Archivos para el tag ‘Fun Club Records’

“El artista es un tipo que se transforma cuando sube al escenario”

Blas Fernández | 1 de abril de 2017 a las 5:00

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“Me había hartado de bares, incluido alguno muy exitoso, como El Postigo, que estéticamente rescataba el ambiente de las tascas sevillanas, pero que por las noches se convertía en algo muy distinto: músicos, artistas, políticos de izquierda y el lumpen. La amalgama era peligrosa. Todas las lunas llenas había sangre. Tuve que ir a Santander en busca de un antiguo amigo, Pololo, muy grande y fuerte, para que se viniera con nosotros, porque yo ya no podía con eso. A los cuatro años dejé el bar y se lo quedó él”, cuenta Pepe Benavides de uno de aquellos locales que regentó antes de poner en marcha Fun Club, la veterana sala de conciertos de la Alameda de Hércules, que este domingo celebra su 30 aniversario con una fiesta especial y la publicación de un disco recopilatorio.

Melómano irredento y, como su propia sala, superviviente frente a múltiples avatares, hablar con él es hacerlo no sólo con un testigo directo de la evolución de la escena musical local durante las últimas tres décadas, también de la radical transformación del céntrico bulevar sevillano. Leer el resto del artículo »

El Sur que llevamos dentro

Blas Fernández | 6 de diciembre de 2015 a las 5:00

Quintín Vargas, alias Quentin Gas, en una imagen promocional para 'Big Sur'. / Ana Mellado

Quintín Vargas, alias Quentin Gas, en una imagen promocional para ‘Big Sur’. / Ana Mellado

“Bueno, yo no soy flamenco, aunque toda mi familia lo es: mi madre, Concha Vargas, bailaora; su hermana, Pepa Vargas, de la familia Fernández, madre de José y Esperanza Fernández; El Lebrijano, primo de mi madre… He tenido eso siempre ahí, pero era un niño muy revoltoso y el flamenco me aburría, lo veía demasiado solemne”, explica Quintín Vargas (Lebrija, 1982).

Conocido en la escena musical sevillana como guitarrista y cantante de Los News, el músico vive días ajetreados. Con el grupo, abonado al rock de garaje, acaba de poner en circulación un contundente segundo álbum, If We Don’t, Who Will? (Grabaciones Cowabunga); además, como Quentin Gas & Los Zíngaros, debuta con Big Sur (Fun Club Records), un vinilo con hermosa portada del fotógrafo colombiano Ruven Afanador en el que lo jondo ha terminado emergiendo. Pero no nos precipitemos. Investiguemos antes cómo se hace rockero un tipo aparentemente predestinado al flamenco…

“Mi madre viajaba mucho, mi padre estaba con su trabajo, y cuando se iba me dejaban muchas veces en casa de una amiga suya de Lebrija con hijos mayores que yo, que escuchaban a Bon Jovi, Aerosmith, Europe… –recuerda Quintín–.Todo eso me atraía más. Cogía una escoba y me ponía a tocar como si fuera una guitarra. Y mi madre me daba bola, me decía sigue, sigue. Lo que nunca se imaginó es que llegara un día, cuando ya tenía 15 ó 16 años, en que le dijera Mamá, no voy a ir a la universidad, yo voy a ser músico. Claro, el disgusto fue grande, porque ella ya sabía cómo es el mundo del artisteo: si no te va bien, lo pasas muy mal. No quería, pero yo lo tenía clarísimo”.

Meridiano, aunque por entonces fuera incapaz aún de sacarle a la guitarra un solo acorde. “Mi madre dice que soy una persona muy gilona: siempre llego tarde a las cosas, a mi ritmo –dice Quintín citando otra vez a Concha Vargas, omnipresente a lo largo de la conversación y en los agradecimientos de Big Sur: “La persona más importante de mi vida”–. Con la guitarra empecé a los 17 ó 18 años. Mi pasión era escuchar música, por la radio, comprando cedés, y cantar encima. No me atraía tocar, sino cantar, hasta que comprendí que si quería componer mis propias canciones tenía que tocar un instrumento. Y así empecé, con la guitarra de mi hermano Curro”.

Recién rebasada la veintena, junto a su antiguo compañero de instituto, Miguel Ángel Lucas, Quintín puso en marcha Los News, el cuarteto completado por el bajista Javier Matute y el baterista Carlos Ortega. ¿Y sabe qué? Que el gitano rockero despistó del flamenco al payo jondo. “¡Miguel Ángel era bailaor! Le encantaba. En su familia no había ningún flamenco, pero les gustaba mucho. Aunque ya en el instituto yo le iba diciendo quillo, escucha este disco. Y también empezó a tocar la guitarra. Nuestro grupo entonces era Oasis, en pleno boom de Wonderwall. Nos cogió de lleno. Luego descubrimos a Nirvana; después, a The White Stripes”, relata Quintín sobre el proceso de formación del gusto que terminaría configurando el acerado sonido de Los News.

Los News, durante una actuación, con Quintín en pleno vuelo.

Los News, durante una actuación, con Quintín en pleno vuelo.

Debutante en 2012 con Automedication, el grupo vivió “una época de conciertos muy buena” tras ganar en el Monkey Week de 2013, junto a los cordobeses Algunos Hombres, el concurso Desencaja. De ahí hasta If We Don’t, Who Will?, cuya publicación coincide con la de Big Sur, un proyecto de carácter más personal que, aun cantado en inglés, reconcilia a Quintín con sus orígenes. “Aunque no pueda considerarme flamenco, es lo que tengo dentro –reflexiona–. Ahora mismo se arranca alguien por bulerías y yo lo acompaño. Lo que he hecho, simplemente, ha sido experimentar con lo que tenía cerca. Creo que tiene mucho que ver con mi vuelta a Lebrija, hace tres años, después de haber vivido en Sevilla. Si no hubiera vuelto, probablemente no hubiera hecho este disco. Pero al estar allí, en la casa de mi familia, con mi hermana todo el día escuchando flamenco, mi hermano con la guitarra… Todo eso me despertó cosas que estaban ocultas e hizo que me preguntara, si eso está ahí, ¿por qué no utilizarlo?”.

El otro detonante, atención, tiene que ver con… ¡Japón! “Mi madre se iba a llevar a toda la familia a Tokio, a tocar en un tablao muy famoso allí, El Flamenco, y yo le dije Mamá, escúchame… A mí no irás a dejarme aquí, ¿no? Y ella me contestó Pero niño, si tú no has querido flamenco… ¿Qué vas a hacer? –relata Quintín–. Teníamos que inventarnos algo, porque yo me iba a Japón. Aquí no me quedaba. Le toqué a mi madre algunas de las canciones que ya tenía, como Zíngaro, y le pareció interesante, que podía gustar. Y gustó. Salía en mitad del espectáculo y hacía mis canciones, con los japoneses tocando las palmas”.

Concebido en origen como epé digital, y como tal subido en su día a Bandcamp, Big Sur creció con la propuesta de Pepe Benavides, propietario de Fun Club, de convertirlo en la nueva referencia del sello de la sala. Quintín grabó más canciones y añadió mayor instrumentación (cuerdas, metales…) a las ya registradas hasta completar los nueve cortes del vinilo que, el próximo sábado día 12, presentará en vivo con un concierto especial. “Va ir toda la familia. Fíjate, mi madre bailando en el Fun… Mi hermana, Carmen Vargas, al cante; mi hermano Curro a la guitarra… Y va a haber sorpresas. No siempre voy a poder llevar las cuerdas, por ejemplo, porque no hay dinero, pero aquí sí. Quiero que el concierto suene lo más parecido posible al disco”, avisa Quintín.

Por cierto, ¿qué dice la familia de todo esto? “Mi madre ya es fan –contesta–. Le llevó su tiempo, pero ahora está encantada. Mi prima Esperanza, igual, le ha gustado eso de que haga una bulería en inglés. Pero no es sólo la familia… Raúl Rodríguez, el hijo de Martirio, que es un gran músico, dijo hace poco en su muro de Facebook que, de las cosas que se estaban haciendo ahora, Big Sur le había gustado mucho. Me hizo una gran ilusión”.

Quentin Gas & Los Zíngaros presentan Big Sur el próximo sábado día 12 en Fun Club (Alameda de Hércules, 86).

Las vidas que perdimos

Blas Fernández | 19 de octubre de 2014 a las 5:00

Foto: Carolina Cebrino

Foto: Carolina Cebrino

dada_cover_blogDadá estuvo aquí. Chencho Fernández. Fun Club Records. Rock. CD / DD

En una reciente entrevista con motivo de la edición del sencillo de adelanto de este álbum, Dadá estuvo aquí, Chencho Fernández aludía a una cierta travesía del desierto para explicar el espaciado lapsus entre la desbandada de Sick Buzos, una de las formaciones con más carácter en la escena del rock sevillano de los últimos 90, y este retorno que ahora ya se concreta en largo. Y hay que escribir retorno en cursiva, porque Chencho no se fue.

Cantante, letrista y guitarrista, grabó con nombre propio y con banda, incluso participó en proyectos de terceros. Sin embargo, ninguna de aquellas aventuras, se diría casi que lastradas por algo de pereza o falta de confianza antes que por ausencia de talento, logró materializarse en una propuesta a la altura de las expectativas.

Y me da que la confianza juega un papel clave en este soberbio regreso. Sobre todo la propia, ésa que en esta decena de canciones crece sobreponiéndose a las soledades y desesperanzas desde la inspiración y el oficio, retorciéndolas con el debido respeto hasta convertirlas en armazón y argamasa del texto poético.

Pero también, imprescindible, se observa la recompensada confianza ajena: estamos ante una banda imponente –imposible sustraerse al empaque de esas guitarras pulsadas por Juano Azagra e Israel Diezma, a la estructura rítmica de Pablo Florencio y Manuel Martínez, a los precisos arreglos de coros, cuerdas y vientos que embellecen cada uno de los cortes–; ante un brillante productor entregado a la causa –el maestro Jordi Gil, que ha tramado con paciencia e ingenio este deslumbrante tapiz– y ante un entusiasta sello discográfico confiado de antemano en el calibre de su estreno –Fun Club Records–. Ello explica, de hecho, que canciones ya registradas previamente en alguna de aquellas aventuras sin final feliz luzcan ahora con un lustre y presencia  difícilmente imaginables entonces.

Aunque medie un guiño a Barcelona –la turbadora La Garçonne: el Chencho de espíritu más reediano–, en Dadá estuvo aquí todo queda en la ciudad, escenario universal repleto de esquinas localmente reconocibles, un territorio con inclinación por la tonalidad sepia en el que los fantasmas de las vidas pasadas permanecieron flotando a la espera del recuerdo distante, cómplice y comprensivo, que los redimiera.

Dadá estuvo aquí, la canción, no evoca sólo aquella otra sala de conciertos que la indiferencia y la especulación se llevaron por delante. Apenas es la excusa, la atalaya desde la que mira con ternura al joven que fue un vigía que ya no lamenta los desamores lejanos (La estación del Prado) y celebra con inevitable resignación los enamoramientos efímeros (Muchacha rural); el mismo que ajeno a la melancolía rememora con un barniz de envidia las mil y una noches en comunión (Radio Fun Club) y, romántico irredento, aún se muestra convencido de que es la palabra, La canción, la materia prima con la que se fabrica esa llave maestra que abre la hucha más codiciada (aunque en ocasiones menos sinceras, lo calen, claro, como en El rayo a punto de caer).

Investida de un clasicismo con hechuras de traje a medida (Desnudo / Como me trajo mi madre), la dylaniana Si alguna vez mueres joven podría sacar los colores a aquellos que en estos tiempos convulsos, contradictoriamente ensimismados, denostan la esfera de lo íntimo en favor de lo social (Se requieren nuevos actores / Para una vieja farsa / De la cuna a la tumba), tal que fueran ámbitos irreconciliables, antagónicos, sin reparar en que la naturaleza de la primera define en buena medida nuestra relación con lo segundo.

Con un humor descarnado (y canónicas cadencias pop de irresistibles efectos: Este matrimonio no casa) o descarnando instantes solitarios en conmovedoras estrofas nocturnas (Una buena noche, ese memorable final plagado de poderosas escenas en las que todos, alguna vez, podríamos reconocernos), Dadá estuvo aquí no es sólo el disco que desde hace tiempo esperábamos de Chencho Fernández, sino más, mucho más. Sin miedo a la exageración: una de las mejores y más hondas obras que el rock en español nos ha deparado en años. La travesía del desierto ha terminado.

El nuevo camino de Chencho Fernández

Blas Fernández | 16 de mayo de 2014 a las 5:00

“En realidad, se podría decir que desde que dejé Sick Buzos me propuse seguir camino en solitario, y parece que ahora, por fin, hemos conseguido hacer un buen equipo y las cosas están cuajando”. Al habla Chencho Fernández, integrante en la segunda mitad de los 90 de una de las más notables y añoradas bandas del rock sevillano de la época, parca en su codiciado legado discográfico –apenas tres canciones en el segundo recopilatorio del también célebre Colectivo Karma, ¡Bang! (1996), el minálbum Introducción en blanco y negro (1997) y dos cortes más en un epé compartido con los valencianos Polar (1998)– pero grande, muy grande, en el recuerdo.

Tras la triste desbandada de los Buzos, Chencho dio forma a Mistral y se enroló en diversos proyectos, “pero se fue quedando todo en agua de borrajas –confiesa–. Fue una etapa de búsqueda, hasta que llegó Nuevo debut, el disco que grabé en 2006. Ahora lo queremos rescatar, en su día tuvo una difusión bastante… estrecha. Ni siquiera llegó a publicarse comercialmente”.

Foto: Concha Laverán

Foto: Concha Laverán

Nuevo debut, todavía inédito, no sólo certificó un sensato cambio en la apuesta idiomática –del inglés de los Buzos al español–; también un retorno a cierto clasicismo rock que, sin abandonar del todo los efluvios psicodélicos –Syd Barrett figurará probablemente de por vida en el santoral personal del músico– tendía puentes hacia la obra de otro de sus ídolos confesos: Lou Reed. “Nos gustaría mucho recuperarlo y publicarlo después del trabajo que ahora estamos grabando con Jordi Gil”, cuenta Chencho haciendo referencia a Dadá estuvo aquí, álbum en progreso desde el pasado 2013 con el que se estrena Fun Club Records, división discográfica de la emblemática sala de conciertos de la Alameda de Hércules.

“Después de Nuevo debut tuve que salir a buscarme la vida –explica sobre tan largo parón–. Viajé buscando trabajo y mi actividad musical se redujo bastante. No dejé de escribir ni de componer canciones, pero me pasé un año y medio en Lanzarote, cerca de dos años en Barcelona y luego otra temporada en La Línea de la Concepción. Hasta que pude volver a Sevilla fue, en lo musical, como una travesía del desierto”.

Sin embargo, Nuevo debut había sentado ya las bases de un nuevo proyecto y una nueva manera de hacer. A su vuelta, Chencho reunió a una banda –en origen, los componentes de All La Glory– y con ella se metió en los estudios Sputnik del versátil músico y productor Jordi Gil. “Se ha involucrado mucho en todo esto –reconoce Chencho–. Comenzamos a grabar en octubre de 2013 una primera tanda de canciones. Pero nos lo estamos tomando con calma, por eso lo estamos haciendo de una manera espaciada, en varias sesiones”.

En aquellas primeras sesiones figuraban, amén de Chencho, los guitarristas Israel Diezma y Juano Azagra; el bajista Pablo Florencio y Goyo, de Bombones y All La Glory, a la batería, ahora sustituido por Manolo Martínez. “Ellos han tocado mucho juntos, desde la adolescencia. Y eso se nota”, afirma el músico de la banda que esta misma noche lo acompañará sobre el escenario del Fun Club. “Más que la presentación del disco, que saldrá en octubre, es la fiesta de presentación del sello –aclara Chencho–. Lo que sí está ya disponible es el single de adelanto, con dos canciones”.

Una de ellas es La canción; la otra Radio Fun Club. “Desde luego, el Fun Club tiene visos sentimentales para mí –comenta–. Prácticamente, como muchos otros, me he criado allí como espectador de conciertos, como aficionado a la música y como aficionado a la noche sevillana. Así que es como si esa segunda casa me acogiera y ayudara en mi camino. Siento que tiene sentido interno, que encaja. Y es curioso, porque es una canción compuesta hace tres o cuatro años, mucho antes de que en el Fun pensaran en hacer un sello. Intenta ser eso: la celebración de un lugar común en el que han pasado muchas cosas excitantes”.

El nuevo-nuevo debut de Chencho coincide, además, con reactivación tranquila de Sick Buzos. La banda ha ofrecido varios conciertos en los últimos meses y está anunciada su participación, el próximo mes de junio, en el festival Anfirock de Isla Cristina. “Creo que en los Buzos lo mejor está por venir, como si aún nadie nos hubieran sacado todo el partido posible. Los conciertos que estamos dando son, de momento, con el repertorio antiguo, de calentamiento. Pero queremos hacer una vuelta en condiciones y con nuevo material. O por lo menos con material inédito, cosas que nunca llegaron a grabarse”.

Chencho Fernández actúa esta noche a las 21:30 en Fun Club (Alameda de Hércules 86).

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 9)

Blas Fernández | 15 de mayo de 2014 a las 5:00

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El Podcast de La Ventana Pop
arranca en esta ocasión con el avance de Dadá estuvo aquí, álbum de Chencho Fernández con el que se estrena Fun Club Records, división discográfica de la veterana sala de conciertos sevillana. Suenan Pájaro Jack, párticipes en el Granada Family Festival, y Lost Twin, uno de los protagonistas de A Place Apart, singular iniciativa en directo con seguimiento en streaming.

Escuchamos el nuevo álbum de Single, el flamante Rea, y recuperamos el original de La moto, de Leo Masliah, la canción versionada por Teresa Iturrioz e Ibon Errazkin en ese nuevo trabajo. Por su parte, los argentinos El mató a un policía motorizado -con varias fechas en Andalucía- y Mala Rodríguez nos dan pie a recordar la inminente nueva edición del festival Territorios.

Recuperamos el librodisco De viaje por Los Planetas, con versiones a cargo de Reina Republicana y Klaus & Kinski, y echamos el cierre con la tercera edición en Sevilla del Hala Hala Party, esta vez particularmente intensa y con Betunizer (también en Málaga), Fasenuova y Miraflores como protagonistas.

Como siempre, puede escuchar el programa en el reproductor bajo estás líneas o en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Chencho Fernández: Radio Funclub

2.-Chencho Fernández: La canción

3.-Pájaro Jack: El bien

4.-Lost Twin: Andrómeda

5.-Single: Modo B

6.-Single: La moto

7.-Leo Masliah: La moto

8.-El mató a un policía motorizado: Rock espacial

9.-Mala Rodríguez: Esclavos

10.-Reina Republicana: Si ésta bien

11.-Klaus & Kinski: Qué puedo hacer

12.-Betunizer: Ford Carrillada

13.-Miraflores: Shake The Pressure