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Cosecha 2014

Blas Fernández | 28 de diciembre de 2014 a las 5:00

Repita conmigo: soy un oyente formado y me traen al pairo las listas de lo mejor del año que, con atosigante profusión, florecen cada Navidad en las publicaciones más diversas. Y en cualquier caso, si no se considera tal, el mero hecho de estar leyendo sobre música ya lo sitúa en un buen camino.

Si es lector asiduo, ya sabrá que en La Ventana Pop huimos ante la mera idea de sentar cátedra y establecer jerarquías en torno a un terreno tan amplio, definitivamente inabarcable, como el de la música pop de nuestra época. Hace años que preferimos recomendar hallazgos con el ánimo de compartirlos y, si hay consenso, de sancionar desde nuestra afición-adicción aquello que ya es de dominio público. En un intento de abrir el abanico, desde el pasado 2013 lo hacemos, además, pidiendo a varios compañeros de Redacción caracterizados por su filiación melómana una relación de títulos que, por una u otra razón, les han calado de manera especial. Algunos, inevitable y significativamente, se repiten.

Esa selección es, claro, la que sigue. A la que usted, si le place, puede sumarse en los comentarios. ¡Buena cosecha! Leer el resto del artículo »

Tengan cuidado ahí fuera

Blas Fernández | 20 de abril de 2014 a las 5:00

Tras varias semanas consecutivas oteando el panorama nacional, La Ventana Pop mira en esta ocasión un poco más lejos y repara en cuatro títulos recientes procedentes de Norteamérica (uno canadiense, dos estadounidenses y un cuarto de un canadiense residente en Nueva York), álbumes muy distintos pero con al menos un punto en común: su escucha, claro está, resulta de lo más recomendable.

demarco_salad_cover_blogOriginal de Canadá, aunque instalado en Brooklyn desde hace cuatro años, Mac DeMarco (Duncan, Columbia Británica, 1990), puso a babear a diversas revistas modernas con 2 (2012), segundo trabajo con nombre propio tras una larga ristra de títulos facturada como Makeout Videotapes y con nulo impacto más allá de su vecindario. Las virtudes de aquel título siguen presentes en Salad Days –el descaro a la hora de facturar deliciosas melodías con instrumentos de saldo, la mezcla de ternura e ironía en unos textos que casan su actitud de payaso con la de un lúcido observador–, pero ahora, oh, engrandecidas por unas canciones tan redondas –el escaparate perfecto– que en ellas brillan más, mucho más. Equidistante del costumbrismo pop The Kinks y la socarrona dejadez de Pavement, mirando también de reojo a Jonathan Richman, este tercer álbum crece por partida doble, tanto en las sucesivas escuchas como a lo largo de su propio repertorio: aunque arranca fuerte con la homónima Salad Days, a partir de Goodbye Weekend, su ecuador, deja cortes tan irresistibles como la delicada Let My Baby Stay, la contagiosa Phasing Out Pieces y la hipnagógica Chamber of Reflection.

timber_dreams_cover_blogCanadiense es también Taylor Kirk –multiinstrumentista de voz tan sedosa como, en el fondo, sospechosa de albergar turbias pretensiones–, el hombre que lleva el timón en Timber Timbre. Hot Dreams es el quinto álbum de la banda, completada en su núcleo duro por Simon Trottier y la guadianesca Mika Posen, un título parcialmente avanzado ya en sus últimos directos –en Sevilla y Madrid los vimos el pasado mes de diciembre– que ahonda en los presupuestos estéticos de su celebrado predecesor, Creep On Creepin’ On (2011). A saber: un inquietante aire retro servido en tiempos lentos, con permanentes referencias a la obra de otros ilustres y elegantes atormentados –aun a riesgo cierto de repetirnos: Scott Walker, Morphine, Tindersticks, Nick Cave, Portishead…– y cimentado en una soberbia instrumentación –cuerdas, saxos…– con particular inclinación por los sintetizadores vintage.  Conocido ya el percal, quizás estos sueños tórridos no resulten tan llamativos como los de tres años atrás, pero basta con dejarse llevar para comprobar que Kirk mantiene intacto su avieso talento como compositor e intérprete.

war_lost_cover_blogProcedente de Filadelfia, The War On Drugs llamó en 2007 la atención de los dylanófilos con un epé, Barrel of Batteries, en el que sus dos cabezas pensantes, Kurt Vile y Adam Granduciel, dejaban a la vista su referente más obvio. Por similares coordenadas se movió luego Wagonwheel Blues (2008), álbum que marcó la marcha de Vile –y de otros integrantes de la formación– para emprender fructífera y acelerada carrera con nombre propio. Granduciel, por su parte, se reservó la marca, en cuyo cuarto título largo, Lost In The Dream, poco o nada evoca ya el deje de Dylan, a no ser la pasión por ciertas formas, sonidos y estructuras heredados de uno de sus discípulos aventajados: Bruce Springsteen. La inspirada jugada resulta evidente en Red Eyes, una de esas canciones monumentales que justifican la existencia de cualquier banda, aunque también ha deparado a The War On Drugs considerables varapalos críticos –ciertamente prejuiciosos, todo hay que decirlo– a propósito de su presunta identidad AOR, aquel Adult Oriented Rock (o Album Oriented Radio) que tan de los nervios nos ponía en los 80. Y sí, hay mucho de rock de FM en Lost In The Dream, pero, en espíritu, está más cerca del Kaputt de Destroyer que de Dire Straits –esa última comparación levanta ampollas: Mark Knopfler podría vender tranquilamente su alma por una canción como An Ocean In Between The Waves–.

afghan_beast_cover_blogCierra este breve repaso un largamente esperado retorno, el de The Afghan Whigs, que ha tardado nada menos que 16 años en dar continuidad a una imponente discografía abandonada con 1965, el que fuera séptimo título largo de la formación, un disco a priori destinado a echar el cierre y dejar vía libre a Greg Dulli, indiscutible líder del grupo, para elaborar proyectos con nombre propio o facturar aventuras compartidas en bandas como The Twilight Singers y The Gutter Twins, esta última junto a Mark Lanegan. Do To The Beast queda muy lejos de los particulares postulados del post-punk estadounidense que definieron a la banda en sus orígenes, pero no tanto, como si el tiempo se hubiera quedado congelado, de un título tan celebrado como Black Love (1996), equilibrado en su permanente tensión entre elegancia y rudeza. De lo cual se deduce una agradecida certeza: a diferencia de tantos otros, éste no es un regreso gratuito.

El Podcast de La Ventana Pop (Programa 7)

Blas Fernández | 17 de abril de 2014 a las 5:00

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Va de reconocimientos: el homenaje a Triana por parte de un amplio plantel de músicos andaluces -con puesta en escena en el próximo festival Territorios Sevilla- y el discolibro De viaje por Los Planetas, dedicado a rastrear y celebrar la primera etapa del grupo granadino, ocupan en esta ocasión el arranque del Podcast de La Ventana Pop, en el que también suenan los nuevos trabajos del Grupo de Expertos Solynieve, Las Buenas Noches, The Milkyway Express, Tigres Leones, Barzin -con conciertos en Huelva y Cádiz-, Mac DeMarco y The War On Drugs.

Como siempre, puede escucharlo en el reproductor bajo estas líneas o en la web de ScannerFM.

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Tracklist

1.-Triana: Necesito

2.-Jose Domingo: Hubiera sido lo normal

3.-Odio París: De viaje

4.-Manu Ferrón: El centro del cerebro

5.-Grupo de Expertos Solynieve: Fandangos de la libertad

6.-Grupo de Expertos Solynieve: Sahariana

7.-Las Buenas Noches: Mañana

8.-Las Buenas Noches: La sed

9.-The Milkyway Express: Something’s Wrong

10.-Tigres Leones: España muerde

11.-Barzin: Lazy Summer

12.-Mac DeMarco: Passing Out Pieces

13.-The War On Drugs: Red Eyes

Algunos enlaces…

Presentación de Recordando a Triana.

Entrevista con Jose Domingo a propósito de Almería.

Entrevista con Manu Ferrón a propósito de Colinas bermejas, nuevo EP del Grupo de Expertos Solynieve.

Reseña de Hoy ya es mañana, el nuevo álbum de Las Buenas Noches.

 

 

El tiempo de Kurt Vile

Blas Fernández | 31 de marzo de 2011 a las 7:11

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Smoke Ring For My Halo. Kurt Vile. Matador. Rock. LP / CD

Exintegrante de un grupo de grato recuerdo y escasa repercusión, The War on Drugs, con un interesante debut para Secretly Canadian (Wagonwheel Blues, 2008), Kurt Vile inició casi en paralelo su trayectoria discográfica con nombre propio.

Lo hizo entregándonos un artefacto cuyo premeditado y descuidado carácter lo-fi no ocultaba su filiación al rock clásico, entendiendo la adscripción a tan ambigua etiqueta, al menos en este caso, como esa suerte de veneración a ciertos nombres mayores del género que, consciente de su naturaleza, profesa parte del universo indie. Justo la que no esquiva su inequívoca pertenencia al presente pero tiende puentes sentimentales con el pasado.

Aquel Constant Hitmaker, ya trufado de grandes canciones, a menudo deudoras de la facción más alucinada del folk-rock, fue un notable toque de aviso respecto a lo que estaba por llegar. Y lo que llegó, tras un breve lapso y otra grabación más o menos fantasma (God Is Saying This to You), fue Childish Prodigy (2009), el trasvase de nuestro hombre en Filadelfia a la escudería Matador y su consiguiente proyección como voz emergente en el abigarrado panorama del rock de autor facturado en USA.

Smoke Ring For My Halo, producido por John Agnello (y masterizado por Greg Calbi; sea quien sea que tome las decisiones, sabe lo que se hace) es otro paso, y si cabe mayor, en esa dirección que, hoy por hoy, consagra a Vile como valor seguro en un terreno no precisamente despoblado.

A medio camino generacional y estilístico entre el Neil Halstead de Sleeping on Roads y el Lou Reed de Rock’n’roll Animal -menos exuberante, claro, pero visiblemente atrapado en su dicción verbal y musical; Puppet to The Man es el más claro ejemplo-, dejando guiños acaso no tan inconscientes a Bob Dylan y Neil Young, Vile se saca ahora de su melenuda cabeza un disco de padre y muy señor mío, de esos que ponen patas arriba la dialéctica entre tradición, innovación y los valores de ambos conceptos aplicados a la música pop.

Esto es, en resumidas cuentas: suena a tantas otras cosas -unos dirán que a cosas antiguas, otros que intemporales- que el oyente correría el riesgo de perder la cuenta si no fuera porque esa decena de enormes y hermosas canciones lo traen una y otra vez de vuelta hacia un disco que crece tanto en su desarrollo -la tracklist perfecta- como en sus sucesivas escuchas. Haga la prueba con Jesus Fever o In My Time y ya me cuenta.