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Nuevas etiquetas para el incombustible ‘soul’

Blas Fernández | 9 de marzo de 2017 a las 5:00

John Grvy, en una imagen promocional. / Miqui Brightside

John Grvy, en una imagen promocional. / Miqui Brightside

“Desde de la adolescencia siempre había hecho música, aunque hasta un año antes de sacar Mad on Her no me lo había tomado tan en serio. En realidad, tampoco sabía muy bien por dónde tirar. Por casualidad conocí a un amigo promotor en la Universidad e hice un concierto aquí, en Madrid, y me gustó muchísimo la sensación de tocar en directo para la gente”, explica John Grvy de sus inicios y, en particular, de aquel primer sencillo editado en 2014, recibido como una afortunada anomalía en el panorama del pop español.

Porque Junior Esemuede Edward, madrileño de ascendencia nigeriana, factura canciones que apenas encuentran paralelismo en nuestra escena: es música vocal, eminentemente electrónica, que contiene ecos del dubstep, aunque estrictamente no cabría encuadrarla ahí; también mantiene conexiones con el trap y el chillwave, pero tampoco lo es. Se impone el neologismo: neosoul, post-soul… “No me gustan las etiquetas, aunque entiendo que son útiles, necesarias para que la gente se oriente -comenta John-. La de post-soul me la puso Tomás Fernando Flores [Radio 3] hace tres años y, la verdad, es que me hizo mucha gracia. No me sentía cómodo con las ya inventadas, R&B, etcétera, y lo de post-soul me pareció más ajustado”.

Otros dos sencillos editados ese mismo año precedieron a 199X, un notable epé con cinco cortes, también disponible en versión remixes -“Algunas remezclas las hicieron amigos y otras gente que me gustaba, como los malagueños BSN Posse, que me encantan y suenan increíbles”-, que servía al músico para esquivar, de momento, una entrega en largo. “Sólo vas a sacar un primer disco una vez en la vida y hay que hacerlo en el momento adecuado. Supongo además que tampoco me sentía preparado para lanzarme a un primer álbum -explica-. Hasta ahora he estado bastante cómodo con estos formatos, singles y epés”.

Eso, hasta ahora. Grvy acaricia por fin la idea de enfrentarse al formato extendido -“Sí, ya estoy en ello. Creo que lo grabaremos este año”-, aunque en la recámara aún aguarda un nuevo epé, avanzado en 2016 con Faded Away y con publicación prevista para el próximo mes de abril. “Las cosas han ido sucediendo así, con naturalidad -considera-. El año pasado tuve la suerte de que Red Bull me ofreciera la oportunidad de grabar en su estudio de Santa Mónica. Un mes antes había ido a Estados Unidos por primera vez, para tocar en el South By Southwest, y California me pareció completamente distinta del sur de Texas. Fue increíble. Hasta entonces no sabía bien qué iba a pasar. Iba haciendo canciones y tocándolas en directo, desarrollando el proyecto, por decirlo así. Pero a partir de ese momento lo vi claro”.

Bien recibido en escenarios nacionales, pero también de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Austria, descarta sentirse en territorio de nadie. “Que no haya nadie haciendo esto es a la vez, creo, un handicap y una virtud -afirma-. También es una de las razones por las que intentamos salir a tocar fuera. Ahora venimos de tocar en Islandia, en el Sónar de Reikiavik. No sé, creo que la gente lo entiende más fuera que aquí, en España. Aunque no me parece mal que no haya nadie haciéndolo. Alguien tenía que ser el primero. Pero no, no me siento en tierra de nadie, sino influido por todo: por el indie, por la electrónica, por el trap…”.

Precisamente de esta última escena proceden los músicos que ahora lo acompañan en directo. “Voy con Álex y con Pablo, de LWLGHT, uno de esos vínculos con el mundo del trap. Son productores gallegos afincados en Madrid que trabajan mucho con gente como Yung Beef. Es un show de electrónica que a la vez parece de trap. Muy animado. Tenemos un montón de cacharros en el escenario. Va a ser muy divertido y distinto, no sólo por la música, también por el formato de concierto”.

Grvy se entusiasma al hablar del contacto con el público, un llamativo y agradecido contraste para una música que, vaya, arrastra inmerecidamente el calificativo de estudio. “Sí, es cierto. Pero digamos que al final, como comentaba antes, lo que me motiva al cien por cien es ver la cara de la gente en los directos. Lo que más me llena es tocar”, concluye.

John Grvy actúa esta noche a las 22:00 en la Sala X (José Díaz, 7). Entradas a 7 euros en venta anticipada y 10 euros en taquilla.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 33)

Blas Fernández | 18 de junio de 2015 a las 5:00

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Llegamos al último programa de la temporada con el avance de varios discos andaluces que estarán disponibles a la vuelta del verano. Es el caso de los firmados por los gaditanos Gentemayor y Perlita, los malagueños Hungry Butterfly y los sevillanos Tremolina. Dedicamos también un tramo del podcast a tres recomendables referencias editadas al otro lado del Atlántico: Flora, de los colombianos Pedrina y Río; Mala madre, de la chilena Camila Moreno (en la imagen), y Quema Quema Quema, de los peruanos Kanaku y El Tigre (a los dos primeros se les podrá escuchar pronto en directo en España dentro del cartel del Festival Charco). Más conciertos: Pelo Mono y Holögrama en Sevilla; Santacruz en el Anfi-Rock Sound Festival y Chencho Fernández haciendo doblete en Isla Cristina y en el DV 2015 de Ronda.

¡Volvemos en septiembre!

Como siempre, puede escuchar El Podcast de La Ventana Pop en el reproductor bajo estas líneas o, también, en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Pelo Mono: Apertura de ataúd en Re menor

2.-Tremolina: 70 Times Calypso

3.-Tremolina: Cold, So Cold

4.-Chencho Fernández: Si alguna vez mueres joven

5.-Santacruz: El milagro

6.-Pedrina y Río: Canción de Eli

7.-Pedrina y Río: Enamorada

8.-Camila Moreno: No parar de cerrar

9.-Camila Moreno: Libres y estúpidos

10.-Kanaku y El Tigre: Si te mueres mañana

11.-Gentemayor: Sex & Tobacco (Aina’s Way of Life)

12.-Perlita: Romance

13.-Hungry Butterfly: Un día especial

14.-Holögrama: In Your Head

“Somos los que somos”

Blas Fernández | 15 de mayo de 2015 a las 5:00

De izquierda a derecha, Albert Guàrdia, Wences Aparicio y Artur Estrada. / Foto: Alberto Polo

De izquierda a derecha, Albert Guàrdia, Wences Aparicio y Artur Estrada. / Foto: Alberto Polo

Con tres álbumes y un reguero de sencillos editados entre 1991 y 2001, la banda barcelonesa Aina, acaso una de las más emblemáticas en el catálogo del ya veterano sello BCore, protagonizó una de esas atípicas trayectorias con notable repercusión en los circuitos underground del hardcore europeo y estadounidense -fueron muchos sus conciertos a uno y otro lado del Atlántico- y escasa visibilidad fuera de los mismos.

Tras su disolución, Artur Estrada, voz y guitarra, cambió el inglés por el español y, junto a Wences Aparicio (bajo) y Albert Guàrdia (batería), puso en pie Nueva Vulcano, un trío que suma a aquellas todavía hoy reconocibles influencias estilísticas electrizantes descargas de pop sincopado y nervioso. “Demasiado poperos para los punkies, demasiado punkies para los poperos“, bromea Estrada.

Debutantes en 2004 con Principal primera, álbum al que sólo un año después siguió Juego entrópico, Nueva Vulcano experimentó con Los peces de colores (2009) un llamativo incremento de popularidad. Al menos, el limitado incremento de popularidad que puede experimentar un grupo de sus características. Ahora vuelven con Novelería, un disco intenso y denso cuya gira de presentación concluye este fin de semana con sendas actuaciones en Granada y Sevilla a dos semanas escasas de pasar por el Primavera Sound barcelonés. Al habla con Artur.

-Han transcurrido casi seis años desde Los peces de colores. ¿Por qué han tardado tanto en sacar Novelería?

-A nivel personal, creo que los tres somos bastante dispersos, pero cuando nos ponemos a trabajar en un disco nos metemos a fondo y necesitamos tiempo. Y no siempre es posible tenerlo. Además, uno empieza a tener hijas, como yo, dos en tres años… Es complicado para un grupo como nosotros, desde el amateurismo, sacar un disco al año. Es una idea bonita, pero irrealizable.

-Y el de Nueva Vulcano, ¿es un amateurismo premeditado o predeterminado?

-Es la única vía sensata para un grupo así, diría que obligatoria por el tipo de música que hacemos, cómo funcionamos… Los grupos americanos que nos gustaban al principio, que tenían mucho más talento que nosotros, consiguieron en su momento dedicarse a la música de una manera profesional. Pero creo que sería muy poco sensato por nuestra parte pretenderlo. Aunque eso no quiere decir que en determinadas épocas te vaya mejor: cobras cuatro festivales y te vas a cenar a una marisquería.

-¿En qué trabaja?

-He estado programando conciertos durante diez años en el Heliogàbal, una asociación cultural de Barcelona, pero recientemente he dejado paso a los jóvenes, que se enteran más que yo, a mis 38 años, de qué va la movida. Ahora hemos abierto un bar de comidas con la misma gente del Heliogàbal. Aunque entre las hijas y el disco… Sí, lo reconozco: me estoy dedicando a la música, pero dentro de poco me pondré a pelar patatas.

-¿Y por qué cuesta tanto vivir de la música?

-Si tuviéramos un circuito más amplio que te permitiera ir de gira… Pero, en realidad, sacas un disco, haces diez conciertos y ya está. No es un mercado que puedas saturar. Claro que me gustaría poder hacer giras largas… Tocar más siempre hace que un grupo sea mejor. Ir a Latinoamérica, por ejemplo, es algo que nos apetece muchísimo. Nos lo han ofrecido ya dos o tres veces, y a la próxima diremos que sí, aunque sea para tocar en una fiesta de cumpleaños.

-Con Aina giró a menudo por Europa y Estados Unidos. Con Nueva Vulcano también, pero menos. ¿Cree que influyó el decantarse por el español?

-No. Esto de girar fuera viene un poco de Aina. Entonces, a finales de los 90, había un circuito europeo de garitos muy activo y hospitalario. Quizás con nosotros perdían pasta, pero iba Fugazi dos semanas antes y con eso podían pagarnos. Con el primer disco de Nueva Vulcano todavía pudimos hacerlo junto a un grupo norteamericano, todos juntos en la misma furgoneta. Pero lo que quedaba entonces de aquel circuito, de casa okupas en Alemania, por ejemplo, era ya sólo un vestigio. Así que no creo que fuera sólo por el idioma que dejáramos de viajar y tocar en ese circuito, sino porque era el fin de una época, la época de los garitos europeos de pequeño o mediano aforo: llegó la crisis, aparecieron los festivales… Y quizás que nuestro rollo tampoco se lleva ya tanto entre los chavales. Todo eso hizo que dejáramos los viajes locos.

-¿Y qué lo llevó a cambiar de idioma, a decantarse por el español?

-Fueron las ganas de probar algo nuevo… Pero también la influencia de los grandes artistas andaluces del rock que han cambiado la historia de la música en este país: Los Planetas y Sr. Chinarro. Yo no conocía el indie español; nunca había estado en contacto con esa escena, pero cuando escuché bien a Los Planetas o me fijé bien en cómo escribía Antonio Luque vi que era algo muy inspirador.

-Es curioso, porque ni Aina ni a Nueva Vulcano se les ha asociado nunca con esa escena: estaban y están más cerca del post-hardcore estadounidense…

-Sí. Con Aina estábamos muy metidos en nuestra propia movida, teníamos nuestros propios festivales, nuestros pequeños circuitos… Así que yo no viví aquello del indie español en primera persona. Fui al segundo FIB, que tocaron Mega City Four. Pero en en los 90 estaban pasando muchas cosas interesantes en Estados Unidos, así que fuimos varias veces.

-¿Y qué queda en Nueva Vulcano de aquella ética y estética hardcore?

-Creo que una manera de funcionar, que de algún modo también se transmite en los conciertos, una comunión interna, un sistema de trabajo muy familiar, y no sólo entre los miembros del grupo, sino en todo lo que está alrededor: sello, diseñador, técnico de sonido… Intentar mantener dentro de una situación placentera todo lo que rodea al grupo. Eso estaba en aquellas bandas de hardcore.

-Quizás haya algo más: la intensidad. Grabaron Novelería en cuatro días. ¿Buscaban la inmediatez del directo?

-Ja, ja… Bueno, también contaban unas limitaciones económicas que no nos permitían ir al estudio a improvisar. Aunque a veces, si no queda perfecto también es bonito. Cuando éramos más chavales nos preocupábamos más de esas cosas. Pero la producción ya la teníamos hecha antes de entrar a grabar con Santi [García]. Le dijimos “el otro disco, como más dulce, ya gustó a más gente, así que ahora vamos a intentar el rollo del directo”. Eso prevaleció sobre detalles concretos tipo “este redoble no ha salido tan bien”. El encanto del error forma parte de todo esto.

-Cita al productor… Cuatro álbumes y los cuatro grabados con él. ¿Un tándem perfecto?

-A veces pienso que quizás el nuestro sea un enfoque poco artístico: el mismo ampli, la misma guitarra, el mismo productor… Pero es que con Santi tenemos ese punto de pasarlo bien trabajando. Para nosotros es una suerte que nos entienda tan bien. No creo que eso cambie: no me imagino grabando con otro, quizás un single sí, pero un álbum no.

-Fin de gira en Granada y Sevilla…

-En Granada será la tercera vez con Nueva Vulcano. También estuvimos con Aina. En Sevilla, casi cada vez que hemos tocado, hemos tenido un componente bizarro importante. Una vez tocamos cuando España jugaba una final y lo hicimos en un sitio donde además ponían el partido. Después, con Los peces de colores, estuvimos a punto de tocar en una sala muy conocida, pero ya en la prueba el limitador de sonido saltaba cada vez que Albert golpeaba la caja de la batería, así que el propietario nos dijo que no podía ser. Andaba por allí un colega de hace años, también estaba el bajista de Pony Bravo, y nos dijeron “oye, igual podéis tocar en El Holandés Errante”. Cargamos la furgo, tiramos para allá y tocamos ante 50 amables simpatizantes.

-Una última cuestión. A mi entender hay muchas canciones redondas en Novelería, incluso algún himno. ¿Cómo tendría que ser el mercado español para que Hemos hecho cosas se convirtiera en un un éxito?

-Tendríamos que ser más. Y no somos tantos. Somos los que somos.

Nueva Vulcano actúa hoy, viernes 15, en la sala Planta Baja de Granada. Mañana, sábado 16, lo hacen en la Sala X de Sevilla, en ambos conciertos teloneados por Me and The Bees.