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“El paso lógico del Monkey Week era venir a Sevilla”

Blas Fernández | 10 de octubre de 2016 a las 5:00

Foto: David Clares

Foto: David Clares

Tras siete ediciones de crecimiento constante en El Puerto de Santa María, el Monkey Week, híbrido de festival urbano y feria de la industria musical independiente, desembarca esta semana por primera vez en Sevilla, convirtiendo el entorno de la Alameda de Hércules en su nueva sede. Su amplia oferta arranca este lunes en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus) con los conciertos y proyecciones del miniciclo de documentales musicales DOC, aunque la auténtica “tromba”, como le gusta decir a Tali Carreto, codirector del encuentro junto a los hermanos Jesús y César Guisado, llegará el próximo jueves y se prolongará hasta la madrugada del domingo.

-Explíquele a quien no lo sepa por qué el Monkey Week no es un festival al uso.

-Fundamentalmente, por dos cuestiones. Por un lado, tiene un carácter de feria profesional muy marcado, con conferencias, mesas redondas, encuentros, mercado con empresas del sector, instituciones… Por otra parte, es un festival urbano, no se celebra en un recinto aislado ni es un macrofestival, sino que busca que la música se viva en la calle, que puedas saltar de un espacio a otro y, de camino, puedas pararte a tapear o a tomar un café. Y usamos los espacios de la ciudad, tanto los que habitualmente tienen programación musical, como Fun Club, Holiday, Sala X, La Calle, Malandar…, como aquellos que nosotros convertimos en espacios escénicos, que es lo que hacemos con el parking del Hotel Patio de La Cartuja o con la pista de coches de choque que instalamos en la Alameda.

-Serán más de 150 bandas repartidas en 19 escenarios diferentes. ¿Es el Monkey más ambicioso?

-Desde luego, se nos ha ido de las manos… Jajaja… En realidad, siempre intentamos controlar la cifra de conciertos. Nos decimos vamos a meter 75 grupos de showcases y que toque dos veces cada uno. Pero luego nos dejamos llevar por la emoción, empiezan a sumarse colaboraciones, otros agentes que presentan aquí a sus bandas y, al final, eso, se nos va de las manos. Puede que sea el más ambicioso, sí, pero sobre todo por la lógica que conlleva el cambio de ubicación. Desde luego, es el mayor número de escenarios que hemos tenido jamás.
 
-En su momento, esgrimieron razones de carácter práctico para argumentar el cambio de ubicación a Sevilla. Parece evidente que había más…

-Nuestras razones, sobre todo, obedecen a la logística. Pero también hemos dicho en más de una ocasión que, desde el principio, el actual equipo de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla entendió muy bien el proyecto y su necesidad de crecer. En realidad, se dio un cúmulo de circunstancias. En El Puerto estábamos tocando techo, era complicado ya en cuanto a infraestructura de hoteles, de transportes… El año pasado teníamos a un montón de transfers yendo al aeropuerto de Sevilla, al de Málaga, al de Gibraltar… Sevilla plantea ventajas en ese sentido. Tienes aeropuerto, tienes Santa Justa y tienes hoteles. No era la primera vez que nos tiraban cañas desde otras ciudades, pero Sevilla comprendió qué necesitaba el festival para crecer. Sobre todo en la vertiente profesional.

-Da a entender, entonces, que el Ayuntamiento de El Puerto no comprendía el proyecto.

-No me refiero siquiera al Ayuntamiento actual. A lo largo de siete ediciones, creo que nunca llegaron a entenderlo. Hace tres o cuatro años vivimos un momento bisagra. Se dieron cuenta de que el festival era beneficioso para la ciudad, pero creo que nunca llegaron a entender el riesgo económico y el esfuerzo brutal que hay detrás de él. Nuestra empresa, La Mota Ediciones, organiza a lo largo del año diversos eventos para los que no solicitamos a las instituciones ningún tipo de ayuda económica. Haces un festival, como El Freek Fest de Puerto Sherry, y asumes tus riesgos. La gente paga su entrada y consume en tus barras. No veo la necesidad de tener ahí un apoyo del Ayuntamiento. Ahora, cuando creas un evento que es beneficioso para toda la ciudad, que genera un importante retorno económico para el sector hostelero… Ahí creo que sí debe haber un apoyo mayor. Y durante años lo echamos en falta. Sólo surgió ese ímpetu cuando anunciamos la decisión de trasladar el festival a Sevilla. Pero ya digo que no se trata sólo, ni mucho menos, de aspectos económicos.

-Por cierto, ¿qué otras ciudades tiraron la caña?

-Estaría feo decir nombres, ¿no? Otra ciudad andaluza, una del norte de España… Fueron las dos propuestas más serias, pero teníamos claro que el paso lógico del Monkey Week era venir a Sevilla. No tenía sentido moverlo fuera de Andalucía ni moverlo a una ciudad que te ofrecía un recinto enorme, pero que hacía que se perdiera la característica de festival urbano. Ahora nos queda la prueba de fuego, comprobar si esta edición sale como esperamos.

-¿Cuál es el compromiso del Ayuntamiento de Sevilla? ¿Se limita a esta edición o se prolongará en los próximos años?

-Desde luego, venimos con la intención de quedarnos y de contar con el apoyo no sólo del Ayuntamiento. Para nosotros es importante conseguir aquí lo que tanto nos costó en El Puerto. Porque cuando anunciamos el traslado hubo muchos lamentos, pero al principio nadie nos quería allí. Nos costó mucho que la gente de El Puerto aceptara el Monkey. No fue llegar y besar el santo, pero al final acabó tomándolo como algo suyo. Más allá del apoyo institucional, eso es muy importante. Si conseguimos que este mismo año el sevillano comience a sentir el Monkey como algo suyo, entonces será que lo estamos haciendo bien.

-La pregunta inevitable y necesaria: ¿Qué presupuesto manejan?

-En torno a 220.000 euros.

-¿Y cuánto es dinero público?

-50.000 euros del Ayuntamiento de Sevilla y 5.000 euros de la Junta de Andalucía, que une la ayuda del Instituto Andaluz del Flamenco y la de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales.

-Pues teniendo en cuenta la relevancia que ha conseguido el festival, y su apuesta por crear industria, la aportación autonómica parece escasa…

-Sí. Bueno, también nos ceden el Teatro Central, pero aún así es escasa.

Los hermanos Guisado, César y Jesús, y Tali Carreto. / Andrés Mora

Los hermanos Guisado, César y Jesús, y Tali Carreto. / Andrés Mora

-En cualquier caso, la inversión privada supera con creces a la pública.

-Claro. En ese sentido también es muy importante para nosotros el Monkey Market, el mercado profesional: los ingresos que aportan las empresas participantes se distribuyen luego en bolsas de viajes, alojamiento de las bandas… Lo curioso es que hay administraciones foráneas que aportan lo mismo que la Junta de Andalucía, como el Institut d’Estudis Baleàrics (IEB), que hace una misión comercial presentando a tres grupos; la Diputación de Córdoba o el Gobierno Vasco, a través de Basque Music, que también montan su stand. Son instituciones que confían en la proyección que el Monkey puede dar a sus bandas. Bueno, así estamos. En El Puerto recibíamos muchas críticas por parte de quienes nos consideraban un festival subvencionado… La gente habla sin conocimiento.

-Y luego están los patrocinios. Muchos de los escenarios van asociados a una marca comercial.

-Es que es la única manera de que esto salga adelante, con la colaboración de patrocinadores privados.

-Además de los escenarios oficiales, también han aparecido escenarios off, espacios que se suman a la programación aunque sea desde los márgenes…

-Sí, por ejemplo en Red House, donde los del colectivo Oh My Cat han programado una tarde con la gente de su escudería. O en el bar Sacramento, que ha montado un concierto con Ramona y The Gamuzzinos. Eso también sucedía ya en El Puerto. Y nosotros, encantados. Nos gusta que la música se expanda. Es la filosofía del Monkey: crear una tromba musical.

-¿Esperan también un mayor número de acreditados en las jornadas profesionales?

-El año pasado fueron 367. Este vamos a superar con creces esa cifra, en torno a los 500. Y lo mismo pasa con la prensa, esperamos que sean en torno a 220. Hemos notado que el cambio a Sevilla ha disparado esa demanda.

-Cuando el Monkey Week arrancó era, prácticamente, la única feria centrada en la industria musical independiente. Luego han surgido propuestas muy potentes y con mayor respaldo institucional, como el Bime de Bilbao. ¿Temen la competencia?

-Creo que son dos propuestas muy diferentes. De hecho, nos llevamos muy bien y colaboramos entre nosotros. Los dos nos dirigimos a la industria, pero mientras Bime apuesta más por el perfil tecnológico, nuestra apuesta es por la música en directo. Los promotores nacionales e internacionales que vienen al Monkey acaban comprando la gira de tal o cual grupo porque lo han visto en directo. La competencia, siempre que se clara, leal, es buena. Eso sí, la diferencia de presupuesto entre el Bime y nosotros es abismal. Desgraciadamente, todavía nos toca convencer a las instituciones de nuestra comunidad de que es bueno apoyar a una feria profesional en torno a la música, que es bueno y productivo apoyar a la industria musical. Con ésta van a ser ocho ediciones. Quién sabe, quizás para la novena haya un cambio de actitud.

-De los 19 oficiales, destaque un escenario por su singularidad…

-Creo que uno que va a estar en boca de todos, que va a ser un hervidero, será el Happy Place X, que montan con nosotros el sello discográfico y la sala de conciertos. Es esa pista de coches de choque que he mencionado antes, con los grupos tocando dentro.

-¿Y una actuación?

-No suelo mojarme con eso porque, como coordinador del festival, lo importante es destacarlos a todos, a esos más de 150 grupos. Pero esta vez sí voy a hacerlo, con una banda internacional, así no se molesta nadie… Tengo mucho interés en reencontrarme con Mariel Mariel, una chica chilena a la que vi en México y me pareció increíble. Tiene una fuerza escénica brutal. Además, creo que cualquiera de las noches en el Teatro Central va a tener su punto distintivo, con Niño de Elche & Los Voluble, Michael Rother y Lee Fields. Aunque al final, el fuerte del Monkey es esa marea de bandas… De hecho, creo que la mayor parte de nuestro público no viene al festival tanto por los cabezas de cartel como por descubrir nuevos grupos, nueva música.

Nocturama Agosto presenta su cartel completo

Blas Fernández | 3 de junio de 2015 a las 14:13

Single / Foto:  Javier Bernal Belchí

Single / Foto: Javier Bernal Belchí

El veterano ciclo de conciertos estivales Nocturama Agosto había adelantado ya parte de su programación durante las últimas semanas, lanzando a su público anzuelos tan atractivos y dispares como el de la mexicana Julieta Venegas, Guadalupe Plata y Christina Rosenvinge, pero la incógnita en torno a la programación completa, que se extenderá desde el día 5 hasta el viernes 4 de septiembre, no se ha resuelto hasta este miércoles, día elegido por la promotora La Suite, encargada de la confección del cartel, para presentar oficialmente el listado de grupos y solistas que durante dicho mes procurarán hacer más llevaderas las calurosas noches que aguardan.

El ciclo, que volverá a plantar su escenario en el patio de acceso al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en el Monasterio de La Cartuja, ofrecerá un total de nueve fechas, todas con programa doble, bien en forma de sesión de DJ o, hasta en cuatro ocasiones, de segunda actuación, una fórmula ya explorada en ediciones anteriores que en este 2015 contará con el patrocinio específico de una SGAE definitivamente necesitada de un mayor número de acciones de este tipo. El apoyo por parte de la entidad de gestión de derechos de autor, con una imagen pública todavía afectada por los escándalos destapados años atrás, ha quedado escenificado con la presencia en la presentación del músico granadino José Ignacio Lapido, en la actualidad miembro del consejo territorial de SGAE en Andalucía. “Hacemos muchas cosas y creo que es de justicia que así se reconozca”, apunta Lapido, quien recuerda que la entidad ha firmado ya convenios similares en Andalucía con el Festival de Blues de Cazorla, el Monkey Week y el ciclo de cantautores Abril para vivir, que se celebra en Granada.

nocturama_2015_lvpTambién ha participado el pintor sevillano Manuel León, que el pasado 2014 protagonizaba en el CAC de Málaga su primera exposición individual. León, autor de parte de la iconografía del grupo Pony Bravo -incluida la portada de su tercer álbum, De palmas y cacería- es responsable en esta ocasión de la imagen gráfica del ciclo. Sobre su hermoso y llamativo cartel, apunta León, artista en alza, que con él “me saco la espina clavada con los últimos carteles oficiales de fiestas de Sevilla, que no están a la altura de lo que se está haciendo en la ciudad”.

Organizado tradicionalmente por dos empresas distintas -Green Ufos, que se encarga del cartel de julio, y La Suite, que como se ha apuntado ya confecciona el de agosto-, Nocturama vivirá este año por primera vez una inesperada prolongación durante el mes de septiembre a cargo de una tercera promotora, una decisión adoptada por el CAAC que no gusta a los organizadores.  “Nos parece mal -apunta Violeta Hernández, de La Suite-. Que haya tres empresas diferentes, con distintos presupuestos y modelos de gestión no es coherente. Crea confusión en el espectador y también inseguridad jurídica. Estamos en conversaciones para intentar solucionarlo”. Por su parte, David Linde, también socio de La Suite, añade que “hace diez años la mayoría de la gente no sabía ubicar en el mapa el Monasterio de La Cartuja. Y ahora suceden un montón de cosas”.

En cuanto a la programación, Nocturama Agosto arrancará, como ya se ha apuntado, el miércoles 5 con la actuación del explosivo trío ubetense de blues-rock Guadalupe Plata, todavía en plena gira de presentación de su homónimo tercer álbum. Tras su concierto, la velada continuará con el grupo sevillano de bluegrass Surrounders, debutante el pasado 2014 con el epé A Better Place.

Al día siguiente, jueves 6, todavía a un par de semanas de publicar su séptimo álbum en estudio, Algo sucede, la mexicana Julieta Venegas protagonizará una de las citas más señaladas de Nocturama Agosto, que se apunta el tanto de ofrecer una de las dos únicas actuaciónes en Andalucía de la cantante -la otra será en el Festival Starlite de Marbella y con las entradas a precios considerablemente superiores a los de aquí-. Completará la noche una sesión a cargo de Música Prepost, el singular dúo de discjockeys integrado por el actor y músico Fran Torres y Pablo Peña, de Pony Bravo.

Guadalupe Plata / Foto: Nickie Divine

Guadalupe Plata / Foto: Nickie Divine

El miércoles 12 llegará el turno de Mi Capitán, banda barcelonesa comandada por Gonçal Planas, e integrada por miembros de Standstill, Egon Soda y Love of Lesbian, que a comienzos de año debutaba con el álbum Drenad el Sena. Luego, sesión a cargo Tony Love, alias del veterano músico local Antonio León, actualmente en Los Sentíos y a punto de lanzar disco propio como Tony Love & The Dirty Band.

El jueves 13 pasarán por el escenario de La Cartuja el torrencial cantautor asturiano Pablo García, alias Pablo Und Destruktion, en proyección creciente tras la reciente edición de su tercer disco, Vigorexia emocional, y el aguerrido grupo murciano Crudo Pimento, responsable de un título, en efecto, tan crudo como Fania Helvete, publicado este mismo año.

Otra cita señalada será la del dúo Hidrogenesse (miércoles 19), que vuelve a Sevilla con las canciones de su último disco hasta la fecha, Roma. Será ésta también una noche con dos actuaciones: tras su concierto, turno para Los Ganglios, el descacharrante, y a menudo también vitriólico, trío pacense de synth-pop. Justo un día después, con Lo nuestro bajo el brazo, la incombustible Christina Rosenvinge aterrizará en Nocturama Agosto el jueves 20. Cerrará la noche una sesión de Stereofan.

Auténtica fuerza de la naturaleza -¿cómo cabe tanta energia en un cuerpo tan enjuto?-, el jerezano Tomasito lleva dos años trasladando al directo las canciones de Azalvajao -aquí lo hará el miércoles 26-, aunque también ha tenido tiempo de colaborar estrechamente con Joe Crepúsculo en su último álbum, Nuevos misterios. Por cierto, éste le ha devuelto el favor remezclando a tumba abierta Rumba que tumba. Cerrará otra sesión, en esta ocasión a cargo de Skinnyfinger y Reyes Estrada.

El jueves 27 volverá a Nocturama el dúo donostiarra Single, aunque ahora lo hará para presentar en directo por primera vez en Sevilla las canciones de su celebrado cuarto álbum, Rea. El colofón lo pondrá un segundo concierto a cargo de los locales Trisexual Band.

El punto final, teñido de soul, el viernes 4 de septiembre, contará con dos actuaciones a cargo de Al Supersonic & The Teenagers y Freedonia, y una última sesión a cargo de Tali Carreto.

Todos los conciertos del ciclo tendrá un precio en taquilla de 10 euros, excepto el de Julieta Venegas, que ascenderá a 15 euros. En venta anticipada, a través de Ticketea, y también en la librería La Extravagante, las 300 entradas primeras entradas por jornada valdrán 7 euros más gastos de envío; a partir de esa cifra, 9 euros más gastos de envío. El concierto de Julieta Venegas, por su parte, tendrá en venta anticipada un precio de 12 euros más gastos de envío para las 300 primeras entradas y 14 euros más gastos de envío para el resto. La organización ha lanzado también un abono no nominativo para todo el ciclo -esto es, utilizable por diferentes espectadores- al precio de 55 euros.