Archivos para el tag ‘SGAE’

Chitón

Blas Fernández4 de noviembre de 2008 a las 1:41 pm

Preguntado por el polémico canon digital, Bautista sentenció: “Se paga y ya está y al que no le guste que se aguante”. “Es algo que forma parte de ser ciudadano y si la propiedad intelectual no se respeta se devalúa la fábrica de ideas y el progreso”, afirmó. A este respecto, recordó que el canon es “una pequeña cantidad” de 118 millones de euros al año “que compensan a miles de creadores y dan sentido a las redes”.

Teddy, hoy en en Madrid en el Foro de la Nueva Sociedad, que según Europa Press ha reunido a “conocidos creadores y personalidades del mundo de la cultura entre los que se encontraban los cineastas Manuel Gutiérrez Aragón y José Luis Borau; el compositor Antón García Abril; el dramaturgo Ignacio Amestoy; la directora de la Biblioteca Nacional, Milagros del Corral; el director general del INAEM, Juan Carlos Marset; el productor Jesús Cimarro; el cantautor Amancio Prada; o el portavoz socialista en la Comisión de Cultura del Congreso, Rafael Simancas.”

Las puertas abiertas de Tom Cary

Blas Fernández24 de octubre de 2008 a las 10:18 am
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Hoy publico en Diario de Sevilla esta breve entrevista a Tom Cary con motivo del inicio de su gira junto a Pony Bravo dentro de esa cosa llamada Circuito de Pop-Rock Andalucía. La gira comienza hoy en Málaga (sala Elemental Music) y, en lo que queda de año, pasará por Sevilla (mañana en la sala Malandar), Cádiz (25 de noviembre en sala La Central Lechera), Madrid (5 de diciembre en la sala Art Brut), Barcelona (11 de diciembre en la sala Sidecar), Almería (13 de diciembre en la sala Manchester) y Jaén (20 de diciembre en la sala Bariloche).

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El cuadro completo

Blas Fernández18 de agosto de 2008 a las 3:56 pm

Esta misma mañana en Santander, en uno de los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Guillermo Corral, director general de Política e Industrias Culturales del Ministerio de Cultura, ha salido otra vez en defensa del canon digital utilizando los argumentos habituales.

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Pony Bravo, autoría responsable

Blas Fernández26 de abril de 2008 a las 9:53 am

Pony Bravo

Foto: Celia Macías

“Intentamos trabajar con un enfoque diferente. En la artesanía de la composición hay mucho cliché en el que puedes caer. Incluso haciendo algo accesible, que en principio no es experimental, ni vanguardia ni nada por el estilo, tienes que comerte la cabeza y buscar”, afirma Daniel Alonso, cantante y teclista de Pony Bravo, la banda que mañana, con un concierto especial, pondrá punto final a la tercera edición del Festival Internacional de Teatro y Artes Escénicas de Sevilla (Fest).

La invitación para clausurar el certamen le llega al grupo –integrado además por Pablo Peña (guitarras), Darío del Moral (bajos y guitarras) y Javier Rivera (batería), los tres procedentes de otra formación local ya desaparecida, Renochild– en el momento idóneo. En activo desde hace poco más de dos años y tras haber puesto en circulación dos maquetas y un CD-single, su primer álbum, Si bajo de espalda no me da miedo (y otras historias), está a punto para ser editado por el sello local Discos Monterrey. Será el punto de partida de un nuevo tramo en el camino, hasta la fecha recorrido con notable polvareda gracias a internet, el boca a boca y los directos. “Creímos que íbamos a ser un grupo denso de los que les gustan a cuatro colegas, pero resulta que todo funciona mejor de lo que pensábamos”, dice Alonso.

Ese pequeño revuelo tiene su explicación: la originalidad, la voz propia que Pony Bravo ha conseguido desarrollar en tan corto espacio de tiempo. Su repertorio mezcla el español y el inglés con la misma naturalidad con que luego cuadra las referencias al kraut-rock, el rock sevillano de los 70 o Radio Futura. “A veces, cuando intentas hacer algo original es precisamente cuando no te sale –avisa–. Pero meterte en el jaleo de montar un grupo, de dar conciertos, no te compensa si no es para hacer lo que te gustaría oír. Además, somos de la generación eMule. Cualquier chaval de 20 años con interés ha escuchado hoy casi toda la historia del rock. Así que lo que nos preguntábamos es ¿por qué no se hacen otras cosas?”.

Esquivar el cliché; crear algo propio sin miedo a reconocer las influencias, ya vengan éstas de la música etíope de los 60 y 70, la electrónica de Kraftwerk o el flamenco. Pony Bravo, la canción, suena a western metafórico –con el pequeño animal escapando de la rueda del feriante y recuperando la libertad–; Lolita difumina perfiles de tango; Trinchera es un ardoroso blues y El guarda forestal, un imprevisible reggae… ¿Se pierde la coherencia? No, y eso también forma parte de la sorpresa. “Si te centras en un subgénero pensando que tienes el sonido lo único que consigues es un soniquete”, comenta.

A diferencia de su música, el discurso de Pony Bravo está aún en construcción. Escuchando a Alonso, cuyas ideas van a menudo más rápido que sus palabras, uno tiene la sensación de que el armazón teórico que sin duda sustenta su trabajo apenas está empezando a levantarse a golpe de escuchas e intuición, pero aún así revela ya una sólida estructura. “Hay un montón de gente que escucha un montón de música, que sabe, y lo que eso nos provoca es la responsabilidad de no hacer más de lo mismo”, insiste.

Escuchando el resultado, su álbum, pocos aventurarían lo accidentado del registro. “Nos lo grabó Raúl Pérez con Nacho García como ayudante técnico. Un tío de Nacho tiene un cortijo en el Palmar de Troya, y nos pareció un sitio perfecto porque tiene dos grandes salas, una de control y otra para tocar –recuerda Alonso divertido–. Teníamos bastante claro qué producción queríamos, sin clichés, sin fórmulas y con tiempo. Decidimos arriesgarnos y probar. Nos gastamos todo lo que teníamos alquilando equipos analógicos. Luego la realidad es que en el cortijo hacía muchísimo calor, olía a cochino, todo estaba lleno de moscas y a las tres semanas llegaron los dueños, que al ver a cuatro tíos en calzonas no tardaron mucho en decirle a Nacho que nos buscáramos otro sitio”.

Tras un rosario de estancias en casas de amigos y estudios de grabación, Si bajo de espalda no me da miedo (y otras historias) es ya hoy una gozosa realidad, acaso de las más notables que ha dado el rock sevillano en los últimos años.

“La decisión de optar por una licencia Creative Commons es totalmente ideológica; práctica, aún no lo sabemos”, comenta Daniel Alonso sobre la postura adoptada por Pony Bravo a la hora de editar su primer álbum, disponible en CD con un llamativo diseño obra de él mismo –amén de músico diseñador gráfico–, próximamente también en una edición limitada en vinilo y, en breve, en descarga copyleft a través de la web de la banda. Quien se decida a comprar el CD se encontrará con un precio ajustado, 10 euros en sus conciertos y 12 en las tiendas. “Muchos grupos apoyan públicamente a Creative Commons, pero luego registran sus obras en SGAE –apunta–. Si no conseguimos que un grupo con licencias CC funcione comercialmente aplicando nuevos modelos de negocio lo único que vamos a hacer es llenar entrevistas hablando de lo guays que somos, en lugar de hablar sobre música, que sería más interesante”. Alonso se muestra convencido de la necesidad de romper la rueda, “de acabar con lo que en la práctica es un monopolio de la SGAE, que a través de un control férreo y duro influye a la hora de cambiar las leyes y hasta consigue que tengas que pagarles aunque no estés con ellos”. “Toda la industria está cambiando y lo único claro es que hay nuevas posibilidades”, añade.

Pony Bravo y Monterrey DJ’s actúan mañana a las 20:30 en el Centro de la Artes de Sevilla (c/Torneo). Invitaciones desde una hora antes en el mismo espacio. Aforo limitado.

Hasta aquí la entrevista publicada hoy en Diario de Sevilla. A continuación, las notas que por cuestión de espacio se han quedado fuera.

Pony Bravo B

Foto: Celia Macías

“Yo empecé un poco como todo el mundo, componiendo con la guitarra. Después de un par de años comencé a hacer música para la compañía de danza Mota. Empezamos a montar piezas de quince minutos. Yo hacía la música y Juan las coreografías y la dirección del proyecto. Era electrónica con voces y un componente folk. Podía parecerse a Four Tet, pero mucho peor, claro. Y además, yo tenía ganas de trabajar en el rock. Había ahí unas influencias clásicas, de los 70, que pedían instrumentos. Estuve casi un año buscando músicos y pensando en ponerme a tocar solo por bares, pero justo cuando iba a empezar a hacerlo, Renochild, con los que ya había trabajado en cuestiones de diseño, se ofrecieron a ayudarme a montar las canciones. Grabamos una maqueta, empezamos a ensayar, Darío estaba libre… A los dos meses ya tenía claro lo que quería hacer, y ellos querían lo mismo. Así que decidimos montar el grupo en serio. Eso fue hace un par de años y medio”.

“Si no es para hacer algo distinto, no montamos el grupo. Hay músicos que lo son de oficio y tienen esa perspectiva, pero la mía es otra, desde fuera. Pablo, Darío y Javi tienen el oficio, mientras que yo vengo de las artes plásticas, del diseño. Empecé a tratar la composición como si fuera un cartel. Toco el piano y la guitarra lo justo para poder componer. Si hago arreglos, los toco como puedo y se los doy a Darío o a Pablo y ellos lo sacan”.

“Uno de los huecos que no se han llenado es el del rock andaluz, que no del flamenco-rock. El flamenco ha seguido su evolución mezclándose con el jazz y con otras músicas. Pero nosotros no podemos acceder a trabajar con eso porque no sabemos tocar ni jazz ni flamenco. Lo que sí podemos hacer es rock andaluz, trabajar con una iconografía y fusionarla con lo que hemos mamado desde chicos, la cultura anglosajona. Para nosotros es igual de natural escuchar a Triana que ver una película de Jim Jarmusch”.

“Todo aquello del rock andaluz parece que se corta a finales de los 70. La propuestas rock que han salido desde entonces, y hay cosas buenas, por supuesto, las aproximaciones de Sr. Chinarro, de Los Planetas, buscan el envoltorio estético, el hecho de que suene a fusión, y se genera una moda folclórica, localista, pero hacerlo de verdad es más difícil. Tienes que controlar tu género, que es el rock anglosajón, y fusionarlo a todos los niveles”.

“Para entrar en el flamenco desde el rock hay que viajar primero por la canción andaluza, por la copla, por Radio Futura, por Sr. Chinarro. Creo que a nivel local es un camino”.

“Para mí Triana es el único que, siendo un grupo de rock sin especial maestría técnica, desarrolla una autoría, una narrativa, una iconografía”.

“Que el rock sea un arte popular es muy importante para nosotros. ¿Qué es lo que pasa con el arte contemporáneo? ¿Que se enteran cuatro?”.

“Nos gustaría picar un poco de todo, hacer algo accesible. En sus comienzos Radio Futura decía que quería hacer pop-art, música de vanguardia que llegara a los 40 Principales. Nosotros no queremos llegar tan lejos, lo que sí sabemos es es que no queremos caer ni en lo fácil ni en la experimentación por la experimentación”.

“Nunca me gustó mucho la copla. Cuando era más joven lo que me gustaba era Radiohead y un montón de grupos mainstream, Pearl Jam y todo eso, y por entonces la copla no era para mí más que un vestigio de la posguerra. Pero ya con Pony Bravo, gracias a amigos que escuchan muy distintos tipos de música, descubrimos que en la copla hay cosas increíbles”.

“Con la excusa de Intervenciones en Jueves, en el Deshomenaje a Estrellita Castro, preparamos dos canciones y flipamos. Se pueden hacer montones de cosas. El folclore andaluz es tan rico en matices… Es como cuando vas al mercado y compras buena comida. Con nada que hagas tienes montones de matices”

“Hemos montado La falsa moneda en la versión de Imperio Argentina y La niña de fuego basada en la de Caracol, la que cantaba Lola Flores”

“La decisión de optar por una licencia Creative Commons es totalmente ideológica; práctica, no se sabe. Toda la industria está cambiando y lo único claro es que hay nuevas posibilidades. Las sociedades de gestión de derechos plantean hoy en España una situación muy parecida a aquella cuando Telefónica era la única compañía que te daba ese servicio. Una situación de monopolio. Luego se abrió el mercado, y aunque sigue habiendo problemas en ese sector al menos hay competitividad. Con las entidades de gestión de derechos pasa algo similar. Tendemos a la autogestión, y en vez de contratar a los abogados de la SGAE contratamos a los nuestros”

“Creo que se puede trabajar con Creative Commons. La mayoría de las pequeñas independientes lo que quieren es sacar discos y cubrir gastos. La poca rentabilidad que tiene un grupo independiente al menos será para nosotros y no para los intermediarios”

“Después del cortijo empezó un mes y pico de tour por casa de amigos. En la del pintor Manuel León, en Villanueva del Ariscal; en la de Pablo, grabando durante dos semanas cosas que faltaban; y finalmente en el estudio de Raúl, haciendo las mezclas”.

“Hoy en día es barato grabar, todo el mundo tiene un portátil; es más barato promocionarte, a través de MySpace; y somos parte de una generación con oficios o aficiones creativas: fotografía, vídeo, diseño… Así que resulta que ahora es más fácil que haya grupos. Y mientras que es habitual que la gente esté desmotivada en aspectos políticos o morales, la música sigue manteniendo un vínculo misterioso, sigue siendo un valor importante. Pero no creo que haya una escena sevillana. Hay muchos grupos que apenas se relacionan entre ellos, que no trabajan juntos, que no desarrollan canales de difusión de su trabajo. Y una escena es la interrelación de trabajos”.

“Otro enfoque, confuso hasta para nosotros, es el de intentar cubrir todas las gamas que tenemos en el día. Hay veces que me apetece escuchar a M. Ward, con sus canciones clásicas y bien tocadas, y puedo tenerlo de fondo mientras trabajo, cosa que no puedo hacer con Captain Beefheart o Pere Ubu. Sunset es una canción con toque retro y cinematográfico; Pony Bravo son escenas. Algunos componentes de nuestra música funcionan muy bien a nivel popular, pero quizás marcan una estética que no es la que queríamos”.

Pendejos de alta cuna

Blas Fernández23 de abril de 2008 a las 10:52 am

Ayer éramos pendejos electrónicos, ingenuos sujetos con veleidades anarcoides inocentemente convencidos de la posibilidad de construir la democracia digital. Hoy ya hemos subido de categoría. Bueno, todos no. De quienes simpatizamos con el copyleft, sólo han ascendido los músicos que han decidido licenciar su obra bajo licencias Creative Commons poniéndola a disposición de la audiencia, ya sea por motivos ideológicos o por el convencimiento de que esa estrategia les reportará mayores beneficios a la larga que una licencia copyright convencional.

Sí, amigos, sepan ustedes que Creative Commons es cosa de adolescentes pijos criados entre algodones y sin más preocupación en la vida que consumirse en un irrecuperable complejo de Peter Pan. Así lo ha explicado Don Eduardo Bautista, presidente (¿vitalicio?) del consejo de dirección de la Sociedad General de Autores y Editores, quien ayer se despachaba en Barcelona, según teletipo de la agencia Efe, con la siguiente sentencia: “No tenemos nada en contra del copyleft, nos parece interesante para la comunidad de autores que son ricos de cuna y que no tienen que pagar el pan de sus hijos, pero nosotros estamos en otra cosa: que el autor viva de su obra, como un albañil de su trabajo”.

La máxima de Teddy el albañil se produjo en esa gira que lo lleva a cruzar la península de punta a punta para anunciar su buena nueva: la empresa que preside, SGAE, ha vuelto a superar su récord de recaudación, que creció en 2007 un 14,3% respecto al año anterior. En total, nada menos que 395.493.000 euros.

A falta de tener en mis manos la Memoria Anual de la SGAE y leerla con detenimiento –sí, uno es así, qué le vamos a hacer–, me fío del teletipo de Efe, según el cual de los “65 millones de euros” correspondientes a “la reproducción mecánica de repertorios protegidos, venta de discos, soportes audiovisuales y otros, unos 20 millones aproximadamente corresponden a las copias privadas”. O sea, a ese canon con el que, quid pro quo, nuestro Gobierno tiene a bien subvencionar a la entidad.

En semejante estados de cosas, es lógico que a Don Eduardo le parezca que el copyleft, o copia permitida de las obras culturales –reza otro teletipo de Efe–, “no tiene peso” y que la Sociedad General de Autores y Editores no “ha notado prácticamente nada en el sistema de captación de socios”.

Ya, entonces, ¿a qué ese interés por desprestigiarlo? ¿A sentencias como la que, también ayer, dictaba un juez de Burgos eximiendo a un hotel de dicha ciudad de pagar la cantidad que SGAE le requería por el uso del hilo musical? No es la primera sentencia en este sentido, ni mucho menos, ni será la última. Atendiendo otra vez al teletipo, “unos 76 millones de euros” de lo recaudado por la SGAE en 2007 “corresponden a la televisión que se escucha en los lugares públicos y a la música ambiental de almacenes, bares de copas o cafeterías y comercios”. El montante en este capítulo “ha experimentado un crecimiento del 3,9% sobre el año anterior”. ¿Se imaginan al sector hostelero argumentando en bloque que la entidad no puede probar que ellos usan su repertorio? Lo mismo va a ser eso…

En fin, les dejo por hoy, que voy a ponerme a escuchar otra vez a esos niños pijos malcriados y nihilistas que acaban de facturar uno de los mejores discos españoles de pop de los últimos años. Ellos, tan chulos o más que el propio Teddy, han decidido publicar su primer álbum en vinilo y dejarlo, al mismo tiempo, en descarga libre y directa. Señoras y señores, con ustedes, Los Punsetes…

Autor

Inmerso en el periodismo y la crítica musical desde comienzos de los años 80, Blas Fernández ha trabajado en diversos programas de radio y televisión y firmado múltiples artículos en revistas especializadas y prensa generalista. Desde 1999 es redactor de Cultura del Grupo Joly, donde además mantiene una página semanal de crítica discográfica.

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