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“Van saliendo nuevos grupos que hacen más o menos lo mismo, pero con otras caras”

Blas Fernández | 24 de febrero de 2017 a las 5:00

chinarro_1“Son grandes músicos, muy jóvenes, y me contagian su energía”, dice Antonio Luque, Sr. Chinarro, de la banda que ahora lo acompaña -el guitarrista Jaime Beltrán y el baterista Mario Fernández, del grupo granadino Pájaro Jack, y el bajista Mario Rodríguez-, el mismo grupo con el que grabó su décimo sexto álbum, El progreso (2016), producido por J (Los Planetas), y con el que este sábado actúa en el Teatro de Triana.

-¿Cuánto hace que no ofrece en Sevilla un concierto al uso?

-Pues no lo sé. Hace ya tiempo que no hago distinción de dónde estoy tocando… El año pasado tocamos en un evento publicitario o algo así, en el Muelle de Nueva York, frente a la antigua Fábrica de Tabacos. Fue en verano y hacía muchísimo calor. Y en el nuestro hizo menos, pero en el de Christina Rosenvinge, que fue el siguiente, creo… Casi se tuvo que ir al hospital. Esa genética del norte no aguanta.

-Sigue y déjate de hablar / De principios y finales / La historia no está ni bien ni mal / Son sólo efectos especiales. ¿Qué hay de autobiográfico en la canción que abre El progreso?

-Bueno… Todas las canciones tienen algo de autobiográfico, lo que pasa es que hay que fantasear un poco intentando montar una historia que se cierre en la propia canción. Luego la gente no sabe qué es ficción y qué realidad, pero esa frontera hace tiempo que dejó de tener sentido para mí.

-¿Toleramos mal la veteranía en el pop?

-Recuerdo cuando era un chaval y la profesora de francés nos ponía a Georges Moustaki. Yo pensaba “¿A mí qué me importa este tío con el pelo blanco?”. Ahora me veo en esas fotos en las que tengo el pelo largo y con canas y me digo “¿Por qué yo? ¿Por qué tengo que parecerme yo a Moustaki?”. Bueno, igual es que sus canciones también eran un poco rollo. No lo sé, porque no he vuelto a escucharlas. Creo que haciendo buenas canciones que transmitan vitalidad o ideas como nosotros podemos y todo ese rollo, la gente joven, que es la que va a los conciertos, las va a recibir bien sea cual sea el aspecto del cantante o del bajista o del baterista. Aunque, claro, hay que hacer buenas canciones. En realidad, la veteranía debería ayudar a eso, pero hay que contar también con la inspiración, que puede llegarle igual a un chaval de 20 años. Como dijo Dean Wareham en su libro Black Postcards, ningún tonto está libre de hacer un hit de vez en cuando. Se trata de que te salga alguno e ir tirando con eso.

-Pero es evidente que existe un cierto sector de público, y no necesariamente joven, que se pone en guardia ante el músico con una discografía amplia. Como preguntándose “¿Éste todavía sigue?”.

-Claro, siempre se quieren novedades. De todo se cansa uno. Van saliendo nuevos grupos que hacen más o menos lo mismo, pero con otras caras. Igual pasa con las actualizaciones de los teléfonos, que son más o menos los mismos, pero uno tiene la sensación de que… No sé… ¿Por qué la gente se deshace del iPhone 6 para pillarse el 7? “Es que es nuevo”. Pues así pasa con los grupos. Pero, insisto, por mucho que un grupo lleve 20 discos, si el vigésimo primero tiene calidad y varios hits, a la gente le va a gustar.

-Otro fenómeno observable en músicos, como usted, de larga trayectoria: llegados a cierto punto, recurren al molde, al canon, al patrón. En La fiebre del oro tiene un aire western; en Maravilla, el ritmo es de batucada… Y no es el primer álbum suyo en que esto ocurre…

-Pues concretamente la batucada en Maravilla y el aire Morricone en La fiebre del oro no son ideas mías, sino aportaciones de la gente con las que grabé el disco. Cuando entro en un estudio de grabación, si no siento que van a pasar cosas que no están previstas, que va a haber algo de diversión e improvisación, entonces no me interesa grabar. Para eso mejor grabar en directo y ya está. No me gusta entrar en el estudio con ese aire de solemnidad de “vamos a hacer algo grande”. No, yo quiero divertirme un poco. Cuando J sugirió meter lo de Morricone, me pareció divertido y, además, pegaba con la letra. Igual con el baterista, que había hecho cosas de música brasileña. Pensó que ese ritmo encajaba y a todos nos pareció divertido. En la música hay muchos patrones que puedes seguir. A mí me interesa la recombinación, sin llegar a hablar, por supuesto, de fusión y ese tipo de cosas. Sobre todo si uno se puede divertir.

-Quizás también sea una manera de cambiar, de hacer algo que, después de 16 discos, aún no haya hecho.

-Sí, pero de verdad que eso no me preocupa. Ahora estoy escribiendo canciones nuevas y lo que quiero es que suenen a Chinarro. No se trata de reinventarse al estilo de Madonna haciendo ahora un disco de techno y al siguiente otro de country. Entre otras cosas, porque para eso hace falta gente más capacitada que yo, que no tengo tantos recursos. Pero de pronto puede llegar el baterista nuevo y meter ese ritmo de batucada. Y queda bien y lo acepto. Hace tres discos, Babieca también tenía acordes con aires un poco brasileños. Jordi [Gil] ya le puso a San Antonio cierto aire bossa… Me parecía coherente dentro del historial de canciones de Chinarro. En el fondo, vas haciendo discos y ves que es bonito cómo se han ido integrando otras posibilidades que no son aquellas del noise-pop de los 90. Pero, vaya, tengo claro que por mi tono de voz, por mi manera de ser y por mi impronta metafísica, que diría alguno, lo que me queda mejor son las canciones con aire taciturno y un poco tristes.

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-En el disco se acredita a J la letra de El progreso. Creo que, versiones aparte, nunca había cantado en un álbum propio un texto que no fuera suyo…

-Bueno, esto es una frikada que casi no merece la pena recordar, pero en el primer disco, la versión de New Order [Leave Me Alone] tiene una letra distinta a la original, que escribió Jesús Llorente. Pero más allá de eso, creo que no. Respecto a El progreso… J tenía una idea musical y yo escribí una letra, pero no la terminé. Así que lo hizo él y yo cambié parte de la música. La letra es de los dos y creo que se ve claramente cuáles son sus frases y cuáles las mías, así que no lo voy a decir.

-En esa misma canción colabora Soleá Morente. ¿Cómo surgió esa posibilidad?

-Lo sugirió J mientras grabábamos. Creo que ha quedado muy bien, pero ahora el problema viene cuando tengo que cantarla en directo haciendo los dos papeles… No es fácil, no. Lo que hace Soleá no lo hace cualquiera.

-Ha tenido la oportunidad de trabajar con padre e hija. Con Enrique lo hizo en El rito, del disco El fuego amigo.

-Eso es un honor. En fin, no voy a descubrir yo a estas alturas quién era Enrique Morente.

-Hay una hermosa canción en El progreso, La ciudad provisional, en la que narra un viaje desde la ciudad en la que vive, Málaga, a esa otra en la que nació y creció. ¿Es una declaración de amor a Sevilla?

-Sí, de amor-odio. La verdad es que echo de menos Sevilla. Cualquier día hago la desbandá, pero de vuelta. Aunque el calor… Hace mucho calor. Se me baja la tensión y me pongo de muy mal humor. Fíjate lo que le pasó a Christina Rosenvinge… Bueno, en realidad siempre estoy de un lado a otro, así que no estoy en ninguno.

-El progreso resulta un disco particularmente calmado. ¿Responde eso a un estado de ánimo concreto?

-Entre el productor y nosotros decidimos darle ese aire taciturno que, como decía antes, es el de Chinarro. Cada disco sale como sale porque se hace en un momento concreto y con unas sensaciones concretas. Y además, también una vez más, coincidió con un cambio de banda justo antes de entrar a grabarlo. Con ellos ya he hecho un montón de conciertos y tenemos otra dinámica de trabajo que no existía cuando grabamos el disco y que va a dar otros frutos. De hecho, ya hemos grabado algunas canciones nuevas.

-El potro de tortura es parte de la diversión / La vida no es tan dura / Déjate de inquisiciones que no van contigo / Levántate el castigo. ¿Nos castigamos en exceso?

-Todo el rato, sin lugar a dudas. Y los que tenemos hijos lo sabemos bien. Ya vemos para qué sirve el sistema educativo y por qué se pelean tanto los políticos sobre la educación: porque no es educación, es castración. Se trata de tener a todo el mundo acojonado todo el tiempo. Y es difícil romper esa barrera y sentirse un poco libre. Vivimos en una sociedad en la que a poco que saques los pies del tiesto ya te tildan de loco. Y hay muchas cosas en juego.

-Han pasado ya cinco años desde su novela Exitus. ¿Está escribiendo?

-No, ya no voy a escribir más hasta que no tenga ganas de hacer conciertos. Mientras tenga ganas de ir con la guitarra por ahí… Un disco llega a mucha más gente, lo puedes poner en el spoti mientras friegas el suelo o te peinas. Eso no lo puedes hacer con un libro. Y luego… Se escucha más música que libros se leen. Aquí y en cualquier parte del mundo. Teniendo la capacidad de hacer las dos cosas, de momento elijo la música. Cuando ya sea un señor decrépito, si es que llego, cuando se me caiga el pelo o me vea ridículo con la guitarra, pues ya me pondré. En realidad, tenía una idea para una segunda novela, pero me pareció que eso me iba a tener concentrado durante un año y pico. Y un disco me permite hacer conciertos y tener mejores ingresos que escribiendo una novela, vaya. Te pegas un año y pico y te vuelves loco: empiezas a vivir la vida de tus personajes y abandonas la tuya por completo. Lo cual es muy liberador… Pero, por otro lado, abandonas el grupo. Eso explica el lapso de tiempo que hubo entre Ronroneando y Presidente. Tres años. Fue por la novela. Creo que me hubiera ido mejor haciendo más discos con aquella banda, pero bueno, me pegué el vacile de poder escribir una novela, que no tuvo malas críticas ni vendió mal tampoco.

Sr. Chinarro presenta El progreso este sábado a las 21:00 en el Teatro de Triana (Condes de Bustillo, 17). Grupo telonero: The Royal Landscaping Society. Entradas anticipadas a 12 euros.

“El mercado ha cambiado radicalmente: vuelven las canciones”

Blas Fernández | 16 de octubre de 2015 a las 5:00

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Anunciaron a finales del pasado julio su concierto de este viernes
en la fiesta de apertura de temporada del Teatro Central. Y menos de un mes después, cuando aún no había expirado agosto, las 700 entradas disponibles ya habían volado.

Se entiende tanta expectación: aunque hubo ocasión de ver a algunos de sus integrantes en varios de esos celebrados proyectos paralelos (Grupo de Expertos Solynive, Los Evangelistas…), Los Planetas no pisaban Sevilla desde 2010, cuando figuraron como cabezas de cartel del festival Territorios. “Las entradas para los pocos conciertos que hicimos antes del verano, en Granada, Bilbao, Madrid y Barcelona, también se agotaron muy rápido -dice J al otro lado del teléfono-. Habitualmente actuamos en sitios con más aforo o en festivales con muchísimo público. La movida fue que para tocar en Benicàssim nos exigieron que no lo hiciéramos antes en salas grandes. Pagaron bien, claro, pero con cláusula de exclusividad. Aunque tocar en sitios pequeños mola, eh… Tener al público cerca hace que ésos sean siempre los mejores conciertos, sin duda”.

A lo largo de 22 años de trayectoria, los que distan entre Medusa EP (1993) y las cuatro canciones de Dobles fatigas (2015), la banda granadina se convirtió en bastante más que uno de los escasos grupos supervivientes del indie español de los 90. Su influencia sigue vigente, aunque no guarde relación alguna con ese intrascendente pop con ínfulas que hoy suele usurpar la etiqueta. Bien al contrario, el de Los Planetas es un cancionero hercúleo que, amén de codificar un amplio sector de cierta memoria generacional, se instala por derecho propio en un puesto destacado de la historia del rock español. Eso explica, en buena medida, el interés por el retorno de la banda granadina, aunque J le quite algo de hierro al asunto. “Bueno, supongo que sientes satisfacción por el trabajo bien hecho -concede-. Siempre es agradecido que la gente lo reconozca. El público ha ido creciendo con el tiempo y ahora parece que tenemos más que nunca. Está bien, porque eso le da cierto sentido a lo que haces”.

Pero también cuenta, claro, la prolongada ausencia de la formación sobre los escenarios españoles, sobrevenida tras la gira de presentación de su último álbum hasta la fecha, Una ópera egipcia (2010). En ese periodo nacieron o crecieron las aventuras paralelas antes mencionadas. También otras, como Los Pilotos, el proyecto electrónico de Florent Muñoz y Banin Fraile, un nombre más en esa lista que junta y revuelve a Los Planetas en órbitas dispares. Como si, después de tantos años, se impusiera una desconexión, un replanteamiento o un reposo. “No. Lo que ocurre es que te vas liando con unas cosas y con otras -asegura J-. Hicimos el disco de Los Evangelistas, que fue una propuesta de Antonio Arias, los del Grupo de Expertos Solynieve… Son cosas que van surgiendo. Te metes en esos líos y vas dejando otras cosas de lado. Los Planetas requieren mucha concentración. Es un grupo mucho más… profesional. Mueve a mucha más gente. Y resulta más difícil poner las cosas en orden. Lo del Grupo de Expertos es algo más ligero, no tiene tanta parafernalia, es todo más sencillo”.

En realidad no lo es, sólo que ellos consiguen que lo parezca. En el periodo de oscurecimientos planetario, los Expertos, donde J coincide con otros músicos granadinos tan notables como Manu Ferrón, Víctor Lapido, Antonio Lomas y Miguel López, han facturado un hermoso segundo álbum (El eje de la tierra, 2012) y dos certeros epés (Colinas bermejas en 2014 y Lucro cesante este mismo año) que pulen y prolongan con auténtico brillo -dan buena prueba de ellos los recientes conciertos en el Monkey Week- su querencia por el folk-rock de aires sureños. El de aquí y el de allá. “Claro que hay mucho trabajo, está muy currado. Son músicos muy buenos y lo hacen todo muy bien. Pero quizás sea un rock más… estándar -aventura J-. Los Planetas son algo más complejo y con un sonido más peculiar, más difícil de conseguir”.

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Cuando ya flotaba la sensación de una desbandada sin reunión a corto plazo -apenas media decena de conciertos puntuales a lo largo de 2012 y 2013-, el pasado 2014 Los Planetas parecían emitir de nuevo verdaderas señales de vida con actuaciones en México, Perú, Argentina y España. El mecanismo volvía a ponerse en marcha, aunque el engranaje chirriara y las tensiones hicieran que Éric Jiménez desapareciera de los créditos durante una temporada. “La vida de un grupo es algo complicada, cinco personas entrelazadas… A veces pasan cosa que… -intenta explicar J-. Éric estuvo muy liado con la apertura de su bar en Granada. Nunca teníamos tiempo para juntarnos. Queríamos hacer cosas y no terminábamos de contactar con él, así que decidimos probar con otra gente. De hecho, no toca en Dobles fatigas… Todo se va enredando, así que tienes que encontrar la manera de que todo el mundo coincida en los mismos intereses y le vea a las cosas el mismo sentido”.

Afortunadamente las tensiones se disiparon: aunque no formara parte de la banda original, cuesta imaginarse hoy a Los Planetas sin su pegada. “Bueno, ya sabemos cómo es Éric como batería, un músico excepcional con un estilo muy marcado, con una forma de tocar muy suya, muy difícil de imitar. Nadie va sonar como él -considera J-. Pienso que a veces necesita comprometerse algo más, aunque también creo que ahora tiene un compromiso mayor que en otras épocas”.

Para sorpresa casi general, el esperado retorno no se concretó con el proverbial álbum, sino con el mencionado epé Dobles fatigas, publicado, cambio de discográfica mediante, por El Seguell del Primavera, el sello del festival Primavera Sound. “Es lo que hablábamos antes -dice J-. Es más fácil hacer coincidir a cinco personas para grabar cuatro canciones que para grabar diez. Un álbum requiere más tiempo, más organización, es algo más complejo. Un epé es algo sencillo. Y me resulta un formato muy interesante para estos tiempos de avalancha de información y nuevos lanzamientos. Ni siquiera yo tengo tiempo de escuchar todos los discos que me interesan. Creo que últimamente tendemos a coger las dos canciones que más nos gustan de cada disco y a meterlas en una lista de reproducción. Escuchar un LP, que es siempre un concepto más elaborado, es un ejercicio que requiere de mayor concentración”.

Sea por una u otra razón, la falta de un tiempo ocupado en proyectos paralelos o un replanteamiento de estrategia, es exactamente la misma fórmula empleada por el Grupo de Expertos Solynieve, con dos epés lanzados en un periodo de escasos meses. “El mercado ha cambiado radicalmente: vuelven las canciones, que tienen un efecto más rápido. Y en un álbum siempre van a estar más escondidas. Aunque la verdad -reconoce J- es que sólo teníamos seis nuevas, hechas durante los últimos años en ratos sueltos. Cogimos cuatro y decidimos sacar el epé, a ver qué pasaba. Tenemos tres nuevas más que ya están grabadas y ahora estamos mezclando, así que, seguramente, sacaremos otro epé”.

Junto a una rabiosa e inicial descarga -El duendecillo verde: se admiten apuestas sobre el destinatario de semejante bilis-, Dobles fatigas ofrece sendas incursiones en la faceta más lisérgica de Los Planetas -Motores de combustión y Estadística- y ahonda en ese cruce entre psicodelia y flamenco explorado con ahínco desde el monumental La leyenda del espacio (2007). Porque, para alegría de unos y escarnio de otros -incluidos puristas de antiguo y nuevo cuño-, versionan Heroína, la célebre bulería del desparecido cantaor jerezano Juan El Torta, con versos que algunos atribuían a Tabletom y otros, aún más despistados, a Extremoduro. Me estoy quitando / me estoy quitando / Sólo me meto de vez en cuando… “Es que esos versos no están en ningún disco, sino en una grabación antigua del Torta para Televisión Española, que fue de donde los sacamos nosotros”, aclara.

¿Y qué fue lo que les llamó la atención de aquella bulería? ¿Su temática? ¿Le veían a priori una lectura psicodélica? “Hombre, es una canción muy psicodélica. Es exactamente lo mismo que dicen Spaceman 3 en discos como The Perfect Prescription -alude J citando a uno de sus grupos de cabecera-. En serio, tienen letras que son prácticamente idénticas”.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 15)

Blas Fernández | 9 de octubre de 2014 a las 5:00

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El Podcast de La Ventana Pop
se abre en esta ocasión con un recuerdo al desaparecido baterista Fernando Cañas, fallecido justo cuando estaba a punto de editarse el primer trabajo de su nueva formación, Fino Winos.

Por otro lado, la inminente celebración del Monkey Week, que arranca mañana en El Puerto de Santa María, nos da pie a escuchar canciones de los nuevos trabajos de Cabezafuego (Camina conmigo), Chencho Fernández (Dadá estuvo aquí) y Hi Corea! (Odd Nature). Por el mismo festival pasará también Montgomery, último proyecto comandado por Miguel Marín (Árbol), formación encargada además de inaugurar la XXI edición del Mes de Danza de Sevilla.

Suenan también los barceloneses Cobarde y los sevillanos I Am Dive, a punto de poner en circulación su segundo álbum, Wolves. Y despedimos con dos discos de versiones: Bajo un cielo prehistórico, el homenaje a The Church, y Unidad y armonía, el tributo que diversos músicos granadinos rinen a Los Módulos.

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Fino Winos: Burning Man

2.-Cabezafuego: Meteoritos

3.-Cabezafuego: De niña a mujer

4.-Chencho Fernández: La estación del Prado

5.-Chencho Fernández: Muchacha rural

6.-Hi Corea!: The Cave

7.-Hi Corea!: White City

8.-Cobarde: Amor patada

9.-I Am Dive: Wolves

10.-Montgomery: She didn’t come home

11.-All La Glory: Reptile

12.-Los Jaguares de la Bahía: Unguarded Moment

13.-Homenaje a Los Módulos: Sólo tú (con Antonio Arias)

14.-Homenaje a Los Módulos: Perdido en los recuerdos (con J)

“Subvencionar el flamenco es asimilarlo a la cultura dominante”

Blas Fernández | 21 de diciembre de 2009 a las 11:19

Foto: Jesús Ochando

Foto: Jesús Ochando

Con La leyenda del espacio (Sony-BMG, 2006) la banda granadina Los Planetas dio una inesperada vuelta de tuerca a su trayectoria realizando un singular acercamiento a la métrica y las armonías del flamenco desde la perspectiva de un grupo de indie-rock. Su nuevo disco, el epé Cuatro palos, persevera en esa misma línea y avanza la dirección de su nueva entrega larga, prevista para febrero de 2010. J responde.

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