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“El músico medio de clásica es muy cuadriculado”

Blas Fernández | 13 de junio de 2014 a las 5:00

Foto: Beatriz Carmona

Nacido en Madrid “por accidente”, Marco Serrato, sevillano del 78, es conocido en los ambientes melómanos por su trabajo en Orthodox, esa banda de heavy metal atípico –más por convicción que por sonoridad– requerida en espectáculos del bailaor Israel Galván y receptora de ininterrumpidos parabienes por parte de un iconoclasta tan ilustre como el británico Julian Cope. Pero el contrabajo de Serrato no sólo suena en Orthodox. Implicado en múltiples proyectos de carácter experimental –Hidden Forces Trio, Sputnik Trio, Jacob…– o lúdico –Monstermind–, ahora deja el protagonismo absoluto a las cuatro cuerdas en su primer disco bajo nombre propio, Seis canciones para Cuervo (Alone Records), un registro duro, de escucha difícil; también de esos que dejan encogido el corazón del oyente.

–Solo contrabajo. ¿Por qué?

–Bueno, en el jazz y en la improvisación libre no resulta tan raro, aunque supongo que para el oyente medio de metal o de pop será un disco prácticamente inaccesible. Viene de las horas y horas que he pasado solo ensayando. De eso y de las ganas, después de estar metido en tantos proyectos colectivos, de hacer algo donde yo fuera el único responsable, donde no tuviera que consensuar nada con nadie. La democracia también cansa.

–Se intuye que es un disco de carácter narrativo. ¿A partir de alguna experiencia concreta?

–Sí, demasiado íntima para hablar de ella. Ha sido como practicar un exorcismo. Además, sentía cierta conexión con Cuervo, de Ted Hughes, mi libro de poesía favorito. Es un libro muy negro, pero que a él le sirvió para superar la situación que vivió con Sylvia Plath, su suicidio. Lo mío no se puede ni comparar, claro, pero era también un poco poner banda sonora a ese libro, que me había acompañado durante tanto tiempo. Identifico a Cuervo con la negrura de la experiencia que viví. Es la manera de darle su espacio en mi vida, de aprender a convivir con él.

–Apenas se permite algún truco propio del estudio de grabación, como overdubs

–Llevaba dos o tres años dándole vueltas a la idea de hacer un disco así. Lo iba imaginando, luego lo pasé al papel… Pero antes de empezar a grabar sucedieron varias cosas: tocar en el Conservatorio una obra de Cristóbal Halffter, de la que cogí varias ideas, sobre todo texturas; tocar con Hidden Forces piezas de improvisación libre; descubrir a Simon H. Fell, uno de los músicos que más enganchado me tienen últimamente… Todo eso me fue ayudando a poner en pie el disco.

–Usted es músico con formación académica.

–Bueno, he estudiado en el Conservatorio, pero mi formación no es clásica. Comencé a estudiar música cuando tenía 23 o 24 años, y sin embargo tocaba desde los 14. Así que, aunque me haya aportado herramientas muy útiles, mi formación está en el metal y en el rock. Eso no lo ha sustituido el Conservatorio: Oh, ahora ya he descubierto a Ligeti o a Stravinsky y lo demás no me interesa. Eso es una tontería.

–¿Saben allí de su trabajo?

–La verdad es que no lo aireo mucho. Tendría que explicarlo, y sería como explicárselo a alguien que escuche reguetón. Tengo algunos compañeros que conocen mi música y les gusta; para otros, es esa cosa rara que tú haces… Incluso en Orthodox nos hemos relacionado con músicos académicos a través de espectáculos como el de Israel Galván, en el que también estaba implicado Proyecto Lorca, que son profesores de Conservatorio. Les gusta, entran al trapo porque también les gusta la contemporánea y la improvisación libre. Ese tipo de músico sí está predispuesto, pero el músico medio de clásica es muy cuadriculado. Ni siquiera está predispuestos a intentar entender a un músico académico del siglo XX o el XXI. Les pones a Ligeti, que es ya como hablar de Beethoven, y les sigue costando. Es como ese heavy cuadriculado con el chándal del Sevilla que no sale de Iron Maiden y AC/DC. A ése no le vas a poder vender la moto de Orthodox.

–¿Se considera un heavy atípico o la prueba viviente de los muchos prejuicios en torno al género?

–Ja, ja… Me gustaría pensar que lo segundo, aunque es obvio que soy lo primero.

Foto: La Pinza Creaciones Fotográficas

Foto: La Pinza Creaciones Fotográficas

–Descontando rarezas y recopilaciones, desde la publicación de Baal, en 2011, cuarto disco oficial, no tenemos nuevo trabajo de Orthodox. ¿Qué ocurre?

–Estamos algo parados por las circunstancias vitales de cada uno. El primer tirón de Orthodox fue intenso, casi a disco por año. Llegó un momento en el que estábamos un poco saturados. Por primera vez en mucho tiempo, a la hora de componer, teníamos sensación de atasco creativo. Ideas hay, porque las estamos sacando por otros lados, no nos hemos quedado en blanco. Pero bueno, no sentimos ninguna presión.

–Sí, pero llama la atención que dejen aparcado justo el proyecto con el que han logrado mayor repercusión internacional…

–Creo que eso va con nuestra naturaleza… ¡estúpida! Ja, ja.. Enfocarnos más en lo que menos nos reporta, para pasar hambre… Los demás proyectos se han beneficiado un poco de Orthodox. Si no hubiera sido por eso, probablemente nadie hubiera prestado atención a Hidden Forces o a lo que acabo de hacer en solitario. Somos conscientes de que es el grupo al que hay más gente esperando. Si yo hago mañana otro disco en solitario a la gente le va a dar igual, y lo sé, pero por Orthodox siempre nos preguntan. Nosotros mismos lo echamos de menos. Ya hay ganas.

–¿Y cómo será el nuevo álbum de Orthodox?

–Ja, ja… Nosotros estamos igual. Creo que nos gustaría hacer algo que englobara todo lo que hasta ahora hemos hecho por partes. Es algo que ya conseguimos de alguna manera en Amanecer en Puerta Oscura, que engloba eso que estaba antes más fragmentado: nuestro lado metalero, el más experimental con instrumentación jazzística… Creo que nos gustaría hacer otra vez algo así, pero una cosa es lo que tenemos en mente y otra lo que pueda salir. Igual nos sale un disco de hardcore.

–Resulta curioso comprobar cómo los discos de Orthodox han calado entre públicos dispares, gente que escucha metal, pero también oyentes de contemporánea, jazz o rock independiente…

–Creo que cada público tiene un poco su disco. Hay quien prefiere Gran Poder y quien prefiere Sentencia. Supongo que debe ser una cuestión de sensibilidad. Creo que lo que transmite Orthodox, por encima de etiquetas como metal o pop, es libertad creativa. Y eso a la gente con sensibilidad, a la que le gusta la música, le pega. A mí me pasa como oyente con muchos grupos, cosas de krautrock o de improvisación libre que, sólo por tomar el riesgo, ya me predisponen favorablemente, aunque algunos de sus experimentos fallen. Que el conjunto te transmita esa libertad, esa honestidad, creo que es lo que hace que enganchemos con gente tan distinta.

–Desde Baal aquí no ha habido nuevo disco oficial de Orthodox, pero sí varios proyectos en los que ha estado implicado. Por ejemplo, Hidden Forces Trio,  junto al clarinetista Gustavo Domingo y al baterista Borja Díaz (Orthodox, Blooming Látigo).

–Hidden Forces comenzó con Borja y con Gustavo, que es a quien llamamos cada vez que necesitamos un viento en Orthodox. De hecho, tocó en Amanecer y en Sentencia. Luego comenzaron a tocar ellos dos, que son amigos desde la infancia, y más tarde me acoplé yo con el contrabajo. Ahí las inquietudes van más por el jazz y la improvisación libre, aunque creo que muchas de las cosas que hacemos encajarían también perfectamente en Orthodox. Creo que con Orthodox, pese a todo esa libertad de la que hablaba antes, los conceptos están muy atados, con una densidad específica. Y Hidden Forces, en ese sentido, tiene un punto más artesanal. Queríamos tocar y dejarnos llevar de una forma más relajada.

–¿Y Jacob?

–Jacob viene de mi amistad con David Cordero. Ahora estamos los dos muy liados, él con Viento Smith y otras historias, pero es un proyecto que podemos retomar en cualquier momento. Tampoco hay presión: no tenemos masas de fans reclamando un segundo disco. Lo haremos cuando se alineen los astros, que no sé cuando será.

–Muy diferente resulta su participación en Monstermind…

Sí, ja, ja… En Monstermind el principal compositor es un amigo de hace mucho tiempo al que lo que le va es el metal ochentero, Michael Jackson y los videojuegos de la Sega Mega Drive. Arcade Metal lo llamamos nosotros [más risas]. Eso sí se sale un poco de mi línea habitual, pero estoy tan en mi mundo, tocando solo, que me viene bien algo así: tocar riffs me pone las pilas.

–Si le cito los nombres de Julian Cope e Israel Galván, ¿que se le viene a la cabeza?

Julian Cope nos dio una inyección de autoestima muy grande cuando empezó a escribir sobre Orthodox en su web. Y sigue apoyándonos, tanto a Orthodox como a nuestro proyectos paralelos o en solitario. Además, es el tipo de artista que a nosotros nos inspira, que transmite libertad. No le da miedo probar. Ya quisieran muchos de su quinta. Para nosotros ha sido un apoyo fundamental. Supongo que sin su ayuda, por ejemplo, Southern Lord no habría editado nuestros dos primeros discos. E Israel Galván… Estar a su lado es estar al lado de un artista de verdad, libre. Creo que con él pasa lo mismo que antes decía de Orthodox: a mí el baile flamenco no me interesa especialmente, pero llega Israel y lo disfruto. Es por esa cuestión de sensibilidad, porque te transmite, porque se está expresando a través del baile. Da igual que sepas o no de flamenco: te llega.

Marco Serrato presenta Seis canciones para Cuervo hoy, viernes 13, a las 20:00 en FNAC Sevilla.

Un ‘Electrochock’ muy ‘orgánico’

Blas Fernández | 28 de mayo de 2013 a las 12:29

En la imagen, la actual formación de Balago.

El Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus) ha confirmado ya los tres nombres que este año configuran el cartel de Electrochock(US), el miniciclo dedicado a músicas electrónicas y experimentales, que en esta ocasión se celebrará en la sede del centro (c/Madre de Dios, nº 1) durante los días 13, 14 y 15 de junio.

Como ya ocurriera en otras ediciones, y en consonancia con cierto proceso de naturalización, la electrónica aparece imbricada en propuestas que también reivindican su carácter orgánico sin anteponer uno a otro factor. Es justo el caso de los elegidos, los sevillanos Jacob, los catalanes Balago y el francés afincado en Madrid Olivier Arson, alias Territoire.

Jacob, el dúo integrado por David Cordero y Marco Serrato (Orthodox), será el encargado de abrir fuego el jueves 13. Tras protagonizar la primera referencia del sello local Knocturne Records, remezclando tres cortes de sus colegas Blooming Látigo, supondrá una nueva oportunidad de comprobar cómo respiran en vivo los seis títulos de The Ominous, su álbum para la escudería estadounidense Utech Records.

Balago (viernes 14) llegarán para presentarnos Darder (2013), quinto, último y notable capítulo hasta la fecha de una trayectoria iniciada en 2001 con Erm y que ha ido mutando en similar medida que lo hacía la propia formación, con David Crespo como único componente original de la banda, completada hoy por Guim Serradesanferm y Roger Crespo. Curiosamente, es el único de los tres grupos convocados en el que la electrónica ha ido ganando peso a cada entrega.

Territoire (sábado 15) es la nueva identidad de Olivier Arson, debutante en 2009 con Sorger était allé dehors, comme après un triomphe, firmado entonces como The Folding and The Point, y autor el pasado 2012 de Mandorle. Las diferencias entre uno y otro son notables, aunque ambos denotan el carácter explorador de su artífice: en el primero imperaba el ambient de factura electrónica; en el segundo, por contra, se rodeó de colaboradores variopintos -de Miguel Marín (Árbol) a Abel Hernández (El Hijo), entre tantos otros- para deambular por pasajes bastante más oscuros. Los fans de McEnroe ya sabrán, además, que se incorporó al grupo vasco y fue el productor de su último disco, Las orillas (2012).

Todos los conciertos comenzarán a las 22:30 y las entradas diarias tendrán un precio de 6 euros para el público general y de 3 euros para integrantes de la comunidad universitaria. También se pondrá a la venta un abono para los tres días al precio de 12 euros para el público general y de 6 euros para integrantes de la comunidad universitaria.

Señales desde el lado oscuro

Blas Fernández | 16 de marzo de 2013 a las 5:00

Jacob. / Foto: Cristo Ramírez

“Son esas ideas que nos surgen y que quizás no encuentran cabida en nuestras discografías oficiales. Tenemos muy claro que somos y queremos ser un sello pequeño, de ediciones limitadas, y eso nos da pie a plantearnos cosas más arriesgadas”, explica David Cordero respecto a Knockturne Records, un singular sello discográfico sevillano recién estrenado con sendas referencias oscuras: Jacob meets Blooming Látigo, CD con tres remezclas de cortes incluidos en el único álbum de los segundos, y Der Fliegende Holländer, otros tres cortes, en intimidante directo registrado en la sala del mismo nombre, a cargo de los siempre pujantes Orthodox y publicado en… ¡cassette! “Vemos qué queremos sacar y analizamos el posible formato -explica Cordero-. Creo que no tiene mucho sentido sacar tres canciones Orthodox en un CD. En los pocos días que el sello lleva activo la cassette está barriendo en ventas al CD. Y casi todas se han vendido fuera de España. Además, sinceramente, es muy económico. Hoy en día, la poco gente que compra música no quiere cedés, sino formatos diferentes. Por desgracia el vinilo ha incrementado mucho sus costes. Ya nos gustaría sacarlos, pero por ahora nos conformamos con cosas pequeñas. Y ya que los sonidos son extraños, vamos a hacerlo en formatos extraños”.

Blooming Látigo. / Foto: Daniel Rejano

Formatos extraños, incluida esa cassette convertida desde hace unos años en simbólico artefacto de resistencia -y a la que hoy se reenganchan incluso escuderías independientes de gran calado-, y tiradas limitadas. Limitadísimas: 300 copias en el caso de Jacob meets Blooming Látigo y apenas 100 en el de Der Fliegende Holländer. Que, literalmente, vuelan. “Claro, salir con Orthodox desde el principio despierta interés. Y ellos encantados, porque les gusta hacer este tipo de cosas. Son tan fetichistas como todos nosotros y les gusta conseguir ediciones raras y limitadas”, reconoce Cordero aludiendo a la proyección del trío en el circuito underground internacional, una apuesta para connoisseurs adictos al objeto que, además, perfila con claridad los márgenes estéticos de Knockturne: grupos oscuros, proclives a una vertiente de la experimentación con base rock en la que igual confluyen mentes inquietas procedentes de la escena del metal inclasificable -los propios Orthodox, Blooming Látigo o Monkey Priest- que francotiradores precozmente desligados del indie especulativo -Cordero, ahora en Jacob, atesora una amplia discografía como Úrsula y su nombre también figura en alguna banda sonora tan interesante como la de Seis puntos sobre Emma, la película de Roberto Pérez Toledo-. Y todos, a su vez, coinciden en Sevilla. “Más que parte de una escena, creo que nos hemos dado cuenta de que, sin pretenderlo, formamos parte de una comuna. En Jacob hay un componente de Orthodox; en Blooming Látigo también… Somos un grupo de personas del que van surgiendo proyectos diferentes”, explica de esta célula creativa, a la que se suman desde la logística de Knockturne Pedro Román -integrante a su vez de grupos como Monkey Priest y Tentudía- y Francisco López -discjockeyimprevisible, cronista ocasional, antaño promotor bajo el sello colectivo de Producciones Informales-.

Aunque en origen, está la convicción de Cordero de asistir a algo grande e inédito. “Fui a ver un concierto de Blooming Látigo con su nueva formación, con la que grabaron el álbum, y me quedé sorprendido –recuerda–. Hacía bastante tiempo que un grupo de por aquí no me dejaba en directo con la boca abierta. Los conocía y les dije que me había gustado mucho su disco. Me pidieron que les hiciera alguna remezcla, y les remezclé el disco entero. Cuando conseguimos terminar las tres canciones que van en el primer epé comenzamos a moverlo, pero nadie se interesó. Así que llegas la conclusión: ¿por qué no lo muevo yo? Ya era hora. Siempre había tenido la idea de montar mi pequeño sello, pero no tenía claro qué sacar. Ahora sí”.

Orthodox. / Foto: Daniel López

Tan claro lo tiene, y lo tienen, que ya preparan nuevas referencias. La tercera será una cassette en directo Jacob, el complemento al primer álbum del dúo que Cordero comparte con Marco Serrato (Orthodox), un disco de edición inminente a cargo del sello norteamericano Utech Records. Y en la recámara inmediata aguardan otros dos proyectos. “Sí -afirma David-, hay un par de bandas en activo a las que tenemos muchas, muchas ganas de pillar… No sabemos cuándo lo vamos sacar ni cómo ni qué, pero nos gustaría editar a Pylar, que son muy peculiares, y a Malheur, que están en una onda entre krautrock, post-rock y el rollo de Miles Davies en su época más psicodélica. Es un trío de guitarra-bajo-batería impresionante”.

Con venta casi exclusiva a través de la web del sello -y a precios más que ajustados: siete euros incluyendo gastos de envío postal dentro de España-, Knockturne Records prepara también su puesta de largo oficial con una fiesta de presentación el próximo 5 de abril en la sala El Holandés Errante, ocasión para certificar los imponentes directos de las bandas de su catálogo y para hacerse con sus títulos. “Nuestra filosofía es vender los discos muy baratos. No tenemos mentalidad empresarial -confiesa David-, sólo aspiramos a poder seguir sacando cosas interesantes. Sin arruinarnos, obviamente. Así que la intención como sello es ir consiguiendo fondos para publicar la siguiente referencia”.