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“Nosotros solemos hacer música para desahogarnos”

Blas Fernández | 15 de diciembre de 2017 a las 5:00

Los Punsetes, con Manu Sánchez a la izquierda de la imagen. / Foto: Ricardo Roncero

Los Punsetes, con Manu Sánchez a la izquierda de la imagen. / Foto: Ricardo Roncero

Debutaron en 2008 con un arrollador álbum homónimo y, cinco discos después, Los Punsetes mantienen y afilan en ¡Viva!, su última entrega, unas señas de identidad claramente diferenciadoras. Sus letras, sin piedad con los lugares comunes, se deslizan sobre un pop de guitarras casi siempre enérgico. El contraste con el ya proverbial hieratismo escénico de su cantante, Ariadna Paniagua, resulta inevitable. Habla el hombre tras muchos de esos textos, el también guitarrista Manu Sánchez.

–Otro grupo madrileño, Garzón, tuvo que cambiar su nombre a Grande-Marlaska porque al primero de los jueces no le gustaba la broma. ¿Les ha dicho algo al respecto Eduard Punset?

–Bueno, directamente no nos ha dicho nada. Nunca hemos hablado con él. Pero en sus declaraciones públicas cuando le han preguntado por el grupo ha hecho ver que le hace gracia y que lo celebra. Así que no parece que estemos en peligro de tener que cambiarnos el nombre.

–En las letras de su primer disco ya llamaba la atención esa vena nihilista que conecta con el punk, pero en su caso derivando casi siempre hacia el humor. ¿Es autodefensa o ganas de jaleo?

–Es una forma de distanciarse de lo que uno cuenta y de desahogarse respecto a la realidad. Cada uno, como oyente o como músico, escucha música para cosas concretas: para relajarse, para enfadarse, para ponerse triste… Del mismo modo, hay gente que hace música para cosas diferentes. Nosotros, entre otras cosas, solemos hacer música para desahogarnos. Y eso marca el tono de lo que hacemos.

–¿Y qué los enerva más?

–A veces, nosotros mismos y nuestras circunstancias. Nada del otro jueves, la verdad, es algo muy de todos los días. Imagino que lo que al resto de la gente.

–Esa acritud a la hora de señalar nuestras ridiculeces cotidianas, ¿genera enemigos?

–No, porque no señalamos con el dedo a nadie en concreto. Criticas una actitud, una forma de ser o de proceder, pero sin decirle a nadie “oye, eres un gilipollas”. Nadie se da por aludido con una canción como, por ejemplo, Opinión de mierda. Siempre piensas que es sobre los demás, con lo cual no suele haber ningún problema.

–¿Qué opinión le merece el actual revival punk? Escucha uno a grupos que podría situar en los primeros 80…

–Sí… Hay una cierta mirada a esos sonidos por parte de mucha gente. Y es curioso, porque hay gente que escuchó esa música de pequeña, pero también mucha que no y ahora tiende a eso de una manera espontánea. Me parece bien, porque me gusta mucho.

–Cuando debutaron en 2008, en su MySpace, citaban como referentes nacionales a Derribos Arias, Sr. Chinarro y Triana…

–Jejeje… ¡Vaya lista! Pues sí, desde luego. Derribos Arias y Sr. Chinarro están entre los referentes del grupo. Y Triana, que es cosa más de Gonzalo, el bajista, también. Es un grupo a redescubrir. Pero escuchamos mucha música de todo tipo de grupos.

–Faltaban en esa lista, por ejemplo, Los Nikis, que sería otro referente claro.

–Lo es, lo es. Los Nikis son para nosotros un grupo importante, por su música, por sus letras, por su actitud y por su manera de hacer las cosas. Hay conexión y nuestras circunstancias hoy no son tan diferentes a las de ellos en su momento. Los queremos muchos. Tuvimos la oportunidad de conocerlos y nos llevamos muy bien.

–Entre los internacionales citaban a The Church, Wire, Beat Happening, Joy Division, Television Personalities, The Chills, The Wedding Present, The Fall, The Triffids, Julian Cope…

–Muy indie todo, ¿no? Jejeje… Somos muy de Julian Cope. Todos son grupos de guitarras y me parecen válidos todavía. Lo cierto es que me hace gracia que no pusiéramos a Los Planetas, que para nosotros han estado siempre ahí. La lista se ha ampliado con muchas cosas. Yo soy muy fan de Ariel Pink, de Smog, me flipa Big Black… Ariadna es muy fan de los Ramones. Escuchamos un montón de cosas.

–Ya que cita a Ariadna, y además en relación con los Ramones, ¿le cuesta mantener esa actitud estática sobre el escenario con una música tan enérgica?

–Pues sí. Desde luego, hace un esfuerzo. Pero siempre ha dicho que es como más cómoda se siente. Es una seña de identidad, algo que no surgió de manera premeditada, pero que se ha convertido en eso. Ya no sorprende tanto, porque el que más y el que menos sabe de qué va el rollo, pero al principio sí que chocaba más.

–Siendo un grupo de guitarras, llama la atención la elección como productor de un músico procedente del ámbito electrónico como Pablo Díaz-Reixa, El Guincho.

–Hemos hecho los tres últimos discos con él. En un primer momento, con Una montaña es una montaña, lo llamamos porque queríamos un acercamiento no tan guitarrero, que aportara una perspectiva más fresca, diferente. Lo conocíamos y sabíamos que podía hacerlo perfectamente. Hemos seguido trabajando con él por que hemos conseguido un punto muy interesante. Funcionamos bien. En ¡Viva! lo que intentamos fue hacer una grabación más natural, variar un poco el sistema de trabajo. Pablo es un productor muy técnico y, a la vez, muy artístico.

–Los videoclips de factura impecable se han convertido en otra seña de identidad de Los Punsetes, ¿no cree?

–Bueno, todos hemos sido estudiantes de Comunicación Audiovisual y trabajamos en el medio, excepto Ariadna, que es diseñadora de moda. Cuando hacemos un vídeo, nos gusta hacerlo bien. Entre otras cosas porque tenemos la capacidad de apreciar la diferencia entre uno guay y uno malo. Además, tenemos la suerte de que por nuestra profesión conocemos a muchos directores y productores, a gente que hace cosas estupendas y les gusta el grupo.

–Lo sorprendente es que en la era YouTube aún haya quien no contemple el videoclip como un elemento promocional imprescindible…

–Es que a veces a la que te descuides, hacer un videoclip puede salirte más caro que grabar un disco. Es importante, pero no reporta un beneficio inmediato ni es fácil de hacer. Depende de lo que quieras hacer. Una producción barata te puede salir chula, pero la mayoría de las veces un rodaje es una cosa compleja y cara. Nosotros tenemos esa suerte de que la gente que los hace se implique.

Los Punsetes actúan esta noche junto a Trajano en la Sala Custom de Sevilla (Metalurgía, 25, Polígono Calonge). Apertura de puerta a las 21:00.

Nuevas etiquetas para el incombustible ‘soul’

Blas Fernández | 9 de marzo de 2017 a las 5:00

John Grvy, en una imagen promocional. / Miqui Brightside

John Grvy, en una imagen promocional. / Miqui Brightside

“Desde de la adolescencia siempre había hecho música, aunque hasta un año antes de sacar Mad on Her no me lo había tomado tan en serio. En realidad, tampoco sabía muy bien por dónde tirar. Por casualidad conocí a un amigo promotor en la Universidad e hice un concierto aquí, en Madrid, y me gustó muchísimo la sensación de tocar en directo para la gente”, explica John Grvy de sus inicios y, en particular, de aquel primer sencillo editado en 2014, recibido como una afortunada anomalía en el panorama del pop español.

Porque Junior Esemuede Edward, madrileño de ascendencia nigeriana, factura canciones que apenas encuentran paralelismo en nuestra escena: es música vocal, eminentemente electrónica, que contiene ecos del dubstep, aunque estrictamente no cabría encuadrarla ahí; también mantiene conexiones con el trap y el chillwave, pero tampoco lo es. Se impone el neologismo: neosoul, post-soul… “No me gustan las etiquetas, aunque entiendo que son útiles, necesarias para que la gente se oriente -comenta John-. La de post-soul me la puso Tomás Fernando Flores [Radio 3] hace tres años y, la verdad, es que me hizo mucha gracia. No me sentía cómodo con las ya inventadas, R&B, etcétera, y lo de post-soul me pareció más ajustado”.

Otros dos sencillos editados ese mismo año precedieron a 199X, un notable epé con cinco cortes, también disponible en versión remixes -“Algunas remezclas las hicieron amigos y otras gente que me gustaba, como los malagueños BSN Posse, que me encantan y suenan increíbles”-, que servía al músico para esquivar, de momento, una entrega en largo. “Sólo vas a sacar un primer disco una vez en la vida y hay que hacerlo en el momento adecuado. Supongo además que tampoco me sentía preparado para lanzarme a un primer álbum -explica-. Hasta ahora he estado bastante cómodo con estos formatos, singles y epés”.

Eso, hasta ahora. Grvy acaricia por fin la idea de enfrentarse al formato extendido -“Sí, ya estoy en ello. Creo que lo grabaremos este año”-, aunque en la recámara aún aguarda un nuevo epé, avanzado en 2016 con Faded Away y con publicación prevista para el próximo mes de abril. “Las cosas han ido sucediendo así, con naturalidad -considera-. El año pasado tuve la suerte de que Red Bull me ofreciera la oportunidad de grabar en su estudio de Santa Mónica. Un mes antes había ido a Estados Unidos por primera vez, para tocar en el South By Southwest, y California me pareció completamente distinta del sur de Texas. Fue increíble. Hasta entonces no sabía bien qué iba a pasar. Iba haciendo canciones y tocándolas en directo, desarrollando el proyecto, por decirlo así. Pero a partir de ese momento lo vi claro”.

Bien recibido en escenarios nacionales, pero también de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Austria, descarta sentirse en territorio de nadie. “Que no haya nadie haciendo esto es a la vez, creo, un handicap y una virtud -afirma-. También es una de las razones por las que intentamos salir a tocar fuera. Ahora venimos de tocar en Islandia, en el Sónar de Reikiavik. No sé, creo que la gente lo entiende más fuera que aquí, en España. Aunque no me parece mal que no haya nadie haciéndolo. Alguien tenía que ser el primero. Pero no, no me siento en tierra de nadie, sino influido por todo: por el indie, por la electrónica, por el trap…”.

Precisamente de esta última escena proceden los músicos que ahora lo acompañan en directo. “Voy con Álex y con Pablo, de LWLGHT, uno de esos vínculos con el mundo del trap. Son productores gallegos afincados en Madrid que trabajan mucho con gente como Yung Beef. Es un show de electrónica que a la vez parece de trap. Muy animado. Tenemos un montón de cacharros en el escenario. Va a ser muy divertido y distinto, no sólo por la música, también por el formato de concierto”.

Grvy se entusiasma al hablar del contacto con el público, un llamativo y agradecido contraste para una música que, vaya, arrastra inmerecidamente el calificativo de estudio. “Sí, es cierto. Pero digamos que al final, como comentaba antes, lo que me motiva al cien por cien es ver la cara de la gente en los directos. Lo que más me llena es tocar”, concluye.

John Grvy actúa esta noche a las 22:00 en la Sala X (José Díaz, 7). Entradas a 7 euros en venta anticipada y 10 euros en taquilla.

“El cariño que hemos percibido en la gente nos ha sobrepasado”

Blas Fernández | 21 de octubre de 2016 a las 5:00

José Ignacio Lapido, durante la grabación de 'Maniobra de resurrección'. / Álex Cámara

José Ignacio Lapido, durante la grabación de ‘Maniobra de resurrección’. / Álex Cámara

Veinte años después de su separación, la banda granadina 091 anunció a finales del pasado 2015 Maniobra de resurrección, una gira de reunión a lo largo del presente 2016 saldada con un rotundo éxito de público. Del estupendo estado de forma exhibido por el grupo durante su retorno da fe, además, Maniobra de resurrección en directo (Warner), un doble álbum y DVD que recoge una de las dos actuaciones ofrecidas por 091 en su ciudad, recordatorio sonoro de un periplo de doce meses que ya vislumbra su fin. Aunque todavía les aguardan varios conciertos, entre ellos, este sábado a las 21:00 en el Festival Interestelar de Sevilla, ciudad en la que ya actuaron el pasado mes de abril abarrotando por dos noches consecutivas la Sala Custom. Al habla con José Ignacio Lapido, guitarrista y compositor de la formación.

–¿Qué balance hace de estos meses?

–Desde luego, más positivo no puede ser. Desde el primer concierto que dimos en enero, incluso antes, cuando se anunciaron las primeras fechas a finales del año pasado y se pusieron las entradas a la venta, ya vimos que algo gordo iba a pasar, porque se agotaban en pocas horas. Luego, a lo largo de los meses que hemos ido tocando por salas, teatros y festivales, la sorpresa inicial se convirtió en asombro. El cariño que hemos percibido en la gente nos ha sobrepasado, la verdad. No han sido sólo las salas llenas, sino la pasión que han puesto los fans al recibirnos. Y creo que nosotros hemos ido de menos a más, como suele suceder, conforme han ido pasando los conciertos. Por nuestra parte estamos muy satisfechos. Más no podríamos pedir.

Maniobra de resurrección ha superado las expectativas de todos, ha desbordado las previsiones habituales de una gira de reunión. ¿Cómo lo explica?

–Es raro, sí. Si echas la vista atrás hacia otras reuniones después de estar muchos años fuera del mercado, ves que son un tanto decepcionantes, grupos que vuelven bajos de forma, sin ganas… En música pop veinte años son una eternidad, pasan muchísimas cosas y no sabes bien cuál es el recuerdo que ha guardado tu público de lo que hiciste en su momento. Y no son sólo los veinte años desde la separación, sino todo ese tiempo desde que empezamos en 1982. Que vuelva una banda que en su momento tampoco tuvo un gran éxito y cuente con este recibimiento que hemos tenido, da que pensar. No sé si se mezcla un poco la nostalgia, el mito que se ha ido construyendo a lo largo de estos veinte años… Visto lo visto, vivida la experiencia, hay que aceptar que ha sido un mito que ha crecido con el tiempo. Hemos visto que se han sumado nuevos seguidores que, por edad, no nos habían visto en su momento, personas que en el año 96 eran niños. La sorpresa se acrecienta más teniendo en cuenta que nuestros discos estuvieron descatalogados todos estos años y que no fue hasta que se anunció la vuelta que las varias discográficas por las que tenemos repartido nuestro catálogo se pusieron manos a la obra y lo reeditaron. Así que todo esto resulta doblemente sorpresivo. No quiero ser presuntuoso, pero quiero creer que nuestras canciones han envejecido más o menos bien, que nuestro repertorio ha aguantado bien el paso del tiempo, y eso ha hecho que nuestra vuelta haya tenido un sustrato artístico potente.

–¿Subidón de autoestima?

–Sí, sí, claro… Ese asombro inicial, cuando se iban sucediendo los conciertos y veíamos que no era una cosa limitada a Granada ni a Andalucía, que la gente estaba por la labor en todos sitios, nosotros, que siempre hemos sido muy autocríticos, nuestra autoestima subió algunos puntos.

–¿Que momentos destacados va a guardar de Maniobra de resurrección?

–Hay varios… Por ejemplo, antes de la gira, cuando nos juntamos por primera vez en el ensayo y enchufamos las guitarras. Era una mezcla de miedo y respeto. Veinte años no pasan en balde y no sabes con qué te vas a encontrar. Pero fue enchufar, empezar a tocar y… ¡sonaba, sonaba! Ahora suena mucho mejor, claro, pero aquello nos dio confianza, no había que empezar de cero. Ése fue un momento muy importante. Luego, obviamente, lo que se recoge en el disco, los dos conciertos que dimos en mayo en la plaza de toros de Granada. No es nada habitual que un grupo local llene dos veces seguidas un sitio así. Eso impone.

–Otro subidón…

–Sí, sí, por supuesto. Ya lo intuíamos, porque cuando se pusieron a la venta las entradas volaban por miles. La gente de Ticketmaster nos contaba que no habían visto nada parecido. Fue un momento de subidón total que creo que todavía nos dura.

La banda al completo, en la Plaza de Toros de Granada. / Álex Cámara

La banda al completo, en la Plaza de Toros de Granada. / Álex Cámara

–Y después de todo esto, ¿no les ha tentado la idea de dar continuidad de algún modo a 091, aunque no sea de una manera convencional?

–La verdad es que no hemos querido pensar mucho en eso. Nuestro trabajo y nuestro tiempo, veinte años, nos costó decidir volver a juntarnos. Había habido ofertas desde años antes que habíamos rechazado. Decidimos hacer justo lo que habíamos venido a hacer: una gira de un año, de enero a diciembre. La idea inicial de Maniobra de resurrección era celebrar el aniversario de nuestra despedida. A partir de ahí… En principio no hay nada previsto. Vamos a dejar que la cosa se enfríe y pensarlo con tranquilidad.

–Entiendo que deja abierta una puerta que antes daba por cerrada…

–Aprendimos una cosa… El último disco de 091 se llamó, precisamente, Último concierto. Como nos hemos tenido que desdecir de ese título nos hemos dicho “no vamos a cometer otra vez el mismo error”. Vamos a dejarlo ahí. Todo esto no quiere decir ni que sí ni que no, sino todo lo contrario.

–No hace mucho me hablaba de la sensación de abatimiento tras la actuación de despedida en 1996. ¿Cómo cree que se sentirán cuando llegue el nuevo último concierto?

–Creo que será una sensación muy diferente a la de aquel concierto en Maracena. En el momento de aquella despedida las circunstancias eran muy distintas. La vida de los grupos tienes su ascenso y su caída. Y nosotros en la última época de 091 estábamos ya un poco desengañados. Habían sido catorce años juntos; nunca habíamos sido un grupo de gran éxito y veíamos que aquello… La principal razón de nuestra separación fue que ya era suficiente, que habíamos hecho los discos que habíamos querido hacer y que era el momento de poner punto final antes de que la cosa se pudriera a nivel personal o de caer en inercias indeseadas. Así que imagino que el estado de ánimo no va a ser el mismo ahora.

–¿Cree que este éxito colectivo repercutirá en su carrera en solitario?

–Está por ver, y no tardará mucho en verse. Tengo un disco pendiente que dejé aparcado cuando empezó todo esto. Entonces decidí parar mi carrera en solitario, y ahora, obviamente, la retomaré. Supongo que habría mucha gente que ni sabría que yo tenía una carrera en solitario; espero que ahora sigan mis pasos.

–¿Y el resto de componentes?

–Mi hermano [Víctor Lapido, guitarrista] seguirá con el Grupo de Expertos Solynieve, por supuesto. Supongo que José Antonio [Garcia, vocalista] hará igual. Tacho [González, baterista] ha empezado a rodar su primer largometraje como director y Jacinto [Ríos, guitarrista] no sé si va a poner en marcha algún proyecto o seguirá en lo suyo, la televisión.

–Otro motivo de orgullo: la única pega que algunos de sus seguidores han puesto al disco Maniobra de resurrección es que quizás no están todas sus canciones favoritas…

–Tendríamos que haber sacado un disco quíntuple para evitar eso… A la hora de elegir el repertorio sí nos fijamos en que estuvieran algunas canciones que no habían aparecido en Último concierto. Creo que en Maniobra de resurrección hay siete que no aparecían allí. Por supuesto, tienes que meter también las más representativas: ¿Qué fue del siglo XX?, La vida qué mala es, La Torre de la Vela… Era inevitable que ésas estuvieran en el disco. Pero también hay canciones que tocamos muy pocas veces en directo, como Nubes con forma de pistola, Nadie encuentra lo que busca, Para impresionarte, Si hay tormenta… Por otro lado, la misión de los fans es pedir siempre más. ¿No?

“El paso lógico del Monkey Week era venir a Sevilla”

Blas Fernández | 10 de octubre de 2016 a las 5:00

Foto: David Clares

Foto: David Clares

Tras siete ediciones de crecimiento constante en El Puerto de Santa María, el Monkey Week, híbrido de festival urbano y feria de la industria musical independiente, desembarca esta semana por primera vez en Sevilla, convirtiendo el entorno de la Alameda de Hércules en su nueva sede. Su amplia oferta arranca este lunes en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus) con los conciertos y proyecciones del miniciclo de documentales musicales DOC, aunque la auténtica “tromba”, como le gusta decir a Tali Carreto, codirector del encuentro junto a los hermanos Jesús y César Guisado, llegará el próximo jueves y se prolongará hasta la madrugada del domingo.

-Explíquele a quien no lo sepa por qué el Monkey Week no es un festival al uso.

-Fundamentalmente, por dos cuestiones. Por un lado, tiene un carácter de feria profesional muy marcado, con conferencias, mesas redondas, encuentros, mercado con empresas del sector, instituciones… Por otra parte, es un festival urbano, no se celebra en un recinto aislado ni es un macrofestival, sino que busca que la música se viva en la calle, que puedas saltar de un espacio a otro y, de camino, puedas pararte a tapear o a tomar un café. Y usamos los espacios de la ciudad, tanto los que habitualmente tienen programación musical, como Fun Club, Holiday, Sala X, La Calle, Malandar…, como aquellos que nosotros convertimos en espacios escénicos, que es lo que hacemos con el parking del Hotel Patio de La Cartuja o con la pista de coches de choque que instalamos en la Alameda.

-Serán más de 150 bandas repartidas en 19 escenarios diferentes. ¿Es el Monkey más ambicioso?

-Desde luego, se nos ha ido de las manos… Jajaja… En realidad, siempre intentamos controlar la cifra de conciertos. Nos decimos vamos a meter 75 grupos de showcases y que toque dos veces cada uno. Pero luego nos dejamos llevar por la emoción, empiezan a sumarse colaboraciones, otros agentes que presentan aquí a sus bandas y, al final, eso, se nos va de las manos. Puede que sea el más ambicioso, sí, pero sobre todo por la lógica que conlleva el cambio de ubicación. Desde luego, es el mayor número de escenarios que hemos tenido jamás.
 
-En su momento, esgrimieron razones de carácter práctico para argumentar el cambio de ubicación a Sevilla. Parece evidente que había más…

-Nuestras razones, sobre todo, obedecen a la logística. Pero también hemos dicho en más de una ocasión que, desde el principio, el actual equipo de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla entendió muy bien el proyecto y su necesidad de crecer. En realidad, se dio un cúmulo de circunstancias. En El Puerto estábamos tocando techo, era complicado ya en cuanto a infraestructura de hoteles, de transportes… El año pasado teníamos a un montón de transfers yendo al aeropuerto de Sevilla, al de Málaga, al de Gibraltar… Sevilla plantea ventajas en ese sentido. Tienes aeropuerto, tienes Santa Justa y tienes hoteles. No era la primera vez que nos tiraban cañas desde otras ciudades, pero Sevilla comprendió qué necesitaba el festival para crecer. Sobre todo en la vertiente profesional.

-Da a entender, entonces, que el Ayuntamiento de El Puerto no comprendía el proyecto.

-No me refiero siquiera al Ayuntamiento actual. A lo largo de siete ediciones, creo que nunca llegaron a entenderlo. Hace tres o cuatro años vivimos un momento bisagra. Se dieron cuenta de que el festival era beneficioso para la ciudad, pero creo que nunca llegaron a entender el riesgo económico y el esfuerzo brutal que hay detrás de él. Nuestra empresa, La Mota Ediciones, organiza a lo largo del año diversos eventos para los que no solicitamos a las instituciones ningún tipo de ayuda económica. Haces un festival, como El Freek Fest de Puerto Sherry, y asumes tus riesgos. La gente paga su entrada y consume en tus barras. No veo la necesidad de tener ahí un apoyo del Ayuntamiento. Ahora, cuando creas un evento que es beneficioso para toda la ciudad, que genera un importante retorno económico para el sector hostelero… Ahí creo que sí debe haber un apoyo mayor. Y durante años lo echamos en falta. Sólo surgió ese ímpetu cuando anunciamos la decisión de trasladar el festival a Sevilla. Pero ya digo que no se trata sólo, ni mucho menos, de aspectos económicos.

-Por cierto, ¿qué otras ciudades tiraron la caña?

-Estaría feo decir nombres, ¿no? Otra ciudad andaluza, una del norte de España… Fueron las dos propuestas más serias, pero teníamos claro que el paso lógico del Monkey Week era venir a Sevilla. No tenía sentido moverlo fuera de Andalucía ni moverlo a una ciudad que te ofrecía un recinto enorme, pero que hacía que se perdiera la característica de festival urbano. Ahora nos queda la prueba de fuego, comprobar si esta edición sale como esperamos.

-¿Cuál es el compromiso del Ayuntamiento de Sevilla? ¿Se limita a esta edición o se prolongará en los próximos años?

-Desde luego, venimos con la intención de quedarnos y de contar con el apoyo no sólo del Ayuntamiento. Para nosotros es importante conseguir aquí lo que tanto nos costó en El Puerto. Porque cuando anunciamos el traslado hubo muchos lamentos, pero al principio nadie nos quería allí. Nos costó mucho que la gente de El Puerto aceptara el Monkey. No fue llegar y besar el santo, pero al final acabó tomándolo como algo suyo. Más allá del apoyo institucional, eso es muy importante. Si conseguimos que este mismo año el sevillano comience a sentir el Monkey como algo suyo, entonces será que lo estamos haciendo bien.

-La pregunta inevitable y necesaria: ¿Qué presupuesto manejan?

-En torno a 220.000 euros.

-¿Y cuánto es dinero público?

-50.000 euros del Ayuntamiento de Sevilla y 5.000 euros de la Junta de Andalucía, que une la ayuda del Instituto Andaluz del Flamenco y la de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales.

-Pues teniendo en cuenta la relevancia que ha conseguido el festival, y su apuesta por crear industria, la aportación autonómica parece escasa…

-Sí. Bueno, también nos ceden el Teatro Central, pero aún así es escasa.

Los hermanos Guisado, César y Jesús, y Tali Carreto. / Andrés Mora

Los hermanos Guisado, César y Jesús, y Tali Carreto. / Andrés Mora

-En cualquier caso, la inversión privada supera con creces a la pública.

-Claro. En ese sentido también es muy importante para nosotros el Monkey Market, el mercado profesional: los ingresos que aportan las empresas participantes se distribuyen luego en bolsas de viajes, alojamiento de las bandas… Lo curioso es que hay administraciones foráneas que aportan lo mismo que la Junta de Andalucía, como el Institut d’Estudis Baleàrics (IEB), que hace una misión comercial presentando a tres grupos; la Diputación de Córdoba o el Gobierno Vasco, a través de Basque Music, que también montan su stand. Son instituciones que confían en la proyección que el Monkey puede dar a sus bandas. Bueno, así estamos. En El Puerto recibíamos muchas críticas por parte de quienes nos consideraban un festival subvencionado… La gente habla sin conocimiento.

-Y luego están los patrocinios. Muchos de los escenarios van asociados a una marca comercial.

-Es que es la única manera de que esto salga adelante, con la colaboración de patrocinadores privados.

-Además de los escenarios oficiales, también han aparecido escenarios off, espacios que se suman a la programación aunque sea desde los márgenes…

-Sí, por ejemplo en Red House, donde los del colectivo Oh My Cat han programado una tarde con la gente de su escudería. O en el bar Sacramento, que ha montado un concierto con Ramona y The Gamuzzinos. Eso también sucedía ya en El Puerto. Y nosotros, encantados. Nos gusta que la música se expanda. Es la filosofía del Monkey: crear una tromba musical.

-¿Esperan también un mayor número de acreditados en las jornadas profesionales?

-El año pasado fueron 367. Este vamos a superar con creces esa cifra, en torno a los 500. Y lo mismo pasa con la prensa, esperamos que sean en torno a 220. Hemos notado que el cambio a Sevilla ha disparado esa demanda.

-Cuando el Monkey Week arrancó era, prácticamente, la única feria centrada en la industria musical independiente. Luego han surgido propuestas muy potentes y con mayor respaldo institucional, como el Bime de Bilbao. ¿Temen la competencia?

-Creo que son dos propuestas muy diferentes. De hecho, nos llevamos muy bien y colaboramos entre nosotros. Los dos nos dirigimos a la industria, pero mientras Bime apuesta más por el perfil tecnológico, nuestra apuesta es por la música en directo. Los promotores nacionales e internacionales que vienen al Monkey acaban comprando la gira de tal o cual grupo porque lo han visto en directo. La competencia, siempre que se clara, leal, es buena. Eso sí, la diferencia de presupuesto entre el Bime y nosotros es abismal. Desgraciadamente, todavía nos toca convencer a las instituciones de nuestra comunidad de que es bueno apoyar a una feria profesional en torno a la música, que es bueno y productivo apoyar a la industria musical. Con ésta van a ser ocho ediciones. Quién sabe, quizás para la novena haya un cambio de actitud.

-De los 19 oficiales, destaque un escenario por su singularidad…

-Creo que uno que va a estar en boca de todos, que va a ser un hervidero, será el Happy Place X, que montan con nosotros el sello discográfico y la sala de conciertos. Es esa pista de coches de choque que he mencionado antes, con los grupos tocando dentro.

-¿Y una actuación?

-No suelo mojarme con eso porque, como coordinador del festival, lo importante es destacarlos a todos, a esos más de 150 grupos. Pero esta vez sí voy a hacerlo, con una banda internacional, así no se molesta nadie… Tengo mucho interés en reencontrarme con Mariel Mariel, una chica chilena a la que vi en México y me pareció increíble. Tiene una fuerza escénica brutal. Además, creo que cualquiera de las noches en el Teatro Central va a tener su punto distintivo, con Niño de Elche & Los Voluble, Michael Rother y Lee Fields. Aunque al final, el fuerte del Monkey es esa marea de bandas… De hecho, creo que la mayor parte de nuestro público no viene al festival tanto por los cabezas de cartel como por descubrir nuevos grupos, nueva música.

La embajada canaria

Blas Fernández | 7 de abril de 2016 a las 14:08

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“Todo esto tiene un artífice, Néstor Torrens, director del festival y hombre principal tras la idea, un artista multimedia y polifacético de aquí, de Tenerife. Quería hacer desde hace años un proyecto global que mezclara arte, música, performance, danza, poesía…”, explica Mladen Kurajica, de la banda canaria GAF, a propósito de Keroxen, un encuentro multidisciplinar que, después de seis ediciones, se ha convertido en un referente para quienes buscan festivales distintos, ajenos a los carteles clonados y proclives a las músicas de riesgo, ya vengan del rock, el jazz o la electrónica.

Hasta su mismo escenario resulta singular: un viejo tanque de queroseno reconvertido en centro de actividad cultural. “De hecho, el festival surgió a raíz de la posibilidad de hacer algo en un espacio como el tanque, que es brutal, de 50 metros de diámetro, dentro de la ciudad y dedicado precisamente a eso, el arte -dice Kurajica en calidad de coorganizador-. Se habían hecho exposiciones, proyecciones… Pero nunca un festival con continuidad a lo largo de los años. Comenzó como algo bastante rudimentario, más básico, sólo con música, pero con el tiempo se fue convirtiendo en lo que ahora es: un espacio que en sí mismo es una instalación y que une al programa musical artistas visuales, plásticos… Hay un poco de todo”.

Ese poco de todo aterriza este viernes en Sevilla en la primera fiesta que Keroxen organiza fuera de las islas, un pequeño muestrario de artistas canarios vinculados al festival y al sello discográfico que éste acaba de estrenar. “Forma parte de la idea de proyecto global -afirma-. No sólo estamos importando música de fuera de Canarias, sino también apostando por la local. Queremos exportar la que se produce aquí. Keroxen ya había llevado a cabo algunas acciones editoriales, fundamentalmente poemarios, pero creo que éste es el paso que tiene más sentido: mostrar lo que musicalmente sucede en las Islas Canarias. Queremos apostar por artistas afines a Keroxen y que tienen un sonido al gusto del festival; aprovechar las redes que el festival ha creado a lo largo de los años para exportar esta música. Y además, montar fiestas, como la de Sevilla o como otra que ya hicimos en Lanzarote, mover este concepto que combina artistas de Keroxen, danza, performance, visuales…”.

Samuel Aguilar acompañado por la bailarina Paloma Hurtado, Postman, TupperKing, Supreme Sax Ensemble y el propio Mladen tocando en solitario parte del repertorio de GAF (preparando ya nuevo disco para 2017) integran los directos de esta embajada canaria, a la que también se suman los visuales de Simone Marín y las sesiones tras los platos del británico D. Watts Riot (integrante de Fun-Da-Mental) y el sevillano Vidal Romero. Varios de ellos aparecen en la primere referencia del nuevo sello. “Es un recopilatorio con cinco artistas que publicarán álbum con nosotros a lo largo del próximo año, un obsequio a los asistentes a las fiestas que estamos montado -cuenta-. Los primeros discos individuales aparecerán en octubre, coincidiendo con la próxima edición de Keroxen”.

De las anteriores, a Mladen le cuesta elegir hitos. Y no resulta difícil entenderlo, teniendo en cuenta el exquisito gusto a la hora de confeccionar sus carteles. “Ufff… Han sido tantos… -piensa-. Supongo que a cada persona a la que le preguntes te dirá sus favoritos, pero yo recuerdo de manera especial el concierto del año pasado Rob Mazurek & São Paulo Underground, que fue espectacular, de los mejores que hemos visto; el de King Midas, para el que tuvimos que alquilar extra de sonido y que, cuando aquello empezó, hizo temblar el tanque; el de Pony Bravo, a los que había muchas ganas de ver, una auténtica rave, o los de Za!, que llevan cinco años viniendo al festival. Hay muchas cosas ahí que merecen ser recordadas”.

Apunte otra singularidad… A pesar primar la experimentación y ofertar músicas presuntamente ajenas a públicos amplios, Keroxen ha conseguido sobrevivir a otros festivales canarios que la crisis se llevó por delante. “Al principio, como todos los festivales aquí, dependíamos de las ayudas públicas -reconoce-. Hay que tener en cuenta que en Canarias, cualquier cosa que te propongas hacer, resulta siempre más difícil. Si quieres traer a un grupo de la península, cada de pasaje de avión de ida y vuelta son 300 euros. Con la crisis se fueron acabando los fondos y, sin ayudas, la mayoría de festivales canarios perdía dinero. Terminaron por desaparecer. Nosotros sobrevivimos cambiando el carácter gratuito inicial que tenía el festival y empezando a cobrar las entradas. El público reaccionó bien. Ha sido el apoyo de la gente lo que ha permitido que el proyecto siga siendo viable. Y para nosotros es un orgullo ver que, tras todo el trabajo de estos años, artistas de todo el mundo quiere venir a tocar a Keroxen”.

La fiesta de presentación del sello Keroxen se celebra este viernes en la Sala Malandar de Sevilla (Torneo, 43) a partir de las 22:00. Entradas a 4 y 8 euros.

Tindersticks vuelve al Central

Blas Fernández | 28 de mayo de 2012 a las 11:40

Si la pasada semana saltaba la estupenda noticia del concierto de Los Evangelistas, el próximo 29 de septiembre en el Teatro Central, dentro de la programación de la Bienal de Flamenco -una de las contadas ocasiones, hasta la fecha, de escuchar en directo su imponente Homenaje a Enrique Morente-, ésta se inicia con el anuncio de otra cita de interés en el mismo escenario para poco menos de un mes después: Tindersticks volverá al escenario de la Isla de la Cartuja el martes 23 de octubre.

Se da la circunstancia de que la banda británica, liderada por Stuart Staples, fue hace ahora catorce años el plato fuerte de la primera edición del Pop-Rock en el Central, el ciclo que durante todo este tiempo ha ido proponiendo en Sevilla conciertos que, al menos en origen, hubieran tenido difícil encaje en un cartel de iniciativa privada. La situación, es evidente, ha cambiado mucho, hasta el punto en que hoy en día buena parte de los conciertos de rock que el Central ofrece  son fruto de la colaboración entre dicho espacio escénico y promotoras privadas. Una inesperada consecuencia de la crisis, y sus así argumentados recortes en los presupuestos culturales, que sacaron a Pop-Rock en el Central de su tradicional corralito al final de la temporada para expandir su radio de acción durante todo el año. La actuación de Tindersticks, además, se llevará a cabo en plena celebración del vigésimo aniversario del teatro, lo cual aporta un plus simbólico a esta nueva cita.

También Tindersticks ha cambiado, desde luego. En 1998 la banda de Nottingham había encadenado tres discos fenomenales -Tindersticks (1993), Tindersticks II (1995) y Curtains (1997)-, amén de iniciar una fructífera colaboración en forma de bandas sonoras con la cineasta gala Claire Denis, que con sobrados argumentos la convirtió en uno de los nombres imprescindibles de la escena idependiente de la época.

Con obvios referentes en la obra de Scott Walker, también en Leonard Cohen y en Lee Hazlewood, entre tantos otros, Tindersticks proponía un denso, elegante y a menudo hipnótico repertorio en el que la singular voz de Staples, grave y premeditadamente temblorosa, porfiaba el protagonismo a los esplendorosos arreglos del violinista Dickon Hinchcliffe. Así los vimos por aquí en aquella ocasión, en el que podría ser considerado el momento más dulce de su primera etapa.

Luego llegaron más discos notables -Simple Pleasure (1999), Can Our Love (2001) y Waiting for the Moon (2003)-, pero también señales de agotamiento: Stuart Staples iniciaba carrera en solitario bajo su propio nombre (hasta ahora coronada con dos títulos) y Tindersticks parecía pasar a la historia.

Sin embargo, cinco años después, tres de los componente originales de la formación -Staples, el teclista David Boulter y el guitarrista y vibrafonista Neil Fraser- retomaban la actividad con un álbum, The Hungry Saw (2008), que los mostraba de nuevo en plena forma. En 2010, el año de la publicación del no menos recomendable Falling Down a Mountain, volvimos a tenerlos en Sevilla como parte de la programación de Territorios Sevilla, aunque el de festival al aire libre no sea precisamente el formato que mejor se ajusta a su propuesta.

Recientemente, el pasado mes de febrero, la banda ponía en circulación su noveno álbum en estudio, The Something Rain, otro disco que persevera en las claves manejadas por el grupo a lo largo de toda su trayectoria -intensidad y lirismo a partes iguales, picando del rock y del jazz, apuntando maneras propias del pop de cámara- y que será el que presenten sobre las tablas del Central.

Ahí le dejo el clip de Medicine

…y el de A Night So Still, ambas canciones de The Something Rain.

Dos buenas noches

Blas Fernández | 11 de junio de 2010 a las 7:09

Este mundo necesita ya otro disco de Las Buenas Noches. Mientras llega, al menos podemos entretenernos con algunas de las canciones que no entraron en Aventuras domésticas, como La Jungla

…y, por supuesto, con sus directos, como el que esta noche ofrecerá la banda dentro del nuevo festival Sevilla Indiferente.

Recuerden: el asunto acontece hoy y mañana en el CAAC -en el oficiosamente conocido ya como escenario Nocturama-, a partir de las 21:00 y con entrada libre hasta completar aforo.

Hoy tocan Las Buenas Noches, Pinocho Detective, Pájaro Sunrise y Blacanova; mañana lo harán Ledatres, De Brrrrr, Alado Sincera y Jubilee. Ahí es nada…