Pájaro levanta el vuelo

Blas Fernández | 28 de febrero de 2012 a las 8:55

“Lo de este disco han sido ganas de hacer música, algo que nos apetecía. Eso y dar con la gente adecuada en el momento oportuno”, apunta Andrés Herrera Pájaro (Sevilla, 1963) al respecto de Santa Leone, el álbum con el que vuelve a la actividad discográfica tras no pocos años de invisibilidad.

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Sí, los chicos están bien

Blas Fernández | 23 de febrero de 2012 a las 8:11

¿Sospecha? ¿Duda si el término rock’n’roll apenas representa hoy algo más que un lapidario y gastado latiguillo en boca de Santos Trinidad, ese policía corrupto y alcoholizado al que, Segura dixit, sólo le falta ser del Atleti y fan del Fary para resultar un personaje perfecto?

Quizás necesite medicación. O, directamente, automedicarse. En el peor de los casos, recuperaría la fe durante el intenso y arrollador lapso que transcurre entre I’m in Love With The Wrong Girl y Waiting Forever, principio y fin de Automedication, primer álbum de la banda sevillana Los News.

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Otro monólogo interior

Blas Fernández | 22 de febrero de 2012 a las 8:10

Un apunte personal: en una hipotética lista de, pongamos por caso, mis diez discos favoritos de la historia del pop español, incluiría sin dudarlo el Pío Pío de Single.

Aquel fantástico álbum, por tantas y tantas razones, supuso la gozosa y palpable demostración de que Teresa Iturrioz e Ibon Errazkin habían conseguido revitalizar de forma esplendorosa una trayectoria con origen, allá mediados los 80, en Aventuras de Kirlian y mucha mayor proyección y peso después, con personal e intransferible sello, bajo otro nombre impreso con letras doradas en esa misma historia: Le Mans.

¿Podía superarse el legado de la recordada formación donostiarra? Podía. Podía mantenerse la misma altura y, en cierto modo, crecer. Porque Pío Pío (2006) crecía en la misma medida en que lo habían hecho sus artífices, madurando las experiencias que Teresa entonaba y ampliando el equipaje sonoro, tan rabiosamente contemporáneo como conocedor del pasado, que había acompañado a Ibon, entre otros proyectos, en sus dos discos en solitario, aquel homónimo de 2000 y Escuela de arte (2003).

En Pío Pío cada canción tendía al equilibrio, a la perfección, y el álbum al completo constituía una propuesta de tintes tan inéditos en nuestra o cualquier otra escena que, vaya, sólo podían buscarse antecedentes en la trayectoria anterior de sus protagonistas. O sea, otra vez Le Mans.

Monólogo interior (2010), su segundo trabajo largo, me dejó estupefacto; fascinado e incómodo; entregado y reticente. En definitiva, en un extraño estado de contradicción entre la inteligencia de lo que observaba y el indefinible efecto que me provocaba.

Las experiencias seguían ahí, en esas mismas letras, pero Single había mudado el equipaje. Ahora viajaban guiñando un ojo a Nino Rota y parando de cuando en cuando a echar un trago en cualquier cabaret a tiro. Seguían creciendo, eso estaba claro. Y sí en el neceser de Pío Pío cabía una sorprendente versión del Recuerdo escolar de Lole y Manuel, aquí, como un dulce hachazo, se colaba una iconoclasta versión del Gracias a la vida de Violeta Parra. La conmoción estaba servida…

Tardé en pillarle el punto. Y sé que aún hoy dudaría mucho antes de incluirlo en esa hipotética -y puedo confesarlo, imposible- lista antes mencionada: queda al margen, en un limbo de deliciosas anomalías.

Al fin y al cabo, como los propios Single, los mismos que esta noche vuelven a Sevilla con una actuación, a las 21:00, en la Sala Cero (c/Sol, 5).  Las entradas cuestan 10 euros en venta anticipada y 14 en taquilla. Huelga recomendarle que acuda, si puede.

Una fructífera ruptura

Blas Fernández | 19 de febrero de 2012 a las 13:19

A Sleep & A Forgetting. Islands. Anti- Records. Soul / Pop. LP / CD

Lo sorprendente no es tanto la anécdota, eso de comenzar a escribir un día de San Valentín las canciones de un álbum que se reclama hijo desolado de una ruptura sentimental y que dichas canciones, de manera poco inocente, vean finalmente la luz el 14 de febrero del año siguiente. No, de eventualidades similares, y de discos fruto del desamor, está repleta la historia de la música pop.

También de gozosas reinvenciones, de ésas que alteraron los parámetros habituales por los que se movió un grupo o solista, que fintó y propuso algo inesperado, imprevisible. Ahí sí: es donde mejor encaja la sorpresa de A Sleep & A Forgetting.

El cuarto álbum de Islands -o lo que es lo mismo, de su factótum Nicholas Thorburn- se amolda a la segunda categoría aun cuando su discografía, mutante en lo estilístico, ya dispusiera el ánimo del curioso ante los bandazos. En este sentido, basta recordar que su anterior y tercer trabajo, Vapours (2009), tan propio de una época en que tras cada piedra parecía esconderse un grupo de indietrónica, en poco se asemejaba, al menos en cuanto a sonoridad, a su celebrado debut tras la ruptura de la banda germinal, The Unicorns.

Return to the Sea (2006), con una canción definitivamente adelantada a su tiempo -Don’t Call Me Whitney, Bobby-, emparentaba antes con ese redescubrimiento del folk que el pop experimenta de manera cíclica. Eso sí: en el caso de Thorburn, las conexiones siempre resultan leves, insinuadas, nunca ondeadas con ánimo apropiacionista o desvergüenza revivalista.

Así ocurre en A Sleep & A Forgetting, donde el soul clásico, muy clásico, adopta el papel de un filtro por el que el compositor tamiza formas e ideas, conservando esencias e incluso modos sin que el resultado, amén de proporcionarle una gustosa escucha, levante en el oyente mayor reparo que un cómplice qué cabrón murmurado sotto voce. A menudo, un inequívoco síntoma de admiración.

Este otro canadiense errante -él mismo lo cuenta en la web de Anti- Records- rompió con su pareja y mudó Nueva York, el hervidero Brooklyn, por Los Ángeles. A partir de ahí puede fiarle mayor o menor credibilidad a aquello de había un piano donde me alojaba y empecé a escribir estas canciones, porque la majestuosidad de las teclas en los once temas de A Sleep & A Forgetting, el peso mismo de éstos, resulta por completo independiente de su génesis, que no recordaremos mientras los tarareamos.

Si le hace falta, dese el tiempo necesario: éste es un álbum para escuchar una y otra vez.

http://vimeo.com/33233197

Se ha reunido el comité de expertos

Blas Fernández | 2 de febrero de 2012 a las 8:05

El eje de la Tierra. Grupo de Expertos Solynieve. El Ejército Rojo. Rock. CD

Reunido en torno a ese núcleo duro que conforman Montero Castillo y Aguirre Suárez –alias ad hoc del músico y letrista Manuel Ferrón y de J, de Los Planetas–, el Grupo de Expertos Solynieve saltó a la arena discográfica con un álbum, Alegato meridional, sobrado de razones para ser considerado algo más que un divertimento paralelo a las principales ocupaciones de sus integrantes, incluidos, amén de los mencionados, miembros de Lori Meyers y Lagartija Nick.

Con un pie en el folk-rock norteamericano de ascendente sesentero y el otro en la métrica y la sonoridad de una lírica andaluza en gozosa revisión –reivindicada, en el fondo, como postura vital: ahí quedaba la versión del Sureños de Silvio para corroborarlo–, el alegato de los granadinos revestía con despreocupado aire de premeditada indolencia una sólida propuesta cuya proyección, sin embargo, quedaba limitada por la naturaleza ocasional de la propia formación.

Seis años después y con nuevos proyectos satélite en órbita –Ferrón tiene listo un álbum en solitario y los morentianos Los Evangelistas publicarán el suyo el próximo 21 de febrero–, semejante comité de expertos saca tiempo –las ganas se notan en cada uno de los diez cortes– para registrar El eje de la Tierra.

“Más ordenaico y menos golfo y underground” que Alegato meridional, como recientemente le comentaba Ferrón a Blanca Durán en una entrevista para Granada Hoy, el nuevo disco del Grupo de Expertos Solynieve pule esas canónicas formas ya bien perfiladas concediendo mayor peso tanto al ropaje armónico como a los textos que visten, ya sean éstos dichosos juegos de dichos en torno a refranes populares –Perros muertos, el ocurrente equivalente a aquella deliciosa versión de Déjame vivir con alegría de Vainica Doble presente en el anterior disco– o ácidas crónicas del tiempo que nos toca vivir –Vienen a mi casa vendedores de seguros / Advierten que lo voy a pasar mal / Son los mismos que esta tarde me dejaron sin un duro / Y seguro que ahora vienen a por más, entona J en Por qué no te largas de aquí–.

Con Ferrón ganando presencia como compositor y vocalista –suya es una de las mejores canciones del álbum, Merienda de negro, con estribillo netamente granadino: Si no es pa’tanto / Ya estamos tardando / Tanta polla pa’ná– y demostrando otra vez un exquisito gusto a la hora de llenar la cuota de covers –aquí cae el Shouting In A Bucket Blues de Kevin Ayers–, El eje de la Tierra se revela como un delicioso artefacto con capacidad para sobrevolar de nuevo los lindes de la curiosidad que sus miembros más ilustres puedan despertar entre su inmediato círculo de adeptos. Claro que, otra cosa es que éstos se muestren dispuestos a dar auténtica vida al grupo o, simplemente, disponibles para ello.

De momento, El eje de la Tierra se puede adquirir en CD en la web de El Ejército Rojo, aunque la banda anuncia una próxima edición en vinilo de alto gramaje.

Ahí les dejo el clip de La nueva reconquista de Graná.

Rufus Wainwright actuará en Granada

Blas Fernández | 13 de enero de 2012 a las 14:08

Wainwright, en el Territorios Sevilla 2008. / Juan Carlos Muñoz

La productora Live Nation ha confirmado este viernes que el amigo Rufus Wainwright ha incluido a Granada dentro de la gira europea de presentación de su nuevo álbum, el aún inédito Out Of The Game, que cuenta con producción del ubicuo Mark Ronson.

Wainwright, esta vez acompañado por su banda, actuará el próximo 4 de mayo en la Alhambra granadina, en concreto en el Auditorio del Generalife. Las entradas podrán adquirirse a partir del próximo día 18 a precios que oscilan entre los 45 y los 65 euros.

Ya saben : hijo de dos personajes bien conocidos en el ámbito del folk norteamericano, el también neoyorquino Loudon Wainwright III y la canadiense Kate McGarrigle, hermano a su vez de la cantante Martha Wainwright, Rufus Wainwright ha protagonizado una extensa y singular discografía que arrancó en 1998 con un álbum de título homónimo y transita hasta hoy por parajes de lirismo extremo.

Sus anteriores visitas a Andalucía, en 2007 al Teatro Cervantes de Málaga y un año después al Festival Territorios Sevilla, nos han dejado pruebas de su más que compacto directo.

‘We are’ (algo de optimismo, que falta hace)

Blas Fernández | 10 de enero de 2012 a las 21:54

We are

We are the dawn’s electric rise
A gathering of consciousness creating
We are an overwhelming tide
Of heat and light and sound to break the chain

Time to take the keys back to our kingdom
It is time to move the rules to fairer ground
Equality and justice so the masses can breathe free again
The workers and the players have to take this world and turn it all around

We are the dawn’s electric rise
A gallery of consciousness creating
We are an overwhelming tide
Of reason and rights endowed to change the game

And to those who think that nothing ever happens
When peaceful forces speak the truth to power
Watch the water carving through the mountain’s heart of stone
How simple winds increase until they topple every tower

And we love to see you
Stepping up across the lands
And we love to be with you
As you make your righteous stand

And we love to hear you
Shouting out your desires
And we love to cheer you
As you join the expanding choir

We are the dawn’s electric rise
A galaxy of consciousness creating
We are an overwhelming tide
The heat and light and sound they can’t contain

New Party System propone este himno para el movimiento Occupy Wall Street y por extensión, como muestran las imágenes, para todos aquellos que, entre tantas otras cuestiones, se niegan a vender el estado del bienestar a precio de saldo. Está claro que Milton Friedman no va revolverse en su tumba y que sus discípulos están en otros asuntos -esos que aparecen al comienzo del clip dirigido por Toni Comas-, lo cual no impide que la canción -escrita por David First (The Notekillers) e interpretada entre otros por Kyp Malone (TV On The Radio)- insufle ánimo a nuestros corazones (y en especial al de mi compañera Tamara Velázquez: va por ti).

Tienen la noticia en Pitchfork

The Pains of Being Pure at Heart, en Sevilla y Granada

Blas Fernández | 10 de enero de 2012 a las 8:12

Tras pasar por Logroño, dentro del festival Actual, y ofrecer también conciertos en Madrid y Valencia, la gira de The Pains of Being Pure at Heart inicia mañana su corto tramo andaluz con sendas paradas en Sevilla (miércoles 11 en el Teatro Central) y Granada (jueves 12 en la sala Planta Baja).

Por aquí conocimos al grupo neoyorquino -Peggy Wang (teclados y voz), Kip Berman (guitarra y voz), Alex Naidus (bajo) y Kurt Feldman (batería), apoyado por Christoph Hochheim en la guitarra- gracias a la edición en 2009 de su primer y homónimo álbum, aunque para entonces el grupo ya había allanado el camino con un epé autoeditado en 2007 y varios sencillos que contribuyeron a proyectar su marchamo como protagonistas destacados del revival shoegaze, facción norteamericana.

The Pains of Being Pure at Heart reforzaba además el papel de Slumberland Records como catalizador de esa sacudida, pues pocos meses antes había sido el mismo veterano sello californiano el encargado de poner en circulación, entre otros títulos ad hoc, el debut de Crystal Stilts, Alight of Night.

Por mucho que las mismas referencias fueran rastreables en ambas formaciones, allá donde los Stilts ofrecían una especie de indolente fiereza, los Pains apostaban por la consabida fórmula dulzura + ruido. Les funcionó tan bien que su primer álbum quedó reseñado en no pocas listas de lo mejor del año

http://vimeo.com/4395747

Antes de terminar 2009, el cuarteto lanzaba un delicioso epé legible, en cierta medida, como golpe de efecto (y beneplácito): Higher Than The Stars añadía al listado de temas inéditos una remezcla del título homónimo firmada nada menos que por Saint Etienne.

http://vimeo.com/11717756

El siguiente paso fue meditado y llegó en el recién acabado 2011: Belong, grabado el verano anterior entre Nueva York y Londres, agrandaba la talla reclutando a un par de sastres de altura: Flood y Alan Moulder -productor y mezclador, respectivamente-, no por casualidad tras la mesa de mezclas en trabajos de The Jesus and Mary Chain, Ride y, claro, My Bloody Valentine, influencias más que evidentes en la música de The Pains of Being Pure at Heart.

http://vimeo.com/26519212

Ambos contribuyen a pulir y abrillantar esa mezcla de dream-noise-pop en la que la benevola autoindulgencia de ciertas letras es casi lo de menos (When everyone was doing drugs / We were just doing love / A stranger said you’re stranger like me / Ana, our dreams are coming true / Don’t tell me that a day will come / When we dress like everyone / Cuz I can tell you’re stranger like me, cantan en Strange); lo que pesa, se entiende, es la ensoñadora atmósfera de suave agitación que atrapa la atención sin rudeza, sin brusquedad.

Servidor confiesa que prefiere, primitivo que es uno, la inmediatez de su primer elepé, pero mantiene la esperanza de un directo, quizás, más desbocado. Habrá que salir de dudas.

Y recuerde que puede escuchar íntegros The Pains of Being Pure at Heart, Belong y Higher Than The Stars en la página web del grupo.

¿Qué sabe usted de Provo?

Blas Fernández | 5 de enero de 2012 a las 8:40

Foto: Nathaniel Ray

The Moth & The Flame. The Moth & The Flame. Autoedición. Rock. CD

Por cortesía de Wikipedia, unos breves apuntes sociogeográficos para ubicarnos. Provo es la segunda ciudad por población del estado de Utah, en el medio oeste norteamericano, apenas conocido entre nosotros por haber albergado unas olimpiadas de invierno en su capital, Salt Lake City, y, sobre todo, por ser el centro de operaciones de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. O sea, los mormones.

Situada a 1.397 metros de altura sobre el nivel del mar, en la cadena urbana conocida como Wasatch Front, apenas cuenta con poco más de 112.000 habitantes, en torno a 34.000 de los cuales son estudiantes de la Brigham Young University, universidad privada directamente vinculada a la iglesia predominante en el estado. Ésta, a su vez, dispone en la localidad de su Missionary Training Center, centro del que salen, dispuestos a evangelizarnos, esos chicos con corbata negra, camisa blanca de mangas cortas y etiqueta identificativa en el pecho que tanto sudan luego durante el tórrido verano andaluz.

El porcentaje de su población estudiantil, un dato siempre significativo a la hora de baremar ciudades en términos de música pop, podría inducirnos a engaño (o no): habida cuenta de los rígidos preceptos mormones, la Brigham Young, vuelve a señalar Wikipedia, es considerada “la universidad más sobria de Estados Unidos”. Un terreno, podría intuirse a priori, poco propicio para la manifestación de determinadas sensibilidades artísticas.

De tan singular paisaje, sin embargo, proviene The Moth & The Flame, grupo comandado por Brandon Robbins (voz y guitarra) y Mark Garbett (teclados y voz), que a mediados del pasado mes de noviembre debutó con un álbum de título homónimo y autoeditado, sorprendente no tanto ya por su lugar de origen –al fin y al cabo, puede que eso sólo sea folclore– como por su esplendorosa, compacta y emotiva colección de canciones.

Con evidentes y reconocidas referencias en Radiohead –en concreto, los anteriores a Kid A–, no pocos ecos también del Beck más calmado –el de Sea Changes, claro– y algo de la natural solemnidad –será el paisaje, en su caso– que adornó al inolvidable Grace de Jeff Buckley, The Moth & The Flame es uno de esos discos inesperados que acaban por fijarse en la atención a consecuencia de la insistente curiosidad que su contenido provoca. Quiénes son, de dónde vienen y todo lo demás.

Y así, uno descubre que, poco después de un año en activo, el dúo, flanqueado en directo por otros músicos de apoyo –entre ellos, el propio productor del álbum, Nate Pyfer– se saca de la chistera, y casi podríamos decir que de la nada, un debut impecable, por momentos conmovedor, que no cuenta con versión oficial en descarga digital porque Robbins y Garbett consideran que una portada como dios manda; la totalidad del diseño del envoltorio; el envoltorio de la música en sí, es parte ineludible del artefacto artístico que nos proponen.

Y así, uno entonces piensa, con evidente riesgo de equivocarse, que quizás en Provo la modernidad es otra cosa, y que la misma distancia que en lo sonoro separa al grupo de una a veces asfixiante cercanía a la actualidad es la que le permite crear un trabajo con tan evidentes y convencidas pretensiones sin siquiera rozar la grandilocuencia, el vacío.

Aunque de momento sólo se puede comprar en formato físico, si así lo desea, a través de la web del grupo –otro ejemplo en sí mismo del ajustado uso que la banda hace del diseño–, The Moth & The Flame puede escucharse íntegro vía soundcloud en la misma dirección. Ésa es sin duda la mejor manera posible de comprobar si canciones como la sobrecogedora Entitled, pese a sus deudas con OK Computer, o la inicial y contundente Maker son de ésas que también a usted le sacuden el cerebro.

Ahí le dejo el clip de Lullaby II, registrado unos meses antes de la aparición del álbum en un paisaje glacial (como Provo en invierno, imagino).

http://vimeo.com/24042544

Como en casa en ningún sitio

Blas Fernández | 31 de diciembre de 2011 a las 11:56

Desde Granada, la plataforma Mi Living Room, puesta en pie por Raúl Molino y Fernando Cienfuegos, viene ofreciéndonos una interesante serie de miniconciertos domésticos centrados en su mayoría, aunque no en exclusiva, en grupos de la ciudad.

Por ella han pasado ya, entre otros, Chinyi, Guadalupe Plata, Elastic Band y Napoleón Solo. Para próximas fechas se anuncia, también entre otras, una actuación de Pony Bravo.

Vale la pena pasarse por allí y echar un vistazo. Y para muestra, el botón de Pájaro Jack, cuyo primer álbum debe de estar ya a la vuelta de la esquina.

http://vimeo.com/34036565