Cita términos como antigüedad, ruinas… Hay una hermosa canción en Roma titulada A los viejos. ¿Es un sincero reconocimiento al legado que nos precede o un guiño a la lejanía de la juventud?

-Es lo primero. Nos encanta que pase el tiempo. Si a una cosa que nos gusta le echas diez años encima, nos gusta más. Y si le echas cien, nos gusta más aún siendo la misma cosa. No tenemos ningún problema con hacernos mayores, con envejecer. El tema no es envejecer nosotros, sino celebrar que los pioneros que han hecho cosas importantes, interesantes, relevantes, entretenidas o bonitas siguen vivos en sus obras. Puede que veas a los viejos como una versión decadente de ti mismo, como el final de algo, así que pensamos en hacer una canción para que la gente los viera como algo maravilloso, como estrellas del pop a las que hay que seguir y admirar, gastarse el dinero en ellas y hacerles ofrendas.

-Ésa es una percepción que rara vez casa con la juventud. No digo que sea imposible, pero sí rara.

-Sí, pero no sólo le ocurre a la gente joven, también a la mayor. Parece que todo lo joven es siempre más interesante. Siempre tiene más éxito lo nuevo. También fue como una rabieta que nos dio cuando hace unos años se puso muy de moda hacer conciertos de música pop para niños. Algo que ocurría simplemente porque nuestra generación, la del indie, había crecido y tenido hijos, y quería llevar a sus hijos a conciertos. A la tercera vez que nos propusieron participar en un concierto para niños se nos ocurrió hacer lo contrario. Dejemos tranquilos a los niños, que todavía tienen toda la vida para disfrutar. Los que igual se merecen los aplausos son los viejos.

-Pronto parten de gira hacia América. ¿Están los grupos españoles intentando descubrir allí otra vez El Dorado?

-Creo que en parte es porque nosotros, en España, estamos en un momento económico bajo, mientras que algunos países hispanoamericanos están en un momento de bonanza económica. Eso hace que a ellos les resulte viable y rentable tener allí a bandas españolas. Hace años que estamos en esto y siempre era como imposible o muy difícil que alguien se atreviera a llevarte. Aunque parece que eso está cambiando. Igual es un espejismo, algo puntual, y no nos vuelve a pasar más. Pero, bueno, ya hemos ido dos veces a México y este año vamos a Argentina, a Chile, a Perú y, quizás también, a Uruguay y Colombia.

-Lo extraño, quizás, es que no haya existido una mayor conexión histórica entre las dos escenas con el mismo idioma a uno y otro lado del Atlántico.

-Porque América está muy lejos. Ahora que todo el mundo tiene internet y las generaciones más jóvenes ni siquiera usan discos, todo le llega a la vez a todo el mundo. Es un poco caótico. El público de allí pueden poner a Hidrogenesse al lado de un grupo que ya ha desparecido y al lado de otro con un éxito masivo. Pero para ellos es lo mismo. Son grupos españoles que me gustan. No distinguen si son indies o mainstream; si son actuales o han desparecidos; si la canción que les gusta es de este año o de hace quince. Todo es presente y accesible en el momento. Igual eso es lo que hace que de repente ahora haya más público allí. Ya no depende de que nadie esté promocionando un disco, de que haya allí una discográfica apostando por ti. Igual es un público que te confunde con grupos masivos o desaparecidos, o al que le gusta de ti algo que pasó hace veinte años. Da igual, vas mañana y no hay ninguna diferencia, porque no fue hace veinte años: lo han escuchado hoy.

Hidrogenesse presenta Roma este viernes 6 en la sala Farándula de Algeciras y el sábado 7 en la sala Obbio de Sevilla.

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El Podcast de La Ventana Pop (Programa 25)

Blas Fernández | 26 de febrero de 2015 a las 5:00

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En esta entrega, El Podcast de La Ventana Pop avanza dos canciones de Delacruz, nuevo proyecto de los ex integrantes de Maga Miguel Rivera y César Díaz. Además, seguimos buceando en el tercer y homónimo álbum de Guadalupe Plata y en Vestiges & Claws, de José González. En el apartado de conciertos, suenan Aurora, The Royal Landscaping Society, Manos de Topo, El Imperio del Perro, Hidrogenesse y BBBang. Y dos llamativos cabos sueltos: el debut de Detergente Líquido y Reina Republicana, estos últimos con una canción firmada por Manu Ferrón.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Delacruz: Vivo

2.-Delacruz: Y ver llover

3.-Guadalupe Plata: El paso del gato

4.-Guadalupe Plata: Hoy como perro

5.-José González: Leaf Off / The Cave

6.-José González: What Will

7.-Aurora: Arena en los ojos

8.-The Royal Landscaping Society: Frost

9.-Manos de Topo: Ingeniería nupcial

10.-El Imperio del Perro: Monos al espacio

11.-Detergente Líquido: En todos los polígonos hay un bar

12.-Reina Republicana: Ahora que hace bueno

13.-Hidrogenesse: Siglo XIX

14.-BBBang: Lay Low (Do You Wanna Kiss)