Pendejos de alta cuna

Blas Fernández | 23 de abril de 2008 a las 10:52

Ayer éramos pendejos electrónicos, ingenuos sujetos con veleidades anarcoides inocentemente convencidos de la posibilidad de construir la democracia digital. Hoy ya hemos subido de categoría. Bueno, todos no. De quienes simpatizamos con el copyleft, sólo han ascendido los músicos que han decidido licenciar su obra bajo licencias Creative Commons poniéndola a disposición de la audiencia, ya sea por motivos ideológicos o por el convencimiento de que esa estrategia les reportará mayores beneficios a la larga que una licencia copyright convencional.

Sí, amigos, sepan ustedes que Creative Commons es cosa de adolescentes pijos criados entre algodones y sin más preocupación en la vida que consumirse en un irrecuperable complejo de Peter Pan. Así lo ha explicado Don Eduardo Bautista, presidente (¿vitalicio?) del consejo de dirección de la Sociedad General de Autores y Editores, quien ayer se despachaba en Barcelona, según teletipo de la agencia Efe, con la siguiente sentencia: “No tenemos nada en contra del copyleft, nos parece interesante para la comunidad de autores que son ricos de cuna y que no tienen que pagar el pan de sus hijos, pero nosotros estamos en otra cosa: que el autor viva de su obra, como un albañil de su trabajo”.

La máxima de Teddy el albañil se produjo en esa gira que lo lleva a cruzar la península de punta a punta para anunciar su buena nueva: la empresa que preside, SGAE, ha vuelto a superar su récord de recaudación, que creció en 2007 un 14,3% respecto al año anterior. En total, nada menos que 395.493.000 euros.

A falta de tener en mis manos la Memoria Anual de la SGAE y leerla con detenimiento -sí, uno es así, qué le vamos a hacer-, me fío del teletipo de Efe, según el cual de los “65 millones de euros” correspondientes a “la reproducción mecánica de repertorios protegidos, venta de discos, soportes audiovisuales y otros, unos 20 millones aproximadamente corresponden a las copias privadas” O sea, a ese canon con el que, quid pro quo, nuestro Gobierno tiene a bien subvencionar a la entidad.

En semejante estados de cosas, es lógico que a Don Eduardo le parezca que el copyleft, o copia permitida de las obras culturales -reza otro teletipo de Efe, “no tiene peso” y que la Sociedad General de Autores y Editores no “ha notado prácticamente nada en el sistema de captación de socios”.

Ya, entonces, ¿a qué ese interés por desprestigiarlo? ¿A sentencias como la que, también ayer, dictaba un juez de Burgos eximiendo a un hotel de dicha ciudad de pagar la cantidad que SGAE le requería por el uso del hilo musical? No es la primera sentencia en este sentido, ni mucho menos, ni será la última. Atendiendo otra vez al teletipo, “unos 76 millones de euros” de lo recaudado por la SGAE en 2007 “corresponden a la televisión que se escucha en los lugares públicos y a la música ambiental de almacenes, bares de copas o cafeterías y comercios”. El montante en este capítulo “ha experimentado un crecimiento del 3,9% sobre el año anterior”. ¿Se imaginan al sector hostelero argumentando en bloque que la entidad no puede probar que ellos usan su repertorio? Lo mismo va a ser eso…

En fin, les dejo por hoy, que voy a ponerme a escuchar otra vez a esos niños pijos malcriados y nihilistas que acaban de facturar uno de los mejores discos españoles de pop de los últimos años. Ellos, tan chulos o más que el propio Teddy, han decidido publicar su primer álbum en vinilo y dejarlo, al mismo tiempo, en descarga libre y directa. Señoras y señores, con ustedes, Los Punsetes…

Aquí un amigo

Blas Fernández | 22 de abril de 2008 a las 10:03

José Ignacio Lapido_1

Foto: Jesús Ochando

Conocí a 091, creo recordar, allá por el año la pera -circa 1984-. Estaba a punto de publicarse su primer álbum, Cementerio de automóviles, y era uno de los grupos participantes en el concurso Alcazaba, de Jerez de la Frontera, que terminó ganando. Poco después, Jesús Ordovás, ese gran hombre, nos pasó a Eva Tovar -por entonces mi compañera radiofónica- y a mí una cassette con el master del disco. La pinchamos durante semanas, hasta que el vinilo cayó por fin en nuestras manos.

Seguí la trayectoria de la banda sin interrupción. Los entrevisté en tantas ocasiones que ni me acuerdo. Conté las idas y venidas de Antonio Arias, que acabó firmando el contrato del primer álbum de Lagartiga Nick, con Romilar-D, en un concierto-celebración de mi programa de radio, en el que también actuó otro de mis grupos españoles favoritos de todos los tiempos, Cancer Moon.

Estuve en Maracena en el 96, en el segundo de los dos célebres últimos conciertos (o sea, el último de verdad), y me alegré lo mío cuando José Ignacio Lapido, tres años después, anunció que volvía en solitario con Ladridos del perro mágico.

Desde entonces he permanecido atento a su carrera, que unas veces me ha interesado más y otras menos. En ocasiones me ha irritado su inmovilismo, supongo que pensando que me gustaría escuchar esas letras a lomos de esquemas sonoros menos trillados, pero siembre acabé encontrando alguna canción que me explicaba quién es este tipo. Sus textos sobre música, publicados hasta hace poco en Granada Hoy, donde sigue ejerciendo como columnista, me provocaban una sensación similar -rara vez escribía de algo posterior a 1980-, agravada cuando tocaba cuestiones colindantes a la música en sí misma -el negocio, la industria…-.

Él está en contra del p2p y, en general, del intercambio de archivos en internet -aunque tengo la sospecha, no sé, de que ha suavizado su postura-; yo, radicalmente a favor. Quizás por eso he preferido no tocar el tema en la entrevista que le he hecho para Diario de Sevilla a propósito de su nuevo álbum, Cartografía. Sería como discutir con un amigo de algo sobre lo que sabes que no os vais a poner de acuerdo.

Ahí la tienen…

Cartografía de la madurez

El músico granadino José Ignacio Lapido publica su quinto disco en solitario tras la disolución de 091, uno de los más elaborados de su ya larga carrera.

José Ignacio Lapido_2

Foto: Jesús Ochando

Álbum: Cartografía. Corte 2: En el ángulo muerto. Y dice: Estoy en el ángulo muerto / es el sitio perfecto / nadie me ve /Estoy fuera de juego / batiéndome en duelo / lo mismo que ayer / A solas con mis recuerdos / los falsos y los verdaderos / si no me ladraran los perros / creería que sueño / Nadie me ve. “Llevo ya muchos años ahí, nadie me ve”, bromea irónico José Ignacio Lapido. Aunque se apresura a explicar que “no es una canción sobre mi situación profesional, sobre la que no vendría a cuento escribir. Me siento en mi sitio, el que yo me he buscado y al que las circunstancias me han llevado. Y estoy a gusto donde estoy. No espero otra cosa sino hacer los discos que quiero y sentirme bien conmigo mismo”.

El músico granadino, antaño pieza clave en una banda de tan grato recuerdo como 091, acaba de poner en circulación su quinto álbum en solitario, Cartografía, como el anterior, En otro tiempo, en otro lugar (2005), autoeditado por su propio sello, Pentatonia. “Me motiva la satisfación de seguir haciendo esto -cuenta-. Hay mucha gente que ha tenido que abandonar la música por faltarle de todo a su alrededor. Ya en cierta época de 091 me di cuenta, nos dimos cuenta todos, de que no íbamos a dar ese paso a la primera división comercial. Si con La vida qué mala es no rompimos la barrera, entonces ya no iba a haber manera de hacerlo. Así que a partir de ahí te haces a la idea. Lo contrario es engañarse uno mismo manteniendo vanas esperanzas. Yo ya ni me lo planteo. Grabo mis discos haciendo válido el tópico de por amor al arte“.

José Ignacio no se queja. Sabe bien que su público no es muy numeroso, “pero sí puedo decir que es muy fiel. Siempre está ahí esperando, casi con más ansias que yo, a que salga un nuevo disco”. De hecho, esas expectativas le permiten embarcarse en un nuevo proyecto discográfico cada dos o tres años. “Puede ser necesidad expresiva, más que económica. Porque necesidad de perder dinero nunca tengo”, vuelve a bromear.

Ni resulta tan invisible como sugiere la canción del principio, sus seguidores lo saben, ni su economía bordea la ruina -“con el anterior disco salvamos los trastos”, apunta-. Hoy es otro músico con otro oficio. Escribe columnas de opinión en el diario hermano Granada Hoy y, faceta menos conocida, guiones para un culebrón de la televisión autonómica. Corte 4: Largo de contar. Y dice: Yo te hablaría del trato / que el Diablo sin duda nos ofrecerá / cuando el futuro nos dé de lado / y nos cubra la oscuridad. ¿Será Arrayán el demonio? “No, hombre, no… Arrayán hace feliz a mucha gente -dice riendo-. Llevo seis años haciendo guiones y me siento tan bien como cualquiera se puede sentir en su trabajo. Obviamente me siento más músico que guionista, pero una vez que te sacudes los prejuicios, es un trabajo más. No es como la música, mucho más creativa; somos diez guionistas metidos ahí y todos aportamos ideas. Sabes que estás haciendo un producto de consumo rápido, pero que tienes que hacerlo bien”.

Arrayán paga las facturas de sus grabaciones, gusta de decir José Ignacio, quien recupera en Cartografía cierta manera de hacer que remite a 091. Niega que sea el disco que más recuerde a su anterior grupo -“no soy tan cerebral como para decir voy a hacer un disco más o menos parecido a 091. Llega un momento en el que las canciones mandan sobre ti y todo lo que has oído, compuesto y tocado está en un sustrato inconsciente. Pero en cualquier caso, si es así no ha sido premeditado”, asegura-, aunque concede que “se trata del mismo guitarrista, del mismo compositor, así que algo tiene que haber”.

Hay más. La referida manera de hacer, sin abandonar el clasicismo rock que le es tan querido, dispone que éste sea uno de sus títulos más elaborados desde el punto de vista de los arreglos. “En eso sí estoy de acuerdo -afirma-. Ha habido un trabajo bastante importante por parte de la banda al completo. Así que en ese aspecto sí que hemos trabajado como lo hacía con 091, llevando al ensayo el esqueleto de la canción para que todos aportaran ideas. El talento de los músicos ha hecho que determinados arreglos queden como anillo al dedo. Y se nota”.

Lapido no pide más. Grabar y actuar. “Me siento músico -confiesa-. Antes de escribir guiones lo único que sabía hacer era escribir canciones e interpretarlas. Si reniego de eso, ¿qué hago en la vida? Quiero seguir así mientras las circunstancias me lo permitan”. Corte 7: Nunca se sabe. Y dice: Nunca se sabe si nuestro plan se irá por el desagüe / Si al despertarme la tierra temblará bajo mis pies / Si habrá algún santo que nos ampare / Sólo sé que estoy girando alrededor de tu corazón ayer igual que hoy / buscándole el final a una canción que tal vez no acabe / Es algo que nunca se sabe. Nunca se sabe.

Fascinaciones marinas

Blas Fernández | 21 de abril de 2008 a las 9:55

Beach House Devotion

Devotion. Beach House. Carpark. Pop / Psicodelia. LP / CD

Beach House

Si su homónimo debut, editado hace un par de años, ya supuso una agradecida llamada de atención sobre las bondades de Beach House, el dúo formado por Alex Scally y Victoria Legrand, Devotion potencia ahora aquellas significativas virtudes -la turbadora e hipnótica atracción propia de Mazzy Star, el puntillismo de The High Llamas a la hora de tejer sus sutiles arreglos…- elaborando si cabe con mayor dedicación y delicadeza un esplendoroso catálogo de canciones de suave, en ocasiones narcótico, pop psicodélico con invisible armazón electrónico. El imaginativo despliegue armónico de Scally es clave en este asunto, pero la voz de Legrand se antoja la pieza angular de una construcción de apariencia liviana, tanto como las volátiles melodías -uf, Gila, sin ir más lejos-, capaces de llevar la escucha a alturas estratosféricas.

Ahí les dejo un par de vídeos de temas de Devotion. El primero es de You Came To Me, dirigido por Skizz Cyzyk…

…el segundo, de Heart Of Chambers, dirigido, todo queda en familia, por Alistair Legrand. Que los disfruten.

Hijos del limbo

Blas Fernández | 20 de abril de 2008 a las 17:24

Jóhann Jóhannsson

Jóhann Jóhannsson

Sala: Espacio Iniciarte (Sevilla). Fecha: sábado 19. Formación: Jóhann Jóhannsson (piano, secuencias); Gudmundur Kristmundsson (viola); Greta Gudnadóttir (violín); Una Sveinbjarnardottir (violín); Hrafnkell Orri Egilsson (chelo); Matthías Már Davídsson Hemstock (secuencias); Ivar Ragnarsson (visuales). Aforo: tres cuartos de entrada.

***
Nacidos en los últimos años 30 o en los primeros 40, compositores como Gavin Bryars, Philip Glass o Michael Nyman, por citar sólo algunos de los más conocidos, se situaron ya a final de la década de los 60 en un curioso limbo, denostado con saña por el sector integrista del ambiente académico cuando no olímpicamente ignorado. Su pecado capital, parece ser, era recuperar la tonalidad en un escenario que la suponía superada, el de una hipotética vanguardia demasiado ocupada en mirarse el ombligo como para darse cuenta de su aislamiento, alcanzado, finalmente, tras lograr la plena perfección en su práctica onanista.

Fue en los 80, sin embargo, cuando esos compositores obtuvieron mayor repercusión. La posmodernidad desdibujaba entonces la linde entre altura cultura y cultura de masas provocando situaciones tan entretenidas como la de ver a muchos músicos pop adelantando en talento, imaginación y riesgo a los presumibles titulares del avant garde. Hijos prácticos de aquella posmodernidad, sus experimentos conectaban. No estaban solos; Bryars, Glass y Nyman, tampoco.

El músico islandés Jóhann Jóhannsson, nacido en 1969, es en buena medida hijo de aquella situación. Hombre de demostrada versatilidad -basta escuchar los discos grabados junto al Apparat Organ Quartet para comprobarlo-, pone no obstante su acento más personal en las composiciones de corte camerístico y trasfondo electrónico registradas en un puñado de discos de indudable belleza. De uno de ellos, Englabörn, publicado originalmente en 2002 y reeditado el pasado 2007 por 4AD, extrajo el repertorio que el pasado sábado pudimos escuchar en el Espacio Iniciarte, ámbito idóneo, sí, para una música de estas características, pero no en las condiciones en que el público volvió a encontrarlo: sin asientos, a no ser el del suelo de frío mármol, y con el aleatorio taconeo de algunas de las presentes incordiando una escucha que precisa atención.

Atento, no obstante, a lo que ocurría sobre el escenario, el público conectó y, pasada la timidez inicial -tres piezas sonaron sin que rompiera el aplauso-, la colorista percusión de Sálfrædingur contribuyó a relajar el ambiente y predispuso a la audiencia a disfrutar, ya sin el peso de la solemnidad, de la oferta de Jóhannsson.

El interés de ésta es evidente, tanto como sus deudas, pues el uso de las cuerdas bebe directamente de los compositores antes mencionados. Ni siquiera los pads atmosféricos o ruidistas -los últimos literalmente se comieron al cuarteto en más de una ocasión- resultan novedosos. Estaban hace ya muchos, muchos años en The Sinking of The Titanic y se han usado desde entonces en incontables ocasiones. Ni siquiera la utilización de voces vocorizadas en este contexto -en la preciosa Odi et Amo, por ejemplo- puede señalarse como especialmente original. Queda, en cualquier caso, la belleza antes señalada, la profunda melancolía de una música hermosa y, abstraído de otras consideraciones, absolutamente gozosa.

Feliz reencuentro

Blas Fernández | 20 de abril de 2008 a las 17:05

Árbol

Árbol

Sala: Espacio Iniciarte (Sevilla). Fecha: viernes 18. Formación: Miguel Marín (secuencias, melódica, xilófonos); Jordi Saludes (secuencias); Sara Pérez Fontán (violín); Bjort Runarsdottir (chelo); Suzy Mangion y Eri Makino (voces); Christian Scharmer ‘Testphase’ (visuales). Aforo: lleno.

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De las posibles combinaciones entre electrónica e instrumentación orgánica, el encuentro de las cuerdas y los sonidos sintéticos o muestreados se ha venido revelando a lo largo de los años como uno de los lugares más visitados por músicos de variopinta procedencia, ya sea desde el ámbito académico -pongamos por caso al recientemente fallecido Karlheinz Stockhausen- o desde el pop con vocación arty y no por ello con menor proyección popular-valga el ejemplo de Björk junto al Brodsky Quartet-.

El sevillano Miguel Marín, residente ahora en Barcelona tras casi una década en Londres, lleva tiempo barruntando la idea de grabar junto a una orquesta. Quería hacerlo ya en su segundo álbum, pero el proyecto, hasta la fecha, permanece aparcado, supongo que por cuestiones presupuestarias. Logró sin embargo poner en pie una excitante mezcolanza de electrónica e instrumentos y modos de la música antigua, junto a la formación valencia Capella de Ministers, cuando Bigas Luna le encargó la banda sonora para la adaptación teatral de la Comedias bárbaras de Valle, hermosas piezas comercialmente inéditas, para nuestra desgracia. Esto es, en cualquier caso, que su trabajo en este fértil terreno viene de lejos.

Así pues, resulta paradójico que en el fascinante You Travelled My Heart Inside Out, su tercer y último disco como Árbol -sólo una de las ramas en las que diversifica su incesante actividad-, las cuerdas que escuchamos sean sintéticas. ¿Por qué? ¿Otra vez el presupuesto? Habrá que agradecer entonces a la iniciativa de Espacio Iniciarte no sólo la feliz oportunidad de ver a Marín en su ciudad natal presentando dicho álbum, sino también la posibilidad de hacerlo con cuerdas reales y, más aún, acompañado por las dos voces femeninas que participaron en su grabación, la británica Suzy Mangion -colaboradora de largo recorrido- y la japonesa Eri Makino -constatación viva de la comprensible fascinación nipona de Árbol, cultivada primero a través de la admiración por la discografía de Susumu Yokota, entre tantos otros, y reafirmada después tras una estancia de varios meses en Tokio-. Termina por cerrar el círculo Testphase, autor de unos elegantes visuales en perfecta consonancia con aquello que suena.

Todos estos fueron los elementos conjugados con acierto por Marín la noche del pasado viernes, iniciada con los cortes instrumentales de You Travelled My Heart Inside Out y crecida en aplomo, confianza y brillo con cada nueva pieza. Cuando allá por mitad del concierto Suzy Mangion emergió de entre el público entonando Nomi, la partida estaba ganada. En semejante estado del bienestar, los ocasionales deslices en la afinación de Makino -día y medio de ensayo, me soplaron- no pasan de la anécdota. Así debió de entenderlo también el respetable, al que una hora supo a poco y forzó el bis.

El lento proceso Walker

Blas Fernández | 18 de abril de 2008 a las 10:21

Third

Third. Portishead. Island Records. Rock / Experimental. LP / CD

Foto

Foto: Eva Vermandel

Como tan atinadamente alcanzó a contar Stephen Kijak en Scott Walker: 30 Century Man, el proceso que puede llevar a un músico de éxito popular a explorar los límites del sonido alejándose de las convenciones no se desencadena de manera espontánea. Bien al contrario, la mecha que prende tan llamativa transformación está ahí, más o menos escondida, hasta que el elemento reactivo, por una u otra razón, libera la energía necesaria.

Portishead no ha tenido que soportar las presiones comerciales que sí sufrió Walker antes de optar, de manera radical, por emprender un viaje sin prisas al que no quiso invitar a nadie que no tuviera interés en acompañarlo, pero el peso de dos discos que por derecho propio figuran en puestos destacados de la historia de la música del siglo XX -Dummy (1994) y el homónimo Portishead (1997), ambos provocadores de una innegable fascinación- parece reactivo más que suficiente para forzar el proceso de scottwalkerización que revela Third.

Once años después de su último álbum -sin contar el directo Roseland NYC Live (1998)-, huelga decir que de trip-hop aquí no queda ni rastro. Es más, se diría que la losa de aquella elástica etiqueta, y de la deriva vulgarizante que ésta acabaría tomando, es otro de los factores que han venido tanto a frenar, ¡por más de una década!, la elaboración de un nuevo trabajo de los de Bristol como a obligarlos a buscar una dirección nueva, distinta, a la hora de enfrentarse a él. Cualquier concesión, el menor desmayo por parte de Beth Gibbons, Geoff Barrow y Adrian Utley, hubiera colocado a Portishead no sólo ya por debajo de su leyenda, sino aún peor, por debajo de sus posibilidades.

Foto 2

Foto: Benoit Peverelli

Así que, parece, no cabía otra que esperar, distraerse con otros proyectos -producciones para terceros y, en el caso de Gibbons, con un disco tan notable como Out of Season (2002), junto a Rustin Man-, aprender de éstos y volver a probar con Portishead sólo cuando el cuerpo lo pidiera. Si el resultado del tanteo no era satisfactorio, como cuentan ellos mismos que ocurrió en varias ocasiones, el trabajo se aparcaba.

Esta huida hacia adelante nos deja ahora, por fin, un disco que, ajeno a la pretensión de colmar las expectativas de los muchos seguidores de la formación-y pocos nombres pueden presumir de convocar a un espectro tan amplio de gustos dispares-, se concentra en crear algo imponente, inquietante y hermoso y en hacerlo sin repetirse, esquivando cualquier previsión. Esto es, se concentra, y se contenta, en colmar las expectativas del propio grupo y, si acaso, de los oyentes que estén en sintonía con el proceso.

¿Hace eso de éste un disco difícil, raro? Bueno, depende de para quién y en comparación con qué. Third apenas se permite tres pausas amables en su sobrecogedor continuo telúrico-Hunter, el único corte que de manera remota evoca el anterior y personal estilo del trío; Deep Water, una dulcísima y austera miniatura de poco más de minuto y medio; y The Rip, otra caricia sobre la que va creciendo una trotona base rítmica con precioso fraseado de sintetizador-, el resto es pura intensidad revestida de desazón.

Las líneas melódicas vocales de Gibbons, por lo general, tienden a desintegrarse -Silence, en ese sentido, puede ser un ejemplo extremo- transformándose en conmovedoras modulaciones. Cualquier eco de estructura convencional-estrofa/puente/estrofa/puente/estribillo- se desvanece para atraparnos en unas formas gaseosas de misteriosa argamasa.

Puestos a sondear lo insondable, difícilmente dejaremos de identificar en Third los recursos del artesano. Lo que queda al margen de cualquier cuantificación es esa emoción que, de manera tan diferente, Portishead vuelve a provocar.

Ahí les dejo el vídeo del primer sencillo (es un decir), Machine Gun.

Lágrimas de rabia (II)

Blas Fernández | 17 de abril de 2008 a las 10:13

La banda francesa Experience cumple lo prometido y termina de colgar en la red los cuatro vídeos anunciados con temas de su nuevo álbum, Nous (en) sommes encore lá, antes de que éste salga a la venta el próximo lunes. Atención a las letras, traducidas al español por cortesía de Pablo Vinuesa. Que los disfruten.

Les aspects positifs des jeunes énergies négatives

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Ils sont devenus fous

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Des héros

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Emociones reales, sin pirotecnia

Blas Fernández | 16 de abril de 2008 a las 10:19

Only as…

Only As The Day Is Long. Sera Cahoone. Sub Pop / Popstock! Country / Folk. CD

Sera Cahoone

Pese a disponer ya de un álbum previo editado hace un par de años, Sera Cahoone resulta quizás más conocida -es un decir- para los atentos a las escenas indies norteamericanas gracias a su paso por bandas como Carissa’s Wierd y Band of Horses. Con nombre propio, es ahora, a partir de este por momentos deslumbrante Only As The Day Is Long, cuando despunta convertida en una de las más notables últimas incorporaciones a la nómina de voces femeninas de eso que suele llamarse alt-country, y que tan tranquilamente podría prescindir del prefijo. Más rock en ocasiones -The Colder The Air-, en otras más folk o hasta pop -Baker Lake, con una de las varias apariciones de Jason Kardong, habitual del grupo hermano Grand Archives, al pedal steel- y sin pirotecnias, pero emocionando de veras.

No he encontrado ningún vídeo de este álbum (aunque sí circulan por ahí numerosos directos con irregular calidad de sonido e imagen), así que les dejo con una canción de su primer y homónimo disco, Couch Song.

Rumore, rumore…

Blas Fernández | 15 de abril de 2008 a las 11:04

Martha Wainwright

Se confirmó hace ya tiempo que Rufus Wainwright formará parte del cartel de la XI edición del festival sevillano Territorios (concretamente actuará el próximo viernes 30 de mayo en el escenario Icas del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo), lo que no deja de tener su gracia es que quizás no sea el único ilustre de su familia que nos visite por esas fechas. En efecto, se barrunta una gira de su sensual hermana Martha por al menos tres ciudades andaluzas (Sevilla, Granada y Málaga). ¿Adivinan dentro de qué ciclo? El mismo que ahora tantea a Two Gallants, Mark Olson y Vic Chesnutt, entre otros. Veremos en qué acaba todo…

Actualización 19.10: Territorios acaba de anunciar nuevos nombres, entre ellos uno que ya se insinuó (Richard Hawley, que finalmente actuará el 30 de mayo compartiendo escenario con Rufus Wainwright) y otros inesperados. De estos últimos cabe destacar a, agárrense, ¡New York Dolls! Será el 7 de junio, el mismo día de Yo La Tengo. ¡Qué gazpacho!

Puro pop (con o sin ukelele)

Blas Fernández | 11 de abril de 2008 a las 9:18

Thao Nguyen

We Brave Bee Stings and All. Thao with The Get Down Stay Down. Kill Rock Stars. Pop. CD

Bag of Hammers, montada sobre unos acordes de ukelele que crecen hasta estallar en un estribillo irresistible, podría ser ya razón suficiente para prestarle a este disco, segundo de Thao Nguyen y primero registrado junto a The Get Down Stay Down, la atención que merece. Pero es que además, antes, ya te has encontrado con Beat (Health, Life and Fire) y, después, aún te aguardan Swimming Pools y otras tantas ráfagas de pop poliédrico e imprevisible. Parte de la crítica norteamericana airea la etiqueta country y, asociada, también la de folk. Hay guiños, qué duda cabe, pero no pasan de ser tales. We Brave Bee Stings and All es puro pop, bienhumorado, revitalizante e inteligente.

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