Un océano insondable

Blas Fernández | 11 de marzo de 2008 a las 10:59

Porque este océano es el tuyo, es el mío

Porque este océano es el tuyo, es el mío. Varios. Si no puedo bailar no es mi revolución. Pop. CD

Qué se escondía en materia pop al otro lado del Atlántico, por descontado, en el cono sur del continente americano, era en España, hasta la llegada de internet, una incógnita apenas resuelta por la curiosidad del melómano con ánimo explorador. A día de hoy, aunque el gran mercado siga tendiendo a reducir con esa marca estúpida -lo latino- la mayoría de su roñosa oferta, basta aventurarse en MySpace, por ejemplo, para descubrir un sinfín de propuestas con evidente interés.

De hecho, cada uno de los 17 grupos -chilenos, uruguayos, brasileños, mexicanos, argentinos, peruanos y venezolanos- incluidos en este recopilatorio puesto en pie por el sello brasileño Si no puedo bailar no es mi revolución no pasa por alto la oportunidad de apuntar en los créditos del álbum una dirección de la red a partir de la cual pueda el curioso seguir indagando. Y razones no faltan, primero porque, en su afán de muestrario, Porque este océano es el tuyo, es el mío queda inevitablemente limitado por cuestiones espaciales a la hora de enfrentarse a la ingente tarea de realizar la instantánea de las escenas indies hispanoamericanas; segundo, porque entre su repertorio figura un puñado de grupos tan atractivos -El sueño de la casa propia, Javiera Mena, Gepe, Modular, Bazar Pamplona…- que el aficionado se sentirá necesariamente impelido a seguir buceando y descubriendo las bondades de tan ancha oferta.

Y de postre, algunos vídeos…

1. Javiera Mena (¿tras los pasos de Julieta Venegas?) echándole morro y versionando (glups) Yo no te pido la luna.

2. Poniéndonos un poco más serios, El Sueño de la Casa Propia en vivo desde un bar de Valparaíso.

3. Para terminar, un poco de genuino sudor de club con Bazar Pamplona.

Los Campesinos!, ni pedestres ni sofisticados

Blas Fernández | 9 de marzo de 2008 a las 20:40

Hold On Now, Youngster…

Hold On Now, Youngster… Los Campesinos! Wichita. Rock / Pop. LP / CD

Con peligroso aura de penúltimo hype, pero con algunas virtudes a flor de piel nada desdeñables -cómo se desgañitan en Broken Heartbeats Sound Like Breakbeats y cuánto recuerda esa fiereza a The Pixies-, Los Campesinos! ponen su pica en Gales y desde ahí amenazan con una rápida incursión por el resto del mundo. La fórmula es tan simple como antigua; también efectiva: canciones rayo, melodías trotonas sobre guitarras centelleantes, sentido del humor y un juego de voces chica-chico en permanente contraste. Es lo que hay, ni más ni menos.

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Nick Cave, el empuje del bardo

Blas Fernández | 9 de marzo de 2008 a las 19:51

Portada

Dig, Lazarus, Dig!!! Nick Cave. Mute. Rock. LP / CD

Nick Cave en el FIB 2005. Foto: Kai Forsterling / EFE

Embarcado en un envidiable ritmo de producción -y perdón por utilizar esta palabra cuando de lo que se habla es de música- que lo lleva a planear cada nuevo capítulo de su ya muy dilatada carrera con meses o incluso años de anticipación -apuntemos, en los tres últimos años, entre otros, las bandas sonoras de The Proposition (Guy Pierce) y The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford (Andrew Dominik); el doble álbum Abattoir Blues/The Lyre of Orpheus y su traslación al directo recogida en el disco The Abattoir Blues Tour; y la puesta en marcha, con resultados más que notables, de esa especie de versión reducida de las malas semillas que es Grinderman-, Nick Cave, inagotable y torrencial, vuelve a reactivar a The Bad Seeds tras un periodo de aparente barbecho. Y si eso es siempre una buena noticia -van 14-, más lo es aún comprobar que la malacostumbrada espera ha merecido la pena.

Dig, Lazarus, Dig!!!, grabado con la misma formación y hasta el mismo productor del doble anterior, maneja similares claves, registros y temáticas -con especial reincidencia en esa atávica visión adoptada por el australiano, entre fatalista y redentora, de la reinterpretación que la América profunda parece haber hecho del cristianismo- que la entrega precedente, en particular de Abattoir Blues. Esto es, la silueta del monumental y atípico crooner que Cave es tiende a diluirse, con excepciones, a favor de ese otro músico apabullante que, como el Lázaro de la canción que da título al álbum, se exige empuje, coraje para seguir adelante.

De los beneficiosos efectos de esa imposición dejan constancia en el nuevo álbum -tras varias escuchas: las primeras despistan- prácticamente cada uno de sus cortes -la tensión se materializa en el primero y homónimo, se transforma en inquietud en Night of The Lotus Eaters o se relaja adaptando un ropaje de rock&roll clásico, convenientemente ralentizado, en la postrera More News From Nowhere, siempre al sabio antojo del bardo-, pero al menos tres pueden y deben figurar en la larga lista de grandes, enormes canciones que Nick Cave nos ha regalado hasta la fecha.

Albert GoesWest puede evocar, en la lejanía, al Lou Reed de Transformer, pero esconde una bomba de relojería en su estribillo -se diría que toda la canción es un arrebatador estribillo-; Hold On To Yourself es, por su parte, un medio tiempo de profundidad intimidatoria sólo atemperada por la dulzura de la melodía y el bello contrapunto marcado por la guitarra de Mick Harvey; y Midnight Man, por último, es una de esas canciones de arranque modesto que se van retroalimentando hasta explotarte en las narices. Sólo por ellas la escucha de Dig, Lazarus, Dig!!! ya merece la pena.