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“Me da igual lo que piensen los puristas”

Blas Fernández | 28 de septiembre de 2015 a las 5:00

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Aunque entre uno y otro figuren un álbum junto a su hermano Shotta (Héroe, 2012) y una sabrosa colección de descartes (El tratamiento regio, 2013), el rapero sevillano Tote King ha tardado cinco años en transitar el camino desde El lado oscuro de Gandhi hasta 78, el nuevo disco que Octubre, subsello de Sony, ponía en circulación el pasado viernes. A lo largo de todo ese tiempo han cambiado muchas cosas en el panorama del hip-hop. La más llamativa, quizás, haya sido la arrolladora irrupción del trap, ese rap con tratamiento electrónico en el que priman los subgraves abisales, las melodías sintetizadas y las voces tuneadas. No lo elude, aunque Tote, gran aficionado al baloncesto, siempre ha jugado bien a la contra.

-Abre uno el CD de 78 y lo primero que se encuentra es una cita del Libro del desasosiego de Fernando Pessoa, un párrafo que arranca “Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir”. ¿Identificación? ¿Declaración de principios?

-Es identificación. Pessoa es otro de los descubrimientos que le debo a [Enrique] Vila-Matas, mi mentor literario durante los últimos siete u ocho años. Leo todo lo que recomienda. Para mí es un autor de referencia que llena sus textos de referencias a otros libros y películas.

-¿Ha llegado a conocer a Vila-Matas?

-Llevo mucho tiempo intentándolo. Un día me avisó mi madre de que iba a estar en Sevilla, en un encuentro digital en un periódico. En El tratamiento regio hay una canción en la que lo cito, lo nombro varias veces en el estribillo. Alguien se lo comentó y parece que la escuchó, porque en el encuentro le preguntaron por ella y contestó que sí, que la conocía. “Me fascina y la escucho siempre que quiero animarme a escribir”, dijo. Eso lo tengo guardado como un tesoro. Quiero conocerlo aunque sólo sea para que me diga qué tengo que leer durante los próximos diez años de mi vida.

-Usted fue de los primeros raperos españoles en utilizar una banda para sus directos. Sin embargo, por aquella época comentaba que no veía claro cómo trasladar eso al estudio de grabación. Y ahora, en 78, casi la mitad de los temas están grabados con músicos…

-Llevo mucho tiempo con el sueño de conseguir algo entre el rock y el rap. Y cuando digo rock, es rock, no indie-rock. Creo que ése es uno de los motivos por los que he tardado tanto en hacer este disco. La primera idea era hacerlo entero con banda. Le di muchas vueltas y estuve buscando gente. Pero es dificilísimo. Cuando estás maquetando las canciones, a la segunda o la tercera, te das cuenta de que los elementos son siempre los mismos: guitarra, batería, bajo y teclados. Puedes decir, “venga, quiero unos vientos”. Pero en el rock los vientos se meten como arreglos al final. Y yo los quiero ya. Cuando un productor de rap me manda un beat, ya viene arreglado, hecho casi al 90% tal cual va a quedar luego en el disco. Eso me da un subidón a la hora de escribir. Pero con la banda el subidón me duraba un tema o dos. Luego todo me sonaba igual. Lo que cambiaba era el ritmo: más rápido, más lento… Así que empecé a pensar que no era la mejor manera de hacerlo. Para que empieces a notar sensaciones diferentes entre tema y tema, la banda no puede ser guitarra, bajo, batería y teclados. Tiene que ser eso, los vientos… ¡Casi una orquesta! Y estar al servicio de la canción todos los días. No teníamos presupuesto para trabajar así. Es imposible. Aún estando en Sony, sólo era viable si prescindíamos de otras cosas que no quería dejar fuera. Así que decidimos quedarnos con lo que más nos gustaba de lo que habíamos hecho con la banda y utilizarlo como arreglos con los que luego trabajaron los productores.

-Es curioso, porque hubo un momento en el que parecía que el rap tiraba por ahí, y sin embargo el uso de banda real cotiza hoy a la baja…

-Totalmente. A menos que le des una estética de rap-metal a lo Rage Against The Machine… El problema es que luego se ha demostrado que como ellos no hay nadie. Fueron los mejores. Tocaban tan bien que aunque utilizaran siempre los mismos instrumentos conseguían que el disco no sonara igual. Ahora hay un tío en Washington que me interesa mucho, Wale, que tiene ya tres o cuatro discos y un sonido muy especial. Trabaja con un productor, Tone Price, muy metido en lo que llaman el DC Sound, el soul de la zona, con mucha percusión y vientos. Samplean y arreglan con vientos y con piano. Ese tipo de instrumentales es brutal. Pero bueno, Wale hizo un par de discos así y al tercero se metió en la moda del trap.

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-También usted tantea ese terreno en un par de cortes de este disco…

-Me gusta el trap, pero quería jugar a la contra. Sabía que si en lugar de dos temas me hacía medio disco de trap iba a resultar demasiado previsible. Así que pensé, “ahora que está todo el mundo con la electrónica, vamos a echarle valor y hacer un disco con banda”. No se pudo del todo, pero bueno, al menos la mitad.

-¿Ve el trap como una moda?

-No sé si será algo pasajero. Yo soy de los que admiran a Pxxr Gvng. Creo que son valientes y eso mola. Lo que ocurre es que somos muy cerrados, incluso muy racistas. Por ejemplo, me sorprenden las cosas que todavía hoy se siguen diciendo del reguetón. Al margen de lo que dure el trap, apoyo la iniciativa: ha conseguido que tengamos la sensación de que todo lo demás suena a vieja escuela.

-Las colaboraciones son moneda común en el rap, pero en 78 tira de músicos de otros géneros, como Andreas Lutz, de O’funk’illo, El Canijo de Jerez…

-Con este disco me he quitado algunas espinitas que tenía clavadas. Andreas es colega mío desde hace mucho tiempo y siempre ha estado ahí, entre el rap y el metal, y nunca habíamos hecho nada. Pero no sólo conmigo, tampoco con otra gente del rap sevillano. No sé por qué pasan estas cosas. También me ha ocurrido con Narco, por ejemplo. Me dije que en este disco no le iba a tener miedo a nada. No tengo 20 años, me da igual lo que piensen los puristas del rap, ya está bien.

-¿Y qué me cuenta de El Canijo en El premio pa ti?

-Es tremendo. Nos conocimos en el festival Alrumbo y estuvimos hablando, bebiendo y cantando canciones de Extremoduro. Esa energía y actitud que tiene es la que me mola: nada de postureo, nada de cara sería; todo el día alegría, todo el día con la guitarra. Tuve claro que tenía que trabajar con él. Hay gente que ya había probado a mezclar rap y flamenco, Sólo Los Solo, Haze, Payo Malo… Es la música de la tierra y ni las sampleamos ni la trabajamos mucho.

-Otro guiño aflamencado: usan un sample de Las Grecas en Robocordones, uno de los temas del disco producidos por DJ Rune, todo un descubrimiento.

-Es un superdotado. Es el DJ de mi hermano Shotta, un tío muy tímido que va a su bola, por eso estamos ahí apretándole para que se tire a la piscina. Lo hace todo y lo hace muy bien. Con los platos es una bestia. Pero es que luego se puso a producir instrumentales y en dos años hace cosas que cuando las escucho digo “pero si esto es brutal”. Le pedí hace tiempo a Griffi que me hiciera algo de ese rollo, quería recuperar ese punto que él tenía de la época de Sólo Los Solo, pero está en otra onda. Así que se lo pedí a Rune. Y lo consiguió. Es muy, muy bueno.

*Las fotos que ilustran esta entrevista son obra de María Mancipe.

Se alquila mito

Blas Fernández | 20 de mayo de 2012 a las 17:46

Iggy, en plena faena. / Foto: Juan Carlos Muñoz

“Yo es que nunca había visto a Iggy”. De repente, justo cuando el concierto de The Stooges arranca con Raw Power, el mundo, la audiencia de la segunda jornada en el festival Territorios Sevilla, parece dividirse en dos: quienes ya han contemplado en directo en otras ocasiones los bailes de la iguana, junto a sus veteranos compañeros o flanqueado por jóvenes reclutas, y quienes asisten por primera vez a las convulsas evoluciones del mito. Para los segundos, lo señalado de la ocasión se supone tan especial que cualquier otra consideración pasa a segundo plano; entre los primeros, por contra, se abren nuevas divisiones, de la entrega incondicional, los menos, al reparo.

Este cronista se siente en medio. No le vale el sobado argumento “con 65 años a ver quién se sube a un escenario y hace eso”, pero tampoco puede evitar reconocer el valor de semejante actitud aún cuando el Iggy de hoy, el de hace ya mucho tiempo, resulta ser un astuto empresario dispuesto a explotar comercialmente ese mito; el mismo que abomina de EMI, la discográfica que se ha negado a editar su disco de versiones, Après, arguyendo con sorna que quizás “hubieran preferido un disco con punks populares”, pero que no duda en rescatar el añejo y ciertamente glorioso repertorio de sus inicios para, una vez más, hacer caja. En fin, el rock’n’roll y sus contradicciones, bastante más allá de pintoresquismos como la exigencia de limusinas o banda ancha para ver en el camerino la final de la Champions.

¿El concierto? Pues el de siempre –incluida la proverbial invitación a los dancers para subir al escenario–, sólo que en cada ocasión un poco más ralentizado, un tanto más amortiguado y, vaya, acercándose peligrosamente al límite de lo caricaturesco; sólo salvado por la profesión –premio especial para James Williamson, de vuelta a la carretera en primera clase tras jubilarse como alto ejecutivo en la división informática de Sony– y sobre todo por el entusiasmo con el que la numerosísima audiencia –el concierto con más asistentes de todo el festival– recibió cañonazos del calibre de I Wanna Be Your Dog o andanadas tan hirientes como Fun House.

Si hubieran puesto bandera, el público que el sábado acudió en el Monasterio de La Cartuja a la segunda jornada de Territorios la habría desbordado. Lo de Iggy estaba hasta la bola, pero una rápida ronda certificaba que incluso a aquellos a los que tocó bailar con la más fea, caso de los granadinos Lori Meyers, el sevillano Shotta y la charanga balcánica de los 17 Hippies, actuaban frente a audiencias más que respetables.

Y fue una constante casi desde el inicio. Casi: el rapero local Juaninacka encendía a su fiel parroquia en el escenario principal y los jiennenses Guadalupe Plata volvían a sacar ídem del viejo filón del rhythm&blues más arrastrado, pero Marina Gallardo tuvo que conformarse con bastantes menos espectadores. Eso sí, buena parte de quienes pasaban frente al escenario Ron Brugal apostaban por quedarse y comprobar cómo la portuense crece. Había empezado su concierto con The War Inside, esa magnífica canción que avanza un tercer álbum ahora en proceso, y la mera disposición del escenario –tres teclados y dos percusionistas; la guitarra no sonó hasta el tercer tema– avisaba ya de ese componente motorik que diluye anteriores esencias folkies y gana espacio para las atmósferas. Hay que estar muy, pero que muy atentos con ella.

Andrés herrera 'Pájaro'. / Foto: Juan Carlos Muñoz

Entre lo más destacado de la noche servidor incluye también a Andrés Herrera Pájaro, en estado de gracia tras su inesperada reaparición con Santa Leone y llevando sus canciones al directo en compañía de una banda impecable e imponente. Suyo, y de sus compañeros, fue el mérito de poner a bailar a quienes abarrotaban el escenario Ron Brugal, cómplices paisanos o foráneos: también se deshace la sospecha de que su singular propuesta, esa que funde en una particular marmita rock’n’roll clásico, spaghetti western y guiños profanos a la música procesional no va a ser entendida más allá de ciertos límites geográficos. Si acaso, no lo será más allá de ciertos círculos melómanos.

Notables, en la medida de la visita fugaz, se mostraron también Mission of Burma –cuando aceleraban, sacudían los cimientos del centenario monasterio–, el veterano Alpha Blondy –versión reggae incluida del Wish You Were Here de Pink Floyd; que Jah me ampare– y unos !!! tan cumplidores en su batidora disco-music que hasta pusieron a dar botes a los fans de Iggy que por allí quedaban.

Servidor se quedó con las ganas de ver a The Bug y repetir con Buraka Som Sistema, acompañando atronadores durante el camino de vuelta.

Hippaly (rewind)

Blas Fernández | 26 de octubre de 2011 a las 7:40

Foto: Antonio Pizarro.

La mera mención a Hippaly en la recientemente publicada entrevista con Shotta provocó un curioso efecto en las estadísticas del blog: un significativo número de lectores hizo click sobre el enlace que llevaba a la breve reseña del grupo en Wikipedia. Supongo que a la curiosidad se une la escasa información disponible sobre aquel cuarteto sevillano de hip-hop instrumental, autor de dos discos tan notables como El SURco responde al silencio (1997) y H2000: Una odisea en el surco (2000).

Con motivo de la edición del segundo les hice la entrevista que sigue, publicada hace hoy exactamente once años, ya es casualidad, en el desaparecido, y añorado, suplemento Culturas de los periódicos del Grupo Joly (.pdf). Confío en que sirva tanto para aportar algunos datos como para despertar nuevas curiosidades sobre tan singular formación. Que las merece de sobra.

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Shotta, rap sin miedo

Blas Fernández | 20 de octubre de 2011 a las 7:20

“En realidad –dice Ignacio González Rodríguez, más conocido por Shotta–, por un lado estaban Sólo Los Solo y por el otro el resto”. En realidad, la pregunta aludía a la idea de un rap español a dos velocidades, la que marcaban los autores de Retorno al principio y otros ilustres francotiradores –entre ellos, Tote King, Mala Rodríguez, La Puta Opepé o los nunca suficientemente reconocidos Hippaly– y la de los demás, aparentemente abonados a senderos más transitados y hasta colapsados.

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Todo Tote (hasta la fecha)

Blas Fernández | 21 de enero de 2010 a las 11:17

Tote King, durante un concierto en Málaga. Foto: Paco Maese

Tote King, durante un concierto en Málaga. Foto: Paco Maese

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La caja. Tote King. BOA. Rap. 4 CD + DVD

Desde que dejara aquella formación seminal que fue La Alta Escuela para debutar con el maxi Duermen y prolongar luego, junto a su hermano Shotta en el contundente Tu madre es una foca (2002), la exploración de ideas entonces inéditas en el rap español de la época, Manuel González, Tote King, ha protagonizado un vertiginoso ascenso en el panorama del hip-hop en español que hoy lo sitúa, sin contemplaciones ni dudas, en un punto y aparte si acaso compartido con dos o tres nombres más.

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Buscando en el fondo de armario

Blas Fernández | 5 de marzo de 2009 a las 15:48

Fondo de armario es el nuevo clip de Los Punsetes, un curioso trabajo firmado por Tomás Peña. Buscando en la web de éste me he encontrado con otras cosas interesantes, como la que sigue, una suerte de collage facturado con piezas hechas “durante mi periodo como diseñador/animador en Buck“, según cuenta él mismo.

Para apreciarlo mejor les recomiendo que lo vean, otra vez, en Quicktime en su propia página, y ya, de camino, contemplan también otra llamativa pieza, NODO 1936, hecha “con una cinta de 16mm encontrada en la calle, en Barcelona”, cuya banda sonora corre a cargo de Griffi.

Y hablando de rap, resulta que Tomás Peña fue codirector, junto a Alberto Blanco, del clip Sangre, de Shotta…

Cuando el rey era el DJ

Blas Fernández | 7 de junio de 2008 a las 18:07

Cut Chemist

Foto: Juan Carlos Muñoz.

En Scratch (2001), el magnífico documental de Doug Pray sobre los orígenes y posterior desarrollo del turntablismo, los paladines del género (Q-Bert, DJ Shadow, Cut Chemist…) pasan de puntillas sobre una las evidencias que el realizador resalta -que el origen del rap, más allá de su ascendente jamaicano, parte de la figura del DJ antes que de la del MC- y prefieren ir a lo suyo: mostrar esas increíbles habilidades que les permiten crear un nuevo y sorprendente discurso sonoro a partir del material original de otros.

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