Hablando de la revolución digital

Blas Fernández | 14 de mayo de 2008 a las 10:07

Muf08

Tras varios conciertos previos y un ciclo de documentales musicales, la segunda edición del Músicas Urbanas Festival de Huelva entra mañana en su fin de semana grande con una serie de actuaciones de diverso pelaje y un ciclo de conferencias en el que, miren por dónde, participará un servidor.

El tema de mi charla (llamarla conferencia se me hace un poco cuesta arriba) será El pop en la era digital, y en ella pretendo abordar los cambios que para el bien general, y para el mal particular, han deparado al panorama musical internet y la popularización de las herramientas digitales. Voy a procurar hacerlo partiendo de cuatro escenarios muy concretos: ¿cómo ha afectado esta revolución a los músicos, al público, a la industria discográfica y a los medios de comunicación?

Mi charla será la tercera de una terna que incluye a Fermín Lobatón (Diálogos entre el jazz y el flamenco; jueves 15) y Félix Allueva (El nuevo rock en Iberoamérica; viernes 16). La mía será el sábado 17. Todas se celebran a las 19.30 en la Sala de Exposiciones de Cantero Cuadrado (Doctor Cantero Cuadrado nº 6) y la entrada es libre hasta completar aforo.

Organizado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, en colaboración con Cajasol, la Diputación de Huelva, la Universidad de Huelva y el Instituto Andaluz de la Juventud, el MUF ofrecerá los siguientes conciertos:

Jueves 15: Omar Sosa y Dave Holland & Pepe Habichuela.

Viernes 16: Dj Olive & Vj Mongo y 12Twelve.

Sábado 17: Lucas 15 y Paul Colllins Beat.

Todos las actuaciones se celebrarán en la Sala Cantero Cuadrado (Universidad de Huelva) a partir de las 21.00. Las entradas diarias cuestan 10 euros.

Off-topic: Los del equipo de mantenimiento de blogs del Grupo Joly me comunican que están implementado un nuevo filtro anti-spam y que esta medida está provocando que algunos de vuestros comentarios no puedan ser enviados, que no entren en las correspondientes entradas o que no queden reflejados en el contador de Últimos comentarios. Están trabajando en ello. Paciencia.

Marchando una de ‘videotapas’ variadas

Blas Fernández | 13 de mayo de 2008 a las 10:17

Videotapas

Entre otras muchas aventuras, Sergio Silva fue, junto a Mae Molina, el director de Minutos musicales con Sr. Chinarro (2004), aquel documental maldito sobre Antonio Luque que apenas pudo verse, que yo sepa, en el CCCB de Barcelona, el Teatro Central de Sevilla y alguna pantalla más. Pese a las negociaciones con distintas discográficas -Acuarela primero y Mushroom Pillow después-, la anunciada edición en DVD de aquella estupenda película, que revisaba la trayectoria del grupo desde sus primeros pasos a través de múltiples entrevistas-entre otros, con un servidor- y sacaba a la luz un buen puñado de imágenes inéditas, nunca llegó a producirse. Incluso parece que el propio Luque prefirió dejar el proyecto aparcado, haciendo borrón y cuenta nueva con cierta parte de su pasado. Incomprensiblemente, la película no ha llegado nunca a la red, aunque no me cabe duda de que tarde o temprano lo hará.

Sergio, mientras tanto, ha seguido implicado en el audiovisual a través de diferentes proyectos. El último de ellos se llama Videotapas, y pretende, a la manera de los parisinos Concerts a emporter de La Blogotheque o las londinenses Black Cab Sessions, ubicar a músicos residentes en Barcelona o de paso por allí en distintos puntos de la ciudad para ofrecer interpretaciones acústicas de sus canciones, que quedan registradas en vídeo y a disposición del espectador. Se trata tanto, explica Sergio, de “compartir la música de las bandas que nos gustan y contribuir a difundir sus propuestas” como de “promover la música en directo y de paso, muy modestamente, reivindicar la calle como espacio de encuentro, creación y libertad”.

Videotapas acaba de echar a andar y ya cuenta con clips de Árbol, Lonely Drifter Karen y First Aid Kit. No dejen de visitarlos.

Ejercicio de estilo (orquestado)

Blas Fernández | 12 de mayo de 2008 a las 10:21

The Last Shadow Puppets

The Age Of The Understatement

The Last Shadow Puppets. Domino. Pop. LP / CD

The Last Shadow Puppets

Me temo que, como en el caso del disco de Jamie Lidell, reseñado hace unos días, a la hora de escribir sobre The Age of the Understatement, primer álbum de The Last Shadow Puppets, la banda paralela puesta en pie por Alex Turner (Arctic Monkeys) y Miles Kane (The Rascals), utilizar el término revival resulta tan inevitable como volver a citar la larga influencia que sobre el pop británico sigue proyectando el primer Scott Walker. El objeto del rescate es en esta ocasión aquel pop orquestado, y a menudo de tono melodramático, de los 60, del que Turner y Kane, fascinados, se han empapado a conciencia. La London Metropolitan Orchestra es aquí un elemento primordial que dota a las canciones, algunas enormes –menudo arranque el del título homónimo–, de un empuje y profundidad hoy prácticamente inéditos.

Ahí les dejo el vídeo de The Age of Understatement

La nueva piel del alma

Blas Fernández | 9 de mayo de 2008 a las 10:13

Jim Cover

Jim

Jamie Lidell. Warp. Soul. LP / CD

Jamie Lidell

Foto: Nicole Nodland

Ex integrante junto a Cristian Vogel de aquel celebrado dúo de techno experimental llamado Super_Collider, al británico Jamie Lidell le bastó un disco en solitario, Muddlin Gear (2000), para cambiar de dirección, sacudirse la etiqueta de músico electrónico y enfilar su carrera como compositor y cantante de… ¡soul!

En una maniobra sorprendente por inesperada, Multiply (2005) lo devolvía al panorama despojado de su anterior identidad y reconvertido en singular soulman, rol en el que parece sentirse a gusto y en el que reincide con esta nueva entrega.

Jim, conviene decirlo cuanto antes, corre el riesgo de quedar encuadrado en el actual revival que el género experimenta, aunque afortunadamente Lidell se distancia en él del mero revisionismo no sólo gracias a la decena de espléndidas canciones que nos regala –lo cual siempre contribuye a que el revival resulte menos irritante–, sino porque además tantea territorios colindantes –el funk sofisticado a lo Stevie Wonder en la brillante Figured Me Out; el rhythm&blues rockerizado en la arrolladora Hurricane…– y enfrenta la producción esquivando lugares comunes –en All I Wanna Do, baladón soul en toda regla, el protagonismo instrumental recae en una guitarra acústica–.

Rodeado de amigos –Peaches, Gonzales, Nikka Costa…– y contento en su nueva piel, lo cierto es que a Jamie Lidell le ha salido un disco verdaderamente disfrutable por los nuevos y viejos seguidores del género.

Ahí les dejo el vídeo de Another Day

Rewind

Blas Fernández | 8 de mayo de 2008 a las 10:25

Leyendo hoy este interesante artículo de Iker Seisdedos en El País, he recordado una columna que escribí hace casi un año, once meses para ser exactos, en la antigua web de La Ventana Pop. La combinación MP3-vinilo se perfilaba ya entonces como una alternativa de lo más razonable para la supervivencia de los sellos discográficos que se dedican a la música (esto puede parecer una obviedad o una perogrullada, pero no lo es); hoy resulta una realidad incontestable. Les dejo con aquel texto.

El finado, el enterrador y el espectador socarrón

“Como en cualquier otro ámbito, los cambios tecnológicos afectan a la base de la economía de la empresa discográfica. La remuneración de los artistas dejará de proceder de la venta de discos –ahora compactos– para pasar a depender de la suscripción a una pequeña cuota que dará derecho a conseguir cualquier disco, en cualquier lengua, en cualquier momento y en cualquier lugar. La tendencia ya ha empezado, y sólo es cuestión de unos pocos años para que cope todo el mercado. Estoy convencido de que ello cambiará por completo la pauta de supervivencia de empresas y bandas, y las características de las mismas”.

El responsable de estas palabras no es ningún peligroso ciberpunk empeñado en hundir la industria discográfica convencional; tampoco ningún activista procopyleft preocupado por la libre difusión, o al menos por la difusión a precios ajustados, de los bienes culturales intangibles. Bien al contrario, se trata de un liberal de tomo y lomo, defensor acérrimo del británico gobierno de Margaret Thatcher; un antieuropeísta convencido inmerso en la macroeconomía desde los años 60. Es el Príncipe Rupert Loewenstein, encargado en 1970 de sanear la entonces maltrecha economía de The Rolling Stones y gestor financiero de la banda hasta bien poco, cuando, tras 37 años amasando ingentes cantidades de pasta para el incombustible grupo –en torno a 2.000 millones de dólares, se calcula– decidió que había llegado el momento de jubilarse.

Su reflexión en torno al futuro cercano de esa industria que se mueve con la lentitud de un mastodonte apareció publicada hace ya algunos años, en 2003, en According to The Rolling Stones, aquel divertido mamotreto, editado en España por Planeta, en el que Jagger, Richards, Watts y Wood no se cansaban de hablar bien, en primera persona, de sí mismos.

Salteados entre interminables entrevistas –en las que, por lo general, uno acaba con la sensación de que los entrevistadores han evitado los aspectos, digamos, más problemáticos de la historia del grupo–, se ensartaban artículos de personajes vinculados a la historia de los Stones, entre ellos, el mencionado Loewenstein, de una clarividencia, quizás, cuestionable, pero de un olfato financiero irrefutable.

Que el modelo de negocio discográfico está cambiando es algo que ya no duda nadie, ni siquiera quienes queman sus últimos cartuchos estructurando imponentes lobbies de presión y judicializando cualquier actitud disidente. Lo que no deja de ser un interesante ejercicio de anticipación es hacia dónde. Para Loewenstein, suscripción mediante, se dirige a la descarga digital y a la desaparición del soporte físico. Hasta aquí, desde luego, nada nuevo, y puede que hasta equívoco.

¿Es el mercado de coleccionistas meramente testimonial? Bueno, no es nada en comparación con el macromercado, pero sí que es lo suficientemente activo, además de entregado, como para reportar beneficios a quien los sepa ver. Basta fijarse en algunos irreductibles sellos independientes, o incluso en las cuidadas colecciones de algunas multinacionales, que o bien nunca han abandonado la edición en vinilo o bien han decidido recuperarla. En este sentido, resulta muy significativa una última tendencia detectada cada vez con mayor fuerza: la de los vinilos que incluyen, de regalo, la versión en CD.

Es el caso por ejemplo del –para mí brillante, aunque me temo que también incomprendido– Sky Blue Sky de Wilco, entre cuyas dos magras rodajas negras de 180 gramos se encuentra uno, entre incrédulo y sonriente, con esa mínima expresión de plástico plateado. No deja de tener su gracia. Llegamos a pensar que el CD había matado al vinilo y ahora resulta que no, que, a diferencia de lo previsto, es éste el espectador socarrón de un funeral en el que el MP3 ejerce de enterrador.

De inmediato o a fuego lento

Blas Fernández | 6 de mayo de 2008 a las 17:32

Frogs Lemon Sea

Frogs, Lemon, Sea. Salieri. Discos Liliput. Rock. CD

Salieri

Foto: Concha Laverán

Electric Doorbells fue una soberana sorpresa, pero es que Frogs, Lemons, Sea va bastante más lejos -rumbo a un planeta quizás más acogedor, como se pregunta la protagonista de la ensoñadora Song for a Little Planet-. La segunda entrega de los sevillanos Salieri cimienta su atracción en torno a dos canciones mayúsculas, la fábula que titula el álbum, con arreglos de metal y estribillo arrebatadores, y Sad Cars, deudora de ese rock norteamericano, de Rain Parade a Luna, pongamos por caso, al que tanto deben Javier Neria y Diana P. El resto se saborea más lentamente, pero con igual gusto.

A continuación dos vídeos en directo que también podéis ver en su MySpace. Ninguno de los dos está grabado en condiciones óptimas y el sonido es bastante regular, pero sirven para hacerse una idea de su buen directo.

El primero es de Frogs, Lemon, Sea, registrado el pasado mes de abril en la Escuela Politécnica Universitaria de Sevilla, rodeados de amigos -entre ellos Montevideo-, en un concierto como teloneros de Refree…

…y el segundo, incompleto, de Radio Says Everything’s OK, grabado el pasado mes de marzo en La Calabaza Mecánica de Rota.

Duffy is fluffy (pero te cansas pronto)

Blas Fernández | 6 de mayo de 2008 a las 16:55

Rockferry Cover

Rockferry. Duffy. Rough Trade / Polydor. Soul / Pop. LP / CD

Duffy retrato

“Si te gusta Amy Winehouse, te gustará Duffy“, reza sin complejos la publicidad de la tienda de discos. Para qué vamos a andarnos con tonterías, pensarán los del departamento de mercadotecnia. Claro que, podrían añadir alguna coletilla más: “Si la Winehouse le parece una golfa, aquí tiene a otra de esas preciosas y potentes voces soul británicas, pero más modosita”. La chica, efectivamente, se ha tragado de pe a pa los catálogos de Stax y Motown y junto a su amigo Bernard Butler, entre otros, se marca un disco quedón. Aunque a la postre, me temo, insustancial.

A continuación, los jitazos que intentan convencernos de lo contrario…

Mercy

Warwick Avenue

Rockferry

South Pop Día 3: Una tormenta después de la calma

Blas Fernández | 5 de mayo de 2008 a las 10:16

La Casa Azul

Foto: Manolo Domínguez

La tercera y última jornada en la IV edición del South Pop Festival dejó una impresión similar a la de una tranquila balsa de agua a la que de pronto llegan unos tipos con ganas de juerga. Algunos pueden ser más gamberros -Manos de Topo-, otros más juguetones -La Casa Azul- y otros miran desde el borde pero no se zambullen -Novö-. En cualquier caso, su actitud y su música contrastó de manera señalada, muy señalada, con el resto del cartel, entre lo exquisito -The High Llamas, Soy un Caballo- y lo voluntarioso -V.O., Centenaire-, pero conectado todo por una singular concepción de la calma.

¿Son estos cuatro últimos grupos festivaleros? Depende de qué se entienda por tal o incluso de dónde se les ubique: la intimidad del Teatro Alameda, antigua sede del festival, desaparece al aire libre del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Que se lo pregunten a Boris Gronemberger, líder de la banda belga V.O., que arrancó su concierto aún a pleno sol -afortunadamente con un retraso menor que el de días anteriores- y ante escaso público. En esas condiciones, las delicadas virtudes de Obstacles, su hermoso segundo álbum, pasaron sin pena ni gloria.

Tampoco lo de Novö fue para tirar cohetes. El dúo de Toulouse es otra-banda-más en la presunta exploración de unos terrenos en realidad demasiado transitados, los del ruidismo eléctrico rock con uno o hasta dos pies en la electrónica, de ésas que terminan su concierto en una nube de distorsión…

Los también galos Centenaire son otra cosa, aunque su cosa -ensoñador folk-rock con despliegue de arsenal acústico y juegos de hasta cuatro voces- tampoco llegara a cuajar entre más allá de un mínimo y atento sector del público. Por contra, Manos de Topo, al igual que con su primer y único disco, Ortopedias bonitas, provocó cualquier cosa entre la entrega y el rechazo visceral, excepto indiferencia. Servidor reconoce que no puede con ellos, o más exactamente con el calculado histrionismo de su cantante. Lo que se dice un hype.

Con Soy un Caballo retornó la calma y, resultaba evidente, también la apatía de quienes estaban allí para escuchar la otra cosa. Lástima, porque la propuesta articulada por Aurélie Muller y Thomas van Cottom es de una finura extraordinaria y su auténtico disfrute -disculpen que esté una y otra vez sobre lo mismo- se hubiera producido en otras condiciones bien distintas. Aun así, nos depararon momentos brillantes, entre otros el del final, cuando Van Cottom anunció que tenía dos regalos para el público: uno, un puñado de postales; el otro, la aparición sobre el escenario del que fuera productor de su álbum, Les heures de raison, el señor Sean O’Hagan.

La colaboración sirvió pues como puente hacia el concierto de The High Llamas, que marcó desde el primer momento distancia con todo lo anterior, como ya ocurrió el primer día con José González y el segundo con Barry Adamson. Con una banda impecable -incluso sin esa sección de cuerda, “demasiado cara”, que en sus grabaciones resulta básica-, O’Hagan y sus compañeros repasaron durante una hora ese excelso repertorio de pop camerístico que atesora su discografía. Un gustazo.

Y tras toda la calma, claro, la tormenta. Menuda película se ha montado Guille Milkyway a cuenta de Eurovisión, una lección magistral para cualquier interesado en los nuevos modelos de negocio en torno a la música. Sus discos no serán superventas, de momento, pero la agenda de La Casa Azul se llena y su caché se multiplica.

Parte de las ganancias, supongo, se reinvierte en el atrezzo electrónico que permite realizar a este hombre-banda la siempre peligrosa pirueta de llevar al directo aquello que se factura en la soledad del estudio, y que en su caso, es bien sabido, combina desde el bubblegum-pop al pop con espíritu anime. Quien entra en su juego lo disfruta al máximo -¿incluidos los baladones a piano solo?-; el resto huye (mi límite fue la versión de Love is in the air).

A modo de coda, una última reflexión. La IV edición del South Pop no pasará a la historia por la calidad de su cartel, confeccionado en un tiempo récord tras las dudas sobre la continuidad del apoyo municipal al festival, resueltas a última hora y cuando el retraso forzaba ya el cambio en las fechas habituales de ediciones anteriores, los días previos a Semana Santa. La organización, interesada también por razones de aforo en el cambio de ubicación, consideró idóneo el puente de mayo, que a priori facilitaría la llegada de público no local. Sin embargo, como una pescadilla que se muerde la cola, la situación ha sido justo la contraria: ante el discutible atractivo de su cartel, el público foráneo no acudió, al menos en la medida de ediciones anteriores, mientras que parte del local optó por no asistir o hacerlo sólo en alguna de las tres fechas -la del jueves fue la más numerosa-. En esta tesitura, el South Pop necesita con urgencia replantear su estrategia, y hacerlo sin soportar las presiones procedentes del ámbito municipal, su principal patrocinador, que más que desarrollar bien pudieran estar lastrando su afianzamiento. Entre éstas cabe señalar la insistencia por parte del ICAS en aumentar el número de grupos por día hasta extremos desproporcionados -siete en los casos de la segunda y tercera jornada-, cuando el camino natural hacia la consolidación del festival quizás pase justo por hacer lo contrario: ofrecer menos conciertos, pero de mayor enjundia, y prescindir de un relleno económico en cuanto a la contratación pero caro en su coste final. El cansancio de la audiencia y la multiplicación de los problemas logísticos -esos retrasos…- podrían minimizarse.

PD1: Mis problemas con los fotógrafos (2ª parte). La historia tiene tintes surrealistas y me ahorraré los detalles, pero resulta que volvimos a quedarnos sin fotografías de los conciertos del sábado. Afortunadamente, Manolo Domínguez, de El Blog de la Nadadora, fue tan amable de cedernos varias, entre ellas la de La Casa Azul que ilustra esta entrada. Gracias Manolo. Un abrazo.

PD2: Mi agradecimiento también a Antonio Bret, a quien le faltó tiempo y le sobró bonhomía para ofrecernos las que tenía alojadas en su Flickr en cuanto se enteró de que estábamos en problemas. Entre ellas, ésta:

La Casa Azul 2

South Pop Dí­a 2: En la variedad está el gusto (o el disgusto)

Blas Fernández | 5 de mayo de 2008 a las 9:38

El Guincho

Foto: Aránzazu León

Con una entrada considerablemente inferior a la del primer día, y arrastrando desde el comienzo un notable retraso respecto al horario previsto, el South Pop vivió el pasado viernes 2 en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en Sevilla, una irregular jornada marcada por los contrastes estilísticos de su cartel, cuyo orden pareció confeccionado más en función del estatus de los grupos participantes que del crescendo que una velada tan larga requiere para mantener la atención de la audiencia.

Sobre Pumuky y la posterior actuación en solitario de Abraham Boba -quien acompañó como teclista a la planetaria banda de Jaír Ramírez- más vale pasar de puntillas, pues lo suyo no resultó especialmente destacable. Lo mismo, aunque con distintos matices, cabría apuntar de Nisei, banda barcelonesa perteneciente al catálogo de B-Core y elevada a los altares por obra y gracia del lobby crítico catalán. Su directo es contundente, sí, pero su repertorio no pasa de una sucesión de clichés indie-rock con ocasionales incursiones en el dub. ¿Dónde queda la originalidad?

Grande-Marlaska no decepcionó en su primera aparición sevillana, en la que repasó El momento de hacer de cabo a rabo. Sólo una pega: a las canciones cortas y directas les cuadra un concierto similar. Un cuarto de hora menos habría dejado al respetable en ascuas.

El ex Arab Strap Aidan Moffat se ganó a pulso las copas que anunció que se iba a tomar tras su actuación. Y es que hay que tener mucha dignidad para defender como él hizo, en un entorno tan hostil, los poemas musicados de I Can Hear Your Heart, su segunda aventura en solitario tras la ruptura con Malcolm Middleton. El apoyo a la guitarra del ex The Delgados Alun Woodward deparó instantes intensos y hermosos, desgraciadamente perdidos en el tiempo cual lágrima de replicante en la lluvia. No era el momento ni el lugar.

Llegaba el turno de Mobiil, pero Barry Adamson llevaba ya una hora esperando y no parecía dispuesto a hacerlo por mucho más tiempo. Así que, sorpresivamente, fue él quien saltó al escenario, flanqueado por una numerosa formación y dispuesto a comerse el South Pop. El exacerbado revisionismo de la black music clásica desplegado en su último álbum, Back to The Cat, cobra cuerpo en directo con una precisión deslumbrante, fuera de discusión. Claro que, donde unos ven elegancia otros pueden intuir arrogancia. Cosa de gustos.

Con los galos Mobiil, cuando por fin aparecieron, ocurrió lo mismo que con Moffat: su inquietante y correoso rock de aristas cortantes descolocó al público, al que le costó entrar en el juego. Menos esfuerzo tuvo que invertir El Guincho, a quien le sobraron minutos para poner a bailar a la ya muy menguada parroquia con los cortes de Alegranza. ¿Concierto o sesión? Todo grabado excepto voz y percusión mínima. Ah, la eterna cuestión…

PD1: Un millón de gracias a Aránzazu León, que andaba por allí haciendo fotos de El Guincho, a altas horas de la madrugada, para Ladinamo y fue tan amable de cederle a Diario de Sevilla la que ilustra esta entrada. Fue un placer reencontrarte.

PD2: Esta crónica la firmo a medias con mi compañero Paco Camero. Yo me fui tras Barry Adamson y fue él quien se quedó hasta El Guincho. Lástima haberme perdido su actuación, una de las que más curiosidad me despertaba de todo el festival, y el jaleo que según me contaron se montó cuando Pablo Díaz-Reixa comenzó a invitar al público a subir al escenario. Comprendo la reacción de la organización. Después del accidente de Mar Álvarez, de Pauline en la Playa, no debía de estar el horno para bollos.

South Pop Día 1: Conciertos y desconcierto

Blas Fernández | 2 de mayo de 2008 a las 19:14

José González

La primera de las tres jornadas de la IV edición del sevillano South Pop Festival tras su traslado al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo arrancó con una mala noticia: Pauline en la Playa se caía del cartel porque, literalmente, una de las hermanas Álvarez, Mar, se caía del escenario, justo tras acabar su prueba de sonido, mientras bajaba la escalera. Traslado inmediato al Virgen Macarena y diagnóstico en urgencias: fractura doble de tobillo requerida de intervención quirúrgica. Tanto la paciente como su hermana, Alicia, decidieron que lo mejor era que la operación se llevase a cabo en su ciudad, Gijón. Ambas abandonaban el centro hospitalario sobre las once de la noche y hoy partían, a las cuatro de la tarde, en vuelo directo hacia casa.

En eso quedó el susto -pudo ser peor-, en eso y en el desconcierto y la pesadumbre que pareció adueñarse de la organización durante las primeras horas del festival. El accidente no sólo provocó un retraso de cuarenta y cinco minutos respecto a la hora de inicio anunciada, las 19.30, sino también un cierto nerviosismo traducido, quizás, en la deficiente sonorización sufrida por la banda encargada de abrir el South Pop.

No. No debe de resultar nada fácil sonorizar a una formación tan numerosa y ambiciosa en sus planteamientos como Limousine, que acabó, en cualquier caso, pagando el pato: su flamante rock psicodélico quedó reducido durante buena parte del concierto a esa temible bola de sonido en la que uno, por más que se esfuerce, apenas distingue los muchos instrumentos sobre el escenario. Sólo en la última y contundente canción consiguieron desde la mesa de mezclas poner un poco de orden, sirviéndonos una imagen tardía de lo que pudo ser y no fue. Lástima, porque el grupo cordobés merecía, sin duda, mejor suerte.

Los siguientes en subir al escenario fueron A Hawk and A Hacksaw, propuesta procedente de Albuquerque, Nuevo México, y encuadrable, como la de sus paisanos Beirut, en ese singular proceso de reivindicación desde el universo pop de la música balcánica. Pero si tanto la peculiar oferta de Zach Condon como los propios discos de A Hawk and A Hacksaw mantienen ese nexo con el pop, en directo Jeremy Barnes y Heather Trost optan por prescindir de él y transcribir su repertorio para el acordeón, el violín y unas mínimas percusiones. En ese proceso, me temo, se pierde buena parte del interés que tiene su música, los muchos matices desplegados por unos metales y cuerdas aquí tan inexistentes como las hermosas melodías vocales, también borradas del mapa.

Si pintoresco resulta que un grupo de Albuquerque haga música zíngara, más paradójica le parece a quien firma esta crónica esa corriente testimonial que atraviesa el pop español cantando en francés (¿?). Más resolutivos y potentes en directo de lo que cabía esperar, uno no puede sin embargo dejar de preguntarse qué hace una banda de Pamplona como Souvenir traduciendo a ese idioma un clásico del rock nuevaolero en inglés como Hangin’ On The Telephone, de Blondie. ¿Rizar el rizo?

Así las cosas, tuvimos que esperar hasta cerca de la medianoche para sentir justificada la asistencia al festival, que encontró en el sueco-argentino José González a su redentor. Cantante y guitarrista de extraordinaria sensibilidad, como atestiguan sus dos imponentes discos, Veneer (2003) y In Our Nature (2007), González aglutina un brillante catálogo de referencias folk y pop manejadas con extraordinaria solvencia. Bebe de Nick Drake, sí, pero también de Víctor Jara -el toque percutivo, rítmico de las seis cuerdas y sus hermosos tejidos armónicos-, del primer Caetano Veloso, de la música africana y de Crosby, Stills & Nash -los juegos a dos y tres voces-. No hay trampa ni cartón, sólo los elementos tan sabiamente manejados en esos discos enormes. En solitario con la guitarra española, primero, o flanqueado luego por los coros y los detalles de percusión y teclado, José González impuso un respeto proyectado desde la fascinación que sus canciones infunden. Las suyas y, claro, también las ajenas. La magistral revisión de Teardrop de Massive Attack cayó justo al final, pero mayor aún fue la sorpresa del bis, el Love Will Tear Us Apart de Joy Division. Ovación cerrada, sentida y merecida.

Me disculparán, pero tras semejante despliegue de talento, lo de Friska Viljor, rock juerguista de alta graduación alcohólica, sonaba a broma.

PD: La foto de José González no corresponde al concierto del South Pop, es de recurso. Estos vídeos que vienen a continuación, tampoco. Pero qué bonitos son…

Teardrop

Down The Line

Hearbeats

Love Will Tear Us Apart