Cerrado por vacaciones

Blas Fernández | 1 de julio de 2011 a las 10:49

Una reunión de amigos

Blas Fernández | 30 de junio de 2011 a las 7:24

“Fue algo improvisado, nada frío ni calculado”, explica Jaime García Soriano, guitarrista, vocalista y compositor de Sexy Sadie, respecto a la gira que vuelve a reunir sobre las tablas a la que fuera última formación del grupo mallorquín –amén de Jaime, el baterista Toni Toledo, “nuestra columna vertebral”, el bajista Jaume Gost y el guitarrista Carlos Pilán–.

Grupo emblemático del indie español de los 90, Sexy Sadie facturó en 12 años, de 1994 a 2006, algo más de una decena de títulos entre álbumes oficiales, recopilaciones de versiones o rarezas e incluso un disco de remezclas, aquel Onion Soup Tritured by Big Toxic en el que el músico electrónico se enfrentó al repertorio compuesto un año antes por la banda, una práctica desacostumbrada entonces en el pop español.

“A principios de este año estábamos tomándonos unas cervezas Carlos Galán [capo del sello Subterfuge], Toni y yo –recuerda Jaime–, y Carlos aprovechó que estábamos contentos para tirarnos el anzuelo de la gira. Nos pareció buena idea, porque nos apetecía. No nos habíamos planteado cuándo haríamos algo así, pero sabíamos que ocurriría”.

La banda había abandonado cinco años antes, después de la publicación de Translate, dejando tras de sí una fructífera e influyente trayectoria que, sin embargo, nunca alcanzó al público masivo. Sólo, en ocasiones, lo rozó: la misma maldición de otros tantos compañeros generacionales. “Sí, era como un techo que no superábamos. La verdad es que yo al menos me siento muy afortunado de haber podido vivir gracias a la música durante más de diez años. Aunque supongo que a todos nos hubiera gustado llegar más lejos en cuanto a popularidad y público. Creo que con posterioridad el mundo independiente se ha ido abriendo al mainstream y que cada vez más bandas han conseguido romper esa barrera. Espero que con el tiempo nuestro mercado musical puede ir pareciéndose al anglosajón, en el que en las listas de éxitos conviven Arctic Monkeys y Shakira”, dice Jaime.

De aquella época recuerda con especial agrado a Manta Ray, “que llegaron tan lejos como Sexy Sadie, pero que hubieran merecido llegar más lejos aún”, y a la excepción que confirmó la regla. “Los Planetas fueron el ejemplo de cómo una banda indie podía llegar perseverando y convenciendo con personalidad y buenos temas”, comenta.

Vinculado a la banda desde el primer al último disco, Carlos Galán tiró el anzuelo de esta reunión ocasional, y Jaime y sus amigos se lo tragaron con gusto. La explicación, sincera, no descarta motivos pecuniarios, pero insiste en otros. “Es evidente que cualquier banda ya separada que se reúne tiene un interés económico –afirma Jaime–. Todos sabemos, por ejemplo, que The Pixies se llevan fatal entre ellos y que no se hablan, pero luego hacen una gira de reunión y la hacen por lo que la hacen. En nuestro caso, no voy a decir que no sea también por eso, porque sería mentir, pero hay otras muchas cosas. En lo personal, yo echaba mucho de menos estar metido en el local con Toni, con Carlos y con Jaume. Somos muy amigos y estos cinco años separados musicalmente nos han unido todavía más. Tenemos una relación muy buena, así que para nosotros no es sólo la pasta, que también, sino que nos gusta la música que hicimos. Todos, además, hemos seguido tocando, y al segundo ensayo sonábamos ya estupendamente”.

Inmersos hoy en otros proyectos –Jaime emprendió discografía propia usando como alias uno de los títulos más recordados del grupo, Sr. Nadie–, en origen el objetivo de esta reunión era “hacer los festivales clásicos donde Sexy Sadie ya estuvo en otras ocasiones, el Sonorama, el Contempopránea… Pero al final ha sido una especie de bola de nieve, se han ido sumando cada vez más conciertos. La verdad es que estamos sorprendidos y contentos. Estamos disfrutando mucho más de lo que nos esperábamos”, asegura.

Dos llenos en Barcelona, tres conciertos en Madrid, Bilbao, Valencia, Vigo… “No sabíamos que íbamos a tener público nuevo. Contábamos con los treintañeros, los fans clásicos de Sexy Sadie que llevan diez años escuchando al grupo, pero en las primeras filas estamos viendo también a gente muy joven. Es público nuevo que en su día no podía ir a vernos por la edad o que aún no nos había descubierto”, comenta Jaime, quien descarta una reunión definitiva de Sexy Sadie o la grabación de nuevo material. “No es esa la idea. Para nada –asevera–. No hemos hablado de volver a hacer otro disco. Si se menciona es porque los periodistas lo preguntáis, pero en principio no está en nuestros planes. Eso requiere de muchos factores, entre ellos que yo dejara de lado a Sr. Nadie, Carlos a L. A. y Tony otros proyectos. Así que es algo que no nos planteamos”.

La idea, insiste, es disfrutar del directo. “El repertorio de los conciertos es una mezcla de los singles que la gente espera que toquemos y temas que a nosostros nos parecen de lo mejor que hicimos, aunque no fueran tan populares. Se trata de pasarlo bien, el público y nosotros. Si estamos aquí es porque queremos pasarlo bien y disfrutar tocando”.

Sexy Sadie actúa mañana en Sevilla –a las 22:00 en la sala Custom (Metalurgia 25, Pol. Calonge). Entradas a 12 euros en venta anticipada (Record Sevilla, Totem Tanz, Sun Tattoo, Hard Rock Tattoo y Custom Café) y 15 euros en taquilla– y el próximo sábado en Ojén (Málaga), dentro del festival Ojeando.

Etiquetas: ,

Krautrock y otras “mil cosas”

Blas Fernández | 17 de junio de 2011 a las 7:20

Foto: Rai Robledo

Décadas después de ser acuñado, el término krautrock se desliza hoy peligrosamente por el precipicio donde se despeñan los lugares comunes. Quizás incluso fuera conveniente imponer una tasa sobre su uso. “Sí, estoy de acuerdo –bromea Edu García–. Sobre todo porque nosotros tampoco consideramos que lo nuestro sea krautrock. Evidentemente, es un estilo y una escena que a todos nos gusta mucho, pero también nos gustan otras muchas cosas. Quizás el primer disco sí tenía un rollo más motórico, pero el nuevo tiene elementos de mil cosas”.

Vayamos por partes. Edu es el hombre de Giradiscos, el sello discográfico que en 2009 puso en circulación el primer y homónimo álbum de nosotros. O sea, de Lüger. Cuando el guitarrista original dejó la banda madrileña, él, madrileño a tiempo parcial en El Puerto de Santa María, cogió el testigo. ¿Las mil cosas? Ésas son las que conforman Concrete Light, segundo y flamante disco del grupo, editado el pasado martes, el argumento idóneo que justifica su presencia hoy en el ciclo Noches 2+1 de la Universidad de Sevilla.

Íbamos por las mil cosas. “Del rock progresivo, de la psicodelia en general, de la música electrónica no de baile: el rollo Mike Oldfield, los teclados de Jean Michel Jarre…”. ¿Eh? ¿Es consciente Edu de que poco tiempo atrás lo habrían ajusticiado por citar esas influencias. “Y sospecho que ahora también –ríe–, pero son cosas que nos gustan y tampoco nos vamos a avergonzar por ello”.

En Concrete Light, el quinteto –completado por Daniel Fernández, Fernando Rujas, Mario Zamora y Raúl Gómez– echa el resto: siete cortes en las versiones en vinilo y CD, seis en la de descarga digital accesible gratis desde su página en bandcamp, en los que priman los largos desarrollos de carácter ensoñador sin perder por ello un ápice de contundencia –por otro lado, una de sus más notables virtudes en directo–. “Creo que éste es un disco más variado que el anterior. El primero se hizo muy rápido. El grupo comenzó a ensayar en noviembre de 2008; en marzo de 2009 fue el primer concierto y en septiembre se grabó el disco. Sin embargo, éste tiene temas que se han estado cociendo incluso desde los principios del grupo, temas muy rodados ya en directo, canciones que han variado y crecido. Hay una paleta instrumental de colores mucho más amplia”.

Coeditado por Giradiscos y Marxophone –esta última, la escudería que acoge a Nacho Vegas, Fernando Alfaro y Refree–, Concrete Light repite la estrategia formato físico de pago/ descarga gratuita por la que están apostando tantos grupos. “Queremos que nos escuche cuanta más gente mejor. Para quien le apetezca tener el formato físico, pues ahí están el vinilo y el CD. Y si hemos repetido la fórmula –recuerda Edu en referencia al primer álbum de la banda–, es porque nos ha ido muy bien. El primero va por la segunda tirada. Para el nuevo lo único que hemos cambiado es que puedes decidir al bajártelo de bandcamp si quieres pagar algo para ayudarnos”.

Y ojo, que no estamos ante una banda copyleft. “La verdad es que tenemos registrados los temas en la sociedad de autores e imagino que actuar así puede tener alguna consecuencia, pero es que somos muy tarugos para estos temas –dice Edu–. La SGAE me parece una panda de trasnochados que está ahí a chupar del bote de todo el mundo. Yo lo vivo como sello discográfico, como músico y como promotor de conciertos, que es donde más incordian. A nosotros lo que nos interesa es tocar en directo lo más posible. Y para que la gente vaya a tus conciertos, te tiene que escuchar. Además, creo que a la gente que le gusta el tipo de música que hacemos también le gusta tener el disco en formato físico. El tiempo nos ha dado la razón y los discos, aunque sea en tiradas pequeñas, se han vendido bien”.

Tampoco han ido mal, nada mal, los directos. Lüger ha tocado ya en Francia y Bélgica y este mismo año realizó una gira de tres semanas por Estados Unidos. “En Nueva York tocamos tres veces, luego estuvimos en Boston, en North Hampton, en Nueva Jersey, en Filadelfia, en Washington y en Austin, donde dimos cuatro conciertos en el South by Southwest”.

Lüger y Los Cuantos actúan esta noche en la sede de Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Madre de Dios, 1) a las 22:00. Entrada libre previa retirada de invitación.

Etiquetas: , ,

Tormenta eléctrica (en ciernes)

Blas Fernández | 9 de junio de 2011 a las 13:22

Por decirlo de manera rápida, y aun a riesgo cierto de no ajustarme por completo a la realidad, Retribution Gospel Choir es esa banda en la que Alan Sparhawk aparca la proverbial quietud de Low -no tanta, desde luego, si atendemos al fenomenal último trabajo del grupo, C’mon- y da rienda suelta, o al menos lo hace en mayor medida, a su gusto por las descargas eléctricas.

Como poseído en ocasiones por el espíritu de ese Neil Young adicto a la distorsión, junto a RGC -trío completado por el bajista Steve Carrington, también compañero en Low, y el baterista Eric Pollard- Sparhawk ha facturado hasta la fecha dos estupendos discos, un homónimo debut, publicado en 2008, y el más reciente 2 (2010), que será el que -aquí viene la buena noticia- el grupo estará presentando en directo en Sevilla el próximo marte 5 de julio dentro de una gira española con paradas también en Vitoria-Gasteiz (día 6), Madrid (día 7) y Barcelona (día 9).

El concierto sevillano se celebrará en la Sala Malandar, a partir de las 21:30, y con un precio de lo más ajustado: 10 euros en venta anticipada y 14 en taquilla. Permanezcan a la escucha…

Ahí les dejo los clips de Hide It Away

…y Your Bird, temas ambos de 2. Que los disfruten.

Evocación sin nostalgia

Blas Fernández | 9 de junio de 2011 a las 7:23

Another Life. Southern Arts Society. Colectivo Karma / Clifford Records. Pop / Rock. LP / CD

No es por sí mismo un hecho positivo ni negativo, no afecta al intento de valoración con ánimo objetivo ni uno extrae por ello conclusiones firmes que pretenda sintomáticas de tal o cual estado de ánimo en el, afortunadamente, infatigable emisor. Es sólo una impresión personal, aunque sospecho que compartida por los conocedores del paño: cuando Another Life comienza a sonar, algo –al menos algo– de aquel Yili’s Party con el que Strange Fruit debutó en largo en el ya lejano 1993 vuelve del archivo de la memoria pidiendo a gritos que la aguja vuelva a caer sobre el vinilo para confirmar o, por contra, desterrar la sensación de que lo que aquí se cuece emparenta con aquel otro sabor.

Y hecha la cata, uno descubre que sí, que la nueva y tercera entrega de Southern Arts Society, la formación con la que el londinense Andy Jarman sigue dando cauce a esa irrefrenable pulsión por crear canciones, recuerda en mucho a su primer grupo español.

¿Es por la banda? Resulta plausible. El primer álbum de SAS fue un trabajo casero realizado casi en solitario y engalanado con múltiples voces invitadas. Sin embargo, ya en Burning Sand (2008), como el propio Andy señaló aquí en una entrevista, el hecho de volver contar con un grupo –especialmente solvente, además– trazaba inevitables paralelismos en cuanto al modus operandi.

Donde antaño estaban Julio de la Rosa –hoy de sobra conocido por todos–, Juan Aguilar y Juan Carlos Marín figuran ahora músicos como Jesús Bascón, Israel Diezma, Javi Mora y Manuel Martínez. Músicos que dan empaque a una propuesta con natural inclinación a las canciones mayúsculas, una a una, y al descarte del relleno, en el conjunto.

Es, en cierta medida, como si a aquel fantástico Yili’s Party se le restara el sello de época –en su caso, el eco del Madchester sound– y se le sumara la experiencia, el oficio y las ganas que el paso del tiempo no amortiguó.

La inicial Andalusian Morning o la dinámica Diamonds establecen la medida de un símil que, no obstante, piezas como Astronaut –aquí está ese Jarman creador de delicadas y ensoñadoras piezas pop, a la altura de aquel The Fall junto a Muni Camón– se afanan en desbaratar señalando que de revival nada y de nostalgia menos. Esto no es Strange Fruit, es Southern Arts Society, aunque el impulso que anima sus canciones no quede tan lejos de aquel otro, igual de brillante.

El SIF resiste

Blas Fernández | 7 de junio de 2011 a las 13:02

Actualizado 8/VI.

Comenzó en 2008 como un atractivo y dilatado ciclo de actuaciones en diversas salas y teatros sevillanos, pero la maldición de los recursos menguantes también se ha cebado con Sevilla IndiFerente, que ya el pasado verano plegó velas concentrando al aire libre el grueso de su oferta durante un par de jornadas en el Monasterio de la Cartuja. El SIF Fest, como se le rebautizó entonces, no lo tiene mejor este año, sino peor. Los patrocinadores huyen, ya se sabe, pero ellos no. Ellos aguantan el chaparrón.

Comparada con la oferta de años anteriores -en el cartel de 2010, figuraron, entre otros, Las Buenas Noches, Leda Tres, Jubilee, Pájaro Sunrise y Blacanova-, la de este 2011 palidece. Es una obviedad. Pero lo importante, creo, es que el SIF mantiene la llama, aunque sea bajo mínimos, a la espera de tiempos mejores. Y en su escueto cartel, en cualquier caso, figuran tres propuestas -sólo tres- con gancho suficiente como para incitar al respetable a pasar por el CAAC el próximo viernes 10 a partir de las 21:30.

Los primeros en subir al escenario serán Chencho Fernández y Los Milagro, última reencarnación hasta la fecha del que fuera guitarrista y cantante de los añorados Sick Buzos. Les seguirán Midi Puro y pondrán el punto final Empty Pockets. ¿Quiénes? Empty Pockets. Apunte: Juano Azagra y Goyo, de Los Bombones, en complicidad y concordia con Miguel Rivera (Maga). Según dicen desde Sevilla IndiFerente, “presentarán una buena colección de temas con tintes de folk americano”. No me diga que no tiene su morbo…

Ah, y la entrada es libre y gratuita. Abran boca con La canción de Chencho.

Última hora: Abraham Boba, que ya participó en una de las anteriores ediciones de Sevilla IndiFerente, se suma al cartel del viernes. Lo hará presentando nuevo disco, Los días Desierto.

2+1=8

Blas Fernández | 3 de junio de 2011 a las 18:38

En la imagen, Lüger.

Si ayer fueron los grupos programados dentro del ciclo Electrochock (US), el dedicado a las músicas electrónicas en sentido amplio, hoy este blog puede avanzar otro de los carteles que configuran la programación de 21 grados, el bloque de propuestas sonoras estivales ofertado por la Hispalense en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus, Madre de Dios, 1), que será presentando oficialmente, según parece, la próxima semana. Y éste que ahora nos ocupa no es otro que el de los conciertos, también en sentido amplio, centrados en el rock.

Bajo el nombre de Noches 2+1 por el Cicus pasaron ya durante el verano de 2010 tipos como Fernando Alfaro, acompañado de Refree, y Mark Eitzel y grupos como Za! o Hyperpotamus. En esta ocasión, durante los dos últimos fines de semana del presente mes, dicho escenario acogerá ocho conciertos, a dos por jornada, protagonizados mayoritariamente por bandas nacionales y en las mismas condiciones ya señaladas para Electrochock (US): acceso gratuito previa retirada de invitación en dicho espacio horas antes de las actuaciones.

La cosa comenzará fuerte el próximo viernes 17 con la presencia de sendas bandas madrileñas, Los Cuantos y Lüger. Los primeros son el nuevo vehículo del veterano Javier Colis, antaño integrante de formaciones como Demonios Tus Ojos, Vamos a Morir y Mil Dolores Pequeños, quien tras patearse un montón de escenarios como Javier Colis y las Malas Lenguas vuelve ahora a la carga en formato de quinteto para defender los presupuestos estéticos que marcan su trayectoria: rock con un pie en la tradición blues y el otro en la vertiente experimental heredera de la no wave. No menos rockista, pero de similar vocación rupturista, puede considerarse el trabajo de Lüger. El grupo de Malasaña debutó el pasado año con un estupendo álbum homónimo en la estela de lo postulado por bandas como Wooden Shjips o Crystal Antlers. Esto es: psicodelia, krautrock y devaneos cósmicos concentrados en una banda con vocación garajera. A punto de publicar un segundo trabajo, el primero aún puede ser descargado bajo una licencia Creative Commons desde su bandcamp.

En una línea similar a Lüger se podría situar a los portuenses Perro Peligro, autores también el pasado año de un debut en largo irónicamente titulado The Very Best Greatest Hits (Live) of Perro peligro (asimismo disponible en su bandcamp). Ellos compartirán escenario el sábado 18 con los vascos Audience, banda de largo recorrido con cuatro largos en su discografía. El último de ellos, A Shake in Calm Water (2010), da buena cuenta de sus querencias: rock entre el folk-rock y la americana.

Ya en el último fin de semana del mes, el viernes 24 actuarán Juice & Jordan The Majestic Hypnofunk Duo y The Oscillation. Bajo el primer nombre se ocultan dos tipos italianos ubicados en Barcelona, desconocidos para un servidor. Los segundos, londinenses, facturan una de esas malsanas mezclas de rock ochentista ligeramente canónico sazonadas de guiños al dub y -no me riñan: yo no tengo la culpa- y al krautrock. En directo, dicen, resultan explosivos. De momento, si es que no los conoce, busque su segundo álbum: Veils.

Noches 2+1 terminará el sábado 25 con la cuarta apuesta doble del ciclo. Por un lado actuarán los madrileños The Adepts, adeptos a ese rock clásico americano que cita como referentes a Patti Smith, Velvet Underground, Sonic Youth y Come; por el otro estarán los barceloneses Mujeres, una de esas bandas que podrían entenderse como punks si el punk finalmente hubiera sido la no evolución lógica del 60’s garage estadounidense (que no lo fue, por cierto). Disponen de un álbum homónimo y un epé, este último, Yella, a su disposición desde el bandcamp de Discos Humeantes.

Electrónica oportuna

Blas Fernández | 2 de junio de 2011 a las 8:07

En la imagen, Darkstar.

Entendiendo el término música electrónica en una inevitable acepción amplia, y orientando con sumo cuidado y dedicación su radar hacia algunos de los más novedosos territorios en los que ésta se desarrolla, el ciclo Electrochock (US), acogido y financiado por la Universidad de Sevilla dentro de su programa estival 21 grados, ha deparado a los melómanos locales durante las últimas temporadas un surtido plantel de propuestas servidas en su momento justo de cocción, cuando la cercanía de un disco particularmente significativo ha elevado el interés por comprobar cómo se defiende su directo.

El noruego Lindstrøm, los alemanes To Rococo Rot, el estadounidense Nico Muhly o el tándem formado por el francés Erik Truffaz junto al mexicano Murcof han dejado así en la ciudad buena muestra de su hacer con una serie conciertos programados en el marco temporal preciso y en unas condiciones particularmente atractivas para el aficionado, incluido el acceso gratuito a las actuaciones previa retirada de invitación.

Son las mismas que, de nuevo en la sede del Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Madre de Dios, 1), se repetirán este año durante la primera quincena del próximo mes de julio, cuando Electrochock (US) tome el testigo de Noches 2+1, la tanda de conciertos de rock previstos en el mismo espacio para los dos últimos fines de semana de junio, de próxima presentación pero con algunos de los nombres protagonistas, entre ellos el de los madrileños Lüger, circulando ya por el ciberespacio.

El gaditano afincado en Sevilla David Cordero será el encargado de abrir la serie electrónica de 21 grados, el viernes 1 de julio, al frente de sus remozados Úrsula, una nueva formación que incluye, entre otros miembros, al contrabajista Marco Serrato, integrante de otra banda local tan formalmente inclasificable como Orthodox. Embarcado ahora en la composición de la banda sonora para el debut en largo del cineasta Roberto Pérez Toledo, Seis puntos sobre Emma –con Verónica Echegui como protagonista–, Cordero anuncia una actuación encuadrable en su habitual gusto por el ambient, pero en la que los temas de su último trabajo, el muy reseñable Hasta que la soledad nos separe, cederán protagonismo a las composiciones inéditas.

Muy diferente es la propuesta que tendremos oportunidad de escuchar al día siguiente, sábado 2, y que llega de la mano de los británicos Fujiya & Miyagi. Abonado a la métrica implacable del krautrock, pero también asido al pop, el grupo se dio a conocer internacionalmente en el ámbito indie con la aparición de su segundo álbum, Transparent Things (2006); confirmó su posición con Lightbulbs (2008), recipiente para un hit tan irresistible como Knickerbocker (2008), y la mantiene con Ventriloquizzing (2011).

El segundo fin de semana de julio Electrochock (US) ofrecerá sendas propuestas internacionales de particular atractivo. La primera, el viernes 8, es la de los británicos Darkstar, penúltimo nombre clave en ese fantástico catálogo de sorpresas que atesora la escudería Hyperdub. North, debut en largo del dúo integrado por James Young y Aiden Wahlley tras varios sencillos, suma la voz de James Buttery al tiempo que resta sombras al canon dubstep para iluminar nuevas formas de pop. Un símil pertinente: es el mismo proceso llevado a cabo por James Blake en su homónimo álbum de debut, sólo que donde aquél pone soul, Darkstar se decanta por una suerte de synth-pop en suspensión. Para prueba, la versión narcótica del Gold de The Human League

La segunda presencia del fin de semana y última del ciclo, el sábado 9, corresponde al dúo noruego Deaf Center, excelente representante de ese ambient que tiende puentes con la escena neoclásica tanto por el uso recurrente de determinadas instrumentaciones –en su caso, el piano– como por su tendencia al formalismo. Debutantes en largo en 2005 con un disco tan hermoso como Pale Ravine, Erik K. Skodvin y Otto A. Totland han puesto en circulación este mismo año un nuevo y aclamado trabajo, Owl Splinters, el que pronto les traerá hasta Sevilla.

El apocalipsis según Bill Callahan

Blas Fernández | 25 de mayo de 2011 a las 7:24

Foto: Kirstie Shanley

Tras publicar 2010 el álbum en directo Rough Travel for a Rare Thing, Bill Callahan ponía en circulación a comienzos del pasado mes de abril Apocalypse, un disco aparentemente corto en su duración –sólo siete canciones– pero con la intensidad emocional habitual a la que nos tiene acostumbrados el músico de Maryland. La gira de presentación de ese álbum es la que hoy lo trae a Sevilla, donde ofrecerá un concierto en formato de trío y en el que contará como telonera con Sophia Knapp, compañera suya en la veterana escudería Drag City.

Crecido y curtido en la escena lo-fi de finales de los 80, aquella que hizo del menos es más tecnólogico una intrínseca cuestión estética, Callahan recorrió una larga y fructífera trayectoria discográfica bajo el nombre de Smog, alias con el que facturó desde comienzos de los 90 una docena larga de trabajos cada vez más deudores de sus indudables raíces folkies. Si slowcore o hasta sadcore fueron apelativos habitualmente asociados a su música durante aquella etapa, a partir de mediados de la pasada década dejaron de tener sentido. En paralelo a otras figuras similares del panorama folk estadounidense –Bonnie Prince Billy es en este caso una comparación recurrente, pero certera–, Callahan revindicaba un cierto clasicismo que lo llevaba, más que a reinventarse, a incardinarse en la tradición sin renunciar de manera ocasional a pertinentes ataques de rarismo.

Firmando ya con nombre propio desde 2005, el punto culminante de aquel natural viraje llegó en 2009 con Sometimes I Wish We Were an Eagle, un disco hermoso, doliente y hasta exuberante en su apuesta por los arreglos orquestados. Apocalypse sacrifica gran parte de ese ropaje armónico, aunque no del todo, en aras de la cercanía. Sus canciones se muestran más desnudas, más directas. En cualquier caso, enormes incluso cuando la apuesta formal es más arriesgada –el tour de force de America!–. En medio permanecen esos remansos de comedido lirismo, subrayados por la gravedad del personaje y su voz.

Ahí les dejo el clip de Riding for The Feeling…

Y recuerden: Bill Callahan, con Sophía Knapp como telonera, actúa hoy a las 21:00 en la sala Cosmos de Sevilla (Carlos Cepeda, 2. Zona Nervión). Las entradas cuestan 20 euros, pero por aquí tengo dos que regalaré a los autores de los dos primeros comentarios a este post. El mecanismo es el de siempre: hacen el comentario con su nombre real y luego envían un correo con sus datos personales (nombre completo y DNI) a bfernandezarrobagrupojoly.com

Pasado y futuro en Territorios

Blas Fernández | 23 de mayo de 2011 a las 11:30

En buena medida abandonado a su suerte (presupuestaria) por esas mismas administraciones que han venido ondeando su nombre como otro cansino gancho electoral más durante la última y agitada campaña, el festival Territorios se enfrentaba en su XIV edición a una prueba de fuego real que dilucidaría sus auténticas posibilidades de supervivencia en años venideros. La apuesta, ya se ha dicho, pasaba por hacer del público la lógica y razonable base de sustentación de su oferta, de manera que sea éste el que lo soporte de forma efectiva en una época en la que el dinero público se retira, o eso dicen, a otros frentes según parece más urgentes que la cultura.

La fórmula, debieron pensar sus organizadores, pasaba por fraguar un cartel de cierto tirón popular –el que permitieran los recursos manejados– con unos precios de entradas y abonos francamente atractivos. Y esa fórmula, pese a los peros, ha funcionado: la jornada del viernes se rozaron los 14.000 espectadores –el año pasado fueron 5.000–; la del sábado, aun con menos público, superó de manera holgada los 10.000.

Los peros antes aludidos son al menos de dos tipos. El primero se refiere a la infraestructura del festival y denota que, de seguir por esta línea de crecimiento, el Monasterio de la Cartuja, sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, la Universidad Internacional de Andalucía y el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, ha dejado ya de ser su marco idóneo. La razón es simple: no sólo no se cabe, sino que el acceso a determinados escenarios, en concreto los ubicados en la zona de las chimeneas y el jardín de acceso al CAAC, plantean serios problemas de comodidad y, en el peor de los casos, hasta de seguridad. Es éste, en definitiva, un marco desbordado.

El segundo punto se refiere al cartel en sí mismo, a la materia sonora que modela el perfil del festival, y en el que a excepción de algunos nombres nacionales concretos –Sr. Chinarro, Vetusta Morla, Russian Red…– nos encontramos con una propuesta, digamos, envejecida: ninguno de los artistas presentes defiende un disco reciente; se recurre a viejos conocidos de Territorios y a bandas en oferta. Ello no quiere decir en ningún caso que su presencia no resulte de interés, pero puede también que ésa no sea la manera de proyectar la imagen del festival hacia la deseada (por todos) primera división.

Si de lo que se trataba, en cualquier caso, era de lograr el respaldo del respetable para ponerlo encima de la mesa en próximas negociaciones –ojo: es sólo una hipótesis–, entonces no caben mayores objeciones. Pero si lo que se pretende es otra y mayor proyección, entonces hay que cuidar el cartel como principal, aunque no único, punto de partida.

Así las cosas, y centrado ya por último en esa materia sonora, la segunda y última jornada del festival deparó para quien suscribe aislados momentos de interés y otros tantos entre el dejà vu y la inopia. Tote King y Mala Rodríguez, por ejemplo, ofrecieron ambos conciertos a la altura de las expectativas, pero con mínimas variaciones –ahora yo no uso banda; pues ahora yo sí– respecto a lo visto en otras ocasiones, sin apuntar siquiera cuáles pueden ser las líneas maestras de sus futuros inmediatos.

Neil Hannon, aun representando solo la Divina comedia, tal como ha venido haciendo durante los últimos tiempos, cumple con su papel de ácido crooner del desapego. A quien le importan sus canciones, le importan casi igual más o menos arregladas. No faltan las bromas, tampoco a costa de The Human League y una versión del celebérrimo Don’t You Want Me de éstos. Y a broma, en efecto, suena la actuación de los de Sheffield, sólo legible en clave kitsch y una vez superada, o apartada, la pregunta sobre la idoneidad de ciertos retornos.

¿Cabe ahí también la vuelta de Orbital? No: anunciar su concierto como DJ Set tenía su razón de ser, y no porque los hermanos Harnoll pincharan, sino porque plantearon su actuación, en efecto, como un contundente continuo cuya razón de ser no era otra que la pista de baile. ¿Antiguo? ¿Noventista? De veras, ¿le importaba algo eso a los miles que bailaban a esa hora? Otra pregunta: ¿cabe entonces la misma deducción para argumentar y defender el concierto de Klaxons? No, tampoco: suenan más antiguos que Orbital y bordean el aburrimiento. El hype no sabe, no supo, de temazos.

Sustituido Horace Andy –baja por neumonia– por un Prince Malachi cumplidor pero lejano al genuino interés que pudiera despertar el veterano explorador dub, servidor se concentra, es un decir, a vuela pluma en opciones de contrastada o presumible solvencia: Javiera Mena encandila a una audiencia con ganas de diversión; El Columpio Asesino pasa sobre la suya, agradecida, como una apisonadora y Femi Kuti & The Positive Force firma el concierto más impecable, físico y demoledor de la jornada.

Etiquetas: