Blas Fernández | 6 de diciembre de 2012 a las 8:46
The Seer. Swans. Young God Records. Rock. 3LP / 2CD.
Brevemente reseñado ya, a la vuelta del pasado verano, en La Ventana Pop, The Seer llega al final de este agónico 2012 mostrando su vitola de álbum destacado del año con la misma violencia y acorde ferocidad que gasta el desafiante bicho de su portada, presto a enseñar sus afilados colmillos como inequívoca señal de advertencia al oyente aventurado.
“Es la culminación de cada álbum anterior de Swans, así como de cualquier otra música que yo haya hecho, en la que haya participado o haya imaginado”, apunta Michael Gira en unas notas introductorias al disco, cuyo proceso de gestación, al menos en un sentido metafórico, se habría dilatado pues tres décadas. Son las que distan entre el nacimiento de la abrasiva formación neoyorquina en plena eclosión post-punk -con Gira, claro como inamovible pivote entorno al cual gira tan singular discurso- y esta definitiva constatación de que su retorno en 2010 con My Father Will Guide Me Up a Rope to the Sky, tres lustros después de aparcar a los cisnes para firmar un reguero de discos con su propio nombre, nada tiene en común con esas a menudo sospechosas reapariciones al calor de tal o cual reivindicación entusiasta del pasado reciente.
Ni Gira permaneció inactivo ni My Father… (tampoco su secuela en directo, We Rose from Your Bed with the Sun in Our Head) supuso el habitual pretexto para retomar la carretera y hacer algo de caja, objetivo siempre legítimo, pero tantas veces también decepcionante. Al contrario, aquel álbum, con sus ocho cortes pletóricos de electricidad señalando el imponente estado de forma del veterano músico, bien pudiera ser leído hoy como un tanteo, un examen de las posibilidades de estos remozados y muy numerosos Swans, que convierten el escenario -y no a la inversa- en el laboratorio donde se ensayan muchas de las ideas que luego se registran en el estudio.
Desarrolladas “orgánicamente” por el grupo “en los ensayos y en la gira”, abunda Gira en torno a canciones como la homónima The Seer, 93 Ave. B Blues, Avatar o The Apostate, las once piezas del álbum crecen en consonancia con la ambición de su artífice por conseguir, más allá de un disco, una experiencia de inmersión sensorial completa. Lo consigue, si el oyente se presta al apabullante experimento, desde irrefutables presupuestos rock -la vanguardia de ayer suena hoy irremediablemente clásica, aunque sigue haciendo sangre-, buscando en la expansión de los tiempos el perfecto aliado que obliga al sujeto a aislarse del entorno y enfrentarse cara a cara con lo que suena -ya se ha resaltado en múltiples ocasiones que el corte que da título al disco supera los 32 minutos-.
También quedaría en mera anécdota la solícita colaboración de nombres tan atractivos para el melómano como los de Alan Sparhawk y Mimi Parker, de Low, Ben Frost, Karen O -la hermosa Song for a Warrior- o la mismísima Jarboe -inefable compañera de subidones y fatigas del propio Gira- si no fuera porque tan significativa lista, por sí misma, da buena cuenta de hasta qué punto la semilla de Swans arraigó en el vasto paisaje del rock contemporáneo y otras parcelas adyacentes.
Swans presenta The Seer el próximo domingo 9 en el Teatro Central de Sevilla (única fecha en Andalucía) a las 21:00. Entradas a 18 euros en venta anticipada y a 22 euros en taquilla.
Aquí le dejo un clip en directo (en versión corta) de The Apostate…
Blas Fernández | 23 de octubre de 2012 a las 7:09
La última visita de Tindersticks a Sevilla, en 2010 dentro de la programación del festival Territorios, hizo recordar a los espectadores más veteranos otro concierto local de la banda británica en condiciones bastantes más ventajosas. Fue aquél con el que en 1998 se inauguró el ciclo Pop-Rock en el Central, responsable de tantas y tan buenas actuaciones a lo largo de estos tres lustros en el teatro de la Isla de La Cartuja.
En efecto, la música de Tindersticks brilla más en las distancias cortas y los espacios cerrados, y si en aquella ocasión el grupo llegaba tras encadenar, bandas sonoras y directos al margen, tres discos memorables –el homónimo Tindersticks (1993), Tindersticks II (1995) y Curtains (1997), los responsables directos de su inmediata proyección como uno de los nombres señalados en la escena del rock independiente de la década–, no es menos cierto que ahora, después de superar un largo parón discográfico, sobrevivir a notables cambios en la formación –la salida de Dickon Hinchliffe, puntal de la banda, tras Waiting For The Moon (2003)– y dejar momentáneamente atrás los intentos en solitario –el inconfundible vocalista Stuart Staples aprovechó el lapsus para publicar dos recomendables álbumes bajo nombre propio, Lucky Dog Recordings 03-04 (2005) y Leaving Songs (2006)–, el grupo vuelve a presentar un aspecto inmejorable certificado tras otra triada de títulos algo más que notables.
Este inesperado reprise tomó forma con The Hungry Saw (2008), continuó un par de años después con el estupendo Falling Down a Mountain y se cierra, hasta el momento, con The Something Rain, publicado a comienzos del año en curso. Staples (voz y guitarra), David Boulter (teclados), Neil Fraser (guitarra), Dan McKinna (bajo y teclados) y Earl Havin (batería) siguen manejando como pocos las claves de una propuesta emparentada con cierta corriente, telúrica y subterránea, que recorre la historia del pop –con Scott Walker como santo patrón– y que fía sus bazas a la tensión y a la emoción. Para demostrarlo en vivo, y como ya adelantó este blog a finales del pasado mes de mayo, vuelven esta misma noche al Teatro Central, que con su concierto celebra, además, el inicio de la nueva temporada.
Tindersticks. Hoy a las 21:00 en el Teatro Central. Entradas a 25 euros en taquilla. En venta anticipada, a 22 euros.
Blas Fernández | 1 de octubre de 2012 a las 7:13
Los Evangelistas. XVII Bienal de Flamenco de Sevilla. Formación: Antonio Arias (bajo, guitarra y voz); J (guitarra y voz); Florén (guitarra); Éric Jiménez (batería); J. Machuca (teclados); Carmen Linares y Soleá Morente (voces invitadas). Lugar: Teatro Central. Fecha: sábado 29. Aforo: algo más de media entrada.
1997: Carmen Linares actúa en el festival granadino Espárrago Rock; entre los damnificados de tan gloriosa colisión, una nutrida de legión de melómanos rock se deja tentar, una vez más, por esas sonoridades que permanecen ocultas e incrustadas en lo más hondo de su subconsciente. 1998: Enrique Morente, también en el Espárrago, sube al escenario con Lagartija Nick y muestra cómo de bien, cómo de sentido y hercúleo, suena ya el directo de Omega. La legión se multiplica.
Estos dos hechos puntuales se incardinan en una larga oración que juega lo suyo con las subordinadas: en lo referente a Lagartija Nick, se inicia con los tímidos contactos entre banda y cantaor para dar forma a una colaboración cuya revolucionaria naturaleza aún tardaríamos en descubrir; en lo referente a Morente, es un jalón más en esa incansable necesidad de satisfacer su curiosidad por tantas otras músicas al margen del flamenco, por dialogar y descubrir qué pasaría si…; en lo que respecta a la ocasional pero reiterada relación entre flamenco y rock, se revela como un capítulo nuevo: Omega, y lo que vendrá (incluido el descubrimiento de una nueva devoción que servirá a J para reinventar a Los Planetas en La leyenda del espacio), ha pasado página y destapa una dirección inédita, una lectura flamenca desde el rock contemporáneo que esquiva con acierto los tics convertidos en clichés.
Flamenco y rock… Sólo quienes desconocen esta compleja cronología pueden todavía incomodarse, incluso después de otros acercamientos vistos en anteriores ediciones del festival, con la presencia de Los Evangelistas en la programación de la Bienal de Flamenco; sólo ellos pueden pensar que la evocación de Morente es en realidad un mero pretexto para buscar un bolo más.
Homenaje a Enrique Morente, editado a comienzos de este año, es fruto de la admiración y convierte el legado del cantaor en un rompehielos que sigue abriendo vía al feliz hallazgo. “El flamenco es tan potente que acaba haciendo de ti una persona mucho más purista de lo que pensabas” , confiesa Antonio Arias. “Él [Morente] se vestía de moderno para hacernos fundamentalistas; gente, a la que por cierto, odiaba”, reflexiona J. Ahí queda eso, para futuras disquisiciones en torno a esta historia.
Pero allá donde el disco desvela un glorioso equilibrio entre mimo y talento, entre laboriosa dedicación y habilidad creativa para llevar a terreno propio las enseñanzas recibidas, el directo revela patentes desequilibrios. Fuera de toda duda el cancionero elegido -no todo grabado o, en ocasiones, como en Ciudad sin sueño, extraído de Omega-, estas apropiaciones y reconversiones morentianas, o al menos así fue en el Central, sufren sus altibajos. Las interpretadas por Antonio Arias mantienen por lo general el tipo; las cantadas por J -letrista certero e inmisericorde, pero vocalista limitado más allá del universo propio y reconocible generado por Los Planetas; y ése es un mérito incontestable- pierden algo respecto a su registro fonográfico. Señalando lo obvio, se puede decir que Antonio entra afinado y con presencia, mientras que J lo hace tanteando el tono adecuado para sólo a partir de ahí crecerse.
¿Problemas en los monitores? No lo sé. Quizás: pese a lo limpio del sonido durante todo el concierto, servidor echó en falta más volumen y más peso en las guitarras, responsables de la particular textura de estas adaptaciones y pieza fundamental en una ambiciosa estructura sólidamente asentada sobre la fiera batería de Éric Jiménez y el bajo preciso y preciosista de Arias. Aun así, con sus defectos, la anunciada misa sónica en recuerdo del maestro contenta a los creyentes y, como cabe esperar, los llena de gozo. Por contra, me temo, los incrédulos seguirán ejerciendo como tales.
Donde probablemente unos y otros coincidan sea en la fascinación frente a Carmen Linares, quien ya en los bises borda Delante de mi madre con la misma hondura, sentimiento y dignidad que ha enseñoreado su larga carrera. Por su parte, Soleá Morente, pura hambre de escenario todavía en busca de identidad propia, se entrega con pasión junto a Arias en Yo poeta decadente -qué texto, Dios, qué texto…- y pone la misma voluntad en La estrella.
Viniéndose arriba con cada canción, con cada minuto, el fin de fiesta es justo eso, celebración de lo vivido con Donde pones el alma: todos sobre el escenario evidenciando que, en efecto, han hecho justo eso.
Blas Fernández | 28 de mayo de 2012 a las 11:40
Si la pasada semana saltaba la estupenda noticia del concierto de Los Evangelistas, el próximo 29 de septiembre en el Teatro Central, dentro de la programación de la Bienal de Flamenco -una de las contadas ocasiones, hasta la fecha, de escuchar en directo su imponente Homenaje a Enrique Morente-, ésta se inicia con el anuncio de otra cita de interés en el mismo escenario para poco menos de un mes después: Tindersticks volverá al escenario de la Isla de la Cartuja el martes 23 de octubre.
Se da la circunstancia de que la banda británica, liderada por Stuart Staples, fue hace ahora catorce años el plato fuerte de la primera edición del Pop-Rock en el Central, el ciclo que durante todo este tiempo ha ido proponiendo en Sevilla conciertos que, al menos en origen, hubieran tenido difícil encaje en un cartel de iniciativa privada. La situación, es evidente, ha cambiado mucho, hasta el punto en que hoy en día buena parte de los conciertos de rock que el Central ofrece son fruto de la colaboración entre dicho espacio escénico y promotoras privadas. Una inesperada consecuencia de la crisis, y sus así argumentados recortes en los presupuestos culturales, que sacaron a Pop-Rock en el Central de su tradicional corralito al final de la temporada para expandir su radio de acción durante todo el año. La actuación de Tindersticks, además, se llevará a cabo en plena celebración del vigésimo aniversario del teatro, lo cual aporta un plus simbólico a esta nueva cita.
También Tindersticks ha cambiado, desde luego. En 1998 la banda de Nottingham había encadenado tres discos fenomenales -Tindersticks (1993), Tindersticks II (1995) y Curtains (1997)-, amén de iniciar una fructífera colaboración en forma de bandas sonoras con la cineasta gala Claire Denis, que con sobrados argumentos la convirtió en uno de los nombres imprescindibles de la escena idependiente de la época.
Con obvios referentes en la obra de Scott Walker, también en Leonard Cohen y en Lee Hazlewood, entre tantos otros, Tindersticks proponía un denso, elegante y a menudo hipnótico repertorio en el que la singular voz de Staples, grave y premeditadamente temblorosa, porfiaba el protagonismo a los esplendorosos arreglos del violinista Dickon Hinchcliffe. Así los vimos por aquí en aquella ocasión, en el que podría ser considerado el momento más dulce de su primera etapa.
Luego llegaron más discos notables -Simple Pleasure (1999), Can Our Love (2001) y Waiting for the Moon (2003)-, pero también señales de agotamiento: Stuart Staples iniciaba carrera en solitario bajo su propio nombre (hasta ahora coronada con dos títulos) y Tindersticks parecía pasar a la historia.
Sin embargo, cinco años después, tres de los componente originales de la formación -Staples, el teclista David Boulter y el guitarrista y vibrafonista Neil Fraser- retomaban la actividad con un álbum, The Hungry Saw (2008), que los mostraba de nuevo en plena forma. En 2010, el año de la publicación del no menos recomendable Falling Down a Mountain, volvimos a tenerlos en Sevilla como parte de la programación de Territorios Sevilla, aunque el de festival al aire libre no sea precisamente el formato que mejor se ajusta a su propuesta.
Recientemente, el pasado mes de febrero, la banda ponía en circulación su noveno álbum en estudio, The Something Rain, otro disco que persevera en las claves manejadas por el grupo a lo largo de toda su trayectoria -intensidad y lirismo a partes iguales, picando del rock y del jazz, apuntando maneras propias del pop de cámara- y que será el que presenten sobre las tablas del Central.
Ahí le dejo el clip de Medicine…
…y el de A Night So Still, ambas canciones de The Something Rain.
Blas Fernández | 15 de mayo de 2012 a las 7:25
El próximo jueves 24 de mayo el Teatro Central de Sevilla acoge la presentación de los dos números especiales que la revista Boronía ha dedicado a la figura del desaparecido Enrique Morente, nombre capital en la música española de las últimas décadas, artífice en buena medida de la acepción contemporánea del flamenco y puente siempre abierto entre este género y otros lenguajes sonoros. De su acercamiento al rock, o del acercamiento de ciertos rockeros a su magisterio, dejan gozosa prueba obras como el monumental Omega; de su herencia entre estos últimos, discos como La leyenda del espacio de Los Planetas o el inspirado y sentido tributo rendido a su obra por éstos y por sus viejos y leales amigos de Lagartija Nick, el Homenaje a Enrique Morente de Los Evangelistas.
El primer Libro de Morente, publicado en el verano de 2011, compiló un largo listado de recuerdos e impresiones evocados por allegados, compañeros y seguidores -entre otros, Pedro G. Romero, Diego A. Manrique, Gerardo Núñez, Jesús Arias, Ignacio Julià, José Ignacio Lapido, Balbino Gutiérres, Alberto Manzano, José Sánchez-Montes y Javier Liñán- con un resultado tan inesperado como deslumbrante: de la profunda conmoción causada por el cercano fallecimiento del cantaor brotaba una emoción que, en sucesivas lecturas, se revelaba como una fuente de información de primer orden.
Similar estructura guarda el Libro de Morente II, aparecido el pasado mes de febrero, que al plantel de firmas invitadas -esta vez, también entre otros, Aurora Carbonell, Santiago Auserón, Daniel Alonso, José Luis Ortiz Nuevo, Joaquín Pérez Azaustre, Lee Ranaldo y Guillermo Z. del Águila- suma densas y reveladoras entrevistas con Soleá Morente, Israel Galván, Los Evangelistas, Pepe Habichuela y el propio Morente.
Al frente de este proyecto editorial se encuentra el cordobés Gabriel Nuñez Hervás, activista fanzineroso en los últimos años 80, promotor discográfico, organizador de conciertos -él fue el responsable de la aparición de Los Evangelistas en La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba en junio de 2011- y rendido admirador del cantaor. Para la presentación en Sevilla, la última tras sendos actos en Madrid y Córdoba, Núñez Hervás ha configurado un cartel en el que no sólo destaca la presencia del guitarrista Pepe Habichuela, fiel escudero de Enrique Morente, sino también la de la mitad de Los Evangelistas: Antonio Arias y Éric Jimémez, que realizarán un breve set acústico en lo que se antoja una ocasión única. De todo ellos, y de más, habla el hombre tras Boronía.
Blas Fernández | 4 de mayo de 2012 a las 7:09
“Pues sí: va a haber invitados, músicos de aquí con los que estamos trabajando. Pero queremos mantener la sorpresa”, dice Daniel Alonso, teclista y cantante de Pony Bravo, guardando el suspense respecto a su concierto de esta noche en el Teatro Central. La banda sevillana -completada por Darío del Moral, Javier Rivera y Pablo Peña- ofrece una actuación encuadrada dentro de los actos de celebración del vigésimo aniversario del espacio escénico de la Isla de la Cartuja, una ocasión que el cuarteto aprovechará para presentar, junto al repertorio formado por los temas de sus dos discos, algunas nuevas canciones. “Habrá sorpresas y canciones nuevas -avisa Alonso-. El Central es un sitio que te permite hacer cosas diferentes a las que harías en un escenario normal. Y además, es que nos hace ilusión presentar los temas nuevos en Sevilla”.
La mayoría de esas canciones inéditas, las que conformarán el tercer álbum del grupo tras Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias (2008) y Un gramo de fe (2010), permanecen aún en fase embrionaria, en pleno proceso de construcción. “Llevamos ya unos meses trabajando en el nuevo disco. Estamos en esa etapa de investigación previa y de mucho local de ensayo. Aún no hay fecha para grabar, pero sí que tenemos pensado entrar en agosto con Raúl en el estudio. Serán grabaciones que nos servirán como calentamiento para ver qué tipo de producción vamos a darle a las canciones. Creo que mientras más tiempo inviertas en trabajar con la persona que te va a grabar, más interesante será luego el resultado”, dice Alonso en referencia a Raúl Pérez, responsable tras la mesa mezcla de los Estudios La Mina de los dos discos del grupo (y de buena parte de lo mejor salido de la escena independiente sevillana durante los últimos años).
¿Se atreve Alonso a adelantar cómo será ese nuevo trabajo? Parece difícil, todavía. “Con cada disco hemos intentado avanzar un poco en nuestro lenguaje, pero ése es un proceso misterioso y a veces incluso caótico -reconoce-. Antes de cada nuevo demo o de cada ensayo hablamos mucho al respecto, para ponernos de acuerdo entre nosotros y definir una línea. Pero siempre hay un elemento incontrolable en todo eso, en el salto que uno pueda dar, hacia atrás o hacia adelante, que no siempre se acierta”.
“La filosofía de Pony Bravo siempre ha estado basada en la investigación de la música popular, algo que puede sonar un poco pedante, pero que es así -añade Alonso-. En ese sentido será, supongo, un disco continuista, porque uno no puede escapar de cómo le salen las cosas, pero también habrá aspectos nuevos, espero. Ése es al menos el intento”.
La continuidad se concretaría, explica el músico, en esa ya bien conocida vocación exploratoria de “la cultura andaluza, de su iconografía, del flamenco; también en nuestro gusto por el krautrock o por el reggae“. ¿La novedad? “Las nuevas influencias a la hora de componer -comenta-. A mí cada vez me gusta más Jonathan Richman, o Dub Narcotic, que a todos nos atrae por cómo tratan el dub. Y seguimos escuchando muchas cosas de Can, de Talking Heads. O grupos como Devo, que cada vez nos interesan más por su humor, porque también estamos intentando integrar corrientes de humor que se han trabajado en el rock anglosajón, engarzarlas en una tradición local”.
Como prueba de lo último, valga el encendido elogio dedicado recientemente por Alonso a No me pises que llevo chanclas en el periódico El Diagonal. “Por un lado, el humor parece más necesario que nunca, pero por el otro convivimos con un componente de dureza que te hace muy difícil hablar de economía o de política como podrías hacerlo hace un par de años -abunda-. Todo está más cerca. Quizás por eso sea más interesante, quizás por eso estamos intentando no huir de ciertas temáticas porque sean más complejas o nos den miedo. Siempre es más fácil escribir de las anécdotas cotidianas, pero si no corres algo de riesgo el proyecto no merece la pena. De todos modos, no puedes olvidarte del marco, que es un grupo de rock. Y uno accede a veces a la música rock buscando un cierto tipo de felicidad… Si lo conviertes en un documental o en algo muy serio, puede perder su fuerza”.
Ellos, parece, las mantienen intactas. Desde su asalto a la escena nacional hace ahora cuatro años, un desembarco reforzado en su inmediatez y propagación por el uso de licencencias Creative Commons y la consiguiente libre descarga de sus trabajos, el grupo sevillano no para. A sus numerosos conciertos dentro y fuera del país suman la banda paralela Fiera -con un álbum, Déjese llevar, publicado en 2010 y otro también en proceso de creación- y la labor efectuada desde su propio sello discográfico y agencia de management, El Rancho Casa de Discos. “Son proyectos como los que llevamos a cabo con la compañía Mopa, con Mansilla y Los Espías, con Lumineón… Y son colaboraciones muy distintas, componer la música para una pieza coreográfica , hacer un vídeo o tareas de comunicación y prensa. Es puro intercambio: hay que aprovechar las capacidades de cada uno para sacarlo todo adelante”, afirma.
Entre esos proyectos también se cuenta la composición de la banda sonora de Carmina o revienta, el debut como director del actor Paco León, estrenada en el reciente Festival de Cine Español de Málaga y galardonada con el premio del público en su sección oficial. “Conocíamos la trayectoria de Paco León desde sus tiempos como bailarín de danza contemporánea -recuerda Alonso-. En la productora de la película estaban buscando un enfoque tradicionalista de la cultura andaluza, pero dándole a los personajes una mirada contemporánea, alejada de los localismos. Paco, de hecho, nos comentó que por ese motivo no quería utilizar flamenco en la banda sonora. Así que la conexión fue rápida, porque nosotros intentamos hacer algo parecido, y desde el principio lo vimos claro”.
Daniel dice que la película, como al resto de integrantes de Pony Bravo, le ha “gustado muchísimo”, pero descarta la publicación autónoma de la banda sonora. “No, porque no se trataba de hacer canciones. Ése no era el enfoque -explica-. Era algo más… Invisible. Se trataba hacer instrumentales en apoyo a las escenas, a su servicio. Así que no tenemos intención de editarlo como algo aparte, porque nos gusta así, integrada en la propia película. No tiene sentido verlo de otro modo”.
Pony Bravo actúa esta noche a las 22:00 en el Teatro Central. Las entradas cuestan 15 euros en taquilla y 12 euros en venta anticipada.
Aviso: en La Ventana Pop disponemos de dos entradas dobles para el concierto de esta noche y de dos copias en vinilo de Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias. Se llevarán ambos lotes (dos entradas más disco) los dos primeros comentarios a esta entrada en el blog que contesten correctamente a esta sencilla pregunta: ¿en qué grupo anterior a Pony Bravo militaron Pablo Peña, Darío del Moral y Javier Rivera?
Recuerde que tras enviar el comentario tiene que mandar a su vez un correo con su nombre completo y DNI a bfernandez@grupojoly.com
Los agraciados podrán recoger sus entradas en la taquilla del Teatro Central antes del del concierto. Los discos deberán recogerse en la redacción de Diario de Sevilla (c/Rioja 14-16) de lunes a jueves de 10:00 a 13:00 y de 16:30 a 18:30. Suerte.
Blas Fernández | 20 de marzo de 2012 a las 7:25
Hace diez años, a comienzos de abril de 2002, recibí de Juan Luis Pavón, subdirector de Diario de Sevilla, uno de esos encargos que, para desgracia de todos, cada vez se estilan menos en las redacciones de los periódicos: “¿Por qué no te olvidas de lo demás durante una semana y preparas un reportaje amplio sobre el décimo aniversario del Teatro Central?”.
Con la idea de documentar la génesis del singular espacio de la Isla de la Cartuja, uno de los más golosos activos escénicos heredados de la Expo’92, su cese temporal de actividad tras la muestra y su posterior reapertura, concerté entrevistas con algunos de los principales implicados en el proyecto, tanto en origen como en el posterior desarrollo de una programación que terminaría por convertir al Central en algo muy parecido a un referente.
Manuel Llanes -ayer motor y hoy, además, director del teatro-, Manuel Grosso -entre tantas otras cosas, artífice de su reapertura-, Gerardo Ayala -arquitecto responsable de tan hermoso y versátil edificio-, Elena Angulo -durante años directora general de Fomento y Promoción Cultural de la Consejería de Cultura-, Manuel Ferrand -entonces encargado de la programación de música clásica- y Juan Carlos Marset -con posterioridad delegado de Cultura del Consistorio hispalense y director del Instituto Nacional de las Artes Escénica y la Música-, prestaron sus voces a este relato de los hechos, que hubiera quedado incompleto sin las de aquellos que dan sentido a cualquier espectáculo: los espectadores.
A punto de cumplirse diez años más, en vísperas de que el Central celebre su vigésimo cumpleaños el próximo mes de abril, rescato aquel extenso reportaje alternando en el ánimo la alegría por el nuevo aniversario con un indisimulado fatalismo por lo que el futuro inmediato pueda depararle a tan atípico escenario. Vivimos tiempos bárbaros y ya sabemos dónde gustan los gestores de la cosa pública de meter primero su tijera. Todos ellos, sin divergencias.
Y cruzo los dedos. No sólo porque a lo largo de estos veinte años el Central ha ofertado un cartel convertido en ventana desde la que asomarse a cuanto más y mejor se estaba haciendo aquí y allá en disciplinas como la danza o el teatro, entre otras -un modelo exportado luego al Cánovas de Málaga y al Alhambra de Granada-, sino también por razones personales que acaban entremezcladas con las profesionales.
En su amplio apartado musical, el papel del rock en el Central corre en paralelo al tratamiento que los medios generalistas le han venido otorgando al género. Hace veinte años, sólo unos pocos se aventuraban a presentarlo en el mismo nicho, y con el mismo rigor, que el jazz o la música académica en todas su variantes, recluyendo cualquier información sospechosa de ser pop en las páginas más ligeras de los diarios o en sus suplementos juveniles.
Desde el principio, en Diario de Sevilla, y en su desaparecido suplemento Culturas, no fue así. En el Central tampoco, pero me consta que a Llanes le costó tiempo, paciencia y mano izquierda, mucha mano izquierda, terminar perfilando Rock en el Central, pese a las incomprensiones, las reticencias y las ignorancias, como uno de los ineludible ciclos de cada temporada. ¿Nos ponemos a recordar todo lo que hemos visto allí?
No me extraña que entre los actos con los que va a celebrarse el aniversario se encuentre el rock: al concierto de Low el próximo lunes 26 -servidor apuesta a que nos dejaran igual de contentos que en aquella otra ocasión- su sumará una actuación de Pony Bravo (4 de mayo) y una fiesta de fin de temporada protagonizada en exclusiva por grupos andaluces (el 2 de junio en el espacio del aparcamiento).
Y habrá más: una exposición fotográfica -los fondos generados por el Central constituirían en sí mismos un imponente centro de documentación de artes escénicas-, otra muestra en torno al libro de visitas del teatro -en el que los artistas fueron dejando sus dedicatorias y recuerdos-, testimonios en vídeo sobre los veinte años del teatro de quienes pisaron sus tablas o se sentaron en sus butacas, recuperación de coreografías, visitas guiadas… “Una memoria sentimental en totum revolutum“, dice Llanes.
Diez más diez. No digo más y le dejo con el reportaje. Son siete páginas. Póngase cómodo…
Blas Fernández | 12 de septiembre de 2011 a las 7:39

Boogie Woogie, R’n'B, Western Swing, Jump Blues, Swing, Jazz, Rockabilly, Blues, Country & Western… La enumeración de estilos en la propia portada de A To Z, The Roots of Rock’n'Roll dejaba pocas dudas sobre el contenido de aquel recopilatorio que, más que como carta de presentación, servía como declaración de intenciones a Kitty, Daisy & Lewis. De Albert Ammons a Bob Zurke, con ellos de por medio, eran 26 cortes dedicados a desenterrar los profundos cimientos de su (¿anacrónica?) devoción.
Para entonces, verano de 2007, el singular trío londinense -jovencísimos hermanos abducidos por el culto al protorock’n'roll- ya había editado varios sencillos reveladores del imaginario que alimentaba su retromanía, pero la doble compilación, adornada con curiosidades como aquel calypso de Louis Jordan (Run Joe) o el desbocado swing de Earl Hines & His Orchestra (Piano Man), certificaba que circunscribir su gusto o incluso su radio de acción al rockabilly, como solían hacer las primeras crónicas de urgencia, era una tentación reduccionista ciertamente desafinada. Aquí había más, todo igual de vetusto, pero más.
Los Durham, hijos del guitarrista e ingeniero de sonido Graeme Durham y de la baterista Ingrid Weiss (The Raincotas), podían haber derivado sus filias hacia cualquier otra época, pero la afinidad, vaya usted a saber por qué, surgió alrededor de aquellas añejas y desde luego aún hoy vibrantes piezas.
Cuando en 2008 apareció su primer y homónimo álbum, buena parte de las reseñas giraron en torno al hecho de que tres pipiolos de 16, 18 y 20 años cultivaran semejante inclinación por la arqueología en lugar de juguetear con ordenadores (en fin…). No pocas de ellas, en cualquier caso, se declaraban rendidas ante semejante muestra de desparpajo, soltura, energía y sonido cavernoso (así, por cierto, se presentaron en vivo en la primera edición del Monkey Week, en 2009).
Lo que de algún modo contribuyó a desbordar todo aquello de su presumible cauce natural tiene nombre y apellido: Chris Martin. Bien es cierto que la banda ya había abierto para gente como Richard Hawley, pero convertirte en telonero de una gira norteamericana de Coldplay es, definitivamente, otra cosa. Vuelven los 50 fue, de nuevo, un titular recurrente.
Publicado tres años después de aquel pequeño revuelo, Smoking in Heaven nos presenta ahora a Kitty, Daisy & Lewis abriendo tanto el abanico como en aquella recopilación. O casi. Tomorrow, el primer corte, guiña un ojo al rocksteady y a partir de ahí, con un sonido más elaborado que su predecesor, pero sin pasarse, se sucede otro sugerente catálogo de antigüedades que cobran vida. No por arte de magia, sino porque Kitty, Daisy & Lewis se resisten, precisamente, a descatalogarlas.
Y así los veremos pronto por aquí, presentando las canciones del nuevo álbum, el próximo viernes 7 de octubre en Granada, inaugurando la temporada en el Centro Cultural Caja Granada, y el sábado 8 en Sevilla, haciendo la propio en el Teatro Central. Las entradas para ambas actuaciones costarán lo mismo en venta anticipada, 15 euros. En taquilla el día del concierto, las granadinas costarán luego 18 y las sevillanas 20.
Ahí les dejo el clip de Messing With My Life. Que lo disfruten…
Blas Fernández | 11 de marzo de 2011 a las 18:54
La apertura de la programación musical en los teatros dependientes de la Consejería de Cultura, en concreto la centrada en rock y satélites, a agentes externos a la administración está provocando, aunque sea con cuentagotas, algunas agradables sorpresas al melómano. Una situación cuanto menos paradójica, cuando lo que se anunció en principio fue precisamente la cancelación de los ciclos de rock en el Central de Sevilla, el Cánovas de Málaga y el Alhambra de Granada por obra y gracia del tijeretazo presupuestario (más que tijeretazo, ya saben: hachazo).
La última de esas sorpresas es de las que a servidor, y espero que a muchos de ustedes, entusiasman: The Sea and Cake estará actuando en Málaga y Sevilla los días 7 y 8 del próximo mes de abril respectivamente. Con nuevo disco previsto para mayo, The Moonlight Butterfly -ya anunciado en la web de Thrill Jockey-, se antoja una buena oportunidad tanto para escuchar nuevas composiciones de la superbanda de Chicago -recuerden: Sam Prekop, Archer Prewitt, Eric Claridge y John McEntire- como para recuperar la música de esa fantástica discografía que hace gráciles equilibrios entre el art-rock, el pop y el jazz.
La banda norteamericana contará además como telonera con la portuense Marina Gallardo. Un interesante aliciente extra. Las entradas, a 15 euros, a la venta en General Tickets.
Blas Fernández | 22 de octubre de 2010 a las 18:39
“Cuando empezamos a ser reseñados en Pitchfork y en todas esas páginas nos entró un subidón. Nunca habíamos tenido a tanta gente interesada por nuestra música. Pero de ahí a hacerte ilusiones hay un trecho. Siempre hemos ido paso a paso, de forma escalonada, despacio y sobre suelo firme. Así que no nos volvimos locos”, recuerda Ekhi Lopetegui, bajista y cantante de Delorean, de las semanas posteriores a la aparición en esa publicación on line estadounidense -para bien y para mal, de las más influyentes en la escena musical independiente- de una elogiosa crítica en torno al epé Ayrton Senna.