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“Uso la música para estar bien; cuando estoy mal, es mi refugio”

Blas Fernández | 5 de noviembre de 2017 a las 5:00

Marina Gallardo, poco después de esta entrevista. / Foto: Belén Vargas

Marina Gallardo, poco después de esta entrevista. / Foto: Belén Vargas

Marina Gallardo (El Puerto de Santa María, 1984) se ha tomado todo el tiempo necesario para componer, grabar y lanzar el cuarto álbum de su ascendente carrera, The Sun Rises In The Sky And I Wake Up (Foehn Records), un deslumbrante disco de pop ensoñador, tejido con capas de sintetizadores y perfilado al detalle, con el que vira hacia posiciones hasta ahora inéditas en su discografía. Licenciada en Filosofía, esta gaditana afincada en Sevilla asume además junto a Raúl Pérez la producción del álbum, en el que participan músicos como Isidro Lucuix (Hi Corea!), Jesús Bascón (Montgomery) y el baterista Pepe Benítez.

Working To Speak en 2007, Some Monsters Die And Others Return en 2010, This Is The Sound en 2012… ¡Y cinco años hasta este nuevo disco!

–-Bueno, lo cierto es que con This Is The Sound ya hubo más dedicación en cuanto a la producción, más reposo que en los dos primeros discos. También es normal que cuando estás empezando, que igual no tienes las ideas tan claras, todo salga de una manera más visceral. Hay urgencia por materializar las cosas. Pero a partir de This Is The Sound ya no tenía esa urgencia, sino ganas de hacer algo de lo que estuviera totalmente segura. Además, no han sido realmente cinco años. This is The Sound salió en noviembre de 2013; luego, dos años de conciertos y terminar la carrera, que la había dejado aparcada por la música.

–-Hay un notable cambio de registro sonoro: las guitarras pierden presencia y la electrónica la gana.

–-Después de los conciertos me despegué de mi banda. Estaba empezando ya a componer cosas nuevas e iban por otro lado. Quería explorar ese mundo totalmente sola y tenía muy claro lo que quería hacer. Comencé a usar instrumentos con los que nunca había trabajado, sintetizadores, y no tenía ni idea. Estaba deseando meterme de lleno y para eso necesitaba un descanso, no tener tantas cosas en la cabeza y vivir un nuevo ciclo, que es lo que básicamente he estado haciendo durante los últimos dos o tres años: componer, arreglar, producir… Darle vueltas a las canciones. En este disco hay mucho trabajo de alguien que ha estado levantándose por la mañana y ha pasado todo el día en el estudio probando cacharros, buscando sonidos. Hay alguna canción, como Vanishing Fears, que sí es más de guitarras, pero todo en el disco va más en función de la voz. Casi todos los arreglos tienen sentido como respuesta a la voz, hay un juego narrativo entre la música y la melodía de voz.
–
marina_2_280-Pero el cambio no se aprecia sólo en la instrumentación. Quiero decir, en contraste con sus discos previos, The Sun Rises in the Sky and I Wake Up es un álbum luminoso.
–
-Sí, es cierto, he virado hacia el dream pop. Tenía claro que quería hacer un disco más colorido, más musical en cuanto a las melodías. No dejo de ser yo, así que no va a sonar profundamente alegre [risas]. Pero sí, ha coincidido con un momento de mi vida en el que he sido bastante feliz. Y en cierto modo es un homenaje a lo que he vivido: personas, viajes, experiencias… Cuando salió This Is The Sound mi madre pasaba por una enfermedad grave. Y de hecho se lo dediqué a ella. En este nuevo disco hay un tema un tanto más oscuro, Bright Lights, que va sobre eso, pero es un poco como “eh, no pasa nada, ya sabemos que la vida es dura, así que vamos a intentar apoyarnos”. Ése es, en general, el mensaje positivo de The Sun, que es un disco sobre el amor, sobre el afecto, sobre cosas muy cotidianas y cómo encontrar refugio en ellas cuando algo no va bien. Uso la música para estar bien; cuando estoy mal, es mi refugio. Tenía muchas ganas de que toda esa explosión de color que quería conseguir con los arreglos, los arpegiadores, las capas de sonido, giraran en torno a esa energía: lo positivo vivido durante estos últimos años.

-–¿Pero qué motivó exactamente ese cambio de sonoridad?
–
-Siempre me ha gustado mucho la electrónica y nunca me he quedado estancada en un estilo musical concreto. Me gustan músicas muy distintas. Igual escucho música jamaicana que blues. El dream pop, la psicodelia, son cosas con las que había ido experimentando desde hacía tiempo, pero que ahora tengo como mi propio sonido. También he estado escuchando mucho a gente como Cocteau Twins y Slowdive, grupos más ligados al shoegaze. Eso era algo que no había tanteado, pero con lo que me siento muy identificada.

–-Es curioso: cuando apareció Working To Speak no faltó quien corrió a etiquetarla en el entonces recurrente cajón de nuevas cantautoras lánguidas de aire folkie. ¡Pero usted es músico!

–-Claro, sobre todo soy compositora de canciones. Nunca me he sentido ligada a eso. Creo que siempre he mostrado inquietud por salir de estilos concretos. Me gusta esa sensación de escuchar una canción y no saber muy bien qué es. Creo que es algo intrínseco a mí. Es cierto que escucho mucha música distinta, no hago ascos a nada, me gusta todo lo que me emocione. Ese universo, que me parece imposible de acotar, se va integrando en mi música: guitarras más vaporosas, teclados que se confunden con guitarras, guitarras que parecen sintetizadores, encontrar sonidos que estén en los límites… Lo que tantas veces ha hecho Brian Eno, por ejemplo. The Sun está muy ligado a ese ámbito, del que me siento deudora.
–
-Lo que sí permanece en este disco es su gusto por los textos breves: prácticamente, sólo hay una canción, Beach Sand, con más de dos estrofas…

–-Suelo ser muy conclusiva. De hecho, mis poemas han sido siempre como haikus. Siempre he sido muy concisa. Incluso cuando estudiaba, en los exámenes, mis frases eran pam, pam, pam. No hace falta rellenar algo que ya contiene lo que quieres. Tiendo a hacer miniaturas que se expanden. Y no las centro en la letra, sino en la música. Me interesa narrar a través de ella, no sólo a través de la letra.

–-Otro cambio: en esta ocasión, por primera vez en su discografía, ha coproducido el álbum, en concreto junto a Raúl Pérez.

–-A diferencia de mis otros discos, fui al estudio con todas las bases ya producidas en casa. Luego podíamos grabar una voz o a mis músicos, pero todo lo demás estaba ya: los arreglos de cuerda, los de teclados… Los dejamos tal cual, sin retocarlos. La cuestión es que Raúl hace de eso alta fidelidad, una magia brutal. Yo no tengo esos conocimientos y confío en él plenamente. Somos amigos desde hace mucho tiempo, hay un feeling mutuo. Pero es que además ha coincidido que sonidos que habían empezado a interesarme también habían comenzado a interesarle a él. Así que hemos estado muy ligados también en ese sentido, en esa evolución. Raúl ha validado todo eso para que suene de manera increíble. Es el mejor ingeniero de sonido que conozco. Raúl, como Paco Loco, con el que también he hablado mucho de esto, contempla la figura del productor en sentido americano: es un poco el director de orquesta. En este caso, esa figura he sido yo, pero él ha sido quien ha garantizado que el sonido sea increíble y que emocionalmente encaje con cada canción.

-Compone, graba, edita, toca… Ha firmado cuatro discos en progresión constante. ¿Se siente reconocida?

-Bueno… Soy una persona humilde. Para mí todo esto es algo que necesito hacer, así que intento que no me afecte si hay más o menos reconocimiento. ¿Que si pienso que debería ser mayor? Probablemente, sí. Es complicado.

“No termino de explicarme el porqué de esta saña contra la Cultura”

Blas Fernández | 16 de mayo de 2013 a las 5:00

Juan Antonio Pedrosa, director de Territorios.

Foto: Juan Carlos Muñoz

Contra viento y marea, aunque también rozando peligrosamente el límite de su viabilidad, el  veterano y popular festival Territorios arranca mañana su XVI edición en el Monasterio de La Cartuja de Sevilla. De ello habla en esta entrevista Juan Antonio Pedrosa, impulsor y director de la cita.

–Uno recuerda aquellas antiguas presentaciones de Territorios, con hasta una quincena de patrocinadores institucionales y privados, y le sorprende hoy el contraste…

–Y los que están tampoco son tan significativos económicamente como antes. Pero la situación es la que es, al menos para nosotros; para otro tipo de proyectos parece que no. De todas formas, hace tiempo que dedicamos más esfuerzo a estrategias de difusión y venta que a presentaciones al uso.

–En cualquier caso, han tardado en presentarlo oficialmente: dos días antes de su celebración.

–Sí, y también tardamos mucho en anunciar la venta de abonos, pero es que hemos estado a punto de no hacer el festival. Arrastramos deudas de 2012 y la presión ha sido fuerte. Durante 15 años hemos tenido ediciones que han dado beneficios, otras que han arrojado pérdidas y otras equilibradas. Cuando había pérdidas acudíamos a los bancos y solicitábamos un crédito, hacíamos acto de contrición y nos recuperábamos. Ahora ya no es así. He negociado durante todo el invierno con tres bancos diferentes, sin resultados. Eso es lo que hemos conseguido tras todo este tiempo. En cuanto a las instituciones, dado lo poco que aparentemente pueden aportar… Si tuviéramos que hacer un festival montado sólo con el dinero que recibimos de la administración tendría que ser de cantautores, pero sin amplificación.

–Territorios llegó a manejar un presupuesto de 1.800.000 euros. Y ahora…

–Bueno, el año pasado bajamos 1.100.000 euros y este año ronda los 900.000. De esa cifra sólo 125.000 euros corresponden a dinero público. El ICAS aporta 75.000 y la Consejería de Cultura 50.000. Pero también se recorta en un 40% el patrocinio privado. Hay patrocinadores que siguen, pero aportan menos, y otros que directamente han desaparecido.

–¿Corre el festival el riesgo de desaparecer?

–Sí, es un riesgo cierto. El año pasado perdimos 250.000 euros, y fue culpa nuestra. Tuvimos la intención de crecer, metimos más artistas, más escenarios, más barras, nos gastamos un dineral en promoción… Y resultó que esa inversión no fue acompañada de un incremento de espectadores. Francamente, éste es el peor año de mi vida profesional. Llevo 30 años trabajando en el ámbito cultural y en condiciones así ya no repito. Hemos diseñado el festival para no perder dinero, hemos ahorrado en cachés, en producción… Hemos bajado los precios para intentar que venga más publico… Y de momento va bien. Llevamos casi 11.000 abonos vendidos, cuando otros años eran unos 7.000. También va bien la venta de entradas y espero que en total lleguemos a los 15.000 espectadores. Si llegamos y las barras funcionan, si no perdemos y podemos cubrir las deudas del año pasado, entonces seguiremos con el festival. Si no es así, si acumulamos más pérdidas, cerraremos.

Juan Antonio Pedrosa, director de Territorios.

Foto: Juan Carlos Muñoz


–Y por si fuera poco, el incremento del IVA Cultural…

–No termino de explicarme el porqué de esta saña contra la Cultura. Subir el IVA al 21% en plena crisis me resulta incomprensible. No puedes subir las entradas, porque el poder adquisitivo es menor, así que esa diferencia, por lo general, se la come el promotor. Pero encima, si dentro tienes barras que te ayudan a incrementar los ingresos, Hacienda las carga con ese 21% y no con el 10% de IVA que corresponde al sector hostelero. Eso se llama saña.

–Este año también cambia la infraestructura del festival, su distribución de escenarios…

–En la pradera de entrada vamos a tener finalmente tres. Nos estuvimos planteando eliminar alguno de los grandes, que tienen un coste de producción muy elevado, pero decidimos no ahorrar ahí y aguantarlos. Dentro se mantiene sólo el del Paseo del Ombú. Desaparece el de las chimeneas, porque como ya comprobamos el acceso es incómodo, pero se incorpora la Dub Corner, un escenario de bajo coste, aunque también una apuesta del festival por abrir otra puerta, en este caso al dub. Vamos a probarlo de la misma manera que en su día introdujimos el hip-hop y a partir de ahí ha habido rap todos los años.

–¿Siente que el cartel se resiente?

-No. Hemos hecho un gran esfuerzo para mantener el nivel. Puede haber quien piense que faltan nombres grandes de la música española, pero hay que tener en cuenta que quizás esos nombres no contaban con nuevo disco. En el cartel hay un buen número de artistas que podríamos considerar de un nivel medio, pero que quizás sólo necesitan algo más de tiempo para despegar, algo que ha ocurrido con muchos grupos, que pasaron por aquí antes de convertirse en estrellas nacionales. En cuanto al apartado internacional, sólo venden las bandas de primera línea, y para eso preferimos concentrarnos en las nacionales. Quizás desde ese punto de vista el de este año no sea el cartel más artístico, pero sí es el más práctico. Hemos optimizado el dinero que teníamos. Menos del 50% del presupuesto va a programación.

–Han revitalizado la Fundación Festival Territorios, creada hace tres años. ¿Con qué objetivo?

–La intención es crear una base social que haga posible la existencia del festival. Cuando llega el otoño necesitamos financiación para empezar a desarrollar las ideas, y como los bancos no la dan, pensamos en crear ese cuerpo social. Hay gente en toda Andalucía que se siente vinculada emocionalmente a Territorios, así que les proponemos ser parte de él, convertirse en socios. Son aportaciones pequeñas que les permiten venir como tales y disfrutar de algunos privilegios.

Un cartel articulado alrededor a la oferta nacional

Sin nombres internacionales de masiva proyección festivalera en ninguna de sus múltiples vertientes estilísticas –a excepción quizás de un Fatboy Slim parcialmente reactivado tras su aparición en la clausura de las Olimpiadas de Londres y de unos 2ManyDJs no por conocidos menos apetecibles–, la XVI edición de Territorios, que se celebra durante el viernes y sábado en el Monasterio de La Cartuja a partir de las 20:00, fía el gancho de su oferta a la producción nacional, en la que destacan nombres como el de los locales Pony Bravo, de vuelta al escenario para presentar su tercer y flamante álbum, De palmas y cacería. También juegan en casa dos pesos pesados del rap español, reconfigurados en propuestas colaborativas para publicar sus más recientes trabajos. Es el caso de los hermanos González Rodríguez –esto es, Tote King & Shotta–, quienes años después de un debut conjunto editaron Héroe el pasado 2012, y de Mala Juntera, que reunió en Cracks a los sevillanos Acción Sánchez y Zatu (SFDK) con el zaragozano Hazhe y el belga Capaz. Colaborativa es a su vez la propuesta de Corizonas, que funde a Coronas y Arizona Baby en torno a un efectivo repertorio de rock clásico. Y efectiva, seguro, será también la propuesta de Fangoria, en plena gira de presentación de Cuatricomía.

“Trabajar con SGAE es como hacerlo con el Instituto Nóos”

Blas Fernández | 13 de mayo de 2013 a las 5:00

Dos meses después de ser lanzado en internet en descarga libre y gratuita, y tras haber sido presentado en concierto en una veintena de escenarios diferentes, De palmas y cacería, tercer álbum de la banda sevillana de rock Pony Bravo, cuenta los días para su inminente edición física, primero en CD y más tarde en vinilo.

Con fechas previstas, entre otras, en Sevilla (viernes 17 de Mayo en el Festival Territorios) y Barcelona (viernes 24 en el Primavera Sound), Daniel Alonso, integrante del cuarteto junto a Pablo Peña, Darío del Moral y Javier Rivera, habla en esta entrevista del particular modus operandi de la banda, de la peliaguda situación de los derechos de autor y del agitado contexto social actual. También de música, claro.