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“España es hoy un estado catatónico”

Blas Fernández | 8 de abril de 2018 a las 5:00

Foto: Juan Carlos Vázquez

Foto: Juan Carlos Vázquez

“España es hoy un estado catatónico, está ahora mismo como atontá, con una resaca muy gorda de algo que se ha tomado y que no era lo que le dijeron que compraba. Es como con esas parejas infieles a las que les llega un momento en el que les da igual ocho que ochenta. Me ha puesto los cuernos tantas veces que, total, qué más da. Eso es lo que está pasando: que nos hemos acostumbrado a que nos pongan los cuernos”.

Vuelve Andrés Herrera, Pájaro, más combativo que nunca con Gran poder (Happy Place Records), tercer trabajo de su propio grupo desde que decidiera dejar de ser guitarrista de lujo en proyectos de terceros para reivindicar un protagonismo no por tardío menos indiscutible. Lo demostró con Santa Leone (2012) y lo confirmó con He matado al ángel (2016). Ahora revalida la apuesta con un disco que esquiva algunas de sus anteriores señas de identidad: esta vez no hay ninguna versión de su idolatrado Silvio, con el que durante tantos años compartió escenarios y grabaciones, ni sombra de aquel influjo de cornetas y tambores que algún cachondo dio en denominar surf cofrade. Mantiene, eso sí, el aroma a spaghetti western, entre otros efluvios italianizantes, y las efectivas píldoras de rock’n’roll marca de la casa, cánones entre los que gana peso el espíritu de aquella canción protesta en su acepción más noble.

Ya lo avisó el sencillo de avance, A galopar, una singular recreación de la adaptación que Paco Ibáñez hiciera de Galope, el célebre poema de Rafael Alberti. “Hay una frase que me gusta mucho -explica-, no sé si de la segunda guerra mundial o posterior: hubo algo peor que los nazis y los fascistas, quienes no hicieron nada para impedir su existencia. Mira que Silvio decía aquello de somos católicos, no protestantes, pero, en los tiempos que vivimos, ese a galopar hasta enterrarlos en el mar me ha salido del alma. Es una canción desconocida por los jóvenes, que están en otra cosa. Ya ni siquiera van a conciertos, se ha perdido la costumbre, van a discotecas a embrutecerse”.

¿Eh? Oiga, eso suena un poco a abuelo cebolleta… “Jajaja… Sí, es que estoy muy abuelo cebolleta. Me estoy haciendo mayor. Con lo que yo he sido… Recuerdo salir del estudio de grabación en la Alameda a las cinco de la mañana -dice en referencia a los extintos Estudios Central- e irme andando hasta el Barrio de Santa Cruz para ponerme allí a tocar con el vacilón y escucharme en ese silencio. Ahora, a mis 55 años, no sería capaz de hacerlo ni siquiera sin guitarra. Se me está poniendo miedo de persona mayor”.

El segundo sencillo, Los callados, incide en esa misma línea. “Yo no tengo esa desgracia, pero gente de mi barrio, como Paco León… -señala el de Parque Alcosa-. Los callados son los que están enterrados en las orillas de tantas carreteras. Y también es un pequeño guiño a Los olvidados de Luis Buñuel, una película que me dejó impresionado. A veces, cuando oigo la letra, me digo Pájaro, aquí te has puesto un poquito tierno. Pero es una canción bella, quizás no muy representativa de lo que había compuesto hasta ahora, pero tenía ganas de hacerla”.

Y lo cierto es que resulta particularmente oportuna en un momento en el que los (más) mayores han decidido no callarse. “Si los músicos no hablamos de lo social ahora, ¿cuándo lo vamos a hacer? -se pregunta Andrés-. Yo nunca voy a ser pensionista, porque los músicos cotizamos menos que un bolígrafo, pero sí que me gusta lo que están haciendo: darle una bofetada a tanta gente joven que vive en la inopia, que es lo que interesa al sistema, que la gente esté entretenida con el Betis, los cubatas y el reguetón”.

Oiga, ¿otra vez? “Yo es que lo del reguetón no lo entiendo -confiesa-. Si fuera mujer no es que me indignase con eso, es que iría por ahí con una pistola. No, no… Yo tengo cuatro hermanas y una hija, y cuando escucho esas letras…”.

Lo social se cuela, de hecho, en los múltiples niveles de lectura de un Pájaro que se crece como letrista. En ese sentido, quizás no haya mejor ejemplo en el nuevo álbum que Rayo mortal, la canción que indirectamente da título a Gran poder. “Creo que hoy lo tienen las mujeres -considera-. Nosotros tomamos decisiones, ganamos más dinero, pero al final, las que organizan, las que llevan, las que mandan, son ellas. Hay gente que piensa que es una canción mística, pero no, para nada. Ese Gran poder es el que tenemos para luchar contra esta basura que nos rodea. El poder lo tenemos nosotros”.

Pero ojo, que nadie espere trazos gruesos y tono panfletario. “Reconozco que después de haber trabajado con Kiko Veneno y tantos otros buenos letristas me he vuelto muy exigente. De todas las versiones que he hecho de cada canción tengo ahora mismo en mi casa papel de sobra para vender y hasta ganar dinero”, bromea.

Hablando de letras, sorprende que una de aquellas en las que a priori pudiera intuirse mayor sesgo autobiográfico, Yo fui Johnny Thunders, salga del libro homónimo del novelista Carlos Zanón. “Carlos nos había mandado una letra que era, supongo, como él piensa que se hace la letra de una canción. Pero no, no… Tú escribe novelas, tío… Le dimos muchas vueltas hasta que una mañana Raúl se levantó -dice refiriéndose a Raúl Fernández, el otro pilar de Pájaro junto al también guitarrista Paco Lamato-, cogió el libro de Carlos, que nos lo sabemos de memoria porque nos gusta un montón, y tuvo la habilidad de ir sacando de ahí cada una de las frases”.

Foto: Juan Carlos Vázquez

Foto: Juan Carlos Vázquez

Otra curiosidad: el instrumental que cierra el disco, una versión a dos guitarras de palo, tan bonita como casi irreconocible, del Let’s Go Away for Awhile que Brian Wilson escribiera para el Pet Sounds de Beach Boys. “La original ya es complicadísima -reconoce-. Se nota que la compuso alguien con una cabeza matemática. La hicimos Raúl y yo para un programa de Radio 3 y nos gustó tanto que decidimos meterla. Es un cierre perfecto para el disco. Sólo le cambiamos el título, Migrar“.

Por último, ¿sabía que otros dos grupos sevillanos habían utilizado ya ese mismo título, Gran poder? Orthodox lo hizo en un álbum y Sr. Chinarro en una canción. “Lo de Chinarro no lo sabía; lo de Orthodox sí. Me molan, sin sonar para nada como Pájaro, tenían entonces un rollo parecido en cuanto a picar de la Semana Santa… Lo que no se puede nunca es ser tan pesado como los cofrades, con perdón. Yo con treinta y pico años decía aquello de soy rockero y cofrade como mi padre, pero con 55, después de haber vuelto a empezar de cero, los veo muy pesados. Es como si te llenaran la boca de torrijas: un martirio”, ironiza. O no.

“Tenemos acceso a tanta música que no podemos procesarla”

Blas Fernández | 30 de octubre de 2016 a las 5:00

Foto: Antonio Pizarro

Foto: Antonio Pizarro

Juano Azagra respira música. Al frente de Record Sevilla desde el fallecimiento de su padre, ha conseguido renovar el perfil de la histórica tienda de discos de la calle Amor de Dios. Como guitarrista y pianista, y tras otras aventuras previas, reparte ahora su tiempo y talento entre la banda de versiones Los Quiero, el grupo de acompañamiento de Chencho Fernández y All La Glory, la joya de la corona, su proyecto más personal y, aun así, compartido con otros músicos de similar enjundia: el guitarrista Israel Diezma, el bajista y vocalista Fran Pedrosa, la teclista y vocalista Pilar Angulo y el baterista Manuel Martínez. La formación, sólida como una roca, pone estos días en circulación su segundo y deslumbrante álbum, Everybody’s Breaking Everybody’s Heart (Happy Place Records), un notable cambio de registro, también de formación, respecto a su primer y homónimo disco.

–¿Tocar versiones con Los Quiero le sirvió para aprender el oficio de componer?

–Bueno, eso ha pasado siempre. Los mismos Beatles o los Stones empezaron haciendo versiones. Es una buena escuela. Es cierto que con Los Quiero hemos tocado mucho y, salvando las distancias, ha sido un poco como The Beatles en Hamburgo. Eso te hace más banda. Y, en cuanto a la composición, seguro que también influye. Si haces una versión de The Zombies o de Os Mutantes, algo se queda. Cuanto más conoces, cuanto más estudias, más te ayuda en la labor de componer y hacer un buen tema.

–Cuando recientemente tocaron en el Monkey Week había quien decía “¿All La Glory? ¡Pero si son Los Quiero!”.

–Sí, es cierto que a veces hay gente que no sabe si somos Los Quiero o All La Glory. En realidad, somos la misma cosa: cuando hacemos versiones somos Los Quiero y cuando hacemos nuestras canciones somos All La Glory.

–Y además, la banda de acompañamiento de Chencho Fernández…

–Casi al completo. Menos el bajista. Aunque cuando Pablo [Florencio], que es el bajista oficial, no puede, también viene Fran.

–Es que no paran: Fran tiene su propio grupo, Pinocho Detective, que hace pocos meses también publicaba un gran disco; Pilar toca en Las Janes…

–Sí, todos tenemos otras historia. A través de Los Quiero hay mucha gente que se da cuenta del potencial de la banda. Es un trabajo de repertorio que hacemos de manera gustosa, todo el tema de las armonías vocales… A veces nos ven otros músicos y se dicen: Me encantaría que ésta fuera mi banda.

–En su caso, la inmersión musical es total. Cuando no está ensayando está trabajando en Record Sevilla…

–Claro, en la tienda son ocho horas diarias escuchando música. Mi padre tenía un gusto muy amplio y casi todos mis referentes vienen de lo que escuchaba él. Así he conocido mucha música que, al mismo tiempo, me ha servido para desarrollar un estilo personal, que creo que es lo que tiene Everybody’s Breaking Everybody’s Heart: recoge todas las influencias que he ido asimilando a lo largo de mi vida.

–Pues no son pocas. Abarca un amplio abanico de estilos: power pop, new wave, soft pop…

–Y hasta casi dream pop, como pasa con VeraReasons To Get Lost puede sonar a Neil Young; Glow es más power pop; Pretty Eyes es más new wave… Hay un poco de todo. Igual un día me levantaba en plan Johnny Thunders que otro estaba más Spaceman 3 o me despertaba Todd Rundgren y me sentaba al piano… Como cuando empezamos a preparar el disco aún no teníamos sello, me dije: voy a hacer lo que me apetezca. Lo curioso es que funciona. Con la producción intentamos darle algo de uniformidad, porque las canciones son muy diferentes entre sí. Pero es que el disco es eso, en parte, un compendio de las músicas que escucho. Y también me gustan otras cosas, como el hip hop y la electrónica. Como decía mi padre cuando le preguntaban qué música le gustaba: Toda la buena.

Foto: Carolina Cebrino

Foto: Carolina Cebrino

–Supongo que en esa búsqueda de cohesión ha jugado un papel clave Jordi Gil. ¿Fue una producción a cuatro manos?

–Estuve en todas las mezclas e hicimos juntos todos los arreglos. Recurríamos el uno al otro mutuamente. Había canciones que para él eran tela marinera, de mezclas, de mogollón de pistas… Ha hecho un trabajo estupendo. Yo no entiendo nada de mezclar, pero sí tengo claro el concepto artístico. Así que no me quedaba en mi casa para que mezclase él y luego me enviara el resultado.

–Escuchando su trabajo con bandas tan diferentes como O Sister!, La Catedral Sumergida, All la Glory o Chencho Fernández, uno intuye que Jordi Gil se implica al cien por cien en cada producción que acepta…

–Sí, es una locura. Le echa mucho, mucho tiempo. Creo que se da cuenta de que le echa demasiado tiempo para el dinero que luego gana, pero es que ésa es su manera de grabar. Con él no llegas y tienes el disco en una semana, eso para él es impensable. Se puede pegar cuatro días mezclando un tema hasta que quede bien. Y si no lo consigue, lo deja, coge otro y luego vuelve a retomarlo. Es un productor muy fino. Me gusta mucho.

–La proliferación en la ciudad de estudios de grabación y sellos discográficos coincide con una explosión musical sin precedentes. ¿Se retroalimentan?

–Es brutal, una locura. Es una escena que se caracteriza por no ser homogénea. Hay una variedad increíble: I Am Dive no tiene nada que ver con Quentin Gas y Los Zíngaros; All La Glory no tiene nada que ver con Pony Bravo… Hay una gran cantidad de grupos, todos muy buenos y a la vez muy distintos. No ocurre como en Granada, donde impera el patrón del indie, sino que hay variedad, desde el rap de Tote King al rock más purista de The Milkyway Express. Además, no paran de salir grupos nuevos. Y todo muy bien hecho.

–¿Qué músicos sevillanos compran discos?

–Pues el último que vino a mi tienda… Uff… Antonio León, de Los Sentíos; Perepi, de I Am Dive; Javi Vega, de Maga; Álvaro Suite, que es guitarrista de Bunbury… Los Pony Bravo, por ejemplo, son de rebuscar en los cajones de ofertas para encontrar samples curiosos, tipo el Coro Ruso de no sé dónde… Pero en general son pocos los que compran discos. Creo que los músicos se lo gastan todo en pedales y en guitarras.

–¿Cree que el vinilo aguantará más allá del actual repunte?

–Está por ver que continúe en las siguientes generaciones, que no sea una moda. Aunque creo que nunca va a desaparecer, porque siempre quedará el coleccionismo. Además, se disfruta de otra manera. Internet, el streaming… Eso es pura sobreinformación: tenemos acceso a tanta música que no podemos procesarla. Más allá del hecho de tener el objeto en sí mismo, creo que la escucha se disfruta cuando la haces de manera tranquila, no cuando te descargas la discografía completa de un grupo y no sabes ni por dónde empezar. Prefiero ir comprando los discos uno a uno y disfrutarlos poco a poco. Cuando lo tienes tan fácil, las cosas pierden parte de su significado.

“El perfeccionismo termina siendo un auténtico problema”

Blas Fernández | 3 de abril de 2016 a las 5:00

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Santa Leone
(Happy Place, 2012) nos devolvió a Andrés Herrera, Pájaro, no sólo en pleno estado de forma, sino también en un rol hasta entonces inédito. El antaño guitarrista de Silvio, entre tantos otros, dio un paso al frente y se convirtió en protagonista principal de una aventura con repercusión inesperada. A diferencia de su maestro, Pájaro, genio y figura, desbordó el ámbito local y cosechó parabienes y conciertos por todo el país, incluido un bolo en Zaragoza como telonero de Bob Dylan el pasado año. La continuación de aquel celebrado disco tenía ya fecha de presentación en el Monkey Week cuando un desafortunado accidente abortó el proyecto. Y han tenido que pasar cuatro año para que He matado al ángel (Happy Place, 2016) demuestre que, en efecto, Santa Leone no fue un delicioso espejismo.

-Se partió un pie y eso cambió el disco que tenía en la cabeza. ¿Vino bien el accidente para hacer las cosas con más calma?

-Pues la verdad es que fue una suerte. Mi madre decía que yo había nacido con una rosa ahí donde termina la espalda… Realmente, el proyecto que íbamos a presentar en el Monkey Week no estaba nada mal, pero cuando me partí el pie, como tenía tanto tiempo, empecé a componer canciones nuevas. Y creo que las mejores de He matado al ángel las hice a partir de ahí.

-Maneja los mismos registros que ya usó en Santa Leone: western, canción italiana, una versión de Silvio, adaptaciones de partituras clásicas… En ese sentido, resulta un disco continuista, pero mucho más elaborado…

-El disco perfecto no existe, como tampoco existen el cuadro perfecto o la novela perfecta. Aunque yo crea que siempre se puede hacer mejor, el perfeccionismo termina siendo un auténtico problema, porque con ese afán perfeccionista nunca acabas. Pero sí, nos lo hemos currado mucho más. Por ejemplo, en este disco Raúl aporta muchas guitarras sacrificadas, sencillitas, de ésas que parece que nadie ha tocado, pero que son las que realmente le dan carácter a la canción. Es un disco muy elaborado. Además, el padre de Raúl, Javier Fernández, nos construyó unos amplificadores parecidos a los que usaban los Stones al comienzo. Una maravilla. Llevábamos toda la vida intentando sacar ese sonido sin saber de dónde venía… Pues de unos amplis chiquititos de dos watios.

-¿Y cuándo decidieron que tenían que terminar?

-Cuando ya estábamos con el agua al cuello. En realidad, aunque lleváramos cuatro años dándole vueltas, el disco se empezó a grabar en mayo. Así que tampoco es que hayamos tardado tanto. Pero, entre que me partí el pie, que cambiamos el repertorio… Pasaron muchas cosas, pero creo que el universo ha conspirado en nuestro favor. Estoy muy contento con el resultado.

-¿Se esperaba la repercusión que, a la larga, tuvo Santa Leone?

-No, para nada. Sabía que estaba bien, que eran buenas canciones, que todos mis colegas me felicitaban… Pero no, no me lo esperaba. Era la primera vez que cantaba en un disco, me escuchaba desafinado… Creo que este disco está mejor cantado que el otro, ahora le tengo menos miedo al micro. Es un mundo… De ser guitarrista a ser el cantante, el que da la cara… Menos mal que llevo a una banda que no es una banda, es el arca de Noé.

-¿Y qué recuerda con mayor cariño de ese inesperado reconocimiento?

-Casi todos mis amigo han puesto la canción Santa Leone como tono del móvil. Y yo, pero tío, tío… ¡Que eso me da mucho corte! Hombre, no sé si eso es más importante que telonear a Dylan, pero es tela de importante.

-¿Le presentaron sus respetos en aquel concierto en Zaragoza?

-A Dylan en los camerinos no lo vio nadie. Ni la guardia mora de Franco lo hubiera hecho mejor que sus guardaespaldas. Y lo entiendo: ser Pájaro ya es un coñazo; imagínase ser Dylan, que lo conoce todo el mundo. Sólo lo vimos donde teníamos que verlo, en el escenario. Alucinante. Raúl y yo estábamos con una lagrimita… Hasta se nos había olvidado que habíamos sido los teloneros de Bob.

pajaro_lvp_2-Tenían canciones para dos disco. ¿Cómo eligieron finalmente el repertorio?

-Fue difícil. Por ejemplo, un día estábamos en el estudio regrabando algunas cosas y llegué con el Vieni con me, que la saqué por mi perro, porque tengo un perro que no me hace ningún caso. Le decía vieni con me, a ver si venía. Pues llegué con esa canción, se la enseñé a los del grupo y me dijeron ¿esto por qué no lo has traído antes, Pájaro? Pero estas cosas uno no se las propone. Las canciones no se escriben cogiendo un lápiz y un papel y diciendo voy a escribir una canción. La canción te viene y, como decía Picasso, tiene que cogerte trabajando. Si cuando te viene no tienes a mano la guitarra y la grabadora, la has cagado.

-¿De dónde la viene esa atracción por la canción italiana?

-Claramente, viene por Silvio, que nos cantaba todas esas canciones. Yo entonces no conocía tanta música italiana, pero Silvio se las sabía de la radio y del pick-up. Él las cantaba, las mezclaba, como en su versión de Anna perché de Nicola di Bari, que es surrealismo puro. Pero creo a mí me hizo más italiano el cine que la música. Las películas italianas, y no sólo las de oeste, tenían unas bandas sonoras brutales. Todas esas comedias italianas que nos tragábamos de chico en los cines de verano… Como mi padre era proyectista y yo pasaba las películas siete veces, me quedaba con la música sí o sí. Creo que el italiano es de los idiomas más musicales que hay. Desde luego, es más difícil cantar rock’n’roll en español que en italiano.

-En Santa Leone cantaba Las criaturas y Tres pasos hacia el cielo; en He matado al ángel, El pudridero. ¿En cada disco de Pájaro vamos a escuchar una canción que ya interpretó Silvio?

-No, no… En el caso de El pudridero, era una asignatura pendiente que yo tenía con esta canción, una de mis favoritas de siempre, de las más importantes de mi vida. Cuando la escuché por primera vez, siendo un chaval de quince años, me quedé flipado. Me dije con éste tengo yo que tocar. ¿Y sabe lo que pasa? Que de Madrid para arriba nadie conoce esta canción. Aquí en Andalucía conocemos la obra de Silvio, pero los gallegos no, ni los vascos…

-¿Cómo se le ocurrió esa versión, mitad rock mitad swing, de La danza del fuego de Manuel de Falla?

-Lo primero que hago por las mañanas es tomarme un café y coger la guitarra con la grabadora al lado. Creo que lo primero que tocas por la mañana es bueno. Has dormido, te despiertas y abres el disco duro de tu cabeza. La danza del fuego me salió así. Estaba improvisando blues y, de pronto, me di cuenta de que estaba tocándola. Y seguí. La verdad es que me encanta la música clásica. Me gusta escuchar a Pavarotti por las mañanas. Mis vecinos deben de pensar que estoy loco: por las mañanas escucho ópera y a las ocho de la tarde cojo la Gibson y empiezo a tocar rock’n’roll. Pero es que con la ópera muero.

-Aunque resulte un disco realmente divertido, He matado al ángel guarda también, desde la misma portada, cierto tono apocalíptico…

-Creo que a cualquier persona sensible le afecta la situación actual. Lo cierto es que el mundo está un poquito apocalíptico, como si viviéramos un momento de preguerra, y creo que hay que ponerle banda sonora a lo que está ocurriendo, mojarse. Todos deberíamos hacerlo, pero muchas veces no sabemos cómo. Éste es mi granito de arena.

-Guadalupe Plata, El Twanguero, Julián Maeso, Los Saxos del Averno, Los Quiero… Se le llenó el disco de colaboradores de altura…

-Todo esto sale hablando. Alguien te comenta he conocido a un guitarrista, Diego García, El Twanguero, póntelo que vas a flipar… Lo escuchas y te dices madre mía, ya me gustaría que tocara en una canción mía… La novia de Raúl, Raquel, lo conoce. Pero si es amigo mío. Os lo presentó. Y el tío encantado de colaborar, igual que Los Quiero o Julián Maeso, que para mí, más que un colaborador, es ya uno más de la banda, aunque tenga su propia historia. Los Saxos del Averno se han pegado un curro brutal. Y salió igual. Me dijo Raúl hay unos tíos que podrían tocar en el disco y tengo el teléfono de uno de ellos. Veía exagerado lo de cuatro saxos, pero cuando los escuché… Si quitáramos las colaboraciones no sería el mismo disco. ¿Y lo de Guadalupe Plata? ¿Eh? Son amigos y grabar con ellos fue un gusto.

-¿Va a tardar otros cuatro años en grabar nuevo disco?

-No, de hecho ya estoy preparando otro proyecto: ocho canciones de Víctor Jara tocadas en directo en el estudio, y no van a ser de las más conocidos, tipo Te recuerdo Amanda. Ya estamos con ello. Será un disco con muy pocos instrumentos, llevándonos las canciones al territorio de Pájaro, al folk-rock. De chico, los tres personajes más importantes para mí eran Bruce Lee, Jimi Hendrix y Víctor Jara. De los tres tenía pósters en mi habitación.

-Eso suena muy… generacional.

-Jajaja… Sí, los de nuestra generación pasamos del western al kung-fu. Salíamos del cine a puñetazos con los colegas.

-¿Y disco con material propio?

-Ya no nos coge más el tren. Como decía Silvio, en política está bien cada cuatro años, pero en música se puede hacer un disco cada dos. Pero tienen que pasarte cosas. Hacer un disco por año… No seas fatiga, que te pase por lo menos algo que puedas contar. Yo creo que las canciones tienen que tener un poco de verdad.

*Las fotografías que ilustran esta entrevista son obra de Victoria Hidalgo.

Mal asiento, mejores canciones

Blas Fernández | 18 de marzo de 2016 a las 5:00

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Inicialmente programado para el pasado 30 de enero, y finalmente aplazado por problemas logísticos, Fun Club recupera este sábado el concierto de presentación en Sevilla de Camina conmigo, primer álbum firmado con nombre propio por Íñigo Cabezafuego, músico navarro de largo recorrido asociado a un sinfín de formaciones bilbaínas dedicadas al rock’n’roll en sus múltiples vertientes. “El primer grupo en el que estuve fue Half Foot Outside –rememora Íñigo–, una banda de hardcore-pop que luego hizo varios discos sin mí. Jugos Lixiviados fue el segundo, aunque de aquella época maravillosa recuerdos guardo pocos, la verdad. Con ellos aprendí lo que es el rock’n’roll real, la mugre, el sexo, las drogas… Todo”.

Pero la lista es mucho más larga… “Después estuve en Mermaid, Basque Country Pharaons, Atom Rhumba, Royal Canal, Black Lagoon… Eso sólo de los más conocidos –apunta–. La verdad es que soy culo de mal asiento y me aburro bastante rápido. Me dicen los amigos que me aburro hasta de los grupos que me gustan”.

En esa esa constelación de bandas, de tan limitada repercusión como grato recuerdo para el aficionado, destaca Atom Rhumba, todavía en activo, responsable de una demoledora discografía cuya onda expansiva, esta vez sí, sobrepasó con creces el ámbito local. “Sí, sin duda –admite Íñigo–. Entré cuando el grupo estaba ya bastante formado y tuve la suerte de hacerlo cuando, entre comillas, dio el pelotazo: tocamos mucho, hicimos giras por el extranjero, fuimos a Japón… Ahí seguimos. Se supone que vamos a grabar nuevo disco este año. A ver qué pasa…”.

A Atom Rhumba le debemos también una de las últimas grabaciones de Josetxo Anitua, el añorado vocalista de los inolvidables Cancer Moon, auténtico punto de fuga del rock español de los 90, fallecido en 2008. Tres años antes, banda y cantante se reunían para celebrar el vigésimo aniversario de la revista Ruta 66 con un concierto de versiones posteriormente editado como álbum, Anitua&Rhumba. “Era un amor de hombre, la verdad. Lo recuerdo como la persona más encantadora y cariñosa de Bilbao –evoca–. Atom Rhumba hicimos con él aquel concierto para el Ruta y fue una maravilla. Siempre tuvo un gustazo… Fue discjockey del Kafe Antzokia durante muchos años y era una gozada. Me acuerdo de que siempre nos quedábamos tras los conciertos sólo porque pinchaba él”.

Y tras tantas idas y venidas, tras tantos y tantos grupos, Cabezafuego nos sorprendía a comienzos de 2014 con Camina conmigo, ocho canciones que abrían su abanico estilístico a veces rozando el pop, otras la psicodelia, siempre con un afilado sentido del humor reflejado en unas letras torrenciales y definitivamente divertidas. “Tener canciones y no saber con quién hacerlas. Ése fue el motivo de grabar como Cabezafuego –explica–. Siempre he estado tirando del carro con grupos de aquí, y en un momento dado dije pues ahora las voy a hacer yo. Suena a topicazo, pero en realidad Cabezafuego es una banda…”.

Una banda o, incluso, un bandazo. Para su álbum, Íñigo reclutó a un destacado plantel en el que figuraban, entre otros, el guitarrista Joseba Irazoki –amén de componente de Atom Rhumba, habitual de Nacho Vegas– y el ingeniero de sonido Luther Russell (Richmond Fontaine). “Hombre, ésa es la suerte de llevar tantos años tocando con gente tan diferente: los llamas y vienen. Grabar el disco con ellos fue una gozada”, afirma. Sin embargo, no es ésa su formación para los directos. “Todos están siempre muy liados –lamenta–. Pero tengo una banda estupenda: Oskar Benas, que ha sido guitarrista de Maika Makovski y Fermín Muguruza; Ander My Wheels, que es el batería con el que he tocado en muchos proyectos, Royal Canal, Basque Country Pharaons… Y Asier al bajo, que también lleva conmigo muchos años”.

Quienes, por ejemplo, hayan asistido a las tres últimas ediciones del Monkey Week podrán dar fe de la solvencia y entrega con la que los cuatro músicos ponen en pie sobre el escenario las canciones de Camina conmigo, disco, por cierto, coeditado por el sello madrileño Folc Records y la escudería sevillana Happy Place. “Sí, son de esas cosas que a lo mejor sorprenden un poco. Con Joaquín –dice Íñigo de Joquín Aneri, de la discográfica hispalense– fue amor a primera vista. Traje una vez a Pájaro a tocar a Villava, mi pueblo, hace ya unos años,  y conectamos inmediatamente. Andrés [Herrera, Pájaro] estaba helado de frío… Pero qué frío hace en este pueblo, decía. Se llevó un gorro tejido por la abuela de mi novia y luego salió con él puesto el resto de la gira”.

El concierto en Fun Club marcará, o casi, el adiós a la gira de Camina conmigo y el inicio de un nuevo proyecto. “El día después tocamos en Vitoria y ése será el último. Paramos y empezamos a grabar el nuevo disco, que va a ser una locura –avisa–. No va a tener nada que ver con el anterior… ¡Estoy harto de rock’n’roll! Me gusta mucho oírlo, me gusta mucho tocarlo, pero… ¡Estoy harto de grabarlo! Llevo veinte años intentando grabar el disco perfecto de rock’n’roll, en el que todo suene guay, y no hay manera de conseguirlo. Así que he decidido dejar ese camino y hacer el disco más loco que se me pueda ocurrir. Tengo varias ideas, letras, melodías, pero no sé a dónde me van a llevar. Esperamos tenerlo publicado en septiembre u octubre”.

La locura, o la ambición, quedará plasmada en el propio formato elegido. “Va a ser una coedición con Autsaider Cómics, una editorial que está sacando cómics muy chulos de peña americana. La idea es hacer un LP-cómic con grandes dibujante españoles: a un lado de la carpeta, el vinilo; al otro, las historietas. Estoy muy ilusionado con esto”, reconoce el músico.

Cabezafuego actúa este sábado a las 22:00 en Fun Club (Alameda de Hércules, 86).

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 41)

Blas Fernández | 17 de diciembre de 2015 a las 5:00

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Anunciaron hace meses que entraban en periodo de barbecho, un descanso relativo alterado con proyectos paralelos, pero en realidad pergeñaban junto al productor Jordi Gil el álbum que ahora le avanza La Ventana Pop. Atento pues a All La Glory, la banda fotografiada ahí arriba por Carolina Cebrino, que va a firmar uno de los grandes discos nacionales del próximo 2016.

Pony Bravo, Furia Trinidad, Miraflores, 091, Fernando Alfaro, Perro y Cómo Vivir en el Campo protagonizan el apartado de conciertos destacados a corto y medio plazo; Trepàt, Unsuspected, Alppine y Baywaves se apuntan al de novedades discográficas.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

Tracklist

1.-All La Glory: Lookin’ For a Thrill

2.-All La Glory: Can’t Take My Eyes Off You

3.-Pony Bravo: El político neoliberal

4.-Furia Trinidad: Shake It

5.-Miraflores: Brand New Tornado

6.-091: Tormentas imaginarias

7.-Fernando Alfaro: La luna aplastada

8.-Perro: Ediciones reptiliano

9.-Cómo Vivir en el Campo: Perdido

10.-Trepàt: Onix

11.-Unsuspected: Follow Me Sleeping

12.-Alppine: Come Closer

13.-Baywaves: Yumi

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 20)

Blas Fernández | 18 de diciembre de 2014 a las 5:00

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En esta ocasión arrancamos con una despedida, la del grupo Maga, que dice adiós tras una larga y fructífera trayectoria. Viento Smith, Neuman, Holögrama y The Suicide of Western Culture se nos cuelan en la agenda de conciertos, en la que destaca la fiesta del quinto aniversario del sello Happy Place Records, con conciertos, entre otros, de Pelo Mono y Pájaro.

Avanzamos los nuevos trabajos de Aurora, José González y Lentejas los viernes; descubrimos a Abrigo de Pelos, otro de esos francotiradores que están poniendo la escena electrónica andaluza al rojo vivo, y echamos el cierre con la noticia de la publicación en vinilo de Ojos de grafeno, de S Curro y Papa Wilson.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Maga: El gran final

2.-Aurora: Voces

3.-Neuman: All Your Life

4.-Pelo Mono: Sonido amazónico

5.-Pájaro: Dogo’s Walk

6.-Junip: Line of Fire

7.-José González: Every Age

8.-Viento Smith: El horizonte

9.-Lentejas los viernes: Patidifusa

10.-The Suicide of Western Culture: Remembering Better Times

11.-Holögrama: My Bicycle

12.-Abrigo de pelos: 1993

13.-Abrigo de pelos: Brunei

14.-S Curro y Papa Wilson: Experiencias cercanas a la vida

El retorno de Tarik (perdón, Rufus T)

Blas Fernández | 23 de junio de 2010 a las 11:49

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Finiquitado el contrato con Mushroom Pillow, sello responsable del retorno discográfico de Álvaro Muñoz Tarik tras un largo, larguísimo periodo de silencio discográfico, el músico cordobés, residente en Madrid desde hace más de una década, no parece dispuesto a desaparecer otra vez del mapa.

De la mano del sello sevillano Happy Place Records, Álvaro ha registrado ya un nuevo álbum, Going Bananas, de aparición inminente, firmado por su alter ego, Rufus T. El correo remitido por la compañía lo explica así:

“El día que Álvaro Muñoz (Yacentes, Tarik y la Fábrica de Colores) descubrió a Rufus T no parecía anticipar grandes acontecimientos. Álvaro se encontraba frente a aquel Dry Martini,  la mirada perdida en la pared verde y aterciopelada de un temprano José Alfredo, Madrid centro.

Cuando se disponía a abrir una revista gratuita y repasar el muestrario de barbas de los miembros de grupos indies —miembros varones, se entiende—, un sujeto serio y conmovedor llegó hasta su mesa, se sentó frente a él y le dijo Usted nunca podrá ser indie. A usted, como a mí, la naturaleza no le ha dotado del don de la capilaridad facial. Era Rufus T, y Álvaro no necesitó entonces oír sus canciones, escucharle cantar, leer sus letras, para darse cuenta de que estaba ante un gran artista español.

Aquello terminó, acaso empezó, con este Going Bananas, grabado en buena parte en el pequeño estudio que Muñoz tiene en su casa de Madrid, y rematado en los estudios Happy Place Records de Sevilla, con el inestimable trabajo de Paco Lamato (Tarik y la Fábrica de Colores, Bikini Red). Paco es persona capaz, como pocas, de  bregar con el arte incendiario de Álvaro y, al mismo tiempo, con la mente irreverente, romántica y atormentada de Rufus T.

De tal barbilampiña reunión surgió Going Bananas, disco concebido por el bien de la humanidad, lleno de soberbias melodías (Happy Fran, Parallel Lives), exquisitos textos (Beggar In The Street), rabia (Andalusians), belleza (Mandy, Ballerina) y sarcasmo (I Was About To Become A R’n’R Star, Bigger Than You). Going Bananas es una revisión blanca, negra y amarilla de la historia de la música popular, un remolino de insectos y margaritas, un plátano-bomba.

Después está todo eso de los humanoides, la historia de una ex-novia, Mandy, la ciudad secreta de Velvet Suicide y lo de la conjura por el bien de la humanidad, pero esa es otra historia y, como tal, merece un capítulo aparte porque también es muy hermosa.”

Rufus T ofrece ya en su MySpace un avance con cuatro temas del álbum (atención a Andalusians: Velvet Underground meets Blas Infante…). Que los disfruten…