Emociones reales, sin pirotecnia

Blas Fernández | 16 de abril de 2008 a las 10:19

Only as…

Only As The Day Is Long. Sera Cahoone. Sub Pop / Popstock! Country / Folk. CD

Sera Cahoone

Pese a disponer ya de un álbum previo editado hace un par de años, Sera Cahoone resulta quizás más conocida -es un decir- para los atentos a las escenas indies norteamericanas gracias a su paso por bandas como Carissa’s Wierd y Band of Horses. Con nombre propio, es ahora, a partir de este por momentos deslumbrante Only As The Day Is Long, cuando despunta convertida en una de las más notables últimas incorporaciones a la nómina de voces femeninas de eso que suele llamarse alt-country, y que tan tranquilamente podría prescindir del prefijo. Más rock en ocasiones -The Colder The Air-, en otras más folk o hasta pop -Baker Lake, con una de las varias apariciones de Jason Kardong, habitual del grupo hermano Grand Archives, al pedal steel- y sin pirotecnias, pero emocionando de veras.

No he encontrado ningún vídeo de este álbum (aunque sí circulan por ahí numerosos directos con irregular calidad de sonido e imagen), así que les dejo con una canción de su primer y homónimo disco, Couch Song.

Rumore, rumore…

Blas Fernández | 15 de abril de 2008 a las 11:04

Martha Wainwright

Se confirmó hace ya tiempo que Rufus Wainwright formará parte del cartel de la XI edición del festival sevillano Territorios (concretamente actuará el próximo viernes 30 de mayo en el escenario Icas del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo), lo que no deja de tener su gracia es que quizás no sea el único ilustre de su familia que nos visite por esas fechas. En efecto, se barrunta una gira de su sensual hermana Martha por al menos tres ciudades andaluzas (Sevilla, Granada y Málaga). ¿Adivinan dentro de qué ciclo? El mismo que ahora tantea a Two Gallants, Mark Olson y Vic Chesnutt, entre otros. Veremos en qué acaba todo…

Actualización 19.10: Territorios acaba de anunciar nuevos nombres, entre ellos uno que ya se insinuó (Richard Hawley, que finalmente actuará el 30 de mayo compartiendo escenario con Rufus Wainwright) y otros inesperados. De estos últimos cabe destacar a, agárrense, ¡New York Dolls! Será el 7 de junio, el mismo día de Yo La Tengo. ¡Qué gazpacho!

Puro pop (con o sin ukelele)

Blas Fernández | 11 de abril de 2008 a las 9:18

Thao Nguyen

We Brave Bee Stings and All. Thao with The Get Down Stay Down. Kill Rock Stars. Pop. CD

Bag of Hammers, montada sobre unos acordes de ukelele que crecen hasta estallar en un estribillo irresistible, podría ser ya razón suficiente para prestarle a este disco, segundo de Thao Nguyen y primero registrado junto a The Get Down Stay Down, la atención que merece. Pero es que además, antes, ya te has encontrado con Beat (Health, Life and Fire) y, después, aún te aguardan Swimming Pools y otras tantas ráfagas de pop poliédrico e imprevisible. Parte de la crítica norteamericana airea la etiqueta country y, asociada, también la de folk. Hay guiños, qué duda cabe, pero no pasan de ser tales. We Brave Bee Stings and All es puro pop, bienhumorado, revitalizante e inteligente.

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Patrones clásicos

Blas Fernández | 10 de abril de 2008 a las 14:25

Back to the cat

Back to The Cat. Barry Adamson. Central Control International / Green Ufos. Rock / Soul. LP / CD

Barry Adamson

Foto: John Gladdy

Pudiera parecer que, tratándose de Barry Adamson, Back to the Cat arranca de manera un tanto tibia. The Beaten Side of Town es un brumoso y elegante blues escorado hacia el swing y arropado, eso sí, por el habitual despliegue instrumental con aires de score. Ni el músculo que impulsaba desde el inicio discos como Oedipus Schmoedipus -el atractivo gospel-soul de Set The Control for The Heart of The Pelvis- o The King of Nothing Hill -el arrollador funk de Cinematic Soul-, ni la inquietud lounge de As Above, So Below -Can’t Get Loose- ni el efecto hipnótico del recitado en Stranger on the Sofa -Déjà  Morte- encuentran aquí su par. No hay trampa ni cartón, dicho sea en el mejor sentido; no hay gancho artificioso, sólo un tipo destilando clasicismo y concitando la atención de la manera más directa. Es la tónica de un álbum, entre los más luminosos de su ya larga discografía en solitario, construido sobre patrones: el pop bachariano -Straight ‘Til Sunrise-; el protorock’n’roll jazzeado -Spend a Little Time-; el rhythm&blues -Shadow of Death Hotel-; la balada soul -I Could Love You- o aquel encomiable pop mainstream británico de finales de los 60 -Walk on Fire, que parece escrita pensando en Tom Jones-. Y así, casi, hasta completar los diez cortes, como marca la casa, arreglados con permanente sobreexposición de precisos metales.

Muy lejanos ya los tiempos de Magazine y hasta de The Bad Seeds -aun manteniendo colaboraciones puntuales con Howard Devoto y Nick Cave-, ése ha venido siendo, en buena medida, el modus operandi que marca gran parte de su discografía: la reinterpretación, cuando no la apropiación, de los sucesivos estilos de la música negra. Aquí, sin embargo, parece llevarlo al límite, proponiéndonos un catálogo casi completo.

No he conseguido encontrar ningún vídeo del nuevo álbum, a la venta el próximo día 31, así que les dejo con uno de The King of Nothing Hill, el tórrido Black Amour; Marvin Gaye, Isaac Hayes y Barry White todo en uno…

Un buen rato

Blas Fernández | 7 de abril de 2008 a las 10:28

John Cooper Clarke

IV Festival Palabra y Música. Lugar: Teatro Lope de Vega (Sevilla). Fecha: sábado 5. Participantes: Veenfabriek, Pablo Texón y Sofía F. Castañón; John Cooper Clarke. Aforo: un cuarto de entrada.

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Un buen rato me tuvieron Pablo Texón, Sofía F. Castañón y Veenfabriek mirando el reloj, hasta que el aburrimiento desbordó los límites de lo razonable forzándome a transgredir yo mismo la norma mediante un acto tan políticamente incorrecto como abandonar la sala y salir a la puerta a fumarme un cigarro. En esta espiral de degradación moral, proseguí mi camino al infierno recalando en el bar del teatro, donde otros insensibles se me habían adelantado cambiando la poesía por la ingesta de botellines. Huelga decir que me uní a ellos.

Ah, el spoken word. Ya no hace falta explicar lo que es ni recordar que bajo tan amplio paraguas cabe casi de todo, pero quizás sí que se vaya haciendo necesario delimitar algunos márgenes para evitar la anual dosis de presunción que (¿inevitablemente?) se cuela en cada edición de Palabra y Música. Vale, aceptamos leer poesía con un fondo musical interpretado en vivo como spoken word. Hasta ahí podíamos llegar, máxime si el fondo sonoro está elaborado con tino por cinco músicos curtidos, los holandeses Veenfabriek, capaces de una pirueta tan loable como la de convertir el material percusivo en colchón atmosférico. Mi problema no está ahí, sino en que las cuitas literarias de los asturianos, por momentos propias de un recital de instituto, tienen para un servidor, demasiado viejo ya para según qué cosas, el mismo interés que para el lector el relato de los hechos que protagonizó este crítico una vez que se decidió a salir a fumar: nulo. Demasiado tambor para tan poco texto.

Un buen rato, muy buen rato, me hizo pasar John Cooper Clarke, personaje delirante y entrañable, superviviente hasta la fecha de infiernos reales y afortunado dueño de un sentido del humor que lo mismo le permite enfrentarse a la existencia que a la audiencia y salir victorioso en ambos casos. Figura emblemática del punk británico de los 70, hoy en merecido proceso de revalorización, Cooper Clarke entronca con esa vertiente del spoken word que fía a la sinceridad de la palabra y al malabarismo de su interpretación todo el valor y riesgo de la propuesta.

Solo, sin música, veloz en el nasal recitado de sus poemas -instantáneas de cotidianidad bizarra y apariencia desquiciada retratadas con la lucidez del observador sagaz- e hilarante en las introducciones de los textos -chistes y chanzas disparados con puntería de veterano-, el mancuniano nos proporcionó en poco más de cuarenta y cinco minutos el mejor antídoto contra el veneno de la trascendencia: la intuición de bordear el ridículo a diario o, al menos, la sospecha del sinsentido de tantos de nuestros actos.

Johnny, cierto es, está un poco cascado y la velocidad se resiente tras varios ataques de tos -“no blood”, ironiza aliviado y con voz cavernosa mirando el pañuelo que acaba de llevarse a la boca-, pero eso no le resta ni un gramo de valor a su memorable paso por el festival. Si acaso, nos inclina a pedirle que se cuide. Los tipos como él no abundan.

Y a continuación… John Cooper Clarke interpretándose a sí mismo en Control, esa biopic de Anton Corbijn sobre Ian Curtis que no parece tener visos de estrenarse en España, en cualquier caso disponible, desde hace tiempo, por los cauces habituales…

Evidently Chicken Town, una de sus piezas más celebradas, fue versionada en su momento por Lavadora, al igual que otros de sus poemas, para la banda sonora de El factor Pilgrim, de Santi Amodeo y Alberto Rodríguez, presentes ambos el otro día en las butacas del Lope. Con ella alcanzó Cooper Clarke uno de los momentos de apogeo, al menos en cuestión de popularidad, de su ya larga carrera, aunque para lograrlo tuviera que cambiar la palabra angular del texto…

Ahí les dejo el poema original, el que escuchamos en vivo en Palabra y Música…

the fucking cops are fucking keen / to fucking keep it fucking clean / the fucking chief’s a fucking swine / who fucking draws a fucking line / at fucking fun and fucking games / the fucking kids he fucking blames / are nowehere to be fucking found / anywhere in chicken town

the fucking scene is fucking sad / the fucking news is fucking bad / the fucking weed is fucking turf / the fucking speed is fucking surf / the fucking folks are fucking daft / don’t make me fucking laugh / it fucking hurts to look around / everywhere in chicken town

the fucking train is fucking late / you fucking wait you fucking wait / you’re fucking lost and fucking found / stuck in fucking chicken town

the fucking view is fucking vile / for fucking miles and fucking miles / the fucking babies fucking cry / the fucking flowers fucking die / the fucking food is fucking muck / the fucking drains are fucking fucked / the colour scheme is fucking brown / everywhere in chicken town

the fucking pubs are fucking dull / the fucking clubs are fucking full / of fucking girls and fucking guys / with fucking murder in their eyes / a fucking bloke is fucking stabbed / waiting for a fucking cab / you fucking stay at fucking home / the fucking neighbors fucking moan / keep the fucking racket down / this is fucking chicken town

the fucking train is fucking late / you fucking wait you fucking wait / you’re fucking lost and fucking found / stuck in fucking chicken town

the fucking pies are fucking old / the fucking chips are fucking cold / the fucking beer is fucking flat / the fucking flats have fucking rats / the fucking clocks are fucking wrong / the fucking days are fucking long / it fucking gets you fucking down / evidently chicken town

Tómate tu tiempo

Blas Fernández | 3 de abril de 2008 a las 22:56

Little Lucid Moments

Little Lucid Moments. Motorpsycho. Stickman Records. Rock. 2LP/ CD

Motorpsycho

El hard-rock, las inclinaciones psicodelizantes, el gusto por los largos desarrollos instrumentales partiendo de estructuras improvisatorias propias del jazz y la influencia del folk-pop de los 60 son algunas de las claves, quizás las principales, manejadas por Motorpsycho a lo largo de su ya muy dilatada trayectoria.

La banda noruega, procedente de la costera ciudad de Trondheim y con una formación cambiante sólo inalterada en su núcleo duro, el integrado por el bajista y vocalista Bent Sæther y el también cantante y guitarrista Hans Magnus Snah Ryan, lleva en activo desde 1989. A lo largo de todo ese tiempo ha facturado la friolera de catorce álbumes, un disco compuesto e interpretado junto a la sección de metales de Jagga Jazzist -el fascinante In The Fishtank (2003)-, dos títulos oficiales en vivo y un número difícilmente cuantificable de sencillos y epés -incluido un split-single con el inefable Alice Cooper-.

En el ahora trío, completado desde el año pasado por el baterista Kenneth Kapstad, todo parece apuntar al exceso, incluido el talento. Su torrencial producción tiende a buscar acomodo en los discos dobles y, en el caso del vinilo, formato mimado por el grupo con especial dedicación, hasta triples. Pero por encima de esa agradecida incontinencia prevalece una comprobada voluntad de no ceñirse a ningún género concreto más allá de su identidad rock y de mantener intacta la capacidad de explorar estilos diversos.

Quizás esa decisión haya minimizado el impacto público de su obra jugando al despiste -el sector heavy de su audiencia difícilmente podría encajar el desbordante genio pop de silueta postista mostrado en álbumes como Let Them Eat Cake (2000) y Phanerothyme (2001), palabras mayores en su vasta discografía-, pero al mismo tiempo ha proporcionado a la banda el margen de movimiento necesario para ensayar distintos enfoques y dar con hallazgos memorables.

Así, tras el muy notable Black Hole / Black Canvas (2006), donde la vertiente hard-rock ganaba posiciones frente al gusto por la ornamentación melódica pop y la especulación instrumental de tinte experimental sin llegar a desplazar por completo ambos factores, el muy ambicioso Little Lucid Moments apuesta ahora por conjugar justo esas tres direcciones ofreciendo en una hora sólo cuatro cortes de duración aparentemente desproporcionada: el homónimo Little Lucid Moments (21’06”), Year Zero (A Damage (Report) (11’26”), She Left on The Sun Ship (14’25”) y The Alchemyst (12’27”).

Antes de asustarse convendría recordar que, de Neil Young a Godspeed You! Black Emperor, por poner ejemplos premeditadamente distantes, la propensión a estirar el tiempo ha sido una constante para muchos músicos de rock desde, al menos, mediados de la década de los 60. Los propios Motorpsycho lo habían hecho con asiduidad en ocasiones anteriores, aunque a menudo como consecuencia de las referencias jazzísticas antes mencionadas. Sin embargo, en la nueva entrega no es estrictamente así. Sus cuatro cortes articulan cuatro macrocanciones con brillantes desarrollos melódicos en sus cuidados juegos vocales, remitentes sin coartadas a Crosby, Stills, Nash & Young, sobre guitarras capaces de ponerle los dientes largos al mismo J Mascis.

Conviene también, en cualquier caso, no terminar sin una advertencia. Si uno entra en contacto ahora, por primera vez, con la música de Motorpsycho, Little Lucid Moments no es el disco idóneo para introducirse en su singular discografía. Quizás sea mejor revisar antes los títulos ya mencionados en esta reseña u otros como Blissard (1995), Barracuda (2001) o It’s a Love Cult (2002). A partir de ahí, descubiertas las claves que citaba al comienzo, es como la última entrega de la incansable formación se disfruta en su integridad.

Les dejo un par de vídeos, uno incompleto de The Other Fool (le falta la fantástica coda final), procedente de Let Them Eat Cake

…y otro de The Slow Phaseout, de Phanerothyme. Que los disfruten, si es que no los conocían.

‘Inercia’, quince años después

Blas Fernández | 1 de abril de 2008 a las 10:11

Inercia Re-edición especial

Inercia. Reedición especial. Lagartija Nick. RFTOS / Romilar D / CBS Sony. Rock / 2CD

Mucho habría que discutir sobre cuál fue el mejor título en la hasta ahora descatalogada trilogía inicial de Lagartija Nick, si Hipnosis, Inercia o Su -en su día ninguneados por la facción más petarda de la crítica nacional y hoy convertidos en clásicos absolutos del rock español-. Sólo disponibles hasta la fecha para el interesado vía p2p o en tiendas de segunda mano, la revisión, en cualquier caso, le llega al segundo, reforzado en esta edición especial, conmemorativa del XV aniversario de su publicación original, por un compacto extra que suma oscuros cortes y versiones maqueteras de canciones tan contundentes como Nuevo Harlem, Satélite o Transfiguración (Mis cinco sentidos). Lo más llamativo, al margen de la propia recuperación, es sin embargo, la voz de Eva Amaral grabada ahora sobre la maqueta de Universal.

¿A cuento de qué? Amistad, admiración… Supongo. Quizás sólo sea una de las varias y merecidas muestras de pleitesía hacia la banda de Antonio Arias que veamos durante este año, según informaba el amigo Jesús Arias en Granada Hoy.

Ahí les dejo un vídeo del experimento en vivo en ese infame programa de la 2 llamado No disparen al pianista. A Eva Amaral, al comienzo, se le nota descolocada, como cortada, pero luego se desmelena. Lagartija Nick es lo que tiene.

Héroes (y) abandonados

Blas Fernández | 29 de marzo de 2008 a las 2:17

Bombay

Life in Loops

Festival Zemos 98. Sofa Surfers -Markus Kienzl (secuenciación y samples) y Wolfgang Frisch (bajo y guitarra)- con Timo Novotny (visuales). Sala: Teatro Alameda (Sevilla). Fecha: Viernes 28. Aforo: Lleno.

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“¿Cuál es tu sueño en la vida?”, “¿Cuál es mi sueño en la vida?”. La pupila del yonqui se dilata en primer plano y la pregunta queda sin respuesta. El único sueño del que nos deja constancia es ése que segundos después certifica su sonoro ronquido.

La primera de las dos interpelaciones es a su vez la única ocasión en que el hombre tras la cámara revela lo que ya sabemos, que está ahí, pero que olvidamos ante la conmovedora potencia de las imágenes que nos ofrece. Ese hombre es el realizador austriaco Michael Glawogger, quien en 1998 estrenó Megacities, un viaje que nos lleva de Nueva York a Bombay, de Ciudad de México a Moscú, reparando en los incómodos márgenes de las gigantescas urbes, allá donde el detritus perfila el hábitat.

Sobre las imágenes de Megacities y parte de su material descartado, otro hombre de cine, Timo Novotny, remonta Life in Loops, audiovisual con banda sonora ad hoc editado en DVD el pasado 2006 y visto ayer en vivo dentro de la cada vez más ineludible programación del festival Zemos98. Novotny se alía con dos de los miembros del cuarteto, también austriaco, Sofa Surfers para dar forma a este ejercicio de reinterpretación que usa la técnica del loop y el montaje alternativo para incidir de manera tan obvia como efectiva en aquello que pretende resaltar. Kienzl y Frisch, por su parte, sortean las previsiones esquivando la monocorde deriva que adoptó el género que les sirvió de lanzadera, el trip-hop, y proponiendo una música que, a excepción de la sórdida secuencia de la sala de striptease en el DF, remitente a las sonoridades fronterizas con el vecino del norte, huye por lo general del subrayado más o menos grueso para reforzar por el propio peso de su interés autónomo aquello que pasa ante nuestros ojos -los raterillos moscovitas recorriendo el metro a un ritmo cercano al drum&bass en su proceso de mutación al breakbeat-.

Es en episodios como ése, o en esos otros donde las palabras de los protagonistas en la pantalla configuran un premeditado speech entre el rap y el spoken word, donde la presencia de Sofa Surfers adquiere quizás mayor relevancia o, por decirlo de otro modo, se hace más evidente. En el resto del metraje, poco menos de una hora, la fuerza de las imágenes -los rastreadores de canales de Bombay, extrayendo de la inmundicia las migajas de la subsistencia- ni necesita ni toleraría despliegues de pirotecnia.

No es positivismo ni sentimentalismo, sino realidad: entre las ruinas del abandono, urbano y personal, queda espacio para el oxígeno, ése que boca a boca le insuflan al espectador la heroica pareja de viejitos que sobrevive en Ciudad de México vendiendo tacos -ella sueña con no morirse “sin conocer los Estados Unidos o Los Ángeles, California”- o aquel otro que ya al final, en una secuencia con carga poética de profundidad, nos redime a golpe de látigo: un santón hindú flagelándose al amanecer en un inmenso y humeante vertedero. Ruega por nosotros.

Contra el éxito

Blas Fernández | 28 de marzo de 2008 a las 11:58

Gnarls Barkley

Gnarls Barkley en el Austin City Limits de 2006 (Foto: Dave Mead)

The Odd Couple

The Odd Couple. Gnarls Barkley. Downtown / Atlantic. Soul / Hip Hop / Pop. CD

Parece inevitable a la hora de referirse a la segunda entrega de Gnarls Barkley -la extraña pareja integrada por el ubicuo y polifacético Danger Mouse y el cantante Cee-Lo Green, a la que el título de este nuevo álbum alude con sus varios y divertidos significados- valorar el impacto que hace ahora un par de años supuso su debut, St. Elsewhere, arrollador combinado de espíritu soul y tratamientos electrónicos derivados de los modos y formas del hip hop instrumental que acabaría catapultando al dúo, gracias a la inmediatez de un sencillo como Crazy y a la contagiosa e imaginativa revisión del clásico de Violent Femmes Gone Daddy Gone, al deslizante olimpo de las sorpresas de la temporada.

En cualquier caso, que lo de Gnarls Barkley quedaba lejos del hype era algo evidente, tanto por la trayectoria previa de Mouse como por la eficacia de la talentosa fórmula empleada a la hora de reubicar en un contexto actual los esquemas del soul, haciéndolo, dicho sea de paso, sin caer en el exagerado revisionismo -no exento de encanto, también hay que apuntarlo- de una Amy Winehouse, una Duffy o una Adele.

¿Resiste entonces The Odd Couple el peso del éxito de su antecesor? Sólo en parte. Descontado el factor sorpresa, insignificante con el paso de los años pero a veces primordial en el cambiante y acelerado universo pop, la segunda entrega de la pareja mantiene el equilibrio entre forma y fondo, pero no resiste la comparación en términos absolutos en cuanto al valor individual de sus canciones ni, por tanto, en el de su resultado conjunto.

Eso no significa en ningún caso que The Odd Couple sea un mal disco. La voz de Green sigue mostrándose magnífica, antigua, negra, emotiva y plena de matices que parecen genéticamente incrustados; Mouse sostiene el pulso con sus bases y armónicos de querencia lo-fi y sirve en bandeja una banda sonora idónea para el lucimiento de su compañero. Hasta se exhiben algunas canciones ciertamente notables -el sencillo Run y la subyugante Going On, evocadoras en su dinamismo de Crazy; la robusta Charity Case y la contoneante y misteriosa Surprise, puntos de apogeo de un trabajo que, valga la repetición, aún guarda otras sorpresas-.

No, no es un mal disco, sólo que detrás tiene un título previo que, de manera inevitable, le hace sombra forzando la comparación. De no ser así, probablemente estaríamos hablando ahora de otra de esas revelaciones de la temporada.

Disfruten del fantástico vídeo de Run.

¿Alguien se esperaba esto?

Blas Fernández | 27 de marzo de 2008 a las 11:34

REM_Accelerate

Accelerate. REM. Warner. Rock. LP / CD

Pues no, uno se esperaba a estas alturas un fiero ejercicio de estilo que rescatara el ímpetu de títulos -sin complejos- gloriosos como Murmur, Reckoning, Fables of The Reconstruction y Lifes Rich Pageant, pero eso es justo lo que se viene a la cabeza, y al ánimo, cuando arranca Living Well is The Best Revenge; lo que se refuerza con Man-Sized Wreath y lo que, con una sonrisa de satisfacción, se mantiene a lo largo de todo un álbum, Accelerate, que muy probablemente no reportará a REM nuevos seguidores, pero que dejará más que satisfechos a quienes los siguen desde el principio.

Supernatural Superserious

Más allá del interés del disco queda el revuelo levantado durante estas últimas semanas por las declaraciones de Michael Stipe a la revista Spin, en las que, por si alguien aún no se había enterado, el cantante reconocía su homosexualidad. La confesión suena a innecesaria treta publicitaria -“¡pero si Stipe dice que es gay cada vez que REM saca un disco!”, apunta mi compañero Braulio Ortiz-, pues Accelerate anda sobrado de virtudes, sobre todo tras los pinchazos de REM Live y el muy irregular Around The Sun, como para recurrir a trucos extramusicales. En cualquier caso, el negocio es el negocio y parece que la estrategia ha conseguido los objetivos marcados, que todo el mundo hable de REM, más aún tras el ciertamente irónico comunicado que Stipe colgó hace unos días en YouTube…

“Mi nombre es Michael Stipe, estoy aquí para hacer un anuncio en nombre de REM, y quiero dejar claro que estoy aquí por mi propia voluntad. Estoy algo nervioso, así que voy a leerlo para hacerlo bien. Los miembros de REM Peter Buck y Mike Mills anuncian hoy, después de años de embarazosas especulaciones, que son heterosexuales, o straight (rectos). Me alegro por mis compañeros y celebro su sinceridad y valentía al hacer este anuncio. Yo estaré siempre a su lado y me enorgullezco de la fuerza de su carácter en esta difícil pero liberadora decisión de dar un paso adelante. Puedo decir en su nombre que están aquí finalmente para reconocerse tal cual en público. Mike Mills dice, y cito textualmente, Es hora de salir de la niebla, marica, niebla, marica [juego de palabras entre fog y fag], la niebla de la incertidumbre y entrar en la luz de la vida…”

En fin, ahí les dejo un anuncio publicitario…

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