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Territorios 2012: Truco o trato

Blas Fernández | 19 de mayo de 2012 a las 15:26

Tricky, durante su actuación. / Foto: Juan Carlos Muñoz

¿Maxinquaye íntegro? Vamos, Tricky, por favor, no te quedes más con tu público… Fue que no: uno de los más sonados reclamos en la primera jornada de la XV edición del festival Territorios Sevilla, anoche en el Monasterio de La Cartuja –esto es: la revisión completa de aquel monumental álbum de 1995, uno de los tres pilares junto al Blue Lines de Massive Attack y el Dummy de Portishead de lo que luego se llamó trip-hop– quedó en eso, en mero reclamo, un truco del de Bristol para reorientar la atención de promotores y audiencias –fugaz, a tenor de lo visto– sobre una escueta silueta que en lo discográfico hace tiempo que no levanta cabeza.

No. Tricky, acompañado de una también escueta y solvente formación, en la que la bella Martina Topley-Bird (*) Franky Riley lo superaba en voz y sensatez, picó de aquel título como si fuera, porque lo es, inevitable hacerlo, pero lejos de cumplir lo prometido prefirió presentar un concierto abonado al efectismo –con subida al escenario incluida de fans incrédulos y extasiados; “momento Inhumanos”, dijo alguien a mi lado– que parecía fiar a su mera presencia sobre las tablas el peso de la atracción. Y otra vez no, porque aunque ejerciera de jefe, también ahí Martina (**) Franky se lo comió cada vez que abrió su hermosa boca.

La cosa tuvo sus instantes, sus ráfagas de brillo, pero se debieron antes a la compañía –a la altura de la mesa de mezclas, los bajos sacudían el estómago justo como uno esperaba que lo hicieran– que a una actitud en apariencia abonada a la inercia. Lástima.

Antes de eso ya habían pasado muchas cosas en una velada felizmente reseñable por la resolución del más criticado inconveniente de la edición anterior: la ubicación de los dos escenarios grandes en la explanada del monasterio descongestiona el interior y elimina los molestos (y algo más) colapsos. A falta de cifras oficiales, la muy notable afluencia de público no ocasionó tapones y el tráfico entre unas y otras tablas se realizó con absoluta fluidez.

Y para tablas, claro, las de Kiko Veneno. Mientras que en el escenario Territorios Love of Lesbian –penúltimo paradigma de ese pop de temporada con ínfula de independencia y hechuras reales propias de los 40 Principales–, el hombre de los cantecitos arrancaba en el Cruzcampo sumando instrumentistas poco a poco –en Memphis Blues Again, su más célebre apropiación dylaniana, apenas flanqueado por las siempre impecables guitarras de Raúl Rodríguez y Charlie Cepeda– hasta completar la formación y satisfacer con creces a la nutrida y rumbera parroquia.

Al mismo tiempo, un auténtico compromiso solapado, Tortoise prolongaba su extenuante minigira española en el escenario Ron Brugal –cuatro conciertos en cuatro días en cuatro ciudades distintas– iniciando una actuación que apuntaba al puro trámite pero que, sorpresa, fue creciendo en intensidad a medida que el quinteto de Chicago experimentaba el feedback con su audiencia. Y para cuando sonó In Sarah, Mencken, Christ And Beethoven There Were Women And Men –en directo, siempre reforzando su toque bossa con la contundencia de dos baterías simultáneas–, la comunión ya era completa. Hasta tuvieron que hacer bis, rara avis en festivales.

Zatu, primero por la izquierda, junto algunos invitados de la lista. / Foto: Juan Carlos Muñoz

En el Cruzcampo, SFDK pasaba lista a su Lista de invitados con absoluta entrega y sonido impecable. Jugaban en casa, pero en cualquier otro sitio su concienzudo espectáculo ad hoc hubiera cosechado el mismo resultado. Ovación y vuelta al ruedo.

Aplausos, y volumen total, se vivían también en el escenario Territorios con unos reivindicativos Amaral –guiño incluido a universitarios, con razón, indignados–, responsables de abrir ese grifo por el que hoy se derraman hacia las grandes audiencias grupos como los mencionados Love of Lesbian, Vetusta Morla y tantos otros: pop mainstream con fijación en el indie. Sin embargo, en ellos no hay treta ni necesidad de justificación; subieron, bajaron y volvieron a subir todos los peldaños necesarios, y fueron de los primeros en hacerlo, que ahora los aúpa a otra categoría. Algo incuestionable, al margen del gusto o disgusto frente a sus canciones.

Pasadas las 02:30 de la madrugada, el Cruzcampo recibía a Los Enemigos, reunidos para una gira en principio ocasional –veremos– diez años después de su disolución. La situación, salvando las muchas distancias estilísticas, se presta al símil con el concierto de Tricky, pero donde en uno se observa el truco, en el otro se revela el trato.

Los Enemigos, en efecto, mantienen un trato tanto con el público que los disfrutó en su día como con ese otro más joven que los descubrió en la década de ausencia. A estos les entrega, nos entrega, justo lo que esperamos: rock de raíces clásicas –con el añejo rhythm&blues como robusto armazón– pero siempre desprejuiciado; electricidad y energía como soporte de unos textos en los que el gran Josele Santiago alterna rabia, costumbrismo, confesiones y humor corrosivo.

Así las cosas, fue empezar a sonar John Wayne e iniciarse una ceremonia nada ceremoniosa en la que la nostalgia se confundía y mezclaba con la excitación de escuchar una vez más canciones tan enormes como An-Tonio, Desde el jergón, La otra orilla y tantas y tantas otras que hoy los convierten en absolutos clásicos del rock español, casi un espécimen único disfrutado y respetado desde flancos distante y hasta contrapuestos del género melómano.

¿Cómo sonarían unas hipotéticas nuevas canciones de Los Enemigos? Josele, así lo demuestran sus discos en solitario, ha crecido hacia su interior como compositor; Fino Oyonarte, por su parte, expande el campo de acción junto a Los Eterno explorando territorios cercanos al krautrock y el op-art a lo Stereolab. ¿Qué surgiría hoy de semejante choque? ¿Tendremos alguna vez la oportunidad de comprobarlo?

(*) (**) Juan Antonio Huertas me avisa en los comentarios de que no fue Martina Topley-Bird quien acompañó a Tricky, sino Franky Riley. Les pido disculpas por tan lamentable metedura de pata.

Territorios 2012, una guía rápida

Blas Fernández | 17 de mayo de 2012 a las 8:11

La XV edición del festival Territorios Sevilla arranca mañana en el Monasterio de La Cartuja ofreciendo un variopinto cartel en el que se alternan nombres nacionales de gran tirón popular –Amaral, Love of Lesbian, Lori Meyers, Supersubmarina…–, clásicos en su género –Iggy Pop, Kiko Veneno, Tricky, Tortoise, Alpha Blondy, Mad Professor…–, francotiradores electrónicos de diverso pelaje –Basement Jaxx, The Orb, Junior Boys, The Bug…–, rap local en inmejorable estado de forma –SFDK, Juaninacka, Shotta…– y perlas dispersas de aquí y allá –Los Enemigos, !!!, Marina Gallardo, Pájaro, Maga, Guadalupe Plata…–.

Ante tan variada oferta, repartida este año en cuatro escenarios simultáneos desde las 20:00 y hasta altas horas de la madrugada –el concierto mañana del canadiense Tiga se anuncia para las 04:30–, se impone la muy festivalera costumbre de trazar el itinerario con antelación.

Más allá de las preferencias personales de cada cual, destacan sin embargo en el cartel una serie de nombres tanto por lo especial de su presencia en el festival como por la relevancia de su trabajo en la historia de la música pop. Y bien pudieran ser éstos…

VIERNES 18. Pese a que se reitere una y otra vez como un dato de insoslayable interés, lo más relevante en la biografía de Adrian Thaws, alias Tricky (a las 23:30 en el escenario Territorios), no fue su cercanía al germen de Massive Attack o su participación en aquel célebre álbum de éstos, Blue Lines, sino lo que vino después. Y ese después tiene un nombre concreto: Maxinquaye. Editado en 1995, el debut en largo de Tricky era un denso y asfixiante tratado de hip hop atmosférico que por sí mismo definía la vertiente más oscura y tenebrosa, también atractiva, de lo que poco después conoceríamos como trip-hop. Su carrera posterior no carece de otros títulos recomendables, aunque quizás ninguno llegue a alcanzar similar enjundia. Acompañado de Martina Topley-Bird, la misma voz que aportaba el morbo a la grabación original, Tricky protagonizará –esperemos: sus malas pulgas son legendarias– una interpretación íntegra de dicho álbum.

De más largo recorrido es la carrera de Kiko Veneno (a las 22:00 en el escenario Cruzcampo), sobre quien apenas, al menos por estos pagos, hace falta extenderse. Si acaso, para recordar que Dice la gente, su última entrega hasta la fecha –por poco tiempo–, puede contarse entre lo más florido de una discografía única y esplendorosa en el mapa de la música popular española. Acompañado por su imponente banda, Kiko celebra además estos días los veinte años de la publicación del célebre Échate un cantecito. Algún guiño cae, seguro.

En casa juega también SFDK (a las 00:00 en el escenario Cruzcampo), el veterano y pionero dúo de rap español integrado por Zatu y Acción Sánchez, dispuesto a llevar al directo la aventura de su último trabajo discográfico, el doble álbum Lista de invitados. Y eso implica, en efecto, invitar a subir junto a ellos al escenario de Territorios a una nutrida cohorte de mc’s y dj’s nacionales en un espectáculo que se prolongará durante dos horas.

En el mismo espacio tomarán el relevo (a las 02:30) Los Enemigos, gloriosa banda del rock español de los 80 y 90 ahora inmersa en una corta gira de reunión diez años después de abandonar y dar pie a trayectorias tan recomendables como la de Josele Santiago en solitario y Fino Oyonarte bajo otros nombres (Clovis, Los Eterno).

Repite en el festival Tortoise (escenario Ron Brugal a las 22:15), santo y seña del post-rock norteamericano y responsable de discos tan emblemáticos como Millions Now Living Will Never Die (1996) y TNT (1997). Y habrá que estar atentos, porque la última entrega del grupo de Chicago, Beacons of Ancestorship (2009), marcó un llamativo repunte en una carrera que parecía ya adormecida.

Otro nombre con leyenda: Mad Professor (03:00 en el escenario Cadena Ser). Alumno aventajado de Lee Scratch Perry, pionero del dub curtido en mil producciones propias y ajenas, no dude de que lo suyo hará cimbrear las caderas.

SÁBADO 19. La discográfica EMI acaba de negarse a editar su nuevo álbum, Après (disponible de momento sólo en descarga digital), aduciendo que resulta escasamente comercial, pero Iggy Pop (23:30 en el escenario Territorios) reclama su derecho a grabar versiones de Yoko Ono, Harry Nilson, Cole Porter, Serge Gainsbourg o Edith Piaf, entre otros. Para revivir el pasado salvaje, al fin y al cabo y en la medida de lo posible, ya están las giras como ésta que lo trae hasta Sevilla, en la que llega acompañado The Stooges, la banda con la que a finales de los 60 y principios de los 70 sintetizó como pocos –MC5, claro– y pese a otros ilustres precedentes del proto-punk, la rabia y la crudeza como elemento clave de un rock por venir.

Más pioneros… A Alex Paterson, The Orb (escenario Cruzcampo a las 04:15), se le considera con toda justicia uno de los detonantes del ambient house a comienzos de los 90. Lo sorprendente, quizás, es que con las lógicas variaciones la fórmula le sigue funcionando.

Terminamos este acelerado repaso con tres propuestas locales consecutivas, y de muy distinto signo, en el escenario Ron Brugal. A las 22:15 sube Pájaro, antaño guitarrista en los Sacramento de Silvio, entre otras aventuras, y hoy felizmente reactivado con la edición este mismo año del sorprendente Santa Leone, un álbum tan imprevisto como delicioso. Por su parte, el rapero Shotta (23:45) vestirá con las mejores galas los cortes de su tercer disco, Profundo; esto es, se hará acompañar por el productor que los maceró en estudio, Griffi. Por último, a las 01:45, Maga, garantía absoluta de directo vehemente y entregado.

Territorios Sevilla. Días 18 y 19 en el Monasterio de La Cartuja. Entradas diarias a 30 euros. Desde las 20:00.

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La máquina del tiempo

Blas Fernández | 16 de mayo de 2012 a las 7:11

“Buenas noches y bienvenidos a la máquina del tiempo de Los Enemigos”, saludaba la voz de Fino Oyonarte, bajista de la formación, al inicio de Obras escocidas (2001), el doble álbum grabado a lo largo de cuatro conciertos en Granada, Madrid, Valencia y Santiago de Compostela con el que la banda, uno de los más recordados exponentes del rock en español de finales del siglo XX, celebraba el largo repertorio de quince años en activo. Apenas uno después registraba su epílogo, Obras escondidas, y ya en 2002 anunciaba su separación. Josele Santiago (voz y guitarra) iniciaba una fructífera trayectoria con nombre propio que hoy alcanza cuatro discos (el último, Lecciones de vértigo); Fino alternó labores de producción con nuevos proyectos (Clovis, Los Eterno); Chema Animal Pérez, el baterista, se lanzó al teatro y Manolo Benítez prestó la electricidad de su guitarra a las aventuras de otros.

Pero la máquina del tiempo ha vuelto a activarse. A finales de 2011 Los Enemigos anunciaban una gira de reunión con apenas media docena de citas. En enero actuaron en el Actual de Logroño; el próximo viernes lo harán en Sevilla, como parte del cartel del festival Territorios Sevilla.

“Si digo la verdad, no sé muy bien cómo se nos ocurrió esto de reunirnos. Creo que fue en la fiesta de aniversario del Ágapo donde nos encontramos –recuerda Josele Santiago señalando al legendario antro madrileño–. Empezamos a hablar y la cosa fue cuajando poco a poco. Pero no hubo ningún detonante concreto”. ¿Motivaciones crematísticas? “Bueno, es trabajo, y trabajo digno –asume Josele–. Si puedes ofrecer un buen espectáculo… Lo que está claro es que si no hubiera trabajo no se juntaba ni Dios”.

Y trabajo, expectación por volver a ver a la banda sobre un escenario, sí que hay. De ello dan fe no sólo las sucesivas convocatorias del Desencuentro enemigo, un evento organizado por fans que alcanza ya once ediciones, sino también el propio recibimiento deparado a la banda tanto en el Actual como en el reciente Festival Do Norte de Vilagarcía de Arousa. “La verdad es que es muy emocionante, porque los conciertos se están llenando. La parroquia responde y hay hasta pancartas –bromea–. A Logroño fue gente hasta desde Canarias. Definitivamente, la parroquia fue uno de los motivos que nos impulsaron a juntarnos. Sabíamos de todo esto por los Desencuentros enemigos, que es algo que no sólo no organizamos nosotros, sino en lo que no tenemos nada que ver, pero creo que ya tenemos hasta la culpa del nacimiento de alguna que otra criatura. Es emocionante, sí”.

Y aún así, las citas son contadas. “Poca cosa, seis o siete bolos. Pero con la que está cayendo, ya parece bastante, ¿no? –comenta socarrón–. Tenemos que poner unos límites. Sólo estamos cogiendo sitios en los que sabemos que nos vamos a encontrar cómodos y en los que tenemos garantías de poder dar un espectáculo bueno y serio. ¡Que ahora vamos en en blu-ray! Llevamos luces y una parroquia tremenda detrás… Y esto no siempre se puede garantizar. Así que vamos a hacer esos cinco o seis festivales que han salido y quizás luego hagamos alguno más como empresa. Ya veremos, pero sin prisas”.

La reunión de la banda parece plantear una pregunta tan inevitable que Josele la contesta incluso antes de ser formulada. “Nos preguntan mucho si vamos a grabar, pero de momento… No sé, a ver cómo lo llevamos –comenta–. Lo cierto es que la cosa funciona, que suena estupendamente, que nos aguantamos los unos a los otros y que lo disfutamos. Qué nos deparará el tiempo, ya se verá”. O sea, que la puerta está abierta. “Abierto yo lo dejo todo. Está la cosa como para cerrar puertas –sopesa–. Pero nos lo estamos tomando con mucha calma”.

De momento, lo que sí se publica, el próximo 5 de junio es Desde el jergón, una caja que revisa la trayectoria del grupo. “Es un recopilatorio con temas de todos los discos remasterizados, rarezas, tomas alternativas, maquetas, canciones inéditas de todas las épocas… –explica Josele–. Y luego, un libro con un texto largo y muy bien currado de César Luquero y el DVD del último concierto que dimos, en el 2002. Aquello se nos ocurrió grabarlo con tres o cuatro cámaras digitales. Va bien montado, con sus extras y todo. Creo que lo que tiene de documento es, sobre todo, el DVD. Fue el último concierto y me parece algo muy especial y emotivo. Aparte de que sonó muy bie, hicimos versiones especiales y salió gente invitada. Es un documento serio”.

Invitados también hubo en el mencionado Obras escocidas. Y su mera variedad ya reflejaba la simpatía que Los Enemigos despertaban en diferentes escenas. “Sí, y viceversa, porque ellos también fueron una referencia para nosotros. Creo que eso habla mucho de nuestra falta de prejuicios: éramos esponjas en muchos sentidos y cogíamos de todos lados. Quizás muy poca gente podía llamar a Los Planetas y a Rosendo y que la cosa no quedara rara, sino coherente –piensa Josele–. Creo que somos muy abiertos. Ahora estoy escribiendo en Facebook sobre todas nuestras influencias. Lo voy contando poco a poco y me está resultando muy curioso, porque me está sirviendo para darme cuenta de que veníamos de una época muy llena de prejuicios, en la que parecía que si te gustaba fulanito no te podía gustar también menganito. Supongo que teníamos la suerte de ser cuatro músicos muy distintos y de muy distinta procedencia, y que eso influyó bastante a la hora de abrirnos. Fíjate, sale Ajo, de Mil Dolores Pequeños, y después Jorge Martínez, de Los Ilegales”.

¿Contará el concierto de Sevilla con algún invitado especial? “Lo dudo. En los festivales las pruebas de sonido son cortísimas y las posibilidades de hacer algo especial se ven muy reducidas por eso. Ya me hubiera gustado, ya, pero creo que lo dejaremos para cuando no dependamos de la organización de otros”.

Los Enemigos actuarán el próximo viernes 18, a las 02:30, en el Escenario Cruzcampo dentro del Festival Territorios, que se celebra en el Monasterio de La Cartuja.

Pasado y futuro en Territorios

Blas Fernández | 23 de mayo de 2011 a las 11:30

En buena medida abandonado a su suerte (presupuestaria) por esas mismas administraciones que han venido ondeando su nombre como otro cansino gancho electoral más durante la última y agitada campaña, el festival Territorios se enfrentaba en su XIV edición a una prueba de fuego real que dilucidaría sus auténticas posibilidades de supervivencia en años venideros. La apuesta, ya se ha dicho, pasaba por hacer del público la lógica y razonable base de sustentación de su oferta, de manera que sea éste el que lo soporte de forma efectiva en una época en la que el dinero público se retira, o eso dicen, a otros frentes según parece más urgentes que la cultura.

La fórmula, debieron pensar sus organizadores, pasaba por fraguar un cartel de cierto tirón popular –el que permitieran los recursos manejados– con unos precios de entradas y abonos francamente atractivos. Y esa fórmula, pese a los peros, ha funcionado: la jornada del viernes se rozaron los 14.000 espectadores –el año pasado fueron 5.000–; la del sábado, aun con menos público, superó de manera holgada los 10.000.

Los peros antes aludidos son al menos de dos tipos. El primero se refiere a la infraestructura del festival y denota que, de seguir por esta línea de crecimiento, el Monasterio de la Cartuja, sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, la Universidad Internacional de Andalucía y el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, ha dejado ya de ser su marco idóneo. La razón es simple: no sólo no se cabe, sino que el acceso a determinados escenarios, en concreto los ubicados en la zona de las chimeneas y el jardín de acceso al CAAC, plantean serios problemas de comodidad y, en el peor de los casos, hasta de seguridad. Es éste, en definitiva, un marco desbordado.

El segundo punto se refiere al cartel en sí mismo, a la materia sonora que modela el perfil del festival, y en el que a excepción de algunos nombres nacionales concretos –Sr. Chinarro, Vetusta Morla, Russian Red…– nos encontramos con una propuesta, digamos, envejecida: ninguno de los artistas presentes defiende un disco reciente; se recurre a viejos conocidos de Territorios y a bandas en oferta. Ello no quiere decir en ningún caso que su presencia no resulte de interés, pero puede también que ésa no sea la manera de proyectar la imagen del festival hacia la deseada (por todos) primera división.

Si de lo que se trataba, en cualquier caso, era de lograr el respaldo del respetable para ponerlo encima de la mesa en próximas negociaciones –ojo: es sólo una hipótesis–, entonces no caben mayores objeciones. Pero si lo que se pretende es otra y mayor proyección, entonces hay que cuidar el cartel como principal, aunque no único, punto de partida.

Así las cosas, y centrado ya por último en esa materia sonora, la segunda y última jornada del festival deparó para quien suscribe aislados momentos de interés y otros tantos entre el dejà vu y la inopia. Tote King y Mala Rodríguez, por ejemplo, ofrecieron ambos conciertos a la altura de las expectativas, pero con mínimas variaciones –ahora yo no uso banda; pues ahora yo sí– respecto a lo visto en otras ocasiones, sin apuntar siquiera cuáles pueden ser las líneas maestras de sus futuros inmediatos.

Neil Hannon, aun representando solo la Divina comedia, tal como ha venido haciendo durante los últimos tiempos, cumple con su papel de ácido crooner del desapego. A quien le importan sus canciones, le importan casi igual más o menos arregladas. No faltan las bromas, tampoco a costa de The Human League y una versión del celebérrimo Don’t You Want Me de éstos. Y a broma, en efecto, suena la actuación de los de Sheffield, sólo legible en clave kitsch y una vez superada, o apartada, la pregunta sobre la idoneidad de ciertos retornos.

¿Cabe ahí también la vuelta de Orbital? No: anunciar su concierto como DJ Set tenía su razón de ser, y no porque los hermanos Harnoll pincharan, sino porque plantearon su actuación, en efecto, como un contundente continuo cuya razón de ser no era otra que la pista de baile. ¿Antiguo? ¿Noventista? De veras, ¿le importaba algo eso a los miles que bailaban a esa hora? Otra pregunta: ¿cabe entonces la misma deducción para argumentar y defender el concierto de Klaxons? No, tampoco: suenan más antiguos que Orbital y bordean el aburrimiento. El hype no sabe, no supo, de temazos.

Sustituido Horace Andy –baja por neumonia– por un Prince Malachi cumplidor pero lejano al genuino interés que pudiera despertar el veterano explorador dub, servidor se concentra, es un decir, a vuela pluma en opciones de contrastada o presumible solvencia: Javiera Mena encandila a una audiencia con ganas de diversión; El Columpio Asesino pasa sobre la suya, agradecida, como una apisonadora y Femi Kuti & The Positive Force firma el concierto más impecable, físico y demoledor de la jornada.

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Territorios (casi) cierra su cartel

Blas Fernández | 3 de abril de 2011 a las 13:07

En la imagen, la chilena Javiera Mena.

En la imagen, la chilena Javiera Mena.

Actualizado 06/04/11: ¡ya es oficial!

No es oficial porque el festival aún no lo ha anunciado, pero los cuatro grupos o solistas que restaban para cerrar el cartel de la XIV edición de Territorios (20 y 21 de mayo en el Monasterio de la Cartuja de Sevilla) ya tienen nombre. Se dan por seguras las presencias de Javiera Mena y The New Raemon, ambos para la primera jornada, mientras que a la segunda, y con tantas probabilidades que casi podría darse también por hecho, se sumarían 2 Many DJs y Sho Hai.

A la chilena Javiera Mena la conocimos en este blog hace algunos años gracias al recopilatorio Porque este océano es el tuyo, es el mío, del sello brasileño Si no puedo bailar no es mi revolución, un ilustrativo muestrario, aunque inevitablemente minúsculo, de lo mucho que en materia pop se cuece al otro lado del Atlántico. Claro que, eso hoy resulta una obviedad, pero no siempre fue así…

Por entonces Javiera Alejandra Mena Carrasco (Santiago de Chile, 1983) disponía ya de un primer álbum, Esquemas juveniles (2006), que hacía del revival synth-pop, el nuevaolerismo y el desparpajo sus principales activos. El pasado año puso en circulación Mena, un segundo disco con mayor proyección tanto en Iberoamérica como por estos lares, donde su nombre no resulta ya en absoluto desconocido: ha girado por España e incluso ha sido versionada por Joe Crepúsculo.

Así que, salvo cambios de última hora, la programación del festival quedaría como sigue…

Viernes 20: Vetusta Morla, Asian Dub Foundation, The Fall, Nach, Razhel & DJ JS-1, King Yellowman & The Sagittarius Band, Raimundo Amador, El Columpio Asesino, Putolargo, King Midas Sound, Southern Arts Society, Bikini Red, Javiera Mena y The New Raemon.

Sábado 21: Orbital, The Human League, Klaxons, Femi Kuti & The Positive Force, Mala Rodríguez, Horace Andy & Dub Asante, Russian Red, Muchachito Bombo Infierno, The Divine Comedy, Tote King, Sr. Chinarro, Duo Kie, Acción Sánchez y DJ Wilor, Miss Caffeina, Sho Hai y 2 Many DJs.

Para tratarse de una programación de guerra, con la cantinela de la crisis como coartada perfecta para recortar ayudas institucionales, la verdad es que queda un cartel de lo más apañado, ¿no?

Entre ‘El Pirineo’ y el Alamillo

Blas Fernández | 30 de marzo de 2011 a las 13:44

El ya célebre escenario flotante del festival Pirineos Sur.

El ya célebre escenario flotante del festival Pirineos Sur.

El candidato del PSOE a la alcaldía de Sevilla, Juan Espadas, presentó ayer las propuestas culturales incluidas en su programa electoral para las próximas municipales. La iniciativa no está mal: hasta el momento ha sido el primero y único. Pero, ahí acaba lo bueno y empieza lo mejor…

No entraré ahora en el nebuloso y redundante paquete de medidas expuesto, excepto para señalar una relacionada con la música y la proverbial habilidad de nuestros políticos para hacer pasar por suyas las propuestas de otros.

Si la actual delegada de Cultura del Consistorio sevillano, Maribel Montaño, se ha caracterizado durante su gestión por consignar como suyos proyectos e ideas surgidos del ámbito de la iniciativa privada (la mínima ayuda, aportación o subvención ya le vale para consignarlos como consistoriales en sus inacabables balances de temporada), ahora el equipo de Espadas, con Mercedes de Pablos como futurible delegada del ramo, va más allá y se adelanta a los acontecimientos. Así, incluso las negociaciones de otros para desarrollar y proyectar sus iniciativas se convierten en carne de programa.

Respecto al festival Territorios, apunta la lista de medidas que “en el programa actual se ofrece la posibilidad de ampliar su capacidad de convocatoria con la ubicación en el Parque del Alamillo, en colaboración con la Junta de Andalucía. Esa nueva ubicación permitirá convertirlo en un festival al aire libre en la línea de los veteranos de Benicàssim o El Pirineo (¿?)”.

Lo llamativo no es tanto que los asesores de Espadas fallen en la labor de documentación -supongo que con ‘El Pirineo’ se refieren al festival Pirineos Sur, en la misma medida que cuando hablan del festival Ferpoesía lo hacen de Perfopoesía o que cuando atribuyen en exclusiva a Green Ufos la programación del ciclo Nocturama, obviando a La Suite, vuelven a equivocarse-, sino la celeridad a la hora de incluir en el programa una propuesta de crecimiento para Territorios surgida no del PSOE, sino del propio festival, donde semejante muestra de apropiacionismo parece haber sentado regular.

En su estrategia por equilibrar el presupuesto con mayores ingresos de taquilla, restando peso a las menguantes ayudas institucionales, parece que Territorios lleva al menos un año estudiando la posibilidad de cambiar su ubicación a un espacio con mayor aforo que el que hoy proporciona el Monasterio de La Cartuja. ¿El Alamillo? Todo apunta a que sí; incluso ya se habrían producido reuniones en ese sentido.

Apropiarse tan descaradamente de esa posibilidad para presentarla como una propuesta propia, o incluso condicionar el posible traslado a unos resultados electorales concretos, suena tanto a improvisación como a chapuza. Y esto, me temo, no ha hecho más que empezar.

PD: Territorios ya es un festival al aire libre. Y para convertirlo en algo parecido a Benicàssim o ‘El Pirineo’ hará falta bastante más que un nuevo espacio y buenas palabras.

The Human League, a Territorios 2011

Blas Fernández | 16 de marzo de 2011 a las 19:34

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En cuestión de música pop, tarde o temprano todo vuelve. Debido probablemente a una cuestión generacional, el fenómeno suele darse con un par de décadas de distancia entre la manifestación original y su posterior reivindicación. Y en ésas, no faltan las reactivaciones de células durmientes que parecían aguardar, hibernadas, la llegada de su nuevo momento.

Antepenúltima oleada, paralela y simultánea a otras tantas en ese multiforme universo de la música de nuestros días, el synth-pop ochentero, como usted bien sabe ya, ha nutrido durante los últimos años a un amplio plantel de émulos dispuestos a revisar el pasado con lupa en busca de inspiración. En ese momento, al sentirse observado, se activa la alarma y el durmiente despierta.

Algo así, podría decirse, ha ocurrido con The Human League, penúltima gota en la gotera de incorporaciones al cartel de Territorios -van 19 de 30- con que el festival sevillano mantiene el suspense (y la cobertura mediática) en torno a su XIV edición, que se celebrará los días 20 y 21 de mayo en el Monasterio de La Cartuja.

El anuncio, hecho esta misma mañana, llega pocos días después de la confirmación de la presencia del grupo de Sheffield, o de lo que queda de él (permanecen sus caras más reconocibles: Joanne Catherall, Philip Oakey y Susan Ann Sulley), en el Sónar 2011, allá por mediados de junio. En uno y otro caso la coartada es la edición de Credo, prevista para el 21 de este mes, noveno álbum de estudio del grupo y el primero en diez años, desde la publicación de Secrets. Como aperitivo, su sencillo de avance: Never Let Me Go.

Punta de lanza del synth-pop británico durante aquella otra década prodigiosa, The Human League estuvo siempre en el filo de la navaja, haciendo funambulismo entre la pretensión artística y la vocación de impacto masivo (aspiraciones, incluso cualidades, a menudo hoy disociadas, cuando no enfrentadas). De ello dan fe títulos como aquel temprano Reproduction o el que, para muchos, fue su disco más logrado, Dare!

Si Credo resulta un mero artefacto kitsch, un detonador nostálgico, o por contra algo más serio es algo que sabremos en breve. Sobre su presencia en el escenario de Territorios quedan quizás menos dudas por despejar: se antoja un ejercicio de añoranza no exento de sorpresa.

Junto a The Human League, el festival ha anunciado también hoy la actuación de Yellowman, que se suma a las de, entre otros, Klaxons, Femi Kuti & The Positive Force, The Fall, Asian Dub Foundation, The Divine Comedy, Horace Andy & Dub Asante, Tote King, Sr. Chinarro y Mala Rodríguez.

Si tiene intención de acudir, recuerde que hasta el 20 de este mes el abono para ambas jornadas sale por 30 euros.

Una apisonadora con turbo (Territorios 2010, sábado 5)

Blas Fernández | 6 de junio de 2010 a las 17:54

Morodo, en la jornada final de Territorios 2010. Foto: Victoria Hidalgo.

Morodo, en la jornada final de Territorios 2010. Foto: Victoria Hidalgo.

Rap en la encrucijada: una facción asume el origen jamaicano del género y se mira en el reggae aireando las raíces mientras otra, igualmente orgullosa, reivindica la moldeadora huella afroamericana exhibiendo los préstamos tomados del blues, el rock, el jazz, el soul… Los hay que tiran de guiños al R&B y también quienes, mirando adelante, no se privan de realizar abstracciones y otros agradecidos ejercicios especulativos.

Que el rap está vivo no es ninguna novedad. Lo que llama la atención, aunque lo visto y oído no esté siempre a la altura deseable, es el modesto y aún así significativo muestrario de posibilidades propuesto por Territorios el pasado sábado en la jornada final de su XIII edición, la que menos público congregó, algo por debajo de los dos días precedentes, en este año de reducciones y estrecheces presupuestarias .

El madrileño Morodo lanza consignas de trazos tan gruesos como los bajos que adornan sus sus bienintencionadas y a menudo rabiosas proclamas roots, empeño en el que cuenta con una banda solvente y un público entregado de antemano.

Más que entregado, rendido, ese mismo público –¿la totalidad?– se congrega frente al escenario Tres Culturas para saldar una deuda histórica. “Es igual que hace 21 años, cuando me fui a verlos a Madrid”, me cuenta entusiasmado uno de aquellos pioneros que pusieron las primeras piedras de la todavía fértil escena local.

Ahora son Public Enemy quienes visitan Sevilla. “We are in Spain… This is pain…”. Traca y tralla: otro acompañante me sugiere la imagen de una apisonadora con turbo lanzada a toda pastilla. Festín de clásicos coreados y sentidos –Bring The Noise, Don’t Believe The Hype, Terminator X to The Edge of Panic, Welcome to The Terrordrome, Power to The People, Fight The Power…– servidos por una banda arrolladora, sin prejuicios ante las derivas rockistas, y un Chuck D y un Flavour Flav tan frescos como recién salidos de la ducha.

Más humanizados en sus consignas –esa arenga final de Flav a favor de la paz y el entendimiento universal, rematada a modo de despedida al son del One Love de Marley–, pero igualmente combativos –la salvaje ley de inmigración aprobada en Arizona convertida en diana para dardos verbales: lo ponen a huevo–, lo de Public Enemy lo dejó francamente difícil para cualquiera que subiera al escenario antes, durante o después de ellos.

SFDK también lo tiene ganado a priori, y además no tiene que competir más que con DJ2D2, quien mezcla con gusto y tino vídeos de ayer y hoy en el escenario Cruzcampo. Y así se termina la noche, dejando la sensación de un balance sin muchas sorpresas y no pocas y preocupantes preguntas sobre el futuro inmediato del festival.

La organización trabaja ya en otro modelo estructural. Por si cabe también esta cuestión, ahí va: ¿están los festivales con presencia de músicas étnicas contribuyendo a perpetuar unos arquetipos sonoros que quizás responden más a la percepción occidentalizada, y un tanto condescendiente, del exotismo que a la vasta realidad multiestilística del mundo globalizado?

Sobrios y vehementes (Territorios 2010, viernes 4)

Blas Fernández | 5 de junio de 2010 a las 17:37

Pony Bravo, durante su actuación en Territorios. Foto: Belén Vargas

Pony Bravo, durante su actuación en Territorios. Foto: Belén Vargas

No es el escenario adecuado. No es el repertorio idóneo. La gente no se calla y el permanente murmullo ahoga esos detalles tan consustanciales a la música de Tindersticks.

Servidor escucha estos y otros argumentos con una oreja mientras que la otra se centra en la dificultosa tarea de percibir y extraer de las canciones de Stuart Staples esas emociones tantas veces experimentadas con sus discos y, en alguna ocasión memorable, en la cercanía de un teatro.

No es una misión imposible, pero casi, y el repertorio escogido, en efecto, no ayuda. Tindersticks no es una banda de festival, ni tampoco parece dispuesta a hacer las concesiones necesarias, aunque recursos le sobran, que podrían capturar y retener la atención del público, de su público.

El reformado grupo inglés está en su irrenunciable derecho, pero así no levanta el vuelo un concierto que, en otras circunstancias, tendría una lectura bien diferente.

Y mientras los de Nottingham están a lo suyo en el escenario Tres Culturas, en el Cruzcampo Pony Bravo se reviste de sobriedad para certificar –y van…– el trote firme de una galopada con vocación de largo recorrido. Esta vez no sacan a Curro, la mascota de la Expo; no hay intermezzos de esos que muestran la vertiente empírica de la banda sevillana ni proyecciones para reforzar la experiencia. Sólo hay música: el conocido repertorio de un primer álbum convertido ya en pequeño clásico local –y quién sabe…–, desplegado con inapelable soltura, y el anticipo de esas canciones que esperan su turno en el estudio de grabación, incluida a modo de colofón La rave de Dios, con su subidón tan Underworld.

Como hay que elegir, servidor se queda sin ver a Maika Makovski –animal de escenario, confirman quienes sí disfrutan de su contundente directo– y se enfrenta luego al dilema de escoger entre la certeza y la curiosidad.

Los Planetas se dan un baño de masas –relativo, la afluencia de espectadores no parece mucho mayor que la del día anterior, algo más de media entrada– manejando con habilidad su incontestable repertorio de hits generacionales y exploraciones jondas en un concierto extenso y extenuante.

Pero en el pequeño escenario CAAC, bautizado ya extraoficialmente como escenario Nocturama –una provechosa marca de la que el propio CAAC no parece muy consciente: habrá menos actuaciones este verano como consecuencia de nuevos recortes en el presupuesto del ciclo–, los madrileños Nudozurdo explican con vehemencia el porqué de su ascenso entre la afortunada maraña de grupos de rock nacionales con el español como idioma.

Lo ominoso de sus letras, esos inquietantes rincones oscuros donde se agazapan fantasmas más que reconocibles, se conjuga sobre las tablas con bien medidas dosis de fiereza y control, electricidad domeñada que amaga con desbordarse y termina haciendo saltar por los aires el muro de contención en canciones tan enormes como El hijo de Dios.

En el Cruzcampo Hendrick Weber se pone duro, deja a un lado las sutilezas de su último y recomendable trabajo como Pantha du Prince, el fantástico Black Noise, y apuesta con resolución por un energético continuum por completo ajeno en fondo y forma al universo paralelo en el que para entonces habita el escenario Tres Culturas.

Rinôçérôse fue, hace ya muchos, muchos años, un interesante y divertido cruce entre la métrica house y el riff rockista. Lo de los galos llegó a tener cierta enjundia, sí, pero hoy la cosa ha cambiado y es el efectismo lo que prima sobre cualquier otra consideración. Como fin de fiesta pedestre no está mal, aunque tampoco cabe esperar mucho más .

Los veteranos mandan (Territorios 2010, jueves 3)

Blas Fernández | 4 de junio de 2010 a las 18:42

Mulatu Astatke, durante su actuación en Territorios. Foto: Juan Carlos Muñoz

Mulatu Astatke, durante su actuación en Territorios. Foto: Juan Carlos Muñoz

Salif Keita tiene 61 años; Mulatu Astatke, 67. Sin embargo, lo que les hace  figurar en otra categoría, jugar en otra liga, no es sólo la experiencia acumulada a lo largo de sus ya dilatadas carreras, sino sobre todo el hecho de proponer algo personal, diferenciado desde el propio origen, original.

El afro-pop del malí puede resultarnos hoy tan familiar que corremos el riesgo de pasar por alto que fue él, precisamente, uno de sus principales introductores entre las audiencias europeas y norteamericanas tras aquella oleada mundialista de los 80. En el caso de Astatke, felizmente reivindicado desde los rincones más heterodoxos del jazz y abierto a públicos de procedencias muy dispares, el factor local –África, el Caribe…– se alió con los agentes ambientales de la época en que fraguó su estilo allá por los últimos 60 –el regusto cósmico, la deriva psicodelizante…– para conjugar una sonoridad que aún hoy mantiene intactas sus hipnóticas cualidades.

Hechas estas escuetas consideraciones, y comparando el nombre de estos gigantes con el resto del cartel, poco más habría que explicar para entender el porqué del paseo triunfal protagonizado por ambos músicos en la primera jornada, ayer, de la XIII edición del festival Territorios, con el Paseo del Ombú del Monasterio de la Cartuja, ubicación del escenario principal y medidor oficioso de afluencia de espectadores, ocupado poco más que en la mitad de su aforo.

A Keita le basta con poner el piloto automático a esa batidora rítmica que tiene por banda para que el respetable se sume gozoso a una fiesta non stop irremediablemente contagiosa. Lo de Astatke es otra cosa, sobre todo teniendo en cuenta que el venerable compositor e intérprete etíope, flanqueado por esos solventes Heliocentrics en buena medida responsables de su actual proyección, tuvo que lidiar con tales problemas de sonorización al inicio de su concierto –no se oía ni él– que acabó abandonando el mudo vibráfono por las percusiones y, ocasionalmente, el piano eléctrico.

En la medida en que el sonido mejoró lo hizo también la atención del público, reducido pero entregado ante piezas tan emblemáticas como Cha Cha –sin vibráfono, insisto, pero de igual modo irresistible–, Yégellé Tezeta o la homónima Mulatu. Sincera ovación.

Dejando al margen la actuación de Los Delinqüentes –los jerezanos configuran un particular universo comparsista-venenoso en el que sus seguidores se sienten tan felices como ellos–, el resto de la velada, con África como norte, arroja un saldo más bien tirando a tieso.

¿Otra explicación plausible? Quizás al escrutar el continente de ahí abajo, cierta mirada, la de los programadores del festival, prefiere seguir posándose en el paisaje filtrado, desensamblado y reconfigurado a conveniencia, por esa percepción construida entorno al mercado de la world music antes que reparar en otros pulsos mundialistas menos previsibles. Esos que hicieron, por poner un ejemplo aún cercano, del After Robots de los surafricanos BLK JKS uno de los debuts más sorprendentes del pasado 2009 en lo que a rock se refiere. En su lugar Territorios opta por Njaaya, Jac et le Takeifa o, dios, ese reggae limpio de aspiraciones mainstream representado por el alemán, impoluto e inocuo Gentleman.

Por un pelo se resisten a la misma clasificación (personal) Bibi Tanga & The Selenites, galos con la vista puesta en aquel soft-funk tan británico que hizo de Freak Power, otro ejemplo, aromática flor de temporada.

Servidor se quedó con las ganas de sacarse alguna espina Soul Jazz Records Soundsystem mediante. Pero era tarde y la jornada laborable aguardaba implacable escasas horas después.