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“Como se suele decir, o nos amas o nos odias”

Blas Fernández | 20 de junio de 2017 a las 5:00

crudo_pimento

Debutante en 2013 con un álbum de título homónimo, el dúo murciano Crudo Pimento, integrado por Raúl Frutos e Inma Gómez -pareja musical y sentimental-, se destapó desde primera hora como una atractiva anomalía en la escena nacional que, no obstante, prolongaba la pulsión experimental de cierto rock subterráneo español -apunte, por ejemplo, nombres como 713avo Amor, Mar Otra Vez o Vamos a Morir-.

Fania Helvete (2015) revalidó esa impresión demostrando que sus cruces imposibles de géneros y estilos -folclores de cualquier punto del planeta pasados por un filtro de rock malsano- estaban ahí para cautivar la atención del oyente inquieto (y, probablemente, también para hacer huir al resto). Su último trabajo, el fenomenal Teleiste Mouska, publicado este mismo año, ahonda en esa vía con resultados sorprendentes. Este miércoles lo presentan en Sevilla dentro de los actos programados con motivo del Día Internacional de la Música. Al habla con Raúl Frutos.

-Google Translate me decía que Teleiste Mouska era griego, pero creo que a va ser que no…

-Parece griego, sí, pero no. Es un título inventado. Viene de una canción que tenía para otro proyecto en la cual puse una voz en reverse. Había rapeado en inglés y no había quedado bien, así que la pasé al revés y una de las cosas que se repetían era ésa: Teleiste Mouska.

-Entiendo entonces que además del dúo mantiene otros proyectos en activo…

-Sí, alguno hay. Uno de hip-hop experimental, FHHx; otro grupo de mento, de folclore jamaicano, con el que llevamos muchos años, The Ben Gunn Mento Band; otro proyecto de dub, Dava… Todos con nombres muy complicados. Y todavía vendrá alguno más. En casa no paramos, siempre estamos grabando y hay material que se deriva de un proyecto a otro.

-Una de las características más llamativas de Crudo Pimento es el uso de instrumentos fabricados por usted. ¿Es luthier profesional?

-No, no… Soy un luthier cacharrero. Nunca me hedicado a fabricar instrumentos, venderlos y ganarme la vida con ello. Ha sido otra historia. He tenido acceso a las herramientas y a los materiales y los he hecho para mí, para mi uso personal. Después de vernos con Crudo Pimento hay gente que se ha interesado, “oye, ¿pero esto qué es? Me gustaría tener uno”. Pero no es mi bussiness. Lo que pretendemos al crear instrumentos es conseguir ciertos timbres para nuestra música. No pasa de ahí. Además, tampoco tendríamos tiempo para ello: grabamos, trabajamos… Doy clases en una academia de música moderna, llevo actividades extraescolares en varios colegios… Todo eso me lleva mucho tiempo.

-¿Tiene formación musical académica?

-No, nunca pasé por el Conservatorio. Soy autodidacta.

-¿Cómo arrancó Crudo Pimento?

-Yo llevo toda la vida tocando, igual en bandas de hardcore que en cuadrillas huertanas. Para Inma sí ha sido su primera formación. De hecho, ella no había tocado nunca ningún instrumento. Crudo Pimento nació del encuentro entre los dos. Vi que Inma tenía potencial, que además era una gran melómana, y le comenté si le apetecía probar a tocar esos instrumentos raros que estaba fabricando. Desde la más pura intuición, que era lo que me interesaba. No quería músicos profesionales. A veces, los músicos profesionales pueden llegar a contaminar la música con su técnica, con sus tics artificiales. Eso no me interesaba. Así que encontré en Inma a la persona justa que me podía dar eso que buscaba: alguien que se acercara virgen a la música y que empezara a tocar instrumentos desconocidos para el gran público. Eso proporcionaba el encuentro entre cierta música técnica y cierta música primitiva. Todo esto ocurrió hace unos cinco o seis años.

inma_gomez-¿Partían ya en ese momento con una intencionalidad experimental?

-La intención era pasarlo bien. No había ningún planteamiento sesudo, ningún posicionamiento estético o artístico claro. Fue un proceso muy natural. Sólo pretendíamos hacer música e intentar darle vida a esos cacharros que yo había creado. En principio no fue mucho más allá de eso; después, a posteriori, sí se pueden sacar lecturas, todas las que queramos: la mescolanza de músicas, de la tradicional al black metal… Pero todo eso no estaba a priori en nuestras cabezas. Considero que eso no debe funcionar así en una banda o en cualquier otro proyecto artístico. Hay algo, por ejemplo, que me ocurre con la música académica contemporánea: si alguien me abruma previamente con explicaciones sobre postulados estéticos, deja de interesarme. Nosotros hacemos música por necesidad y por diversión.

-Entonces, los instrumentos fabricados por usted han definido no sólo el sonido, sino también el estilo Crudo Pimento…

-Podría ser, sí. Pero la nuestra es una búsqueda de timbres que en el fondo son antiguos. Algunos de los intrumentos vienen de tradiciones como el mento jamaicano. Lo que intentamos es poner al día esos timbres y encontrar formas musicales actuales, del siglo XXI. Así que supongo que sí, que tienen mucho que ver en el sonido de la banda. Incluso en el último disco, donde quizás nos hayamos ido algo más hacia la experimentación electrónica, siguen estando presentes.

-En el caso de ustedes dos, la mescolanza sin límites de géneros y estilos parece un caso claro de melomanía…

-Claro, todo viene de ahí, de la melomanía, y sin eso no tendría sentido. Hacemos la música que nos gustaría escuchar. Por ejemplo, qué buen encuentro sería el de una cuadrilla de música tradicional boricua con una banda noruega de black metal. Qué interesante sería esa mezcla… Pues como eso nunca se va a dar, lo hacemos nosotros. Son fantasías musicales, si se quiere, disparatadas; pero si nosotros tenemos la oportunidad de propiciarlas, ¿por qué no?

-¿Escarban en el folclore con ánimo investigador?

-Sí, pero como decía antes, tampoco es algo sesudo, académico. Desde luego, nos encanta leer sobre música y tratar a fondo los temas en los que nos metemos. Por ejemplo, hemos investigado bastante sobre el mento. Pero en ningún caso diríamos que somos etnomusicólogos, sería pretencioso por nuestra parte. Simplemente, una vez más todo se reduce a la melomanía, que es la que te lleva a leer, a investigar y adquirir conocimientos sobre cosas que te han llamado la atención. Hay un trabajo de documentación, pero no es lo primordial.

-Los folclores se han sedimentado a lo largo de los siglos. Cuando irrumpe internet, ese proceso se trastoca. ¿Y ahora qué?

-Sí, son cruces aparentemente imposibles, pero se dan. Gracias a las redes, a la técnica, a la magia de la información, se dan. Y puedes pegar, puedes encolar y aquí no ha pasado nada. El resultado, a veces, es satisfactorio para quien lo escucha. Para mí es una maravilla tener acceso a cualquier lugar del mundo en cualquier momento y poder picar de cualquier música, de cualquier archivo. Por ejemplo, en internet tenemos ya el archivo de Alan Lomax, y lo podemos descargar y bucear y hacer cosas con él. Y no es lo único que hay. Nosotros, hace ya bastantes años, para poder conseguir este tipo de cosas teníamos que rebuscar en blogs. No había tanto donde elegir, pero lo buscábamos. Estábamos en contacto con gente que también estaba apasionada con esta historia y se dedicaba, por ejemplo, a digitalizar discos de pizarra y colgarlos en la red. Ha sido una gran labor de mucha gente durante muchos años que ha ido creciendo.

-Otro sugerente detalle de Teleiste Mouska: todas las letras están improvisadas.

-Sí, en este disco sí. Y algunas de ellas a modo de cadáver exquisito, cogiendo una letra, sentándome a grabar, cortando la grabación y al día siguiente, sin recordarla, pinchando en el mismo punto y continuando con esa improvisación. Digamos que para nosotros era importante ver qué salía de esa inmediatez lírica. Hay algo últimamente en la música que no me agrada, y es el refinamiento o el pulido de las letras, esa acabado poético que al final quita naturalidad a la música e intencionalidad al mensaje que querías transmitir. Así que improvisamos, repentizamos esas letras, que es una manera de entroncar con la tradición musical murciana.

-Y con la de casi todo el Levante, donde el repentismo sigue presente.

-En todo el mundo. Aquí desde luego hay una gran tradición de repentistas y algunas formas musicales son completamente improvisadas. Así que intentamos hacer ese ejercicio. Por una parte, por la tradición; por otra, para que la lírica no se viera contaminada por un proceso poético. A veces esas cosas quedan muy edulcoradas y ciertas imágenes poéticas, que has estado madurando durante semanas para conseguir el verso perfecto, hasta te sacan lo colores. Lo respetamos, absolutamente, pero no nos interesa, no lo buscamos.

-El repentismo llega a América, y en particular a Cuba, vía inmigración. La influencia cubana en la moderna música jamaicana está más que documentada. De los sound system jamaicanos salen algunos de los personajes que luego van a dar forma al rap en el Bronx. Resulta, cuanto menos, curioso…

-Claro, es lo mismo que en el flamenco: todo es un camino de ida y vuelta; si no lo hay, si no se encuentra con músicas de otras partes del mundo, no va a evolucionar. El rap, en concreto, tiene mucho de esa improvisación, de esa cultura nuestra que viajó. Eso es enriquecedor e importante. Y digno de estudio. Habría que seguir el rastro de esos repentistas que viajaron a América. Son cosas que nos apasionan. Y cada vez tendemos más a ello: que musicalmente y líricamente las cosas vengan de ese golpe de improvisación.

raul_frutos-Pero todo ese proceso, como decía antes, se ha sedimentado y luego ha vuelto a fluir a lo largo de la historia. ¿A dónde irán los géneros ahora?

-Se seguirá produciendo ese camino de ida y vuelta. En cuanto a la repentización, debemos de ir ya por la vuelta número 50. Aquí en Murcia lo tenemos bastante presente. Aquí se llaman trovos, pero es que hay trovos en todo el mundo. Durante unos años se hizo en Cartagena un festival llamado Trovalia al que venían troveros de todo el planeta. Era impresionante ver cómo se mezclaban murcianos, mexicanos, cubanos, puertorriqueños… Veías que todo era lo mismo, veías ese camino de ida y vuelta. Creo que es una de las cosas más excitante que he visto nunca en directo.

-Lo que, por otro lado, demuestra que las batallas de gallos tampoco son nada nuevo…

-Desde luego que no. Los escoceses ya lo hacían hace siglos. Tenían una tradición antiquísima en la que dos improvisadores se iban enzarzando, justo como en una batalla de gallos.

-¿Se sienten rara avis en la escena musical española o hay afinidad con otros grupos?

-Tenemos vínculos con muchos, por supuesto. Lo más obvio sería decir Guadalupe Plata, pero es que además ellos son colegas desde hace tiempo. Cuando empezaban, Inma era promotora de conciertos y fue la primera que se los trajo a Murcia, nadie los conocía aún. Son muy amigos. Hace poco coincidimos en el festival Eat My Soul de Alicante. Por cierto, a ese festival nos trajimos a una leyenda jamaicana del mento de 84 años, Albert Minott, de The Jolly Boys. Nos hicimos una gira con él. Toda una experiencia y un sueño del que todavía no nos hemos despertado. Este hombre llegó de Port Antonio a nuestra casa y estuvo una semana. Grabamos con él, dimos conciertos, le hicimos entrevistas sobre la historia de la música jamaicana desde el nacimiento mismo del rocksteady… Este hombre lo vivió todo de primera mano y nos lo contó aquí, sentado en el sofá del salón de nuestra casa.

-Le preguntaba por las afinidades porque, en alguna ocasión, escuchando a Crudo Pimento, se me ha venido a la cabeza aquella banda malagueña de corta pero intensa trayectoria, 713avo Amor

-Por supuesto, claro que sí. Es más, puedo contar que para cada uno de nuestros discos he intentando localizar a Carlos Desastre. Se fue a México, pero realmente nadie sabe dónde está. Queríamos que en Teleiste Mouska nos grabara un par de gritos de esos suyos, desgarradores, pero no ha habido forma de encontrarlo. No sabemos si está en México o no, ni siquiera si sigue vivo o está en Júpiter. Desde luego, para mí 713avo Amor es una gran referencia. Igual que nos pasa con la música experimental en general. Aquí en Murcia tenemos muy buena relación con la gente de Schwarz. Somos amigos, colaboramos y hacemos cosas juntos.

-Dígame, ¿cuál ha sido la reacción más extrema por parte del público en un concierto de Crudo Pimento?

-Como se suele decir, o nos amas o nos odias. Hay gente que se queda como gatos asustados, mirándonos, o gente que enloquece y hasta baila pogo, lo cual, viniendo del hardcore, es maravilloso. Y gente que se va, incluso ofendida. Bueno, en eso consiste, en provocar reacciones extremas.

Crudo Pimento actúa este miércoles 21 a las 21:30 en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Madre de Dios, 1). Entradas a 6 euros (3 euros para la comunidad universitaria).