“Tenemos acceso a tanta música que no podemos procesarla”

Blas Fernández | 30 de octubre de 2016 a las 5:00

Foto: Antonio Pizarro

Foto: Antonio Pizarro

Juano Azagra respira música. Al frente de Record Sevilla desde el fallecimiento de su padre, ha conseguido renovar el perfil de la histórica tienda de discos de la calle Amor de Dios. Como guitarrista y pianista, y tras otras aventuras previas, reparte ahora su tiempo y talento entre la banda de versiones Los Quiero, el grupo de acompañamiento de Chencho Fernández y All La Glory, la joya de la corona, su proyecto más personal y, aun así, compartido con otros músicos de similar enjundia: el guitarrista Israel Diezma, el bajista y vocalista Fran Pedrosa, la teclista y vocalista Pilar Angulo y el baterista Manuel Martínez. La formación, sólida como una roca, pone estos días en circulación su segundo y deslumbrante álbum, Everybody’s Breaking Everybody’s Heart (Happy Place Records), un notable cambio de registro, también de formación, respecto a su primer y homónimo disco.

–¿Tocar versiones con Los Quiero le sirvió para aprender el oficio de componer?

–Bueno, eso ha pasado siempre. Los mismos Beatles o los Stones empezaron haciendo versiones. Es una buena escuela. Es cierto que con Los Quiero hemos tocado mucho y, salvando las distancias, ha sido un poco como The Beatles en Hamburgo. Eso te hace más banda. Y, en cuanto a la composición, seguro que también influye. Si haces una versión de The Zombies o de Os Mutantes, algo se queda. Cuanto más conoces, cuanto más estudias, más te ayuda en la labor de componer y hacer un buen tema.

–Cuando recientemente tocaron en el Monkey Week había quien decía “¿All La Glory? ¡Pero si son Los Quiero!”.

–Sí, es cierto que a veces hay gente que no sabe si somos Los Quiero o All La Glory. En realidad, somos la misma cosa: cuando hacemos versiones somos Los Quiero y cuando hacemos nuestras canciones somos All La Glory.

–Y además, la banda de acompañamiento de Chencho Fernández…

–Casi al completo. Menos el bajista. Aunque cuando Pablo [Florencio], que es el bajista oficial, no puede, también viene Fran.

–Es que no paran: Fran tiene su propio grupo, Pinocho Detective, que hace pocos meses también publicaba un gran disco; Pilar toca en Las Janes…

–Sí, todos tenemos otras historia. A través de Los Quiero hay mucha gente que se da cuenta del potencial de la banda. Es un trabajo de repertorio que hacemos de manera gustosa, todo el tema de las armonías vocales… A veces nos ven otros músicos y se dicen: Me encantaría que ésta fuera mi banda.

–En su caso, la inmersión musical es total. Cuando no está ensayando está trabajando en Record Sevilla…

–Claro, en la tienda son ocho horas diarias escuchando música. Mi padre tenía un gusto muy amplio y casi todos mis referentes vienen de lo que escuchaba él. Así he conocido mucha música que, al mismo tiempo, me ha servido para desarrollar un estilo personal, que creo que es lo que tiene Everybody’s Breaking Everybody’s Heart: recoge todas las influencias que he ido asimilando a lo largo de mi vida.

–Pues no son pocas. Abarca un amplio abanico de estilos: power pop, new wave, soft pop…

–Y hasta casi dream pop, como pasa con VeraReasons To Get Lost puede sonar a Neil Young; Glow es más power pop; Pretty Eyes es más new wave… Hay un poco de todo. Igual un día me levantaba en plan Johnny Thunders que otro estaba más Spaceman 3 o me despertaba Todd Rundgren y me sentaba al piano… Como cuando empezamos a preparar el disco aún no teníamos sello, me dije: voy a hacer lo que me apetezca. Lo curioso es que funciona. Con la producción intentamos darle algo de uniformidad, porque las canciones son muy diferentes entre sí. Pero es que el disco es eso, en parte, un compendio de las músicas que escucho. Y también me gustan otras cosas, como el hip hop y la electrónica. Como decía mi padre cuando le preguntaban qué música le gustaba: Toda la buena.

Foto: Carolina Cebrino

Foto: Carolina Cebrino

–Supongo que en esa búsqueda de cohesión ha jugado un papel clave Jordi Gil. ¿Fue una producción a cuatro manos?

–Estuve en todas las mezclas e hicimos juntos todos los arreglos. Recurríamos el uno al otro mutuamente. Había canciones que para él eran tela marinera, de mezclas, de mogollón de pistas… Ha hecho un trabajo estupendo. Yo no entiendo nada de mezclar, pero sí tengo claro el concepto artístico. Así que no me quedaba en mi casa para que mezclase él y luego me enviara el resultado.

–Escuchando su trabajo con bandas tan diferentes como O Sister!, La Catedral Sumergida, All la Glory o Chencho Fernández, uno intuye que Jordi Gil se implica al cien por cien en cada producción que acepta…

–Sí, es una locura. Le echa mucho, mucho tiempo. Creo que se da cuenta de que le echa demasiado tiempo para el dinero que luego gana, pero es que ésa es su manera de grabar. Con él no llegas y tienes el disco en una semana, eso para él es impensable. Se puede pegar cuatro días mezclando un tema hasta que quede bien. Y si no lo consigue, lo deja, coge otro y luego vuelve a retomarlo. Es un productor muy fino. Me gusta mucho.

–La proliferación en la ciudad de estudios de grabación y sellos discográficos coincide con una explosión musical sin precedentes. ¿Se retroalimentan?

–Es brutal, una locura. Es una escena que se caracteriza por no ser homogénea. Hay una variedad increíble: I Am Dive no tiene nada que ver con Quentin Gas y Los Zíngaros; All La Glory no tiene nada que ver con Pony Bravo… Hay una gran cantidad de grupos, todos muy buenos y a la vez muy distintos. No ocurre como en Granada, donde impera el patrón del indie, sino que hay variedad, desde el rap de Tote King al rock más purista de The Milkyway Express. Además, no paran de salir grupos nuevos. Y todo muy bien hecho.

–¿Qué músicos sevillanos compran discos?

–Pues el último que vino a mi tienda… Uff… Antonio León, de Los Sentíos; Perepi, de I Am Dive; Javi Vega, de Maga; Álvaro Suite, que es guitarrista de Bunbury… Los Pony Bravo, por ejemplo, son de rebuscar en los cajones de ofertas para encontrar samples curiosos, tipo el Coro Ruso de no sé dónde… Pero en general son pocos los que compran discos. Creo que los músicos se lo gastan todo en pedales y en guitarras.

–¿Cree que el vinilo aguantará más allá del actual repunte?

–Está por ver que continúe en las siguientes generaciones, que no sea una moda. Aunque creo que nunca va a desaparecer, porque siempre quedará el coleccionismo. Además, se disfruta de otra manera. Internet, el streaming… Eso es pura sobreinformación: tenemos acceso a tanta música que no podemos procesarla. Más allá del hecho de tener el objeto en sí mismo, creo que la escucha se disfruta cuando la haces de manera tranquila, no cuando te descargas la discografía completa de un grupo y no sabes ni por dónde empezar. Prefiero ir comprando los discos uno a uno y disfrutarlos poco a poco. Cuando lo tienes tan fácil, las cosas pierden parte de su significado.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 59)

Blas Fernández | 27 de octubre de 2016 a las 5:00

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Arranca en esta ocasión El Podcast de La Ventana Pop con Los Jaguares de La Bahía, la banda gaditana liderada por Paco Loco, que se propone editar doce sencillos durante los próximos doce meses. Quentin Gas y Los Zíngaros avanzan su segundo álbum, con edición prevista para el próximo año. Antes llegará el nuevo EP de Hi Corea!, Even Nature. Completan la lista de novedades Elphomega, ahí arriba en una imagen promocional de su flamante Nebulosa, SKLT SLKT ft. Myriam, Marco Serrato, O Sister!, Cómo Vivir en el Campo y Holögrama. Y en directo, 091 recupera fecha en Sevilla tras la cancelación de Interestelar y agota los últimos conciertos de Maniobra de resurrección.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Los Jaguares de la Bahía: Philip The Liar (The Disco Star)

2.-Los Jaguares de la Bahía: Oh Yeah

3.-Quentin Gas y Los Zíngaros: Caravana

4.-091: Esperar la lluvia

5.-Elphomega: Herido

6.-Elphomega: Zihuatanejo

7.-SKLT SLKT ft. Myriam: Your Name is War

8.-Marco Serrato: Santa sangre

9.-O Sister!: I Fell in Love With New Orleans

10.-Cómo Vivir en el Campo: El grande

11.-Holögrama: Burgundy Coloured Mazes

12.-Hi Corea!: Into The Wild

“El cariño que hemos percibido en la gente nos ha sobrepasado”

Blas Fernández | 21 de octubre de 2016 a las 5:00

José Ignacio Lapido, durante la grabación de 'Maniobra de resurrección'. / Álex Cámara

José Ignacio Lapido, durante la grabación de ‘Maniobra de resurrección’. / Álex Cámara

Veinte años después de su separación, la banda granadina 091 anunció a finales del pasado 2015 Maniobra de resurrección, una gira de reunión a lo largo del presente 2016 saldada con un rotundo éxito de público. Del estupendo estado de forma exhibido por el grupo durante su retorno da fe, además, Maniobra de resurrección en directo (Warner), un doble álbum y DVD que recoge una de las dos actuaciones ofrecidas por 091 en su ciudad, recordatorio sonoro de un periplo de doce meses que ya vislumbra su fin. Aunque todavía les aguardan varios conciertos, entre ellos, este sábado a las 21:00 en el Festival Interestelar de Sevilla, ciudad en la que ya actuaron el pasado mes de abril abarrotando por dos noches consecutivas la Sala Custom. Al habla con José Ignacio Lapido, guitarrista y compositor de la formación.

–¿Qué balance hace de estos meses?

–Desde luego, más positivo no puede ser. Desde el primer concierto que dimos en enero, incluso antes, cuando se anunciaron las primeras fechas a finales del año pasado y se pusieron las entradas a la venta, ya vimos que algo gordo iba a pasar, porque se agotaban en pocas horas. Luego, a lo largo de los meses que hemos ido tocando por salas, teatros y festivales, la sorpresa inicial se convirtió en asombro. El cariño que hemos percibido en la gente nos ha sobrepasado, la verdad. No han sido sólo las salas llenas, sino la pasión que han puesto los fans al recibirnos. Y creo que nosotros hemos ido de menos a más, como suele suceder, conforme han ido pasando los conciertos. Por nuestra parte estamos muy satisfechos. Más no podríamos pedir.

Maniobra de resurrección ha superado las expectativas de todos, ha desbordado las previsiones habituales de una gira de reunión. ¿Cómo lo explica?

–Es raro, sí. Si echas la vista atrás hacia otras reuniones después de estar muchos años fuera del mercado, ves que son un tanto decepcionantes, grupos que vuelven bajos de forma, sin ganas… En música pop veinte años son una eternidad, pasan muchísimas cosas y no sabes bien cuál es el recuerdo que ha guardado tu público de lo que hiciste en su momento. Y no son sólo los veinte años desde la separación, sino todo ese tiempo desde que empezamos en 1982. Que vuelva una banda que en su momento tampoco tuvo un gran éxito y cuente con este recibimiento que hemos tenido, da que pensar. No sé si se mezcla un poco la nostalgia, el mito que se ha ido construyendo a lo largo de estos veinte años… Visto lo visto, vivida la experiencia, hay que aceptar que ha sido un mito que ha crecido con el tiempo. Hemos visto que se han sumado nuevos seguidores que, por edad, no nos habían visto en su momento, personas que en el año 96 eran niños. La sorpresa se acrecienta más teniendo en cuenta que nuestros discos estuvieron descatalogados todos estos años y que no fue hasta que se anunció la vuelta que las varias discográficas por las que tenemos repartido nuestro catálogo se pusieron manos a la obra y lo reeditaron. Así que todo esto resulta doblemente sorpresivo. No quiero ser presuntuoso, pero quiero creer que nuestras canciones han envejecido más o menos bien, que nuestro repertorio ha aguantado bien el paso del tiempo, y eso ha hecho que nuestra vuelta haya tenido un sustrato artístico potente.

–¿Subidón de autoestima?

–Sí, sí, claro… Ese asombro inicial, cuando se iban sucediendo los conciertos y veíamos que no era una cosa limitada a Granada ni a Andalucía, que la gente estaba por la labor en todos sitios, nosotros, que siempre hemos sido muy autocríticos, nuestra autoestima subió algunos puntos.

–¿Que momentos destacados va a guardar de Maniobra de resurrección?

–Hay varios… Por ejemplo, antes de la gira, cuando nos juntamos por primera vez en el ensayo y enchufamos las guitarras. Era una mezcla de miedo y respeto. Veinte años no pasan en balde y no sabes con qué te vas a encontrar. Pero fue enchufar, empezar a tocar y… ¡sonaba, sonaba! Ahora suena mucho mejor, claro, pero aquello nos dio confianza, no había que empezar de cero. Ése fue un momento muy importante. Luego, obviamente, lo que se recoge en el disco, los dos conciertos que dimos en mayo en la plaza de toros de Granada. No es nada habitual que un grupo local llene dos veces seguidas un sitio así. Eso impone.

–Otro subidón…

–Sí, sí, por supuesto. Ya lo intuíamos, porque cuando se pusieron a la venta las entradas volaban por miles. La gente de Ticketmaster nos contaba que no habían visto nada parecido. Fue un momento de subidón total que creo que todavía nos dura.

La banda al completo, en la Plaza de Toros de Granada. / Álex Cámara

La banda al completo, en la Plaza de Toros de Granada. / Álex Cámara

–Y después de todo esto, ¿no les ha tentado la idea de dar continuidad de algún modo a 091, aunque no sea de una manera convencional?

–La verdad es que no hemos querido pensar mucho en eso. Nuestro trabajo y nuestro tiempo, veinte años, nos costó decidir volver a juntarnos. Había habido ofertas desde años antes que habíamos rechazado. Decidimos hacer justo lo que habíamos venido a hacer: una gira de un año, de enero a diciembre. La idea inicial de Maniobra de resurrección era celebrar el aniversario de nuestra despedida. A partir de ahí… En principio no hay nada previsto. Vamos a dejar que la cosa se enfríe y pensarlo con tranquilidad.

–Entiendo que deja abierta una puerta que antes daba por cerrada…

–Aprendimos una cosa… El último disco de 091 se llamó, precisamente, Último concierto. Como nos hemos tenido que desdecir de ese título nos hemos dicho “no vamos a cometer otra vez el mismo error”. Vamos a dejarlo ahí. Todo esto no quiere decir ni que sí ni que no, sino todo lo contrario.

–No hace mucho me hablaba de la sensación de abatimiento tras la actuación de despedida en 1996. ¿Cómo cree que se sentirán cuando llegue el nuevo último concierto?

–Creo que será una sensación muy diferente a la de aquel concierto en Maracena. En el momento de aquella despedida las circunstancias eran muy distintas. La vida de los grupos tienes su ascenso y su caída. Y nosotros en la última época de 091 estábamos ya un poco desengañados. Habían sido catorce años juntos; nunca habíamos sido un grupo de gran éxito y veíamos que aquello… La principal razón de nuestra separación fue que ya era suficiente, que habíamos hecho los discos que habíamos querido hacer y que era el momento de poner punto final antes de que la cosa se pudriera a nivel personal o de caer en inercias indeseadas. Así que imagino que el estado de ánimo no va a ser el mismo ahora.

–¿Cree que este éxito colectivo repercutirá en su carrera en solitario?

–Está por ver, y no tardará mucho en verse. Tengo un disco pendiente que dejé aparcado cuando empezó todo esto. Entonces decidí parar mi carrera en solitario, y ahora, obviamente, la retomaré. Supongo que habría mucha gente que ni sabría que yo tenía una carrera en solitario; espero que ahora sigan mis pasos.

–¿Y el resto de componentes?

–Mi hermano [Víctor Lapido, guitarrista] seguirá con el Grupo de Expertos Solynieve, por supuesto. Supongo que José Antonio [Garcia, vocalista] hará igual. Tacho [González, baterista] ha empezado a rodar su primer largometraje como director y Jacinto [Ríos, guitarrista] no sé si va a poner en marcha algún proyecto o seguirá en lo suyo, la televisión.

–Otro motivo de orgullo: la única pega que algunos de sus seguidores han puesto al disco Maniobra de resurrección es que quizás no están todas sus canciones favoritas…

–Tendríamos que haber sacado un disco quíntuple para evitar eso… A la hora de elegir el repertorio sí nos fijamos en que estuvieran algunas canciones que no habían aparecido en Último concierto. Creo que en Maniobra de resurrección hay siete que no aparecían allí. Por supuesto, tienes que meter también las más representativas: ¿Qué fue del siglo XX?, La vida qué mala es, La Torre de la Vela… Era inevitable que ésas estuvieran en el disco. Pero también hay canciones que tocamos muy pocas veces en directo, como Nubes con forma de pistola, Nadie encuentra lo que busca, Para impresionarte, Si hay tormenta… Por otro lado, la misión de los fans es pedir siempre más. ¿No?

El ruido del Monkey

Blas Fernández | 17 de octubre de 2016 a las 14:44

Foto: Juan Carlos Muñoz

Foto: Juan Carlos Muñoz

Me lo contaron algunos espectadores que acudieron el pasado jueves al concierto de Niño de Elche en el Teatro Central y lo comprobé en persona al día siguiente, cuando hice el mismo camino para escuchar a Michael Rother. Cuando uno cruzaba el puente de la Barqueta no era rock lo primero que oía, sino a una banda de cornetas y tambores que ha tomado el espacio público como perenne local de ensayo.

Como vecino del entorno de Torneo hasta hace bien poco, no sólo he sufrido a King África sonando a todo trapo a las seis de la mañana -al parecer, las discotecas que en cierta época florecieron a las orillas del río están exentas de acatar la normativa municipal-, sino también esa permanente puesta a punto de las bandas procesionales. Si uno es de levantarse bien temprano, como es mi caso, eso lo lleva regular, francamente.

Le explico todo esto antes de admitir que entiendo las legítimas quejas de algunos vecinos de la Alameda de Hércules respecto a las molestias que les pueda haber ocasionado la celebración allí, durante el fin de semana, del Monkey Week. Lo que evidentemente no comparto es la inmediata instrumentalización de esas protestas por parte de sectores interesados para cargar contra el festival y, en el fondo, contra el apoyo que éste ha recibido del Ayuntamiento.

Uno, que tiene ya una edad y ha visto a Sevilla oscilar entre el entusiasmo y la abulia en varias ocasiones, sospecha que lo que molesta a quienes amplifican esas quejas no es tanto el ruido ni las vibraciones que provoca, sino el miedo a que se resquebraje su postal sepia de la ciudad, su idealizada (y fosilizada) concepción de la urbe, mucho más compleja y diversa de lo que ellos están dispuestos a aceptar.

Sevilla, es bien sabido, puede presumir de un largo historial de iconoclasia protagonizado por creadores de todas las disciplinas, transgresores tolerados por la caspa como rarezas, excéntricos exponentes de un mínimo, piensan ellos, porcentaje de ciudadanos a los que quizás les trae al pairo, o no, la Semana Santa (¿Semana?), la Feria de Abril y el Rocío, pero que padecen y aceptan todas las molestias que esas celebraciones les acarrean, desde ruidos a cortes de tráfico; desde aglomeraciones que les impiden acudir con normalidad a su trabajo hasta otras que retrasan su regreso a casa.

¿Y si ese porcentaje de iconoclastas resulta no ser tan pequeño? Intuyo que es la visibilidad de los raros del Monkey Week, un rotundo éxito de público, lo que tanto indigna a los adalides de la Sevilla eterna -que es, como quien dice, la Sevilla de anteayer-, ésa que se rasga las vestiduras y recurre al insulto ante un festival de rock pero que no dice ni mu ante asuntos tan escandalosos como la cesión a una cofradía de un Bien de Interés Cultural, los Baños de la Reina Mora, expropiados y restaurados con dinero público, como tan bien explicó en su día, en Diario de Sevilla, el arquitecto José García-Tapial y León.

Entiendo las quejas de aquellos vecinos de la Alameda que durante dos días, dos, han sufrido molestias. Será sin duda una de las varias cuestiones que el festival tendrá que replantearse de cara a futuras ediciones. Pero, por favor, pongamos un poco de cordura en este asunto, otro tanto de tolerancia y, desde luego, respeto. A ver si así, entre todos, evitamos repetir este anacrónico bochorno.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 58)

Blas Fernández | 13 de octubre de 2016 a las 7:01

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Arranca hoy la VIII edición del Monkey Week y El Podcast de La Ventana Pop se centra íntegramente en comentar diversos aspectos del festival, que desembarca por primera vez en Sevilla después de haber nacido y crecido en El Puerto de Santa María. Pistas, recomendaciones y, claro, mucha música. Entre otra, con los nuevos trabajos de Holögrama, The Magic Mor y Hi Corea!, fotografiados ahí arriba por Rosa Ponce.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Holögrama: Teenagers

2.-The Magic Mor: Room Service

3.-Hi Corea! : Common People

4.-All La Glory: L.A.M.F.

5.-Le Parody: Peligroso criminal

6.-Candy: Conjuros y rituales

7.-Carmen Costa: Tira de mentiras

8.-Kurt Baker Combo: Baby’s Gone Bad

9.-I Am Dive: The Lower You Fall

10.-Naja Naja: The Delusion of Amnesty

11.-Atavismo: Haribo

12.-Neu!: Isi

“El paso lógico del Monkey Week era venir a Sevilla”

Blas Fernández | 10 de octubre de 2016 a las 5:00

Foto: David Clares

Foto: David Clares

Tras siete ediciones de crecimiento constante en El Puerto de Santa María, el Monkey Week, híbrido de festival urbano y feria de la industria musical independiente, desembarca esta semana por primera vez en Sevilla, convirtiendo el entorno de la Alameda de Hércules en su nueva sede. Su amplia oferta arranca este lunes en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus) con los conciertos y proyecciones del miniciclo de documentales musicales DOC, aunque la auténtica “tromba”, como le gusta decir a Tali Carreto, codirector del encuentro junto a los hermanos Jesús y César Guisado, llegará el próximo jueves y se prolongará hasta la madrugada del domingo.

-Explíquele a quien no lo sepa por qué el Monkey Week no es un festival al uso.

-Fundamentalmente, por dos cuestiones. Por un lado, tiene un carácter de feria profesional muy marcado, con conferencias, mesas redondas, encuentros, mercado con empresas del sector, instituciones… Por otra parte, es un festival urbano, no se celebra en un recinto aislado ni es un macrofestival, sino que busca que la música se viva en la calle, que puedas saltar de un espacio a otro y, de camino, puedas pararte a tapear o a tomar un café. Y usamos los espacios de la ciudad, tanto los que habitualmente tienen programación musical, como Fun Club, Holiday, Sala X, La Calle, Malandar…, como aquellos que nosotros convertimos en espacios escénicos, que es lo que hacemos con el parking del Hotel Patio de La Cartuja o con la pista de coches de choque que instalamos en la Alameda.

-Serán más de 150 bandas repartidas en 19 escenarios diferentes. ¿Es el Monkey más ambicioso?

-Desde luego, se nos ha ido de las manos… Jajaja… En realidad, siempre intentamos controlar la cifra de conciertos. Nos decimos vamos a meter 75 grupos de showcases y que toque dos veces cada uno. Pero luego nos dejamos llevar por la emoción, empiezan a sumarse colaboraciones, otros agentes que presentan aquí a sus bandas y, al final, eso, se nos va de las manos. Puede que sea el más ambicioso, sí, pero sobre todo por la lógica que conlleva el cambio de ubicación. Desde luego, es el mayor número de escenarios que hemos tenido jamás.
 
-En su momento, esgrimieron razones de carácter práctico para argumentar el cambio de ubicación a Sevilla. Parece evidente que había más…

-Nuestras razones, sobre todo, obedecen a la logística. Pero también hemos dicho en más de una ocasión que, desde el principio, el actual equipo de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla entendió muy bien el proyecto y su necesidad de crecer. En realidad, se dio un cúmulo de circunstancias. En El Puerto estábamos tocando techo, era complicado ya en cuanto a infraestructura de hoteles, de transportes… El año pasado teníamos a un montón de transfers yendo al aeropuerto de Sevilla, al de Málaga, al de Gibraltar… Sevilla plantea ventajas en ese sentido. Tienes aeropuerto, tienes Santa Justa y tienes hoteles. No era la primera vez que nos tiraban cañas desde otras ciudades, pero Sevilla comprendió qué necesitaba el festival para crecer. Sobre todo en la vertiente profesional.

-Da a entender, entonces, que el Ayuntamiento de El Puerto no comprendía el proyecto.

-No me refiero siquiera al Ayuntamiento actual. A lo largo de siete ediciones, creo que nunca llegaron a entenderlo. Hace tres o cuatro años vivimos un momento bisagra. Se dieron cuenta de que el festival era beneficioso para la ciudad, pero creo que nunca llegaron a entender el riesgo económico y el esfuerzo brutal que hay detrás de él. Nuestra empresa, La Mota Ediciones, organiza a lo largo del año diversos eventos para los que no solicitamos a las instituciones ningún tipo de ayuda económica. Haces un festival, como El Freek Fest de Puerto Sherry, y asumes tus riesgos. La gente paga su entrada y consume en tus barras. No veo la necesidad de tener ahí un apoyo del Ayuntamiento. Ahora, cuando creas un evento que es beneficioso para toda la ciudad, que genera un importante retorno económico para el sector hostelero… Ahí creo que sí debe haber un apoyo mayor. Y durante años lo echamos en falta. Sólo surgió ese ímpetu cuando anunciamos la decisión de trasladar el festival a Sevilla. Pero ya digo que no se trata sólo, ni mucho menos, de aspectos económicos.

-Por cierto, ¿qué otras ciudades tiraron la caña?

-Estaría feo decir nombres, ¿no? Otra ciudad andaluza, una del norte de España… Fueron las dos propuestas más serias, pero teníamos claro que el paso lógico del Monkey Week era venir a Sevilla. No tenía sentido moverlo fuera de Andalucía ni moverlo a una ciudad que te ofrecía un recinto enorme, pero que hacía que se perdiera la característica de festival urbano. Ahora nos queda la prueba de fuego, comprobar si esta edición sale como esperamos.

-¿Cuál es el compromiso del Ayuntamiento de Sevilla? ¿Se limita a esta edición o se prolongará en los próximos años?

-Desde luego, venimos con la intención de quedarnos y de contar con el apoyo no sólo del Ayuntamiento. Para nosotros es importante conseguir aquí lo que tanto nos costó en El Puerto. Porque cuando anunciamos el traslado hubo muchos lamentos, pero al principio nadie nos quería allí. Nos costó mucho que la gente de El Puerto aceptara el Monkey. No fue llegar y besar el santo, pero al final acabó tomándolo como algo suyo. Más allá del apoyo institucional, eso es muy importante. Si conseguimos que este mismo año el sevillano comience a sentir el Monkey como algo suyo, entonces será que lo estamos haciendo bien.

-La pregunta inevitable y necesaria: ¿Qué presupuesto manejan?

-En torno a 220.000 euros.

-¿Y cuánto es dinero público?

-50.000 euros del Ayuntamiento de Sevilla y 5.000 euros de la Junta de Andalucía, que une la ayuda del Instituto Andaluz del Flamenco y la de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales.

-Pues teniendo en cuenta la relevancia que ha conseguido el festival, y su apuesta por crear industria, la aportación autonómica parece escasa…

-Sí. Bueno, también nos ceden el Teatro Central, pero aún así es escasa.

Los hermanos Guisado, César y Jesús, y Tali Carreto. / Andrés Mora

Los hermanos Guisado, César y Jesús, y Tali Carreto. / Andrés Mora

-En cualquier caso, la inversión privada supera con creces a la pública.

-Claro. En ese sentido también es muy importante para nosotros el Monkey Market, el mercado profesional: los ingresos que aportan las empresas participantes se distribuyen luego en bolsas de viajes, alojamiento de las bandas… Lo curioso es que hay administraciones foráneas que aportan lo mismo que la Junta de Andalucía, como el Institut d’Estudis Baleàrics (IEB), que hace una misión comercial presentando a tres grupos; la Diputación de Córdoba o el Gobierno Vasco, a través de Basque Music, que también montan su stand. Son instituciones que confían en la proyección que el Monkey puede dar a sus bandas. Bueno, así estamos. En El Puerto recibíamos muchas críticas por parte de quienes nos consideraban un festival subvencionado… La gente habla sin conocimiento.

-Y luego están los patrocinios. Muchos de los escenarios van asociados a una marca comercial.

-Es que es la única manera de que esto salga adelante, con la colaboración de patrocinadores privados.

-Además de los escenarios oficiales, también han aparecido escenarios off, espacios que se suman a la programación aunque sea desde los márgenes…

-Sí, por ejemplo en Red House, donde los del colectivo Oh My Cat han programado una tarde con la gente de su escudería. O en el bar Sacramento, que ha montado un concierto con Ramona y The Gamuzzinos. Eso también sucedía ya en El Puerto. Y nosotros, encantados. Nos gusta que la música se expanda. Es la filosofía del Monkey: crear una tromba musical.

-¿Esperan también un mayor número de acreditados en las jornadas profesionales?

-El año pasado fueron 367. Este vamos a superar con creces esa cifra, en torno a los 500. Y lo mismo pasa con la prensa, esperamos que sean en torno a 220. Hemos notado que el cambio a Sevilla ha disparado esa demanda.

-Cuando el Monkey Week arrancó era, prácticamente, la única feria centrada en la industria musical independiente. Luego han surgido propuestas muy potentes y con mayor respaldo institucional, como el Bime de Bilbao. ¿Temen la competencia?

-Creo que son dos propuestas muy diferentes. De hecho, nos llevamos muy bien y colaboramos entre nosotros. Los dos nos dirigimos a la industria, pero mientras Bime apuesta más por el perfil tecnológico, nuestra apuesta es por la música en directo. Los promotores nacionales e internacionales que vienen al Monkey acaban comprando la gira de tal o cual grupo porque lo han visto en directo. La competencia, siempre que se clara, leal, es buena. Eso sí, la diferencia de presupuesto entre el Bime y nosotros es abismal. Desgraciadamente, todavía nos toca convencer a las instituciones de nuestra comunidad de que es bueno apoyar a una feria profesional en torno a la música, que es bueno y productivo apoyar a la industria musical. Con ésta van a ser ocho ediciones. Quién sabe, quizás para la novena haya un cambio de actitud.

-De los 19 oficiales, destaque un escenario por su singularidad…

-Creo que uno que va a estar en boca de todos, que va a ser un hervidero, será el Happy Place X, que montan con nosotros el sello discográfico y la sala de conciertos. Es esa pista de coches de choque que he mencionado antes, con los grupos tocando dentro.

-¿Y una actuación?

-No suelo mojarme con eso porque, como coordinador del festival, lo importante es destacarlos a todos, a esos más de 150 grupos. Pero esta vez sí voy a hacerlo, con una banda internacional, así no se molesta nadie… Tengo mucho interés en reencontrarme con Mariel Mariel, una chica chilena a la que vi en México y me pareció increíble. Tiene una fuerza escénica brutal. Además, creo que cualquiera de las noches en el Teatro Central va a tener su punto distintivo, con Niño de Elche & Los Voluble, Michael Rother y Lee Fields. Aunque al final, el fuerte del Monkey es esa marea de bandas… De hecho, creo que la mayor parte de nuestro público no viene al festival tanto por los cabezas de cartel como por descubrir nuevos grupos, nueva música.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 57)

Blas Fernández | 29 de septiembre de 2016 a las 5:00

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091 abre esta nueva entrega de El Podcast de La Ventana Pop con Maniobra de resurrección en directo, simbólico colofón a su celebrada gira de reunión. Por otro lado, se anuncia reedición Omega, el fundamental álbum que unió a Lagartija Nick con Enrique Morente -ahí arriba fotografiado en la Alhambra por Javier Algarra (EFE)-, coincidiendo con el vigésimo aniversario de su publicación original y con la llegada a los cines del documental homónimo de José Sánchez Montes y Gervasio Iglesias. Y precisamente uno de los artífices de aquel título emblemático, Antonio Arias, desembarca en Poesía en do menor, el ciclo de conciertos del festival cordobés de poesía Cosmopoética, que también incluye, entre otros, a Sr. Chinarro.

McEnroe se alía con The New Raemon en Lluvia y truenos y Terry vs. Tori se incorpora al abultado cartel del Monkey Week, que estrena ciclo de cine documental musical más conciertos, con Fiera como uno de sus protagonistas-. Ya lo fueron los jerezanos Space Surimi. Y pronto, muy pronto, lo serán bandas como Apartamentos Acapulco y All La Glory.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-091: Otros como yo

2.-Enrique Morente & Lagartija Nick: Ciudad sin sueño

3.-Antonio Arias: Dejar las cosas intactas

4.-Sr. Chinarro: El progreso

5.-The New Raemon & McEnroe: Gracia

6.-The New Raemon & McEnroe: Montañas

7.-Terry vs. Tori: Like Always

8.-Terry vs. Tori: Hit and Miss

9.-Space Surimi: International Waters

10.-Fiera: Disciplina

11.-Apartamentos Acapulco: Nuestro motor

12.-All La Glory: Pretty Eyes

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 56)

Blas Fernández | 15 de septiembre de 2016 a las 5:00

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Lo avanzamos antes del verano y su edición es ya inminente. Y sí, Everybody’s Breaking Everybody’d Heart, segundo álbum de All La Glory, es justo esa maravilla que sospechábamos. Más novedades: Pájaro y Exquirla (Niño de Elche con Toundra) comparten vinilo rojo; El Lobo en tu Puerta pone en circulación Knocturne’s Sessions Vol. 1, Fiera lanza Aljarafe y Vera Fauna y Leicomers atestiguan la pujanza de la penúltima hornada de bandas sevillanas. Más veteranos, Naja Naja (con citas, entre otras, en el festival El Alternador), Pinocho Detective (ahí arriba, su motor, Fran Pedrosa) y Midi Puro presentan en vivo sus respectivos discos. Y también en directo, los madrileños Baywaves y los neoyorquinos Battles. Pase y escuche.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-All La Glory: Do You Wanna

2.-All La Glory: Reasons To Get Lost

3.-Pájaro: Corre Chacal

4.-Exquirla: Canción de San Sebastián

5.-Pinocho Detective: L.A. y San Francisco

6.-Baywaves: Time Is Passing U By

7.-Vera Fauna: Quiebro y nada

8.-Leicomers: It’s So Nice

9.-Midi Puro: Sánchez

10.-El Lobo en tu Puerta: Wolf Like Me

11.-Naja Naja: Hateful Wine

12.-Fiera: Concavo Converso

13.-Battles: Dot Com

“Trump es un completo inconsciente, un idiota insensible”

Blas Fernández | 7 de septiembre de 2016 a las 5:00

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Desamores, pasiones no correspondidas, mujeres traicionadas, abandonadas por ese tipo que acaba yéndose con otra… Escuchando las dolidas canciones de Amor supremo, segundo álbum de la mexicana Carla Morrison, uno casi desea, por pura humanidad, que no todas tengan un sustrato autobiográfico. “Aunque son mis canciones, no todas reflejan mis historias, también las de los demás –concede la cantante y compositora–. No es que me guste quejarme; me gusta liberarme y por eso hablo de amor y desamor. Además, el amor supremo es un amor que acepta y deja ir, aunque no deje de doler”.

Carla Patricia Morrison Flores (Tecate, Baja California, 1986) sorprendió hace ahora cuatro años con la publicación de su primer trabajo largo en solitario, Déjenme llorar, un disco bendecido por el mainstream –se llevó dos grammy latinos– que no renunciaba a las señas de identidad de la escena pop independiente. Aunque a los 17 años se marchó a Phoenix para adquirir formación musical académica, en ella creció como instrumentista y vocalista –potente y, a la vez, de una dulzura suprema– integrando diversas formaciones. La más reconocida fue Babaluca, que abandonó en 2009, tras un primer y único álbum, para emprender carrera con nombre propio. Desde entonces, siempre a medio camino entre Baja California y Arizona, su figura cotiza al alza.

De aquella etapa primeriza recuerda Carla “muchos momentos que forjaron quién soy hoy. Mucha dedicación, disciplina y libertad. Tecate es una ciudad pequeña donde aprendí mis raíces básicas, mientras que Arizona me ayudó a tener soledad y a escucharme a mí misma”.

carla_morrison_n2Por afinidad con la soledad y la propia voz dejó Babaluca, una banda que a finales de la pasada década comenzaba a adquirir relativa popularidad en México. “Creo que fue mi inquietud por mandar un mensaje claro y propositivo desde una sola fuente: yo –explica sobre su decisión–. En Babaluca éramos tres y era bonito, pero cada uno tenía sus ideas, a veces muy encontradas. Era difícil ponernos en sintonía. Además, el castellano es una lengua romántica y me encantaba la idea de poder cantar y contar lo que yo quería, que era amor”.

Y… desamor. Tras un par de epés previos, Déjenme llorar –pocos títulos tan descriptivos del contenido de un disco– proyectaba a Carla Morrison bastante más allá de su ámbito de procedencia. “La verdad es que esperaba todo lo contrario –reconoce–. Imaginé que todos odiarían que fuera tan depresiva, pero fue al revés: la gente lo amó. Fue muy sorpresivo para mí”.

Aparentemente ajena a la presión que aquel éxito pudiera provocarle –“Me dejé ser y flui con Amor supremo, con la libertad que siempre había querido y quiero tener al crear, así que no sentí presión de nadie más que de mí misma por explorar y superarme”, afirma–, Morrison encaró la grabación del nuevo disco con tanta calma como convicción. Y el resultado, que ahora por tercera vez la trae a España, hace gala entre otras tantas virtudes de una producción deslumbrante, obra de los hermanos Alejandro y Demián Jiménez, que sustituyen las anteriores sonoridades folk por capas de electrónica emocionada, acordes al argumentario del álbum. “Los dos productores y yo nos mudamos a las playas de Tijuana durante ocho meses. Todas las mañanas caminaba frente a ese mar frío y bello y regresaba con ideas. Grabábamos con sintetizadores, todo de manera muy detallada y precisa. Aprendí mucho de Alejando y Demián. Son unos genios, los hermanos del futuro, les llamamos”, comenta Carla sin reprimir una risa.

Inevitablemente, como mexicana residente en Estados Unidos, se pone más seria a la hora de valorar el fenómeno Donald Trump, ese populista de derechas candidato a las elecciones por el Partido Republicano, y la reciente (¿incomprensible?) recepción que le tributaba el presidente Enrique Peña Nieto. “La verdad es que es muy triste pensar en quién nos representa en México –dice–. Me apena y avergüenza ante el mundo. Trump es un completo inconsciente, un idiota insensible, otra vergüenza. Ojalá que desde mi trinchera, con mi pequeño granito de arena, yo pueda cambiar algo en el futuro”.

Carla Morrison actúa esta noche a las 21:00 en el Teatro Alameda de Sevilla (Crédito, 13) dentro del ciclo Nocturama. Entradas a 20 euros en venta anticipada y 25 euros en taquilla.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 55)

Blas Fernández | 1 de septiembre de 2016 a las 5:00

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Abrimos la nueva temporada con los brasileños Boogarins, de gira por España, y seguimos con el mismo acento: Moreno Veloso se incorpora a la programación del Auditorio Box Sevilla, cuyo cartel incluye perlas como Lambchop. Más directos con Carla Morrison y Nick Lowe y nuevas ediciones a cargo de Viento Smith y Niño de Elche, al alimón con David Cordero y Los Voluble. Carla Morrison y Nick Lowe en Nocturama, el debut de Escuelas Pías, el directo de El Guincho y el recopilatorio Amanece en Almería… ¡Vamos allá!

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Boogarins: 6000 dias (ou mantra dos 20 anos)

2.-Moreno Veloso: Um passo à frente

3.-Lambchop: Gone Tomorrow

4.-Carla Morrison: Mi secreto

5.-Nick Lowe: So It Goes

6.-Viento Smith: Así surge un recuerdo

7.-Niño de Elche y David Cordero: Despierta

8.-Niño de Elche & Los Voluble: La sífilis

9.-El Guincho: Cómix

10.-Escuelas Pías: Devil D

11.-Escuelas Pías: La ciencia del iluso

12.-Murciegaloo: Dinosaurio Speed Mariachi

13.-Monte Terror: Muera Maura