HOME. Peter Broderick. Bella Union / Hush / Type. Pop / Folk. LP / CD
Músico colaborador en discos de otros –She & Him, Efterklang, M. Ward, Dolorean…–, Peter Broderick, norteamericano de Portland hoy residente en Dinamarca, contaba con un par de referencias previas a este muy recomendable Home –el miniálbum de piano solo Docile y Float, ambos editados el pasado 2007–, con el que parece haber dejado a un lado las teclas y redirigido sus pasos hacia un folk de delicadeza extrema y equívoca fragilidad: en realidad, sus evanescentes canciones se mantienen sobre sólidas estructuras armónicas en las que la guitarra manda y el armonio o el xilófono embellecen. Su voz, susurrante pero limpia, termina de cuadrar el hermoso círculo. Leer el resto del artículo »
El hard-rock, las inclinaciones psicodelizantes, el gusto por los largos desarrollos instrumentales partiendo de estructuras improvisatorias propias del jazz y la influencia del folk-pop de los 60 son algunas de las claves, quizás las principales, manejadas por Motorpsycho a lo largo de su ya muy dilatada trayectoria.
La banda noruega, procedente de la costera ciudad de Trondheim y con una formación cambiante sólo inalterada en su núcleo duro, el integrado por el bajista y vocalista Bent Sæther y el también cantante y guitarrista Hans Magnus Snah Ryan, lleva en activo desde 1989. A lo largo de todo ese tiempo ha facturado la friolera de catorce álbumes, un disco compuesto e interpretado junto a la sección de metales de Jagga Jazzist –el fascinante In The Fishtank (2003)–, dos títulos oficiales en vivo y un número difícilmente cuantificable de sencillos y epés –incluido un split-single con el inefable Alice Cooper–.
En el ahora trío, completado desde el año pasado por el baterista Kenneth Kapstad, todo parece apuntar al exceso, incluido el talento. Su torrencial producción tiende a buscar acomodo en los discos dobles y, en el caso del vinilo, formato mimado por el grupo con especial dedicación, hasta triples. Pero por encima de esa agradecida incontinencia prevalece una comprobada voluntad de no ceñirse a ningún género concreto más allá de su identidad rock y de mantener intacta la capacidad de explorar estilos diversos.
Quizás esa decisión haya minimizado el impacto público de su obra jugando al despiste –el sector heavy de su audiencia difícilmente podría encajar el desbordante genio pop de silueta postista mostrado en álbumes como Let Them Eat Cake (2000) y Phanerothyme (2001), palabras mayores en su vasta discografía–, pero al mismo tiempo ha proporcionado a la banda el margen de movimiento necesario para ensayar distintos enfoques y dar con hallazgos memorables.
Así, tras el muy notable Black Hole / Black Canvas (2006), donde la vertiente hard-rock ganaba posiciones frente al gusto por la ornamentación melódica pop y la especulación instrumental de tinte experimental sin llegar a desplazar por completo ambos factores, el muy ambicioso Little Lucid Moments apuesta ahora por conjugar justo esas tres direcciones ofreciendo en una hora sólo cuatro cortes de duración aparentemente desproporcionada: el homónimo Little Lucid Moments (21’06”), Year Zero (A Damage (Report) (11’26”), She Left on The Sun Ship (14’25”) y The Alchemyst (12’27”).
Antes de asustarse convendría recordar que, de Neil Young a Godspeed You! Black Emperor, por poner ejemplos premeditadamente distantes, la propensión a estirar el tiempo ha sido una constante para muchos músicos de rock desde, al menos, mediados de la década de los 60. Los propios Motorpsycho lo habían hecho con asiduidad en ocasiones anteriores, aunque a menudo como consecuencia de las referencias jazzísticas antes mencionadas. Sin embargo, en la nueva entrega no es estrictamente así. Sus cuatro cortes articulan cuatro macrocanciones con brillantes desarrollos melódicos en sus cuidados juegos vocales, remitentes sin coartadas a Crosby, Stills, Nash & Young, sobre guitarras capaces de ponerle los dientes largos al mismo J Mascis.
Conviene también, en cualquier caso, no terminar sin una advertencia. Si uno entra en contacto ahora, por primera vez, con la música de Motorpsycho, Little Lucid Moments no es el disco idóneo para introducirse en su singular discografía. Quizás sea mejor revisar antes los títulos ya mencionados en esta reseña u otros como Blissard (1995), Barracuda (2001) o It’s a Love Cult (2002). A partir de ahí, descubiertas las claves que citaba al comienzo, es como la última entrega de la incansable formación se disfruta en su integridad.
Les dejo un par de vídeos, uno incompleto de The Other Fool (le falta la fantástica coda final), procedente de Let Them Eat Cake…
…y otro de The Slow Phaseout, de Phanerothyme. Que los disfruten, si es que no los conocían.
Inmerso en el periodismo y la crítica musical desde comienzos de los años 80, Blas Fernández ha trabajado en diversos programas de radio y televisión y firmado múltiples artículos en revistas especializadas y prensa generalista. Desde 1999 es redactor de Cultura del Grupo Joly, donde además mantiene una página semanal de crítica discográfica.