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Bruce Springsteen, oficio y actitud

Blas Fernández | 9 de mayo de 2012 a las 12:32

Bruce Springsteen, flanqueado por Nils Lofgren y Steve Van Zandt, en el concierto ofrecido en Sevilla en julio de 2009. / Juan Carlos Muñoz

Ahora que en los ambientes melómanos se habla tanto de Todos te quieren cuando estás muerto, el divertido y revelador libro de entrevistas de Neil Strauss, publicado en España por Contraediciones, quizás resulte pertinente recordar un encuentro entre el incisivo periodista musical y Bruce Springsteen. A saber: se citan en los estudios de Sony en Manhattan, se largan pronto a un bar y, sin perder la compostura, terminan cocidos en cerveza y tequila antes de que el músico acabe firmando un autógrafo a un policía en su libreta de multas.

En el breve fragmento rescatado por Strauss para el volumen, Springsteen queda felizmente bosquejado como una estrella cercana, alguien que, “a diferencia de muchos músicos a los que he entrevistado”, mantiene “los pies en el suelo a pesar del éxito”.

El entrevistador, nada sospechoso de complacencia –basta leerlo para comprenderlo–, sucumbe al efecto Bruce y asume el credo del músico, quien le explica que, sin desdeñar los sueños de chicas y coches, se metió en esto por “formar parte de la vida de la gente” y con la esperanza de que ello pudiera resultar “de alguna utilidad”.

En resumen: no sabemos con certeza quién es Bruce Springsteen –por más que se acerquen, tampoco lo saben los miles de fieles devotos de la fe en el springstianismo, ésos capaces de recordar en qué concierto y a qué hora revisó el músico una canción que no tocaba desde hacía diez años–, pero (casi) todos reconocemos en esa misma estampa a uno de los contados iconos del rock capaces de reinar en el mainstream –el de verdad: ése que llena estadios en serie– sin perder la venia, o al menos la simpatía, de ese otro público, digamos, especializado.

¿Por qué? La pregunta del millón tiene presumible respuesta, otra vez, en el concierto que el músico norteamericano ofrecerá el próximo domingo en el Estadio de La Cartuja de Sevilla, punto de partida del tramo europeo en la gira de presentación –es un decir, una convención– del decimoséptimo álbum en estudio de su discografía, Wrecking Ball, publicado a comienzos del pasado mes de marzo.

¿El disco? Bueno, oiga: es Springsteen. Supera con creces la mera excusa que mantiene pertinentemente engrasado ese preciso y rentable engranaje de las macrogiras –antaño, de stadium-rock; hoy, por lo general, de stadium-show a secas–, pero queda al menos tan lejos de lo más imponente de su repertorio –digamos, aun a riesgo de acampar en lugar común, entre Greetings from Asbury Park, N. J. (1973) y Born in the U.S.A. (1984)– como lo estuvo en su día Working On A Dream, el todavía así notable álbum que lo trajo por primera vez a Sevilla, al mismo escenario, el 28 de julio de 2009.

¿Restó aquel detalle algún grado de intensidad o emoción a la cita? No. Fue un concierto memorable, una noche redonda construida sin artificios, con sudor –qué calor, ¿recuerda?–, repertorio y ese oficio de incondicional entrega que caracteriza tanto a Springsteen como a su E Street Band, extrañas entidades capaces de acelerar el tiempo y conseguir que tres horas, o más, pasen en un santiamén; que los estadios encojan por arte de magia y reduzcan sus dimensiones a las de un vetusto club de rock’n’roll.

Wrecking Ball juega la carta de un, más que comprensible, necesario enojo político y recluta con acierto para su mano sonoridades que el imaginario pop asocia con posturas de resistencia –salvo el meloso acercamiento al R&B en Rocky Ground, es el folk, la aureola de aquel Pete Seeger homenajeado en We Shall Overcome (2006)–, pero todo resulta a la postre tan formal, tan presumible –¿tan ajustado a la necesidad de satisfacer a enormes audiencias?–, que su onda expansiva apenas sacude la superficie de un terreno años atrás excavado a conciencia –la profundidad de The River (1980) o el páramo de Nebraska (1982), por ejemplo–.

El misterio de Springsteen no reside tanto pues en cómo perfilar y solventar directos hercúleos –con esa actitud de ganarse el sueldo que le paga el respetable, su repertorio y la compañía de Steve Van Zandt, Nils Lofgren, Roy Bittan, Charlie Giordano, Garry Tallent y Max Weinberg, la apuesta de partida es a caballo ganador–, sino en su facilidad para fascinar desde las tablas, pese a los tics reiterados noche tras noche, tanto a quien se sospecha conocedor del trasfondo del business como a quien no ha comprado un disco de rock en su santa vida.

Un dato innecesario para unos y otros, pero ineludible: la gira de Wrecking Ball, iniciada el pasado 19 de marzo en el Philips Arena de Atlanta (Georgia), y con parada en Europa hasta el 31 de julio –incluidos conciertos en Las Palmas (15 de mayo), Barcelona (17 y 18 del mismo mes), San Sebastián (2 de junio) y Madrid (17 de junio)– es la primera de Springsteen tras la muerte a mediados de junio de 2011 de Clarence Clemmons, el emblemático saxofonista de la E Street Band.

Su puesto lo ocupa ahora su sobrino, Jake Clemmons, pero su saxo aún suena en Wrecking Ball. El productor del álbum, Ron Aniello, rescató tomas en directo para insertarlo. Dicen que Springsteen, al escucharlo, lloró. Y eso también encaja con la genial intuición de Neil Strauss.

(Artículo publicado hoy en Diario de Sevilla)

El nada ordinario trí­o de José González

Blas Fernández | 30 de septiembre de 2010 a las 7:09

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Fields. Junip. City Slang. Rock. 2LP / CD / 3CD

Con alguna excepción, como aquella deliciosa versión de Cello Song de Nick Drake grabada junto a The Books para el imponente recopilatorio Dark Was The Night, hasta el momento hemos acostumbrado a escuchar al sueco José González, singular folk-singer de ascendencia argentina, en la cercanía acústica que proporcionan ese par de hermosos y desnudos discos titulados Veneer (2005) e In Our Nature (2007), armónicamente armados ambos en torno a su pericia con la guitarra española.

Bien es cierto que quizás el epé de remezclas de ese último título aportara pistas sobre cómo resultaría un González con mayor trasfondo instrumental, pero serían, en cualquier caso, pistas de un trasfondo ajeno, pistas falsas. Y para tener la certeza, ha habido que aguardar hasta ahora.

A la espera de poder echarle el guante encima a ese prometedor documental sobre la figura del emergente músico -The extraordinary ordinary life of José González, de Fredrik Egerstrand y Mikel Cee Karisson, acaso otra prueba más del comprensible interés despertado por su figura y obra-, el debut en largo de Junip, Fields, podría entenderse como un atractivo complemento con que entretener la prórroga hasta la llegada de un nuevo capítulo propio, pero, agotadas con gusto las rápidas y sucesivas escuchas, se revela pronto como un algo más que recomendable artefacto autónomo, por más que la voz de González, su identificativa guitarra y la estructura de las canciones, remita al sello distintivo de su carrera en solitario.

Junip es, en resumen, el grupo con el que el de Gotemburgo inició en 2000 su trayectoria discográfica; la firma de un epé, Straight Lines, compartida en su día con el teclista Tobias Winterkorn y el percusionista Elias Araya. El primero acabaría dedicándose a la enseñanza y construyendo su propio estudio de grabación, mientras que el segundo pasaría la primera mitad de la década estudiando fuera de Suecia.

Durante ese tiempo se fraguó la considerable repercusión internacional de José González, lo que en apariencia pospuso una y otra vez el proyectado debut en largo del trío. En 2006 un nuevo epé, Black Refuge, avisó de su discontinua supervivencia, pero, con la agenda del cantante repleta de compromisos, no ha sido hasta este 2010 cuando la banda ha conseguido, por fin, dar forma a su anhelado primer álbum.

Fields aparece en dos versiones diferentes. La estándar, en CD simple o doble vinilo, cuenta con once canciones, mientras que la Deluxe -en triple CD- aporta algunas convincente razones, once más, para hacer el esfuerzo y rascarse el bolsilo: añade, entre otros, los cortes del mencionado epé Black Refuge -incluida una preciosa versión del The Ghost of Tom Joad de Bruce Springsteen- y los del epé de avance del álbum, Rope and Summit.

Ilustrativo muestrario ampliado de las tempranas filias e influencias que, quizás por exposición directa al contagio, acabaron conformando el personal estilo de González -del folk-rock británico al krautrock, pasando por esos, ya alguna vez citados, ecos africanos de su guitarra: “Mi madre es etíope, y crecí escuchando la música etíope que ella ponía, muy repetitiva”, apunta clarificador Elias Araya-, Fields funciona hoy a la perfección en su doble condición de trabajo apto para neófitos desconocedores de la carrera del sueco-argentino, que descubrirán aquí a un subyugante grupo, y de ineludible escucha para seguidores de larga trayectoria. Ésos que, probablemente con una mueca de satisfacción, confirmen impresiones antaño sólo intuidas.

El calor y el factor humano

Blas Fernández | 29 de julio de 2009 a las 1:12

Juan Carlos Muñoz.

Foto: Juan Carlos Muñoz.

Working on a Dream Tour. Lugar: Estadio de la Cartuja. Fecha: Martes 28 de julio de 2009. Formación: Bruce Springsteen (guitarra y voz); Steve Van Zandt (guitarra); Nils Lofgren (guitarra); Roy Bittan (piano); Charlie Giordano (teclados); Garry Tallent (bajo); Clarence Clemons (saxo); Max Weinberg (batería); Coros y otros. Aforo: En torno a 30.000 espectadores.

Fue justo lo que se esperaba: un paseo triunfal, la feliz ceremonia de celebración de una manera de entender el espectáculo que consigue cuadrar el círculo y conjugar lo que a priori se antoja imposible: trasladar a un enorme escenario, y ante una audiencia masiva, la inmediatez, la cercanía del rock’n’roll primigenio en su hábitat natural, el club.

Bruce Springsteen, con el ciertamente imponente apoyo de la E Street Band, redefine el concepto de stadium rock: lo humaniza. Es evidente que hay oficio, mucho; que todo el equipo del Working on a Dream Tour sabe de sobra qué teclas tocar para entusiasmar a sus miles de espectadores. Pero hay más, y brilla un elemento esencial: hay ganas.

Ganas de satisfacer, ganas de disfrutar. Lo de anoche en el Estadio de la Cartuja fue un boomerang permanente entre banda y público, una formidable corriente de empatía fluyendo en ambas direcciones, retroalimentándose mutuamente, desde que a las diez y veinte el grupo hiciera acto de presencia sobre las tablas. Precedido, claro, por una broma muy especial. Si en Londres había sonado London Calling y en Bilbao, a modo de introducción, Desde Santurce a Bilbao, ¿qué iba a sonar en Sevilla, Sevilla tiene un color especial? Pues aunque no se lo crean, así fue, con Nils Lofgren tocando al acordeón la popular tonada, recibida con obvio cachondeo y ganas de juerga.

En menos de un minuto, y entre los vítores del respetable, ya estaba sonando Badlands. Las pantallas laterales de vídeo, el único artificio que esta gira se permite, recogían imágenes del público y de la banda, mientras que por la central sobrevolaban unas nubes que contrastaban con el tórrido ambiente (“¿Tenéis mucho calor? ¡Qué calor!”, diría Springsteen en español varias canciones después; ya lo creemos, Bruce). Y a las primeras de cambio, ya estaba el de New Jersey recorriendo la pasarela que lo llevaba hasta su público…

Si con Hungry Heart y su memorable estribillo llegó el primer coreado masivo -“Come on!”, azuzaba el músico tras cada frase-, con la larga e intensa Outlaw Pete, uno de los mejores cortes de Working on a Dream, con desérticas imágenes ahora sobre la pantalla, se rozaba el delirio. Casi nada, comparado con lo que aún estaba por llegar: Working on a Dream, la canción, y otro estribillo lapa lo ponían de lo más fácil, sobre todo después de la soflama, en español pero con chuleta: “Esta noche lo vamos a romper todo, pero con música, espíritu y ruido. Nosotros ponemos la música, vosotros el ruido”. Y el crujido fue de aúpa.

Como se puede imaginar, no faltó de nada, ni la tradicional recogida de carteles con peticiones (alguien, en lugar de pedirle una canción, le regaló un plátano y, poco después, apareció un abanico, que falta hacía: aquello era una fiesta). Como en Bilbao, aquí también sacó a un chiquillo al escenario, sólo que éste no se sabía el estribillo de Waitin’ on a Sunny Day y ponía cara de asombro: “¿Pero qué me estás diciendo, Bruce?”. Cateado en springsteenfilia, aprobado en simpatía.

A golpes -de temazos, de entrega- fue construyendo la E Street Band y su jefe este concierto memorable que probablemente el público al completo, y no sólo los fans, tardará mucho en olvidar. O quizás no lo olvide nunca. Con momentos de auténtico paroxismo -incluida versión nuclear de Lonesome Day-, el Working on a Dream Tour va camino de convertirse, si no lo es ya, en la única gira de grandes, grandes estadios en la que uno queda deslumbrado por la música y no por la presunta espectacularidad. Y me temo que Bruce Springsteen, a punto de cumplir 60 años -se dice pronto- es hoy por hoy el único capaz de llevar a cabo algo semejante: 130 minutos de concierto antes de llegar a los bises -el cierre de la edición impresa, usted disculpe- rematados de la mejor forma posible. Nacido para correr… Pues eso.

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Calentando motores…

Blas Fernández | 17 de julio de 2009 a las 12:39

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De corazones hambrientos

Blas Fernández | 19 de mayo de 2009 a las 10:03

DONE / UNDONE. Pájaro Sunrise. Lovemonk. Pop. 2CD

El homónimo Pájaro Sunrise ya fue reseñado hace tres años en la versión impresa de La Ventana Pop como una curiosa y deliciosa rodaja de pop con sutil inclinación hacia los terrenos del singer/sonwriter, ésos en los que Yuri Méndez resulta moverse cada vez con mayor soltura. Así lo atestigua este Done/Undone, doble álbum, 23 canciones, que debiera en justicia catapultarlo desde su condición de tapado a gozosa y disfrutable realidad del rock español. Sonido limpio, melodías cristalinas y canciones lapa para oídos (y corazones) hambrientos de emoción: atención especial a la versión del Hungry Heart de Springsteen.

Ahí les dejo el clip de Kinda Fantastic…

…y un curioso montaje en torno al mencionado Hungry Heart.

El culebrón Springsteen

Blas Fernández | 7 de febrero de 2009 a las 12:06

Lo sé, tengo el blog abandonado. El culebrón Springsteen me tiene exhausto y hace ya dos semanas que no publico la versión impresa de La Ventana Pop, ésa cuyas reseñas aparecen luego por aquí.

La que se ha montado en torno al concierto del tito Bruce -Vidal dixit- merece pasar a los anales del ridículo hispalense. A la historia no le falta un perejil: promotoras voraces, gestores incompetentes, políticos fantasmas, fútbol de alto nivel (económico) y, el elemento pintoresco, hasta sectas religiosas de dudosa reputación…

Aquí les dejo los sucesivos capítulos, firmados por Paco Camero y un servidor, desde el primer anuncio del concierto -en el que también avisamos ya de la negociación del Estadio de cara a una posible actuación de U2- hasta el desenlace del despropósito (¿seguro?).

Sólo me resta agradecer a nuestros informadores -ellos saben quiénes son y alguno se ha jugado el puesto- las muchas y buenas gestiones realizadas. Pasen y lean, si les place…

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Springsteen, ¿esta vez tampoco?

Blas Fernández | 3 de febrero de 2009 a las 11:09

Foto: Jeff Haynes / Reuters

La secuencia de los hechos es la siguiente. A mediados del pasado mes de enero volvieron a llegarnos a la Sección de Cultura de Diario de Sevilla los rumores, ampliamente difundidos, sobre un posible concierto de U2 en el Estadio de la Cartuja. Nos pusimos a investigar el asunto y llegamos hasta una fuente, “alta” y “fiable”, de la Sociedad Estadio Olímpico que nos avisó de que la negociación con Gamerco, promotora española de la gira de la banda irlandesa, gestionada internacionalmente por Live Nation, se estaba llevando a cabo, en efecto, pero que la prioridad en ese momento, y con un estado de negociación mucho más avanzado, era la gira de Bruce Springsteen, quien en cuestión de días editaría su nuevo álbum, Working on a Dream. No obstante, como el acuerdo aún no estaba cerrado, la fuente nos pidió que no publicáramos nada, petición que atendimos para no levantar falsas expectativas.

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Bruce Springsteen actuará en Sevilla

Blas Fernández | 27 de enero de 2009 a las 17:33

Confirmado: será en el Estadio de la Cartuja el próximo 30 de julio. Fecha única en Andalucía. El resto de la gira, en su página oficial.

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